Aunque solo dura 35 minutos y es excesivamente caro, el espectáculo nocturno de luz y sonido de Abu Simbel es realmente impresionante y solo por verlo, vale la pena quedarse a dormir en este pequeño pueblo del sur de Egipto.


 

 

Escarabajo Sagrado, en los Templos de Karnak. Luxor

 

"El Valle de los Reyes, en árabe Biban el-Moluk, es una necrópolis del antiguo Egipto donde se encuentran las tumbas de la inmensa mayoría de yfaraones del Imperio Nuevo (dinastías XVIII, XIXXX), así como unos pocas reinas, príncipes, nobles e incluso mascotas. 

Valle de los Reyes. Luxor

Varias tumbas del Valle de los Reyes permanecieron abiertas desde la Antigüedad. Éstas serían pasto del vandalismo de los griegos y los romanos, que inscribirían sus nombres (uno de los primeros casos de graffiti de la historia) en algunas tumbas, e incluso la ira de los cristianos, que atacarían a algunas tumbas o que incluso habitarían en ellas, en el caso de algunos ermitaños. Sería con la conquista de los musulmanes cuando el valle tuviera algo de descanso, pues éstos directamente lo ignoraron, considerándolo algo ajeno e innecesario.

Muy pocos viajeros europeos harían aparición en el Valle hasta la llegada de la expedición francesa de Napoleón, cuyo grupo de historiadores exploraría el lugar e incluso identificaría algunas tumbas que permanecían olvidadas, como la de Amenhotep III.

Poco después llegarían otros como Belzoni, Champollion, Lepsius, Maspero y Carter, entre muchos otros. A largo de todo el siglo XIX y comienzos del XX comenzaban a descubrirse algunas tumbas reales y numerosos pozos funerarios que acrecentaban cada vez más el interés por la necrópolis y por Egipto en general. El hallazgo de tumbas tan bellas como las de Sethy I u Horemheb, de los escondrijos de las momias reales, o de la misteriosa tumba 55 crearon una verdadera fiebre en la que varios arqueólogos y acaudalados coleccionistas competían por el mejor hallazgo.

Sería en 1922 cuando el Valle de los Reyes desvelara su secreto mejor guardado, la celebérrima tumba de Tutanjamón, el rey-niño de la dinastía XVIII. Llena de tesoros jamás soñados, es sin competidor posible, el hallazgo más importante de la arqueología contemporánea universal, y el comienzo de la egiptomanía que aún se siente en la sociedad. Pero no sería el fin del Valle de los Reyes: aunque ya es harto improbable la existencia de una tumba de esas características escondida en el valle (sobre todo porque ya han sido hallados casi todos los faraones), comienza la labor documental. Ya no se excava en busca de tesoros, sino de información. 

El presente del Valle de los Reyes es el desescombro de algunas tumbas y el redescubrimiento de algunas que se han vuelto a perder desde el siglo XIX. Actualmente se están produciendo labores de restauración así como de facilitar el acceso a los turistas al lugar. No todas las tumbas están abiertas al público, pero sí las que despiertan mayor interés por sus bellísimas pinturas. Los sepulcros que más están dando que hablar hoy en día son, con diferencia, tres en especial.

  • La tumba 5, que está siendo desescombrada, podría ser la más grande de todo el Valle. Las últimas investigaciones, así como el hallazgo de algunos cuerpos, parecen indicar que allí pudieron ser enterrados gran parte de los más de ciento cincuenta hijos del faraón Ramsés II el Grande, lo que le convertiría en la tumba colectiva más grande del mundo.

Esfinge, en el Templo de Luxor.

  • La tumba 55, que aunque ya no tiene ningún secreto que mostrar, sigue despertando un enorme interés, pues
  •  
  • aún ignoramos la identidad del cuerpo hallado en ella y el verdadero destinatario del sepulcro. Tras la tumba de Tutanjamón, es la que más ríos de tinta ha vertido. Se ha pensado que la Tumba 55 estaba destinada a la gran esposa real Tiy, pero que el cuerpo allí hallado podría pertenecer al faraón Ajenatón o a su corregente tan poco conocido, Semenejkara. Los estudios a la momia se van sucediendo sin aportar aún datos concluyentes.
  • La tumba 63 es una de las grandes esperanzas de la egiptología para poner algo de luz en el complicado periodo de los reinados de Ajenatón a Horemheb. Para sorpresa de todos, su hallazgo en 2005 demostró que los secretos del Valle de los Reyes aún no estaban agotados y el descubrimiento de varios sarcófagos (al parecer, todos vacíos) hacen pensar que quizás se tratase de un escondrijo de momias. A la espera de más datos sobre esta novedosa noticia, sólo cabe mencionar la teoría de que en ella pudieron estar enterradas la madre o la esposa de Tutanjamón."

(De Wikipedia) 

 

 

 Dioses egipcios

Geb, dios creador, principio de vida y fertilidad, personifica a la Tierra, la Casa de Geb, en la mitología egipcia.

Dios Geb. De mein-altaegypten.de.

  • Nombre egipcio: Keb. Nombre griego: Geb. Deidad griega: Cronos, según Plutarco.

Iconografía: Hombre verde oscuro coronado, con una oca en la cabeza.

Geb es una de las deidades más antiguas. Príncipe de los Dioses, hereda el trono su padre Shu, luego legó la autoridad sobre la tierra a Osiris, después pasó a Horus y finalmente al faraón, denominado heredero de Geb.

En la cosmogonía heliopolitana era el hijo de Shu y Tefnut. Hermano y marido de Nut, sus hijos fueron Osiris, Isis, Neftis y Seth. Con Nut produjo el Gran Huevo del que surgió el ave Fénix.

Vigila, en la Sala del Juicio, el pesaje del corazón del difunto y mantenía prisioneros los espíritus de los que no habían sido justos, según el Libro de los Muertos. Guardián de las puertas del cielo.

Como dios creador fue identificado con Atum.

Fue venerado en Heliópolis, Tebas, Apolinópolis Magna (Edfú), Kom Ombo, y Serabit el-Jadim (Sinaí).

 


 

 

            En la Lonely ya se advierte de que te pueden quitar el carrete o confiscar la tarjeta si te pillan, pero nada dice de la cámara. Contra lo primero nos habíamos curado en salud, dado que habíamos cambiado .la tarjeta de 512 MB, por la original de la cámara, de 16MB.

 

            Pero en nuestro pecado está la penitencia. Las fotos las hemos tirado tan rápido que han quedado borrosas. ¡¡Tanto riesgo para nada!!.

 

            La última tumba que vemos es la de Ramses III y la elegimos al azar, dado que el resto de las que vienen en la Lonely están de reformas. Es una de las tumbas más largas y sirvió de modelo para la de la película de “La Momia”.

 

            Tengo que decir, que a pesar de que las tumbas no están nada mal, me impresionó y gustó mucho más el paisaje montañoso que sirve de amrco al valle.

 

            Para volver a la entrada lo hacemos andando y pasamos de trenecito. En vez de entrar en contacto con los taxistas que hay en la puerta nos hacemos los duros y comenzamos a andar hacia abajo a la espera de que sean ellos quienes nos vengan a buscar. Así nos ofrecerán un precio más bajo. Efectivamente. Es el propio taxista el que pide 5 por llevarnos al Templo de Hatshepsut, así que no hay regateo.

 

            La entrada cuesta 26 libras y no sé si es porque a esas alturas ya llevaba encima una auténtica ensalada de templos, que no me pareció tan impresionante como dicen. Es el templo más importante de los construidos en Deir el-Bahari. Fue construido por la reina Hatshepsut en forma de terrazas. Hatshepsut fue una de las pocas reinas que detentaron el título de faraón en la historia del Antiguo Egipto, pero no fue la primera, puesto que ya habían existido mujeres faraones en el Antiguo Imperio y en el Imperio Nuevo, pero se diferenció de ellas en que Hatshepsut es el jefe de un Egipto rico y poderoso. Esta vinculado a la diosa Athor y parcialmente construido en la roca.

 

            Tras  la visita volvemos a servirnos de la misma táctica para ir en taxi hasta el Templo de Medinat Habu y, aunque esta vez con mayor resistencia por parte del taxista, logramos sacarlo nuevamente por cinco libras.

 

            Este templo cuesta 25 libras y desde la taquilla hay que andar un trozo (también puedes ir en burro pagando), dado que es una entrada común para varios monumentos. A este lugar le dedicamos una media hora larga y fue el templo que menos nos gustó de todos los que vimos en Egipto, aunque alguna parte está bien conservada y tiene bonitas pinturas. Lo vimos casi en absoluta soledad, dado que hasta aquí no suelen acercarse las hordas turísticas.

 

            A la salida no hay taxis, parece que aquí va a ser más complicado encontrar uno. Nos ponemos a andar por la carretera y no han pasado ni cinco minutos cuando ya nos pita un coche. Nos mostramos duros y a pesar de estar allí solo, sin competencia, le decimos que cinco libras o nada y al final termina aceptando. Montamos en el coche y al poco paramos por sugerencia nuestra para hacer una rápida foto en los colosos de Memnon.

 

            Por aquello de sacarse un extra, es él quien poco después nos detiene ante una tienda de papiros de la que sale rápidamente su dueño. Les decimos a los dos que no y al taxista que arranque, pero no lo hace. Abrimos la puesta del coche para irnos y reconsidera su actitud. “Mejor ganar al menos la carrera, que no ganar nada”, debe pensar.

Colosos de Menon. Luxor          

            Nos damos cuenta de que se trata de la mañana más combativa de todo el viaje, en la que hemos tenido que enfadarnos con un taquillero de ferry y con un taxista, además de huir de las garras de un vigilante sinvergüenza del Valle de los Reyes. Como se ha hecho en ciudades como Fez con excelentes resultados, va siendo hora de que alguien dedique algunas pocas libras del enorme pastel económico que dejamos los  viajero,s a garantizar que el visitante se pueda mover sin tanto sobresalto en Luxor.

 

            La cosa se nos ha dado tan extraordinariamente bien, que no tendremos que buscar un restaurante en esta orilla y podremos comer donde siempre. A las dos y media ya estamos en la piscina de agua polar del hotel (nada mejor para  el estrés de la mañana) y a las tres y cuarto comiendo.

 

            Los deberes en Luxor ya están hechos, así que ese día nos permitimos perder algo más de tiempo tomando un par de tés, después de zamparnos dos tazones de vegetales, medio pollo al grill cada uno, una ensalada y la tradicional tahina. La cuenta en esta ocasión nos sale por 37 libras y a estas alturas el propietario ya es casi de la familia.

Esfinges, en los Templos de Karnak. Luxor            

En cuanto al resto de la tarde, transcurrió entre paseo y paseo por los sitios de siempre. Hicimos algunas pequeñas compras y nos quitarnos de encima a los típicos moscones (caleseros, fundamentalmente). Sin embargo, si que caben ser destacados dos hechos relevantes.

 

            -Por fin dimos con el lugar donde se sacan los billetes de autobús (decir taquilla, ventanilla u oficina es mucho decir). Cambian tanto las cosas de un día a otro, que ni la información de la Lonely ni el relato de javso (ambos de este año) son ya correctos en este dato. Esta vez el de turismo nos informa mejor y nos enteramos que “el lugar” es una “estancia” cutre situada a la derecha de la estación de trenes, si se mira de frente. Hay que meterse un poco por una calle y allí esta. La estación de autobuses se ubica a unos tres kilómetros y parten microbuses media hora antes de cada autobús desde ese punto (luego veremos, que lo de los microbuses no es tan cierto)

 

            -Entre todas las compras que hicimos, la más larga y peleada fue la de las especias. Siempre nos pasa lo mismo con estos condimentos. Desde mi humilde punto de vista, es la cosa más embarullada de comprar en los zocos.

 

            Primero porque  saben que a los occidentales nos encanta el exotismo de las especias y después por las técnicas que utilizan para su venta, que hacen que tengamos que tener la mente muy fresca y atenta.

 

 

     Templo de Luxor

            Vamos con esas técnicas y algunos consejos.

 

            1º.- Les tienes que convencer de que el precio si importa. Así que empecemos por dejar a un lado el “no problema amigo, aquí buen precio, aquí barato, aquí españoles bien”.  

 

            2º Siempre te intentan colocar el azafrán, que es lo más caro. Pides no sé qué y junto a eso te colocan una bolsita de azafrán.

 

            3º.- Cuando te dan el precio unas veces hablan en libras y otras en euros. Van cambiando a su conveniencia.

 

            4º.- Unos te dan el precio del gramo, otros de los cien gramos, unos cuantos del medio kilo y los hay que también del kilo. Es necesario que aclarar el asunto desde el principio.

 

            5º.- Hay que convencerles que queremos ir negociando especia a especia. Usan la técnica de embarullarte y antes de darte un precio final ya te están enseñando otra o hasta otras tres.

 

            6º.- Cuando creamos haber sacado una buena tarifa, hay que intentar saber para que otras especias nos la va a respetar también. Es una forma de ahorrarse largos y aburridos regateos.

 

            7º.- Si vemos que nos piden demasiado y no bajan, no dudar (ese sería el lema del viaje en todo: no dudar) y salir inmediatamente de la tienda. Irán detrás de ti. Dejo a la elección de cada uno si volver o no. En nuestro caso de la primera en la que entramos salimos pitando, dado que nos pedían unos precios más caros que los de España y no bajaban. De la segunda, regida por un simpático hombre que se quería quedar con nuestro boli, nos salimos hasta tres veces y volvimos, para acabar comprando finalmente

 

     Valle de los Reyes. Luxor       

8ª.- A veces piden auténticas barbaridades por ellas. Nos llegaron a solicitar 50 piastras por gramo. La táctica persigue que te quedes con lo de 50 piastras, pero no con lo de un gramo. Si hubiésemos  aceptado habíamos pagado a ¡¡50 libras los cien gramos!!.

 

            9º.- Después de negociado el precio y la cantidad, intentarán que te lleves más de esta última. Es una técnica muy buena, porque tras el regateo saben que has quedado exhausto y que ya no tendrás fuerzas ni ganas de decir que no a que te añadan 25 ó 50 gramos a cada compra.

 

            10º.- Es una opinión personal. Prefiero comprarlas a granel que las que ya venden embasadas.

 

            11º.- A pesar de que pesan con romana, los pesos (al menos en nuestro caso, dado que por curiosidad lo hemos comprobado en casa) son correctos en relación con lo que te dicen.  

 

            No sé si lo que pagamos fue mucho o poco. Nos marcamos el límite de pagar la mitad de lo que cuestan en España y lo conseguimos. Compramos solo cinco cosas, dado que tenemos bastantes especias todavía del viaje a Marruecos: Coriandro, mezcla especial de especias (predomina la pimienta) y cominos a 3,5 libras por cada cien gramos. Del chile no recuerdo el precio, dado que se me olvidó apuntarlo y el te rojo nos salió a 7 libras el medio kilo.

 

 

CAMINO DE  HURGADA:

 

            A la mañana siguiente, cargamos nuestras mochilas a cuestas una vez más y nos dirigimos a comprar los billetes del autobús de las diez y media para ir a Hurgada. Como queda una hora todavía para que nos recoja el microbús, el taquillero nos propone que dejemos los billetes allí, cosa que hacemos y pasamos ese tiempo dando la última vuelta por el zoco y llenándonos de polvo.

 

             De vuelta a la oficina de billetes, recogemos el equipaje y, sorprendentemente, el hombre no nos pide propina. ¡¡Para qué, si nos lo iba a sacar por otro lado!!. Hay esperando al microbús un chico norteamericano y con nosotros dos sumamos tres. El hombre que nos ha vendido los billetes dice que para tan pocas personas no van a sacar el microbús y que nos meterá en un taxi (casualmente ya está allí el taxista que va a prestar el servicio). El precio es innegociable y suma treinta libras. Le explicamos –tanto el americano como nosotros- que en la oficina de turismo nos han dicho que cuesta cinco libras por persona y trayecto, pero nos dice que es lo que hay. El enfado es tremendo, pero nosotros no planteamos apenas resistencia, dado que nos damos perfecta cuenta de que tienen la sartén por el mango. Si nos ponemos a discutir o pedimos mediación a la policía podemos perder el autobús y eso no nos interesa, teniendo en cuenta que estamos hablando de dos euros de más.

 

      Templos de Karnak. Luxor         

 

            El gringo ha quedado más contrariado, así que le proponemos ya a bordo, devolverles la jugarreta, dándole solo cinco libras cada uno a la llegada, pero no se atreve, así que, finalmente, el paga sus diez libras y nosotros abonamos las veinte restantes. Creo que hemos hecho bien, dado que en la estación hay un policía que tiene pintas de bastante mafioso (luego comprobamos que lo era).

 

            Indignados, mostramos nuestro desacuerdo gritando bien alto insultos en castellano contra taxista y taquillero, pensando que nadie nos entiende, pero entre los seis pasajeros que esperamos el autobús está Susana, madrileña de nacimiento, que viaja con su novio Andrew, que procede de Australia

 

            Ambos tienen treinta y pocos años. Él es alto, con cara de sajón y con los rasgos un poco marcados y duros. Ella –que tiene mechas rubias- es bajita, pero muy guapa y desborda simpatía por todos los poros de su piel. Así que la comunicación se inicia de forma inmediata y muy agradable. El viaje, de cinco horas teóricas, que al final se alargan a cinco y media, pareció durar cinco minutos y apenas tuvimos tiempo de disfrutar del desértico paisaje. Nos lo pasamos enterito dándole a la lengua.

 

            Susana lleva siete años en Londres. Se fue para un año a aprender inglés y hasta ahora. Trabaja en la City, al lado de la catedral de San Paul y vive con Andrew en una buena zona de la capital en una habitación con baño y un saloncito, compartiendo cocina con otros inquilinos, a un precio de ¡¡¡160 libras a la semana!!!. No se queja. Otros de los que han entrado en los últimos tiempos ya están pagando 240 por lo mismo. Así, aunque un sueldo medio en Londres se situé en la franja 20.000-30.000 libras anuales, el dinero se acaba enseguida

 

            Todas las mañanas al llegar a su trabajo, a pesar de ser personal de la empresa, tiene –como el resto de empleados- que pasar férreos controles de seguridad, más que si fuera de visita a la cárcel.

 

            Está harta de Londres y del Reino Unido, pero no ve una salida fácil. Le ha dejado claro a Andrew que ella a Australia no se va a vivir, así que en el medio plazo, piensan en irse a España. Pero Andrew no habla ni una palabra de castellano y ella ha sondeado la posibilidad de trabajar en el sector de la banca en España y no lo ha visto nada claro (aunque su empresa tiene sucursales aquí y por ahí podría ir la solución). De una forma o de otra, lo acabarán haciendo, porque en su vida en Londres ya empiezan a pesar más las desventajas: Vivir en un sitio pequeño, llegar muchos días tarde a trabajar por problemas en el lamentable sistema de transporte público (sobre todo el metro), el mal funcionamiento de la sanidad y de los servicios públicos en general (algo que ya sospechábamos después de nuestro viaje a Gran Bretaña e Irlanda del verano pasado)…

 

            Pero lo que realmente la tiene frita es determinada inmigración (aunque ella misma es inmigrante), especialmente la que procede de determinados países islámicos. Los acusa, en términos generales, de vivir en guetos aislados del resto de la sociedad, de no aprender inglés siquiera para comunicarse, de estarse llevando todas las ayudas sociales que se generan en el país, de no integrarse en la cultura local y de pretender imponer la suya (a modo de ejemplo, pone el de las luces de navidad e indica, que esta comunidad está presionando para que se llamen luces de invierno). Y el colmo es cuando llega el ramadán, que se escaquean de hacer tareas que implican esfuerzo, alegando que llevan bastantes horas sin comer y las empresas se lo consienten. Al igual que les dan permiso para rezar en horario laboral, cosa que no esta permitida a ninguna otra religión. Cree, en definitiva que alguien debe tomar medidas ante estas situaciones, si la siempre tolerante y cosmopolita Londres, no quiere convertirse en un Reino de intolerancia y de enfrentamientos culturales.

 

            Su llegada a Egipto fue algo ajetreada. Aterrizaron en el aeropuerto de Sharm el Sheik. Andrew había visitado el país hace seis años, pero para ella, este viaje es su estreno en el país de los faraones. En el primer autobús que montaron fueron sometidos a un exhaustivo control policial, incluso con detectores de explosivos. Y poco después en el mismo vehículo, al despertarse de una breve siesta, se encontró una mano del egipcio de atrás acariciándole uno de los pechos. Esta obscena y repugnante práctica es bastante habitual en los autobuses egipcios, como más adelante veremos, sobre todo por la noche.

 

            Ellos no han ido al desierto, pero por lo demás el recorrido ha sido casi similar al nuestro. Ahora van a Hurgada a coger el ferry para Sharm el Sheik, pero tendrán que pasar el día entero en esta ciudad, dado que los viernes es el único día de la semana que no circula. ¡Qué mala suerte!. De ahí irán a Dahab y después, vuelta a casa.

 

            Una de las pocas variantes que han hecho en relación con el desarrollo de nuestro itinerario, es que han estado dos días navegando en falúa, desde Asuán a Kom Ombo. Dice que la experiencia ha resultado positiva, más porque tuvieron suerte con sus compañeros de barco, que por el propio recorrido. ¿Sabéis quien fue uno de esos acompañantes?. Andrew, nuestro compañero en los Desiertos Blanco y Negro. ¡¡Qué pequeño es el mundo!!

 

 

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