Karnak, en Luxor, que significa "el lugar más venerado", alberga el conjunto religioso más importante del antiguo Egipto. Lástima que este complejo de templos, de la orilla oriental del Nilo, no esté algo mejor conservado


 

 


Cementerio en el Cairo Copto.

 Distancia entre El Cairo y otras Ciudades

 

 "En 1835 fue creado el Servicio de Antigüedades de Egipto para proteger los tesoros y monumentos del país de la codicia y expoliación local y extranjera. Desde entonces las piezas halladas se guardaban en un pequeno edificio situado cerca de Azbaia, en El Cairo y posteriormente en la ciudadela de Saladino. Pero el gobernador de Egipto, Abbas Pasha, regaló esta colección al emperador austríaco Maximiliano, en su visita a Egipto. En 1858 se fundó otro museo, en el barrio de Boulaq, pero quedó inutilizado durante una gran inundación del Nilo.

Exterior del Museo Egipcio. El Cairo.

Desde 1922 el museo experimentó un espectacular crecimiento al ser incrementados sus fondos con el gran tesoro de Tutanjamón, de más de tres mil quinientas piezas, descubierto por los ingleses Howard Carter y Lord Carnarvon en la tumba del faraón, en el valle de los Reyes, frente a Luxor.

En el museo Egipcio se exiben objetos de todos los periodos del antiguo Egipto:

En los jardines del museo, se exiben esculturas de varias épocas"

(De Wikipedia) 

Calesa cerca del Nilo. El Cairo.

 

 

"Un desierto es un tipo de paisaje o región que recibe pocas precipitaciones. Tienen reputación de tener poca vida, pero eso depende de la clase de desierto; en muchos existe vida abundante, la vegetación se adapta a la poca humedad y la fauna usualmente se esconde durante el día para preservar humedad, lo que significa que un ecosistema desértico es árido, su mayor característica. Forman la zona orográfica más grande del planeta: su superficie total es de 50 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente un tercio de la superficie terrestre.


Desierto Blanco. Egipto

Los paisajes desérticos tienen algunas características en común. El suelo del desierto está compuesto a menudo de arena, y puede haber dunas. Terreno rocoso es típico, y refleja el bajo grado de desarrollo del suelo, y la escaces de la vegetación. Las tierras bajas pueden ser salares. Procesos eólicos son factores importantes en la formación del paisaje.

Los desiertos pueden contener valiosos depósitos minerales que fueron formados en el ambiente árido, o fueron expuestos por la erosión. Debido a la sequedad de los desiertos, son lugares ideales pata preservación de artefactos humanos y fósiles.

Alternativamente, también se define desierto como un lugar despoblado, no habitado por humanos ni apenas por ser vivo alguno. Según esta definición, también son desiertos otros climas más fríos, como elártico, o la tundra.

Gran parte de los desiertos del mundo se ubican en zonas caracterizadas por las altas presiones constantes, condición que no favorece a la lluvia. Entre los desiertos de estas zonas están: el Sahara y el de Kalahari, en África y los desiertos de Australia.

Otro tipo de desiertos se deben a su continentalidad, es decir, su distancia del mar: por ejemplo, el de Gobi, en Asia. No llegan hasta ellos los vientos húmedos que provienen de los océanos.

Los desiertos de las costas occidentales del sur de África (en Namibia) y de América del Sur (en Atacama) se ven afectados por la presencia de corrientes oceánicas frías."

(De Wikipedia) 

 

Desierto Blanco

  

Dioses egipcios

Apis, dios solar, de la fertilidad, y posteriormente de los muertos, en la mitología egipcia.

  • Nombre egipcio: Hap, Hepu. Nombre griego: Apis, Epafos.

Iconografía: Toro u hombre con cabeza de toro, con el disco solar entre sus cuernos.

Hijo de Isis, como vaca, fecundada por un rayo del Sol.

El toro Apis era sagrado en el antiguo Egipto. Desde el Imperio Nuevo se le consideraba el ba de Ptah, luego de Osiris, y más tarde de Sokar. Por esto último, llego a considerarse una de los integrantes del panteón de dioses egipcios asociados con la muerte.

Dios Apis. De hieroglyphen-info.de

Existía una tradición muy importante relacionada con su muerte, momento en el cual se realizaba una celebración, dado que existía la creencia de que renacería. Tras un período de luto de sesenta días, mientras que era embalsamado, se enterraba el cuerpo del buey, y en ese momento los sacerdotes de Ptah le buscaba un sucesor. Al encontrarlo, se realizaba otra festividad.

Fue adorado en Menfis, desde épocas de las primeras dinastías, como dios relacionado con la fertilidad de los rebaños, el Sol y el dios del Nilo. Su culto pasó a Alejandría en la época de los ptolomeos, siendo muy popular entre griegos y romanos. Ptolomeo I Sóter introdujo el culto a Serapis, dios sincrético, con elementos mitológicos griegos y egipcios.

Otros toros sagrados

Apis no fue el único toro adorado en Egipto, aunque menos conocidos, al menos hubo tres tipos más de toros sagrados:

  • Mnevis, o Merur, el toro sagrado de Heliópolis; relacionado con Atum-Ra, llamado "La renovación de la Vida", y con Osiris como Mnevis-Osiris o Mnevis-Uenen-Nofer.
  • Bujis o Baj, el toro sagrado de Hermontis "Toro de las montañas y el ocaso".
  • El toro del dios Min, venerado en Coptos y Jemnis; mencionado con relación al dios Min.

 

 

            -Ofertaban exactamente lo que queríamos y en el tiempo que pretendíamos hacerlo.

 

            -Tenían el mejor precio de entre las cinco o seis agencias con las que habíamos consultado (no pondré aquí los nombres, ni lo que nos presupuestaban, porque es una pérdida de tiempo. Resulta mucho mejor contratar la excursión directamente en El Cairo o en Bawiti, en el Oasis de Bahariya).

 

            -Hablan y se comunican en perfecto castellano.

 

            Sabíamos incluso –porque Joan (una persona que había conocido en un foro y estaba visitando la zona) me lo había comunicado por correo electrónico- que resultaba más barato (en tono a 25 euros por persona) contratar el tour en Bawiti que en El Cairo, pero nosotros preferíamos llevar todo cerrado desde la capital. Nuestro objetivo era ganar tiempo, a pesar de poder perder algo de dinero.

 

            Según salimos del metro nos aborda Hamed, que medio en inglés, medio en castellano nos pretende llevar de tiendas y como no queremos, nos ofrece un restaurante. Aprovechamos para preguntarle si conoce donde está la calle de la agencia y nos dice que sí, que el nos lleva. Tenemos la intuición de que nos va a llevar a otro sitio, pero le seguimos.

 

            -¿Qué estáis buscando? –pregunta por el camino-.

 

            -Queremos hacer una excursión a Bahariya, que incluya los Desiertos Blanco y Negro, pasando una noche allí –le respondemos-.

 

            -¿Y cuánto os cobra esa agencia? –insiste-

 

            -50€ por persona –le decimos mintiendo, dado que lo que nos cobraba la agencia por cabeza eran 61,5€-

 

            -Caro, eso es muy caro. Yo te puedo llevar a un sitio mejor. No quiero propina, solo practicar idiomas –sentencia-

 

            Y así fue como llegamos a Happy Center Travel (www.happycenter.biz ), en El Bustan El Saied st. 2, adonde nos atendió un hombre alto y de piel bastante oscura que habla perfectamente tanto inglés como japonés (lo del inglés lo constatamos, lo del japones es un acto de fé). Tras un breve regateo –nos pareció que el precio ya era bastante bueno para lo que ofrecían- establecemos el importe de la excursión, que incluiría lo mismo que nos proponía la otra agencia –más los billetes de autobús de ida y vuelta desde El Cairo y el taxi para ir a la estación- en 34€ por persona. De un golpe nos habíamos ahorrado casi 30€ por persona, Hamed había sacado una comisión y la agencia tenía dos nuevos clientes. Todos contentos. Me pareció entender que hacían descuentos con el carné de estudiante, pero esto no lo aseguro.

 

            Así que nos citamos en la puerta de la agencia a las siete de la mañana del día siguiente y nos despedimos de Hamed, no sin tener que frustrar antes otro par de intentos de este por llevarnos de tiendas.

 

            Contentos por haber cerrado la excursión a mejor precio que el previsto, nos damos una vuelta por la zona hasta la hora de comer y nos convertimos en pasto de los vendedores de las tiendas. ¡Qué casualidad, casi todos tienen un primo en Málaga!. E insisten en que vayamos a su establecimiento no a comprar, sino a que nos den su tarjeta. Nos vamos deshaciendo uno tras otro de todos ellos.

 

            En la misma calle de la agencia pero en frente, se haya el restaurante Felfela, donde acabaríamos comiendo el último día, pero en esta ocasión nos decantamos por otro de la misma marca, pero de comida rápida de Oriente Medio, que está doblando la esquina y donde se come de pie. Engullimos fuul, shwarma, y mixtos de ta'amiyya y fuul con patatas fritas, tahina y ensalada dentro de un shammy (riquísimo) a discreción, por poco más de un euro por persona.

 

            Mientras comemos alguien se pone con su plato al lado, en nuestra mesa. ¡Oh, sorpresa, es nuevamente Amhed!. Intercambiamos unas breves palabras sobre la calidad y los baratísimos precios que tiene allí la comida, las cuales le deben parecer suficientes como protocolo, dado que a continuación  afirma:

 

            -Tengo un almacén “top secret” en mi tienda donde guardo cerveza y vino que os puedo proporcionar a buen precio. Es de alta calidad

 

            Que raro, sería lo único que en Egipto no es de alta calidad. Solo le habría faltado decir también que eran artesanales.

 

            -Gracias, Amhed. Pero hemos traído ron y güisqui  desde España en el avión y además hemos dado con una tienda donde venden Luxor fresquita de medio litro a buen precio. El año pasado estuvimos en Marruecos en ramadán y fue casi imposible encontrar algo de alcohol, así que este año hemos preferido ser previsores –le contestamos-

 

 

 

 

 

 

    

 

      Plano de El Cairo escaneado de uno real.

 

            -¿Marruecos?. Allí hay buen hachís. Pero yo tengo uno mejor que me lo traen directamente desde Afganistán. ¿Queréis probarlo?.

 

            -No gracias, Amhed, hemos dejado de fumar del todo –hasta tabaco- hace ya un tiempo –respondimos-.

 

            Viendo que no va a hacer más negocios con nosotros, se despide amablemente y se va con su plato a otra mesa. ¡Menudo supermercado andante que está hecho el tío, tiene de todo.   

 

            Llegaba la hora de acercarse al Museo Egipcio. Algunas guías proponen una visita de jornada completa. Nosotros estuvimos tres horas –incluidas dos vueltas por la Sala de las Momias- y nos pareció tiempo más que suficiente para recorrerlo con calma. Los amantes o estudiosos de la egiptología seguro que precisarán de más tiempo.

 

            Primero hay que pasar un control de   seguridad y después dejar la cámara en unos inseguros casilleros bastante cutres –a cambio te dan una tablilla de madera con un número en árabe-. A continuación te entregan los billetes de acceso a cambio de cincuenta libras por persona y finalmente otro control de seguridad a la entrada del Edificio.

 

            Los egipcios siempre tratan de decirte las cosas con sentido del humor. El que vende los tickets nos hace varios gestos de morder, señalando el billete de cien libras que le hemos dado y al que el falta una esquina y el del último control nos espeta, mientras registra sin mucho ánimo nuestra mochila:

 

          -¿No llevaréis una bomba, verdad?.... Ja, ja, ja… (rié ante nuestra cara de estupefacción

 

            Afortunadamente no hay cola para entrar y dentro tampoco campan demasiados grupos organizados. Hemos tenido suerte. La cantidad y la calidad de las piezas que contiene  el Museo es enorme, pero resulta algo cutre y falto de adecuado mantenimiento y conservación. ¡Como casi todo en el país!.

 

            Tras vagar una hora por la planta de abajo subimos a la primera, que es donde está lo más interesante: La Sala de los Tesoros de Tutankamon, con las piezas encontradas en su tumba, entre las que destaca la increíble máscara funeraria. Una chica consigue hacerle una foto con el móvil, un indisciplinado japonés sigue su ejemplo y cuando estoy yo enfocando con el mío, aparece un vigilante muy enfadado que me dice que lo guarde, cosa que hago, así que me quedo sin foto.

 

            La Sala de las Momias se paga aparte. Las 100 libras que cuesta su entrada constituyen una atraco a mano armada, que permite ver los despojos momificados de 11 faraones en una pequeña sala de tenue iluminación y temperatura constante. Las momias yacen dispuestas de forma horizontal. La vaga idea infantil de imaginar la momia como un cuerpo rodeado de vendas blancas queda disipada, al ver esos esqueléticos cuerpos de no demasiada altura y de tonalidades oscuras. Me impresionaron bastante –sobre todo la contemplación de sus pies y de sus caras-. ¡¡Resulta increíble pensar que algunas llevan ahí casi 4000 años!!

 

            Por razones fundamentalmente políticas la sala permaneció cerrada durante un tiempo, pero se volvió a abrir ante el negocio que supone para las arcas del erario público.

 

            Después de haber pagado casi 22€ cada uno, casi nos daba apuro abandonar el Museo tan pronto, pero la verdad es que nada más teníamos que hacer allí, así que, tras hacer unas fotos en el exterior, nos fuimos hacia el Nilo para ver atardecer, pero la altura de los edificios nos impidió ver como el faraónico río se tragaba al astro rey entre sus aguas.

 

            En el hotel, siempre la misma rutina. Sesión de ducha, apuntar en la libreta cuatro o cinco ideas sobre la historia del día, comer alguna fruta o dulce –no somos de mucho cenar-, tomar un par de cervezas, ver la tele y preparar la jornada del día siguiente.

 

            El día 4 de viaje –martes- ha comenzado antes de lo habitual, dado que me ha despertado el cantarín mezquitero de turno y como habíamos puesto el despertador a las seis, ya no consigo dormirme. Habíamos pagado la factura el día anterior, así que nos vamos sin desayunar y sin entretenernos. Tomamos el metro –en lugar de un taxi- y a las siete menos cuarto ya estamos en la puerta de la agencia, que un empleado ha abierto minutos antes. Nos ofrece un café, que aceptamos y la posibilidad de entretenernos navegando por internet con cualquiera de los dos ordenadores que tiene, pero con ninguno de ellos conseguimos acceder a la red y el chaval no es muy distro a la hora de buscar soluciones informátidcas. Así que otra vez será.

 

            A las siete y cuarto el empleado cierra la agencia y nos lleva a tomar un taxi –que paga él- y que nos deja en la cercana estación de autobuses de Turgoman, recientemente reformada . Al entrar hay un control de policía en el que están registrando a conciencia a varios egipcios, que van cargados de tabletas de pastillas. Nos mandan abrir nuestros bultos, pero según lo estamos haciendo nos dicen que pasemos. El chico de la agencia nos pide disculpas. ¿Disculpas de qué?, me digo.

 

            El viejo autobús de Upper Egypt Bus parte del andén a su hora. Nos hemos despedido del chico de la agencia que nos ha dado cuatro billetes y le hemos dado de mala gana una libra al que ha colocado los equipajes en el maletero. Solo en salir de El Cairo tardamos una hora y veinte minutos. En ese periodo hemos parado en otra estación a recoger viajeros y una señora mayor se ha subido y bajado en marcha para intentar vender sin éxito pañuelos de papel a todos los viajeros. Cuando parece que nos vamos a marchar por primera vez de El Cairo sin haber visto las Pirámides, estas aparecen a un lado de la carretera con una naturalidad y majestuosidad exultante (y con algo de neblina alrededor).

 

 

CAMINO DE BAHARIYA:

 

            El autobús a Bahariya tarda teóricamente cinco horas y cruza aburridos tramos de desierto a través de una carretera estrecha, aunque bien pavimentada. En él viajamos unos trece extranjeros. Hay un canadiense que charla animadamente con una pareja de ingleses, un matrimonio japonés que sobrepasa los cincuenta y una pareja alemana (ella está embarazada de al menos cuatro o cinco meses). Del resto desconocemos la nacionalidad, porque apenas hablan

 

            El bus hace una parada sobre las once y media en un garito en mitad del desierto, que recuerda bastante a los que salen en las películas americanas cuando van por el desierto Arizona, pero en cutre. Después de ver el estado del servicio decidimos que orinaremos en la calle, detrás del garito.

 

 

            Chiringuito de carretera en mitad del desierto, camino de Bahariya

 

            Es la una y media y ya nos estamos empezando a impacientar. Tendríamos que haber llegado a Bawiti hace media hora y el tiempo corre en nuestra contra. Cuanto más tarde lleguemos, menos horas tendremos para hacer la excursión de día. Para colmo el autobús va parando en cada lugar donde se juntan dos casas.

 

            Llegamos con hora y media de retraso y nos ocurre una divertida anécdota. Un hombre cita el nombre de la agencia con la que hemos contratado y al decirle que sí, le da la mano a mi chico y le dice:

 

            -¡¡¡¡Estafa!!!!!.

 

            Yo me quedo blanca, pensando que en la agencia nos han timado. Mi chico se da cuenta y me dice.

 

            -¿Qué te pasa?.

 

            ¿No has oído?. ¡¡Nos ha dicho que es una estafa!! –le digo-.

 

            Ante mi incredulidad, el se parte de risa y afirma.

 

            -¡¡Ha dicho Mustafá, para presentarse, no estafa!!.

 

            ¡¡Pues que alivio!!.

 

 

LOS DESIERTOS BLANCO Y NEGRO:

 

            A esas alturas ya estamos metidos en un algo vetusto 4x4, donde también se ha sentado un canadiense (el que iba en el autobús) llamado Andrew. El conductor, Farak, que habla un inglés básico, será también nuestro guía y cocinero. Nos habían prometido un guía que hablara español, aunque nunca llegamos a creerlo y así fue.

 

 

 

      Desierto Blanco, cerca de Zarafra.   

 

           Nos dirige en primer lugar al puesto de policía, donde debemos dejar una fotocopia de nuestro pasaporte. Nadie nos lo había advertido, pero siempre solemos llevar varias. Luego nos traslada hacia un bonito y pequeño complejo, llamado Ahmed Safari Camp, donde nos está esperando la comida (todas están incluidas, aunque no la bebida, pero ya nos hemos provisto de tres litros en El cairo, dado que ningún tour la incluye): Un tazón de vegetales con tomate (se puede repetir), arroz, ensalada de tomate y pepino y queso bastante blando y con cierto sabor picante. Todo muy bueno, aunque sin nada de carne.Nos hacemos algunas fotos con Andrew.

 

            Mientras tanto Farak ha ido cargando todo lo necesario en el coche, así que a las tres menos diez de la tarde salimos para recorrer los 165 kilómetros que nos separan del Desierto Blanco. Pasaremos por el Desierto Negro y la Montaña de Cristal. Hoy nos conformaremos con verlo desde el coche y a la vuelta ya habrá tiempo de parar.

 

            A los diez minutos nos salimos de la carretera y nos detenemos delante de una especie de infravivienda, donde un adulto y dos niños llenos de mierda parten leña. Farak carga algunas maderas en el coche, le da unas piastras al padre y continuamos la marcha, no por más de otros cinco minutos, dado que tenemos que detenernos ante un control policial. Parece que el policía ha preguntado por la nacionalidad en árabe, porque el conductor ha dicho que canadienses. Ya nos han rebautizado. Pasaríamos otros dos controles más (no son exhaustivos).

 

            A los lados de la carretera vamos contemplando preciosas estampas del Desierto Negro, mientras el sol empieza a caer lentamente sobre el horizonte. Tanto Andrew como rostros vamos haciendo numerosas fotos desde el jeep, asombrados por tanta belleza natural.

 

            Al fin el 4x4 gira y nos salimos de la carretera para avanzar a gran velocidad por la arena. Hemos llegado al Desierto Blanco o Sahara El Guedida. Se trata de una importante extensión de finísima arena, que resulta fresca al tacto. Sobre ella, una serie de casi infinitas formaciones de piedra calcárea del color que le da nombre, a las que el viento del desierto y la arena incrustada le han ido dando curiosas y divertidas formas. Este paisaje, que ya resulta impresionante de por si a cualquier hora del día, se torna celestial en los transcursos del amanecer y del atardecer, cuando las cálidas gamas de colores del cielo hacen cambiar la tonalidad de las piedras casi cada instante. Si se tiene la suerte de disfrutar de luna llena –cosa que a nosotros si nos ocurrió- da la sensación de estar en otro planeta o en la propia luna.

 

            Tras parar a hacer unas fotos en una de las zonas más espectaculares, donde se detienen todos los cuatro por cuarto, Farak es generoso y nos tiene casi una hora y media dando vueltas por el desierto gozando y fotografiando las diversas formaciones. En una parada ha montado en el coche a un hombre –de indescriptible y nauseabundo olor natural- que se ha sentado a nuestro lado y que comienza a cantar animadas canciones beduinas, que nosotros seguimos con palmas. Tras ello pregunta por nuestras nacionalidades. Al conocerlas dice:

 

            -¡¡Spain, very, very nice and Canadá………………Good, only good!! (risas).

 

            Nos enteramos de que el hombre ha subido para indicarle a Farak donde se encuentra un camellero al que  le llevamos comida, por lo que tras encontrarle se vuelve a bajar. Buscamos un sitio para acampar, dado que ha anochecido. Farak monta nuestro campamento, que consiste en cuatro maderas que de forma vertical sujetan una tela con dibujos de alfombra. De un lado van atadas al 4x4 y de otro a la rueda de repuesto, que ejerce de contrapeso. Dormiremos, por tanto, al raso viendo la luz de la luna y las estrellas. Hace algo de fresco y debemos abrigarnos

 

            Tras colgar una lámpara, Farak se dispone a encender la hoguera, para lo que tiene que echar un buen chorretón de gasolina. Sobre ella se van a hacer a fuego lento las viandas que nos servirán de cena. La escena, en medio de la inmensidad y de la noche, comienza a resultar maravillosa. Todavía no ha salido la luna. Alejarse un poco del campamento es vagar por el medio de la inmensidad, del infinito y el absoluto silencio es tal, que penetra con estruendo hasta el interior de los tímpanos.

 

            Mientras, nos entretenemos charlando con Andrew, que es tan agradable como nos había parecido. Hace fotos absolutamente a todo. Lleva siete semanas viajando y le quedan todavía más de diez meses ¡¡Qué envidia!!. Ha estado en países como Rusia, donde cayo gravemente enfermo y sus próximos destinos son Sudáfrica e India, para terminal la gira por algunos países de América Latina. Por Egipto lleva prácticamente el mismo itinerario que nosotros.

 

            Farak parte tomates y algo parecido al calabacín y empieza a cocinar el arroz. Tras dos horas de guisos y charla nos sentamos a cenar en el suelo, en el justo momento que en la lejanía empiezan a sonar ritmos de tambores beduinos. Sobre una pequeña mesa va colocando bandejitas para tres y solo cuando nos ha servido todo a rostros se prepara lo suyo. Con el tomate y el calabacín ha hecho una especie de   delicioso pisto y el arroz lo tomaremos con un generoso trozo de pollo que ha preparado a la brasa.¡¡Buen cocinero, si señor!!. La comida finaliza –pudiendo repetir de todo menos de pollo- con naranjas de Bahariya (de un naranja más pálido que las de aquí y con poco zumo) y con dos tipos de té: Uno beduino y otro a la menta. Buenísimos los dos.

 

 

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