Num. 136


Vaibárej David - Num. 136
¿Estudiar Torá o Mantenerla?
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(en audio sólo conclusiones)

¿Qué es más fundamental para la persona: estudiar Torá o mantener la Torá?
    
 
    












Introducción

Como es sabido, el estudio de Torá es vital para el Pueblo de Yisrael, tal y como se puede cotejar con fuentes de la Biblia y el Talmud. Por ende, todos y cada uno de los integrantes del Pueblo de Yisrael, tienen un Sagrado Deber de velar por la continuidad del Estudio de Torá. Para concretar este objetivo, es necesario aportar esfuerzo, dedicación, asistencia, entendimiento, memoria…, así como es menester la existencia de Maestros, Lugares de Estudio, y cualquier otro tipo de aporte que ayude a consolidarlo.

Siendo esta la realidad, vino a  la reflexión de algunos interesados en el tema, sobre cuál debe ser las herramientas para la toma de decisiones de un yehudí que desea saber si dedicarse al estudio de Torá persé o dedicarse a aportar para el desarrollo cognoscitivo de aquellos que la estudian.

Para el presente tema, se tratará de dotar -al lector- de estas herramientas, para que pueda ponderar efectivamente las variables que interactúan en el mismo.

 

Preludio

 Esta investigación se orientará a detectar, en general, la relación que hay que establecer °entre estudiar Torá, °trabajar a nivel personal, y °mantener la Torá. Este objetivo será ilustrado a través de las siguientes situaciones:

1. Una persona que tiene la posibilidad de estudiar la mayoría del día, y de trabajar cinco horas al día (o viceversa), suficientes para producir la utilidad necesaria para mantenerse él, su familia y una Yeshibá. ¿Deberá proseguir trabajando ese igual número de horas, o será preferible que disminuya su tiempo laboral que corresponde a la ganancia que aporta para la manutención de la Yeshibá?

2. Una persona que tiene el suficiente dinero para vivir él, sus hijos y nietos, y, con todo y eso, le sobra dinero, el cual aporta igualmente para Yeshibot y otras instituciones de Torá. ¿Será lo correcto que deje de trabajar tanto, y dedique ese tiempo “de sobra” para estudiar Torá…, o acaso mejor que siga laborando, y, de esa manera, podrá seguir aportando a otros más -además de a su familia-?

 

Preguntas

 ¿Qué es más fundamental para la persona: estudiar Torá o mantener la Torá?

 

Argumentos

 En vuestros corazones

 

Estudiar Torá es uno de los 613 preceptos de la Torá, el cual aparece en el versículo de Yehoshúä“Vehaguita Bo Yomam Va_Laila” (y te allegarás a ésta –Torá-  día y noche). Esta orden se aprende de Parashat Ëkeb (Debarim, 11:18), donde está escrito: “Vesamtem Et Debaray Ele Äl Lebajbem” (y pondrás estas Palabras –la Torá- en vuestros corazones).

El BAHA”G (Mitzvá #71), por su parte, hizo eco de esta misma obligación, señalando además que una persona debe estar estudiando Torá todo el tiempo, para mantenerla en su corazón, aprendiéndolo asimismo de la Parashat Ëkeb Parashat Ëkeb (Debarim, 11:18)“Vesamtem Et Debaray Ele Äl Lebajbem”. Y así es la opinión del Rab Eliyahu Hazaquén (Mitzvá # 185), quien dijera que se aprende, del versículo mencionado, que hay que estudiar Torá. Otro de los que correspondieron el precepto de estudiar al versículo de “Vesamtem Et Debaray Ele Äl Lebajbem…”, es  Rabenu Yitzjak Ben Reubén de Barcelona, a través de sus Azaharot sobre las Mitzvot Äsé (Mitzvá # 84), así como Rabí Shimön Iben Gabiról, también es sus Azaharot (Mitzvá #15). El Séfer Yereím (Mitzvá # 414) indicó, de esta misma manera, el origen de esta Mitzvá.

 

Y estudiaréis éstas

 

Por otro lado, y siempre manteniendo la certeza de la obligatoriedad del precepto de estudiar Torá, otros Rishonim aprenden el empeño por su estudioa partir de otro versículo, esta vez de la Parashá de Vaetjanán (Debarim, 5:1)“…Ulmadtem Otam…” (y Estudiaréis Éstas), entre ellos: el RAMBA”M (Séfer Hamitzvot), ubicándola en la Mitzvá #11, encomendada por la Torá. Y así es la opinión del Séfer Mitzvot Gadol (Mitzvat Äsé # 12)Rabenu Ëzrá Mi_Garonia (Mitzvá # 33)RAMBA”N (Mitzvá # 11)Maamar Haskel (Mitzvat Äsé 8)Séfer Hajinuj (Mitzvá # 419)Séfer Mitzvot Katán (Mitzvá 106)Zóhar Harakíä (9) -escrito por el RASHBAT”Z, quienes señalaron que el origen de la norma que obliga a cumplir con el precepto de estudiar Torá es el versículo recientemente mencionado.

 

Y aprenderás

 

Hay muchos otros Poskim que concuerdan definitivamente con la obligación de estudiar Torá y su origen de la Torá, pero con la salvedad de que se aprende de otro versículo (Debarim, 6:7)“Veshinnantam…” (y Aprenderás).

 

Cualquier hombre

 

El RAMBA”M (H. Talmud Torá, Pérek 1) dice que cualquier hombre perteneciente al Pueblo de Yisrael está obligado a estudiar Torá, bien sea menesteroso o pudiente, ya sea sano o que haya pasado por sufrimientos en su vida, aunque sea jovencito o sea muy anciano…, está obligado a fijar un tiempo para el estudio de Torá, en el día y en la noche. Y así lo recopiló el Shulján Äruj (Y.D., Simán 246:1).

 

Capta lo superficial

 

Considerando el fundamento del precepto de estudiar Torá propiamente dicho, ¿Cómo calificar a una persona que rechaza su oportunidad de estudiar Torá, y la cambian por mantener o sustentar monetariamente a otros que sí la estudien, o a los institutos que se encargan de albergar o prestar el servicio de enseñanza para que otros tengan esa oportunidad?

En un libro llamado Sedé Jémed (Maaréjet 6, Klal 15, D.H. “Ubeïnián”), dice que consiguió, en el libro Darké Noäm (pag. 2), de Rabí Shalom Dov, que está escrito que si uno se da cuenta que, cuando estudia Torá, solamente capta lo superficial, mientras que hay sabios de la Torá que la estudian con una gran profundidad, entonces, es preferible que esta persona se siga dedicando a la manutención de este prototipo de sabios de la Torá, y no deje de trabajar para estudiar de la manera superficial a la que su capacidad lo está limitando. Y, de esta forma, se le considerará (la manutención que aporta) como si él mismo estuviera estudiándolaY, aunque ésta tenga la obligación de “Lo Yamush Séfer Ha_Torá Hazé Mipija” (no se apartará, de tu boca, el texto de esta Torá),  y de “Vehaguita Bo Yomam Va_Laila”, de “Veshinnantám…”, y de “Vedibartá Bam” –mencionados con anterioridad-, aun así, podrá desplazar este deber (de estudiar), y dedicarse o seguir dedicando su tiempo a la labores que le hace acreedor de las ganancias monetarias necesarias para sustentar o mantener el estudio profundo de la Torá.

 

Hijo ágil y agudo

 

Como prueba a sus palabras, dice que está escrito en Maséjet Kidushín (Hoja 29:2) que una persona tiene el deber de enseñar Torá a su hijo, tal y como lo enseña el versículo“Velimadtem Otam Et Benejem”. Por otro lado, está escrito en esta misma sección que, en el caso en que no haya otra opción más que decidir entre que [a] el padre estudie mientras que el hijo trabaja, y que [b] el padre trabaje mientras que el hijo estudia, habrá que decidirse por la opción de que el [a] padre estudie, aunque eso signifique que el hijo trabaje y no pueda dedicarse al estudio de Torá. Pero, Rabí Yehudá explica que no siempre la decisión favorece al padre, ya que si el caso fuera que el hijo es ágil y agudo en el estudio de Torá, además de poseer una buena retentiva, será preferible que [b] el hijo sea el que vaya a estudiar.

 

Papá en Yeshibá

 

Esta opinión de Rabí Yehudá fue ilustrada por medio de una anécdota que protagonizó Rab  Yaäcob, el hijo de Rab Ajá Bar Yaäcob, quien fuera encomendado por su padre (Rab Ajá) para estudiar en la Yeshibá de AbayéCuando volvió su hijo de la Yeshibá, se dio cuenta -el padre- que el hijo no había aprendido lo que generalmente una persona debería asimilar pasando por una Yeshibá. Entonces, observó el padre que su capacidad era mayor que la de su hijo, razón por la cual tomó la decisión de ser él (el padre) quien fuera a la Yeshibá a estudiar Torá, mientras que el hijo se quedaría ocupándose del negocio y presupuesto familiar. De esta manera, la Guemará concretó la exposición de una prueba para la aclaratoria que hiciera Rabí Yehudá recientemente.

Por ende, dedujo el Darké Noäm que, en el caso en que una persona tenga el poder adquisitivo o sea tan pudiente como para mantener un Bet Hamidrash (Casa de Estudio) o una Yeshibá, donde estudien de una manera más profunda de lo que esta misma persona podría llegar estudiar, entonces, será preferible que así lo haga, por lo que justificadamente podrá proseguir dedicándole el tiempo a su labor lucrativa, aunque eso signifique –para sí- el tener que dejar su estudio.

 

Enseñar a los hijos

 

No obstante, hay que saber que muchos Rishonim tomaron, en su cuenta de las Mitzvot, el precepto de que un padre le enseñe Torá  a su hijo (“Velimadtem Otam Et Benejem”) y que aparece en Debarim (11:19), como parte de las 613 Mitzvot de la Torá. Y estos son: el BAHA”G (Mitzvá #39)Rabenu Saädiá  Gaón (Mitzvá #15)Rabí Eliyahu Hazakén (Mitzvá #149)Rabí Shelomó Iben Gabirol (Mitzvá #19)Séfer Yereím (Mitzvá #225)RAMBA”M (Mitzvá #11)SMA”G (Mitzvá #12)RAMBA”N (Mitzvá #11)Séfer Hajinuj (Mitzvá #419) y el RASHBAT”Z (Mitzvá #9), entre otros. Esto significa que todos estos Rishonim registran ambos preceptos: el precepto de estudiar Torá para sí mismo, que es un precepto de “Gufó” (para con su propia persona), y el precepto de enseñar Torá a su hijo, el cual no es de “Gufó” (no es para con su propia persona). Es necesario recordar que, en condiciones normales, un precepto de “Gufó” va antes que uno de “No Gufó”.

Pero, excepcionalmente, cuando un padre note que su hijo llega a un nivel de estudio a la par o superior al de él, en este caso, se le permitiría tomar la decisión de trabajar para sufragar los gastos de su hijo, por cuanto que °existe un precepto que ordena que enseñe a su hijo y °°este precepto que no es de Gufó se cumplirá con más perfección que el de Gufó, a pesar de que dejaría, por ello, de cumplir con el otro precepto de aprender Torá para sí mismo.

 

¿Y si no es su hijo?

 

Contrariamente, si se pone en la balanza: [a] estudiar para sí mismo, y [b] trabajar para sufragar la manutención de un estudiante que no sea su hijo, no se registra ningún precepto específico que ayude a justificar dejar definitivamente de cumplir el precepto de estudiar Torá, por lo que no se podrá abandonar el [a] estudio de Torá propio de una persona, para trabajar y con ello sufragar los gastos de una persona que no sea su hijo, y muy a pesar de que éste último tenga un nivel de Torá más alto que aquél.

Siendo así, en el caso en que una persona tenga el poder adquisitivo o sea tan pudiente como para mantener un Bet Hamidrash (Casa De Estudio), donde estudien de una manera más profunda de lo que esta misma persona podría llegar estudiar, entonces, no necesariamente será preferible dedicarse más a su labor lucrativa sólo para este fin (el tiempo que correspondería a la utilidad del negocio que sufragaría ese donativo), y, por ende, podrá continuar o incrementar su horario disponible para su estudio de Torá propiamente dicho.

Nota: en general, el precepto de que toda “persona sea garante por su compañero” es fundamental, y, por ende, es importante que cualquier yehudí esté pendiente de que sus compañeros cuiden todos los preceptos igual que él; pero, esta regla fundamental deberá ser cumplida en la medida en que no se encuentre en conflicto o contradicción con otro precepto específico de la Torá, pues, de lo contrario, no regirá su cumplimiento. Si bien es verdad que un yehudí debería preocuparse por que otros estudien Torá, no por ello, arriesgará su propio estudio de Torá en forma definitiva.

Asimismo, cabe destacar que no hay una obligación específica de que una persona deba gastar su dinero para cumplir este precepto (de una “persona sea garante por su compañero”).

 

Sacrificio paternal

 

En el Shulján Äruj de Rabí Zalman (Halajot Talmud Torá, Pérek 1, Halajá 7), está escrito que, en estudio de Torá, cuando el padre y el hijo están disponibles para estudiar Torá, sólo que hay cupo para uno de los dos, el padre va primero que el hijoSi el hijo es de más nivel intelectual que el padre, el hijo va antes que el padre. La razón de esto es que ya que, cuando el hijo está estudiando Torá, además del mérito de que puso a su hijo a estudiarel padre cumple con el precepto de estudiar Torá como si hubiese estado estudiando.

Aunque Rabí Zalman describió, en esta forma tan categórica, lo fundamental del estudio de los hijos por sobre el del padre, no obstante, aclaró que, no por ello, el padre anulará (abandonará definitivamente) su propio estudio de la Torásino que dedicará un tiempo significativo para su estudio. Pero, de todas maneras se observa que Rabí Zalman sostiene que enseñar al hijo (que es más intelectual que él) implica cumplir prácticamente también con el precepto de estudiar Torá propiamente dicho.

Siguió explicando Rabí Zalman que, por otro lado, si no fuera su hijo quien necesita sufragio para estudiar Torá, entonces, por más que sea más entendido e intelectual que él, no se exentará (para nada) del precepto de estudiar Torá. Es decir, el deber de estudiar Torá para sí mismo, no tendrá necesariamente que ceder su tiempo ante la también buena acción de sufragar a otros para que la estudien, por más alto grado que éstos tengan de intelecto y profundidad en el estudio de la Torá.

Pero, en cuanto a la relación padre e hijo, el padre sí tendrá el deber de ocuparse de la enseñanza de Torá a su hijo, aunque eso signifique una disminución notable en el tiempo de su propio estudio de Torá, y, de esta forma, se considerará como si hubiese cumplido con dos preceptos a la vez: estudiar y enseñar Torá a su hijo.

 

La más óptima

 

Empero, esta posición de Rabí Zalman, la que indica que el mérito de que el padre enseñe al hijo implica que tendrá el mérito de la también Mitzvá de estudiar Torá, no ha sido compartida por varios de los Rishonim anteriormente mencionados, aquéllos que registraron ambas acciones, [a] aprender uno mismo y [b] enseñar al hijo), como dos preceptos diferentes provenientes de dos versículos diferentes, tal y como se puede verificar en párrafos anteriores. Es decir, según la óptica de todos esos Rishonim, y tal y como se explicara en párrafos anteriores, cuando el precepto de estudiar Torá y el de enseñar a un hijo se ponen en conflicto (sólo se pueda cumplir con uno de ambos), el factor que hará decidir o no [si poner empeño y dedicación notable del tiempo en sufragar los gastos de un hijo antes de dedicarlo al estudio de Torá] será el nivel de perfección con que se pueda llegar a cumplir el precepto: si el padre será mejor en Torá que su hijo, entonces, es preferible que estudie y desarrolle su intelecto en Torá; pero si es predecible que el hijo tendrá un mayor éxito que el padre en este desarrollo, entonces, el nivel de perfección del precepto favorecerá más al de enseñar Torá a su hijo que al de estudiar Torá. Pero, cuando el dilema se presente entre estudiar Torá y enseñar a otro que no sea su hijo (cuando tenga que escoger entre uno de los dos), en ese caso, el nivel de perfección del precepto no será un factor preponderante, sino que elegirá su propio estudio de la Torá.

 

Yisajar & Zebulún

 

El Lebush sostiene que, en el caso en que sólo haya la alternativa de cumplir una de ambas Mitzvot, entonces: el precepto de darle la oportunidad al hijo de estudiar Torá, cuando éste último sea mejor que el padre intelectualmente, será preferible ante el precepto de estudiar Torá para sí mismo; y esta preferencia viene dada en base al acuerdo hecho entre Yisajar y Zebulún, tal cual como lo registran nuestros Sabios de Bendita Memoria. ¿En qué consistió? Zebulún tenía una vida dedicada a los negocios, viajes de compra y venta de mercadería, mientras que Yisajar era dedicado totalmente al Estudio. Dado que ambos querían seguir perfeccionando su lado fuerte, se dieron cuenta que mientras ganaban por un lado, perdían por otro. El que estudiaba, Yisajar, estaba poniendo en riesgo su bienestar físico y el de su familia, pues hace falta el sustento para la supervivencia de los mismos. Y el que trabajaba, Zebulún, se dio cuenta de que de nada valía la pena el trabajo sin el mérito del estudio... Así que hicieron un trato, que consistió en que cada uno de ambos otorgará la mitad de sus ganancias al otro. Es decir, Zebulún dotará a Yisajar del 50 % de la utilidad neta de su trabajo, mientras que Yisajar compartirá el 50 % del mérito de su estudio. De esta manera, Zebulún decide seguir laborando, pues su debilidad para el estudio vendría siendo sustituida por el aporte que éste hace a su hermano…

Por consiguiente, el Lebush pensó que así como Zebulún seguramente entendió que Yisajar tenía un mayor nivel de sabiduría que Zebulún, y, sucedió que Zebulún hace un acuerdo con Yisajar para que éste último no pare de estudiar y se despreocupe de su presupuesto familiar, de esta manera, también es comprensible que, cuando una persona reconozca que su prójimo tiene un mayor nivel de entendimiento y retentiva para la Torá, debería también pensar en hacer un acuerdo de esta magnitud, y tendrá una base para que, si lo desea, deje de estudiar a cambio de aportar a éste quien le ha superado en su nivel de rendimiento para la Torá.

 

Ímpetu

 

No obstante, esta determinación no sería del todo conclusiva, si se observa que, en el caso del contrato Yisajar y Zebulún, la causa del por qué Zebulún decide drásticamente darle -de por vida- sustento a Yisajar, no es exactamente porque Yisajar tenga un nivel superior que Zebulún, sino podría ser, entre otras razones, que no solamente  la diferencia entre sus niveles eran bastante marcadas, sino que Zebulún no tenía el ímpetu para desarrollar el estudio, a tal punto que Zebulún se dedicaba totalmente a la labor comercial, mientras que Yisajar se abocaba totalmente al Estudio. De esta manera, no se podrá inducir y determinar, sobre seguro, cómo era el nivel de Yisajar y Zebulún. Siendo así, la prueba del Lebush no sería concluyente para la gran mayoría de los casos de comparación de niveles de estudio de Torá entre las personas.

 

Absoluta incapacidad

 

Dice el autor del Shulján Äruj (Y.D., Simán 246:1) que una persona, a quien le es imposible estudiar (Torá), porque no tiene la capacidad de estudiar en absoluto, o por muchas ocupaciones que tiene, será preferible que ayude a los demás a estudiar.

Por ende, se podría deducir, a partir de la frase “a quien le es imposible estudiar”, que sólo se preferirá “que ayude a los demás a estudiar”, siempre y cuando no pueda estudiar nada…, pero, si puede estudiar un poco, entonces, debería dedicarse a estudiar. Si un individuo está en la capacidad de, por lo menos, estudiar un poco, aunque su prójimo lo haga en mayor proporción que él, entonces, aun así, no tendrá la obligación de dejar de ocuparse de su propio estudio, para ocuparse de que el otro estudie. ¿Por qué tan sólo un poco? Se aprende del hecho que el Shulján Äruj sólo hizo depender de la frase “porque no tiene la capacidad de estudiar en absoluto” para decir que sólo así se justifique que se despreocupe de su estudio para ocuparse del estudio ajeno, lo que quiere decir que, por el contrario, cuando ciertamente tenga la capacidad de estudiar algo, aunque sea poco, no estará en aquel rango y podrá continuar esforzándose para desarrollar su propio intelecto en Torá. Esta deducción fue dada a conocer por el Shulján Äruj de Rabí Zalman y por el autor del Jazón Ish

 

Guía del ocio

 

No obstante, se podría alegar que el objetivo que perseguía el Shulján Äruj no era el de crear una dicotomía en la decisión de una persona dependiendo de sus conocimientos, entre el que no sabe nada y el que sabe algo o más. Si es así, ¿cuál es la razón por la cual fue categórico usando la frase “…porque no tiene la capacidad de estudiar en absoluto…, será preferible que ayude a los demás a estudiar”? El motivo simplemente era para llamar la atención de aquellos que viven alejados del estudio de Torá por causas ajenas a su voluntad, y, que por ello, se sienten que están exentos de mantenerla o aportar para su existencia, para lo cual se les recuerda que no deben abandonar su aporte económico. Y, por el contrario, no debe ser interpretado este inciso del Shulján Äruj como una guía para deducir lo que pasaría en el resto de los casos en que las personas sí se dedican al estudio de la Torá.

En otras palabras, el motivo bien podría haber sido, para servir como una forzosa advertencia para la persona ociosa que no tiene la posibilidad de estudiar nada de Torá, y que, por lo menos, no piense que ha perdido su conexión con la Torá, ni se mantenga alejada del todo de la misma, y, por el contrario, aporte económicamente para el desarrollo de otros que sí tienen esa posibilidad. Pero, en el caso de una persona que sí dedica un tiempo pequeño para el estudio de la Torá, el Shulján Äruj no tuvo la imperiosidad de expresar la real necesidad de advertirles sobre esta norma de aportar para aquellos que dominen -más que él- superiormente el estudio de Torá, pues el Shulján Äruj habló desde el punto de vista de su conexión con la Torá; y, si fuera sólo por el enfoque de estar conectados con la Torá, entonces no se justificaría. Pero, es muy probable que si el Shulján Äruj hubiera hablado desde un punto de vista intrínseco del diferencial de niveles entre los estudiantes de Torá, probablemente sí hubiera revelado su real necesidad de advertencia sobre el aporte que se debe prestar a aquellos que saben Torá más que uno.

 

Intento fallido

 

Bajo este perfil, el Rab Eliyahu Bakshi Dorón, por medio del SHU”T Binián Ab, afincó su prueba en el Séfer Jasidim (Cap. 104), el cual habla sobre un caso de un yehudí que fue a estudiar a una Yeshibá a causa de una promesa que hiciera previamente… Después de un tiempo acudiendo a las clases, se dio cuenta de que no entendía nada, y fue al Jajam, a quien le confesó que no había captado lo que allí se enseñaba, así como le dijo que estaba preocupado por la promesa que lo ataba al estudio, sin poder cumplir -hasta ahora- con la expectativas de la misma. Entonces, el Jajam entendió que esta persona se quería zafar humildemente de la promesa, por lo que el Jajam le hizo la siguiente pregunta“¿Estas arrepentido?”. Le respondió que no. Y agregó: “Pero, si yo pudiera colaborar con esta Yeshibá para que se nutra y desarrolle, y con esto me exentara de cumplir con esta promesa, entonces, dejaría de estudiar y colaboraría”. Entonces, le replicó el Sabio: “Si hubieras estudiado y, en vez de no entender nada, hubieras entendido un poco, ¡te hubiera confirmado la promesa y no te la hubiera anulado!, pero, ya que estás aquí, pues no entiendes nada de lo que estudias, te voy a autorizar la anulación de tu promesa, y mantén a aquellos que sí la entienden”.

Dedujo el Rab Bakshí Dorón que, aunque una persona no pueda profundizar tanto en el estudio (por ejm. pues no tiene mucha capacidad para retener ideas), se considera que ese pequeño resultado cognoscitivo exitoso que obtiene con su estudio, es suficiente para justificar la continuidad del mismo, y no es necesario que una persona deba tener la capacidad para llegar a niveles muy altos en el estudio de la Torá para decirle que siga estudiando en vez de mantener la Torá.

 

Promesa y nivel

 

No obstante, no necesariamente se podrá traer prueba a partir del Séfer Jasidim (104), pues ese capítulo habla sobre una norma relativa a una promesa. Y es probable que °el Sabio, cuando expresó “Si hubieras … entendido un poco, ¡te hubiera confirmado la promesa”, lo hizo por la exigencia de una promesa para llevar a cabo su cumplimiento, lo que significa que, aun en un caso en que una persona tenga una capacidad baja para el estudio, sería suficiente para exhortarle a seguir estudiando tal y como lo prometió, pero, si no hubiese hecho promesa alguna, ¡quién podría asegurar que aquel Sabio le hubiera exhortado a seguir estudiando y no requerirle que preferiblemente aporte –en sustitución de su estudio- el beneficio económico necesario para que, otros que tienen una mayor capacidad que él, progresen.

No sólo eso, también  probablemente se podría alegar que °°cuando el Sabio expresó -al estudiante- “Si hubieras … entendido un poco, ¡te hubiera confirmado la promesa”, lo hizo porque asumía el Sabio que los otros estudiantes de dicha Yeshibá tenían un nivel bajo de entendimiento, y, por tal motivo, se requeriría, de este estudiante, al menos, ese mismo nivel de entendimiento de sus compañeros para justificar la confirmación de la promesa que lo obligaría a seguir estudiando. Siendo así, no habría prueba para asegurar que si una persona tiene un nivel bajo de entendimiento, y todo o algunos del resto de los estudiantes de Torá tuvieran un nivel alto, deba continuar estudiando Torá…, sino que bien cabría la posibilidad de pensar que deba dejar de estudiar, para así dedicarse al aporte financiero de otros estudiantes de tan alto nivel.

 Dos socios

El Séfer Jasidim (Cap. 957) expone un caso sobre dos socios en un negocio, ya sea dos hermanos o amigos, un padre y un hijo, y uno de los dos tiene buena memoria, mientras que al otro se le olvida todo, entonces, dice el Séfer Jasidim que el que disfruta de buena memoria deberá dedicarse al estudio de la Torá, y el otro al negocio.

Se podría deducir, de este capítulo, que sólo si una persona es olvidadiza no tendrá la obligación de estudiar Torá sino la de aportar económicamente, pero, en el caso en que una persona no sea olvidadiza, deberá instruirse en Torá.

Empero, esta prueba no es tan definitiva ya que no es fácil medir el nivel de olvido que pueda catalogar a una persona de olvidadiza o con falto de buena memoria; y, siendo así, tampoco se podrá saber exactamente quién es el que tiene un poco de memoria o quién no es olvidadizo, como para , con certeza, requerir de él una continuidad en el estudio, pudiendo aportar sustento para otros que se dediquen con mayor éxito.

 

¿Qué es estudiar Torá?

Motivos de las leyes

 

El Shulján Äruj de Rabí Zalman (Pérek 3, Halajá 4) dice que alguien que no ha llegado a la capacidad de entender los motivos de las Halajot y sus fuentes, es calificado como “improductivo”. Esto significa que este individuo se encuentra en un estatus en que su estudio es infructífero y que sería lo mejor para él dedicarse a trabajar y dar su aporte para instituciones de Torá y estudiantes productivos. Se deduce, a partir de esto, que si una persona alcanzara el nivel de explicar algún motivo y fuente de los preceptos, se consideraría en el nivel de fructífero, con lo cual se le recomendaría que siga estudiando Torá en vez de mantenerla.

Sin embargo, también en este caso será difícil determinar quién pertenece a cuál categoría, ya que no todos los preceptos tiene la misma dificultad ni cantidad de motivos, y, podría pasar que alguien domine unos motivos y otros no; o que se entienda bien los motivos de algunos preceptos pero no de otros; y muy, en especial, cuando se sabe de la existencias de motivos que de por sí son muy fáciles de asimilar frente a otros que son más difíciles de asimilar. Siendo así, ¡cómo establecer el límite entre las variables de decisión que inducen al deber de estudiar Torá y las que inducen al deber de mantenerla!

 

¿Escuchar o aprender?

 

Se podría intentar señalar que una línea que podría marcar la diferencia entre quién deba estudiar la Torá y quien deba mantenerla, es establecer la diferencia entre quien la estudia y quien la escucha. Por ejemplo, estudiar implica entender una serie de ideas concatenadas una a la otra, tanto en forma particular como con la conformación de un todo, mientras que escuchar no requiere de aquella plena concentración y esfuerzo. Por consiguiente, quien realiza el esfuerzo de estudiar y entender en forma organizada, tanto detalladamente como en forma global, cualquier tema de la Torá, pertenecerá al selecto grupo de personas que deberían seguir el camino del estudio de la Torá propiamente dicho, mientras que quien sólo se dedica a escucharla, pertenecerá al grupo de personas que se pudieran dedicarse al mantenimiento y al soporte financiero de quienes la estudian.

Pero, así como se ha hecho frente a los anteriores intentos para determinar a ciencia cierta quién es la persona que deba dejar el estudio para dedicar ese tiempo de estudio a la labor comercial o profesional en pro del sustento de otros, cabe señalar -como argumentación- que se hace difícil, en la práctica, poder demarcar los límites entre ambas actividades, estudiar y escuchar, al ser que quién sabe lo que pasa en las mentes de cada persona cuando escucha una serie de ideas concatenadas unas con otras; además, hay veces que sí va a entender todas las ideas mencionas y las relacionará en forma exitosa, mientras que habrán veces que no será así.

 

Promotor

 

En la Guemará Kidushín (9:1), está escrito que la calificación de alguien que promueve a otros para cumplir los preceptos -Meäsé- es más grande que aquél que la cumple –Ösé-. En el caso del estudio de la Torá, esto podría interpretarse con que si una persona sustenta a los estudiantes de Torá, y, de esa manera promueve y provoca su estudio, entonces, se encontrará en una categoría de mayor consideración -por parte del Talmud- que aquel que la estudia.

No obstante, si bien es cierto que quien provoca que otros hagan preceptos o que estudien Torá, no necesariamente se considerará promoción cuando sea por medio del aporte financiero, el cual podría ser catalogado como una herramienta para el logro de metas, pero no como el motor o la promoción de una acción; es decir, no es comparable una persona que convence y persuade a otro a cumplir con una Mitzvá, que si le da la herramienta para que la cumpla. En el primer caso, el que va a cumplir ya se encuentra promovido totalmente para su cumplimiento, y sólo haría falta la herramienta con que terminará de concretar con el objetivo. Pero, si sólo se dotará a la persona de herramienta (por ej. dinero o sustento), pero no se le persuade de que haga la Mitzvá, de nada le habrá servido esa herramienta (pues no tiene pensado cumplir con el objetivo): es como regalarle a alguien un martillo sin que éste sepa qué es lo que hay que hacer con éste; pero sí se le convence a una persona de que es importante arreglar un closet, incluso él mismo buscará la manera de obtener un martillo para tal fin. En otras palabras, la persona que va a enseñar personalmente sí sería considerada en el grado de Meäsé.

 

1000 Ciudades

 

En Maséjet Yomá (35:2), fue expuesto el funcionamiento del Tribunal Celestial a través de un ejemplo particular en el que acudieron tres almas, una que, en vida, fue pobre, la segunda, pudiente, y la tercera malvada. Todas fueron interrogadas sobre el por qué no habían fijado el tiempo suficiente para el estudio de la ToráLa alma del primero respondió que él había sido pobre y tuvo que dedicar su tiempo a buscar por su sustento. A lo que el Tribunal le replicó: “¿Acaso eras más pobre que Hilel Hazakén (conocido como un Excelentísimo Sabio, fundador de la Escuela de Bet Hilel, y cuyo estudio lo desarrollo bajo condiciones casi infrahumanas)?”. La Guemará narra una conocida anécdota para ilustrar el sacrificio material y humano que hiciera Hilel, a pesar de a extremada pobreza.

La misma pregunta se le hizo al pudiente, a lo que respondió que no disponía de tiempo para ocuparse de la Torá, al ser que tenía una cantidad enorme de responsabilidades proporcional a la riqueza que las Alturas le habían enviado. A lo que respondió el Tribunal: “¿Acaso eras más rico que Rabí Eläzar Ben Jarsom (conocido como un Excelentísimo Sabio, que poseía mil ciudades como parte de su patrimonio)?” -ver en la Guemará el resto del relato-.

De esta narrativa de la Guemará, la parte que interesa como prueba para esta investigación, es el episodio en que interpelan a la alma de este rico y le reclaman a causa del abandono de su estudio de Torá que hiciera a cambio del trabajo y manejo de sus finanzas, con lo cual se pone de manifiesto la objeción que tiene el Talmud, exponiendo el funcionamiento del Tribunal Celestial, frente a aquellos que dedican todo su tiempo al trabajo y abandonan el estudio propio de la Torá.

Por otro lado, se podría decir que, si bien esta conclusión da una idea de la gran importancia de estudiar Torá, esto bien podría haber tratado, o no, sobre almas de personas que tenían capacidad para el estudio de Torá, y no sobre el resto. Por ende, no se podrá obtener información clara y precisa sobre cuál sería el medidor exacto con que una persona sería catalogada con el nivel insuficiente de entendimiento de Torá, para tomar la decisión de de mantener la Torá en vez de estudiarla.

 

Conclusiones 

Si una persona puede estudiar Torá y también mantenerla (ayudar económicamente a otras personas para que tengan la oportunidad de estudiar Torá, ya sea sufragando el presupuesto de Maestros, comprando Libros, construyendo una escuela donde se pueda mantener la Torá), entonces sería lo ideal.

Si una persona tiene la opción de escoger entre hacer una dos, o estudiar Torá o mantenerla y no puede hacer ambas, entonces, de seguro, la Mitzvá de que él mismo estudie Torá tendrá preferencia antes que la de mantenerla.

Si un benefactor mantiene financieramente a aquellos que estudian la Torá o a instituciones que se dedican a su estudio, aunque se encuentre manteniendo cientos de estudiantes de Torá, y, por más responsabilidad que tenga para esta finalidad, esto no le exentará -al benefactor- de cumplir con el precepto de estudiarla personalmente en forma diaria, cumpliendo así con el versículo de Vehaguita Bo Yomam Va_Laila.

En el caso en que una persona se dé cuenta que no tiene mucha capacidad para retener lo que trata de estudiar profundamente, pero sí la tiene para sentarse, escuchar y entender una conferencia de Torá, entonces, esto no le exentará del deber de estudiar Torá, y se encargará primero de su propio estudio de Torá.

Si una persona no puede estudiar Torá del todo (verificando que esta condición haya sido evaluada por un Rabino competente), entonces, deberá tratar, al menos, de mantener la Torá,  para que, de esta manera, esté vinculado con el estudio de la misma.

 







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