8. La dignidad personal y el diálogo. - (Audio) - Personal dignity and dialogue.

Si todas las personas somos iguales y valemos lo mismo, precisamente porque todos somos personas, entonces todos tenemos la misma dignidad de personas. Nadie es superior a nadie. Nadie es inferior a nadie. No puede haber ningún elemento exterior a la persona, como nacionalidad, etnia, raza, color de la piel, nivel de educación, profesión, cualidades o habilidades particulares, grado de inteligencia o de cultura, etc., que constituya una fuente de división entre las personas o desvalorice a alguna de ellas frente a las otras.

Todos valemos lo mismo. Todos tenemos la misma dignidad de personas. Esto es fundamental en las relaciones humanas. Todos tenemos que tratarnos, pues de modo igual. No puedo tratar mejor a esta persona sobre la otra por una de esas motivaciones que son equivocadas.

Puede haber diferencias entre las personas, por razón de algunas de esas manifestaciones anteriormente enunciadas. Pero ninguna será suficiente para restar valor a la otra persona o pensar que ésta es superior a aquélla o viceversa.

Por otro lado, se deben respetar las opiniones y expresiones de los demás, atendiendo a ese respeto mutuo que nos debemos unos a otros.

Y cuando haya diferencias en las opiniones, la única manera civilizada de llegar a un consenso o a un entendimiento mínimo, es el diálogo. O sea, yo te oigo y te escucho a ti, y trato de entender por qué tú piensas así.

Y tú me oyes y me escuchas a mí, y tratas de entender por qué yo pienso así. Ese es el verdadero diálogo. Si yo trato de imponer mi modo de pensar, ya me estoy considerando superior a la otra persona y creo que pienso mejor que ella. Si sé escuchar atenta y humildemente y cada uno hace lo mismo, podemos encontrar un punto común o enriquecernos con una idea que no habíamos percibido antes. Y llegará un momento en que ya estaremos más cerca uno de otro.

Para poder participar en un diálogo eficaz y fructífero hace falta, pues una fuerte dosis de sencillez, prudencia y humildad, además del respeto a la otra persona, y el saber escuchar con seriedad y paciencia al otro.

Si todos en el mundo supiéramos dialogar así, el mundo sería diferente.

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8. Personal Dignity and Dialogue.
If all persons are equal and worth the same, precisely because we are all human beings, then we all have the same dignity as human beings. No one is superior to the other. No one is inferior to another. There cannot be an external factor between persons, such as nationality, ethnicity, race, skin color, educational level, profession, qualities or particular abilities, level of intelligence or culture, etc. that can constitute a source of division between persons, or devalues some in comparison to others.

We are all worth the same. We all posses the same dignity as persons. This is fundamental in human relations. We have to treat each other equally. I cannot treat one person better than another because of one of those motivations – it is wrong.

There can be differences between persons, because of one of those already enunciated external factors. None is sufficient, however, to subtract value to another person or to think that this one is superior to that one, or vice versa.

On the other hand, we should respect the opinions and expressions of the rest; attending to the mutual respect we owe each other.

And when there are differences of opinions, the only civilized way of arriving at a consensus or a minimum understanding, is through dialogue. In other word, I hear you and listen to you, and try to understand why you think in that way.

Then you hear me and listen to me, and you try to understand why I think this way. That is the true dialogue. If I try to impose my way of thinking, I am considering myself superior to the other person and believe that I can think better that he (or she). If I know how to listen attentively and with humility, and we all do the same, we can find a common point or enrich ourselves with a new idea which we had not perceived before. And the moment will arrive that we will become closer to one another.

In order to participate in an effective and fruitful dialogue, we require strong doses of simplicity, prudence and humility, the respect owed to the other person must be present, and we must know how to listen to the other with seriousness and patience.

If everyone in the world would learn to dialogue in such a way, the world would be different.


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