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La agricultura del pueblo piaroa (Amazonas, Venezuela)

Loswóthüha, habitantes de una de las regionesmás antiguas delmundo, han realizado tradicionalmente actividades productivas como la agricultura, la ganadería, la pesca y la recolección de diversos frutos de la tierra con los cuales aseguran el sustento de su comunidad y comercializan en regiones cercanas. La yuca amarga de la que obtienen el casabe y el mañoco, productos de importante valor comercial, posee para ellos no sólo trascendencia alimenticia sino también simbólica y religiosa. 

Conocidos también coloquialmente como “piaroas”, los wóthüha (pronunciado y escrito aproximadamente en español como “wótuja”) son uno de los pueblos indígenas demográficamente más importantes de la región de Guayana, con una historia mítica y territorial bien documentada gracias a la memoria oral de sus ancianos y a los abundantes datos contenidos en antigua documentación cartográfica y escrita. Aunque sus tierras originales se situaban en el estado Amazonas, hoy en día también habitan en el vecino estado Bolívar, y cruzando el Orinoco, los Departamentos colombianos del Vichada y del Guainía, amplia geografía que ha sido apropiada simbólicamente por ellos en su totalidad debido a su rica mitología, identificando imponentes accidentes topográficos como morada de distintos seresmíticos o lugares de creación del ser humano, de las plantas y de ciertos animales.

Este territorio se caracteriza por una notable biodiversidad asociada a distintas zonas fitoclimáticas, en las que predominan los ambientes boscosos tropicales, razón por la cual a estos indígenas se les ha conocido también como los “Señores de la selva” (De’a ruwa, “De a ruwa”). Los suelos son de limitada fertilidad, salvo en el curso superior de los ríos Cuao y Sipapo, donde la fronda de la selva ha generado zonas con grandes depósitos orgánicos apropiados para la agricultura. Las disimilitudes existentes en los suelos explican desde el punto de vista de los agrónomos Sabarari (“Sabarari”) o “criollos” las diferencias en cuanto al rendimiento agrícola, interpretación técnica a la cual los wóthüha contraponen su propia opinión, de alto valor simbólico, basada en la mitología. Según ellos, las mejores tierras se sitúan en el Alto Cuao porque en ese sector cayó el follaje de un gigantesco árbolmítico del que nacieron todas las frutas y especies vegetales cultivables y comestibles; un árbol del cual quedó tan sólo un tocón petrificado: el Cerro Autana o Kwawai (“Kuawai”), altamente sagrado para los wóthüha y para otros pueblos indígenas vecinos.

Las actividades de subsistencia tradicionales de los wóthüha incluyen la agricultura en el conuco (que en su idioma es denominado pätta, “pata”), así como la cacería, la pesca y la recolección de diversos productos naturales, aprovechando la extraordinaria biodiversidad presente en esta región del país. De esas la bores, la principal es la agricultura y el rubro agrícola de mayor significación es la yuca amarga o ire (manihot esculenta), valioso ingrediente que gracias a las manos de las mujeres es hábilmente transformado e incluido en alimentos y bebidas de uso cotidiano o consumidas en elmarco de la fiesta del Wärime, su celebración más importante.

Los conucos se llevan a cabo en las áreas boscosas (de’a, “de a”) que suelen estar cerca de las viviendas, si es que hay disponibilidad de terreno apropiado para ello. Antiguamente, semantenían en producción, demanera simultánea, de tres a cuatro conucos por cada casa comunal (uchuhode, “uchujode”, una churuata o vivienda multifamiliar), lo cual permitía disponer de fuentes de alimentos permanentemente. Aparte de yuca, se cultiva ñame (hwäre, “ware”, Dioscorea alatam Dioscorea tryphylla), batata (wiriyä, “wiriya”, Ipomoea batatas), túpiro (nu’ä, “nu’a”, Solanum topiro), piña (khänä, “kana”, Ananas sativus), entre otros productos. 

La yuca o ire es tan valiosa en la cultura wóthüha que se dice que hasta tiempos recientes el casabe, su principal subproducto, permitía medir la prosperidad de una familia, y de hecho es considerada casi sagrada, pues aparte de su papel fundamental en la alimentación constituye un ingrediente necesario en la composición del sari (“sari” o “sani”), la bebida de yuca fermentada imprescindible en la celebración del Wärime. Según algunos estudiosos de la cultura wóthüha, estos indígenas conocen más de 100 variedades de la planta, diversidad que se expresa en diferencias de sabor, acidez o color, quienes además la trasmutan en alrededor de treinta presentaciones distintas, incluidas ocho tipos de tortas de casabe, cuatro tipos de mañoco (harina tostada), tres maneras de consumir los tubérculos, once tipos de bebidas y tres maneras de usar el yare (jugo exprimido), como es el caso de la conocida “catara” o salsa picante (a base de yare, ají y cabezas de bachaco).

Aunque los wóthüha conocen y cultivan la yuca dulce (ehtäwa ire, “ejtawa ire”,manihot dulcis), realmente lamás consumida y valorada es la yuca amarga. Bebidos o comidos, los subproductos de este tubérculo constituyen un carbohidrato indispensable y de consumo casi obligatorio en su dieta, y en su presentación más básica casabe sin aditivos, es alimento apropiado para los aprendices de chamán o para personas que se someten a ciertos ayunos preventivos o terapéuticos, a quienes se les prohíbe la ingestión de comidas dulces, saladas o picantes. Conscientes de su valor nutricional, la chicha de yuca es uno de los primeros alimentos dados a los niños después de la leche materna. Así mismo, junto a su trascendencia alimenticia, simbólica y religiosa, la yuca amarga tiene un importante valor económico comercial: una parte importante de los derivados de la planta (básicamente casabe y mañoco) son vendidos en la capital de Amazonas, Puerto Ayacucho, y sus alrededores, o en la zona baja de los ríos Ventuari, Cuao y Sopapo, gracias a lo cual los wóthüha obtienen moneda y algunos productos inexistentes en sus regiones de origen.

Un aspecto interesante de la economía wóthüha es la estrecha vinculación que se atribuía entre la prosperidad y las aptitudes espirituales de los líderes reconocidos en la organización socio-política tradicional, los ruwa (“ruwa”, es decir, en español, “Señor”) o “capitanes”, cuyas funciones incluyen el fomento o preservación de la fertilidad de plantas y animales, lograda por sí mismos o con el auxilio de los chamanes. Según los wóthüha, el crecimiento de cultivos como la yuca no sólo depende de la disponibilidad de suelos y de las condiciones climáticas necesarias sino de la insuflación de fuerza vital por parte del líder local, mediante cantos y otros procedimientos. Por otra parte, amayor potencia espiritual hay mayor prestigio e influencia, que a suvez favorece la capacidadde captar la atenciónyel apoyo de los demás, un planteamiento que de alguna manera subraya la interdependencia entre los ámbitos económico, religioso y político.

Esta situación, inevitablemente, ha ido cambiando. Después de varias décadas de intensificación de sus contactos con la sociedad criolla, coexisten elementos de esa organización socio-productiva tradicional con ciertas innovaciones implantadas recientemente. Ya es común que la figura del ruwa coexista con otras como el “comisario” o el “comisionado”, cargos de origen criollo que suelen recaer en gente joven, menos sabia y por lo tanto espiritualmente menos poderosa. Si bien en algunos pueblos siguen operando el meñe ruwa (“meñe ruwa”) o el yuhuähuä ruwa (“yuwawa ruwa”), especialistas en chamanismo, éstos deben enfrentar el escepticismo y la indisciplina que entre losmás jóvenes ha fomentado la penetración de la cultura no indígena. Ante el decreciente número de aspirantes a continuar el duro camino del aprendizaje espiritual, con preocupación se preguntan quiénes velarán en el futuro por la continuidad del orden cósmico señalado en la tradición de los ancianos.

Una de las últimas novedades organizativas son los Concejos Comunales, constituidos por recomendación del Estado nacional como una vía para promocionar y facilitar la gestión comunitaria y la atención a problemas locales. Afortunadamente, en esta materia los wóthüha ya habían acumulado una amplia experiencia organizativa, destacándose desde varias décadas atrás en la conformación de cooperativas para la elaboración de distintos productos agrícolas (cacao copoazú, producción de mañoco, casabe, harina de plátano), pecuarios (cría de búfalos) y forestales (aceite de seje, miel), e incluso en la prestación de servicios de telecomunicaciones (a estudiantes de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez). En esta materia han alcanzado importantes logros y también algunos fracasos que, no obstante, han sido útiles de igual manera para el aprendizaje y el perfeccionamiento de algunas modalidades de actuación.

Respecto a las actividades productivas, se mantiene la distribución de las labores según el género. Los conucos siguen siendo familiares y todavía no muy distantes de las viviendas. Los rubros principales aún son la yuca amarga en primer lugar-, la piña, el maíz, el ñame, el plátano, la auyama y la lechosa, entre otros. Algunas comunidades han experimentado con la venta de los subproductos de la yuca, pero recientemente descubrieron que la piña se cotiza bastante bien, no sólo en el mercado regional sino en otros más distantes como es el caso de San Fernando de Apure. Un pueblo, Betania de Topocho, parece haber avanzado más en este tipo de iniciativa, favorecido por su posición geográfica, en la vía hacia Bolívar y los Llanos, habiendo gestionado ya mejores dotaciones en materia de transporte, energía eléctrica y refrigeración. El Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología los incorporó a su programa Red de Frutales y producto de los logros alcanzados han recibido, además, el apoyo de otras organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Ciertamente constituye un interesante ejemplo del modo de vida wóthüha adaptado a los nuevos tiempos.

Las actividades tradicionales de subsistencia entre los wóthüha incluyen la agricultura en el conuco así como la cacería, la pesca y la recolección de diversos productos naturales, aprovechando la extraordinaria biodiversidad presente en esta región del país.

La yuca o ire es tan valiosa en la cultura wóthüha que hasta tiempos recientes el casabe, su principal subproducto, permitía medir la prosperidad de una familia, de hecho es considerada casi sagrada porque es un ingrediente indispensable en la elaboración del sari (“sari” o “sani”), bebida de yuca fermentada esencial en la celebración del Wärime.

Ante el decreciente número de aspirantes a continuar el duro camino del aprendizaje espiritual, con preocupación se preguntan quiénes velarán en el futuro por la continuidad del orden cósmico señalado en la tradición de los ancianos.

Escrito por: Pedro Rivas Antropólogo, Investigador Instituto Caribe de Antropología y Sociología Fundación La Salle de Ciencias Naturales. Publicado en la revista "Así somos" N°3 año 2011. Fotografía de Arianna AQ, Arreglando el bocachico para freírlo indio Piaroa. 
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