Num. 238 Clausurar Puertas y Ventanas

Introducción


Podría ocurrir… y ha ocurrido que algunas personas compran un local, apartamento o casa, y desean remodelarlo, por ejemplo, una persona, entre lo mucho que observa se dio cuenta que habían demasiadas entradas y ventanales que no tendrían función alguna para su objetivo, y, más bien le estarían estorbando o perturbando, por lo que decidió inutilizar algunas ventanas y puertas, recubriéndolas, y haciéndolas pasar como parte integral de las paredes de dicho inmueble.

En esta ocasión, esta publicación se ocupará de investigar y exhibir el análisis de este caso en función de responder si este tipo de remodelación es ajustado a las normas de la Torá y los Sabios; dado que la existencia de puertas y ventanas son elementos que no pasan desapercibidos en la estructura de un inmueble, se procederá a responder en forma mesurada y concreta si es o no permitido clausurar entradas, puertas y ventanas de una casa, ya sea por la comodidad, estética o necesidad de sus habitantes.


Preguntas

¿Está permitido clausurar puertas, entradas y ventanas en una casa?

Si ya las cerraron… ¿habrá que reabrirlas y habilitarlas?

 

Argumentos


Sellar ventanas y entradas

 

Entre los Rishonim, se detecta el texto hallado en el Testamento de Rabí Yehudá Ha_Jasid (Pto. 20) que advierte: “¡que la persona no selle una ventana o una entrada del todo, para que los Shedim (criaturas mayormente espirituales dañinas en algunos casos) no hagan daño, pues suelen salir por allí!”. Según el autor del Sefer Jasidim, en el caso en que tenga que clausurarlas (dichas ventanas y puertas), habrá que dejar, al menos, alguna abertura sin sellar, para que puedan pasar por allí dichas criaturas.

Sorprendentemente esta advertencia aparentemente no está ubicada en ninguno de los pasajes expuestos, ni en el Talmud Babilonio ni en el Jerosolimitano.


 

Atención… peligro

 

Como acercamiento al tema expuesto, se halló en otra de las obras de Rabí Yehudá Ha_Jasid, en el Sefer Jasidim (Cap. 461), que dijo lo siguiente: “hay cosas que parecen como cosas de Goyim, pero hay que tener cuidado. Por ejemplo, una persona que demolió una casa y la reedificó, o tumbó un cuarto y lo rehízo, debe tener cuidado de que la ubicación anterior de las puertas y ventanas sean las mismas por siempre. Y si no se puede, ¡que deje un hueco u orificio donde estaban localizadas dichas puertas y ventanas originalmente! Y si no me hacen caso, peligrarán sus vidas, a causa de los Memunim (ya sean Shedim o ángeles). Investigar, para más detalles, en el Sefer Hacabod (aparentemente escrito también por el autor)”.

 


I. Acorralada la asna de Biläm

En el Sefer Jasidim (Cap. 1156, NE. Según algunas editoriales, en el cap. 1146), se expone una explicación sobre lo ocurrido con la asna de Biläm, sobre la cual el versículo dice que se apartó a un lado hasta el  punto en que Biläm (que la cabalgaba) se pegó un golpe en la pierna contra la pared del sendero. Lo que sucedió fue que la asna reconoció al ángel. Y ya que el ángel tiene un camino fijo por el cual tiene que pasar sin desvío ni evasiones, la asna tuvo que apartarse, pues, de lo contrario, habría expuesto su vida en juego, pues hasta podría haberlos matado a ambos (a Biläm y a su asna). De esto aprendió el autor del Sefer Jasidim que no es bueno obstruir el camino de los ángeles. Y, por lo tanto, se deduce que tampoco se debe clausurar puertas y entradas, por la misma razón.

 

II. Drenaje y desagües

 

El Sefer Jasidim aludió a una Guemará, en Maséjet Julín (105:2), que dice, en nombre de Abayé: “antiguamente se pensaba que sentarse debajo de un drenaje o desagüe no debía hacerse por el peligro de los objetos que caen con el agua de la tubería; pero, ahora ya sé que el motivo es por los espíritus dañadores (SHeDim o Mazikim que pasan por allí)”. Y, para que los Mazikim no caigan encima de la persona, hay que ser cauto de no sentarse debajo del terminal de dichas cañerías. 

El Talmud cuenta otra anécdota en la que habían dos estibadores cargando barriles de vino… y decidieron descansar, no sin antes ubicar los barriles en el piso, lo que coincidió estar justamente debajo de un desagüe. Una vez colocados, los costaleros se dispusieron al descanso. De pronto, explotaron los barrilesFueron a lo de Mor Bar Rab Ashé para explicarle lo sucedido. Mor Bar R. Ashé se dirigió al lugar de los hechos, tocó el Shofar, y declaró al Shed en Niduy (excomulgación).

Posteriormente el SHe”D se molestó mucho por haber recibido esta excomulgación, y se presentó ante el Tribunal de Mor Bar Rab Ashé… El SHe”D alegó que él no tenía culpa de lo sucedido pues esos dos hombres colocaron los barriles en el sitio que el SHE”D estaba ocupando, hasta tal punto que le aplastaron su oído, por lo que no tuvo más remedio que ocasionar la explosión. Entonces, Mor Bar Rab Ashé le reclamó el ¡por qué estaba yacido en medio de la calle!¡No tenía derecho a estar en medio de la calle! Por lo tanto, le dijo Mor Bar Rab Ashé que debe pagar los daños ocasionados… Y le advirtió que si no paga perdurará su excomulgación… Mor Bar Rab Ashé le dio un tiempo fijo para pagarlo… El SHE”D apareció algo retrasado para pagar, y Mor Bar Rab Ashé le reclamó. A lo que le contestó que disculpara pues se retrasó debido a que él obtiene el dinero a partir de gente que no cuenta exactamente su dinero y no sabe exactamente lo que tiene, y, que le había sido difícil conseguir a alguien así, tuvo un retraso y por eso llegó tarde.

De cualquier forma, lo que se obtiene de esta anécdota es una prueba de que  los caminos de espíritus son fijos y éstos se resienten cuando alguien invade sus senderos. Por lo tanto, asimismo deberá entenderse en un caso en que la persona pretenda clausurar una puerta o ventana: si lo hiciera, estaría invadiendo el sendero de estas “criaturas espirituales” por donde le tocaría pasar o estar, y podría ocasionar sendos inconvenientes como los narrados en la reciente anécdota.  

 

III. Límites de la sombra

 

Otra de las pruebas del Sefer Jasidim apunta al Talmud (Maséjet Pesajim, 111:2) la cual dice que, a los Mazikim, les gusta caminar a través de los límites de la sombra (“entre el sol y la sombra”) en cierta temporada, según este pasaje talmúdico, “desde el 1 de Tamuz hasta 16 de Tamuz”. Por consiguiente, hay que ser cauto de no caminar por esos senderos. De aquí, se obtiene una prueba de que existen sitios o ubicaciones que la persona debe ser cauta de no obstaculizar el paso de dichas criaturas espirituales, y, por lo tanto, quizá tampoco deberá clausurar las entradas y ventanas de la casa, representando uno de estos de sitios.

 

Cerrando el paso

 

No obstante, se podría decir ante la Prueba I, que si bien existió un momento en el que se revela el que un ángel se ha impuesto en un sendero angosto obligando a que el animal se hiciera a un lado, eso no quiere decir que así deba suceder en cualquier sitio donde se le haya cerrado el paso a este o a cualquier otro ser espiritual. En especial, es sabido que aquel ángel se presentó allí con el objetivo de advertir imponentemente al malvado Biläm de que no maldiga al Pueblo de Yisrael, acto que justificaba una escena como la que pasó en ese momento, en la que el animal se asusta, se va hacia un lado, quedando el pie de Biläm aplastado contra la pared. Pero, esto no quiere decir que, en cualquier momento, sea un inconveniente pasar por un sendero de estas dimensiones, ni tampoco implica que el ángel está allí todo el tiempo para dañar a quien pase por allí. De hecho, no se ha registrado otra escena bíblica sobre un ángel que cierra el paso o que le cierran el paso. Es decir, lo ocurrido no es una muestra representativa de lo que pueda ocurrir a diario.

 

Sólo drenajes y desagües

 

Asimismo, se podría argumentar a la segunda prueba (II) proveniente de Mas. Julín (Idem) que, si bien es cierto que debajo de drenajes y desagües representan un riesgo, a causa de que podrían acudir estos seres dañadores, eso pudiera significar que, más bien, sea, justamente en estos sitios, que se presentan y no en otros, pues, de lo contrario, ¿por qué el Talmud no habría de incluir las puertas y ventanas como ejemplos adicionales en los que una persona no debería estar sentada allí? [N.E. : quizá se podría responder a esto que es lógico que el Talmud, el cual ha hablado específicamente en términos de lo que “la gente pensaba antiguamente”, continúe con su conclusión en base a dichos términos (y puedes ser que antiguamente la gente sí estaba convencida de que no se debía cerrar entradas y ventanas por causa de los dañadores –y por eso no habló el Talmud de ello-…, pero, la gente no sabía que “evitar pararse debajo del drenaje” era por un problema de esa misma índole). Por ello, sólo habló de drenaje y no de las ventanas].

 

  

Temporada y horario especial

 

Por otro lado, se puede alegar que, en cuanto a la prueba III, proveniente de Maséjet Pesajim (111:2), del hecho de que, a los Mazikim les guste caminar a través de los límites de la sombra (“entre el sol y la sombra”) y haya que cuidarse de no caminar por allí, en una temporada específica y en un horario especifico, no implica que haya que ser igual de cauto al obstaculizar o tapar la entrada de una puerta o una ventana, pues el Talmud se enfocó únicamente en aquellas ubicaciones (ver allí, otros casos más de cuidado con los Mazikim), similar a cómo se describe en el Maséjet Julín recientemente mencionado; por lo tanto, los lugares no mencionados en el Talmud quedarían aparentemente sin este tipo de riesgo para la persona.

 

Trayectoria trazada

 

Dice el Maäbar Yabok, cuyo autor es el Rab Aharón Berajyá de Modena que, cuando llega el momento en que la persona está a punto de irse de este mundo, hay que ser cauto de dejar, al menos una ventana abierta, para que el ángel que se ocupa de ello no se quede deambulando y vaya a poner en riesgo la vida de los que rodean al moribundo. Y el motivo es que este ángel tiene asignado por donde debe pasar, y si se le obstruye, quedaría un riesgo como el recientemente explicado. Siendo así, hay evidencia del cuidado que se debería tener de no obstaculizar el paso de una ventana (con más razón, sellándola), por las consecuencias colaterales que esto pudiera ocasionar. Y dice que, así se puede corroborar del pasaje talmúdico descrito en Maséjet Julín (Idem), etc… Es tanto así, que dice el Maäbar Yabok que es bueno dejar abiertas las ventanas todos los días en forma cotidiana.

 

Persecución… en represalia

 

Continuó su autor alertando: “cuando alguien sienta la presencia de un Mazik, ¡que se aleje del sitio donde está 4 amot -2 metros-!”. Y, como prueba de esto, alude al Talmud (Maséjet Kidushín, 81) que narra cómo Rab Pelimó le lanzaba flechas a los ojos del “Satán” (hablaba fuerte contra aquél). En una ocasión, en víspera de Kipur, invitó también a un pobre para cumplir con el precepto de comer ese día…. Una vez sentado, vieron como el pobre empezó a comportarse de una manera descarada, grotesca e indecente. Entonces, el Rab Pelimó le llamó la atención, por lo que el pobre invitado manifestó nerviosamente que estaba ofendido, y, de la vergüenza, se murió. Este hombre pobre era el Satán disfrazado de ser humano… La noticia del fallecimiento de este hombre no tardó en promulgarse en los alrededores del vecindario; la gente clamaba “¡Pelimó mató a un hombre!”. Entonces, empezó una persecución de un policía hacia Pelimó, hasta que ya no pudo seguir escapando… En ese instante, el persecutor le dice a Rab Pelimó que, en realidad, todo lo que estaba ocurriendo era una farsa y que él mismo era el Satán, así como el pobre hombre que murió nunca existió sino que también era el Satán… Y  le siguió diciendo que todo esto se le hizo como represalia por todas las veces que Rab Pelimó ha hablado en contra del Satán a diario, pidiéndole que, de ahora en adelante, no vuelva a atentar verbalmente contra su dignidad.

De cualquier manera, se evidencia que hay que procurar no interferir en el trabajo que los ángeles y seres espirituales tienen asignado, lo que eventualmente pudiera estar incluida la precaución de no sellar una puerta o una ventana para siempre.

 

Un mar de consejos

 

No obstante, regirse por los múltiples consejos que hay en el cuidado con los Mazikim, en especial cuando se trata de llegar hasta el punto de procurar no cerrar o sellar una puerta o ventana, pudieran llegar a ser ilimitados, lo cual implica un sinfín de alertas a activar en la práctica, y podría terminar en una misión prácticamente imposible en su totalidad. Y quizá haya sido, por esto, que los Sabios de Bendita Memoria dijeron que, cuando algo así ocurra, solamente ha  de hacer hincapié en los casos en que la persona sienta una amenaza espiritual que no haya podido evitar sentir, en cuyo caso, pondrá en la práctica las precauciones que, tanto el Talmud, como otros textos halájicos le hayan revelado. Y todavía la persona debe hacer un esfuerzo por entender que no hay que asustarse de esas cosas, pues el yehudí cuenta con la presencia de Mezuzá en su casa, Libros de Torá, las Mitzvot que se hacen en la casa (invitados, educación de los hijos, bardas, Seüdot de Mitzvá, etc…), Berajot, Maäsim Tobim (buenas acciones con el prójimo), etc… Y hay que tener la fe en que estos preceptos y objetos de Mitzvá le van a proteger minimizando cualquier riesgo que provenga de un eventual “error” en el cuidado contra los Mazikim.

 

Preceptos & antídotos

 

Por lo tanto, una persona que cumple eficientemente con sus preceptos en el hogar, oficina, etc…, no tendrá obligación de estar pendiente constantemente de cuál detalle le confiere una molestia o no a un Mazik, y esto incluye el que no tenga que estar pendiente de abrir o dejar abiertas ventanas y puertas por el temor a que un Mazik vaya a tener algún resentimiento contra el dueño de casa o contra el que las cerró. En otras palabras, si uno lleva la vida en forma natural sin preocuparse de estos detalles de lo que le molesta o no a un Mazik, entonces, estará en una mejor situación que aquel que es demasiado meticuloso en este tema, en especial, cuando la persona cumple con los preceptos de la Torá y de los Sabios.

Por otro lado, el Shiyuré Keneset Haguedolá, Ben Ish Jay (Shaná II, Parashat Pinejás, 17) y el Caf Ha_Jayim (Y.D., 116: SK. 122) sí dictaminaron lo cauto que hay que ser a la hora de cerrar o sellar una ventana o una puerta. Empero, esto se podría resolver sin necesidad de llegar al punto en que tenga que reabrir una entrada que antes pertenecía a una puerta o ventana de la siguiente forma:

Si una persona se muda a una casa, no tiene el deber de investigar qué se hizo en aquella casa hace tantos y tantos años, para enterarse de si hubo entradas y ventanas selladas o no.

Pero, si la persona misma que se muda a una casa, y desea remodelarla sellando alguna que otra entrada y ventana, no se pierde nada cuando tome la precaución de dejar un orificio pequeño en cada entrada sellada. Y, de esta manera, cumple con la advertencia de algunos Poskim que son cautelosos en este tema de no sellar nunca puertas ni ventanas (pues dejó un orificio abierto, y con esto es suficiente), y disfrutará del beneficio de tener una pared en su lugar.

 

Epílogo & Conclusión


Cerrar sin clausurar

 

Si una persona desea cerrar cotidianamente (por ejm., por algunas horas o días) las puertas y ventanas de su casa en forma cotidiana, tiene permiso de hacerlo, en cualquier momento en que sea más cómoda y conveniente esta acción.

 

Clausuradas en el pasado

 

Si una persona se ha mudado a una casa, no tendrá obligación de averiguar cuáles entradas y ventanas llegaron a ser clausuradas o selladas en el pasado, y podrá estrenarla sin preocuparse por las selladas del pasado.

 

Con miras a clausurar

 

Si una persona desea sellar clausurar o bloquear una entrada de una puerta o una ventana, con cemento u otro material, en forma perenne, entonces, se recomienda dejar un orificio sin terminarlo de sellar (en ese sitio), para que, de esta manera, se evite el riesgo reportado por los Poskim presentados en este documento, y, a la vez, se disfrute de una remodelación sin un escollo de esta índole.