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Aquí, la eternidad comienza... es arte y ciencia todo lo que en el pasado fue grandeza...

¡Ven, vuela conmigo! Un poco al cosmos de los dioses, otro tanto al reino de la humanidad y, sobre todo, en el intento de alcanzar... un soplo de eternidad.

Caeremos, es lo más seguro; resbalaremos y alcanzaremos la sima de los acantilados; dolerá, sí que duele; pero nunca cae quien no vuela, quien no intenta, quien no se arriesga, quien -cruzado de brazos, esperanzado solamente-, navega por la vida naciendo, estando y muriendo.

Tú y yo, volaremos si te animas. Unas veces los vientos nos desviarán de las rutas; nos llevarán a otros lugares no deseados; pero será porque volamos muy alto. La recompensa de esta osadía es mirar al mundo tal cual es; en toda su magnificencia, su plenitud, su hermosura, su ¡insoportablemente franca belleza!

Y, tal vez, un día, cuando nadie lo sospeche siquiera, les contaremos lo que hemos visto, comprobado, admirado. Y, puede ser, sí, puede ser que alguien más otro día en el futuro se anime y vuele más alto, más veloz, más lejos. Esos días por venir serán esplendorosos, y el mundo será realmente humano...

José Martínez Nava
Vulcano
7 de noviembre de 2009