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Fin de la adolescencia (1995)

 

 
Bajan los ángeles negros.



Bajan los ángeles negros,

aves del futuro incierto,

caleidoscópicos recuerdos

de un negruzco momento.

Brota el sudor de la frente

del que escribe para olvidar

lo que fue un absurdo torrente

que me llevó a naufragar.

Veo a través del círculo...

tres pasillos de cristal.

Uno lleva a la duda

y otro a la soledad,

el tercero lleva al cielo

y bajo él quedó la mar

de colores en penumbra

que zarandea la tempestad.

Mar de barrocas figuras

que cayeron como ángeles negros,

mar de soledad y duda

que me ahogan en el recuerdo.






Leves hijos de la nada.



Leves hijos de la nada

arrimad vuestras ventanas

a la esfera del silencio,

hoguera de la vida

que consume vuestro tiempo.

Leves hijos de la nada

escupidos al mañana,

espermatozoides muertos

que sois carne de una entraña

y sois presos del momento.

Leves hijos de la nada,

¡ahogaos en whisky y fuego!.

Ya cortarán vuestras alas

las cuchillas del invierno

de una súbita serrada.

Leves hijos de la nada,

leves hijos de la nada,

reiros de la muerte, ¡matadla!.






Me quiere / no me quiere.



Trazan los poetas un coro,

ella se sienta a mi lado,

quiebran la tarde con noche

unos suspiros morados,

inquietudes sacuden el fondo

enredando mi trémulo mar.

¿Rehuyo a esa pregunta

o la miro una vez más?.

Lo sé, no calles lo cierto,

antes de que el día acabe,

una vez más, mirada enamorada,

risa de brisa, una vez más,

aún es tiempo de soñar.




Cayó la tarde

y estábamos reunidos,

tú en tu universo

y yo en el mío,

nos rodeaba la música

y una tribu de indios,

nos separaban tan sólo

unos centímetros divinos.

Bailábamos en círculo,

tú acariciabas el aire.

No dejaba de observarte

y respondiste a mi mirada,

me dejaste una sonrisa

que aún llevo grabada.




Ya despertaba el sol la mañana

bostezando motitas de oro

al trasluz de mi ventana.

He dejado el inerte dormir

pero no el dormir sonoro

de la cabeza en la almohada.

Dentro aún puedo sentir

que no es de piedras el suelo

sino de tiernas palabras.

Y estoy hablando de ti

con los reflejos del sueño

en la llanura del alba.

Con la luna de marfil

y las sábanas de cielo

y las estrellas que te aman.

Hablamos de los minutos

con que tú llenas mis horas,

hablamos bajito, a solas,

de las tardes en tus ojos,

del contorno de tu boca

y tu dádiva sonrisa.

Pronto desperezará el día,

las montañas y las rosas,

las veredas escondidas.

Pronto será mañana

y quisiera ir de tu mano

por los campos de la vida.




El tiempo es de viento

cuando tú no me acompañas,

de viento sin tiempo,

hojarasca arrebolada,

lejanía ante mis ojos,

profundo como el mar,

leve como las olas

que orillan el día.

No sé si aún piensas en mí

aunque fue ahora mismo

cuando me acarició tu voz.

No sé si aún piensas en mí

y me descerebro en pesadillas

en las que me has dejado.

No es cierto.

Ojalá pudiera verte.

Me quiere / no me quiere.

Deshojo margaritas silvestres

por los rincones de acero.

Pétalos infinitos surcan el abismo.

Me quiere / no me quiere.

Fue ahora mismo...

Es demasiado perfecto,

como un triángulo equilátero

repleto de amapolas.

He cruzado el puente de plata... eres la sonrisa

de mi vida... Sólo temo que me dejes.

Enloquezco de no verte

y corro sin tiempo,

viento sin tiempo,

piso sin camino,

tú me lo guardas.

Me he perdido...

Ya me he perdido en la sala

que queda tras tus pestañas.

Y no quiero salir,

no puedo.






Canción perdida.



Canción perdida,

dulce mirada,

música de alas.

Algo palpita.

Sonrisa y ojos.

Tuyos y míos.

Cruce y sonrojo.

Mirada y vida.

Canciones. Bailar.

Te hablo o muero.

No puedo hacerlo.

¿Será verdad?.

Una pregunta que escapa

esperanzada a una respuesta

de los ángulos de niebla

de donde nacen los poemas.

¿Será verdad?.

Baile ondulado,

pelo ondulado,

suelo ondulado,

tiempo ondulado.

Notas que cruzan

de mí a ti,

de aquí a Venus,

Venus morena,

un, dos, tres.

¿Será verdad?.

La inquietud azuza

secretos llevados

en ondas sonoras.

¿Será verdad?.

La verdad la sabes, te sonrío,

cierro los ojos y te llamo

sin despegar los labios que enamoras.






A la facultad .



El sol quemaba la mañana

irradiando fuegos vesánicos

desde los cielos del Este.

Fulgurante amanecer del día.

en un retrovisor nostálgico

que mira a Málaga dormida.

Llamas de vidrio me abrasan

las miradas de tráfico

que pierdo en las líneas.

Me voy; dejo geométricas casas,

acudo a la facultad,

me dirijo hacia la vida.






Reflexiones .



Tuve conciencia de la temporalidad y de la muerte.

Tengo conciencia del hombre en la humanidad.

Grecia, medievo, occidente....

¿Cuál es la función del hombre?, ¿cuál?.

Quiero saber.

Para saber sólo hay que pensar,

para aprender sólo hay que pensar.

Esforzarse y pensar y pensar.

Pensar.

Y a pesar de todo estamos en el mundo.






1°F.H.



Nítidas mañanas, tardes, noches,

pasaron,

como olas quebradizas.

Veinte años

a la voluntad del viento.

Tiempo navegado.

Surcado grácilmente

en las evaporadas gotas de un hilo de nube.

Tiempo tal vez muerto, n

a

d

a

,

r

e

c

u

e

r

d

o

.

Sólo nostalgia en suspiros

aquel surco finísimo que dejamos

en las evaporadas gotas de un hilo de nube.

Tiempo tal vez muerto.

Tal vez.

Pero hoy somos todo sonrisas,

bocas de luna alegre

que han llegado a la otra orilla.

Arribamos a la costa pura;

por fin pureza.

Nos revolcamos en su tersa arena sin fronteras

hasta quedar tumbados de cara al cielo ilimitado.

Nos abruma un aire limpio, fresco, enjaezado de palabras.

Nos abruma la vida.







Reflexiones .



Almohadas alideseadas

para volar al auténtico ámbito de los sueños.




una boca preciosa

besadora de corazones

apuntó su cañón











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Víctor Biehler