INFORME TÉCNICO VETERINARIO SOBRE LAS BECERRADAS Y OTROS ESPECTÁCULOS TAURINOS


Si bien es cierto que en los últimos años se han producido grandes avances en lo que respecta a la legislación sobre el bienestar animal a casi todos los niveles por parte de organismos internacionales, nacionales y autonómicos, quedan aún grandes vacíos que deben ser resueltos con suma urgencia. Todos estos avances se han conseguido en base a dos circunstancias:

-Un mayor conocimiento de las distintas disciplinas relacionadas con los animales, como son el comportamiento, la fisiología del estrés y el correcto manejo de los mismos.

-Una mayor concienciación social sobre las necesidades de estos animales y un rechazo hacía los abusos que se consideran intolerables y no justificados, ni moral, ni económicamente.

 Cuando se habla de bienestar animal surgen una serie de discrepancias, pero podríamos limitarlo a una serie de premisas:

-El organismo en cuestión, dotado de un sistema neuroendocrino, es decir nervioso y hormonal muy similar al nuestro, debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, sus manifestaciones emocionales no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales.

-El bienestar animal tiene que ver con las sensaciones experimentadas por ellos, esto es: la ausencia de fuertes sensaciones negativas llamadas en general sufrimiento y  la presencia de otras positivas, que suelen denominarse placer.

Toda evaluación del grado de bienestar animal debe centrarse en las mediciones de esas sensaciones.

Por otro lado la preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos:

Por una parte el reconocimiento de que los animales pueden experimentar dolor y sufrimiento y por otra, la convicción de que causarles estas sensaciones no es moralmente aceptable.


¿Podemos considerar que los espectáculos taurinos, es decir, una tradición popular en la que se somete a estímulos adversos a estos animales, son una justificación a ese dolor y a ese sufrimiento? Nuestra respuesta como veterinarios es categórica: NO.

La pregunta es: ¿existen estudios dotados del suficiente rigor científico que nos digan si estos animales sufren ante estas situaciones? ¿Podemos decir que estos espectáculos implican alteraciones en el normal funcionamiento orgánico de estos animales? Podemos decir sin temor a equivocarnos, respondiendo a las dos preguntas, que SÍ.

En su ambiente natural, el animal puede expresar su comportamiento normal, que se ve afectado cuando es restringido a un ambiente artificial. Cualquier alteración que saque a este animal de su medio natural, producirá miedo y ansiedad, lo que llevará a su organismo a manifestar una serie de respuestas neurofisiológicas perfectamente estudiadas. El miedo y el dolor son unos poderosos causantes de estrés.

Aún así, todavía hay quienes se preguntan si someter a un becerro, a un novillo, a una vaquilla o a un toro a estas prácticas puede causarles sufrimiento físico y psíquico, pensando que por tratarse de animales todo está permitido si nos reporta entretenimiento y ocio.

El comportamiento es muy importante como indicador de bienestar. Observemos el comportamiento de estos toros, novillos, vaquillas y becerros durante los espectáculos. Estamos seguros de que las imágenes que les hemos enviado les podrán despejar sus dudas.

Otros factores desencadenantes de estrés y de sufrimiento son la restricción de movimientos o la incapacidad de encontrar vías de escape. Podríamos nombrar también como factores de estrés el hambre, la sed, la fatiga, las lesiones y los extremos térmicos.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que las situaciones a que son sometidos estos animales en estos espectáculos son dañinas y les causan un gran sufrimiento. Las razas excitables de ganado vacuno, como son las utilizadas en estos festejos, muestran sensaciones de pánico cuando se las deja solas en un lugar extraño o se las somete o expone a una novedad de un ambiente ruidoso.

Está demostrado científicamente que ante una situación de estrés, el organismo sufre una serie de reacciones fisiológicas que se traducen en la activación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales y del sistema nervioso y que van a provocar:

- Movilización de las defensas del organismo, con aumento de la frecuencia cardiaca.
- Se contrae el bazo liberándose gran cantidad de glóbulos rojos. El recuento de estas células en animales estresados demuestra que sus valores están por encima de los considerados normales.
- Se produce redistribución de la sangre, que abandona los puntos menos importantes, como es la piel (aparición de palidez) y las vísceras intestinales, para acudir a los músculos, cerebro y corazón.
- Aumenta la capacidad y la frecuencia respiratoria.
- Aumenta la frecuencia cardiaca lo que puede provocar hipertensión arterial.
- Se produce dilatación pupilar.
- Aumenta la coagulación de la sangre.
- Aumento del número de leucocitos (glóbulos blancos) y en concreto de neutrófilos . El recuento de estas células en animales estresados demuestra que sus valores están por encima de los considerados normales. Esta elevación del número de glóbulos se achaca en numerosos estudios científicos a las altas tasas de cortisol (estrés) que se detectan en estos animales.
- Disminución del número de linfocitos.
- Incremento de los niveles de tiroxina (hormona del Tiroides) que aumentará el gasto energético.
- Otros parámetros bioquímicos que suelen encontrarse elevados en estos animales son los marcadores de la función hepática y muscular, así como los marcadores de la función renal.  El más importante indicador del sufrimiento en los bóvidos, lo que se conoce como acidosis metabólica, estará presente en todos estos animales, por la transformación del ácido láctico muscular en lactato que pasará a la sangre provocando graves alteraciones a nivel celular.
- Aumenta la descarga de CRF (factor liberador de corticotropina) por el hipotálamo, que a su vez provocará aumento de la secreción de ACTH ( hormona adrenocorticotropa) por la hipófisis, que a su vez provocará la descarga de grandes cantidades de cortisol por la glándula suprarrenal. Aumentarán además de forma considerable los niveles de betaendorfinas, sustancias que los mamíferos descargan en situaciones de dolor, de estrés, de pérdidas de sangre, de acidosis metabólica, y de sufrimiento físico.

Y para terminar nuestro informe, haremos especial referencia a un espectáculo taurino de los que son habituales en muchos de nuestros pueblos y algunas ciudades, como Córdoba, las becerradas:

A los animales que en ellas intervienen, que deben tener menos de dos años de edad, se les clavan dos pares de banderillas con las medidas reglamentarias, sufren las estocadas con una espada reglamentaria, y son dados finalmente muerte con o sin descabello, y siempre con el uso de la puntilla, es decir, con los mismos instrumentos que son utilizados en cualquier lidia. En ellos, como hemos dicho, no intervienen profesionales del torero, salvo como directores de la misma; para desempeñar dicha función, la de director de la becerrada, se debe poseer la titulación de torero, novillero, banderillero o picador.

En el caso que nos ocupa, “La becerrada en Homenaje a la Mujer Cordobesa”, los toreros son aprendices de las Escuelas de Tauromaquia.

Las banderillas tienen una medida reglamentaria de 70 cm de longitud, y llevan en su punta un arpón de acero cortante y punzante de 4 cm de largo. El lugar de aplicación durante la lidia es la zona dorsal y su finalidad es provocar dolor para desencadenar la cólera del animal de cara a que embista durante la faena del torero, además de lesionar músculos y provocar hemorragias en el animal. Como podrán observar en las imágenes que les hemos enviado, en esta clase de festejos, las becerradas por aprendices de torero, estas armas lesivas son colocadas en lugares inadecuados y van a provocar otro tipo de daños, especialmente las que son depositadas en la zona torácica, ya que al penetrar el arpón en la misma (la piel de los becerros es bastante fina), dará lugar a serias alteraciones respiratorias, que agravarán las que ya de por si presentan estos animales como consecuencia de exigirles un ejercicio para el que no están preparados. Por las fotos que habrán visto y como veterinarios, les podemos asegurar que los becerros afectados de neumotórax en estos espectáculos, son mayoría. Las manifestaciones de dolor tras la colocación de las mismas son evidentes con mugidos, saltos, claudicaciones y giros de la cabeza, y el cuerpo hacia el lugar en donde han sido clavadas.

La lidia se dará por finalizada con lo que se conoce como suerte suprema, que según los cánones taurinos consiste en introducir una espada de acero de 80-88 cm de largo en el hoyo de las agujas, un lugar situado entre la segunda y cuarta vertebra dorsal. El fin de la estocada es seccionar los grandes vasos que asientan en la cavidad torácica, es decir, la vena cava caudal y la arteria aorta posterior. Sabemos que, según numerosos estudios anatomopatológicos realizados en toros lidiados por profesionales, tan sólo el 20% de las estocadas consiguen el fin anteriormente mencionado: ¿cuántas de las que reciben estos becerros logran la sección de los grandes vasos? Por las fotos que están viendo les podemos decir que ninguna. Las hay, como se observa, que atraviesan al becerro de arriba abajo. Es frecuente en estos festejos ver como la estocada es tapada por el capote o por la muleta cuando se ha llevado a cabo o que es extraída por matador para ocultar el lugar “inadecuado” en donde ha sido clavada. Lo cierto es que estas estocadas van a clavarse en el pulmón provocando el paso de sangre a los bronquios, de ellos a la tráquea y de ahí saldrá al exterior por la boca y por la nariz. En otras ocasiones tocará de refilón el lóbulo pulmonar derecho del becerro provocando una lenta hemorragia intratorácica que dará lugar a que el animal se vaya ahogando con su propia sangre, y que se traducirá en la aparición de unos pequeños hilos de sangre en la boca y la nariz del animal. Esto ocurre con mucha frecuencia en las lidias llevadas por profesionales, así que, no podemos esperar algo distinto cuando la realizan aprendices de torero. En otras ocasiones la estocada traspasará el diafragma, el músculo respiratorio por excelencia y llegará a pinchar el hígado, y la panza de estos animales. La parálisis del nervio frénico, que se da en esta circunstancia, provocará una lenta paralización de los movimientos de inspiración y espiración. En todas las circunstancias mencionadas, incluso en aquellas en el estoque secciona los grandes vasos, el animal irá agonizando debido al encharcamiento por sangre de su cavidad torácica y la asfixia que se produce como consecuencia de la intensa hemorragia.

Para aligerar la agonía de estos becerros, se procede, en ocasiones a lo que se conoce con el nombre de descabello. Para ello se utiliza una espada similar al estoque, pero que lleva en su punta un tope situado a 10 cm de la misma. Una vez que el arma es introducida y clavada entre la primera y segunda vértebra cervical, va a seccionar la médula espinal, provocando la desconexión de todo el aparato motor, y por tanto la caída del animal, que quedará tetraplégico, lo que se conoce como “doblar”. Les aseguramos que en estos festejos, casi nunca se consigue descabellar al becerro a la primera, ni a la segunda… cosa que también ocurre cuando la maniobra es realizada por profesionales tanto en novilladas como en corridas de toros. En la becerrada que nos ocupa el descabello no fue utilizado en ninguna ocasión lo que dio lugar a una más larga agonía de los animales.

El festejo termina con la aplicación de la puntilla. Se trata de introducir en el espacio occipito atlantoideo un puñal de 10 cm que seccionará el bulbo raquídeo, una estructura nerviosa que pone en conexión la médula espinal con el encéfalo, que recibirá como consecuencia una gran cantidad de sangre cargada de CO2 provocando su hipoxia. El bulbo raquídeo se ocupa entre otras funciones de regular el ritmo cardiorrespiratorio, por lo que tanto los movimientos de inspiración y espiración se irán paralizando, así como el latido cardiaco. Dado que hace unos meses, un mulillero de la plaza de Las Ventas afirmaba que no era infrecuente recibir en el desolladero de dicha instalación toros mal apuntillados y “que menos mal que no se levantaban”, añadía, es obvio que los becerros a los que no se les ha aplicado la puntilla adecuadamente, sienten el corte de las orejas y el arrastre fuera de la plaza ya que están aún vivos. Hay numerosos vídeos que pueden ser visionados que así lo testimonian. La puntilla fue prohibida en los mataderos de la Unión Europea por considerarla un método cruel de dar muerte a un animal.

Nos gustaría que reflexionasen sobre la agonía que sufren estos animales durante este espectáculo y más teniendo en cuenta su escasa edad. Y no se trata sólo del sufrimiento físico que es evidente por lo que les hemos relatado y han visto, sino porque son capaces de sentir emociones, como ha quedado ya patente en diversos estudios llevados a cabo por etólogos veterinarios y biólogos. Durante las becerradas estos animales vocalizan de forma constante y dada su corta edad, nos atrevemos a sugerir que lo hacen buscando la protección de la su manada, ya que se desplazan con insistencia de un lado mostrando un intenso estado de angustia, desorientación, soledad e incomprensión por lo que les está sucediendo. Sus expresiones faciales son clara muestra de terror, sufrimiento y agonía.

En palabras de Miguel Ibañez, profesor de Etología de la facultad de veterinaria de Madrid, y miembro de AVAT, los estados afectivos como son el dolor, la angustia y la frustración deben ser valorados si queremos hablar de bienestar animal. Los animales superiores, entre los que están los mamíferos, disponen de un SNC que les capacita para hacer un análisis del medio y tomar una decisión.

Ser “sintiente” significa ser consciente y sentir emociones como placer, y dolor, gracias a las cuales los animales podemos sobrevivir en un mundo lleno de sensaciones. Estudios de Etología Cognitiva han demostrado la capacidad de comprensión de los animales a partir de determinadas edades y sabemos que son capaces de desarrollar comportamientos inteligentes con cierto razonamiento. Sobre un problema al que hay que darle solución, los animales son capaces de sentir lo que otros sienten cuando perciben sus estados emocionales, es decir, tienen “empatía”.

El dolor y el sufrimiento de otros animales son por tanto experiencias conscientes a nivel perceptivo y emocional, tan aversivas como para importarnos prevenirlas, aliviarlas, y en cualquier caso evitarlas.

Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT).

Madrid, 14 de junio de 2011.