Num. 236 Hacer Tefilá en el Cementerio

Introducción

Existe una actividad que consiste en a visitar y “zorear” (recitar plegarias) en los Cementerios donde se sabe que están enterrados personajes ilustres del Äm Yisrael. Ejemplo de estos, pudieran ser la Tumba de los Patriarcas, la de Rajel Imenu, Shemuel Hanabí, Rabí Shimön Bar Yojái, entre muchos otros. Mientras más visitados se han vuelto estos sitios, algunos de sus asistentes se les ha ido ocurriendo la idea de reunir grupo (s) de personas para hacer o incluso fijar plegarias colectivas, Shajarit, Minjá y Ärbit, alrededor de la tumba del personaje. Y, así…, es factible encontrarse con el acondicionamiento propio de una sinagoga, en el mismísimo lugar donde está la tumba, contando con un Hejal, una Tebá, Sifré Torot, libros de oraciones; con servicios continuos de plegarias, y contando con el Núsaj (versión de la redacción y tono) de la Tefilá, adaptado a la costumbre de los visitantes, etc… El presente documento disertará sobre si es o no correcto, si es bueno o no, participar en un servicio de plegarias que tiene lugar al lado de una tumba o cementerio; asimismo se ahondará sobre si es permitido organizar un minian en un lugar así.

 

Preguntas

¿Es permitido orar la plegaria de Shajarit, Minjá o Ärbit en un cementerio o en una tumba de un Tzadik?¿Es bueno o es preferible no hacerlo?


Argumentos

 

Influencia cualitativa

 

En el Libro de Bamidbar (Perashá Shelaj Lejá), está narrada la llegada de Kaleb Ben Yefuné al cementerio donde están enterrados los Patriarcas Abraham, Yitzjak y Yaäcob, en Meärat Hamjpelá, en Jebrón, y, según el Medrash, con el objetivo de elevar una plegaria al Todopoderoso, para resistir, y enfrentar la influencia del resto de sus compañeros durante la estadía en la Tierra de Yisrael, y su posterior regreso hacia el Desierto.

Se deduce que, desde antes de que existiera el Templo, existía el concepto de elevar plegaria en un cementerio, sin que el tipo de lugar haya sido un detenimiento para ello, y, más aun, se buscaba justamente estar allí para la optimización del objetivo de orar. Y es sabido que hay muchas personas que, hasta el día hoy, siguen su ejemplo.

 

Tefilín en el Cementerio

 

En Maséjet Berajot (18:1), dice el Talmud que una persona no debe ir a un cementerio mientras tenga puestos sus Tefilín (“filacterias”) en la cabeza, ni con un Séfer Torá en sus brazo, y recitando. Y si ya lo hizo, recae -sobre éste- el versículo (Mishlé, 17:5): “Loëg Larash Jeref Ösehu…” (quien se burla del pobre, blasfema a su Creador…”). En este caso, los muertos de un cementerio fueron apodados como “pobre”, por el rey Shelomó, ya que un muerto no puede cumplir Mitzvot (preceptos), y, cuando llega allí una persona cumpliendo el precepto de tefilín, mostrando un Séfer Torá bajo su brazo, y recitando, cerca de su tumba, es como si fuera que se está burlando del muerto, pues es como si le manifestara que él sí tiene Mitzvot y el muerto no: sobre esta persona, fue dicho que “blasfema a su Creador”. El Talmud continuó diciendo que una persona no debe decir Keriat Shemä (lectura del párrafo que comienza con Shemä) ni tampoco Ämidá (plegaria principal que se dice de pie) a menos de cuatro amot (2 mts.) al lado de una lápida (debajo de la que yace un fallecido). Y es por ello que una persona que ha sido designada para cuidar un muerto, está exenta de recitar la Keriat Shemä.

 

Orando en el Cementerio

 

Dice el RAMBA”M (Mishné Torá, Halajot Keriat Shemä, 3:2): “no se Lee el Keriat Shemä ni se ora en una ‘Casa de Baños’ (Balneario), ni en un cuarto de baño (cuarto del retrete), ni tampoco en un cementerio. Pero, si se alejó de la tumba la distancia de 4 amot (codos), puede leer Keriat Shemä. Y el que hizo estos preceptos en estos sitios (sin alejarse esta medida reglamentaria), no cumplió con su obligación, y deberá repetirlos apropiadamente”.

Según este dictamen, una persona que persigue el objetivo de estar muy cerca de la Tumba de un fallecido, para orar allí, y finalmente se ubica allí, habrá logrado lo contrario, y no habrá cumplido con su obligación de orar. Aparentemente, el RAMBA”M no hizo distinción en la identidad o estatus del difunto que está bajo la lápida. Y, por lo tanto, aunque se trate de una tumba acondicionada con todas las comodidades para ubicarse allí y orar la Ämidá, con o sin Minián (quorum para la realización de una plegaria colectiva), estaría prohibido hacerlo y, si lo hizo, no habrá cumplido con su obligación.

 

¿Por deshonrar al fallecido?

 

El RAABA”D (Mishné Torá, Loc. Cit.) exclamó “si el RAMBA”M dijo, sobre ‘el que la recitó (K.Sh.) a lado de un difunto, debería repetirla’, ¡no dijo nada!, ya que si toda la prohibición es por no despreciar al fallecido, ¡qué tiene que ver si le faltó el respeto al honor al fallecido, con si cumplió o no con su obligación de Keriat Shemä!”.

Y el RAMA”J, en su comentario, se inclinó hacia la opinión del RAABA”D, diciendo que, por haber hecho un desprecio a un difunto, no hay que invalidar la recitación que se hiciera del Keriat Shemä en esas condiciones.

 

Balnearios e inodoros

 

Rabí Yosef Caro, a través del Késef Mishné, al ver esta polémica que se desató por el dictamen del RAMBA”M, y tratando de entender cómo pudo el RAMBA”M escribir algo así, concluyó que todo lo que dijo el RAMBA”M de que hay que repetir si uno recitó la Keriat Shemä o la Tefilá a menos de cuatro Amot de esos lugares, se refirió a dos de tres lugares únicamente. Es decir, si bien está prohibido, en principio, hacer estos preceptos a menos de 4 amot de un cuarto para balneario, de inodoro, y cementerio, por otro lado, si ya lo hizo, únicamente, por los dos primeros (balnearios e inodoros) lugares nombrados por el RAMBA”M, recaerá la necesidad de repetir la Keriat Shemä y Tefilá dichas allí; pero, no será así con respecto a una tumba. Pues así leyó (entendió) el Kesef Mishné al Mishné Torá: “no se Lee el Keriat Shemä ni ora en una ‘Casa de Baños’ (Balneario), ni en un cuarto de baño (cuarto del retrete), ni tampoco en un cementerio. Pero, si se alejó 4 amot, puede leer Keriat Shemä. Y el que hizo estos preceptos en estos sitios (sin alejarse esta medida reglamentaria ya sea en el balneario o en el cuarto del inodoro), no cumplió con su obligación, y deberá repetirlos apropiadamente”.

 

Multa por orar en la tumba

 

Otra respuesta dio el Kesef Mishné ante esta polémica, y dijo que, en realidad, la repetición de la Keriat Shemä y de la Tefilá deberá ser a causa incluso por haberlas recitado cerca de una tumba, a menos de 4 amot. Y si vas a preguntar (como inquirió el RAABA”D) “¡qué tiene que ver si le faltó el respeto al honor al fallecido, con si cumplió o no con su obligación de Keriat Shemä!”, la respuesta es que Min Hatorá (en base a los versículos de la Torá en su forma literal), es verdad, y no tiene nada que ver, pero, Mide_Rabanán (según un edicto de los Sabios), fue decretada una multa para toda aquella persona que se haya atrevido a recitar la Keriat Shemä, incluso a menos de 4 amot de una tumba, para que no lo vuelva a hacer la próxima vez.


¿Acaso existe la posibilidad de que los Sabios invaliden, aunque sea por decreto o multa, un precepto de la Torá que se ha concretado?


Quizá sea posible remontarse a un caso en que un novio se casa, a la vez que declara a la novia: “he aquí que Mekudéshet (has sido asignada para el matrimonio) para mí, según el dictamen de Moshé y de Yisrael”. ¿A qué se refiere el novio cuando concluye con la frase “según el dictamen de Moshé y de Yisrael”? Se refiere a que su matrimonio queda pendiendo de una decisión rabínica que considere que el matrimonio quede anulado eventualmente. Si es así, sería lo mismo que decir que un precepto está sujeto a una decisión rabínica, y quizá esta posibilidad esté considerada igualmente a la hora de que una persona falte el honor de los muertos cuando recita la Keriat Shemä u Ora al lado de una tumba: en este caso, probablemente haya que decir que los Sabios también tienen este poder para anular retroactivamente el cumplimiento de estos preceptos hechos bajo estas condiciones.

Por otro lado, no necesariamente haya que alegar esto en favor al segundo argumento del Kesef Mishné, ya que, si bien es cierto que los Sabios tienen la potestad de anular el matrimonio en un futuro, también es cierto que esto lo logran por medio de mencionar una condición antes de llevar a cabo el precepto de Kidushín. Pero, en este caso, ¡no hay una declaración o condición previa que limite el cumplimiento del precepto de Lectura de la Shemä, como sí lo hay en el precepto de Kidushín!

 

Injerencia sobre un Mandamiento

 

El Rab Eliyahu Yisrael, quien fuera autoridad rabínica en Alejandría, ante este dilema, a través de su libro “Kisé Eliyahu”, se pronunció preliminarmente en favor de la reflexión del RAABA”D y dijo que no es posible anular la validez de un mandamiento de la Torá por una causa exógena en forma retroactiva, y si una persona cumplió válidamente un precepto, no pueden haber causas ajenas a las condiciones implícitas en el mismo precepto que lo anule. Y, para explicar el por qué el RAMBA”M pudo llegar a decir aparentemente lo contrario, dijo que el RAMBA”M estudió el Talmud en forma diferente (a sus homólogos mencionados aquí), diciendo que el Talmud sostiene que “un cementerio está dentro de la categoría de un baño”. Y no lo dijo desde el punto de la humillación que hay en los baños y balnearios, pues, más bien, el cementerio es un lugar de honor a las almas de los fallecidos; pero, sí son isomorfos desde el punto de vista que el cementerio abunda la impureza espiritual, y el efecto de esta impureza invade la santidad de la recitación de la Keriat Shemä, al igual que lo causaría la suciedad de un baño.

No obstante, la opinión del Rab Eliyahu Yisrael, si bien está dotada de una lógica comprensible, evadió el motivo que fue escrito textualmente por el Talmud, y que aludió a que la prohibición de estar cerca de 4 amot del yacimiento de un muerto diciendo la Keriat Shemä u orando, proviene de un versículo en Mishlé, que indica que se está burlando del muerto…, y esto está prohibido, pero, ¡no necesariamente hasta el punto de que se invalide el cumplimiento de estos preceptos en caso de haberlos cumplido!

 

Shemä anulada

 

El Shulján Äruj (O.J., Simán 71:7) dictaminó que es prohibido leer el Keriat Shemä  a menos de cuatro amot de una tumba o en un cementerio, y si la recitó, no cumplió con su obligación. Aparentemente dictaminó como la opinión del RAMBA”M y no como sus homólogos. Y no sólo eso… Sino que también, esta vez a través del Yoré Deä (367:3) repitió este dictamen diciendo que el que recita la Keriat Shemä cerca de una tumba, no cumplió con su obligación (se invalida el precepto).

 

Rabí Jizkiyá De Silvá

 

El autor del Perí Jadash (Simán 71, S.K. 7), Rab Jizkiyá De_Silva, dijo que, según su parecer, la Halajá no es como el Shulján Äruj, pues, en el supuesto que fuera así, ¿qué sucedería con todas las bendiciones con el Nombre y Reinado del Todopoderoso que acompañan al precepto de Keriat Shemä en el caso que la haya dicho a menos de cuatro amot de un muerto?¿Acaso habrían de ser repetidas también? Ciertamente no, pues ¡cómo indicarle al feligrés que sus bendiciones fueron dichas en vano y además que las vuelva a decir!

Pero, el Perí Jadash no estuvo solo en este parecer, y concordó -con él- el autor del Mishná Berurá y muchos otros Poskim.

 

Visita masiva al cementerio

 

Empero, de cualquier manera, sea o no el enfoque favorable el del RAMBA”M y Shulján Äruj, ¿cómo explicar la actitud de tantas personas y estudiosos de la Torá que acuden a las tumbas y recitan la Keriat Shemä, la Ämidá, entre otros preceptos, cuando según todas las opiniones aparentemente es prohibido hacerlo?

Uno de los primeros en tocar este tema fue el Rab JID”A, en su libro Shem Haguedolim (Maäréjet Guedolim, letra 199, Sección “Rabí Eliëzer Bar Natán”) y dice que vio, en Yerushalayim, una costumbre de ir al cementerio para orar en la tumba de los Tzadikim. Y satisfizo un poco su sorpresa, cuando vio un testimonio escrito en el Séfer Jasidim (Cap. 1129), sobre una situación similar. Allí trae la Guemará en Ketubot (103:1), y narra que cada viernes en la noche, venía Rabí Yehudá Hanasí, después de fallecido, a decir el Kidush de Shabbat. Después de culminar este momento sagrado, se retiraba hasta el siguiente viernes por la noche, y así sucesivamente.

Y ¡cómo se explica que Rabí Yehudá Hanasí haya dicho Kidush, después de fallecido, si los muertos están exentos de las mitzvot! Por lo tanto, se deduce que, quizá, cuando se trate de almas justas de los fallecidos, se consideran como vivos.

 

Eliyahu Hanabí & Los Patriarcas

 

Como ilustración adicional de lo recientemente mencionado, hay otra prueba proveniente del Talmud Babá Metziá (85:2) que narra que Eliyahu Hanabí (difunto para aquel momento) asistía con el fin de estudiar en la Academia de Rabí Yehudá Hanasí (todas las mañanas). En una ocasión, Eliyahu Hanabí se retrasó y llegó un poco tarde, por lo que Rabí Yehudá Hanasí optó por extenderle un reclamo por ello, y pidiéndole una explicación. Eliyahu Hanabí le respondió que llegó tarde porque es Rosh Jodesh (Principio de Mes), argumento que Rabí Y. H. rechazó… A esto, Eliyahu Hanabí siguió excusándose narrándole que todos los días tiene el deber de lavar las manos de Abraham Abinu,  ponerle los Tefilín, acompañarlo en la tefilá, y volverlo a acostar, y así sucesivamente con Yitzjak, y posteriormente con Yaäcob. Rabí Yehudá Hanasí reclamó por qué no hacerlo en forma simultánea, de tal manera que orasen juntos los Abot, y así optimizar el tiempo para que Eliyahu llegase mucho más temprano. Le respondió que si así hubiese sido, el Mashíaj habría llegado inmediatamente…, y, por eso, debe hacerlo en forma segmentada.

De cualquier forma, se desprende, de este pasaje talmúdico, que debería ser permitido orar (Shajarit Minjá o Ärbit) frente a la tumba de un Tzadik, de la misma manera como el Talmud atestigua que lo hacen propiamente los Patriarcas, a diario.

Asimismo se ha de tomar en cuenta lo que el Séfer Jasidim ha concluido diciendo que los Tzadikim son considerados vivos… Y, de esta forma, el Rab JID”A, considerando estas evidencias, concluyó que es éste el motivo del por qué se permite orar frente a las tumbas de los difuntos Tzadikim: es como si estuviera orando frente a personas vivas. Por tal motivo, se comprende la actitud de muchas personas que asisten a las tumbas de los Patriarcas y de muchas más personalidades justas (Tzadikim), realizando allí sus plegarias, incluyendo los servicios de Shajarit, Minjá y Ärbit.

 

Otras plegarias

¿Y si no es la Ämidá?

 

Pregunta el autor del Tehilató Befí que, considerando que únicamente se permitiría  orar la Tefilá frente a las tumbas de los justos, ¿cómo se tolera que, en un cementerio, algunos reciten capítulos de Tehilim, otros Mishnayot, Kadish, entre otras plegarias de origen distinto?

 

Después de una investigación sobre el asunto, se encontraron varias opciones para responder este dilema:

Dedicada al difunto

Según el Séfer Haeshcol, en nombre de Rabenu Hai Gaón, es permitido decir Kadish frente a una tumba, pues, por el mérito de recitar el Kadish, se eleva el alma del fallecido. Esto es un beneficio directo para el difunto, por lo que es entendible que no causará ningún daño espiritual al difunto, sino que, más bien, será un aspecto activamente positivo para su bienestar.

Probablemente deberá ser también con cualquier otra recitación que sea dedicada especialmente para elevar el alma del difunto que se encuentra frente a él… Y a pesar que el contenido y poder del texto que está leyendo sería considerado como si estuviera haciendo una Mitzvá delante del difunto, esto eventualmente se orientará en beneficio del difunto, pues las palabras pronunciadas son impulsadas en pro de su elevación espiritual.

 

 

Por su mérito

Quizá, no sólo ésta sería la única manera de pedir en el cementerio… Aunque uno vaya a recitar una plegaria que no viene impulsada directamente con el objetivo de elevar el alma del fallecido sino para pedir para el bienestar del recitante, o de su familia, etc…, entonces, si lo hiciera acotando que se cumplan estos deseos por el “mérito del Tzadik que yace en esa tumba”, aparentemente se podría permitir enrumbarse en esta idea de orar allí. Pero, de no ser así, sino que una persona desea simplemente recitar la plegaria de Shajarit, Minjá, Ärbit, o cualquier otro rezo en un cementerio, sin darle al difunto una inclusión en el precepto que está haciendo, ya sea, dedicándoselo o evocando y usando su mérito para la optimización del resultado de la plegaria, entonces, será diferente, y no necesariamente habrá que tolerar dicha actitud.

 

Cuando el difunto es mujer

El Rab Eliezer Shapira, el Rabino de Munkacs (Muncatsh),  fue  a visitar a la Tierra de Yisrael, en el año 5693, y cuando llegó a la tumba de Rajel Imenu, vio que había allí un Séfer Torá y demás implementos sagrados propios de una Sinagoga. Manifestó su impresión a los encargados del lugar quienes le aclararon que esta práctica no es nueva, sino de una antigüedad centenaria, señalando al Arón Hakodesh como muestra de la antigüedad de esta estructura. El Rab Shapira se retiró con el fin de cotejar, al llegar a su ciudad, este asunto con lo que tenía entendido, y encontró que, un motivo para permitir haber instalado los implementos de un recinto sagrado alrededor de la tumba de Rajel Imenu, es que el difunto es una mujer. Y ya que la mujer nunca tuvo, tiene ni tendrá la obligación de la Torá de Leer la Keriat Shemä, ni el Séfer Torá, ni tampoco de orar con la misma programación como lo hace el hombre, entonces, aunque una persona asistiera a la tumba de una mujer (en este caso Rajel Imenu), e incluso organizara a un grupo de  personas para rezar la plegaria de Shajarit, Minjá y Ärbit, o Leer el Séfer Torá: no causaría daño espiritual alguno a la difunta, pues aun en vida no le habría recaído la obligación de concretar dichos preceptos como sí rige sobre el hombre.

 

Distancia hasta cuerpo del difunto

Otra posible respuesta podría ser que la ubicación de los cuerpos de las tumbas de los Tzadikim generalmente no están cerca de la superficie donde concurren los visitantes de estas tumbas. Y, en especial, cuando el cuerpo del difunto yace a más de 4 Amot (2 metros aprox.) de la superficie del sitio donde se le entierra, dice la Guemará que pasa a ser como otro espacio físico diferenciado, atenuando aun más esta problemática. Y ya que está enterrado a más de 4 amot de profundidad, se aminora la equivalencia a un cementerio.

N.E.: podría ser este argumento contrario al interés de la persona en llegar a aquel sitio para rezar porque si no está cerca del tzadik, aparentemente tampoco está cerca del mérito que tiene el tzadik.

 

Estudio & Yeshibá

El Rab Yaäcob Hilel, a través del SHU”T Vayésheb Hayam (Jélek 1, Simán 16), expuso con detalles el tema en cuestión, y recordó el Talmud (Babá Kamá) en el que está escrito que le hicieron un honor muy grande al cuerpo yacido del rey Jizkiyá. ¿Y cuál es ese honor? Explica una de las opiniones de la Guemará es que erigieron una Yeshibá en su tumba. Si es así, aparentemente se evidencia lo permitido que es estudiar Torá en la tumba de un Tzadik, así como construir todo lo necesario para dicho objetivo.

No obstante, esta evidencia podría ser opacada por otro argumento mencionado anteriormente y que justificaría la activación o manifestación de cualquier precepto, plegaria o alabanza que se haga con el fin de elevar el alma del fallecido. Y, de hecho, así fue la intención de los que erigieron la Yeshibá allí, como lo dice el Talmud “le hicieron un honor muy grande”. Y no necesariamente se podría justificar un estudio de Torá cuando no incluya el mérito o participación espiritual del fallecido en dicho objetivo.

        

Profundidad del entierro

En el Ëmek Sheelá del Natzib Mi_Volozh’in sobre los Sheeltot de Rab Hai Gaón (Sheelta 14), dice que el motivo que ni se permitiera recitar un Kadish en un cementerio, era porque, para aquella época del Talmud, se enterraban los cuerpos con muy poca distancia de la superficie terrestre (al menos 3 Tefajim -24 cm. de profundidad-). Pero, en la actualidad, que guardan, como mínimo, 10 Tefajim de distancia, no habría problema de recitar una alabanza como la del Kadish en el cementerio.

Sin embargo, esta opinión tendrá que responder por qué se permite recitar, no solamente Kadish, sino también plegarias y demás alabanzas, etc…, en las tumbas de Rabí Shimön Bar Yojai, Rabi Meir, y otros eruditos y personalidades que fueron enterrados con las medidas estiladas para sus épocas. 

 

Permiso del Medrash

 

Por su parte, el Rab de Muncatsh a través de su libro Minjat Eläzar (Jélek 3, Simán 53), manifestó que, cuando se trata de beneficiar espiritualmente o implicar el mérito del difunto en el precepto que va a hacer, se permitirá llevarlo a cabo, y, por lo tanto, podrá recitar o elevar sus plegarias bajo este perfil. Y se apoyó en el Medrash, en el que está escrito que, cuando enterraron a Rajel Imenu, ella se sintió por haber sido ubicada en la mitad del camino y no en un sitio específico, a lo que el Todopoderoso le explicó que era necesario que fuera enterrada allí, porque es por allí que ha de pasar el Pueblo de Yisrael en el momento del exilio hacia Babel, en un momento de desgracia intensa…, pero, habrán de encontrar la tumba de la Matriarca Rajel, desde donde orarán al Todopoderoso. Y así fue… Y, en el momento que esto pasó, Rajel, en colaboración con sus Hijos, se levantó espiritualmente a unirse en este ruego, exclamando lo duro del exilio que estaban pasando, recordando lo que ella sacrificó alguna vez, cuando dio su orgullo y vergüenza por el bien de su hermana, entregó mucho por el casamiento con Yaäcob,… Y el Todopoderoso le respondió “¡habrá recompensa de tus obras y serán devueltos tus Hijos a su entorno!      

De esta historia, se observa que valió la pena la oración que hicieron en la tumba de Rajel, al punto que ella misma oró, funcionó y fue respondida la plegaria por el Todopoderoso, augurando el retorno a la Tierra Sagrada. Y si es asi, se corrobora el permiso de orar en el sitio donde está enterrado un Tzadik…

 

El AR”I Hakadosh

 

El AR”I Hakadosh, quien era conocido como un hombre justo, además de sus grandes conocimientos de Torá y Kabalá, aun a sabiendas de lo meticuloso que era con el tiempo, iba acompañado de su alumno Rabí Jayim Vital a orar en muchas tumbas de los Tzadikim. Y considerando que, para aquella época, los viajes se realizaban a través de medio de trasporte mucho más lentos que los de ahora (podrían llegar hasta días o semanas), se deduce lo permitido y bueno que es esta práctica de recitar plegarias en las tumbas de los Tzadikim, según su opinión.


Subiendo el Galil

 

En los Masaot del Or Hajayim Hakadosh, se narra toda la travesía que hizo el Rab Jayim Benatar desde que salió de Liborno hasta llegar al puerto de Aco, subiendo por Galil, dedicó tres meses aproximadamente para visitar las tumbas de los Tzadikim. Por lo tanto, se demuestra lo correcto que es esta práctica de recitar plegarias en la tumba de los Tzadikim…, tal y como lo han demostrado estos eminentes Sabios de Yisrael, quienes cuidaban extremadamente su tiempo y esfuerzo, y, aun así, se tomaban un tiempo para esta actividad.

Pero, no hay que olvidar que, un factor común que ha caracterizado la visita y la oración en un lugar así, es que se trata de tumbas de personalidades destacadas por su Tzidkut (rectitud), aunado al hecho de que la oración que se dirija se haga incorporando verbalmente el mérito del Tzadik que allí yace. Pero, no necesariamente deba ser permitido recitar plegarias obligatorias como Shajarit, Minjá y Ärbit, cuyo principal método y estructura prescinde de una incorporación del mérito del Tzadik, a diferencia de las plegarias personales puntuales que fungen como un canal que le da protagonismo empírico a la virtud del difunto que está en esa tumba.

 

Epílogo y Conclusión

 

Cuando una persona se dispone a recitar las plegarias obligatorias Shajarit, Minjá y/o Ärbit, en un cementerio común y corriente, no deberá llevarlo a cabo, sino fuera de ese recinto. O si no es un cementerio, y está frente a una tumba, deberá  alejarse a una distancia de cuatro amot (aprox. Dos metros lineales) para orar allí Shajarit, Minjá y/o Ärbit.

Si se tratare de un cementerio o tumbas de personalidades reconocidas como Tzadikim, se permite orar las plegarias de Shajarit, Minjá y/o Ärbit, pero, se recomienda que, cuando vaya a disponerse a recitar dichas plegarias, lo haga alejándose, al menos, cuatro amot del punto donde esté erigida la tumba.

Cuando una persona se dispone a recitar peticiones personales (que no sean obligatorias)  delante de una tumba de un Tzadik o de un familiar cercano, incorporando el mérito del difunto en la evocación de su oración: se le autoriza a hacerlo, e incluso tendrá permitido pronunciar versículos de Tehilim, u otra plegaria impulsada por un objetivo particular y opcional, y, más bien, es algo bueno, como lo demuestra la actitud de antepasados sagrados.

 

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