REFLEXION PASTORAL


 

Reflexión pastoral sobre la NAVIDAD

         El objetivo de esta reflexión pastoral en torno a la Navidad es:

·        Tomar una conciencia más clara de cómo se celebran estas fiestas navideñas en nuestra ciudad contemporánea.

·        Descubrir con más claridad el sentido que puede tener hoy para el creyente la celebración de la Navidad.

·        Ayudarnos a adoptar una postura pastoral adecuada.

1.- UN CLIMA DE FIESTA DIFERENTE

Realidad sociológica.-

         Con la proximidad de la navidad, es fácil advertir en nuestra sociedad un esfuerzo especial por crear un ambiente de fiesta. Se adorna el interior de los hogares con diversos motivos navideños (luces, estrellas, cirios, belenes, árboles…). Lo mismo sucede en las calles, escaparates, bares, comercio, etc... Se comienza a escuchar música propia de esta época. Se advierte el deseo de crear un clima que rompa el ritmo de vida normal y nos ayude a olvidar, aunque sea durante algunos días, los problemas a los que nos debemos enfrentar diariamente.

         Sin embargo, estas fiestas poseen un carácter diferente al de otras fiestas que se suceden a lo largo del año. Todavía es fácil observar un clima de ternura, intimidad, etc..., de que carecen otras fiestas. ¿Cuál es la verdadera motivación de estas fiestas para el hombre contemporáneo de nuestra sociedad?

         Para algunos, se trata sencillamente del resto religioso que perdura en la conciencia de una sociedad que se descristianiza rápidamente.

         Para otros, representan la añoranza de un mundo imposible de inocencia, paz, fraternidad y verdadera felicidad, que los hombres somos incapaces de construir.

         Para muchos, las navidades se han convertido en las fiestas de invierno de esta sociedad moderna. De hecho, en nuestra sociedad de consumo, se utilizan durante estos días, todos los recursos y mecanismos imaginables para incitar a la gente a comprar, gastar y disfrutar. Parece como si solamente los que tiene dinero y pueden comprar, pueden celebrar estas fiestas.

Sentido Cristiano.-

         Para los creyentes el origen y la razón de estas fiestas son muy sencillos. Hacemos fiesta y expresamos nuestra alegría porque Dios ha querido compartir nuestra vida. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y luchas. Dios está con nosotros (Enmanuel). Hay futuro para la humanidad. Estas fiestas son la consecuencia de aquella Buena Noticia que se oyó en Belem: “Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador que es el Cristo Señor” (Lc. 2,10).

         Aquella Buena Noticia fue dirigida a todo el pueblo y, de manera especial, a la gente sencilla, los pobres, los marginados, los parados, los ancianos, los alejados de su hogar, los presos, los enfermos, los indefensos, los que no tienen seguridad alguna en la vida.

         Por eso, un creyente no puede celebrar estas fiestas satisfechas, y comer y cenar tranquilo, olvidando a todos esos hombres y mujeres para los que la Navidad no será motivo de fiesta sino algo que les recordará todavía con más crudeza su soledad, su impotencia, su vejez, su pobreza.

         No es posible creer en un Dios que ha querido compartir nuestra vida y celebrar el que se haya hecho solidario con la humanidad, y, al mismo tiempo, organizar nuestra propia vida de manera individualista y egoísta, ajenos totalmente a los problemas de los demás.

Actitud pastoral.-

         La Navidad puede ser una buena ocasión de evangelización y de educación de nuestra fe. Señalemos algunos aspectos.

         Es necesario ayudar a los creyentes a través de la celebración litúrgica  de estos días, a conocer el verdadero motivo de nuestra esperanza en medio de la vida; Dios está con nosotros.

         Esta fiesta debe ser para los cristianos una llamada a reflexionar sobre el carácter individualista con el que vivimos con frecuencia nuestra fe y nuestra vida entera.

         La Navidad puede ser buena ocasión para que la comunidad cristiana se pregunte cómo se comparte desde aquella comunidad creyente la suerte de las clases más pobres e indefensas de nuestra sociedad (parados, enfermos, ancianos, solitarios…).

         La Navidad debe ser una llamada no sólo a realizar unos gestos ocasionales de caridad, sino a buscar nuevos cauces concretos de solidaridad eficaz con los necesitados.

2.- EL CARÁCTER FAMILIAR DE LA NAVIDAD

Realidad sociológica.-

         Las fiestas de Navidad se caracterizan todavía por un clima más familiar y hogareño. Todavía hoy para muchos son unas fiestas de reunión y reencuentro familiar. La Navidad es ocasión para reunirse todos alrededor de una misma mesa. Los emigrantes o parientes alejados vuelven estos días al hogar. Se recuerda más que nunca la ausencia de los seres queridos muertos o alejados de la familia. Estos días, se refuerzan los lazos familiares. Se hace más fácil la reconciliación y el acercamiento entre familiares enfrentados o distantes.

         Sin embargo, esta reunión familiar ha perdido su sentido en muchos casos. Es cada vez más difícil el encuentro familiar cuando a lo largo del año no se vive en familia. Incluso, se hace insoportable cuando no existe verdadero diálogo entre padres e hijos o se van enfriando el amor conyugal de los esposos.

         Todo ello facilita cada vez más el celebrar estas fiestas fuera del hogar. Es más fácil la reunión ruidosa de esas cenas superficiales, ostentosas y vacías de un restaurante. El clima que hoy se crea no obliga a vivir la Navidad en una mayor hondura humana y cristiana.

Sentido cristiano.-

         Este carácter familiar de la Navidad es de origen profundamente cristiano. Según el relato de Lucas, los primeros en escuchar el anuncio de la Navidad han sido los pastores, los únicos que no duermen sino que se mantienen vigilantes y despiertos durante la noche.

         Por eso, desde muy antiguo, los cristianos acostumbraban a permanecer despiertos en la noche de Navidad, preparándose a celebrar con fe el nacimiento del Hijo de Dios. Desde entonces, en los países de tradición cristiana es costumbre esta reunión familiar.

         Sin embargo, el carácter familiar de esta fiesta tiene unas raíces más profundas. La Navidad es el recuerdo de que Dios ha querido formar parte de la familia humana. El Hijo de Dios se ha hecho nuestro hermano. Ahora la humanidad no es un conjunto de individuos aislados y dispersos que viven cada uno su vida. Todos somos hermanos. Todos formamos una gran familia que puede gritar a Dios “Abba”, Padre.

Actitud pastoral.-

         La Navidad nos tiene que recordar que la fe cristiana exige vivir con un sentido profundo de fraternidad. Quizás entre nosotros, la Navidad tenga que ser, antes que nada, una llamada urgente a convivir como hermanos, por encima de ideologías, creencias, partidismos políticos o siglas que cada uno pueda defender.

         Por eso, la Navidad debería ser ocasión de reflexión y de compromiso para crear entre nosotros un estilo nuevo de entender la lucha política y el esfuerzo común por una sociedad mejor. No se puede absolutizar los objetivos políticos, los intereses de partido o las propias razones de estrategia y eficacia, hasta el punto de no ver ya en el adversario un hombre, hermano mío.

         La Navidad puede ser también una buena ocasión para acrecentar la solidaridad y el sentido de fraternidad dentro de la comunidad y el sentido de fraternidad dentro de la comunidad cristiana. Los cristianos tenemos que descubrir prácticamente que la fe sólo se puede vivir de verdad en comunidad y que la comunidad cristiana es una familia que sólo se puede construir con la participación, la colaboración y los esfuerzos de todos los creyentes.

         La Navidad puede ser también una llamada para los esposos y padres cristianos. Ellos son los primeros responsables de hacer de su hogar la primera comunidad en la que los hijos puedan vivir la experiencia verdadera de familia y fraternidad.

         El sentido de la fraternidad del creyente no se limita a los hombres que pertenecen a su clase social, su ideología, su pueblo o su raza. La verdadera solidaridad es universal. La Navidad nos debe ayudar a entender nuestros problemas y nuestras luchas con un horizonte más amplio y universal. (Sentido de la Epifanía)

3.- EL INTERCAMBIO DE REGALOS

Realidad sociológica.-

         Es una costumbre tradicional es estas fiestas, el intercambio de regalos, realizado de maneras muy diversas. Entre nosotros, los regalos son atribuidos a los Reyes Magos, al Niño Jesús o al Olentzero.

         Este elemento ha adquirido una importancia excepcional en la sociedad actual; intercambio de regalos, aguinaldos, pagas extraordinarias, cestas de Navidad, rifas, obsequios, premio especial de lotería… Todo ha sido convenientemente explotado por la sociedad de consumo para impulsarnos a comprar y consumir.

         Pero hoy en nuestra sociedad, los regalos de Navidad muchas veces no son verdaderos regalos, Son objetos que se entregan por interés, regalos que se hacen con cálculos interesados. Se pone un regalo a los hijos en una actitud de ostentación, de envidia, de superioridad sobre los demás. Por otra parte, es más fácil dar un regalo a los hijos de vez en cuando, que ofrecerles una cercanía, nuestra escucha sincera y nuestro amor sacrificado cada día.

         Estamos creando una sociedad interesada y egoísta en donde se nos está olvidando lo que es el verdadero regalo gratuito. Corremos el riesgo de convertirlo todo en cumplimiento, interés, cálculo egoísta.

Sentido cristiano.-

         El intercambio de regalos por estas fechas de Navidad tiene un origen cristiano muy claro. De la misma manera que los pastores y los magos llevan sus regalos al Niño nacido en Belem, también los cristianos quieren manifestar su agradecimiento a Dios, regalando algo a los niños, los pobres, los necesitados, los seres queridos…

         Sin embargo, hay algo todavía más profundo. Para los creyentes, el gran regalo que nos recuerda la Navidad es el regalo que nos ha hecho el mismo Dios dándonos a su propio Hijo. El mismo Dios se nos ha regalado en su Hijo y nos ha manifestado así su amor a los hombres. “En Jesucristo se nos ha manifestado la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres. (Tito. 3,4).

Actitud pastoral.-

         La Navidad puede ser ocasión para subrayar en nuestra vida el sentido de agradecimiento a Dios. Quizás debemos aprender a celebrar la Eucaristía en estos días con un carácter más consciente de acción de gracias al Padre.

         Puede ser educativo en este sentido el ayudar a los creyentes a descubrir todo lo que de positivo y bueno vamos encontrando en nuestra existencia, Corremos el riesgo de analizar sólo lo negativo sin apreciar y valorar suficientemente todo lo que de positivo hay entre nosotros. El final del año puede ser una fecha oportuna para agradecer todo lo recibido a lo largo del año.

         Estas fechas pueden también ayudarnos a analizar el carácter interesado de nuestra vida, nuestro trabajo y nuestras preocupaciones. ¿No debería ser la comunidad cristiana un lugar en donde los creyentes aprendieran a preocuparse y colaborar desinteresadamente por los demás?.

4.- EL ANHELO DE PAZ

Realidad sociológica.-

Las fiestas navideñas son un recuerdo constante del anhelo de paz que  hay en la humanidad. Son innumerables los cantos y villancicos que nos hablan por estas fechas de la paz. El Santo Padre acostumbra a dirigir un discurso a los creyentes, que generalmente gira en torno a la paz. También son bastantes los dirigentes que se pronuncian en el mismo sentido haciendo augurios por la paz en el mundo. El día del Año Nuevo es el Día de la Paz. No es extraño oír por estas fechas peticiones de amnistía, indultos, alto al fuego, etc…

Por otra parte, se envían cada vez más felicitaciones y deseos de paz a los amigos, familiares y conocidos. Parece como si en estas fechas creciera en nosotros el deseo de una paz imposible.

Pero, todo este deseo de paz y felicidad,¿no queda en puro engaño y vana ilusión?. Porque la paz no se construye sólo con deseos y buena voluntad. Incluso, durante estas fiestas continuarán sucediendo entre nosotros esas acciones violentas que nos recuerdan que en nuestro pueblo no hay paz ( muertes, torturas, secuestros,etc…).

Sentido cristiano.-

         Este deseo de paz que se canta en las fiestas de Navidad tiene un origen en aquél cántico que se escuchó la primera Nochebuena en Belem “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc. 2,14).

         Desde entonces, la paz es un tema que aparecerá constantemente en la liturgia de Navidad. Recordad textos como Isaías 52, 7-10 (navidad) o Números 6, 22-27 (año nuevo).

         Pero, la paz no es sólo un cántico que acompaña el nacimiento de Jesús. Es el objetivo último de la Encarnación: la paz de los hombres con Dios, la paz de los hombres entre sí, la paz de los hombres consigo mismo.

         Una vez más, vamos a celebrar entre nosotros una Navidad envuelta en agresividad, violencia y sangre. Una vez más podemos recordar aquellas palabras de Mahatma Gandhi : “Hasta que el anhelo de paz no quede satisfecho y hasta que no hayamos liberado nuestra civilización de la violencia, Cristo no ha nacido aún…”

         ¿Es posible celebrar con verdadero sentido la Navidad cuando entre nosotros hay hombres que se matan entre sí casi diariamente?. ¿Cómo sentirse tranquilos la noche de Navidad cuando en tantos hogares faltarán hombres jóvenes cuya sangre ha caído en nuestra tierra?.¿Cómo hemos podido llegar a esta situación?.¿Cómo podemos estar perdiendo  sensibilidad ante el valor de cada vida y la dignidad de cada hombre?.¿Cómo puede haber entre nosotros tantos jóvenes dispuestos a matar y morir?.¿Cómo no hacemos nada más eficaz para buscar una solución?.¿Cómo no se toman medidas políticas más urgentes?.¿Cuál es el camino hacia una verdadera paz entre nosotros?.

         Demasiadas preguntas, que le encogen el corazón hoy a cualquier hombre que se sienta un poco humano, Pero, sería una cobardía el disponerse a celebrar la Navidad sin sentir en nuestra propia carne el conflicto que se encierra detrás de ellas.

         Quizás  sea bueno escuchar a dos hombres que buscaron honradamente la paz: “Es posible sentir la paz incluso en un ambiente de lucha, pero sólo a condición de sacrificarse y crucificarse para que desaparezcan las causa de los  conflictos” (Mahatma Gandhi). “La buena voluntad no es suficiente para establecer la paz, y la fuerza tampoco es capaz de mantenerla, porque la paz es el hijo frágil de la justicia y el amor, y sólo se desarrolla en un clima de humildad, de imaginación y de amor a todos aquellos que viven a nuestro lado y en el respeto profundo a la vida” (E. Carson).

Actitud pastoral.-

         Sería extraño celebrar hoy entre nosotros la Navidad sin preguntarnos qué estamos haciendo por suprimir las injusticias y todas las causas que provocan los actos extremos de violencia que vivimos entre nosotros.

         La Navidad nos debe ayudar a reflexionar en nuestras comunidades cristianas sobre nuestra actitud ante la violencia  y nuestra posible colaboración a la paz. ¿Cómo reaccionamos ante la destrucción de la vida de un hombre? ¿Qué clima social vamos creando con nuestros comentarios, nuestras reacciones o nuestra pasividad? ¿Por qué no actuamos con mayor energía presionando para que se vayan resolviendo las causas que provocan los estallidos violentos en nuestro pueblo?.

         La falta de paz, el odio, el rencor y la venganza se dan también en nuestras relaciones personales. No es posible celebrar la Navidad como creyentes sin escuchar la llamada a la reconciliación. Estas fechas pueden ser muy apropiadas para celebrar el perdón, recibir la paz de Dios y hacer la reconciliación entre nosotros.

         También este año muchos creyentes enviarán felicitaciones de Navidad . Pero, ¿sabemos “felicitar”? ¿Nos preocupa realmente la felicidad de los demás? ¿Estamos dispuestos a construir un mundo más humano y más feliz? Esta fiesta de Navidad debe ser una llamada a interesarnos más eficazmente por una sociedad más humana.

5.- COMIENZO DE AÑO

Realidad sociológica.-

         En el imperio romano, a finales de diciembre, cuando los días comienzan a largarse, se solían celebrar fiestas en honor del sol, que comienza a derrotar el poder de las tinieblas. Cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio, estas fiestas en honor de la divinidad solar pasaron a convertirse en las fiestas del nacimiento de Jesucristo, que para los creyentes es el verdadero sol y la verdadera luz que ilumina las tinieblas de los hombres (Juan 1, 4-5).

         Por eso, las fiestas de Navidad coinciden también hoy con el final del año solar y el comienzo de otro. Cambiamos de calendario, nos despedimos del año viejo y nos deseamos un feliz año nuevo.. Miles y miles de personas se repetirán la misma mentira “Año nuevo, vida nueva” y comenzarán el año con copas de champagne en la mano, comiendo las doce uvas y celebrando un cotillón.

         El paso del tiempo y la proximidad y cercanía de la vejez y de la muerte es algo que resulta insoportable al hombre contemporáneo. Por eso, necesita olvidar, aturdirse, engañarse a sí mismo, desearse una vida feliz. Así muchos comenzarán el nuevo año en la mentira de una cena celebrada entre carcajadas ruidosas, copas de champagne y augurios de felicidad y prosperidad.

         Sin embargo, comienza el nuevo año, pero nuestra vida continúa y envejece. Y continúan nuestros problemas y sufrimientos, y continúan nuestras luchas y nuestro trabajo. Y seguimos cometiendo los mismos errores y repitiendo los mismos fallos. Y seguimos estropeando cada día nuestra vida y seguimos obstaculizando una convivencia más humana entre nosotros.

Sentido cristiano.-

         Para los creyentes, la Navidad es una fiesta que invita a la renovación, Jesús es para nosotros el Hombre nuevo. Alguien que nos llama a vivir de una manera nueva. Alguien que enseñó una doctrina nueva. Alguien que nos dejó el mandato nuevo del amor. Alguien que nos invita al cambio, a la renovación, a la conversión constante.

         En la Navidad no celebramos solamente el nacimiento de Jesús. Celebramos también nuestro nacimiento a la fe y a la esperanza de salvación.

         Por eso, la Navidad es fiesta de conversión de nuevo nacimiento, de renovación de nuestra vida cristiana.

Actitud pastoral.-

         El creyente comienza el nuevo año, alentado por la esperanza que le viene de Jesucristo. El año nuevo es un tiempo abierto, un tiempo de salvación, lleno de posibilidades, porque es un tiempo que se nos ofrece como gracia. Estas fechas pueden ser apropiadas para educar a los creyentes en el sentido que tiene el tiempo y la vida como gracia de salvación.

         Al mismo tiempo, comenzar un año nuevo es sentirse llamado a renovar nuestra vida y aprender a “desvivirse” por los demás, es decir, a ir gastando vida, tiempo, energías, años…. En el servicio a los demás.

         El fin del año viejo y el paso al año nuevo puede ser para la comunidad cristiana un momento propicio para reunirse en  oración, agradecer a Dios los dones recibidos a lo largo del año, suplicar el perdón por los pecados del pueblo y pedir fuerza y esperanza para enfrentarse al futuro.

         En la comunidad cristiana no se puede comenzar el año nuevo de manera aislada, al margen de todos los hombres y mujeres que comenzarán el año nuevo con miedo, sin esperanza, agobiados por la falta de salud, la falta de trabajo, o el temor de ver deshacerse su vida, sus ilusiones y su seguridad.

6.- EL MISTERIO DE BELEM

Realidad sociológica.-

         Durante las fiestas de Navidad se ha hecho tradicional la colocación del “Belem” en los templos, hogares, escaparates, plazas, etc. Su origen o, al menos, su desarrollo se remonta a San Francisco de Asís y a los franciscanos que lo extienden por toda Europa. En el S.XVII lo encontramos en Nápoles, España, Portugal, Francia, Alemania del sur, etc.

         Alrededor del “Belem”surge todo un mundo de villancicos, nanas, bailes, leyendas, cuentos de Navidad, recorridos por las calles, etc. En cada pueblo se entremezclan después otros elementos autóctonos. Entre nosotros es típica la figura del Olentzero, de origen difícil de precisar, quizás resto de los “jentillak” pre-cristianos, de carácter grotesco, al que la tradición cristiana lo ha convertido en el embajador del nacimiento de Jesús.

         Más recientemente han llegado hasta nosotros otros elementos importados de otros países: el cirio y el árbol. Es muy probable que su origen se remonte a las fiestas populares romanas en las que se rendía culto a los emperadores el día en que se conmemoraba su nacimiento. La luz era encendida como símbolo de la vida y el ramo verde era utilizado como símbolo de la eternidad.

         Ambos elementos han sido ampliamente utilizados con un simbolismo cristiano. El cirio que se enciende en la noche de Navidad simboliza el nacimiento del Señor que viene a iluminar el mundo envuelto en tinieblas. El tema es recogido con frecuencia en la liturgia de la Navidad (Juan 1,9; Isaías 9,2-7 y 60, 1-6).

         El árbol de Navidad se desarrolla sobre todo a partir del S:XVI y XVII en los países al norte del Rhin. Es empleado con un sentido profundamente cristiano. En primer lugar, éste árbol recuerda el árbol del paraíso perdido por el pecado del primer Adán y del que seremos salvados por el nacimiento del segundo Adán, Cristo. Pero además, simboliza a Cristo, Árbol de la vida para la humanidad.

         El árbol, iluminado y lleno de regalos, simboliza a Cristo, verdadero Árbol de vida, que nos trae la Luz capaz de orientar nuestras vidas y el gran Regalo de nuestra salvación.

         Todo éste simbolismo ha quedado superficializado, pues ha perdido vigor y sentido original. Las gentes se llevan a sus casas sus pinos o sus abetos sin saber exactamente por qué. Las calles se llenan de árboles y luces sin apenas nadie conozca su hondo significado.

 

Sentido cristiano.-

         Todos estos elementos pueden quedar en un mero adorno decorativo de nuestra sociedad de consumo. Sin embargo, pueden y deben tener un significado mucho más profundo para los creyentes. En realidad, el centro de todas las fiestas navideñas está simbolizado en este portal de Belem, esa luz y ese árbol. Para un creyente es importante recordar que el centro de toda la Navidad es el Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación.

         “Dios hecho hombre por nosotros”. Esto no es fácil de entender. Cuando todos queremos subir, Dios quiso bajar. Cuando todos nos queremos dar importancia, Dios se hace poco importante. Cuando todos queremos ser ricos, Dios se hace pobre. Cuando todos nos preocupamos de nuestras cosas hasta el punto de desentendernos de los demás, Dios se hace solidario con la humanidad.

         La Navidad sólo la pueden entender los que tienen un corazón sencillo, límpio, pobre y solidario. Quizás por eso, según pasan los años y vamos avanzando en la vida, se nos hace más difícil celebrar la Navidad. Vamos creciendo en malicia, egoísmo, ambición, mentira. Así es difícil entender el sentido hondo de la Navidad. Es difícil sintonizar con el misterio de la Navidad.

         Y sin embargo, ahí siguen las palabras de Jesús: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de Dios”. Si no nos hacemos como niños, podremos tener dinero, prestigio, seguridad, un alto nivel de vida, no entenderemos a Dios, seremos incapaces de entrar en el mundo d e Dios.

Actitud pastoral.-

         Desde una actitud cristiana, no sería tan absurdo recuperar el simbolismo de todos estos elementos sencillos (el Belem (Jaiotza), el cirio, el árbol, las luces, estrellas..) y aprender a mirarlos con ojos más profundos. Nos pueden recordar el misterio central de la Navidad.

         Desde una pedagogía de la fe, es particularmente interesante ayudar a los niños, capaces todavía de extasiarse ante el portal de Belem, a descubrir el significado profundo que encierra la Navidad.

         Estas fechas pueden ser ocasión para que la familia pueda orar, de manera sencilla pero verdadera, ante el portal de Belem instalado en el hogar. No es tan difícil en Nochebuena, reunirse con los hijos antes de cenar para leer el relato del Evangelio sobre el nacimiento de Jesús, disfrutar del encanto de los niños ante el Belem y pedir entre todos para que Cristo se haga más presente entre nosotros y la paz llegue hasta nuestro pueblo.