En las  puertas de las mezquitas  la competencia entre los lugareños es dura para ofrecerse -a veces con muy malas artes- como guías al turista. En la de Al Azhar (El Cairo), las mujeres debemos cubrirnos


 

           

            Sin embargo, esta forma de actuar tan sana de los egipcios no me pareció similar en otros países como Maruecos y puede ser debida a dos razones.

 

            -En Egipto, la figura del comisionista o intermediario es menos frecuente que en nuestro vecino sureño.

 

            -Puede también ocurrir, que nosotros estemos mucho más familiarizados con la cultura árabe que cuando estuvimos en Marruecos.

 

            Dentro de casi cada egipcio hay lo que yo llamo un "Canihelpyou" , un hombre siempre dispuesto a ayudarte. En muchas de las ocasiones a cambio de nada, otras por unas pocas libras y las menos (aunque son las que más molestan y las que más recordamos) con intenciones más oscuras de la cuenta, para aprovecharse económicamente de nosotros.

 

El "canihelpyou" te ofrecerá taxi y si no lo quieres restaurante y si no ir a la tienda de un amigo… La mayor frustración del "canihelpyou" es que en ese momento no necesites nada. Hay que ver la cara de sorpresa que ponen cuando les dices que estás simplemente paseando y que no necesitas nada. ¿Será por la pérdida de una venta o una comisión o porque les parece raro que haya algún occidental que no esté todo el día consumiendo?. La cuestión, la dejo sin respuesta.

 

            Por cierto. Hay también otra figura muy típica de la vida cotidiana marroquí: El“Youarewelkome”. Da igual que lleves un día en el país o que sea tú última jornada de estancia. Las ganas de agradar (y si cae alguna comprita tampoco viene mal) son infinitas en la población de este país.

 

 

LOS COMISIONISTAS O INTERMEDIARIOS:


            Hablamos de os comisionistas, esa figura tan arraigada en la sociedad de Marruecos y de la que he hablado de forma extensa en el relato de ese país. No me parecen tan frecuentes, ni tan poco recomendables en Egipto.

 

 

      Zoco de Khan el-Khalili en domingo. El Cairo 

   

          En algunos relatos se habla de que decenas de ellos campan a sus anchas en las estaciones de tren, pero lo cierto es (no sé si por la época del año en la que hemos ido), que en nuestro caso, lo único que hemos encontrado han sido algunos taxistas y algún intermediario de hoteles despistado en esos lugares. No sé si en verano o en primavera será diferente.

 

            En Egipto, la mayoría de las veces que nos han ofrecido algo ha sido el propio prestador del servicio quien lo ha ofertado, llámese taxi, falúa, calesa, tienda de especias o papiros, cafetería… Muy pocas veces nos han abordado comisionistas de restaurantes o tiendas, como nos ocurrió tan frecuentemente en Marruecos.

 

            Eso sí. Nos encontramos con algunas excepciones:

 

            -La parada de taxis del aeropuerto, algunas estaciones de tren o grandes paradas de taxis. La primera está controlada por una mafia de comisionistas, que son los que negocian los precios y reparten a los clientes en los taxis. Como tienen controlada la oferta, no bajan de un determinado precio. De esta forma, aunque sacamos un buen importe, a la vuelta conseguimos pagar solo las dos terceras partes de esa tarifa.

 

            Susana y Andrew, que llegaron al aeropuerto de Sharm el Sheik desde Londres, nos contaron que allí la cosa es todavía peor. Piden ¡¡¡¡300 libras por cada taxí (casi 45€) y no se bajan del burro!!!!. Tuvieron que negociar muy duro para que se lo dejaran en 200 y buscar otra pareja que compartiera el taxi para que se les quedara la cosa en 100.

 

            -Algunas estaciones de autobuses y de trenes, pero son contados, como ya he indicado

 

            -En los alrededores de la Midan Tahrir, la plaza de la Independencia en la que se encuentra en Museo Egipcio y algunas calles adyacentes donde hay bastantes agencias que organizan todo tipo de tours por el país.. Allí conocimos nosotros a Amhed, del que hablaré en su momento. Claramente es un comisionista de todo, pero lo cierto es que nos consiguió una excursión al desierto bastante más barata que los precios que los operadores nos habían dado por correo electrónico antes de partir.

 

            Hemos encontrado otros en lugares puntuales, donde no todo el mundo tiene por qué encontrarlos. A ellos me referiré cuando inicie el relato del diario de viaje.

 

            En todos los casos, los intermediarios han sido menos agresivos que en Marruecos y nos han ofrecido servicios a unos precios inferiores a los que llevábamos previstos desde España. ¿Qué ellos habrán ganado lo suyo?. Mejor. Alguien que me está dando un buen servicio y precio merece ganarse un dinero.

 

             Montonera de coliflores en la zona más deprimida del zoco de Luxor.

            

           Decir, que nosotros tenemos ciertas tablas en movernos por los países árabes, por lo que la persona que vaya a este tipo de lugares por primera vez, puede ver la realidad de una forma algo diferente.

 

            Lo fundamental es tener claro lo que se quiere hacer y si luego nos sale un comisionista podemos indagar que nos ofrece y a cuento. Si no nos interesa no hay nada mejor que hacérselo saber de inmediato y de raíz. Es la forma de que no te líen y al que lían es porque se deja liar. No echemos nuevamente la culpa de nuestros errores al prójimo.

 

            Para finalizar y fruto de nuestra experiencia, puedo afirmar que la forma de sacar un mejor precio es contratando en destino directamente con el prestador del servicio o agencia que lo representa. Algo más caro resulta ser guiado por un comisionista. Pero lo de precio más caro con diferencia, es pedir presupuestos y fiarse de los precios que nos dan por correo electrónico, claramente más elevados de los que se pueden encontrar en el país de forma directa.

 

 

SINVERGÜENZAS Y PLASTAS:


            El 99% de los egipcios, como ya hemos dicho, son gente amable, sociable, amistosa y que muestran gran cariño hacia el extranjero, aunque hay un reducido porcentaje de sinvergüenzas (peligrosos) y otro algo más numeroso, aunque también minoritario, de plastas (inofensivos, pero muy pesados). Por plasta defino a aquel al que le tienes que decir más de tres veces que no te interesa lo que te está contando, vendiendo u ofreciendo.

 

          A la cabeza y líder destacado de la sinvergonzonería nacional se sitúa, sin un rival que parezca hacerle sombra ni de lejos, el gobierno egipcio. Los precios que hay que pagar para entrar a la sala de las Momias en el Museo de El Cairo (después de haber pagado ya el precio del propio museo), Abu Simbel y el espectáculo de luz y sonido o las tres tumbas del Valle de los Reyes en Luxor SON UN AUTÉNTICO ROBO A MANO ARMADA, CON PREMEDIATACIÓN Y ALEVOSÍA.

 

            En general, todas las entradas a los lugares de pago, que en Egipto son absolutamente todos, tienen un precio bastante desproporcionado, las suben de un año a otro a veces  hasta un 33% sin ningún rubor (tengo las referencias de lo que costaban las atracciones turísticas en diciembre y marzo pasados y los precios han variado bastante al alza en tan reducido periodo) y muchas veces no basta con pagar una vez, sino que dentro del recinto, te puede tocar pagar una, dos, o hasta tres veces más para ver otra cosa. Eso si no ponen también un trenecito para llegar por el que te soplan otra libra o cualquier cosa que se les pueda ocurrir, que para el arte de sacar el dinero a los turistas el Estado egipcio tiene una gran imaginación.

 

            Cada uno hemos gastado unos 125€ en entradas y eso que hay cosas que al final dejamos de ver, tal como el Museo Nubio en Asuán, El valle de las Reinas y las Tumbas de los nobles en Luxor, Esna o la columna de Pompeyo y la Biblioteca en Alejandría, porque estábamos hartos de que nos sacaran los cuartos de una forma tan descarada. En ningún otro país del mundo hemos gastado tanto en visitas.

 

            Por bien empleados  daríamos esos 250€ si se viera que revierten en la conservación y el cuidado de los monumentos, pero de eso nada de nada. El único valor que le dan ellos a sus “piedras” son los pingues beneficios que obtienen de ellas. Para conservar, descubrir nuevos restos o salvar los templos, como ocurrió con los templos nubios –entre ellos Abu Simbel- que tuvieron que ser rescatados por todos los países a través de la UNESCO, debido a su desidia, incompetencia y despreocupación, ya están los extranjeros. Y encima se permiten el lujo de hacer referencia a ello con toda naturalidad en el espectáculo de luz y sonido de Abu Simbel.

 

         lTemplo de Kom Ombo, con el río Nilo al fondo. 

 

            Por supuesto, que en cada monumento tenéis por la noche su correspondiente espectáculo de luz y sonido, para sacaros los cuartos dos veces por el mismo monumento. ¡Faltaría más!. Eso si, hay que decir que el de Abu Simbel, que es el único que vimos, es maravilloso. ¡!Pero ya está bien pagar 60 libras por 35 minutos!!

 

            Al ver determinados lugares –sobre todo el Museo Egipcio- he llegado a pensar que por qué no se lo habrían llevado todo los ingleses al Museo Británico, como la piedra Roseta y otras pìezas. Al menos estaría mejor conservado. Se que es injusto, pero lo llegué a pensar.

 

            Por bien empleados daríamos también esos euros si revirtieran en mejorar las condiciones de vida de la empobrecida población del país o las infraestructuras, pero me temo que tampoco.

 

            Iré dando los precios de cada visita turística cuando llegue su momento, pero mientras tanto, decir que aquellos lugares que actualmente cuestan 40 libras o más, merecen realmente la pena. De los que cuestan 25 y 15, en muchas ocasiones la visita del interior resulta decepcionante. Pero ya que has llegado hasta allí, hay que verlos. Y además, ya se encargan de vallar lo suficiente o poner la entrada bien lejos del monumento para que no se pueda contemplar desde fuera.

 

            Después de esto, el resto de los sinvergüenzas se dedican a recoger las migajas del pastel del timo que les deja el Estado, que son escasas.

 

            Destacamos a:

 

            -Los vigilantes de muchos monumentos, especialmente en el Valle de los Reyes. Son mafiosos sin escrúpulos a los que les interesa bastante sacarse un buen pellizco a costa de las fotos furtivas pagadas y muy poco el estado de los interiores (pinturas o relieves) de las tumbas o templos.

 

            -Algunos intermediarios de las agencias en destino (no las agencias, ni los guías).

 

            Finalmente, en le capítulo de plastas, distinguimos los siguientes:

 

            -Muchos niños pedigüeños, en Luxor.

 

            --Los caleseros de esa misma ciudad.

 

            --Los propietarios de falúas en Asuán.

 

            -Los que merodean los embarcaderos de los ferries de Asuaán y Luxor (y el empleado de la orilla oriental de este último sitio, del que ya he hablado).

 

            -Los taxistas que hablan inglés.

 

            -Recepcionistas de hoteles que te venden excursiones y circuitos cada vez que vas a por la llave de la habitación.

 

            -Los “vigilantes/falsos guías” de las mezquitas de El Cairo

 

            -Los “vigilantes” de puntos estratégicos de monumentos, donde hace falta una llave para entrar a ver algo, o hay una cosa peculiar.

 

            -El literista-camarero del Sleeping Train (pesadísimo), que naturalmente, se quedó sin su ansiada propina.

 

            -Los que te suben los bultos en los hoteles, explicando donde está todo en la habitación y enseñándote las magnificas vistas desde la ventana y donde esta el banco, el restaurante o lo que sea, con tal de arrancar todavía algunas libras más.

 

            -Los de los microbuses de Hurgada, pitándote a todas horas y parando a tu lado para que te subas.

 

            El lugar donde hay más plastas por metro cuadrado es Luxor. En eso coincido con todos los autores de relatos que he leído.

 

            También hay que decir que se produce una reacción que es directamente proporcional al paso del tiempo. Los primeros días los plastas incluso te hacen gracia, pero el desgaste del pase de las largas jornadas en la calle, hace que los últimos ya no les pases ni una y les cortes de raíz.

 

 

EL ESPINOSO ASUNTO DE LAS FOTOS EN LOS MONUMENTOS

        

           La política tan absurda y arbitraria que practica el gobierno egipcio de permitir o no hacer fotos en determinados interiores, llega a llevarte a tal desquicio, que al final casi el único objetivo es burlar sus medidas de seguridad y, como niños de colegio, buscar la emoción de lo prohibido. Ya no quieres hacer fotos dentro del Museo Egipcio o de las tumbas del Valle de los Reyes solo por tenerlas, sino por decir: "¡¡Toma ya. Os la he vuelto a colar, os jodéis!!. Reconozco que es una actitud absurda, pero lo reconozco ahora sentada delante de este teclado, pero no en el fragor de la batalla.

 

            Así, conseguimos hartarnos de hacer fotos  con flash incluido en el interior de Abu Simbel (prohibidísimo), al visitarlo solos y estar los dos vigilantes charlando entre ellos fuera de los templos. Y justo cuando habíamos terminado, llega uno de ellos y dice que no se no se nos ocurra hacer fotos. "No te preocupes, majo, que ya no vamos a hacer ninguna más" –pensé-.

 

            También hicimos fotos en otros lugares prohibidos como las preciosas catacumbas de Alejandría o las tumbas del Valle de los Reyes. En este último lugar casi perdemos la cámara en el intento y encima salieron borrosas por las prisas al enfocar. Por supuesto, esta actuación siempre fue de forma furtiva y nunca jamás dimos una sola libra a esos vigilantes corruptos que patrullan (más que vigilar) los distintos monumentos.

 

            Creo que fue Javso quien dijo, que en el Museo Egipcio podrías entrar perfectamente con una bomba a pesar de los controles de seguridad, pero ¡¡hay amigo, como tengas la intención de tratar de introducir una cámara de fotos o video!!. Mi acuerdo era total con javso, hasta que Susana, camino de Hurgada, me contó la siguiente historia.

  

Fueron a dejar su cámara de video en esa especie de cuchitril (por ser generosos lo denominaremos así), donde se dejan las cámaras en el Museo Egipcio. Tengo un amigo, que estoy segura se perdería la visita al recinto y a la Sala de las Momias por no dejar allí su equipo.

  Desierto Negro, cerca de Bawiti. Oasis de Bahariya


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Uno de los tantos edificios abandonados a medio construir en Hurgada.

 

Los antiguos egipcios creían en la vida después de la muerte. Pensaban que el alma del difunto viajaba al Más Allá. Cuando una persona moría en el Antiguo Egipto, su cuerpo se conservaba por medio del proceso de la momificación. Pero sólo los egipcios más ricos, además del faraón y su familia, podían encargar su momificación, ya que era un proceso muy costoso, además de largo:  la momificación tardaba 70 días en ser finalizada.

Muchas veces habréis visto en las películas la famosa imagen de una momia. Vamos a descubrir qué eran en realidad las momias y cómo se hacían. Para conocer que eran en realidad las momias y como se hacían primero veremos el significado de la palabra. Momia procede del persa mummia, que significa "cosa bituminizada", de ahí su apariencia obscura. De esta vocablo persa, se deriva la palabra árabe múmmiya, de "mum", betún o cera mineral, sustancia que se utilizaba muchísimo durante la momificación de los cuerpos.

 Reprodución de la Máscara en la recepción del hotel de Luxor

El proceso de momificación se llevaba a cabo dos o tres días después de la muerte. El cuerpo era llevado a los embalsamadores, quienes trabajaban a orillas del Nilo, ya que se necesita agua en abundancia. Se colocaba al difunto sobre una mesa de piedra o de madera, e incluso de alabastro, cuyas patas y su decoración tomaban la forma de león. También se empleaban otras más pequeñas para depositar los órganos del difunto.

Se lavaba el cuerpo y se procedía a la extracción del cerebro. A continuación, los órganos internos: el estómago, los intestinos, los pulmones y el hígado. Los envolvían en un paño de lino y se introducían dentro de los cuatro vasos canopos bajo la protección de cuatro dioses especiales, llamados “hijos de Horus”, representados en las tapas de estos vasos: 

El corazón se dejaba dentro del cuerpo porque no debía separarse de su cuerpo, pues era el lugar donde residían los sentimientos, la conciencia y la vida.

  Atardecer en el Nilo en Asuán

A continuación el cuerpo era cubierto con natrón, una sal que lo desecaba. Este tratamiento duraba entre 35 y 40 días, de forma que el cuerpo al estar totalmente deshidratado, ya no se descomponía. Se rellenaba utilizando limo o serrín procedentes del Nilo o especias. Después se cosía, y a veces, lo cerraban con lino, una placa de cera o tratándose de un rey, con una chapa de oro. Se lavaba con agua del Nilo y se ungía con bálsamos aromáticos. Y ya se podía vestir al difunto.

Una vez realizados todos estos pasos anteriores, el cuerpo se envolvía en vendas de lino impregnadas a veces en resina, mediante un ritual muy estricto. Mientras se realizaba este proceso un sacerdote que portaba una máscara del dios Anubis recitaba las fórmulas de encantamiento correspondientes. Estas fórmulas eran las siguientes:

"Te ponemos el perfume del Este, para hacer perfecto tu olor y poder seguir el olfato de Dios"
"Te traemos los líquidos que vienen de Ra, para hacer perfecto tu olor en la Sala del Juicio Final"

Se empezaba vendando los dedos uno por uno, las extremidades y por último el resto del cuerpo. Los brazos podían ponerse estirados a lo largo del cuerpo, o se cruzaban en el pecho en posición osiriaca. Se terminaba con la cabeza.

Entre los vendajes se introducían amuletos y tiras de lino que recogían textos del Libro de los Muertos. Sobre el pecho se colocaban un escarabeo alado y las imágenes de los cuatro hijos de Horus, los dioses protectores de los órganos internos.

La cabeza de la momia se cubría con una máscara pintada, y en el caso de momias reales, la máscara funeraria podía ser de oro, como la encontrada en la momia de Tutankhamon.

Finalmente, la momia se introducía en uno o varios sarcófagos de madera o de piedra que se encaban unos con otros y se entregaba a la familia para comenzar con los ritos funerarios.

 

 (De estecha.com)

 Cartucho Real en el Templo de Kom Ombo


Dioses egipcios

Dyehuty es el dios de la sabiduría, la escritura, la música y de la Luna, en la mitología egipcia.

  • Nombre egipcio: Dyehuty. Nombre griego: Thot. Divinidad griega: Hermes.

 Dios Thot. Obtenida de geocities.com

Iconografía: Hombre con cabeza de ibis, una pluma y la tablilla de escriba celestial para anotar los pensamientos, palabras y actos de los hombres y pesarlos en su balanza. También fue representado como babuino.

 

Éste dios cumple el rol de escribano, ya que documenta los hechos en la sala de las Dos Verdades. Creó los cinco días epagómenos, quitándolos de la luminosidad de Jonsu (la Luna). Estos nuevos días permitieron a Nut parir cinco hijos, pues Ra le había impedido tenerlos en el transcurso del año, los dioses: Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis.

Dyehuty está considerado dios de la sabiduría y tiene autoridad sobre todos los dioses. Es el registrador y el juez. En el panteón egipcio pesaba las almas en una balanza, representando así el juicio de los muertos. También fue el inventor de la escritura, patrón de los escribas, de las artes y las ciencias. Como dios de la escritura, era el inventor de todas las palabras, del lenguaje articulado.


También fue considerado el arquitecto que conocía los trazados y trayectorias de todas las cosas, el señor de los inventores y de la sabiduría. Estaba relacionado con la música como inventor de la lira.

Su nombre Dyehuty (Toth) lo llevaron los faraones de la dinastía XVIII denominados Thutmose "Hijo del dios Thot", forma helenizada.