El Kotel Hamaärabí (Parte II)... Besar y Abrazar sus Piedras

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Introducción



    El Kótel Hamaärabí, denominado por otras naciones como el Muro de los Lamentos… Mucha gente suele visitar el sitio donde está el Kótel Hamaärabí, accede al Muro propiamente dicho y -quizá debido la emoción- reacciona abrazando y/o besando las piedras que están a su alcance… y algunos hasta –incluso- insertando sus manos o dedos en los bordes de las mismas, asiéndose de éstas…, y en ocasiones, llegando a retirar alguna que otra piedra o piedrita inmersa en dichas rendijas.

Hasta ahora, ya se ha investigado y expuesto el resultado de una Primera Parte (Vaibárej David, "El Kotel Hamaärabí... ¿Se puede entrar y transitar allí?") de estos objetivos, en el que se ha concluido que  es permitido entrar, acceder y transitar el área por donde se encuentra la fachada externa del Kótel Hamaärabí. Asimismo ha quedado claro que, incluso en nuestros días, muchas de las áreas donde estuvieron construidos e instalados los Templos Sagrados, continúan con su Santidad…

Como preludio, es necesario identificar y definir el nivel de Santidad que ha quedado en las piedras que componen al Kótel Hamaärabí… 

Esta figura emula una vista aérea de los límites del Templo. Se puede observar que más externamente se encuentra el Kotel Hamaärabí o Muro del Har Habayit (en el dibujo aparece en el margen inferior). Más internamente se puede identificar el Kótel de la Äzará. Ya demostramos que éste último no es el conocido por todos como "Kótel Hamaärabí". 

A sabiendas que esta Pared Occidental corresponde al Muro del Har Habayit (y que lo que está detrás de éste es Har Habayit, área –de seguro- sagrada con restricción para su acceso), es necesario calificar el estatus de la Santidad del Muro propiamente dicho. En este sentido se desarrollará el presente proyecto, el cual convergerá determinando si, en definitiva, es permitido besar, abrazar la piedras del Kótel Hamaärabí, y si sería permisible colocar manos y dedos adentro de las cavidades que se encuentran entre las piedras de este Muro; y, más todavía, se podrá despejar la incógnita sobre si es permitido insertar papeles, en dichas cavidades y hendiduras.

 


Preguntas


¿Es permitido tocar, abrazar y besar las piedras del Kótel Hamaärabí?

¿Se permite extraer piedritas que pertenecen a esta Pared?

¿Es correcto introducir las dedos en las cavidades, ranuras o bordes de las piedras del Kótel Hamaärabí?

¿Las cavidades del Muro pertenecen a la fachada externa del muro o pertenecen al Har Habayit o sector interno (detrás) del Muro?

 

Preludio a la Segunda Parte

Una vez que se ha comprendido que no hay una restricción fundamental de Santidad en el acceso al área que antecede al Kótel Hamaärabí, se pasará a investigar el estatus de Santidad del Muro propiamente dicho, a sabiendas que el Kótel Hamaärabí es el límite o frontera del Har Habayit, área que se encuentra detrás del Kótel Hamaärabí la cual sí tiene Santidad.

Para satisfacer este objetivo, es necesario identificar y definir el nivel de Santidad que ha quedado en las piedras que componen al Kótel Hamaärabí… Técnicamente habrá que dos propiedades o características de las que dependerá principalmente la respuesta:

A.  Si el grueso de la pared del Kótel Hamaärabí contiene la misma Santidad que la del área limitada por dicho Muro.


B.   En caso afirmativo, ¿acaso una inserción parcial o de cualquier parte del cuerpo humano es equivalente a haberse introducido completamente en un área de Santidad?




Argumentos para la Segunda Parte


El grueso de la pared

 

En el Libro Ha_Mishkenot Abir Yaäcob, está registrado, que, en Maséjet Tamid (Pérek 1) dice que el “Har Habayit” (el “Monte del Templo”) fue santificado…, y explica el autor del libro que esa santificación abarcó incluso a las piedras del Muro que lo limita (Kótel Hamaärabí). 

Por consiguiente, tomando en cuenta que el ingreso parcial, por más mínimo que fuere, se considera entrar, entonces: si una persona insertare sus manos adentro de cualquiera de los bordes de las piedras del Kótel Hamaärabí, se consideraría como si ingresó a la santidad del Har Habayit contenida en dichas piedras. El autor de este libro dice que él mismo advertía a la gente que no introdujera sus manos en los bordes o ranuras de las piedrasLes aconsejaba que –si lo deseaban- se quedaran parados cerca del Kótel, pero les advertía no usar sus manos para hacer contacto encima y entre las piedras…

 

Inserción parcial

 

En el Kóbetz Noam (Tomo 11, Pag 58) está escrito que, cuando el Rab Yitzjak Zeeb Soloveichik (de Brisk) escuchó que había gente que introduce sus manos en las ranuras de las piedras del Kótel Hamaärabí, reaccionó estremeciéndose;  asimismo, exclamó que “hay una prohibición de la Torá que advierte sobre no allegarse, aunque sea, en un mínimo (a los lugares Sagrados)”, en este caso, introduciendo sus manos –aunque sea un poco- en el Kótel Hamaärabí.  Asimismo, el libro Mikdash Mélej (pag. 130) prohíbe insertar las manos en las cavidades (bordes, ranuras, hendiduras u orificios) del Kótel Hamaärabí

 

Incursión mínima

 

El Abné Nézer (Y.D., Jélek 2, Cap. 450) reportó que le llegó una carta de un sabio llamado Rab Mësheel, quien le interrogó cómo decidir ante una duda generada por una discusión entre los sabios de aquella época en Yerushalayim, sobre si se podía introducir las manos adentro de las piedras del Kótel Hamaärabí… 


El Rab Mësheel justificó su pregunta, en base al Talmud en Zebajim (32:2):  “una incursión, aunque sea mínima, se considera como si hubiera entrado taxativamente (aunque haya insertado sólo la mano y no su cuerpo o su mayoría)”. Por consiguiente, será prohibido realizar, aunque sea esta introducción digital adentro de las hendiduras y demás espacios del muro. (N.E. Esto significaría que sólo si una persona se hubiese sumergido en el Mikvé y posteriormente esperado a que el sol de ese día se pusiera, entonces, podrá insertar su mano en estas piedras en forma permitida, bajo este perfil).

 

{A1}

 

Hasta el centro de la tierra

 

El Talmud (Zebajim, 24:1) dice que David Hamélej, cuando santificó la Äzará, alcanzó el Tehom (el estrato más subterráneamente profundo de globo terráqueo. De esta manera, se podría comprender que existen casos en los que la Santidad fijada en ciertos lugares, puede penetrar y alcanzar una amplitud intensa…


 

Ventana y Grosor

 

La Mishná (Pesajim, 85:2) dice que las ventanas (de grosor considerable) y el grueso de la Muralla se consideran como “adentro” (como si fueran parte del área interna de la Muralla). 

Siendo así, sería una prueba contundente e indiscutible de que haya que abstenerse de insertar las manos adentro de las hendiduras o cavidades que separan las piedras del Kótel, debido a que la Mishná indicó que tienen la misma santidad del área interna que está detrás del Muro... Y así opinó el Abné Nézer

 

Diversidad según el área

 

Pero, si se escudriña bien, en la siguiente página (Pesajim, 86:1), el Talmud se refiere a este Muro como “el Muro de la Äzará”… 

Por consiguiente, la contundencia de esta prueba se pone en duda debido a que, si bien este fenómeno de santidad se extendió en el grueso del Muro de la Äzará y en sus ventanas (y quizá haya sido debido a una propiedad que tiene la Äzará que no tienen áreas de menor santidad), por otro lado, no necesariamente deba ser igualmente característico esto también en un Muro de menor Santidad como lo es el Kótel Hamaärabí, el cual, como ya se dedujo aquí, es la Pared del Monte del Templo o Har Habayit.

 

RASH”I

 

Pero, contrariamente a esto, cuando RASH”I explicó la Mishná, había dicho que se refería a la Muralla de Yerushalayim. Por consiguiente, según RASH”I aparenta ser que si la Muralla de Yerushalayim tiene la misma santidad que su área interna, sí sería lógico deducir que la Muralla del Har Habayit también tenga esta característica que equipara la santidad de las ventanas y grueso de este muro con su área interna del Har Habayit.

 

 

{A2}

Amá Traksín

 

En el Talmud (Yomá, 52:1) dice que había una “Amá Traksín” por donde se entraba para tener acceso a las Tablas de la Ley (Lujot Haberit)


Esta pequeña área (“Amá Traksín”) contiene dos cortinas que antecedían al Kódesh Hakodashim… Estaban separadas –el espacio entre una de otra- en una medida de una Amá (48 cm.), y estaban dispuestas de tal forma que servían como pared y, al mismo tiempo, como pasillo de entrada al lugar máxime de santidad. 

La Guemará, a pesar de estar de un lugar adyacente al de un máximo de santidad, como lo es el Kódesh Hakodashim, “tuvo duda sobre cuál sería el estatus de santidad de las cortinas conjuntamente con el espacio que hay entre ambas (cortinas)”. Si se tuviera que –de esto- deducir (en forma puntual) cuál es la Ley sobre las demás paredes (grosor y ventanas), se podría deducir que: (a) prevalece esta misma duda o (b) se disiparía (esta duda para los demás casos de menor santidad) por completo a favor de que sí haya diferencia entre la Santidad del área interna y la Santidad del grosor de su delimitador (por ejemplo, su muro).

 

{A3}

Portón franco

 

 En el Talmud Yerushalmi (Maséjet Pesajim, Pérek 7, Halajá 12) dice que había un Portón de la ciudad de Yerushalayim que era el seleccionado para abordar a los Metzoraím que necesitaran protegerse de los rayos del sol o de la lluvia, cuando estaban caminando por afuera.

Dado que los Metzoraím están impuros, por este motivo, no pueden entrar a la ciudad de Yerushalayim… Asimismo, la Ley se extendió incluyendo esta advertencia al espacio aéreo que había debajo de cada dintel de las entradas a Yerushalayim, con excepción de una sola. Por este motivo, los Sabios dejaron un solo Portón irrestricto desde este punto de vista, con el objetivo de no dejar que (los Metzoraím que caminan bajo la lluvia o sol intenso) se queden sin protección alguna.

Tomando en consideración que la totalidad de las murallas de Yerushalayim (con una sola excepción) sí tenían esta característica de contener la misma Santidad de la Ciudad a la que delimitaban: se deduce que este mismo efecto se podría encontrar en cualquier otro tipo de muralla más interna, como muy bien podría ser la Muralla del Har Habayit, entre los que destaca el Kótel Hamaärabí. Siendo así, no ha de extrañar que se le haya adjudicado la misma Santidad a este Muro (límite del Har Habayit) que la del área protegida por éste (Har Habayit propiamente dicha).

 

{B}

Santidad y Alcance proporcionales

 

Volviendo al tema sobre la inserción de una mano al lugares Sagrados, si bien el Rab Mi Brisk y otros Poskim encabezaron la lista de aquellos que sostienen que la mínima inserción de una parte del cuerpo es equivalente a la entrada de todo el cuerpo, por otro lado, está registrada una lista de Poskim, encabezada por el Abné Nézer, que disciernen de este punto de vista y dicen que todo lo que se dijo que una entrada parcial del cuerpo es como si fuera una entrada del cuerpo completo, se refiere únicamente al área de la Äzará, y no al Har Habayit.

 

 

Pruebas prácticas

{A & B}

Papeles en el Kótel

 

Una prueba en favor de permitir (introducir las manos en las ranuras o hendiduras del Kótel) la trae el Rab Abraham Falag’y, mentando al Or Hajayim Hakadosh… 

Dijo que, en una ocasión, el Or Hajayim envió a un alumno con un papel, para que lo insertara en el borde o cavidad de entre las piedras del Kótel Hamaärabí, con el objetivo de pedir por el sustento y beneficiar al mismo alumno encomendado para dicha misión. Pero, en el camino, ocurrió que sopló un viento tan fuerte, que este alumno no pudo contener el papel que tenía en la mano, y se le desprendió hasta desaparecer de su campo visual. Después de unos años que no lo encontraba, alguien encontró el extraviado papel, y reportó lo que ahí estaba escrito por el Or Hajayim Hakadosh. 


Así decía el mensaje dirigido a la Presencia Divina: “Ajotí, Raäyatí, Yonatí, Tamatí… Por favor ¡mándale sustento a fulano de tal!”. En otra ocasión, se volvió a repetir la encomienda del Or Hajayim Hakadosh, esta vez, con un beneficiario distinto, y éste papel sí llegó a destino… No pasó mucho tiempo, y el que insertó el papel se hizo rico…

 

MAHARI”L Diskin

 

Por consiguiente, según estas anécdotas, considerando que el impulsor de la inserción de papeles registrado como precursor de este hábito es el Or Hajayim Hakadosh, habría en quién basarse para imitar esta acción… Y así es la opinión del autor del libro Har Hakódesh, así como también lo es la del Rab Shelomó Zalman Aüerbach, aunque él personalmente evitaba acercarse mucho al Kótel Hamaärabí. En cuanto al MAHARI”L Diskin, su posición, al principio de su investigación, era que no se debía introducir las manos en las piedras del Kótel, pero, después de mucho indagar, llegó a la conclusión de que es permitido allegarse a las piedras del Kótel, debido a que la introducción de una minoría del cuerpo en el interior del lugar santo no se considera como introducción (corporal halájicamente hablando).

 

Conclusión


    Tomando en consideración que cupo la duda entre un grupo de Poskim sobre si la Santidad del Har Habayit no incluyó a todo el grosor de la Muralla del Kótel Hamaärabí o sí…

Considerando que también no es seguro que la inserción de la mano en el interior de los bordes de sus piedras (que componen el Muro del Kótel Hamaärabí) sea equivalente halájicamente a haber ingresado completamente al área de Santidad (protegida por el Muro) del Har Habayit

Considerando que no es seguro tampoco que la altura a la que se encuentra el actual acceso al Kótel Hamaärabí sea equivalente a la Santidad que hay había en el área de acceso original (ubicado hoy en día en el subsuelo)

La conclusión es que, en un principio, está permitido y es legítimo (Meïkar Haddín) tocar, besar, abrazar, introducir las manos en las hendiduras, orificios, e incluso adentro de las ranuras y cavidades que se encuentran entre cada piedra y piedra del Kótel Hamaärabí.

No obstante, la persona deberá muy seriamente cuidarse no apoyar libros, o apoyar su cuerpo en dichas piedras para descansar o estar más cómodo. Con mucho más razón, no se deberá usar las piedras del Kótel como apoyador para los pies.

Aunque no haya estado incluido en el desarrollo de este tema, cabe acotar que sobre el tema de extraer piedras del Kótel Hamaärabí, que es un tema delicado, y la persona no debería extraerlas; con más razón no sacarlas del área a la que pertenece, y, con mucho más razón no llevárselas hacia las afueras de la Tierra de Yisrael.


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