Historia

 
En Nicomedia de Bitinia, en el norte de Turquía actual, hacia el año 235 nació Bárbara hija única de un griego llamado Dióscoro, furioso enemigo de los cristianos.

Los escritos sobre la vida de Bárbara señalan que su madre falleció en los primeros años de su niñez.

Dióscoro, que era pagano rico y supersticioso, amigo de la buena vida y del placer, construyo para su hija un castillo, donde Bárbara vivía rodeada de doncellas y de esclavas.  Su padre pidió que le enseñaran música, canto y baile.

Bárbara supo, por medio de una de sus doncellas, que había un cristiano de mucha fama por su talento y ciencia, de nombre Orígenes a quien se le llama el sabio más grande de la antigüedad cristiana.

Orígenes recorría todo Oriente, anunciando el Evangelio y dando ánimo a los cristianos perseguidos.  Es así como visitó Bitinia, donde fué invitado en forma secreta, oculta de Dióscoro, al castillo de Bárbara, recibiendo esta sus primeras instrucciones en los misterios de la fe.  Posteriormente, el mismo Orígenes le confirió el Bautismo, ya era cristiana.

Su fervor juvenil iba creciendo enormemente.  Cuando volvía a contemplar las estrellas por la ventana alababa a Dios frecuentemente diciendo: “¡Dios mío, te quiero mucho, pero no puedo comprenderte ni verte!...¡Si pudiera llegar hasta Ti”!.

El padre de Bárbara viajó a un país lejano (Atenas), donde permaneció largo tiempo; al partir mandó a unos obreros que hicieran dos ventanas en una de las habitaciones de Bárbara.  Pero en su ausencia, la Santa ordenó que construyeran una tercera ventana, ya que en ese lugar había sido bautizada en nombre de Dios.

Cuando ya estaba casi terminada la obra pedida por Bárbara, decidió consagrarse como esposa de Cristo, aspirando así a la más alta felicidad.

Al regresar su padre de viaje fue inmediatamente a ver la obra que había dejado ordenada a los obreros.

Se encontraba terminada y preguntó a los obreros porque habían hecho tres ventanas si sólo había pedido dos.  Los obreros respondieron que Bárbara se lo había ordenado.

Dióscoro molesto, hizo llamar a Bárbara y le preguntó porque había mandado a los obreros a construir otra ventana.  Inmediatamente, ella respondió: “Mandé que construyeran tres ventanas, porque tres ventanas dan luz al mundo y a todas las criaturas”.

Su padre no lograba comprender lo que le decía Bárbara.  No comprendía porque tres ventanas daban luz al mundo; a lo que Bárbara le explicó: “Estas tres ventanas representan claramente al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, los que son tres personas distintas y un solo Dios, en el que debemos creer y adorarlo con todo nuestro ser “.

Al escuchar esto Dióscoro sacó la espada para matarla.  Bárbara muy asustada, con mucho miedo, se puso en oración.  Entonces cuentan las crónicas que fue llevada en forma milagrosa a un campo y llegó  a una roca de la montaña.  Dos pastores que custodiaban su ganado lo vieron.  Preguntados por el padre, le indicaron el lugar donde se encontraba, porque tenían miedo que los matara.

Subió a buscarla y tomándola del cabello,  la arrastró por el campo hasta llegar al castillo, donde la encerró en una prisión para esclavos.

El mismo Dióscoro se comunicó con el juez para acusar a su hija de ser cristiana.  Llega el juez y le dice: “Así, pues elige entre sacrificar a los dioses y salvar tu vida, o morir cruelmente torturada”.  Pero la Santa, llena de Dios, Jesuscristo  creador del  cielo y de la tierra y de todo lo que nos rodea…”

Después de juzgarla, ordenan que sea nuevamente torturada.  La condena dada por el juez era que debía  ser decapitada a  espalda.

Más tarde la conducen, al lugar de sacrificio.

La Santa se alegra al ver que se aproxima el momento en que recibirá el premio de su triunfo con Cristo.

En el camino oraba así:

“Señor Jesucristo, hijo del creador del cielo y la tierra, te ruego

qué  me concedas tu gracia y escuches mi plegaria por todos aquellos que recuerden tu nombre

y mi martirio por ti.  Te suplico que olvides sus pecados.  Tú conoces nuestra fragilidad humana”.
 

Al terminar, escucha un eco del cielo que le dice: “Ven, esposa mía, querida esposa.  Ven a descansar en la morada de Dios, mi padre, que está en los cielos.  Yo te concedo lo que acabas de pedirme”.

Al llegar al lugar donde recibiría la corona del martirio, Bárbara seguía contenta, a pesar de ver la columna manchada de sangre, en la que eran decapitados los condenados a muerte.  Obligada a arrodillarse bajo la espada, levanto serenamente la vista, encomendando su alma a Dios.  Pero ¡Qué horror!  Se puso a temblar de pies a cabeza y sin aliento, al comprobar que aquel verdugo, aquel hombre que acabaría con su vida, aquel que cortaría su cuello, era su propio padre.

Cayó sobre su cuello la feroz espada.  El espíritu de la mártir, libre ya de los dolores de las crueldades humanas, voló hasta Dios su Padre.

Dióscoro, después de cumplir con frialdad su deseo, limpio su espada con la ropa de su hija, mirándola con desprecio.  Mientras todos volvían a casa, cuentan los escritos que un viento formidable azotó la zona.  Empezaron a correr, cayó un rayo sobre Dióscoro y lo consumió en segundos, quedando sólo las cenizas de su cuerpo.

Así  fue como Bárbara recibió su martirio el día cuatro del mes de Diciembre.

Ese día en la tarde, un hombre llamado Valentino sepultó el cuerpo de la Santa en un pueblecito donde efectuó muchos milagros para gloria y alabanza de Dios.

El culto a Santa Bárbara se inició en el siglo VII, popularizándose aún más en el siglo IX.  Se le invoca contra el rayo y el fuego y por eso es también la patrona de los artilleros y mineros.

Se usa la oración que la Santa dirigió a Dios antes de morir, para obtener la protección de quienes se encuentran a punto de fallecer, para que no partan hacia el padre Dios sin recibir los sacramentos.
 
 
Fuentes:
-VIDAS DE SANTOS DE BUTLER                                                             
  Autor: Albán Butler
       MEXICO
      Pgs. 483-485
-AÑO CRISTIANO
  Autor: Lamberto de Echeverría
        ESPAÑA    
      Pgs. 532-535
- AÑO CRISTIANO O EJERCICIOS DEVOTOS
  Autor: P.J. Croisset, de la Cía. de Jesús
         PARIS
       Pgs. 76-90
_ LOS MARTIRES
  Autor: Stéfano Casini
     MEXICO
   Pgs. 391-400