Num. 235 Dejar un Libro sagrado abierto

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Introduccción

Ocurre, en oportunidades, que la persona está haciendo uso de su libro de oraciones, y tiene que retirarse justificadamente para hacer alguna diligencia corta muy necesaria. Cuando abandona el lugar donde estaba, desea que quede abierta la página del libro con el que estaba guiando su plegaria, por si acaso se le olvida por donde iba cuando interrumpió, y pueda continuarla -sin problema-, o para que pueda optimizar el tiempo sin invertirlo otra vez en buscar la página por donde iba… Esta investigación se propuso el objetivo de determinar si es o no permitido dejar un libro sagrado abierto mientras no se usa… Otro caso fue ejemplificado por una persona que recibió una Meguilat Esther antiquísima que era de su tatarabuelo, y desea exponerla abierta, en la sala, dentro de una caja de vidrio trasparente. Asimismo hay publicaciones, como por ejemplo, folletos, dípticos, afiches de Torá, que no disponen de una tapa como los libros convencionales y no hay otro remedio más que dejar al descubierto alguna de sus páginas. ¿Es necesario velar por que no queden al descubierto cuando no se estén leyendo?

 

Preguntas

¿Es permitido dejar un libro sagrado abierto, mientras no le está dando uso?¿Es obligatorio cerrarlo cuando se dejará de leer por un tiempo corto?¿Es permitido exponer documentos sagrados en una caja con una tapa de vidrio?¿Cuál será la decisión cuando se trata de hojas sueltas de Torá o de plegaria, en el tiempo en el que no están siendo leídas?

 

Argumentos 


Mezuzá… al aire

 

En Maséjet Ërubim (98:1), diserta el Talmud sobre el caso en que una persona ha dejado de escribir una Mezuzá o un Séfer Torá, y procede a dejarlos al aire libre para que se seque la tinta en todo su espesor, de medio día a un día entero. Más aún… Cuando se trata de un escriba experto, estaría tentado a proceder, en el ínterin, a colocarlo a la inversa, boca abajo, con el fin de evitar que llegue el polvo u otros microrganismos del aire a la superficie de la tinta. Sobre esto, dice Maséjet Ërubín que los que escriben Séfer Torá, Tefiín y Mezuzá, necesariamente deberán colocar, por encima, una tela que cubra el espacio escrito que queda expuesto al aire, y no voltearlo, para que no se desprecie.

 

 

 

El BA”J (Y.D., Simán 277) explica que, de aquí, hay que aprender que una persona no debe salir afuera dejando el libro abierto, si no tiene una “Mapá” (un cobertor), pues, cuando se dictó esta advertencia, se refería no sólo al Séfer Torá, sino también al resto de los Libros.

 

Optimizando el honor

 

No obstante, se podría alegar que el motivo por el cual Maséjet Ërubín está imponiendo que se use un cobertor, es para optimizar el honor de la manera de proteger las letras que están escritas en el pergamino: habiendo dos opciones, entre voltearlo y no voltearlo cubriéndolo con una Mapá, es comprensible que la persona tenga el deber de optar por la alternativa de no voltearlo y cubrirlo con la mencionada Mapá, antes que dejarlo volteado, dado que esta última es una posición menos honrosa. Y, por lo tanto, no fue el objetivo del Talmud imponer que siempre, en el resto de los casos, haya que tomar la decisión de taparlo cuando esté sin uso, incluso en un caso donde el usuario no necesite proteger la letra -del polvo-, ni necesite voltear el libro. Y es probable que en el caso del tema de esta publicación esté permitido dejar un libro abierto aunque no lo esté usando, pues, más tarde, reanudará su uso.

 

Otro obstáculo que se presenta para entender la conclusión del BA”J es que Maséjet Ërubín está refiriéndose a un Séfer Torá, Tefilin, y Mezuzá, cuyo nivel de santidad es mucho mayor al de los libros impresos con contenido de Torá o Tefilá. Quizá el Talmud se habría pronunciado en favor de permitir dejarlos abiertos y no incluirlos en su instrucción de taparlos con una Mapá.

El TA”Z (Y.D., Simán 277), por su parte, reportó el dictamen de su suegro, el BA”J, diciendo que, del Talmud, se aprende que no hay que dejar un libro abierto en forma ociosa.

 

¿Volteado o al descubierto?

 

El autor del SHA”J, Rab Shabetay Hacohén, a través de su libro Nekudot Hakésef (Simán 277), escribió un argumento frente a la posición del BA”J y defendida por el TA”Z… Y preguntó el por qué se valieron del Talmud Bablí (Maséjet Ërubín, Loc.Cit.) para demostrar que se debe tapar (con una Mapá) los libros que se dejen abiertos inactivamente, y no lo demostraron a partir del Talmud Yerushalmi (Maséjet Meguilá, Perek 1: Halajá 9) que dice que un Séfer que no dispone -encima- de una Mapá (es decir, cuando está abierto en forma inactiva), se volteará la (zona donde está la) escritura (expuesta), para que no se desprecien las escrituras (las letras expuestas).

Se deduce, del Talmud Yerushalmi, que haber optado por la solución de voltearlo en caso de no disponer de un cobertor, “para que no se desprecien las escrituras” implica que el Talmud Yerushalmi considera que es un desprecio dejar las letras sagradas expuestas, es decir, es un desprecio dejar el Séfer abierto.

 

Guardián de las hojas

 

Agregó el SHA”J que es conocido para los Sabios de la verdad, que hay un Shin Dalet (criatura nociva) cuyo nombre es “Shomer Dapim” (Guardián de las Hojas) que, cuando se encuentra un libro sagrado abierto, reacciona causando el olvido de lo que estudió el usuario de dicho texto.

 

Tapa de vidrio

 

¿Es permitido exponer documentos sagrados en una caja con una tapa de vidrio?

 

En aras de responder esta pregunta, quizá sea cuestión de recordar un caso similar… Es conocido el dictamen de tapar los panes cuando se pronuncia el Kidush, en Shabbat. ¿Es correcto taparlas con un mantel de plástico trasparente? Sobre esto se podría responder que, depende del motivo que se haya alegado para tapar el pan, es decir, depende de la función que cumple la tapa en ese tema.

En este caso, en el de tapar un libro abierto, hasta ahora, se han expuesto dos motivos: uno (1), para que no se desprecien las letras sagradas inscritas en la hoja que queda expuesta, cuando se deja abierto el libro; el otro motivo (2) es para evitar que se allegue el Shin Dálet y provoque el olvido de la persona.

Según este último motivo, ¿Quién sabe si con una tapa trasparente se allegue o no el SH”D, pues eso va a depender de la consideración de esta criatura? Pero, según el primer motivo, ya que, aunque se tape con un cobertor de vidrio (trasparente), las letras seguirán estando expuestas visualmente, es muy probable que el desprecio persista todo el tiempo que no se haya cubierto con un cobertor opaco. Y así es la opinión del Mishná Berurá (40:S.K.7), sobre el cobertor de una Mezuzá que, de ser trasparente, no funciona como una capa más que proteja del desprecio.

Por lo tanto, en un tema cuyo motivo sea evitar un desprecio visual, se deberá tomar las precaución de tener la escritura tapada, según esta línea halájica. No obstante, cuando el motivo no sea el de evitar un desprecio y el atentado contra la honra de una escritura sagrada, entonces, quizá se podrá aceptar una tapa trasparente como cubierta. Por ejemplo, es prohibido decir Tefilá delante de una mujer mal vestida, aunque haya una pared de vidrio trasparente entre ambos, ya que la pared o valla debería cumplir la función de evitar el desprecio de orar delante de aquélla, y no lo está cumpliendo cuando es trasparente.

 

Rescate de Libros

 

El Seridé Esh (Jélek 2, Cap 79) escrito por el Rab Weinberg, reporta que, después de las guerras mundiales, las comunidades judías de Europa que sufrieron grandes pérdidas de vidas y de material litúrgico, se propusieron la idea de abrir locales o museos donde se pudiera recuperar muestras de lo que había en aquella época,  con el objetivo de procurar que no se borre del recuerdo de los sobrevivientes, en sus descendientes, y dejar una huella de existencia, también para los demás. Entre los muchos objetos que se exponían allí, se encontraba retazos de pergaminos de Séfer Torá o algo por el estilo, quemados o maltratados que se pudieron recuperar a pesar de todo, entre muchas otras cosas. Muchos de estos restos serían colocados en cajas de vidrio con su respectiva tapa transparente, de tal forma que se pudiera cumplir con el objetivo de exponer dicha reliquia, con sus respectivas insignias, informes y juegos de luces para cautivar a los visitantes. Le preguntaron al Rab Weinberg si es permitido, a lo que respondió que se puede tolerar hacer este tipo de exposición de esta manera, y se permite colocar, aunque sea un Séfer Torá abierto, dentro de una caja de vidrio. Pero, acotó que es mejor que se exponga solamente textos inválidos para el cumplimiento de la Mitzvá respectiva, es decir, en caso de introducir en una de las cajas vidrio un Séfer Torá, que fuera con un Séfer Torá no válido para el cumplimiento de Mitzvot. Igualmente en lo que correspondería a Mezuzot y Tefilín. De esta manera, se trataría únicamente de casos de santidad no tan elevada como la que está implícita en los Sifré Torá, Tefilin y Mezuzot válidos, y, a pesar de que sigan teniendo cierto grado de santidad, será preferente a la hora de llevar a cabo una idea como ésta.

De cualquier forma, es notable que su decisión fue producto de un caso de apremio en el cual se necesitaba preservar el recuerdo de las características comunitarias religiosas y sociales (la Shoä) que fue visto como necesario para aquel entonces, lo que llevó al Rab Weinberg a buscar la solución que menos atentara contra el honor de los textos sagrados. Pero, muy probablemente se habría tomado la decisión de exhibir estos textos cerrados o con una cubierta de no haber sido por la premura de las circunstancias. Y así se han visto casos de instituciones que exhiben textos sagrados, al público, pero cubiertos con un mantel individual que se remueve y se pone conforme se vayan observando por el usuario.

 

Hojas sueltas

 

¿Cuál será la decisión cuando se trata de hojas sueltas de Torá o de plegaria, en el tiempo en el que no están siendo leídas?

 

El planteamiento empieza basado en el hecho que el Talmud se refirió, no solamente a un pergamino de Séfer Torá, sino también con respecto a una Mezuzá a pesar de que, en apariencia, no sea un libro de Torá. Y si el BA”J dedujo que los libros de Torá, cuando están sin uso, no deban ser dejados al descubierto (del hecho que el Talmud se refirió así de un Séfer Torá), entonces, deberá deducirse un dictamen semejante con respecto a una hoja o díptico de Torá o Tefilá… (al ser que el Talmud incluyó, en su advertencia, a una Mezuzá que es prácticamente un hoja de pergamino con escrituras sagradas estampadas muy probablemente comparable a una hoja de Torá).

 

Impresión sin estrenar

 

En el SHU”T Debar Yehoshúä (Jélek 3, Simán 46) dice, en nombre del Jidushé HARY”M, que ninguna hoja de Torá “impresa” tiene santidad alguna. Explica que esto es así, ya que una máquina no puede concentrarse e “imprimir” santidad en la hoja donde estampa, pues esta virtud solamente puede ser implementada por el ser humano. Pero, aclara que el impreso empieza a absorber su santidad a partir del momento en que la persona lo inaugura con su lectura. El Jidushé HARY”M dice que este permiso llega hasta el punto que si, a la imprenta le ha salido una unidad o lote de publicaciones en mal estado o descolorida, etc…, tendrá el permiso de la Halajá para desecharlos como un papel cualquiera. Y todo el tiempo que estos textos impresos no hayan sido leídos la primera vez, podrán estar presentes en lugares donde incluso la decencia deja mucho que desear.

 

Mientras se inaugura

 

En el SHU”T Abné Nézer (Y.D., Simán 376 Letra 25) se plantea lo que pasaría si una persona tiene un Bet Hakenéset que está por inaugurar y que no ha sido utilizado ni siquiera la primera vez (no ha orado todavía), y viniera alguien y le quisiera comprar el lugar para usarlo como balneario, comprándole con el dinero suficiente para que haga otra sinagoga en otro lado y más… responde el Abné Nézer que es permitido aceptar esta propuesta ya que hasta que no se estrene el Bet Hakenéset, “Hazmaná Lav Miletá” (la preparación de un inmueble u objeto para que, en el futuro, servirá como Mitzvá, no lo hace sagrado en el presente, sino hasta que hagan uso de Mitzvá de ello), no recibe la santidad correspondiente. Y, por lo tanto, la sinagoga que construyó este señor no había adquirido santidad todavía, y tendría permiso para venderla aunque sea para un uso diferente, y aunque sea para convertirse en Balneario.

Una de las maneras de estrenar un Bet Hakenéset, se activaría aunque sea que alguien pronunciare un Kadish (por supuesto, delante de diez personas)… Y, en este caso, ya no se podría aceptar el trato propuesto por el comprador, y ya se entraría en las reglas de santidad de un Bet Hakenéset y de cuándo, cómo y a quien se puede vender.

Dice el Abné Nézer que, de igual forma, funciona con un libro de Torá o de Tefilá impreso: antes de la primera vez que sea leído, no ha recaído santidad en los mismos, y, por ende, podrá hacer -con ello- lo que desee pero, una vez que alguien lo lea, automáticamente recaerá santidad en el mismo. Igualmente será para con una hoja o díptico de Torá o plegarias.

 

Nombres de Hashem

 

No obstante, el TAZ y el Maguén Abraham (O.J., Simán 154) trajeron una opinión que habla sobre la diferencia entre los libros de Torá recién impresos y el caso de la sinagoga previa a inaugurarse. Los libros de imprenta tienen, dentro de sí, estampados el Nombre de Hashem, mientras que la sinagoga no necesariamente se fabrica con el Nombre de Hashem en su inmobiliario. Por lo tanto, a pesar de que no recaiga la santidad de Palabras de Torá en un libro de Torá que no ha sido estrenado, habrá que cuidarse de no despreciar el o los Nombres de Hashem en el texto.

El tema de los libros de Torá impresos –pero sin estrenar- es diferente al tema de una sinagoga construida que no ha sido inaugurada. Probablemente el motivo es que los libros de imprenta, en la gran mayoría de los casos, tienen el nombre del Todopoderoso, mientras que las paredes del Bet Hakeneset, en la mayoría de los casos, no tienen Nombre del Todopoderoso inscriptos allí. Y, por lo tanto, si bien se permite utilizar la Sinagoga para otro fin, no necesariamente se permitirá utilizar los escritos impresos para otro fin, aunque no se hayan inaugurado. Y ambos casos no deben ser comparados para dar una determinación halájica definitiva.

 

A la Guenizá

 

El Debar Yehoshúä, ante esta referencia halájica, y hablando una vez más del caso de una hoja impresa de Torá, se manifestó con un  “Jalila Ve Jas” (¡Fuera de nosotros!¡D__s se apiade!), y dijo que si alguien viera una hoja de papel, en el suelo o como desecho, y tuviera impresa el Nombre del Todopoderoso, la persona deberá cortar el pedazo que contiene ese Nombre Sagrado y colocarlo en la Guenizá (depósito de manuscritos y material sagrado en desuso).

 

Igualdad de condiciones

 

No obstante,  se podría preguntar a esto, que de la misma manera como no recae santidad por las palabras de Torá impresas en los libros u hojas, tampoco recaerá cuando se trata de un Nombre del Todopoderoso impreso.

Pero, si bien esto pueda ser verdad, por otro lado, cuando se trata del Nombre del Todopoderoso, hay una advertencia adicional sobre la que se ha de ser cauto: cuidar el Honor de Su Nombre Bendito. Por ejemplo, una persona que escribió el Nombre del Todopoderoso,  sin intención -de Torá, Mitzvá o de Santidad-, en un papel, es prohibido desechar el papel o ingresarlo en lugares sucios e indecentes.

Por este motivo, se desprende que no será tolerable desechar impresos de Torá, por ser que, muchos de éstos contienen el Nombre del Todopoderoso; y, por lo tanto, libros de Torá, Talmud, Halajá, a pesar de no haber sido inaugurados aún, no deberán ser ingresados en lugares o dispositivos indecentes, ni tampoco deberán ser desechados.

Siendo así, bajo este perfil, ¿acaso no deberá ser igual para con un díptico de Torá impreso? Y ¿acaso habrá de ser cubierto, para asegurar el cuidado del Nombre del Todopoderoso?

 

Dípticos al descubierto

 

Si es así, ¿qué hacer con las hojas o dípticos que últimamente son muy frecuentes, como por ejemplo, esta publicación de tora, la cual contiene, algunas veces, el nombre del Todopoderoso? Considerando que este tipo de publicación carece de tapa…, y en consecuencia, cuando uno la coloca en cualquier superficie, siempre queda abierta sin cubierta, ¿se permitirá su colocación con su texto al descubierto perenne?

                              

Al ver cómo se refieren los Poskim sobre este tema, y tomando en consideración que el BA”J trae, como prueba del cuidado que hay que tener de no dejar abierto un libro de Torá, a la prohibición de dejar una Mezuzá al descubierto, entonces, ¿acaso no habrá que ser precavido también con cualquier otro tipo de hoja que tenga contenido de Torá, o con un díptico impreso con palabras de Torá, aunque no se trate de un libro? La dificultad de la pregunta consiste en que, por otro lado, es prácticamente imposible cerrar un díptico de Torá sin dejar el texto sagrado al descubierto; es decir, la única forma de tapar un díptico es a través de un manto o agente externo. Si es así, ¿obliga la Halajá a esforzarse en tapar los dípticos de Torá cuando no se están usando?

 

Cabe recordar que, cuando el Talmud Yerushalmi y los Poskim señalaron empíricamente que es prohibido dejar un texto sin cobertor, apuntaron a la expresión “libro abierto”. Esto quizá haya querido decir que hay que esforzarse en hacer lo mejor para cuidar la santidad o el honor de los textos de Torá. En el caso de un libro de Torá abierto, lo mejor que se pueda hacer para que no quede a la intemperie, es cerrarlo cuando no se esté usando. Pero,  en el caso de una “hoja” o de un “díptico” que quedarán abiertos en cualquier postura en que se encuentren, ya que es su forma de uso, lo mejor que se puede hacer, para que no queden totalmente a la intemperie, es colocarlo en una postura honorable, como por ejemplo, dejando únicamente la portada a la vista y no al revés, procurando dejar cerradas sus demás páginas. En fin, dejarlo en la postura con la que reciban el mayor respeto posible (a pesar de que al final, quede texto parcialmente al descubierto).

Todo esto será así, considerando que la exigencia que presentó el Talmud Bablí (Erubin -Loc. Cit.-) sobre el caso de la Mezuzá no es una prueba contundente como para determinar una prohibición sobre dejar los dípticos de Torá a la intemperie, puesto, como ya se mencionó: las impresiones, según algunas autoridades halájicas, no están impregnadas de santidad; y, porque (aunque se quiera decir que sí tienen santidad) la manera de evitar su desprecio, es través de dejarlo en la postura ordenada (por ejemplo, si está en el díptico en posición horizontal, dejando únicamente la portada a la vista), en especial, cuando el Talmud destacó que todo esto es “para que no se desprecie”.

En el caso de trípticos o de mayor doblaje, igualmente se tratará de que, después de su uso, se deje en la postura más acogedora y presentable, como por ejemplo, dejando preferiblemente únicamente su portada o primera página a la vista.

 

En cuanto al tema en general, vale la pena recordar a aquellos que estudian la Torá en forma constante, que, en el momento en que vayan a interrumpir su estudio, por la razón justificada que sea, no dejen abiertos los textos con los que están estudiando, aunque se trate de poco tiempo, y procuren, si es posible, de disponer de un manto con el cual cubrir los textos que ha de mantener abiertos.

 

 Conclusión 

I.          En un principio, se recomienda que el lector de un libro de Torá, no lo deje abierto, cuando no lo esté usando (por ejemplo, cuando se haya retirado del sitio donde lo está estudiando aunque sea por un tiempo corto y aunque proseguirá con su lectura a su regreso). Por lo tanto, lo cerrará –si lo desea, dejando un señalador- o lo dejará cubierto con un manto.

 

II.        Si se tratara de una hoja, fotocopia, díptico, folleto con contenido de Torá, depende:

a.         Si tiene una manera o estilo especial de guardarse (por ejemplo, un díptico quedará doblado mostrando únicamente su portada) mientras no se use: ese será la postura en que habrá de colocar dicho recurso, cuando no se esté usando (es decir, no es necesario cubrirlo como es en el caso del libro).

b.        Si no tiene un estilo especial de guardarse (por ejemplo, una fotocopia de la hoja de un libro o un papel con unas notas), no habrá inconveniente en que quede el texto a la vista, pues cualquier postura en que quede no será vista como un desprecio

 

III.      Si hubiese palabras de Torá inscritas en el empaste de la tapa (portada) de un libro, no será visto con desprecio el hecho de dejarlo cerrado con esta inscripción a la vista, pues esta es la postura como son guardados los libros, y, por consiguiente, no es considerado como un desprecio.

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