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Contestación al cirujano jefe de la plaza de toros de Bayona

CONTESTACIÓN AL CIRUJANO JEFE DE LA PLAZA DE TOROS DE BAYONA, DR. JEAN MICHAEL GOUFFRANT

 

Tras la lectura de un estracto de la charla que con el título: 'Los médicos taurinos y los antitaurinos', ha dado usted recientemente en la ciudad de Zamora, nuestra asociación, AVAT (Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia), quiere hacer las siguientes puntualizaciones.

 

 Llamar fascistas modernos y calificar de muy venenoso al movimiento antitaurino del que nuestra asociación, constituida por más de setenta veterinarios, forma parte, nos parece una falta de respeto que su profesión y cargo, no debería permitirle. Desconocemos si en el movimiento abolicionista de la tauromaquia, hay militantes que cobran por su trabajo, pero aunque así fuera, están en su perfecto derecho de hacerlo. En nuestra asociación, ninguno de sus miembros recibe un sólo euro por desarrollar una actividad en la que creemos, y por la que evidentemente luchamos, sin insultar, y sin faltar el respeto a nadie.

 

 Afirma usted, y con razón, que el hombre es el único ser vivo que es consciente de que va a morir, pero esto no exime al resto del mundo animal de su capacidad de sufrir. Si usted conociera tan bien como dice al toro de lidia, debería saber, por los numerosos estudios científicos que hay en la bibliografía veterinaria, que es un animal sumamente estresable, y que sus niveles de cortisol se elevan de forma considerable cuando es sometido a manipulaciones a las que no está habituado. Por lo que ha comentado en su charla, debe de conocer los estudios del profesor Illera, y por ello podrá entender que lo que afirmamos es rigurosamente cierto. Hay muchos más estudios al respecto, y como médico sabrá que, cuando hay lesiones neurológicas, la medición de los valores hormonales dependientes del eje hipotálamo-hipófisis-suprarenales (RF-ACTH-Cortisol), no pueden ser medidas. De ahí que en el estudio mencionado se diga que los niveles de ACTH y cortisol después de la lidia, son menores que los encontrados en un toro al que tan sólo se le ha transportado en un camión. No es un problema de adaptación, cómo se afirma, si no un problema de transmisión nerviosa. Estas afirmaciones las debería usted conocer, ya que su profesión le debería permitir tener acceso a los estudios sobre bloqueos parciales y totales de la médula espinal, y las consecuencias que estos tienen en las respuestas hormonales anteriormente señaladas. Sobre los daños neurológicos que provocan las puyas, las banderillas, el estoque, el descabello y la puntilla, hay amplios estudios de los veterinarios de la Unión de Criadores del Toro de Lidia que no me cabe la menor duda que usted podrá consultar: lesiones del plexo braquial, rotura de músculos, nervios (ramas dorsales de nervios espinales) y vasos sanguíneos, fractura de apófisis espinosas de vértebras torácicas, y hemorragias que provocan el taponamiento del canal medular.

 

 Habla usted de los litros de sangre que tiene el toro de lidia, y de la cantidad de sangre que pierde como consecuencia de las puyas. Nuestros datos no coinciden con los suyos: habla usted de 44 litros, cuando la media es de 38. Multipliquemos 0.75 ml x Kg de peso, y veremos que un toro de 500 kilos, tiene 37.5 litros.  Dice usted que la puya hace perder a un toro 1 litro de sangre, cuando estudios realizados por veterinarios taurinos, hablan de pérdidas de volumen sanguíneo de entre un 10 a un 18%, según la manera y lugar en que las varas hayan sido colocadas. Echando mano de las matemáticas, los litros de sangre perdidos por un toro, suponen entre 3.8 y 6.8. Tampoco tiene demasiada importancia si el volumen sanguíneo es de 44 o de 38; lo importante son los porcentajes.

 

 Dice usted que el toro es el animal más peligroso que existe sobre la tierra. No vamos a discutir semejante afirmación que está fuera de cualquier consideración que se atenga a la realidad. Vídeos hay que demuestran absolutamente todo lo contrario.

 

 Afirma en su conferencia que el toro, cuanto más sufre más ataca, para luego relativizar la cuestión esgrimiendo que, al descargar endorfinas como consecuencia de las puyas, ya no siente dolor. Y si no siente dolor, ¿por qué ataca? En que quedamos, ¿sufre o no sufre? ¿Qué pasa con el cortisol? Si los niveles de cortisol son practicamente normales, ¿sufre o no sufre?

 

 En nuestra asociación sabemos que la argumentación sobre las endorfinas, que algunos han llamado (esperamos que usted como médico, no) las hormonas del placer, es un activo que ustedes los taurinos han tomado como razón definitiva para decir que el toro es un animal neuroendocrinologicamente único. Entendemos que usted como médico cirujano no puede creer que dichas sustancias neutralicen el dolor, ya que es precisamente en publicaciones científicas de medicina humana en donde existen numerosos estudios sobre ellas, y en las que se las niega tal capacidad. No sé si habrá leído que los niveles de estas hormonas aumentan de manera secuencial a la intensidad del dolor. Se sabe que una trasfusión de sangre por vía intrahepática a un feto de 35 semanas, cuya duración es de 10 minutos, provoca la elevación de endorfinas en dicho feto en un 360%. ¿Nos podría explicar lo que esto significa para usted? No sé si sabrá que en mujeres que reconocieron su parto como muy doloroso, las betandorfinas medidas eran mucho más altas que las medidas en mujeres que dijeron que su parto no había sido excesivamente doloroso. ¿Nos podría explicar lo que esto significa para usted? Para nosotros, veterinarios, sólo significa una cosa: cuanto mayor es el dolor padecido, mayor es la respuesta del organismo en cuanto a su fabricación. A más endorfinas, más sensación de dolor. Lo dice la ciencia médica de la que usted forma parte.

 

 Debería usted conocer, además, que dichas sustancias las produce en grandes cantidades cualquier mamífero que sufre hemorragias, que sufre alteraciones cardiorespiratorias, que tiene que generar sustratos de energía como consecuencia de un ejercicio físico, y que sufre estrés, condiciones que padece un toro durante la lidia. ¿Es lógico por tanto que el toro de lidia tenga los niveles de dichas hormonas sumamente elevados? La producción de estas hormonas viene dada por tanto como consecuencia de un gran sufrimiento orgánico, y no es por tanto cientificamente admisible que usted nos cuente que demuestran la capacidad del animal para dejar de sentir dolor. Hoy en día se sabe que dichas sustancias purificadas e inoculadas no producen ningún tipo de analgesia, y también se sabe que tras la administración de naloxona (antagonista opiáceo), se descargan en muy poca cantidad. ¿Qué le sugiere está afirmación?

 

 Nosotros, los veterinarios, también tratamos todos los días con la enfermedad, el dolor, y la muerte, pero de los animales, y por tanto, también sabemos de lo que estamos hablando. Y si, la herida, EL DOLOR, y la muerte, son características que hacen a la fiesta brava, sufrimiento y tortura de un animal, sin causa que lo justifique.

 

 Atentamente:

 

 José Enrique Zaldívar Laguía.

 

 Veterinario, socio fundador, y presidente de AVATMA