El miedo. Por José Ramón Colás Castillo desde Las Tunas, Cuba 1999.

El miedo.

Por Ramón Humberto Colás Castillo, 1999 - Desde Tunas, Cuba.

El miedo que se percibe con facilidad en el cubano es resultado de un sometimiento avasallador gradual y progresivo que a lo largo de 4 décadas ha intentado reducir a la obediencia ciega y al dominio total a un pueblo de reconocido valor y dignidad.

Este proceso comenzó en el momento mismo que tuvo lugar la toma del poder político por el gobierno actual y se dominan los medios de comunicación masivos, se politizan todas las esferas de la vida y con ello se intenta promover un camino de supuestas transformaciones esperanzadoras que darían según los ideólogos el más alto grado de libertad individual y bienestar social. Visto así era muy difícil descubrir el trasfondo con que los nuevos gobernantes diezmarían el cause de la tradicional valentía del cubano. Es decir el miedo ha sido causado por la imposición que va desde el terror abierto de los primeros años de la revolución hasta el método sutil de los últimos tiempos y al total arbitrio del más mínimo acto conductual de los cubanos.

El gobierno a su vez ha promovido el concepto mesiánico que se basa en la falsedad de considerar al proyecto revolucionario como la materialización de las ideas libertarias de nuestros próceres. De modo que cualquier acción contra este modelo se intenta demostrar como una agresión a la propia historia de Cuba.

La utilización intencionada del pueblo lo convirtió en víctima de las acciones que fueron realizadas en contra del nuevo poder revolucionario, cuando el discurso retórico de la revolución promovía que se interpretara toda actividad constestataria como un acto contra los supuestos derechos del ciudadano.

El sentimiento de amenaza artificiosamente crearon y no contra el gobierno sino contra el pueblo jugó un roll determinante en la movilización de las grandes masas que se movían por las pasiones y la impulsividad irracional. Llenando las plazas haciendo de cada persona una negación de si mismo al renunciar mediante una aureola fluida de reacciones involuntarias al adecuado ejercicio de una conducta de comportamiento racional medible y moderado.

Este hechizo que bajo las nuevas condiciones históricas se ponen en practica movilizó a su vez sentimientos e impulsos desplazando la razón al dominio de la influencia de las masas congregadas en el aplauso a la elite dominante. Ante tantas situaciones nuevas la inteligencia del pueblo cubano envanecía y el explosivo rigor de las emociones hizo aparecer una conducta superficial que adolecía de meditación y buen juicio. ¿Donde se encuentra el siguiente ejemplo : la turba revolucionaria llenando los espacios que le ofrecían el nuevo orden político, ya aplaudía apasionadamente una medida, como la primera ley general de reforma agraria que beneficiaria supuestamente al campesinado, ya solicitaba a viva voz, paredón, medida que solo sembraría el odio, el dolor, y el rencor en el corazón de los cubanos.

En los años de "revolución" el pueblo ha sido manipulado para perpetuar el gobierno en el poder, sui generis modo de poner en práctica la sicología de las masas induciendo y proliferando el miedo y la apatía a escala social.

La desintegración lógica de una respuesta conductual racional y adecuada hacia negar las potencialidades del intelecto del pueblo cubano. Cuando aceptaba por unanimidad todo lo que se producía en medio de la gran multitud. Absorbido por la férula perdía todo control individual y su respuesta estaban condicionadas por la acción contaminante de las masas. Al perder su propia individualidad el cubano carecía a la vez de toda responsabilidad y sin percatarse se sometía a realizar acciones que nunca haría estando solo, y si a la vista de los demás.

La perdida de la irracionalidad en las grandes conglomeraciones de los primeros años del poder revolucionario se daba por un contagio potenciado en el fluido de transmisiones irreflexivas no previstas de antemano. Esto condicionó a que el cubano perdiera a su vez las estructuras orgánicas de su personalidad y de su grupo social.

En esos actos resultaba muy difícil encontrar el mecanismo adecuado que sirviera como defensa ante el arrastre de las masas ya que los participantes por lo general no tenían organizado colectivos con estructuras sólidas que resistieran el control y el dominio de las turbas. Todas las instituciones democráticas y partidos políticos comenzaban a desintegrarse.

Un elemento de primer orden que tomaron en cuenta los gobernantes fue el relativamente alto nivel de uniformidad que existía en el pueblo.

Lo que fácilmente se podía medir por el apoyo que recibían de la gran mayoría de la población. Fuera de este circulo quedaron aquellos grupos que pudieron pobremente defenderse resistiendo la cruzada comunista mediante el silencio no participativo. El nivel de instrucción del cubano jugó su papel. Los nuevos gobernantes desarrollaron la idea de un desorden critico que solo el elitismo podía organizar. Esto origino que el pueblo creara su propio mito con los rebeldes en el poder, otorgándole un exagerado valor a todo lo que hacían y proponían sin llegar ha percatarse de la naturaleza extraña de este proyecto.

El pueblo aparecía como el protagonista que asumía sin plena conciencia de ello todos los decretos. En su nombre se juzgaba, se confiscaba sin indemnizar, se fusilaba y se neutralizaba todo intento de oposición. Alistándose al juego de las manipulaciones, que el joven poder aprovechó para sembrar el miedo.

El ciudadano de este país fue fácilmente apresado y los elementos susceptibles en su sicología abrieron las puertas a la poderosa maquinaria que controlaba el poder. El manejo sugestionable del discurso permitió a los gobernantes de entonces -- que son los mismos de hoy-- llevar al pueblo al lado de sus intereses. El pueblo cubano no tenía la capacidad para hacer una percepción lúcida y consiente de un fenómeno nuevo impredecible en cuanto al rumbo a tomar y no había un espacio alternativo de opinión que pudiera orientar al pueblo sobre la naturaleza de aquella revolución.

El móvil que la conducta de la población se manifestaba partía de la necesidad que tenía de mejorar su nivel de vida y restaurar la democracia perdida tras la aparición de Batista y los militares en el escenario político en Marzo de 1952. Las ansias de democracia y participación tomaron dimensiones no calculadas lo cual propició que con los nuevos acontecimientos apareciera un fenómeno nuevo con la forma total de gobierno.

Esto dio lugar a la marginación política de un importante sector que ante el terror abandona el país y otra es silenciada por la represión.

Aquí están parte de los antecedentes del viejo cerval de hoy. El cubano no es cobarde pero tiene miedo. Contradicción que se explica muy fácil: El valor ha estado asociado a los propósitos o fines a los que el estado le ha infundido una connotación patriótica, solidaria y humana. En las controvertidas misiones internacionalistas en el África se dieron muestra de gallardía, heroicidad e intrepidez por los cubanos. Varios miles murieron en tierras extrañas.

La manipulación del temple de los hombres y mujeres de este país ha sido esgrimido por el régimen para su beneficio ya que ha lo largo de la historia de Cuba se han escrito innumerables páginas que demuestran el tesón, el arrojo y entrega del cubano, en la defensa de causas justas y de extraordinaria magnitud.

No por conocidas deben dejarse de mencionar el ejemplo que dio al mundo el ejercito mambí, que semi desnudo, descalzo, mal alimentado y prácticamente desarmado se enfrentó a las huestes españolas, una de las fuerzas militares mayor organizadas y armadas de su época.

La revolución del '33 que derrotó a Machado dio muestras también de la voluntad popular y del coraje de los cubanos y la participación de voluntarios en la guerra civil española propició demostrar la osadía de los hombres nacidos aquí.

El miedo de hoy se deriva también de la propia valentía del cubano, no en lo individual, sino en lo social. De modo que un hombre valiente se ve reducido a la nada, cuando a la mayoría de sus compatriotas tan bravos como aquel le cierran el camino.

El miedo ha provocado sufrimiento y escasez de valores morales, en una nación de rica historia, da la impresión que ha existido una ruptura con los antecedentes de este país, por el excesivo conformismo con un proyecto anacrónico e insuficiente que al disfrazarse de bondadoso esconde sus aristas cersenantes y dogmáticas. Lo absurdo de esto radica en que el miedo que aun las multitudes tienen inoculado en su estrecho espacio de vida le ha hecho perder el sentido de la libertad por la incapacidad interna para descubrir la falta de autenticidad y libre personalidad que lo ha convertido en esclavo moderno de la sociedad y de sí mismo. Aún así persisten en un número cada ves más crecientes de cubanos la necesidad de libertad de pensamiento y conciencia. Esta regularidad condicionada por la inseguridad material y la falta de espiritualidad dicotomiza al cubano y lo condena a vivir sin paz en una realidad que lo hace sumergirse en la mentira y la doble moral. Carente de esta esperanza se duerme al acecho de un "salvador" que no sea él sino otro cualquiera que le permita algún espacio de vida y libertad.

El miedo es humano, pertenece al hombre más que a cualquier otro animal, por el alto grado de desarrollo de su cerebro. Se expresa en momentos de alta tensión emocional y afectiva que conduce a una reducción estrecha de los procesos mentales incapacitando el poder de defensa del organismo ante la fuerza no importa la intensidad que lo ataca. El vence las potencialidades del individuo en todas su magnitud y se funda en hechos reales o inexistentes. Cuando se teme se congelan las vías de búsqueda de solución a un problema y cuando se tiene conciencia de ello perdura en forma de conflicto interno.

El miedo es un desinterés, un vago sentimiento de inseguridad hacia las cosas, una habilidad hacia la nada, y un vacío incoherente desde el interior que brota hasta el exterior con lentitud y desgano, agarra al hombre como una minúscula partícula fácil de vencer y dominar por la madures de un sujeto viril, agudo y autoritario. El apático se encamina ciegamente al otro, le teme , le obedece sin miramiento abjura a cualquier intento de desobediencia y acumula en su psiquis una debilidad hacia la persona que le manda.

La historia de los regímenes totalitarios muestra que han logrado extender su poder con el engendro del miedo a escala social. Esta poderosa estrategia ha determinado la prolongada duración de estos sistemas políticos los que al manejar todos los medios de control , represivos, de comunicación , económicos , políticos y sociales condicionan la conducta individual de la persona a la obediencia y a las normas de sus leyes obligatorias.

El peligro mayor cuando se teme radica en que el individuo contra su voluntad se pone ha disposición del poder actuante y el terror arbitrario que reduce todo espacio y libertad . El temor es el arma que se enfila contra el propio hombre . El sistema al sembrar el miedo se beneficia porque destaca sus esfuerzos en el combate contra los que salen del circulo de obediencia. Es por ello que los disidentes son víctimas del odio por parte del gobierno, porque al perder el miedo, o intentar una vida independiente, se insta al pueblo a odiarlos , repudiarlos, convirtiéndolos en enemigos, desacreditándolos moral y socialmente por el peligro que significa, desenmascarar la mentira y escuchar la versión de su verdad.

El recelo es impotencia y a la ves falta de reafirmación del individuo ante los demás, es una opción sin originalidad que persiste en denigrar aquello que tiene un significado para el hombre. Para comprender la naturaleza dogmática de este sistema debe tenerse en cuenta que estos métodos para infundir miedo se ponen al descubierto como mecanismo para perpetuar un poder. A través del sobresalto que vive la persona surge de la desconfianza de todos los miembros de la sociedad y la duda de que puedan colaborar con los tenebrosos artificios represivos del estado.

Estos temores hacen del hombre una marioneta y a la ves un satélite de la mentira, de la miseria, y hasta de la locura. En el desenfrenado afán del sistema socialista por mantener su control. Esto ha provocado que en Cuba se debilite todo al no aparecer con el paso de los años una opción concreta que derive en un progreso material que favorezca al pueblo. El miedo es el factor que ha hecho perdurar al sistema político cubano. La falta de una cultura y el aislamiento, la desinformación que se tiene del mundo y de la democracia, limitan el avance hacia nuevas formas de poder. El pueblo no tiene claro cual debe ser su destino, y se sume por la incertidumbre en la pasividad. Estos fundamentos son sensibles para que en un enfoque direccional los gobernantes estimulen la inseguridad y el temor a un cambio al modelo actual. Por ello el poderoso aparato propagandístico del estado cubano se empeña en divulgar, con criticas mordaces , a los proyectos de algunos gobiernos de América Latina, al neoliberalismo, la globalizacion, así como al "desastre" de los países de la Europa del este. En lo interno se infunde miedo al intentar demostrar que la oposición esta compuesta por contrarrevolucionarios al servicio de los Estados Unidos lo que facilita la interpretación como espía de la C I A, asesinos, terroristas, y antisociales de la peor calaña.

Por otra parte se presenta a los gobiernos anteriores al año 59 como seudo- republicanos hiperbolizando los vicios, lacras y las deficiencias de aquella sociedad, que aun esta cerca en el recuerdo de muchas personas. A los que no conocieron aquel pasado se le crea la duda sobre que seria lo mejor para el país.

En Cuba se han cometido y se cometen a diario violaciones de todo tipo. La víctima al no tener marco legal para exigir derecho, se preña de una impotencia interior que evoluciona en odio. La conciencia de esta injusticia origina animadversión, que tiene sus bases en la pobreza y perversidad de los que impulsan un orden social sin responsabilidad y conducen al hombre al hechizo de la inmoralidad, lo vulgar y a la falta de comprensión humana.

El cubano a pesar de su manifiesta inmovilidad actual, no deja de ser un hombre noble, bondadoso, optimista y emprendedor. Estos elementos de su psicología lo ha hecho presa del engaño, al ser cautivo de una falsa confianza en una esperanzadora prosperidad ante los conceptos timbrados de humanidad, solidaridad y hermandad de que hace gala el sistema. La pobreza cultural de una parte importante de la población ha dormitado el deseo de independencia autoridad y libertad de la gran mayoría y ha creado una gran uniformidad que ha provisto de escasez e inseguridad interior al pueblo y paralizado su acción .

La inconformidad del pueblo es conocida por el propio gobierno, pero de ella hace también un manejo psicológico al intentar y de hecho lograr convocar al individuo a un compromiso que bien puede estar dado por el falso concepto de patriotismo que se esgrime.

Por otra parte culpa a Estados Unidos de nuestros males y presenta a esta nación como una amenaza segura. El pueblo se lamenta pero lo expresa en un reducido espacio o en el hogar donde no puede ser reconocida ni censurada por represión alguna, busca el anonimato de su opinión porque sabe el nivel de respuesta que esta pudiera provocar en otros individuos que aún compartiendo sus puntos de vista el medio los obliga a una manifestación diferente ante un debate publico. El estado de Cuba es todo.

Rotman Stanley ha considerado en su estudio sobre "La espiral del silencio" que " el relativo poder de la mayoría y la minoría durante una controversia es percibido por la población de forma distorsionada, es decir en la dirección del punto de vista de los medios dominantes ( ignorancia pluralística )". Este ejemplo indica como se reducen las opiniones de los cubanos inconformes que saben que el hablar los lleva al aislamiento ya la marginación. La falta de un conocimiento amplio sobre las particularidades de luchar en el marco de la legalidad es un sinónimo de miedo, apatía, y una manifestación de incultura política. La inconformidad no es manifiesta públicamente en el aspecto real de las cosas es decir ningún individuo con sentido de responsabilidad acusa ante el "homo publico" a la máxima dirección del país y al sistema dominante. En el analice de su inconformidad las personas buscan a un culpable inmediato que este cerca de sus cotidianeidades que puede ser cualquiera que detente una posibilidad de solución a su problema.

La indiferencia puede ser útil cuando se orienta al debilitamiento del estado absolutista mediante una posición ingenua que se introduzca en las entrañas del propio sistema. Este importante factor no ha sido explotado y tiene su valor de crédito en la medida que desde una posición disidente se insista en utilizar una postura racional que promueva dialogo, discusión y respuestas. Reconocer que al cubano le falta algo esencial es importante porque da una clara idea de lo que esto puede significar o desencadenar cuando se gane el espacio del valor y la dignidad.

El miedo que hoy se percibe en el país se acompaña de odio. Es peligroso que en el cubano exista la ausencia de amor, humanidad, fraternidad y solidaridad. De ese modo no será posible ganar los corazones de los que se necesitan para incorporarse al camino de la verdad. El odio es pobreza del espíritu y secases de inteligencia es la negación de la capacidad de la persona de perdonar y de amar. Miedo y odio dan lugar a la revancha y al resentimiento a la actuación desmedidas por pasiones ciegas y pueriles que pueden originar comportamientos crueles e inhumanos.

El temor se manifiesta de muchas formas. Existe uno al que llamo sensorial es el miedo ha sentirse traicionado por su propio sentido especial porque puede provocarse por muchas razones. El oído, al escuchar lo que no debía, y por ello la persona puede ser detenida para saber que escuchó, los ojos, pueden observar algo que no debían ver y por esta razón la persona puede ser interrogada por varias horas, para que las autoridades sepan que vio. Estos órganos de los sentidos pueden convocar a la indiscreción generando temor y represalias.

Es necesario curarse del miedo. El primer paso es que cada cubano viva su propia libertad individual. Esto conlleva a la creación ética de un sistema de defensa en las personas inmersas en la búsqueda de un proyecto humano de vida . Cuando se logra se manifiesta el descubrimiento y una paz interna que dignifica y promueve la felicidad, al comenzarse a vivir en el marco existencial de la verdad, esto solo se puede alcanzar renunciando a la mentira. El miedo es una angustiosa enfermedad, vivir con ella es difícil porque el hombre sin darse cuenta niega a su condición de antiguo transformador de la sociedad , eliminando los miedos será posible andar con mayor rapidez por los caminos de la democracia hacer uso de la verdad, libera , pero a la ves puede confinar. Por tanto la postura cívica que se debe asumir será defenderlos valores de la nación no atacando a los hombres , sino al sistema de forma tal que se genere una sociedad y una Cuba nueva con posibilidades de participación para todos. FIN

Copyright © 1999 - Humberto Colás Castillo


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