El Templo de Edfu es uno de los que tienen el interior mejor conservado. Hay que visitarlo temprano, si se quiere evitar el calor y a los numerosos grupos de turistas organizados que desembarcan de los cruceros.


 

 

             Y así vamos compartiendo cosas y cosas y comparando ambas experiencias egipcias, salpicadas de anécdotas similares con los vendedores, comisionistas, caleseros, capitanes de falúas, listillos… También compartimos vivencias de otros destinos del mundo donde ya hemos estado ambos, o de los que pretendemos visitar en el futuro. Aunque ella lo tiene más difícil para hacer viajes largos. Esta vez, excepcionalmente, le han permitido coger tres semanas de vacaciones seguidas, pero normalmente su empresa no le consiente irse más de dos semanas ininterrumpidas. Además su año laboral es de marzo a marzo.

 

            ¡¡Qué maravilloso es charlar con la gente que ha recorrido mundo, que ha visto cosas y que de su bagaje ha obtenido sobre todo, una gran apertura mental y tolerancia!!.

 

 

HURGADA:

 

            En estas estamos, cuando nos vemos ya en la estación de autobuses de Hurgada. Bajamos del vehículo y nos despedimos de Susana, Andrew y el americano que nos acompañó en el taxi. Nos sale un taxista y un comisionista de hoteles. Pactamos con el primero que nos lleve al Hotel Triton Empire Beach, en Sharia Sayyed al-Qorayem, de tipo medio. Acordamos el precio en 10 libras, lo que resulta a todas luces excesivo una vez que comprobamos la distancia entre ambos puntos (no debimos pagar más de cinco).

 

            Cuando llegamos encontramos que por la puerta están entrando un grupo de polacos, checos o gentes de esa zona de Europa oriental. Habíamos elegido este hotel por tener playa privada (es casi la única forma de ir a la playa en Hurgada), pero no teníamos de él muchas referencias, ya que esta ciudad no era un destino que tuviéramos inicialmente previsto. Preguntamos si hay habitación y el recepcionista nos dice que nos busquemos en la lista del grupo. Le contestamos que no vamos con ellos y entonces cambia su gesto, pone otro desagradable y nos dice, que el hotel está completo. 

 

            Decidimos ponernos a andar y preguntar en el primer hotel que nos topemos de camino. Total, para una noche Cruzamos la calle y encontramos con el Snafer Hotel, cerca de Sharia Sayyed al-Qorayem. Preguntamos el precio de la doble (100 libras, que es menos de la tercera parte de lo que íbamos a pagar en el anterior hotel), vemos la habitación y decidimos quedarnos. El hotel es de rango económico, pero la calidad-precio es excepcional. La habitaciones son amplias, limpísimas, luminosas y tiene terraza (la nuestra con vista lateral al mar). Disponen de aire acondicionado y calefacción, televisión, nevera (como el De Abu Simbel) y un renovado baño.

 

            Lástima que el desayuno sea tan escaso y cutre (un té, un quesito, y una pequeña tarrina de mermelada de higo, con pan revenido, de la época de Tutmosis III, que ya tenía que llevar siglos hehcho, porque el pan ácimo no se reviene tan fácilmente). En el haber del hotel hay que señalar, sin embargo, que nos guardaron los bultos todo el día siguiente entero y no esperaban ni propina a cambio (dado que el recepcionista quedó sorprendido cuando le dimos cinco libras).

 

            Hemos llegado a tiempo de disfrutar todavía de una hora de luz y de ver anochecer en Hurgada, que dicho sea de paso, tampoco tiene nada de especial. Los mejores atardeceres de Egipto nos parecieron los de Asuán y los de Alejandría.

 

            El resto de la tarde la dedicamos a dar vueltas por el zoco, a tomar algo o a estar sentados en un banco (sí, en Hurgada hay bancos en la calle, cosa que no ocurre en casi ninguna otra ciduad de Egipto), después de que un vendedor se atreviera a decirnos en perfecto castellano:

 

            -Es la quinta vez en una hora que pasáis por aquí y todavía no habéis entrado a ver mi tienda.

 

            Efectivamente, el zoco de Hurgada es pequeño y no da para grandes paseos como ocurre en El Cairo o Luxor. No tiene casi ninguna de las características de los zocos tradicionales, salvo que los vendedores son prácticamente igual de pesados que en el resto de sitios. Y es que sus calles son anchas, semivacías y las tiendas son más parecidas a las de un pueblo de costa del Mediterráneo que a las de Asuán o Luxor

 

     Playa pública de Hurgada.

            Después del opíparo desayuno nos disponemos a dar una vuelta para constatar de forma más fiable la aberración urbanística que constituye esta ciudad, no hace muchos años tranquilo pueblo de pescadores.. Más tarde queremos bañarnos, practicar algo de snorkel y hacer una excursión en un barco de cristal, de esos que tienen el suelo transparente y puedes ir viendo las maravillas de la fauna marina sin meter un solo pie en el agua.

 

            El mar Rojo tiene una gama de colores preciosos y puros, que se entremezclan y que nunca había contemplado en ningún otro mar. Sus aguas son cristalinas y la temperatura del mar en noviembre es (al menos así lo sentí yo) más elevada que en algunas zonas del Mediterráneo en verano. Prácticamente no se nota diferencia entre estar fuera a dentro del agua.

 

            Parece mentira que sobre ese extraordinario marco y al lado de tanta belleza, hayan levantado, o mejor dicho, tengan a medio levantar, el mayor desastre urbanístico que haya visto jamás. Marbella y otros pueblos de la costa española, son un modelo urbanístico, al lado de esta terrible catástrofe.

 

            Creo que resulta mucho mejor para quien tenga intenciones de ir al Mar Rojo en Egipto, decantarse por Dahab (como eran nuestros planes iniciales) o incluso Sharm el Sheik. Eso es lo que ya han hecho la mayoría de turistas occidentales, de tal forma que Hurgada ahora está poblada de rusos y europeos del este, con menos recursos económicos

 

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 Edificio abandonado a medio construir. Hay decenas en este estado en Hurgada.     

            En Hurgada solo vimos una pequeña playa pública y está muy alejada del centro (más de media hora andando). El resto de playas son privadas y pertenecen a los hoteles. Quiere esto decir que no hay paseo al lado del mar, porque el hotel llega hasta la misma orilla. Después de la fila de hoteles hay una carretera de dos direcciones y al otro lado más hoteles. Las aceras están a medio asfaltar y parece que llevan así años. Incluso para entrar a muchos hoteles de gama media o media/alta hay que entrar caminando entre las zanjas y montoneras de arena o de escombros. Solo los algunos de gama alta, han asfaltado su parte, con baldosas estilo paseo marítimo del Mediterráneo español 

 

            Pero es que además, algunos de los complejos hoteleros están a medio construir y una mayoría, en estado de abandono. Los empezaron un día, levantaron las vigas y los suelos y los dejaron así. Llevan años. Nadie se ha interesado por continuarlos y el gobierno tampoco ha hecho nada para demolerlos. Uno de ellos, por ejemplo aparece rodeado por una retorcida alambrada de espinos, que por el óxido que amontona, parece que llevara allí más de una década. En muchos edificios medio iniciados hemos visto el cartel de “se vende”, algo que hasta entonces nos resultaba insólito. Parece que alguien hubiera lanzado una bomba de neutrones y da más la sensación de encontrarse en el actual Beirut, que de estar en una próspera localidad turística del Mar Rojo.

 

            Porque Hrgada, aunque la deberían tirar entera y volverla a hacer, es una localidad próspera. No solo por el nivel de sus tiendas o la mejor ropa que visten sus ciudadanos nativos, sino porque aquí disponen de objetos de lujo en ciudades como El Cairo, Alejandría o Luxor, como son los cochecitos de niño, los relojes de muñeca o las sillas de ruedas.

 

            Así es. No vimos un solo cochecito de niño en nuestra estancia en El Cairo (aunque tampoco sé como podrían subir y bajar los bordillos). Los niños van cargados por las madres y en cuanto pueden andar los dejan en el suelo. Además, nos pasábamos el día diciendo la hora a la gente. Solo los que viven algo del turismo, como vendedores, o taxistas, a veces disponen de móvil (modelos, la mayoría, ya descatalogados en occidente) que utilizan también como reloj.

 

 Playa privada de uno de los hoteles de Hurgada.          

            Tengo que aclarar, que cuando hablo de Hurgada me refiero a la zona de Ad Dahar (que es la parte más egipcia, donde está el zoco y se haya al norte). Las otras dos partes de las que consta esta ciudad apenas las visitamos: Sigala (más al sur) y otra emergente área de hoteles de lujo y pequeños centros comerciales, que se ubica más abajo todavía.  

             

            En Hurgada, yendo con algún día más de tiempo del que hemos ido nosotros, se pueden practicar bastantes actividades relacionadas con el mar. Desde una excursión de submarinismo que ofrecen las agencias locales, que incluye una o dos inmersiones y comida tipo buffet (salen sobre las nueve y vuelven a las 16,30, al menos en esta época); hasta bajar a 22 metros de profundidad para ver las maravillas marinas sin mojarse ni un pelo en un submarino.

 

            Después de la visita nos vamos a dar un baño a una de las playas privadas, la del hotel Geisum Village . Dice la guía que para los no alojados, los hoteles cobran una entrada de entre 20 y 60 libras, pero este hotel está en obras (ya lo estaba en abril cuando estuvo javso) y nos ahorramos el dinero. En un escaso espacio de cincuenta metros a la redonda, vemos a una musulmana bañándose con el hijab y la abeyya puestos junto a su marido (en bañador), que contrastan ampliamente con una centroeuropea, que en una hamaca cercana toma el sol de forma despreeocupanda haciendo top less.

 

            Más tarde, una vez más, nos dejamos querer con la intención de que nos dé una oferta algún comisionista de los que ofrecen el barco de vidrio. No fue fácil dar con él, pero al final nos lo vendieron y acordamos un precio de 35 libras/persona/hora, por la excursión y una pequeña inmersión con gafas y tubo, que resultó fabulosa y nos dejó con muchas ganas de más Mar Rojo. Ya tendremos la oportunidad, si finalmente el año que viene vamos a Siria y Jordania (en Aqaba).

 

     Edificio abandonado a medio construir, en Hurgada. Uno más       

           La mañana había sido a la vez frustrante (por Hurgada) y excitante (por el Mar Rojo) y eso nos había abierto el apetito. Ya teníamos echado el ojo a un restaurante de tipo económico desde el día antes, así que no tuvimos que buscar. Se trata del Taibeen, en Sahria Soliman Mazhar Allí engullimos los mejores espaguetis a la boloñesa que comimos en Egipto (con riquísima carne de cordero especiada), kebab (menos cantidad y algo peor hecho que en Luxor), ensalada y tahina. Todo, más las bebidas, por 45 libras egipcias.

 

            Tras la comida vamos a preguntar los horarios de los autobuses a El Cairo y el que más nos conviene (el resto llegan a horas intempestivas de la madrugada) es el de las once y media. Tarda seis horas y cuesta 60 libras.

 

            La tarde –y sobre todo a partir de que se metió el sol- se nos hizo un poco larga, dado que ningún plan más teníamos para Hurgada. La pasamos dando vueltas –agobiados por los pesadísimos conductores de microbuses que no dejan de pitarte y de pararse a tu lado para que te montes- o tomando alguna cerveza (la sirven en un montón de bares desde 6 libras).

 

            También fuimos a cenar más en serio que el resto de los días para llenar el tiempo y nos sentamos en el Red Sea, cerca de Sharia al-Nasr, donde degustamos  calamares y una pequeña selección de mariscos por 105 libras egipcias. Después de tanta dieta carnívora, aquello fue un festín.

 

 

DE VUELTA A EL CAIRO:

 

            La alegría nos la llevamos cuando vemos el autobús que nos conducirá a El Cairo. Es bastante más nuevo y espacioso que el resto de los demás en que hemos viajado (tiene servicio). Los asuntos se reclinan bastante y creemos que vamos a dormir bastante bien. Eso, claro, hasta que a los 20 minutos el conductor pone una película de árabes gritones (en la realidad también lo son bastante) a todo volumen. Lo curioso es que nadie del pasaje –constituido todo él por hombres con la excepción de una japonesa y yo- hace el más mínimo amago de protestar.

 

            Sorprendentemente, al cuarto de hora la quita, pero tras una hora, la vuelve a poner en el mismo punto donde se había quedado, despertándonos de inmediato. Al final, conseguimos dormirnos hasta con la película de fondo. Parecía bastante mala.

 

            ¿Recordáis que Susana nos había contado que la habían metido mano en el autobús?. En el nuestro, una pareja de japoneses jóvenes se había sentado delante de nosotros, teniendo más de medio autobús vacío, pero no relacionamos ambos hechos.

 

            El caso es que a cierta hora de la noche, mi chico se despertó y vio a un egipcio joven que se había sentado detrás de mí, en la misma posición que Susana había pillado a su agresor sexual. El episodio no se tornó en cruento, porque el joven salió rápidamente corriendo hacia la parte de adelante del autobús y yo agarré a mi pareja, que le iba a partir la cara. Fue uno de los sucesos –quizás el único- más desagradables que tuvimos que pasar y no empaña para nada lo mucho que disfrutamos en el país.

 

            Minutos más tarde, la japonesa nos contó en inglés que a ella le había pasado lo mismo y que por eso se habían sentado delante de nosotros. Así que, chicas: ¡¡Cuidado con quien se sienta detrás de vosotras en los autobuses egipcios!!.

 

            A pesar del incidente, conseguimos volver a conciliar el sueño y nos despertamos justo cuando ya habíamos llegado a la estación de autobuses de Turgoman. Eran las seis en punto de la mañana y estaba empezando a amanecer en El Cairo, al son del canto del muecín de una mezquita cercana.

 

 

ALEJANDRÍA:


            Como siempre, nos aborda un taxista, quien por cinco libras (tras regatear a pesar de ser tan temprano) nos deja en la estación Ramses de trenes. A esas horas el ruido del tráfico ya es ensordecedor y los primeros vendedores nómadas vocean su mercancía con enérgica monótona voz

 

            Otra vez dejamos los bultos en la consigna, aunque esta vez solo nos cobran dos libras y media. En Egipto, a menudo, ocurre que por el mismo servicio pagas más la primera vez que las sucesivas. Vamos a la taquilla, con el fin de obtener los billetes para ir a Alejandría. El tren sale a las ocho de la mañana y cuesta 26 libras (a la vuelta pagaríamos solo 25). Como tenemos tiempo suficiente, desayunamos algo en la misma estación, que ya a esas horas está a reventar de gente.

 

            Los trenes directos entre El Cairo y Alejandría ofrecen un se4vicio que está por encima de la media de la mayoría de los ferrocarriles europeos, con la excepción de los de alta velocidad. Algunos solo tardan dos horas en cubrir los 220 kilómetros que separan ambas ciudades. Solo se detienen en la estación (mahattat) de Sidi Gaber (que atiende a las zonas residenciales de Alejandría y se encuentra cerca de la estación de autobuses) y finalizan el recorrido en laMahattat Misr, al lado del teatro romano. El viaje se nos ha pasado rapidísimo, dado que a pesar de que el tren tampoco rebosa de comodidades, hemos ido las dos horas durmiendo.

 

            Nada más salir, ya viene el taxista de turno, que nos oferta el correspondiente tour diario. Le decimos que no. Vuelvo a insistir en este asunto: Salvo en El Cairo (e incluso aquí sería discutible) siempre sale más económico ir contratando los taxis uno a uno, que hacerse con los servicios de un conductor para todo el día.

 

            Nuestra primera visita en Alejandría (cuyos primeros planos de la ciudad fueron hechos por Alejandro Magno) es el teatro romano (la entrada son 15 libras) que, para que engañarnos, resulta bastante decepcionante y carente de interés, pero nos sorprende que esté más lleno de turistas que otras atracciones bastante más atractivas del país.

 

 

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Tickets de entrada a monumentos.




Hurgada

Mapa de Hurgada en Google Maps

Imagen de Satélite de Hurgada en Google Maps

Los colores del Mar Rojo.

 

Información Turística de El Mar Rojo

Aeropuerto de Hurgada

 

El Tiempo Hurguada

 

 

 

 

La transparencia del Mar Rojo.

 

 

 

 

"El Mar Rojo es un golfo o cuenca del Océano Índico entre África y Asia. La conexión con el océano es hacia el Sur, a través del estrecho de Bab-el-Mandeb y el Golfo de Adén. Hacia el Norte se encuentra la península del Sinaí, el Golfo de Aqaba y el Golfo de Suez (que a su vez llega al Canal de Suez). El mar tiene unos 2200 km de largo y su ancho máximo es de 335 km. La profundidad máxima es de 2130 metros, siendo la media de unos 500 metros. También posee extensas plataformas de escasa profundidad, en las que se encuentra abundante vida marina y corales. La superficie total es de, aproximadamente, 450.000 km2. Este mar es parte del Valle del Gran Rift y es una importante vía de comunicación entre Europa y el Extremo Oriente.

El mar era llamado "Golfo Arábigo" por la mayoría de los europeos hasta el Siglo XX. Este nombre deriva de las viejas fuentes griegas, como Heródoto, Estrabón y Ptolomeo, que lo llamaban "Arabicus Sinus", reservándose el nombre "Mare Erythrias" (Mar Rojo) para las aguas al Sur de Arabia, la región que hoy conocemos como Océano Índico.

El nombre del mar no hace referencia a un verdadero color rojo, puesto que el agua es azul al verla de lejos y transparente cuando se la tiene entre manos. Es probable que el nombre haga alusión a las estacionales afloraciones de la cyanobacteria "Trichodesium erythraeum" cerca de la superficie del agua. Otra teoría propone que el nombre se refiere a las montañas cercanas, ricas en minerales rojos, llamadas  las montañas rubí, en hebreo.

Otra hipótesis es que el origen del nombre proviene de un error de traducción de los textos bíblicos del Éxodo al pasar del hebreo al griego. Según esta teoría la traducción correcta sería la de "mar de juncos".

Otra teoría afirma que el nombre proviene de los Himaritas, una tribu local cuyo nombre significa "rojo". Por último existe la teoría de que el color correspondería a una dirección geográfica. En este caso "rojo" serviría para referirse al "sur" mientras que el Mar Negro correspondería a "norte". Esta teoría se basa en el hecho de que algunos idiomas asiáticos usan los colores para referirse a las orientaciones de un compás.

La temperatura del agua en la superficie se mantienen constantes, entre los 21º y 25º Celsius a lo largo de todo el año. La visibilidad también es buena hasta los 200 metros, aunque el mar es conocido por sus vientos fuertes y las impredecibles corrientes locales. Se originó cuando África se separó de la península arábiga, un movimiento que comenzó hace ya unos 30 millones de años. Este efecto continúa hoy en día, y el mar poco a poco se ensancha, por lo cual se desarrolla actividad volcánica en sus partes más profundas. El modelo de John Tuzo Wilson, con el que coincide una parte mayoritaria de la comunidad científica, estipula que este mar se convertirá en un océano en un futuro lejano.

Entre las ciudades ribereñas se destcan: Assab, Massawa, Hala'ib, Port Sudan, Port Safaga, Hurghada, El Suweis, Sharm el Sheikh, Eilat, Aqaba, Dahab, Jedda, Al Hudaydah.

 

(De Wikipedia)

 

 

 

 

 

Mezquita, de noche. Hurgada

 

 

 

 

 

 

 

Dioses egipcios

Jnum "el que modela", dios creador en la mitología egipcia. Originalmente fue un dios del agua.

  • Nombre egipcio: Jnum. Nombre griego: Jnoumis o Cnoufis.

Iconografía: Se le representaba como hombre con cabeza de carnero, con la corona Atef.

Considerado creador del huevo primordial de donde salío la luz solar al inicio de los tiempos, que dio vida al mundo. Dios alfarero que modelaba la persona, creando su ka en el momento del nacimiento. Dios de la fertilidad. También era guardián de las aguas del mundo inferior y custodio de las fuentes del Nilo en Elefantina.

Se le asoció a Ra, Ptah y Amón.

Adorado principalmente en Elefantina y Esna. También en File, Hypselis y Antinoe.

Dios Jnum. Obtenida de geocities.com

 

 

 

 

 

 

 

Cabras caminando por el desierto