Num. 249 ¿Puede un hombre usar un elevador en presencia única de una mujer?


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Introducción


 Un hombre llega al edificio donde se encuentra su oficina. Una vez adentro, espera a que llegue el ascensor… Pero, ocurre que él no está solo, sino que hay una mujer también esperando por el mismo ascensor. El ascensor llega…, y el hombre le sobreviene una duda sobre si entrar al ascensor le acarrearía un riesgo de traspasar la prohibición de “Yijud” (de estar a solas con una mujer) o no. Por un lado, el ascensor es de uso público, además que el tiempo que dura su servicio para cada solicitud suele ser limitado y, en muchas ocasiones, muy breve. Pero, por otro lado, no deja de llamarse que se encuentra a solas dicha mujer… Además, quién sabe lo que pueda ocurrirle al ascensor que extienda aún más el tiempo de este escenario. Esta interrogante sería adaptable también a un caso en que, en vez de que sea una la mujer que suba con ese hombre, sean dos.

Pregunta

 

¿Es permitido subir solo en ascensor con presencia única de una mujer?¿Y si son dos mujeres?

 

Limitaciones

Esta investigación está limitada a casos en que los ascensores carezcan de cámaras.

No se tratará directamente el caso en que haya varias personas en el ascensor (hombres y mujeres), y, en la trayectoria, vayan desembarcando hasta quedarse solos, un hombre y una mujer.

 

Argumentos

 Entre los pasos que se necesitan dar para lograr el objetivo de esta temática, está la necesidad de recapitular cuánto es el máximo de tiempo que una persona tiene permitido estar a solas con una mujer, y no trasgredir la prohibición de Yijud.

 

Tiempo de activación del “Yijud”

 

Ante todo, es necesario saber que la prohibición de Yijud está ligada a disipar la probabilidad de que un hombre y una mujer lleguen promiscuamente a relacionarse. Por lo tanto, el tiempo de activación de la prohibición de Yijud vendría expresado proporcionalmente al tiempo al que está capacitado un hombre para relacionarse íntimamente con su mujer. Aunque el tiempo para que se considere “Yijud” no fue expresado directamente por el Talmud, no obstante, sí expresó tiempos en asuntos inherentes al tema, lo cual pudieran dotarlo de un acercamiento informativo satisfactorio, como se verá a continuación.

 

La mujer “Sotá”


Maséjet Sotá (Hoja 4) diserta sobre una advertencia llamada “Setirá”, que consiste en prohibir a una mujer que se encierre en un sitio a solas con un hombre, y más aún, cuando ya se le había solicitado, por parte de su marido, que no tuviera ningún encuentro con ese hombre. En el caso en que dos testigos hayan percibido este episodio, se calificaría a esta mujer con “Sotá”, y, en la actualidad, la sentencia es el divorcio. El Talmud (Idem) disertó sobre cuál es la cantidad de tiempo mínimo que tuvo que pasar encerrada la mujer con aquel hombre, para que se califique su acción como “Setirá”. Respondieron los Amoraim con la expresión “Kedé Tum-á” (el tiempo que necesita concretarse el acto promiscuo). El Talmud tuvo que recurrir a recopilar varias opiniones para identificar, bajo variables conocidas, a cuánto tiempo se refiere Kedé Tumá… Hay quien opina que es equivalente al tiempo que se tarda una persona en servir una copa de vino, y hay quien sostiene que es el tiempo que tarda una persona en cocinar (asado) un huevo de gallina y tragárselo.


En el Shulján Äruj (E.H, 178:4) dice que el tiempo de un Setirá es el equivalente a lo que tarda una persona en asar un huevo y comérselo.

Por consiguiente, si un individuo entra en un ascensor y queda encerrado –allí, con una mujer, a solas- durante “la cantidad de tiempo equivalente al asado y consumo de un huevo”, entonces, estará traspasando la prohibición de Yijud.

 

Tiempo de reloj

 

Pero, si bien se conoce la conclusión del Shulján Äruj sobre esta medida tiempo, todavía quedaría un paso más que corresponde a pasar esa medida a una medida precisa para la comprensión actual de las medidas horarias expresadas en segundos, minutos, u horas. Para ello, se expondrá el resultado de la representación de las respuestas de diferentes autoridades rabínicas pertinentes al tema:

·          En el libro Deber Halajá (Sección Hosafot Jadashot) determina que si quisiéramos traducir esta medida de tiempo en segundos, sería equivalente a 35 segundos.

·          A través del libro Torat Hayijud, dice su autor que le preguntaron al Rab Elyáshib, y respondió “un minuto”.

·          Le formularon esta misma pregunta al Rab Yitzjak Yaäcob Weiss, y registró su respuesta en su SHU”T Minjat Yitzjak (Jélek 4, Pérek 94) diciendo que, a él, le parecía que son cinco minutos. 

Por consiguiente, de ser ésta la acertada guía para determinar el tiempo que un hombre puede estar solo con una mujer encerrado, entonces, en el caso del ascensor sería cuestión de medir el tiempo que tarda en llegar el ascensor (desde que quedan solos, el hombre y la mujer que ingresaron en el mismo) hasta el piso marcado. Este tiempo se ha de cotejar con la discusión entre los Posekim y esa sería la guía… Y todo esto sería así, a menos que ocurra pesimistamente un retraso en el funcionamiento del elevador u optimistamente que se abra el elevador prematuramente en un piso intermedio mientras llega al piso prenotado.

 

 

Omisión en el tiempo de Yijud

 

Como se dijo antes, el Talmud no habló de una medida de tiempo mínima específica con la cual se trasgrede la prohibición de Yijud… Y, quizá, esta omisión deba apuntar a señalar como válida a la medida de tiempo más brevemente imaginable, como por ejemplo, un segundo. Si bien muchas prohibiciones que dependen de medidas son expresadas por el Talmud con una cantidad o cualidad métrica, ya sea en peso, volumen, capacidad y/o tiempo,  en este caso de Yijud, el Talmud lo omitió…, lo que quiere decir que es muy probable que el Talmud haya sido exigente a la hora de prohibir el Yijud, y, por lo tanto, no permite ni un segundo que un hombre esté solo con una mujer encerrado.

 

Pogromo en Yerushalayim

 

A través de la Mishná, en Maséjet Ketubot (27:2), está dicho que, en caso en que entraran gentiles a una ciudad y se llevaran a las mujeres judías y las pusieran prisioneras, el estatus de estas mujeres -secuestradas y encerradas por aquellos forajidos gentiles- dependerá de lo siguiente:

·           Si la causa que los llevó a  secuestrar fue querer obtener dinero del rescate, entonces, se presume que no abusaron íntimamente de ellas, pues, este tipo de secuestradores supone que los hombres (de la comunidad judía) valoraran el secuestro en la medida en que las mujeres no hayan sido “tocadas”, y, por ello, no violan su integridad.

·           Pero, si la causa que los llevó a secuestrar es netamente perniciosa, entonces, las mujeres quedan prohibidas (pues es muy probable que haya abusado de ellas) en especial, para casarse con un Cohén, y, en algunas circunstancias con cualquier otro hombre de Yisrael.

 

El Juramento del Rab Zejaryá

 

El Talmud, más adelante (Ketubot, 27:2), continuó disertando sobre este tema, basado en que había ocurrido un suceso como éste recientemente, en el que secuestraron a mucha gente de la ciudad de Yerushalayim, hombres y mujeres, entre ellos Rabí Rab Zejaryá Ben Hakatzar y su esposa… Cuando fueron liberados, Rabí Zejaryá proclamó un juramento, registrado en la Mishná de esta página: “¡juro por el Mikdash, que no se separó ‘su mano de entre mis manos’, desde el momento en que los bárbaros entraron a la ciudad de Yerushalayim y los secuestraron hasta que se fueron!”. Los Sabios le dijeron: “una persona no sirve como testigo de sí mismo”. El Talmud narra que, aunque Rabí Zejaryá aseguraba que ella nunca podría haber sido acosada por ningún secuestrador, pues la mano de ella no se separó de él en ningún momento, no obstante, Rabí Zejaryá Ben Hakatzar prefirió reaccionar como si fuera que estaba prohibida para él. Por ello, el Talmud dijo así: “aunque fue así (según RASH”I, aunque los Sabios se la prohibieron -porque su condición de Cohén era susceptible a que se le prohibiera estar casado con ella-), no obstante, le asignó una casa especial (por aparte) para ella, ubicada en su mismo patio (no la separó como se haría con una divorciada común y corriente). Cuando ella salía del patio, salía a la vanguardia (cabeza) de sus hijos; y, cuando entraba, lo hacía a la retaguardia (después) de sus hijos”. Explica RASH”I que el motivo de que ella saliese de primero (antes que todos sus hijos), era para que –si se quedaba de última para salir de su casa- hiciera Yijud con el “exmarido” quien residía en ese mismo patio. Y la razón por la que entraba “de última” era para que no ocurriera que, al entrar de primera, hiciera Yijud con el exmarido antes de que empezaran a entrar los hijos. Para evitar el Yijud, se cuidaba Rabí Zejaryá B.H. en que nunca hubiese ni la más mínima estadía a solas en aquel patio.

De este pasaje talmúdico, quizá se pueda demostrar que, así como Rab Zejaryá Ben Hakatzar se cuidaba de no quedarse solo, ni siquiera por un instante y en un caso nada obvio como éste, entonces, con más razón, cuando se trate de un hombre que ha de entrar en un ascensor ocupado por una sola mujer, tendrá que ser cauto de no hacer Yijud ni siquiera por un segundo, es decir, no entrar allí en esa situación hasta que el elevador esté desocupado de mujeres, o lo haga acompañado de uno o más hombres.


 
Cohén y Taná

Empero, se podría alegar que, en el caso especial de Rabí Zejaryá Ben Hakatzar, la precaución sobre el Yijud fue acatada por él en forma extraordinaria, con más intensidad que lo que se requeriría (Midat Jasidut). Probablemente haya sido por su condición de Taná y autoridad rabínica, aunado a su condición de Cohén, tal y como lo comentara RASH”I (D.H. “Af Äl Pí”) quien dijo que los rabinos contemporáneos habían prohibido su cohabitación con su esposa, por su condición de Cohén… Por consiguiente, el dictamen halájico es que su mujer, en realidad, le era permitida; pero, en este caso, por ser Cohén, decidió imponerse el vallado de no cohabitar con ella, y, por consiguiente, anexó asimismo el vallado extraordinario de no hacer Yijud con ella. Siendo así, no se puede aprender, de un caso de conducta extraordinaria (Midat Jasidut) para generar aprendizaje de principios legales del Yijud (Ïkar Hadín).

 

Dice el texto del Shitá Mekubétzet, en nombre de los Gueonim, que Rabí Zejaryá estaba seguro que ningún gentil había abusado de ella. Pero, aun así, se alejó de ella, por medio de acciones tales como la entrada anticipada de los hijos al patio antes que entrara su “esposa”, y la salida de la esposa antes que sus hijos, cuando se dirigían hacia afuera del patio. Siendo así…, el autor del Minjat Yitzjak dedujo que, haberse cuidado hasta tal punto de no se despertar la menor sospecha de Yijud, fue una Midat Jasidut, una acción que sobrepasó los límites de este deber.

 

¿Yijud según RASH”I?

 

Pero, aun así, quedaría un argumento sin desmembrar… RASH”I justificó la precaución que hiciera Rabí Zejaryá B.H. con la expresión “para que ‘Lo yitYaJeDu’ (para no se queden solos)”. Al valerse de este verbo, deja evidencia de que la legitimidad de su reacción y determinación esté basada en la Ley del Yijud, y no únicamente en Midat Jasidut.

Por otro lado, aun considerando el caso de Rabí Zejaryá Ben Hakatzar y sus precauciones correspondientes como un caso de “Yijud”, todavía se podría alegar que el caso del ascensor luzca indulgente en comparación a aquél. En el caso del Talmud (Idem), el dueño de casa o patio tiene la potestad sobre el manejo de la puerta y cerradura de la misma, y, por lo tanto, de quien entre y quien salga, factor determinante y típico del “Yijud” convencional; pero, esto no sucede en un ascensor, cuyas puertas no son controladas, al menos en su totalidad, por el usuario del mismo, y, en cualquier momento se podría frenar y abrir el ascensor durante la trayectoria del mismo y aparecerse una o más personas… Esta posibilidad debilita el móvil que llevaría a tener que ser cauto por “Yijud” en un ascensor. En otras palabras, toda vez que se dependa de una acción del hombre o la mujer implicados en el “encierre a solas” para abrir el acceso de otros a la misma, se comprende que hable de la prohibición de Yijud, pero, cuando el hombre y la mujer encerrados no pueden controlar la sorpresiva apertura de la puerta del lugar y visión ajena hacia donde se encuentran ambos, se desmembraría la base de un escenario de Yijud, y sería permitido montarse en un ascensor donde haya una mujer sola allí y viceversa.

 

Motivos análogos

 

Pudor

 

El Talmud (Taänit, 23:2) narra una anécdota que ocurrió a Abá Jilkiyá, quien recibió la visita de los Sabios que demandaban de él para ayudar, con favor del Todopoderoso, a que haya lluvia. Lo encontraron en un campo, en medio de su trabajo… Los Sabios aguardaron hasta que terminó su trabajo y lo acompañaron durante todo el camino de vuelta a su casa. Ya casi llegando a la casa, Abá Jilkiyá divisa a su esposa, y al encuentro con ella, le pide que entre ella primero a la casa, para que luego entre él, y posteriormente los Sabios que le seguían. Los Sabios le preguntaron el por qué de su actitud de caminar detrás de su esposa y dejarlos -a ellos- atrás, a sabiendas que hay una Guemará (Berajot 61) que dice que es prohibido caminar detrás de un mujer, aunque se trate de su esposa. Les respondió que, en este caso, estaba justificado pues él no “conocía” a los invitados que estaba ingresando…, y, para proteger a su familiar de este riesgo, ingreso a su esposa de primero. RASH”I explica que, cuando les dijo que los “desconocía”, se refirió al estatus moral de los visitantes “yo no sé si ustedes son (moralmente) Kesherim (castos) o Perutzim (incontinentes)”.

Y siguió explicando que está escrito (Maséjet Dérej Eretz, Pérek 5): “que toda persona que llegue a tu casa, y no lo conozcas, debes respetarlo pero sospecha que pueda ser un ladrón. En general, por todo persona que no conozcas, sospecha que sea un ladrón”. Por cierto, el Talmud cuenta una anécdota sobre Rabí Yehoshúä, quien recibió a una persona desconocida en su casa, y siguió esta recomendación. Lo dio respeto, alimento y albergue, pero también sospechó de él, y, cuando lo ubicó en su alcoba, le asignó en lo alto de una litera, a la que le suprimió, en medio de la noche, la escalera que servía para salir de la litera en forma cómoda, con el objetivo que no se escapara el invitado en caso de tramar una posible fechoría. Finalmente el invitado sufrió un percance en el intento por querer salir de la “cama”, pues no se dio cuenta que faltaba la escalera, y cayó al suelo desde la altura de su litera…

 

Control de acceso

 

Volviendo al tema, Abá Jilkiyá alegó que tenía que descartar el riesgo de una conducta indecorosa por parte de los invitados, y, por ello, no dejó a su mujer entrando detrás de él y no se quedara ni un segundo al acceso de los hombres que le seguían. Y, muy a pesar de que era una cuestión de segundos que se habría de quedar la esposa en esta posición al caminar, decidió Abá Jilkiyá que era una falta de recato y pudor que su mujer quedara potencialmente al acceso de estas personas hombres, aunque no tuviera que ver nada con el tema e Yijud, pues es un lugar abierto cuyo acceso está bajo el control y presencia del esposo de la mujer, y, con todo y eso, había que ser cauto en este sentido.

 

¿Ética, consideración o vergüenza?

 

Dice, al final del Pérek 4 de Maséjet Dérej Éretz, que debe entrar primeramente el dueño de casa y luego el invitado… Y, cuando va salir de la casa, ¡que salga el invitado y luego el dueño de casa!

“Aparentemente” se podría inducir que el motivo por el cual entra primero y sale de ultimo el dueño de casa es para que la esposa no se queden nunca a solas con otro hombre, ni siquiera por un segundo, y se trasgreda la prohibición de Yijud. Pero, la realidad es que no hay una afirmación por parte del Talmud de que ese sea el motivo… Además, pudiera ser que el hombre debe entrar primero, antes que los invitados para verificar que la esposa esté bien arreglada y que no le agarre de sorpresa la entrada de gente al hogar; o quizá para verificar que la casa está acondicionada para recibir invitados y no pase vergüenza con ellos.

Por lo tanto, lo dicho por este Talmud y cualquier escenario en que la persona toma precaución de esta índole está sujeto a una evaluación particular y no necesariamente habría que asegurar que se trata de un caso de Yijud Halájico. No sólo eso… El MAHARSH”A (Maséjet Taänit, 3:1) dijo que, en base al Pérek Ha_Roé (Maséjet Berajot 61) registra “¡que no ande el hombre detrás de una mujer, aunque se trate de él y su mujer!”, se obtiene que la manera correcta de caminar, en este caso, es el hombre adelante, y, detrás, su mujer. Siendo así, calificó el MAHARSH”A que existe un tema relacionado al pudor (Tzeniüt) que consiste en que llegó hasta el punto de ser cautos en que ni siquiera un marido camine detrás de su mujer… Y si es así, dedujo el MAHARSH”A que, en el caso de Abá Jilkiyá, el motivo por el cual no deja que su mujer quede de último, es porque sería “indecoroso” (falta de pudor) si lo hubiera hecho.

A pesar de que se ha demostrado que no es por Yijud el concepto por el cual sería prohibido permanecer tiempos cortos solos con una mujer, no obstante, sí quedaría constancia que existen otros motivos (entre éstos, el pudor) que sean el móvil de una prohibición de estar a solas con una mujer, aunque sea en momentos extremadamente breves.

 

Botón de “STOP”

 

Es conocido que en muchos tipos de ascensor, tienen, entre sus botones de control, la instrucción de “STOP”. Con este mecanismo, cualquier persona a bordo de un ascensor tiene la capacidad de oprimirlo y frenarlo cuando o dejarlo fuera de funcionamiento cuando desee… Siendo así, subirse en un ascensor solo con una mujer acarrearía el riesgo de que a uno de los dos se le ocurra oprimir el botón de STOP, quedando más tiempo del expresado por la opinión más flexible en el tema de Yijud (ver atrás). En este caso, ¿por qué no prohibir, al hombre y a la mujer, subirse solos, en este tipo de ascensor, no vaya a ser que opriman dicho botón de STOP?

En respuesta a esto, dice el Rab Mijael Perets, a través de su libro Tzanúä Umaälé (pag. 121) dice que no hay riesgo de que oprima STOP… Para justificar esta afirmación, recordó que, en el caso en que un hombre se encuentre solo con una mujer en una casa, pero, la puerta de acceso a la casa está abierta, es permitido permanecer en la casa en estas condiciones, a pesar de que exista la factibilidad y capacidad de que el hombre cierre la puerta en cualquier momento: todo el tiempo que no se le haya ocurrido hacer esto, es permitido, y no se sospecha “por si acaso se le ocurriera”. Si es así, tampoco se ha de sospechar, en el caso del ascensor, “por si acaso obturará el botón de STOP en medio del trayecto de ambos”.

No obstante, se podría alegar que, si bien, en el caso de un hombre con una mujer en una casa con la puerta abierta, no se sospeche que el hombre vaya a cerrar, es porque “cerrar una puerta” es equivalente a realizar una acción empírica significativa que requiere de cierto nivel de descaro y esfuerzo; pero, en el caso del ascensor, no es así, pues el hombre no está ante una prueba de cerrar empíricamente una puerta, sino en únicamente “mantenerla cerrada por más tiempo”, o sea una “acción pasiva” que no requiere de gran esfuerzo y descaro por parte del hombre y mujer, en especial, cuando es solamente un botón lo que prorrogaría el estatus de clausura de la puerta.

 

Travesía

 

El MAHARSHA”L tocó un punto que consiste en resolver qué pasaría si un hombre tuviera que ir de viaje con una mujer, y eso implicaría en viajar ambos solos. En aquella época, los caminos eran más duraderos con medios de trasporte no tan sofisticados y públicos como los de ahora. Era posible tener que ir en caballo, camello o burro… Podría verse casos en los que una señora tuviera que salir de viaje y tener que hacerlo con la compañía de un hombre (por ejemplo, el dueño del medio de trasporte, o algún señor que también quisiera ir al mismo destino). Dijo el MAHARSHA”L que es prohibido que se recorra este camino a solas, un hombre con una mujer. Incluso en el caso en que la mujer vaya con su hijo pequeño, no se les permitirá a ellos viajar, pues se sospecha que la mujer distraiga al niño, y, mientras tanto, aproveche la distracción de su hijo para trasgredir con el hombre con el que viaja.

Si es así que existe un nivel de sospecha de que esta mujer dedique un espacio de tiempo para distraer al niño (acción activa), para que éste quede inhibido en este particular, y ella quede a solas completamente con el hombre y lleguen a promiscuidad…, asimismo se podría concluir que, en el caso del ascensor, con más razón, se sospecha de que uno de los dos oprima el STOP, pues este botón obedece –sin protesto- la voluntad de quien lo obtura y no hay que convencer a nadie para que se distraiga. De esta manera, sería más evidente afirmar que sea prohibido subirse a un ascensor a solas, un hombre y una mujer.

 

Viaje multifacético

 

Empero, se podría alegar que no se puede comparar el escenario de tomar un ascensor con el de realizar una travesía de larga duración. Los decretos de los Sabios están basados en múltiples factores que no son siempre captables y adaptables a otros casos de la vida. En este último caso, a pesar de andar acompañada de un niño…, cuando se realizar un viaje de esta índole, existen factores múltiples que califican a esta acción de viajar con un hombre, como un atrevimiento, pues, las necesidades, dificultades, y dilatación del viaje hacen que el pensamiento de la persona dé vueltas y vaya dándole chance al instinto del mal de la persona para influenciar y converger en una trasgresión en este sentido, en especial, cuando existen escenario y lugares que se puedan encontrar en el camino para llevar a cabo esta trasgresión. Y esto no necesariamente ocurre en una subida o bajada de ascensor cuya planificación, travesía, y situación lucen totalmente diferentes y no da tanto lugar a un instinto del mal para que pueda ponerse de manifiesto.

 

Voluntad para delinquir

 

En un caso similar, el Talmud, en otra sección dice que la sospecha no es que la mujer distraiga al niño sino que el niño quiera ir al baño, y, en el ínterin, la madre se quede a solas con el hombre y trasgreda. Si es así que se sospecha que el niño pueda ir al baño, ¿Por qué no sospechar en el caso del ascensor que el hombre o la mujer opriman el botón de STOP?

Quizá la respuesta deba ser la misma que se dio para la justificación anterior. El caso del viaje parte con sabor negativo, y se vislumbra una posibilidad poco lejana de que pueda pasar algo entre ambos, a diferencia del caso del ascensor. Además, la sospecha de que un niño vaya al baño es totalmente “a lugar”, pues no viene impulsada por una motivación promiscua o artificio malévolo, sino que es una acción que normalmente suele pasar, por ser una necesidad fisiológica normal y común entre los seres humanos; es decir, casi seguro que ocurrirá que el hombre y la mujer se queden solos sin nada ni nadie que los alerte. Pero, tocar un botón de STOP sí requiere de una realización de “pensamiento y acción” no natural, además de un acuerdo entre las partes, y no es algo que ocurrirá de seguro (y si alguno no está de acuerdo, gritará -por ejemplo-), por lo que no es seguro que se quiebre el alerta que mantiene en pie la vergüenza de los que abordan el ascensor.

 

Factibilidad de que se dé

 

El libro SHU”T Imré Esh (E.H., Simán 107) dice que el Yijud requiere de una medida de tiempo para que se active como prohibición. Y, por consiguiente, medidas como de un segundo no son suficientes para que se considere trasgresión de Yijud.

El autor del Nodä Byhudá (Mahadurá Teniná), E.H. Simán 160) también dice que si no hay suficiente tiempo de permanencia de un hombre y mujer solos en un lugar cerrado o aislado, no se considera nada, es decir, no hay trasgresión. Se desprende que el autor de este libro también está de acuerdo que para transgredir el Isur de Yijud el tiempo sea definitivo.

 

 Conclusión

Considerando que usar el ascensor es un tema que, en este particular, está rodeado de muchos factores, como, por ejemplo, el tiempo, el tránsito y uso que le da la gente al mismo, etc…, entonces, 

Si una persona es Jasid 

       

Si una persona es Jasid (persona que hace las Mitzvot y se aleja de las Prohibiciones, exigiéndose más de lo que la Ley toleraría), procurará siempre cuidarse de nunca subir o bajar con una mujer, a solas, por un ascensor.


Pero, si la persona se guía únicamente por el dictamen Halájico, entonces:

a.   Cuando se trate de un lugar público o muy transitado de gente, como por ejemplo, un centro comercial, clínica grande, edificio de muchos apartamentos,  aunque no sea transitado por demasiada gente, ya que se presume que el ascensor se pueda abrir en cualquier piso sin que sus ocupantes lo predigan o adviertan, será difícil prohibir a un hombre y a una mujer subir o bajar solos por estos ascensores.



b.       Pero, cuando se trate de lugares poco habitados y de muy baja afluencia de gente, habrá que ser cauto  de no subir con una mujer, a solas, por el ascensor, en especial, cuando ya la conoce (ej. una vecina). Por ejemplo, en caso de que ocurra que llega el ascensor sólo con una mujer, le puede indicar que él subirá más tarde.

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