Amanecer o atardecer en el Desierto Blanco, es una de las mejores experiencias que se puede vivir en un viaje al país de los faraones. Y dormir al raso con la luna llena, después de una cena guisada en la lumbre a fuego lento, es el colofón.


 

 

            En Elefantina estuvimos poco tiempo, el suficiente para ver los dos  deprimidos poblados nubios (Sion y Koti) habitados por gente de color infinitamente más oscuro que los egipcios del norte. Hay un Museo Nubio, pero pensamos que ya le hemos dado hoy bastante dinero al corrupto estado egipcio y nos ahorramos las 25 libras/persona que cuesta.

 

            Resta una media hora para ponerse el sol y nos vamos a dejar querer en la Corniche para ver atardecer sobre el Nilo desde una falúa (embarcación da vela y remos). No tardan en aparecer ofertas. ¡Veinte euros nos pide por una hora un individuo!. Le decimos que veinte si, pero libras. Se echa las manos a la cabeza y baja a quince euros. Nosotros subimos a 25 libras. Baja a 12. Le indicamos que conocemos el mercado, que tenemos un amigo que ha estado hace poco y ha pagado cincuenta libras por dos horas y que por una, no le vamos a dar más de 30. Tras ver claro que no nos vamos a bajar del burro y no nos puede sablear, acepta, pero de camino al barco empieza a renegociar nuevamente.

 

            -Os dejo en cincuenta libras las dos horas –dice-.

 

            -Solo queremos ver la puesta de sol y dar una vuelta. Una hora será suficiente.

 

            Tras pasarnos por cuatro o cinco falúas, de una a otra a toda velocidad (nunca he visto mis carnes más cerca del fondo del Nilo) llegamos a la nuestra emabrcación. Nada más zarpar vuelve de nuevo al ataque.

 

            -Para dar la vuelta a Elefantina necesitaré al menos hora y media –dice.-

 

            -Pues no des la vuelta a Elefantina y ya está –replicamos-. Sigue otro camino

 

            A los veinte minutos, viendo además que no hace mucho viento, vuelve al ataque.

 

 

 

   Falúas navegando por el Nilo. Asuán.      

 

           -Va a tener que ser hora y media, pero os lo dejo en cuarenta libras en vez de en cuarenta y cinco.

 

            -Pues no, tu has tomado la decisión y tú debes pagar la mayor parte, así que la hora y media se va a quedar en 35 –le dijimos, ya bastante hartos de tanta renegociación-

 

            La firmeza que mostramos –con este tipo de gente no vale otra cosa- le hace asentir con la cabeza.

 

            Dimos por tanto la vuelta a Elefantina, contemplamos desde el agua la otra orilla, donde se asientan las Tumbas de los Nobles y el Monasterio de San Simeón y llegamos hasta una especie de cataratas, para terminar donde habíamos partido, una vez que habíamos cruzado delante un montón de cruceros de los que hacen los circuitos organizados por el Nilo. Disfrutamos de un fantástico y relajado paseo y de un bello atardecer. La falta de viento hizo que el capitán tuviera que remar los últimos veinte minutos a brazo partido como si de una galera se tratara. Otro me hubiera dado pena, pero a este, después de la lata que nos había dado, no le venía mal quemar unas cuantas energías.

 

            Finalizamos la jornada caminando un par de horas por el zoco, cuya calle principal y casi única es Sharia as Souq. Las misms cantinelas de siempre: “Hola pepsicola”, “Solo mirar, no agobiar”, “¡¡Viva Fraco!!”…..

 

 

    Atardecer en el Nilo desde una falúa. Asuán.

 

           Nos habíamos ganado unas cervecitas en la terraza del hotel. El día había sido bastante duro. A la jornada siguiente nos debía esperar, tan majestuoso, el templo de Abu Simbel.

 

 

HACIA ABU SIMBEL:

 

            Por el precio que se paga, no se puede pedir más desayuno que el que da el hotel Keylani: Una especie de batido de frutas (con trocitos), quesitos, crepes, pan, mantequilla, mermelada (como siempre de higo) y café. El marco lo pone la deliciosa terraza, aunque se está mas a gusto todavía por la noche.

 

            La estación de autobuses de Asuán está a unos 3 kilómetros del centro, por lo que tomamos un taxi por el que pagamos 10 libras (se puede sacar por 5). Queríamos llegar a las 10,30 para tomar el autobús de las 11 a Abu Simbel, que nos habían indicado en la oficina de turismo el día antes; pero allí nadie tiene ni idea de su existencia. Nos conducen, por el contrario, a un microbús, que partirá en cuanto se llene y que hace la ruta por el mismo precio, 20 libras. Aunque es más incómodo, por no seguir buscando, aceptamos. Ya desde antes de subir, uno de sus ocupantes, Mohammed, con pinta de floreciente y trajeado hombre de negocios, empieza a darnos conversación en inglés.

 

            El microbús va abarrotado. 16 personas en total con el conductor y de nuevo soy la única mujer entre los pasajeros. Entre ellos hay gente de todo tipo y la mayoría llevan chilaba y turbante. Salvo Mohammed, el resto,  la verdad, tienen muy poquita pinta de viajeros. Es otro de los grandes enigmas que me he traído de Egipto. Miles y miles de personas viajan a diario hasta colapsar los transportes, la mayoría de ellos sin apenas equipaje. ¿Para que viajan?. ¿Qué es lo que van a buscar o les espera en el destino?... En cualquier caso, si algo es barato en Egipto es precisamente viajar. Así que, aunque sea solo para ver paisajes (desérticos, la mayoría)

 

            Nada más pasar la vieja presa de Asuán –que ahora ya esta fuera de servicio- se presenta el primer control policial. El conductor y los policías hablan en árabe y escuchamos la palabra Isbania (España), con un gesto de negación. Sabemos que hablan de nosotros y nos asustamos, porque parece que nos ponen alguna pega. Mientras pensamos en ello se despiden y arrancamos. Hemos debido interpretar algo mal. Alguna gente piensa que solo se puede ir a Abu Simbel en el convoy policial y eso no es cierto. Se puede viajar sin problemas en los microbuses (aunque les guste más que se haga en el convoy) y no está permitido hacerlo en taxi.

 

            Mohammed sigue dándonos conversación y entre los típicos ¿quiénes sois?, ¿de donde venís?, ¿en qué trabajáis?, ¿os gusta Egipto?, va intercalando su intención de vendernos un crucero por el lago Naser o alojarnos en un muy buen hotel de lujo que hay en Abu Simbel. El que parecía ser un despiadado comisionista, resultó se luego, sin embargo, nuestro ángel de la guarda. Lo veremos.

 

            El viaje, que al final resultó ser de cuatro horas y no de tres como nos habían asegurado, se hizo bastante largo. Tuvimos que pasar otros dos controles policiales más (en el último nos pidieron el pasaporte), paramos a tomar un café en un chiringuito del mismo estilo a los del viaje a Bahariya y fuimos realizando paradas diversas en medio de la nada, donde iba bajando gente. ¡¡Ellos sabrán!!. También el vehículo cumplió misiones de compañía de paquetería y nos desviamos un poco del camino para entregar un paquete en una cochambrosa empresa situada en el medio del desierto.

 

 

ABU SIMBEL:

 

            Una vez habíamos pasado el aeropuerto de Abu Simbel, Mohammed nos pregunta.

 

            -Entonces, ¿dónde os dejamos?.

 

            -Si es posible, en la puerta del Escaleh , que era el alojamiento que habíamos seleccionado de la guía Lonely Planet.

 

            -No conozco ese hotel, no hay ningún hotel en Abu Simbel que se llame así –dice-.

 

            -Pues entonces que nos deje el conductor en la calle principal y ya nos buscaremos la vida –decimos, con la mosca detrás de la oreja y teniendo ya claro que de una u otra forma nos quiere liar-.

 

            -Os puedo llevar a un hotel de lujo, que tiene todos los servicios y que es muy bonito –insiste-

 

            -No, somos españoles y los españoles somos muy, muy pobres. No podemos ir a hoteles de lujo, tenemos que ir a establecimientos de inferior categoría –le respondemos, haciendo algo de teatro-.

 

           -Está bien, no hay problema, dejadlo en mis manos –concluye-.

 

            Aunque desconfiados (no nos quiere decir siquiera el precio de la habitación del sitio donde nos va a llevar), nos dejamos querer. Total, siempre habrá tiempo para decir que no.


Exterior del Templo de Ramses II en Abu Simbel, durante el espectáculo de luz y sonido.

 

            El vehículo sale de la calle principal  -que es la misma que haciendo curvas lleva a los templos- y tuerce a la derecha. Nos detenemos ante un hotel con jardín, que tiene bastante buena pinta. Lo de la buena pinta lo confirmamos nada más entrar, pero antes de ver la habitación exigimos ya casi enfadados saber el precio y la sorpresa es mayúscula, cuando nos dicen que son 150 libras (apenas 21€) por la doble, con tres camas. El precio que íbamos a pagar en el hotel que nosotros habíamos seleccionado era bastante más alto (en torno a los 40€) y el establecimiento era peor, aunque también nuevo. Así que sin pensarlo dos veces, aceptamos el precio sin regatear y vemos la habitación, de buen tamaño (aunque la tercera cama, que no nos servía para nada ocupaba un espacio que nos hubiera venido bien), con un baño amplio, televisión y potente aire acondicionado. Del visionado de las instalaciones dedujimos que el complejol no lleva más de un año construido y que, por tanto, por eso no aparece en las guías. Su nombre es The Club of Applice Ors y está a diez minutos andando de la calle principal

 

            Mohammed se despide amablemente de nosotros. En el hotel nadie habla ni una palabra de inglés, pero logramos entender que si queremos comer allí nos saldrá por 25 libras a cada uno. Debimos haberlo hecho (eso pensamos al día siguiente al comprobar el desayuno que ponen), dado que eran más de las dos y media, pero finalmente, decidimos bajar hasta el pueblo.

 

            Abu Simbel está compuesto por un par de calles. Por un lado, la larga y zigzagueante calle principal que lleva a los templos y por otro la de nuestro hotel, más corta. Pero a pesar de ser pequeño es uno de los lugares más cuidados de Egipto, con la buena pavimentación de su paseo, bastante cuidada vegetación (incluso flores) a los lados de la carretera y buena iluminación (para lo que por allí es costumbre)

        

             En el restaurante de la calle principal que está justo en el cruce de ambas calles, llamado rimbombantemente Wadi el-Nilo, (no hay muchos más donde elegir), tampoco hablan nada de inglés, así que entramos hasta el fondo de la cocina a mirar los pucheros, que su cocinero nos va levantando uno a uno. Acordamos con él que pagaremos veinte libras cada uno por la comida completa, con bebida. El almuerzo fue casi a base de mezze: Un tazón de sopa de vegetales, varias ensaladas, unas alubias blancas sazonadas sabiamente con especias, una especie de pisto parecido al que habíamos comido en el desierto, tahina y un plato de arroz con carne, si bien esta última era tan fibrosa como escasa y más dura que una piedra. ¿Sería de camello?. Mejor no saber la respuesta. En definitiva y salvo la carne, se había tratado de una comida sencilla, pero rica y abundante.

 

 

Pintura, en el interior del Templo de Ramses II. Abu Simbel           

 

Al salir preguntamos a un policía el camino de los templos y nos dice:

 

            -Right –mientras con su brazo indica a la izquierda-.

 

            En fin, menos mal que solo hay un camino, por el que se viene a tardar un cuarto de hora andando a los templos. Nuestra intención no es visitarlos, sino saber a que hora es el espectáculo de luz y sonido, que es el motivo que nos ha hecho decidirnos por pasar noche en Abu Simbel, además de ver el lugar al amnecer. Una vez que conocemos que es a las siete, retornamos a nuestro hotel. Por fin vamos a poder reposar un par de horas por la tarde, algo que no habíamos hecho desde que partimos de España.

 

            A las seis y cuarto estamos ya camino de los templos y antes de las siete menos cuarto, sacando las entradas en la vacía taquilla, a un abusivo precio de 60 libras. Tras el acceso al recinto, hay que girar a la izquierda e ir dando la vuelta hasta llegar a los templos. Cuando nos tomamos con ellos los vemos a media luz y la escena resulta maravillosa.

 

            Nos sentamos. Hay una excursión organizada de más de cien japoneses, así que el espectáculo se va a realizar en ese idioma, pero nos dan unos cascos a través de los cuales podremos escucharlo en castellano. El espectáculo dura tan solo treinta y cinco minutos y es fantástico, con la combinación de una majestuosa música y los haces de luces que proyectan diversas formas y figuras sobre los templos de Ramses II y Nefertari. La historia, tal vez, sea lo menos interesante de todo, aunque os pongo aquí un pequeño resumen.

 

            Comienzan hablando de cómo la UNESCO salvó los templos Nubios, entre ellos los de Abu Simbel (que significa montaña pura). Luego hacen una recreación de la llegada de Ramses II y Nefertari por el Nilo, para pasar a describir las figuras exteriores de los templos. Siguen con una reconstrucción de lo que fueron las guerras que llevaron al Gran Imperio y la prosperidad, para finalizar con las crecidas del Nilo y la barca que se mandaba río abajo para conmemorarlas.

 

            Tras las impresionantes –aunque breves- emociones vividas, regresamos al hotel, donde tenemos que elegir entre un partido de la liga egipcia, dos canales de informativos en árabe, uno de espectáculos en el mismo idioma, una película norteamericana de serie b con subtítulos en gusanillo y el ya mencionado en este relato Música Hits. Ante tal panorama televisivo, dejamos este último de sonido de fondo, mientras comenzamos a organizar las visitas del lunes a los templos de Kom Ombo y Edfu, dado que el domingo iba a ser un día casi de transición, depués de la visita de los templos

 

            Abu Simbel abre a las cinco y media de la mañana y la entrada cuesta la friolera de 80 libras egipcias. Estamos empeñados en ver   amanecer allí, así que hemos puesto el despertador a las cinco y cuarto, de tal forma que a las seis menos cuarto ya estamos dentro, absolutamente solos, viendo como el sol sale como una diminuta bola roja desde más allá de los confines del Lago Náser (tiene   que ser realmente espectacular llegar a los templos a través de él en una embarcación) y se refleja en las portadas de los templos de Ramsés y Nefertari, mostrando una luminosidad y un colorido diferente cada minuto que pasa.

 

            Miramos los templos de frente, de lado, de cerca de lejos… hacemos mil fotos de su exterior y también de su interior, dado que a pesar de que está prohibido, los dos vigilantes que hay a estas horas andan afuera de charla

 

            Estuvimos contemplando esta maravilla durante una hora y tres cuartos. A las siete y media cuando salíamos, comenzaban a llegar ya las primeras caravanas de autocares con las hordas turísticas a bordo.

 

            Debo deciros como conclusión que, Abu Simbel, bien merece pasar una noche allí, a pesar de que poca cosa haya que hacer además de ver los templos. El espectáculo de luz y sonido de la tarde y contemplarlos al amanecer en soledad son dos de las imágenes que nunca se borrarán de mis recuerdos, por muchos años que puedan transcurrir.

 

            Son las ocho y estamos desayunando en el hotel, en un bonito salón con mesas grandes y manteles y servilletas de postín. Fue uno de los mejores desayunos que engullimos en Egipto (las imágenes de la visita a los templos todavía frescas también contribuyeron lo suyo) y vino emplatado (no tipo buffet). Consistió, por persona, en una tortilla de vegetales recién hecha, un plato con embutidos variados y quesos, una ensalada de rojísimos y jugosos tomates con pepino, pan, mantequilla, mermelada y café.

 

 

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 Templo de Philae. Asuán

 

 

"Elefantina es una Isla de Egipto, en el rio Nilo, contigua a la primera catarata, frente a la ciudad de Asuán, mide 1.360 m de longitud por 780 m de anchura.

El nombre de Elefantina es la traducción del egípcio Ab que significa "Elefante", los árabes la denominaron "Isla de las Flores". Situación: 24° 05′ 30″ N 32° 53′ 20″ E

Fue la capital del nomo I del Alto Egipto, To-Jentit "La frontera".

Tuvo gran importancia desde épocas antiguas hasta el periodo helenístico por estar adyacente a la primera catarata, una frontera natural, en la que estaba emplazada una importante guarnición.

En Elefantina se veneraba a la triada compuesta por Jnum, Satet y Anuket. Todos los templos fueron destruidos por el monarca persa Cambises II (hijo de Ciro II el Grande) entre el año 525 y el 522 adC.

Restos arqueológicos

  • El Templo del dios Jnum, erigido por Nectanebo II y completado por ptolomeos y romanos.
  • El Templo de Heqa-ib, monarca de Elefantina y Siena de finales del Imperio Antiguo.
  • El Nilómetro, descrito por Estrabón, es un pasaje escalonado horadado en la roca con noventa escalones y unas marcas laterales grabadas que indicaban el nivel del río. Se tomaba como referencia de la situación económica para establecer los impuestos.
  • Bloques de piedra reutilizados de todos los periodos."

(De Wikipedia) 

 

 

 

Tumnas de los nobles, vistas desde la falúa. Asuán

 

 


Abu Simbel

Mapa de Abu Simbel en Google Maps

Imagen de Satélite de Abu Simbel en Google Maps 

Pntura en el interior del Templo de Ramses II. Abu Simbel 

 

Información Turística de Abu Simbel 

Aeropuerto de Abu Simbel 

El Tiempo HOY 

Exterior del Templo de Ramses II. Abu Simbel.

 

"Abu Simbel significa la montaña pura. Es un complejo de dos templos excavados en roca (speos) ordenados construir por Ramsés II. El templo mayor de Abu Simbel es uno de los mejor conservados de todo Egipto. Se encuentra al Sur del país, a unos 300 kilómetros de la ciudad de Asuán, próximo a su emplazamiento original.

Debido a la construcción de la presa de Asuán y el consecuente aumento del nivel del Nilo fue necesario reubicar varios templos, incluidos éstos, que se hallaban a la orilla del río. Un importante equipo internacional se encargó de partir en grandes bloques y volver a montar en un lugar seguro todo el templo, como si de un gigantesco puzzle se tratara.

El templo está dedicado al culto del propio Ramsés (los faraones se consideraban dioses) y de los grandes dioses de Egipto, Amón, RaPtah. Estos tres dioses tenían sus capitales y a lo largo de la Historia del antiguo Egipto fueron venerados como representación del único dios grandioso. Así que de alguna forma eran rivales y al mismo tiempo eran lo mismo. Ra era la cabeza de la Eneiada de Heliópolis, Amón la Cabeza de la Triada de Tebas y Ptah el gran dios artesano de Menfis. Al lado de los tres se representa a Ramsés como el cuarto gran dios de Egipto. A la dinastía XIX le tocó recuperar el prestigio de Egipto perdido en el exterior después de los disturbios y turbulencias religiosas ( y se apoyó en el culto a Atón y en detrimento de Amón) y políticas durante el reinado deAjenaton de la dinastía XVIII. 

Ramsés II, hijo de Sethy I combatió a los enemigos del Norte, y del Sur. Pero su batalla más importante fue la de Kadesh, en Canaán contra los asiáticos hititas. Esta batalla terminó con un tratado de paz entre ambas fuerzas, aunque Ramsés se jactaba de haber ganado la batalla en los muros de Abu Simbel y otros templos egipcios, lo mismo hizo el rey de los hititas en los templos de su país."

 (De Wikipedia) 

 

Dioses egipcios  

Dios Aton. De Wikipedia.

Atón es una deidad solar del Antiguo Egipto que representaba al disco solar en el firmamento. Se le consideró creador del hombre y los animales, y el espíritu que alienta al mundo.

Nombre egipcio: Iten. Nombre griego: Atón

Iconografía: En los primeros tiempos se representó como un hombre con cabeza de halcón, después como disco solar del cual salían varios rayos con manos extendidas hacia los creyentes.

El culto a Atón: Su culto data del Imperio Antiguo. Thutmosis IV y Amenhotep III le habían rendido culto, pero no fue un culto monoteísta hasta la reforma religiosa del faraón Amenhotep IV, quien se rebautizó como Ajen-Atón en el siglo XIV adC.

Su templo principal estaba en Ajetatón, la actual Tell el-Amarna.

Gran parte del clero se opuso al culto único a Atón y los egipcios siguieron reverenciando a sus antiguos dioses. Tras la muerte del faraón se declaró de nuevo el politeísmo, destruyéndose posteriormente todo vestigio del la época del faraón Ajenatón.

El Himno a Atón, grabado en un muro de la tumba de Jeperjeperura Ay, y escrito por Ajenatón, es uno de las más bellos exponentes literarios de la cultura faraónica.