En Egipto, aun siguen teniendo la simpática o machista costumbre -depende como se mire- de querer cambiar a las mujeres occidentales por miles o millones de camellos. Unos ojos bonitos  hacen subir la oferta generosamente.


 


Pirámide de Saqqara. El Cairo.

 

 

"La Gran pirámide de Giza (29° 58′ 45″ N 31° 08′ 03″ E), la más antigua y la única que aún perdura de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo y la mayor de las pirámides, sirvió como tumba o cenotafio a Jufu, faraón de la cuarta dinastía del antiguo Egipto (también conocido por su nombre griego Keops). El arquitecto de la obra fue Hemon, un pariente de Jufu.

La fecha estimada de terminación de la Gran Pirámide es en 2570 adCy fue la primera y mayor de las tres grandes pirámides de la Necrópolis de Giza en las afueras de El Cairo en Egipto y el edificio más alto del mundo hasta el siglo XIX.

Herodoto, quien contempló la pirámide hacia el año 440 adC, comentó que su tiempo de construcción fue de 20 años. Erigida con unos 2.500.000 bloques de piedra cuyo peso medio es de dos toneladas por bloque, llegando a pesar algunos de ellos hasta las 60 toneladas. Originalmente recubierta por unos 25.000 bloques de piedra caliza blanca, pulidos, de varias toneladas cada uno; mantuvo este aspecto hasta principios del siglo XIV, cuando primeramente un terremoto desprendió parte del revestimiento y posteriormente los turcosotomanos utilizaron dicho revestimiento para la construcción de edificaciones en El Cairo.

El egiptólogo británico Sir William Matthew Flinders Petrie hizó el estudio más detallado realizado hasta el momento acerca del monumento. Entre otros aspectos morfológicos observó que las caras de la pirámide están compuestas de dos planos. Cada una de las caras posee cierta pendiente hacia el interior de la misma, difícilmente apreciable actualmente a causa de la ausencia de bloques de revestimiento. Esta característica y su orientación hacia el Norte geográfico permite que en las caras norte y sur se aprecie un fenómeno de proyección de sombras durante los solsticios y equinoccios, al amanecer, momento en el cual media cara queda iluminada y la otra mitad ensombrecida, denominado efecto relámpago, observable en la actualidad mediante fotografías aéreas.

Pirámides de Gizeh y Esfinge. El Cairo.

Dimensiones:

Altura original = 146,61 m
Altura actual = 136,86 m
Pendiente: 51º 50' 35".
Longitud de los lados de la base según Flinders Petrie (Pirámides y Templos de Giza):
Lado N: 230,362 m (9069.4 pulgadas)
Lado E: 230,319 m (9067.7 pulgadas)
Lado S: 230,365 m (9069.5 pulgadas)
Lado O: 230,342 m (9068.6 pulgadas)
Media: 230,347 m (9068.8 pulgadas)."

(De Wikipedia)

 


Pirámides de Gizeh. El Cairo.



Asuán

Mapa de Asuán en Google Maps

Imagen de Satélite de Asuán en Google Maps

Capitel del Templo de Philae. Asuán.

 

Información Turística de Asuán

Aeropuerto de Asuán


El Tiempo Asswan




Dioses egipcios

Hathor, cuyo nombre significa Casa de Horus, diosa del amor, diosa nutricia, del baile y las artes musicales y patrona de los ebrios en la mitología egipcia. 

Diosa Hathot. Obtenida de Wikipedia.

  • Nombre egipcio Hut-Hor. Nombre griego: Hathor. Deidad griega: Afrodita. Deidad fenicia: Astarté. Deidad semita: Baalat.

Iconografía: Representada en forma de vaca o como mujer con orejas y cuernos del mismo animal entre los cuales mostraba un disco solar. Su atributo era el sistro.

Mitología: Fue la madre del dios Horus, aunque algunas fuentes sugieren que había un matrimonio sagrado con Horus como parte del festival anual en Luxor. Juntos vengaron la muerte del padre de Horus, el dios Osiris. Bajo la forma de una vaca acoge y protege a los difuntos, ofreciendo alimentos a los muertos. Más tarde se la identificó con Isis, quien la reemplazó como madre de Horus.

En Dendera era la diosa del amor, la maternidad, la belleza juvenil, la alegría y el erotismo.

Tuvo templos dedicados en Abu Simbel –identificada con Nefertari–, File, Deir el-Medina, Deir el-Bahari, Dendera y Serabit el-Jadim (Sinaí).








Fuente, en uno de los poblados nubios de Isla Elefantina. Asuán.













          

            La palabra, efectivamente, es contundencia. Hay que emplearse así con todos estos sujetos, porque si te amilanas estás perdido. El recinto de las Pirámides estaba casi vacío ese día, por lo que definitivamente éramos el blanco casi único de toda esta gentuza. No obstante, cuando consigues avanzar un poco hacia el interior, si logras salir vivo, te suelen dejar ya por imposible y realizas la visita más tranquila.

 

            El complejo es bastante grande, aunque le dimos la vuelta entera a las tres pirámides, pasando por las de las Reinas, que están peor conservadas. Hay un lugar desde donde se fotografían las tres pirámides en una misma instantánea, pero debe estar bastante alejado, puesto que no dimos con él, a pesar de nuestros cálculos mentales de geometría. Conseguimos fotografiar dos y un tercio. Las pirámides, desde mi punto de vista, resultan mucho más bonitas en las fotografías que en la realidad, dado que en estas parecen lisas y las tonalidades son diferentes dependiendo de la incidencia del sol. Esto es imposible de observar allí delante a tan poca distancia, donde lo único que ves es una enorme masa de cubiletes puestos unos encima de los otros.

 

            Como ya habíamos tenido bastantes experiencias negativas en el interior de la Pirámide Roja, decidimos no visitar por dentro ninguna de estas. Además, nos habían dicho que no merece la pena y para acabar de convencernos, la entrada a la más grande cuesta cien libras. Para colmo tiene las visitas limitadas.a un número de personas al día.

 

            Acabamos nuestro recorrido visitando la esfinge, que resultó ser, tal como me la esperaba. En general, no puedo decir que la visita me decepcionara, porque ya iba advertida de que las pirámides no son tan maravillosas como se podría pensar. Las pirámides me resultan más impresionantes vistas desde la distancia que estando a sus pies (supongo que la vista aérea –las he visto en google Earth- tiene que ser preciosa).

 

            Algunos relatos se refieren a que al lado de las pirámides hay un Kentucky Fried Chicken y un Pizza Hnt, que afean el complejo, pero hay que decir que ambos –que están   en el mismo edificio- están lo suficientemente alejados de los monumentos funerarios de Keops, Kefren y Micerinos y no interfieren en absoluto en su visita y su visionado. Casi, si al irte no te fijas, ni se ven.


Pirámides de Gizeh. El Cairo.

 

            Eran las dos y media y estábamos de nuevo montados en el taxi. Le dijimos al conductor que nos dejara en el mismo sitio que nos había recogido por la mañana, pero esta vez tuvimos menos suerte con el tráfico y tardamos una hora. La excursión, de unas ocho horas, había resultado magnífica y no nos habían –en ningún momento- intentado llevar de tiendas, a pesar de que la carretera de Saqqara esta llena de ellas. En muchas ocasiones –y no solo en El Cairo- esas tiendas operan con nombres tan rimbombantes como sospechosos, tipo El Museo del Papiro, El Palacio del Perfume….  

 

            El pequeño incidente tuvo que producirse justo en el momento de pagar. Le damos las 150 libras convenidas y dice que no está de acuerdo. Logramos entender que el ha pagado diez más al policía que le hizo bajar de las pirámides. Le decimos que ese es su problema, aunque finalmente aceptamos asumir la mitad de esa suma, más que por el soborno, por las bebidas que no había pagado. No queda contento, pero le dejamos claro que es lo que hay.

 

            Es bastante tarde ya para comer sentados –las tres y media-, así que nos conformamos con tomar un shwarma de pie en un bar. Todavía tenemos cinco horas por delante hasta el momento de tomar el Sleeping Train

 

            Nos proponemos ir andando hasta Khan el-Khalili, cruzando la plaza Ataba. La zona está infinitamente más animada y atestada de gente que el domingo. Por una estrecha calle abarrotada de peatones ha decidido abrirse paso un coche, que a pesar de tenernos estrujados a unos contra otros y a algunos aplastados contra la pared no detiene su marcha. ¡Es la ley del más fuerte!.


Pirámides de Gizeh. El Cairo.          

  

            Una cosa que aún me siguen llamando la atención de los zocos –a pesar de haberla vivido mil veces- es que es el único lugar donde se dirigen abiertamente a las mujeres y se olvidan del sexo masculino. En el resto de los ámbitos de la vida se dirigen casi de forma exclusiva al hombre.

 

            Se me olvidó decir a la hora de hablar de las frases que dicen al paso de los españoles por el zoco, una muy significativa:

 

            -¡¡¡Viva Franco!!!

 

            Tras dar una vuelta por la zona, recorremos los 800 metros que nos separan del Cementerio Septentrional (o Ciudad de los Muertos), una de las visitas que más me impresionó del viaje. Está empezando el ocaso del sol y la Lonely recomienda ser muy respetuoso en este barrio, llevar pañuelo –a las mujeres- y no continuar allí una vez ha anochecido. Así que nos damos prisa.

 

           Saco un pañuelo que llevo y lo transporto sujeto de la mano. Una vez que se pasa por debajo de un puente elevado, donde un policía hace guarda, la ciudad cambia de color y de formato. Dentro de la pobreza general del país, esto es directamente la miseria. Al verme con el pañuelo de la mano, un lugareño grita:

 

            -¡¡¡Good!!!.

 

            Así que decido ponérmelo, ante lo que un Imán que poco después sale de una mezquita, manifiesta gran entusiasmo, levanta el pulgar hacia arriba y dice:

 

            -¡¡¡Beautiful!!!!.

 

            Dos mujeres que charlan animadamente a la entrada de una calle muestran también su asentimiento. ¡¡Vaya éxito he tenido con mi momentánea conversión al islamismo!!.

 

            Entre vistosas mezquitas, se encuentran las pequeñas infraviviendas rodeadas de tumbas, que sirven tanto para tender la colada encima de ellas, como para preparar la comida. Da cierto respeto zigzaguear por sus calles al atardecer. Muchas de ellas son callejones sin salida, donde si alguien quisiera, te podría preparar una buena encerrona, como casi nos preparan dos jóvenes algo violentos. Fue en el único lugar de Egipto donde sentí algo de miedo. Aquí no venden nada, piden directamente "money", con la mano abierta y a veces de una forma bastante agresiva.

 

            Tras unos tres cuartos de hora de paseo volvemos sobre nuestros pasos, para hacer unas bonitas fotos panorámicas desde lo alto del paso elevado, donde unas animadas jóvenes con coloridos pañuelos charlan animadamente. La más atrevida nos saluda.

 

            El resto de la tarde, hasta las ocho en que volvimos a la estación a recoger las mochilas de la consigna, la pasamos callejeando por el zoco

 

 

CAMINO DE ASUÁN

 

            A las 20,30, el Sleeping Train sale con puntualidad británica y poco después un simpático empleado (demasiado simpático para no buscar un propinón al día siguiente) nos sirve la cena. Es tipo avión, pero esta buena y es abundante: Patatas fritas con un trozo de pescado, arroz con carne, una ensalada, pan, un pedazo de pastel y una naranja. La bebida hay que pagarla aparte a unos precios algo caros, pero rostros nos hemos suministrado de cerveza fresquita antes de ir a la estación.

 

            Tras la cena, toca hacer las mismas cosas que cualquier otra noche en el hotel, pero en un espacio más reducido y sin tele. El compartimento del tren es de dos literas y cuenta tan solo con un lavabo, empotrado en un armario en la pared. El servicio está en un extremo de cada coche.

 

            El literista nos había anunciado que nos despertaría media hora antes de llegar. Eran las nueve menos cuarto de la mañana (teórica hora de llegada) cuando nos despertamos de forma espontánea. Nadie había tocado en la puerta de nuestro compartimento, así que supusimos que íbamos con retraso, aunque no imaginábamos que tanto (dos horas y cuarto). Desayunamos a base de croissant, quesitos, aceitunas, pan, mermelada, mantequilla y café. Según vamos acumulando más y más retraso nuestro carácter se va agriando y la bronca se la lleva el literista, cuando descaradamente nos viene a pedir la propina. Se va con cuatro gruñidos y sin una libra.

 

 

ASÚAN:

 

            Nada más bajar del tren, ya se nota que aquí en el sur vamos a pasar más calor que en El Cairo. Nos sorprende, que en la estación no hay ni un solo comisionista de hoteles o de otros servicios. Vamos a la oficina de información turística, según se sale a la derecha y preguntamos los horarios de los autobuses a Abu Simbel. Nos dan además un bonito folleto del Egipto Nubio.

 

            Al salir nos aborda un taxista y le decimos que nos lleve al hotel que hemos seleccionado, el Keylany Hotel, que acertadamente nos había recomendado un forero en la red. Es de rango económico (89,25 libras egipcias por la doble). El conductor nos pide diez libras, pero hemos leído en la Lonely que cualquier recorrido por Asuán cuesta solo cinco, así que no le queda otra que aceptarlo.

 

            Este es bastante más despierto que el del día anterior, habla inglés y nada más subir ya nos está vendiendo el tour. Nos pide 80 libras por cuatro horas y le decimos que no, que hemos pagado en El Cairo 150 por ocho. Para que se nos habrá ocurrido la comparación. Baja a 75 y hace una simple y correcta regla de tres. Si por 8, 150, por 4, 75; pero no nos convence. Pactamos un precio final de 50 libras y le decimos que nos espere diez minutos mientras nos acomodamos en el hotel. No tenemos reserva pero no hay problema

 

            El Keylany Hotel ( www.keylanyhotel.com ) está situado en Sharia Keylany, 25. Tiene unos simpáticos recepcionistas encorbatados, que a la vez son muy pesados. Cuatro veces seguidas nos intentaron vender una excursión a Abu Simbel.

 

            Lo mejor de este hotel es la terraza. Allí se desayuna y allí te puedes sentar por la noche a tomarte algo (el algo lo tienes que llevar tú, porque no hay barra). Las habitaciones son grandes y tienen baño –nos toca una que lo tiene recién reformado-. No disponen de televisión y el aparato de aire acondicionado no funciona, pero del techo cuelga un enorme ventilador de largas aspas que enfría casi igual. A cuatro o cinco metros de nuestra ventana hay un altavoz de una mezquita, así que ya sabemos lo que nos espera por la noche. Es un establecimiento sencillo, pero es imposible encontrar algo con tan buena calidad, precio y desayuno.

 

            Volvemos al taxi y le decimos que nos lleve a un banco para cambiar dinero. De allí partimos havia la vieja presa de Asuán. Por el camino nos habla de papiros y le dejamos claro, que no tenemos intención de comprar nada y que no pierda el tiempo. Me coge mis gafas de sol y se hace el remolón para devolvérmelas. ¡¡A este tío tendremos que atarle fuerte!!.

 

            La vieja presa es casi más bonita que la nueva, hacia la que nos dirigimos ahora. Quiere bajar del coche para comprarnos los billetes de acceso, pero no nos fiamos, así que lo hacemos personalmente. 8 libras cuesta entrar a la presa, para ver un montón de agua y nada más. ¡Qué timo!

 

            De ahí nos lleva a Phílae y acordamos que nos vuelva a recoger dentro de dos horas. Pagamos las cuarenta libras de la entrada y salimos al embarcadero. ¡Esto tiene mala pinta!. Somos los únicos turistas, hay dos barcas, hemos pagado la entrada y nos dirigimos a una isla. ¡Aquí nos van a fundir!. Efectivamente. Ni cortos ni perezosos  nos piden 65 libras por un trayecto que es de diez minutos a la ida y otros tantos a la vuelta. El regateo fue feroz (aún sabiendo que lo teníamos perdido). Nos costó estar más de diez minutos allí quietos, pero al final sacamos la barca por 30 libras. ¡Un robo, pero bastante amortiguado teniendo en cuenta lo que pedían!. Y gracias, porque si no llegan a bajar de los 65, se los tendríamos que haber dado.

 

            Las vistas en el camino náutico hacia Phílae son espectaculares. Se ven en primera línea las marcas de las crecidas y bajadas del Nilo, que ahora son provocadas y reguladas (antes dependían de las lluvias).

 

            El templo de Philae es uno de los cuatro templos y lugares donde suceden los acontecimientos de la Leyenda de Isis, Osiris y Horus. El templo está muy bien conservado y el entorno lo hace todavía más bello. Fue salvado de perecer bajo las aguas de la presa por la UNESCO. Para ello fue trasladado piedra a piedra desde su ubicación original a la actual, en la isla de Aguilkia. Es uno de los que más nos gustó, el que más quizás, después de Abu Simbel.

          

            De vuelta a tierra firme, solo tenemos que esperar cinco minutos a nuestro taxista, que trae al templo a un vejestorio americano, al que le habrá sacado buenos dólares. Nos lleva al obelisco inacabado, el mayor timo monumental que haya visto en los diez últimos años. Si ya ver un obelisco es aburrido y hasta casi absurdo, pues imaginaros verlo tumbado y cortado. Por eso te soplan 25 libras y se quedan más anchos que largos.

 

            Tras ello el taxista nos devuelve a nuestro hotel. La excursión de cuatro horas ha sido realmente de tres. Pretende cobrarnos las cincuenta libras acordadas, más los cinco iniciales y nos pilla en un momento bajo y se los damos. 

     

Hemos sacado las siguientes conclusiones, que ya barruntábamos al leer la Lonely.

 

            -Visitar la gran presa y el obelisco es una pérdida de tiempo y de dinero.

 

 

 

Camino del Templo de Philae, en Asuán.       

             

-Lo único que merece la pena de los alrededores de Asuán es Phílae. Hay que ir en taxi y decirle al conductor que nos vuelva a buscar (o pedir a los policías de la entrada que nos llamen a uno). Y por ese trayecto no os deben llevar más de treinta libras.

 

            -Si vais a ir a Abu Simbel cruzaréis la vieja presa de camino y podréis verla de esta forma.

 

             Como casi todos los días, nos han dado las tres y estamos sin comer. Hoy lo vamos a tener difícil, porque hay muchos sitios cerrados. Pero acabamos encontrando un bar económico en la misma Corniche, donde nos proponen pagar 56 libras por la comida entera de los dos –con bebida incluida- y nos dan a probar los tres tipos de carne que nos pondrán. Aceptamos sin regatear, dado que no tenemos experiencia en precios de restaurantes económicos. Más adelante sabríamos que pagamos un poco más de lo que debíamos. Unas 45 libras habrían sido suficientes.

 

            El menú está compuesto por un plato para cada uno con tres clases de carne (picada y muy ricamente especiada, de guisar y pollo empanado), un par de ensaladas (que a estas alturas de viaje ya nos atrevemos a comer), patatas fritas en abundancia (aunque frías), arroz, tahina y una riquísima salsa de tomate, parecida a la que ponen para acompañas las viandas en Jama el-Fna, de Marrakech.

 

            Cuando llevamos cinco minutos andando desde el restaurante, del que no recuerdo el nombre, aparece el dueño corriendo. Aduce que no nos ha cobrado las cuatro libras de servicio. Le decimos que le den y bien, además, que lo hubiera dicho cuando nos dio el precio.

 

            Nos dirigimos al embarcadero del ferry para cruzar a la isla Elefantina, no sin antes tener que esquivar y despachar a un nutrido grupo de capitanes de falúa. Nos aborda un individuo que dice ser el que vende los billetes y nos pide diez libras por cada uno. Le mandamos a hacer gárgaras y baja a cinco. Entonces le enviamos a freír espárragos. Finalmente cruzamos en el ferry (por llamarlo así, porque de ferry no tiene nada y es casi peor que un cayuco), le damos al conductor la libra que cuesta por persona y todos contentos.

 

 

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