La ciudad de los Muertos (o Cementerio Septentrional) es uno de los lugares que más impresionan en El Cairo, sobre todo si se visita al atardecer. La gente vive, come y tiende sus ropas entre las tumbas.


 

 

Escultura del Templo de Nefertari. Abu Simbel.

 

"La construcción de Abu Simbel se inició aproximadamente en el 1284 adC y duró unos 20 años, hasta el 1264 adC. Es uno de los seis templos erigidos o excavados en la roca que se edificaron en Nubia durante el largo periodo del reinado de Ramsés. El propósito del templo era impresionar a los vecinos del Sur y reforzar la influencia de la religión egipcia en la región.

Escultura del Templo de Ramses II. Abu Simbel.

"Con el paso del tiempo, el templo, abandonado, comenzó a llenarse de arena. Cerca del siglo VI adC, la arena cubría las estatuas del templo principal hasta la altura de sus rodillas. Abu Simbel quedó olvidado hasta que en 1813 el suizo J.L. Burckhardt lo visitó.

Burckhardt explicó su descubrimiento al explorador italiano Giovanni Belzoni, quien viajó al lugar pero que fue incapaz de cavar una entrada que le diera acceso al templo. Belzoni regresó en 1817; esta vez tuvo éxito y consiguió entrar. Se llevó todos los objetos de valor que pudo transportar.

En 1959 se inició una campaña internacional de recogida de fondos para salvar los monumentos de Nubia ya que algunos de ellos estaban en peligro de desaparecer a raíz de la construcción de la presa de Asuán.

El salvamento de los templos de Abu Simbel se inició en 1964 y costó la suma de 36 millones de dólares. Entre 1964 y 1968, el lugar se desmanteló para volver a montarlo en una nueva localización, 65 metros más alto y 200 metros más lejos del río.

Situación: 22° 20′ 13″ N 31° 37′ 32″ E

El complejo está compuesto por dos templos. El mayor dedicado a Ra, Ptah y Amón y presenta unas estatuas colosales del faraón Ramses II en la entrada. El templo menor está dedicado a la diosa Hathor, personificada por Nefertari, esposa favorita de Ramsés.

 

(De Wikipedia) 

 

 

 

 

 

Kom Ombo y Edfu

 
Mapa de Kom Ombo en Google Maps 

Imagen de Satélite de Kom Ombo en Google Maps 

Templo de Kom Ombo  

 

Mapa de Edfu en Google Maps

Imagen de Satélite de Edfu en Google Maps


Estatua de Horus en el Templo de Edfu.

 

 

 

Dioses egipcios

Bastet es una diosa de la mitología egipcia, también denominada Bast, cuya misión era proteger el hogar y simboliza la alegría de vivir, pues se considera la deidad de la armonía y la felicidad.

Esta diosa se presentaba como una mujer con cabeza de gato o como un gato. Representa la personificación de los rayos calientes del Sol y ejercía sus poderes benéficos. Encarnaba los aspecto pacíficos de diosas peligrosas como Sacmis, que expresaba las cualidades maléficas del Sol. Como ojo de Atum, estaba asociada a la luna y protegía los nacimientos y a las embarazadas de las enfermedades y los malos espíritus.

Se muestra como una diosa pacífica, pero cuando se enfada se transforma en una mujer con cabeza de leona, asimilándose a la diosa Sejmet. Algunas veces aparece como hija de Ra o Atum, tomando como madre a Hathor o a Tefnut. En otras ocasiones, forma tríada con Atum o Mahes "El León de Mirada Feroz" como esposos, y con Horhekenu como hijo. Desde el Imperio Antiguo, es la madre del rey, al que ayuda y protege para alcanzar el cielo.


Diosa Bastet. Obtenida de Wikipedia.

En honor a esta diosa en la ciudad de Bubastis se celebraba "La Fiesta de la Embriaguez", donde se consumía vino en abundancia, se bailaba y se hacía sonar la música. Esta fiesta se realizaba para que la diosa Bastet se mostrara contenta y halagada, y de este modo no tomara el aspecto de una leona enfurecida.

  • Nombre egipcio: Bastet. Nombre griego: Bastis. Deidad griega: Artemisa.

Iconografía: Se la representaba bajo la efigie de un gato doméstico, o bien como una mujer con cabeza de gato, que siempre lleva un sistro (instrumento musical) debido a que le agradaba especialmente que los humanos bailaran y tocaran música en su honor.

En determinadas ocasiones, se transformaba en la mucho más violenta diosa Sejmet, patrona de las guerras y dotada de cabeza de león.

Al igual que el animal totémico que la representa, Bastet era una diosa impredecible que podía mostrarse tierna o feroz en cualquier momento. La antigua ciudad de BubastisZagazig, en el delta del Nilo) estaba consagrada a su culto, y de allí proceden centenares de gatos momificados que fueron enterrados en su honor. (hoy

Su culto fue tan importante que en sus templos se criaron gatos que eran su representación, y a la muerte de éstos, eran cuidadosamente momificados enterrándolos en tumbas específicas para ellos. Encontramos algunas necrópolis de este tipo en Bubastis, Saqqara, Tanis, Beni Hassan y Tebas.

Los egipcios tenían a los gatos como a divinidades. Cuenta la leyenda que se rendían ante los persas cuando éstos sostenían gatos frente a sus escudos, ya que los persas sabían cómo eran considerados los gatos. Los egipcios eran capaces de rendirse antes de lastimar a alguno. Así fue como perdieron a la ciudad de Pelusio (actual Puerto Said).

Se la identificaba con la estrella Sothis, de quien se la consideraba Señora. Según algunos eruditos, como M. Oldfield Howey, su nombre significa la desgarradora, pese a su carácter principalmente benigno.

Su culto se remonta a los primeros tiempos de la civilización egipcia, habiendo ganado notoriedad más tarde, y se la menciona en los Textos de las Pirámides y el Libro de los Muertos.

 

Luxor, desde la terraza del hotel. 

 

 

 

DE VUELTA A ASUÁN:

 

            Pretendemos coger el autobús de las nueve y media con destino a Asuán, pero también en esta ocasión nadie nos sabe informar siquiera de su existencia, así que tenemos que recurrir nuevamente a los microbuses. El único que va a salir hacia Asuán tiene a estas horas solo tres pasajeros montados. Con nosotros somos cinco, pero el conductor no está dispuesto a salir con tan poco pasaje, así que nos tiene dos horas (unos ratos parados y otros dando vueltas por el pueblo) esperando, con la consiguiente pérdida de paciencia que vamos acumulando y que raya su límite, cuando tenemos que esperar más de veinte minutos a un policía, que esta de charla con otro en una garita.

Como es miembro de este cuerpo, ni siquiera el conductor se atreve a decirle nada.

 

            Partimos al fin y al menos, el viaje es más rápido que el de la ida, ya que solo paramos en los correspondientes controles de policía –que ya nos conocen, pues son los de ayer- y en tres horas nos ponemos en Asuán. El microbús –en el que esta vez hay más presencia femenina, dado que van un par de señoras y una madre con su hija- nos deja en la puerta del Hotel Keylani, donde pasaríamos nuevamente la noche, esta vez en una habitación algo peor. Y hemos tenido suerte, según indica el recepcionista, dado que es la única que les queda libre.

 

 

DE NUEVO EN ASUÁN:

 

            Nuestro primer objetivo es buscar un sitio donde comer, porque otra vez nos han vuelto a dar más de las tres. Caminamos por la calle del zoco (ya tenía obras, precipicios -mas que agujeros- y montoneras de arena ayer, pero hoy se han multiplicado por dos, haciendo difícil el fluido andar- y buscamos una especie de restaurante de dos plantas en una bocacalle a la izquierda, que habíamos visto y que podía ser nuestra salvación. La decepción llega cuando nos informan de que allí solo sirven Kushari a tres libras (esa mezcla de garbanzos, lentejas, arroz, pasta, sopa y algo de carne de la que ya he hablado) y una especie de lasaña algo quemada por arriba y con un poco de carne de cordero, a cuatro libras.

 

            Por no dar más vueltas y viendo la hora que es, nos sentamos a comer allí. Me paso tres pueblos echando chile al kushari y nos abrasamos la boca. Hemos comido por siete libras, pero no ha sido el día más placentero, gastronómicamente hablando.

 

            Nuestro siguiente paso es ir a la estación, para preguntar los horarios de los trenes a Kom Ombo y de nuevo, momento de decepción. Los trenes donde podemos viajar los extranjeros –en teoría- solo salen a las seis de la mañana y a las cuatro de la tarde. ¡Otro día que nos va a tocar levantarnos a las cinco y cuarto, porca miseria!

             

            El resto de la tarde la pasamos paseando por Asuán. Primero fuimos a visitar la mezquita más grande, muy bonita por fuera, pero sin interés alguno por dentro, a pesar de estar atestada de turistas. Luego acabamos por casualidad en la cantera donde se asienta el obelisco inacabado y tras caminar por unas zonas bastante deprimidas, llegamos a una iglesia cristiana, también bonita por fuera e insustancial por dentro.

 

            Decidimos entrar en un cibercafé (aunque los de Egipto raramente sirven algo, más allá de ratones y teclados) con el fin de ver el estado de nuestro vuelo de vuelta, mirar unos alojamientos en Hurgada y enterarnos de lo que está pasando en el mundo y en España. Resolvemos las dos primeras cosas y en cuanto a la tercera, nos damos cuenta de que más o menos es un poquito más de lo mismo de siempre: Crisis en Oriente Medio, kaleborroka en el País vasco, el Madrid que ha perdido con el Celta en casa…

 

            Estamos tan solo cincuenta minutos, pero el dueño del cíber nos ha cobrado quince libras, como si hubiéramos estado hora y media. Discutimos con él hasta que conseguimos que nos devuelva las cinco libras que se había quedado a mayores del precio del servicio.

 

 Mezquita más significativa e importante de Asuán.         

 

            Finalizamos la jornada callejeando por la zona del zoco, por lo que somos el blanco directo de los vendedores, que nos impiden hasta mantener una conversación fluida. Son algo pesados, pero también muy amables y a veces graciosos, por lo que no tenemos que recurrir a usar malos modos. Un grupo de españoles con cara de haber bajado hace pocos minutos del crucero, se dedica a comprar baratijas en algunas tiendas del zoco.

 

            Al llegar al hotel indicamos en recepción que queremos pagar ya, dado que nos íbamos a levantar muy temprano para coger el tren a Kom Ombo.. Nos cobran y nos indican que cuando nos levantemos, tendremos allí mismo una cajita cada uno con desayuno para llevar a nuestra disposición. ¡¡Qué detalle!!. Estamos algo preocupados de cómo nos saldrán las cosas el día de mañana, como enlazaremos los transportes y como llegaremos a los templos, dado que algunos relatos hablan de algunas dificultades.

 

 

KOM OMBO:


            Madrugar no nos sienta bien, pero no hay otro remedio, así que a las cinco y media ya estamos con nuestra mochila a cuestas y la cajita del desayuno de la mano pisando las calles del zoco que llevan a la estación y viendo amanecer. Realmente había sido bastante más bello el del día anterior. Aunque la verdad, es que vamos más pendientes de mirar al suelo para no dar con los huesos en una zanja, que al cielo. Un vendedor abusa de nosotros, consciente de que tiene la única tienda abierta de todo Asuán a esas horas y nos sopla cinco libras por una botella de agua (normalmente cuesta dos).

 

 

     Templo de Kom Ombo     

 

           En la taquilla de billetes hay una cola tremenda, así que vamos directamente al tren pasando por un control de policía, donde nos preguntan nuestro destino. Ya sentados en el nuestras butacas, nos damos cuenta de que no somos los únicos con la cajita del desayuno entre las manos. Un nutrido grupo de chicos y chicas con un monitor a la cabeza ha debido pasar la noche en nuestro mismo hotel (por eso estaba tan lleno) y ahora se dirigen a Luxor. El monitor ha creído que éramos de su grupo y nos ha pagado los billetes, pero cuando nos lo dice ya es tarde, porque los hemos abonado nosotros también (9 libras cada billete). Así que le decimos que se arregle él con el revisor para recuperar el dinero.

 

            Un simpático policía nos marca de cerca y nos dice que estemos pendientes de él. Lleva un arcaico transmisor con una larga antena. Diez minutos antes de llegar intenta el contacto, más o menos cada medio minuto, con una frase en árabe que suena así:

 

            -¡¡¡Me marka Kom Ombo!!!

 

            Así una y otra vez, sin recibir respuesta hasta que estamos justo en el andén, momento en que el trasto comienza a acoplarse y hace imposible la recepción de nada descifrable. Nos levanta del asiento, dice que le sigamos, nos baja del tren y nos pone en manos de otro policía que nos lleva hasta un vehículo de transporte, cuyo conductor trata de convertirse en el segundo que abusa de nosotros esa mañana. Pide 10 libras por llevarnos al tempo y no baja por nada del mundo, consciente de que es el único medio de transporte en la zona. Gracias a la intervención del policía conseguimos que nos lo rebaje a seis. El vehículo arranca. Se trata de una furgoneta descubierta por la parte de atrás, al estilo de algunas militares y con flores rosas dibujadas en el techo. Una escolta policial va delante de nuestro vehículo y yo me pregunto, ¿no podría habernos llevado hasta allí el coche de la policía y nos habíamos ahorrado tantas historias?.

 

            Pagamos las 25 libras de la entrada y nos dirigimos al interior del templo, que al parecer es el único gemelo que vamos a ver en nuestro recorrido. Otra vez estamos solos y hace poco que acaba de salir el sol. ¡Cuesta madrugar, pero no hay nada como ver los templos con la luminosidad de estas horas y no con el sol de mediodía!. La policía se ha quedado con nuestros bultos, a modo de consigneros.

 

            El Dios del Templo de Kom Ombo era Sobek, como forma de cocodrilo. Se cree que fue divinizado porque los cocodrilos abundaban en esta zona del Nilo. Con el paso del tiempo a la gente no le gustó estar asociada con un Dios que representaba el mal, por lo que le agregaron otro Dios, Horus, como hermano suyo y socio en el culto del templo. No es de los mejor conservados de Egipto, pero su visita merece la pena, aunque con media hora o tres cuartos la cosa está vista.

 

            Nuestro problema ahora residía en saber como volveríamos a la estación, pero por suerte, en Egipto siempre hay alguien que ya está planificando tu futuro. Los vigilantes de nuestros bultos no nos piden propina, así que no la damos.

 

            Un hombre con su coche –se ve a la legua que no es taxista y tiene unos 70 años- se ofrece a llevarnos a la estación. Entre sus quince libras y las cinco que ofrecemos nosotros cerramos el  acuerdo en diez. Pero entonces se ofrece a llevarnos hasta Edfú en el convoy policial y nos solicita 120 libras. ¿Cuántas pipas de agua se habrá metido este hombre recién levantado y antes de desayunar?. Le contestamos que no pagamos más de 50. Va bajando hasta que llega a 60 y dice que es la última oferta.

 

            -Pues entonces, a la estación, amigo –le decimos-

 

            Antes de arrancar sigue insistiendo con el tema de Edfu y tenemos que ponernos duros y serios con él.

 

            En la estación preguntamos por el horario de los próximos trenes. Hay uno de segunda clase a las ocho y media, que finalmente llega a las nueve menos diez. El tren está algo mejor que el anterior, que tenía rotos bastantes de sus asientos. Diríamos incluso que esta mejor que algunos de los que hemos tomado en España

 

 

EDFU:

 

            Es casi una hora de trayecto, así que nos echamos una pequeña siesta. Los nombres de las estaciones no están puestos, por lo que en cada parada preguntamos a alguien, hasta que al final nos indican que ya estamos en nuestro destino. Esta vez hemos hecho el trayecto sin ninguna presencia policial y además nos ha salido gratis, porque no ha pasado el revisor, así que no ponemos casi ninguna pega cuando el único conductor que hay en la estación nos pide 20 libras por llevarnos al templo, esperar allí y traernos de nuevo

 

            De camino vemos el pueblo de Edfú, que resulta bastante animado. En muchos de los relatos que he leído se hacen diferencias entre el Egipto urbano y rural, que yo no veo tan claras. Este lugar de menos de 100.000 habitantes, me parece más urbano que muchos barrios de El Cairo.

 

            Si Abu Simbel fue el templo que más nos gustó y Philae el segundo, Edfu comparte con el de Luxor el tercer lugar. Y es que aunque está mejor conservado el primero, es delicioso ver atardecer en el templo de Luxor y luego andar por su interior iluminado de noche.

 

            El templo (la entrada cuesta cuarenta libras) se encuentra en bastante buen estado y fue dedicado a Horus. Todo él está rodeado de una muralla. Se conserva en el recinto un mammisi, lugar donde se celebraba el nacimiento del hijo de Horus y Hathor. El pilón del templo antecede a un patio abierto que da a un pronaos o sala hípostila. Una segunda sala hipóstila y un vestíbulo proceden al santuario rodeado de de capillas para las divinidades.

 

            Habíamos pactado que tardaríamos en visitar el templo una hora –es tiempo suficiente, aunque si se quiere da para más- y así poder coger el tren de tercera de las once de la mañana, que nos llevaría a Luxor, dado que habíamos descartado la visita inicialmente prevista a Esna, por no ser interesante para nosotros.

 

            En este templo, que tienen numerosas tiendas fuera, al margen de pesados caleseros, si que hemos tenido que dar propina porque nos guardaran los bultos (3 libras que teníamos sueltas)

 

 

CAMINO DE LUXOR:


            El tren llegó media hora tarde y dentro de él vivimos una experiencia, diferente para nosotros, pero muy cotidiana para cualquier egipcio medio: Viajar en un tren de Tercera, atestado de gente, con asientos de madera, con servicios insalubres, con mierda por todas partes; pero con una población, que a pesar de viajar en estos transportes tercermundistas, conserva bastante bien la sonrisa y la dignidad y relativamente, la higiene, da para muchas elucubraciones durante el trayecto.

 

            No hace falta saber ningún idioma para entenderte y tener complicidad con la gente en este lugar: Una mirada, un gesto, una sonrisa… Hay una chica que apenas tendrá veinte años y ya viaja con una pesada nómina de dos niños. Les pedimos permiso para fotografiarlos a los tres y accede gustosa. Con ella viajan también su padre y la que parece su abuela, toda cubierta de negro. Hasta que se destapa y deja ver que ya no tiene ninguna pieza de la dentadura.

 

            El extranjero no les resulta extraño ni hostil, pero tampoco hacen gestos visibles de envidiarle. Otro hombre coloca tumbadas a sus dos hijas en la parte de arriba, donde van los equipajes, mientras el chico de mi lado se interesa por nuestra nacionalidad. Por el pasillo no deja de pasar gente: Vendedores de té con tetera de latón (¿dónde calentaran el agua?), vendedores de collares y demás baratijas, vendedores de frutos secos distribuidos en pequeños paquetes… El trayecto de una hora y media de duración nos cuesta 5,5 libras y todavía el revisor nos pregunta si tenemos carné de estudiante para hacernos descuento.  

 

            A la una y veinte estamos ya en Luxor. ¡Quien lo hubiera dicho!, habíamos calculado que nunca llegaríamos antes de las cinco, con suerte.

 

 

LUXOR:

 

            La estación esta completamente en obras. Otros relatos hablan de que en ella hay una oficina de turismo, pero en estos momentos la única que funciona es la de la Corniche. Tampoco está operativa su consigna. Pero no solo la estación está en obras, es Luxor entero el que está en una obra permanente. Por todas las calles hay zanjas, montoneras de arena, tremendos precipicios abismales que parecen llevar al centro de la Tierra (más que agujeros) y polvo. Es la ciudad más polvorienta que he conocido en mi vida. Hay también muchas casas en obras y otras que las necesitarían de forma urgente. Y el mayor problema de todos es que nunca ves a nadie trabajando en esas obras. De vez en cundo observas a tres tíos haciendo una montonera de piedras, o a uno cavando, pero es muy de vez en cuando.

 

            Tomamos un taxi para ir al hotel (nos cuesta encontrarlo, dado que ni un solo comisionista o taxista ha salido a nuestro encuentro). Cuando llegamos nos damos cuenta de dos cosas:

 

            -Podíamos haber ido andando.

 

            -El precio de diez libras que hemos pagado es excesivo. Con cinco había ido que chutaba.

 

            Habíamos elegido como nuestro hotel en Luxor, para pasar tres noches, el Hotel Partner Tutotel, en la Sharia salah ad-Din y la elección fue muy acertada. Es un tres estrellas, con espléndidas vistas del Nilo y una pequeña piscina en la última planta. La habitación doble nos costó 19,32€ reservándola con www.hotelius.com . También hicimos bien en reservar, dado que si la coges allí directamente, te cobran 34 dólares, más impuestos.

 

 

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