Num. 245 Despertar al prójimo


Introducción

 

Ocurre, en ocasiones, que una persona busca un libro de Torá, o la llave del automóvil, su camisa nueva, un documento, y, al no encontrarlo, con el propósito de que alguien le ayude a buscar: despierta a un miembro de su hogar, compañero, etc… Esto mismo podría pasar en un caso en el que se requiera de los servicios o participación de un individuo para un Servicio Religioso Colectivo, Estudio, paseo, o cualquier otra ayuda por el estilo; el  o los interesados pudieran estar tentados a tomar la decisión de despertar a un prójimo con tal de lograr integrarlo en dichas empresas. Y podría ocurrir, en alguna que otra ocasión, que el requerimiento de despertar el prójimo, será solo por un tiempo corto o apenas un instante, como por ejemplo, responder una pregunta sobre el nombre de un Sabio de la Torá, de un número telefónico, etc… ¿Es tolerable esta actitud de despertar al prójimo por cualquier objetivo que se haya trazado?¿En cualquier situación?¿En la noche?¿En el día?¿Días laborales o vacaciones?¿Se consideraría despertar al prójimo como “robarle el sueño”?


 

Pregunta 

¿Es permitido despertar al prójimo sin que lo haya pedido?

 

Aclaratoria

El objetivo de esta investigación no girará alrededor del tema sobre si despertar a un padre y/o a una madre.

 

Argumentos

 

No pueden dormir

 

La Mishná, en Maséjet Babá Batrá (20:2), dice que una persona que ha instalado un Janut (Negocio) en el patio (común de un vecindario), se le puede protestar (tiene argumentos a favor para evitar el asunto), alegando que no se puede dormir a causa de los que entran y salen. Y, por lo tanto, tendrá el dueño de la tienda que clausurar la tienda.


Por lo tanto, se corrobora que aparentemente es prohibido despertar a alguien, e incluso evitar que una persona “agarre” el sueño, a tal punto, que se le puede clausurar un negocio a una tienda que esté causando dicha incomodidad a los vecinos.

La Mishná sigue, esta vez, trayendo un caso adverso sobre una persona que ha instalado en su casa un aparato para prestar servicio o fabricador de algún producto, con el objetivo de comercializarlo en la calle (ejemplo, en el mercado), tendrá permitido hacerlo así, no podrán protestar (no procederá su protesta) alegando que no puede dormir por el ruido del martillo o por el ruido del molino o por el ruido de los críos.

Los Tosafot explicaron, y así se entiende de RASH”I, que la diferencia entre ambos casos es que la Mishná es sensible a la entrada y salida de la gente (extraña) hacia y desde la tienda, pero, tolera el ruido que proviene de una actividad propia del dueño de la tienda (no pública) que está dentro del vecindario (en consecuencia, el Talmud, inmediatamente preguntará solamente el por qué es permitido tener un establecimiento hacia y desde la que entrarán críos, cuando es claro que las protestas son a lugar cuando se trata de un ruido a causa de entradas y salidas de gente).

 

Los primeros colegios

 

El Talmud (Loc. Cit.) pregunta cuál es la diferencia entre un establecimiento en el cual entrarán y saldrán gente, a causa de compra y venta de productos, y un establecimiento en el cual igualmente entrarán y saldrán alumnos, para recibir sus clases escolares. Si las protestas son a lugar cuando se trata de un ruido a causa de entradas y salidas de gente, ¿por qué no lo es con respecto a un establecimiento de enseñanza para los críos?

Responde el Talmud que Yehoshúä Ben Gamlá hizo un decreto que instaría a que hayan establecimientos de enseñanza por doquier. A causa de este decreto, surgió la iniciativa de realizar estas actividades educativas dentro de las zonas residenciales, lo que implicaba, la afluencia de alumnos acompañados o no de sus representantes, entrando y saliendo, hacia y desde el respectivo centro de aprendizaje.

De esta manera, fue dictaminada la Ley, en el Shulján Äruj Joshen Mishpat (Simán 156:3&4): “frente a una tienda que está en el patio, tienen el derecho los vecinos de protestar y decirle (al dueño) que no pueden dormir por el ruido de los que entran y salen…”. Por lo tanto, tendrán que dedicarse solamente a hacer sus obras en casa y venderlas en el mercado, y, en este caso, no podrán los vecinos protestar diciendo que no pueden dormir a causa de (esas obras, como por ejemplo) el martillo o por el ruido del molino… Y asimismo, debido a que es una obligación enseñar a los críos de Yisrael Torá (aunque sea) dentro de su casa, los vecinos no tendrán derecho a protesto alegando que no pueden dormir  causa de los niños… 

 Por consiguiente, salvo los casos excepcionales mencionados hasta ahora, se deduce que debería ser prohibido despertar al prójimo, así como se ha observado que la Ley ampara al vecindario cuando protesta contra un establecimiento o local desde donde se emana ruido.

 

Normas del condominio

 

No obstante, si bien el Talmud y la Ley ha destacado que quitar el sueño es el patrón principal que determina el que haya, en principio, protesta, por parte de los vecinos contra el tendero: se podría argumentar que esta restricción pudiera únicamente activarse a nivel de vecindario o condominio, pues vendría siendo una Ley de orden, protección y/o convivencia comunitaria, y, en estos casos, se hace más sensible el respeto del bien común. Pero, cuando se trata de una decisión y trato entre individuos uno a uno, quizá la tolerancia pudiera resultar ser mayor, y no necesariamente habría que censurar estrictamente a una persona que haya osado despertar a otra… Por lo tanto, no se puede aprender la de la restricción de aquel caso del Talmud para el caso en cuestión.

Y tampoco se puede aprender del caso permisivo del Talmud (el caso de Casas de Estudio para Niños) para deducir que sea permitido despertar a un individuo… Se pudiera explicar que todo el motivo de aquel permiso, en el momento en que se promulgó el decreto especial de Yehoshúä Ben Gamlá, hubo una excepción que implicó la realización de otro decreto de “Hafkaä” (una supresión), por parte del Tribunal Rabínico, sobre el “derecho de protestar”, que tenían todos los vecinos de todos los vecindarios, cuando ocurra que hay un local que se dedique a la educación de los críos. Pero, sin esta Hafkaä,  no habría sido posible la instalación de dichas localidades de enseñanza… Como dato adicional, en el RAMBA”M (Talmud Torá, Pérek 2: Halajá 3) y el Shulján Äruj (Y.D., Simán 245:11) se aclara que, no solamente durante el día es permitido prestar servicio educativo para niños en una zona residencial, sino también durante las primeras horas de la noche.

Por lo tanto, no sería contundente afirmar, en base a todo esto,      ni que haya censura pero tampoco avalar un permiso para despertar a un individuo, sin que se lo haya pedido el durmiente previamente.

 

Tipos de plagio

 

La Toseftá (Babá Kamá, Pérek 7) dice que hay siete tipos de plagiadores: el que plagia el pensamiento de las personas (engaña a la gente), el que hace pensar que a otro que lo ha invitado, el que amaga con regalar a alguien que no lo recibirá, el que abre un barril de vino y hace pensar que lo está haciendo por la importancia de su interlocutor, el que engaña en medida, en que engaña en el peso, el que mezcla tierra con los granos de ajonjolí…

En el SHU”T Shébet Haleví (Tomo VII, Simán 224) dice que, si, por cualquiera de estos casos (como por ejemplo, hacerse pasar como alguien que ama su prójimo, pero en realidad no lo ama), la actitud de la persona -que lo hace así- ha sido asemejada a la de un robo, entonces, con más razón, cuando una persona le quite el sueño a otra: deberá ser esta actitud considerada así (como robo).

Todo esto se intensifica aún más cuando, a la “víctima”, le cuesta mucho retomar el sueño, y tiene que depender de remedios y medidas tediosas.

Sin embargo, es necesario recordar que el sueño no es algo tangible sobre el que se pueda ser medir empíricamente la cantidad del daño que ocurre cuando se despierta. Cuando el Talmud menciona ejemplos que son parecidos al robo,  lo hace en función a objetos, alimentos, invitaciones y medidas tangibles…, mientras que, en el caso de una persona que despierta a otra, se hace imposible contabilizar o medir algún elemento y/o consecuencia de esta actitud.

Por lo tanto, se hace difícil asegurar que, cuando se despierte a alguien estuviera incurriendo en una trasgresión de robarle.

 

Robo del saludo

 

Está escrito, en Maséjet Berajot (6:2), en nombre de Rabí Jelbó, quien a su vez recibió que todo el que vea a un amigo que siempre se saluda con él, tiene la obligación (el que lo ve) de adelantarse al saludo, como está escrito (Tehilim, 34): “Bakesh Shalom Verodfehu…” (¡opta por el saludo –textualmente “la paz”- y persíguelo!). El Talmud continúa diciendo que si una persona saluda a otro y el otro no le devuelve el saludo, este último es llamado Gazlán (ladrón), como está dicho (Yeshäyá, 3) “Guezelat Heäní Bebeteja” (el despojo del pobre está en vuestras casas).

Deduce el Rab Shemuel Vozner, a través de su libro Shébet Haleví (Jélek 7, Simán 224), que si una falta de saludo es calificada como robo (pues quien no devuelve el saludo es llamado ladrón), entonces, con más razón que una persona que despoja a otro de su sueño será considerado como tal. Y esta comparación vencería el obstáculo de la demostración anterior, pues, esta vez, se trata de un saludo que aparentemente no tiene medida o definición que lo haga ser tangible. Y si por algo así, una persona puede ser llamada ladrón, entonces, por despertar a alguien, caso en que la molestia es mucho más evidente que quitarle el saludo, también merecería ser llamado ladrón.

 

Vergüenza agrava el asunto

 

Pero, se podría alegar que la falta en la que se incurre, cuando una persona no es recíproco en el saludo a su compañero, es intensificada básicamente por la carga de vergüenza que le hace pasar a aquel que no recibe su saludo de vuelta, pues pareciera que le está comunicando que no es una persona digna para merecer una correspondencia social, y es como si lo estuviera apartando. Y cabe decir que, la Vergüenza (Bóshet), aunque parece ser un daño espiritual, ha sido contabilizada por el Talmud, en Babá Kamá, entre los cinco tipos de consecuencias sufridas, como máximo, por una víctima de un daño. Siendo así, sí sería un daño valorable empíricamente, y, por consiguiente: tanto sus consecuencias, como el calificativo “ladrón” referido por el Talmud, no deberían ser extrapolables a un caso de despertar al prójimo quitándole el sueño, caso en el cual no impera necesariamente la “vergüenza” de una persona, sino una molestia, que, por más que sea sentida, no es tangible como para catalogarla de robo.

 

Asunto sólo de conciencia

 

Y, más todavía, se podría decir que el robo al que hace referencia el Talmud, cuando califica como ladrón al que no devuelve un saludo, es un calificativo sin connotaciones halájicas, como se puede comprobar que fue omitido, por el Shulján Äruj (J.M. Halajot Guenebá), cualquier pago de daño o perjuicio por concepto de robo debido a una falta en el saludo… Por consiguiente, fue sólo, con un objetivo de “Musar”, es decir, una fórmula de reprimenda que tiene la Torá para que la persona corrija su conducta indebida; y la estrictez de dicha categorización proviene probablemente de que la acción de “avergonzar a otros” requiera de un cargo de conciencia para ser corregido, lo que se logra a través de esta calificación (de “ladrón”). Siendo así, no habría motivo para que este corolario talmúdico sirva como patrón de referencia sobre “qué es robo” y sobre “quién es un ladrón”, desde el punto de vista jurídico.

No sólo eso… La falta en la devolución del saludo no es algo que sea un daño evidente desde el punto de vista legal, ya que esta necesidad de devolución se activa a través de un saludo que no fue demandado por su prójimo. Al recibir la iniciativa de un saludo no solicitado, no se genera ninguna deuda material o cuenta por pagar, por la cual se le acusaría a todo aquél que no le devuelva el saludo. Por lo que es comprensible que no haya una interpelación a nivel de Tribunales para sancionarlo por robo… Y, por ello, habrá que tomarlo como una reprimenda fundamental de Musar a causa de una falta en el deber ético de corresponder un saludo.

Un ejemplo para terminar de ilustrar este argumento, es cuando una institución benéfica envía una carta con un sobrecito adentro instando al destinatario a que done. ¿Qué pasaría si no donó? ¡Aparentemente no correspondió al “saludo” de su remitente! ¿Y qué ocurre con el costo del sobre que le mandaron para usarlo con el fin de insertar allí el donativo?¿Acaso hay que retribuirlo? La respuesta es que no, ya que nadie le pidió a dicha institución que elaboraran y enviaran dicho sobre, y, por ende, el destinatario no se obliga a retribuciones relacionadas con esto.

 

Si se perdió la llave

 

En el libro Derej Sijá (Tomo I, pag. 367), se registra un caso ocurrido en una Yeshibá…, en el que habían dos muchachos que compartían cuarto, y cada uno de ellos tenía llave de la puerta de entrada al mismo. A uno se le extravió, pero, cuando quería entrar al cuarto para dormir, en la noche, no le abría la puerta, por lo que entendió su compañero se había ya dormido. Le preguntaron al Rab Kaniebsky si hay alguna advertencia de no “despojar el sueño de una persona” que prohíba despertar al compañero para que le abra la puerta…, o quizá sería permitido despertarlo por un instante con tal de que el interesado también pueda dormir en su cama habitualmente.

Respondió el Rab Jayim Kaniebsky que no hay, en esto, una prohibición de “robar” que se trasgreda al despertar a otro… Pero, acotó el Rab Kaniebsky que, por otro lado, cabe decir que una persona que despierta -a otra- sí traspasa el mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”…, pero, esto sería, en un caso en que lo despertara deliberadamente sin causa alguna. Pero, si despertarlo obedece a una necesidad evidente, como lo es, en este caso, que el alumno –si no le abren la puerta- se quedará toda la noche fuera de su cuarto sufriendo por no vestirse, aprovechar su cama, y demás provechos que provee obviamente una habitación: no se censurará si le despertare.

  

¿Y con el mazo dando?

 

En el libro Sheelat Rab (II Tomo, O.J., pag. 143) aparece una cuestión que preguntaron al Rab Jayim Kaniebsky…. Había un muchacho, entre siete alumnos que ocupaban una habitación, que optó por orar el Servicio de Shajarit en horario de Vatikín (Shajarit cuya Ämidá empieza a la hora de la salida del sol). Para lograr este objetivo, el joven se levanta sigilosamente tratando de no hacer ruido, pero, no puede evitar que el sonido del agua, cuando hace Netilat Yadayim (lavado ritual), perturbe el sueño de algunos de sus compañeros que aun duermen. Asimismo, ocurre que, al vestirse, no siempre puede estar pendiente de todos los detalles que opaquen el sonido de sus movimiento, ya sea una hebilla de correa que suena, o cuando se topa -en la oscuridad- con un mueble o zapatos de otro, etc… La pregunta es si es permitido, para este muchacho, hacer acciones que casi seguro llevarán a despertar a quienes le rodean, con tal de lograr orar en horario de Vatikín, o mejor que opte por una plegaria más tardía, que, si bien no es tan sobresaliente como la de Vatikín, por otro lado no perturba a nadie con el ruido.

Respondió el Rab Jayim Kaniebsky que no existe el concepto de “robar el sueño”, y, por lo tanto, la trasgresión, en el peor de los casos, sería la de dejar de ser “benevolente” –en un favor- con el compañero, lo que se traduce en una trasgresión de un calibre no tan intenso… En este caso, este nivel de trasgresión se opaca aún más ante el objetivo sobresaliente de orar en horario de Vatikín… En fin, el Rab Kaniebsky, aun a sabiendas de los efectos secundarios factibles debidos a su temprano despertar, le permitió orar en dicho horario, poniéndole, como condición, que trate de ser sigiloso, desde que se levante hasta cumplir con su objetivo.

 

Consejo y sueño

 

En el libro Pitjé Joshen, escrito por Rab Yaäcob Yeshäyá Bloy, está registrado que no hay prohibición de robarle el sueño a otros… Pero, hay que considerar que la Torá dijo en Vayikrá (25:14) “Al Tonú Ish Et Ajiv” (no engañe un hombre a su hermano). Ya que la prohibición de no engañar al compañero en compra-venta ya está dicha en otro versículo similar Vayikrá (25:17) Lo Tonú Ish Et Ämitó,  RASH”I explicó que este versículo vino a enseñar hasta qué grado llega la sensibilidad del engaño al compañero, que advierte -a la persona- incluso que no dé un mal consejo a su compañero, pues, de hacerlo,  estaría incluido en la prohibición de engañar un hombre a su compañero.

De este análisis del versículo revelado por RASH”I, deduce el Rab Bloy que, si por dar un mal consejo, la Torá le censura bajo la categoría de engaño al compañero (pues el consejo lo podría o no seguir si quiere), con más razón, entonces, será considerada así una acción de “despertar al compañero”, en el que le está quitando el disfrute de su sueño.

 

Intenciones claras

 

No obstante, si bien ya RASH”I definió que es un engaño dar un mal consejo (pues la persona piensa que es un camino bueno cuando finalmente no lo será), cuando se trata de despertar al compañero, las cosas aparentan estar claras y sin nada que esconder… Es decir, no hay la menor duda del hecho y el resultado que ocurre por despertar a una persona. Si es así cómo explicar que despertar a alguien sea engañarlo… ¿Con qué le está engañando? Y si se quisiera alegar que trasgrede una prohibición, podría haber dicho que despertar es “despojar” del sueño… Pero, esto no es lo que el autor del libro Pitjé Joshen dijo…

 

Música a volumen alto

 

En el libro Juké Hakesef (pag. 68) dice que despertar al compañero no entra en el concepto de despojo (robo)… Pero, similar a su recién mencionado homólogo, dice, en nombre del SHU”T Keren LeDavid (Cap. 18)  que sí está incluido en la prohibición de no engañar al compañero.

A este alegato cabrá argumentar lo dicho anteriormente… sobre que no hay una esencia de engaño en ello… (Ver atrás). Y sí se ha de calificar este hecho como censurable, será porque atañe al precepto de “Amar a tu prójimo como a ti mismo”.

Pero, volviendo a lo dicho por el Juké Hakésef, suponiendo que, por ejemplo, una persona quisiera poner la música en volumen muy alto en su casa, en un horario en el que la gente del vecindario está dormida; o si una persona pasara por la calle cuando es muy de noche y, de pronto, quiere comunicarse con un amigo que está a lo lejos y grita para que le escuche; o toca la corneta (claxon) para que le abran la puerta de estacionamiento a la una de la mañana; cierra la puerta en forma impactante a la hora que todos los vecinos duermes; programar el despertador muy temprano usando el snooze (botón que prorroga la activación de la alarma para que suene otra vez en unos minutos más)… En todos éstos, entre muchos otros casos más, dice el Juké Hakesef, hay que ser muy cauto de respetar el sueño de los demás y evitar hacer todas estas cosas…

 

¿Alegre despertar?

 

Quizá se podría decir que algo que sí se podría estar seguro que se está provocando cuando uno despierta a otro, es un sufrimiento… Aunque es obvio que provocar sufrimiento al otro es trasgredir el precepto de Amar al prójimo, no obstante está escrita una advertencia propiamente dicha de “no causar sufrimiento al compañero”. Por ejemplo, esconder la llave del compañero por unos instantes, o decirle una mala noticia al compañero y dejarlo con el sufrimiento unos segundos. Por consiguiente, no será alejado de todo esto la acción de despertar al compañero… Hay un poco de sufrimiento para alguien que ha sido despertado…

Por consiguiente, ya que hay algo de sufrimiento ajeno en juego, la persona debe evaluar –cada caso- y poner en la balanza al sufrimiento ajeno a la hora de despertar al otro, frente a la urgencia del objetivo del punto de vista de una real necesidad sopesando sinceramente la magnitud del resultado.

 

En la publicación Beth Aharón Veisrael (Elul 5762, Año 17, pag. 153), el Rab Zalman Nejemiá Goldberg escribió, sobre el Talmud de Berajot (Loc.Cit.),  el por qué una persona que no devuelve el saludo al compañero, es considerado ladrón. Y, para ello, recuerda un ejemplo de casos en que no se le quita nada material a la persona y aun así es considerado plagio. Recordó el Medrash que registra que si una persona anuncia o publica un Jidush (un descubrimiento en el ámbito del estudio de la Torá) que escuchó o aprendió de determinada persona, y no dice, al menos, de quién lo escuchó, su actitud es calificada como “plagio”. De esta manera, quiso vincular el articulista de esta publicación lo dicho por el Medrash con la falta en el saludo. Siendo así, se deduce que, si por decir algo puede ser catalogado como plagio, con más razón, despertar a una persona debería ser catalogado como tal.

No obstante, a esto ya respondió reiteradamente que, si bien hay un Talmud y Medrash que avalan una catalogación de la palabra Guézel para asuntos no materiales, no quiere decir que haya sido en forma jurídica, sino como una expresión de gravedad y fórmula de reprimenda impactante, para lograr que las personas sean cautas y se retraigan (y que por lo menos se estimulen ante una calificación y llamado de “ladrones”).

 

Conclusión


La acción de despertar al dormido no es considerada “robo”; no rige, sobre quien despierte a otro, el reglamento de la prohibición de “no robar”…

Empero, sí existen otros tipos de normas que eventualmente podrían ser vulneradas al “despertar a otro”, como lo es la (A) advertencia de “no hacer sufrir a un compañero” y (B) una carencia en la norma del precepto de “amar a tu prójimo como a ti mismo”.

Por consiguiente, en casos en que, antes de despertarle, la persona haya evaluado y/o haya presumido  que la reacción y consideración (al despertar) de su compañero será favorable, ya sea que éste se mostraría agradecido o comprensivo –después de ser despertado-, entonces, será permitido despertarlo, según la Halajá.