Introducción a la lectura de la Biblia en las comunidades Bíblicas parroquiales.

Volumen 38

 

INTRODUCCIÓN

A LA LECTURA

DE LA  BIBLIA

 

EN LAS PEQUEÑAS COMUNIDADES

 

Autor, César Herrera Sánchez, redentorista

Fraternidad Misionera del Redentor y la Palabra. Asociación pública de fieles

 

Medellín

 Carrera 81ª  Nº48B-34.  TEL 2 64 11 61

E-mail:cesarhs2@hotmail.com  y   cherrera@gmail.com

http://unamigos.sub.es

A las comunidades de fe que se reúnen alrededor de Jesús, vivo en la Palabra de Amor del Padre. Agradezco a las hermanas y hermanos que han enriquecido este libro en escuelas, comunidades, talleres y cursos bíblicos.

 

PUEDE IMPRIMIRSE

Mario Card. Revollo Bravo Bogotá, 28 de Enero de 1992

Rg.Lb Imp. Fol. 26 N 1763

Presentación

 

Este libro pretende dos objetivos: asesorar a quienes comienzan la lectura de la Biblia y mostrar una manera de poner en marcha  comunidades neotestamentarias.

El libro gira alrededor de dos consignas  de la Iglesia de hoy: la Biblia, como manual de la fraternidad cristiana, y la comunidad, como Evangelio existencial  y programa de vida.  Estas dos palabras son inseparables en la pastoral del Nuevo Testamento, y deben serlo para el futuro de la Iglesia.

Son dos palabras maestras también de la teología actual: la Sagrada Escritura, y en especial el Nuevo Testamento, y la eclesiología de comunión.

Las dos  palabras nos colocan en el corazón de la fe católica: “La suprema norma de la fe cristiana es la Sagrada Escritura unida a la Tradición”, dice el Concilio Vaticano II.  Por ello, utilizamos la denomina­ción de “comunidades bíblicas parroquiales”: bíblicas, en cuanto convocadas alrededor de la Palabra Inspirada que se sintetiza en Jesús; y parroquiales, como vinculadas a la Tradición viva eclesial.  Por otra parte, la Iglesia no añora la era del “Orbe católico” y de la Cristiandad, y cada vez se siente mejor como comunidad de contraste, provocadora y profética, humilde pero fascinadora, frente a la sociedad civil, que constituye su entorno cotidiano.

Con estas dos, van unidas otras palabras programáti­cas para la pastoral de hoy, como laicos, formación permanente, conciencia crítica y transformación de la historia por el diálogo intercultural.

Laicos, que se proponen leer la Biblia y vivir la Palabra  y  asumen la responsabilidad de animar las comunidades, en las cuales se despliegan los ministerios laicales.

Conciencia crítica, porque la fe de carbonero cede el paso a una fe consciente y crítica, que haga al hombre agente de su propio desarrollo, hasta la universidad y los postgra­dos, y lo mantenga humilde y generoso en la cruz del amor que es la de Cristo.  El Evangelio de Jesús  es para los hombres y mujeres de la postmodernidad.

La otra consigna es la transformación de la historia:  la comunidad de contraste frente a la sociedad civil lucha por el mejora­miento del mundo, no por el imperio sino por el dinamismo del Evangelio vivido en las comunidades, donde se mantiene siempre activo el diálogo intercultural.

El libro consta de tres partes:  la primera nos dice "Cómo nos habla Dios", y desarrolla, en diez lecciones, el tema de la Inspiración y Revelación, a la luz de la Dei Verbum, pero con una visión organizada alrededor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. La segunda parte despliega una panorámica de la Historia de Salvación en diez etapas.  Y la tercera parte son diez sesiones preparadas para poner en marcha las comunidades.

Ojalá este libro tan sencillo sirva a los catequistas y agentes de pastoral para llevar a la práctica las orientaciones del Episcopado latinoamericano y  sobre todo la misión que Jesús resucitado entregó a los miembros de su comunidad: "Vayan y hagan discípulos..." (Mt 28,20)

EL PROYECTO DE JESÚS: 

SU  OPCIÓN METODOLÓGICA PASTORAL

 

La clave de lectura de este libro

Cuando el joven profeta Jesús dejó a Nazareth, donde residía con su madre, y se dirigió hacia el Jordán, tenía ya clara la opción metodológica  sobre la manera de llegar a cada hombre para transformarlo por dentro e infundirle la nueva visión sobre el mundo, los hombres y Dios.

La opción metodológica fundamental de Jesús no fue la de Aristóteles que consistió en escribir libros para convocar a los hombres a un consenso y a una convic­ción colectiva. Ya muchos habían tomado esta decisión, incluso en Israel, como se comprueba por los escritos sagrados.

Tampoco coincidió con Mahoma quien, además de escribir el libro del Corán, "cuyo original y madre está en el cielo", convocó a los hombres a la lucha para  “con­vencer” a los demás y salvarlos en una misma religión.

Otro procedimiento a mano era organizar las ideas y hacer discursos, a la manera de Buda, para que grupos de discípulos voluntarios realizaran ese prodi­gio de comunicación misionera que fue el budismo en la época de Jesús, en los países del Asia y el Extremo Oriente.

Sobre todo, Jesús desistió de imitar a los profetas que pretendieron cambiar a toda la nación judía, con los jefes civiles, religiosos, militares, financieros y todos los miembros del pueblo, para obligarlos a cumplir la alianza pactada con Dios.  La nación judía le rechazó las propuestas a Jesús.  El dejó clara constancia de su proclama, pero no insistió  en utilizar su poder divino y humano para obtener sus propósitos.

La opción metodológica fundamental de Jesús fue animar con su presencia una comunidad de personas humanas llamadas por él y comprometidas mutuamente.  El centro no fue ni una doctrina, ni una ley ni un poder milagroso.  Tal fue la intuición pastoral genera­dora de este nuevo y definitivo profeta de Nazaret, fundada en la conciencia y en la libertad del amor.  Los miembros de esta primera comunidad apostólica, entrenada por Jesús, dedicaron todas sus energías a repetir la misma experiencia.  Así lo hizo también Pablo, sobre todo en el ambiente helenístico.

Estas comunidades deben nacer y crecer injertadas en el ministerio apostólico de los obispos y en la comuni­dad parroquial como garantía de fidelidad al proyecto de Jesús.

Este libro, y la serie que proyectamos para las escue­las bíblicas, se propone servir a esta decisión que Jesús tomó cuando empezó a comunicar la Buena Nueva que traía, al reunir  a su alrededor un grupo de hombres y mujeres para que estuvieran con él y para enviarlos a la misión.  Jesús quiere seguir provocando con nosotros, hoy, el mismo acontecimiento comunitario, y para eso se ha quedado en medio de las comunidades,  todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

 

 

 

 

 

 

 

Primera parte

La Norma de la fe cristiana: 

La Sagrada Escritura y la Tradición

La Revelación y

La Inspiración de la Biblia

 

 

¿Cómo nos habla Dios

 y cómo le respondemos los hombres?

 

Contenido: 10 lecciones

 

1.  Presentación formal del libro de la Biblia

2.  El Padre nos habla por la naturaleza

     y por la historia

3.  Jesús de Nazaret, formado en el pueblo de Israel, es palabra vivida     en la historia humana,

      expresada en las Escrituras.

4.  El Espíritu Santo actúa en la historia de salvación

Y  nos habla por la vida del pueblo de Dios

      y por la Lectura de la Biblia.

5.  Cómo respondemos al Padre?

6.  ¿Cómo respondemos al Hijo?

7.  ¿Cómo respondemos al Espíritu Santo?

8.  La Biblia es para todos los pueblos

9. La Iglesia se ha alimentado siempre

     de  la Palabra de Dios

10.   Para el tercer milenio 

        Nota: Curso a distancia.  En cuaderno separado se publica una guía para utilizar este libro como curso bíblico a distancia.

 

Lección 1ª

Presentación del libro de la Biblia

1. Aspectos generales 

1.1  Nombre.  La palabra Biblia viene del griego Biblion:  librito, que en plural es “Biblia”: libros. La iglesia griega los llamaba "Biblia Aghia":  “Libros Santos”.  En latín “Biblia” se entendió como si fuera femenino singular.  Lo mismo en castellano (Ver. 1 Mc 12,9).

1.2  Una Biblioteca.  En efecto, la Biblia es una biblioteca.  En esta biblioteca encontramos libros de la más diversa índole: historia, poesía, epopeya, novela, elocuencia, drama, etc.  Los diversos géneros literarios, como expresión de la realidad humana, son medios de comunicación de Dios con nosotros en la Biblia.

1.3  Un libro.  Esta biblioteca tiene un carácter especial: si compramos un nuevo libro para nuestra biblioteca en nada cambian los demás.  Por el contrario, cada libro que se añade a la biblioteca-Biblia ilumina a los demás y es iluminado por ellos.  Entra a formar un conjunto al mismo tiempo homogéneo y múltiple: expresa el plan de Dios.

La Biblia se llama también Escritura (Jn 5,39  Mt 21,42);  Las Sagradas Escrituras (Rm. 1,2).

1.4  Un pueblo, un libro.  Primero es el pueblo, después es el libro.  Primero es Israel y Jesucristo y la Iglesia y, como cristalización de ellos, la Biblia.  Dios se revela por los hechos y por escritos sagrados.

Dios nos habla a través de las experiencias de un pueblo.  La historia bíblica es como el álbum familiar o las memorias de una familia, que constituyen una unidad.  Por eso se puede decir que la Biblia es un libro.  Y porque la Biblia es el libro del pueblo de Dios no podemos interpretar una parte o un libro aisladamente.  Cada libro y cada texto deben entenderse a la luz de la totalidad de la Biblia.  La totalidad del mensaje bíblico sirve de contexto y de ambiente a cada una de sus partes.  Esta unidad vital con el pueblo siempre creativo se llama Tradición.

 

 

2.  Dos testamentos o alianzas

La primera división que encontramos en la Biblia es la de Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.  La palabra testamento no tiene el sentido habitual en castellano, de documento válido para después de la muerte.  El sentido original es de alianza o disposición: modo de relacionarse con Dios

2.1  Primer Testamento o Biblia Hebrea.  Los judíos actuales viven de acuerdo con la primera alianza.  La Biblia judía contiene solo este primer testamento o disposición, que ellos consideran válida.  Para ellos no es correcto que hablemos de “Antiguo Testamento o Viejo Testamento” ("Vetus Testamentum"), como si ya no tuviera fuerza. Las promesas de Dios no son caducas.

2.2  Nuevo Testamento.  Los cristianos, además de la primera alianza o disposición, tenemos en la Biblia, la Nueva Alianza:  nuevo modo de relacionarnos con Dios por medio de Jesucristo.  En el Primer Testamento se prepara el misterio de Cristo, y en el nuevo se consuma.  Es el momento de tomar la Biblia y abrirla en el comienzo del Nuevo Testamento.  Luego hacemos un recorrido rápido por cada uno de los testamentos.

3.  El Canon

3.1  Formación del Canon.  El Canon es la lista oficial de los libros reconocidos como inspirados por Dios o como Palabra de Dios. El pueblo judío solo reconoce la lista o canon correspondiente a la primera alianza.  Los cristianos -católicos, ortodoxos, protestantes- reconocemos, además,  los libros del Nuevo Testamento.  Son palabra de Dios según nuestra fe.

Debemos tener presente que desde el destierro (año 586) los judíos salieron fuera de Palestina y se establecieron en diferentes partes del mundo.  Estos judíos radicados en Babilonia o en Egipto formaron la llamada “Diáspora”. En tiempo de Jesús había por lo menos 40 mil judíos en Roma y más de cien mil en Alejandría. En esta ciudad de Egipto, se hizo una traducción de la Biblia hebrea al griego, antes del año 150 a.C., que se llama la traducción de los LXX o Biblia griega.  En esta Biblia se añadieron unos libros que no están en el canon hebreo, porque fueron escritos para los lectores griegos. 

En tiempo de la Iglesia apostólica no hay unidad de canon.  ¿Por qué?.  Después de la caída de Jerusalén, en el año 70 de nuestra era, los fariseos, reunidos en el sínodo de Yamnia, definieron la lista oficial de los libros inspirados.  Decidieron considerar como inspirados o canónicos solo los libros escritos en hebreo y publicados en Palestina.  Los que no cumplían estos dos requisitos fueron excluidos del canon.

Tenemos, por consiguiente, en el siglo I de nuestra era, dos clases de Biblia para el primer testamento.  La Biblia hebrea y la Biblia griega.  Los cristianos consideraron como suya la Biblia griega o de los LXX, mientras que los judíos, fariseos escapados de la ruina de Jerusalén y del templo, solo reconocieron la Biblia hebrea.

 

3.2           La Biblia Hebrea:

3.3           Primer Testamento.

  Algunas Biblias editadas en castellano, tienen el orden de la Biblia     hebrea que es el siguiente:

I.                 LA LEY:  (Hebreo, Torah): Gn, Ex, Lv, Nm, Dt.

II.     LOS PROFETAS:  (Nebiim).

(Historia Profética) Js, Jc, 1S, 2S, 1R, 2R.

(Colecciones Proféticas) Is, Jr, Lm, Ba, Ez, Os, Jl, Am, Ab, Jon, Mi,      Na, Ha, So, Ag, Za, Ma.

N.B  Desde el siglo XV, a veces se llama profetas anteriores

a Js, Jc, 1Sm, 2Sm, 1R, 2R.

III. LOS ESCRITOS:  (Ketubim).

Escritos sapienciales:  Sal, Prov, Jb, Ct, Qo, Si, Sb.

Escritos Midráshicos:  1Cro, 2Cro, Ed, Ne, Rt, Tb, Jdt, Est.

Escrito Apocalíptico: Dn.

Doble narración histórica:  1M, 2M.

Las tres palabras hebreas Torah-Nebiim-Ketubim forman una     palabra nueva, TNK-Tanak.  Así llaman la Biblia los judíos.

Tenemos así 47 libros, pero serán 45 si se unifican Lamentaciones y el libro de Baruc con el de Jeremías.

En la Biblia Hebrea y en las ediciones protestantes faltan 7 libros: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos.  Faltan asimismo algunos fragmentos: Ester 10,4-16; Daniel 3,24-90; 13 y 14.  Estos últimos siete libros pertenecen a la Biblia griega.

 

3.3  La Biblia griega y el canon griego.  La Biblia griega presenta la siguiente disposición que se halla en la mayor parte de las Biblias corrientes:

 

 

 

 

I. LEGISLACION E HISTO­RIA.

 Génesis, Exodo, Levítico, Números, Deuteronomio: Penteuco.               Josué, Jueces, Rut, Los cuatro “li­bros de los Rei­nos”:I y II =Sa­muel; III y IV =Re­yes.                      

Paralipómenos, I y II (=C­rónicas)

 [Esdras I] Esdras II (= Es­dras-Nehemías)

 Ester, con frag­mentos pro­pios en griego  Judit.

 Tobías. Ma­ca­beos I y II  [más III y IV apócrifos]             

II. POE­TAS Y SABIOS

Salmos.[Odas].Proverbios de Salo­món.    Ecle­siastés.                    Cantar de los Cantares.  Job.

El libro de la Sabiduría (“Sabidu­ría de Salo­món”). 

Eclesiástico (“Sabiduría de Sirac”). 

[Sal­mos de Salo­món].  

III. PROFETAS  

 Los Doce Profetas Menores (“Do­deca pro­fe­tón”), en el orden que sigue: Oseas, Amós, Miqueas, Joel, Ab­días, Jonás, Nahum, Haba­cuc, Sofo­nías, Ageo, Zaca­rías y Mala­quías.   

Isa­ías, .Jeremías. Ba­ruc (=Baruc 1-5). La­mentaciones.            

Carta de Jeremías (=Baruc 6). Ezequiel. Susana (=Da­niel 13). 

Da­niel 1-2 (3 24-90 es propio del grie­go).        

Bel y el Dragón (=Daniel 14).                      

La Comunidad apostólica utilizó la Biblia griega y por esto constituye para la Iglesia católica la lista oficial. La Biblia Griega es parte esencial de la fe apostólica.

Los protestantes suelen seguir el canon hebreo.  Por este motivo en las Biblias editadas por los protestantes faltan los 7 libros que hemos mencionado y que ellos llaman apócrifos.  Los 7 libros propios de la Biblia Griega son llamados deuterocanónicos.  Las Sociedades Bíblicas Unidas, que están al servicio de todas las Iglesias, editan Biblias con ambos cánones, o sea, con deuterocanónicos o sin ellos.

Los católicos llamamos apócrifos algunos libros que no pertenecen al Canon pero que fueron escritos en la época bíblica o poco después y sirven para entender la cultura judía y cristiana primitiva y para interpretar mejor la Biblia.

En el siguiente esquema puede apreciarse la diferencia de terminología.

 

 

Libros

            Católicos

Protestantes

Tobías, Judit

Sabiduría,

Eclesiástico,

Baruc

1 y 2 Macabeos 

             “Deterocanónicos”

 

Son inspirados

Pertenecen a la Biblia.

            “Apócrifos”

No

Pertencen

A a la Biblia.

Salmos de Salomón

Henoc

Los Jubileos

Ascensión de Moisés

Testamento de los

Patriarcas

3 Esdras

4 Esdras

Martirio del Profeta

Isaías.

 

      

 

 

            

        “Apócrifos”

 

 

 

 

   “Pseudoepígrafos”

 

4.  Divisiones

4.1  División por capítulos.  Los libros antiguos, incluso los primeros impresos, eran un largo texto continuo del comienzo al final.

Los judíos, para el uso en las sinagogas, dividieron el Antiguo Testamento en secciones, para la lectura semanal.  La distribución se hizo para un año y para tres.  La actual división de la Biblia por capítulos se empezó con Lanfranco, consejero de Guillermo el Conquistador, en el siglo XI, y se completó con Esteban Langton, profesor de la Sorbona y luego arzobispo de Canterbury.  Los libreros de París introdujeron la división por capítulos en la Vulgata en el año 1226.

4.2  División por versículos.  La división de un texto en frases cortas de un renglón se utilizó al comienzo como puntuación o también para calcular el salario de un copista.  Esta disposición rítmica la introdujo en la Biblia San Jerónimo.  La primera edición de los Salmos con los versículos numerados es la de Lefévre, en 1509.  Santo Pagnini, dominico italiano de finales del siglo XV, enumeró al margen los versículos de la Biblia latina.  Esta Biblia de Paganini se publicó en Lyon en 1528.

La división en capítulos y versículos permite encontrar de inmediato un pasaje de la Biblia.  Para esto se indican tres cosas:

1.  El título del libro

2.  El número del capítulo, seguido de una coma (a veces dos puntos) 

3. El número de los versículos, con un guión o un punto.

Por ejemplo:

Dt 6,1-9: Deuteronomio, Capítulo 6, Versículos del 1 al 9.

Dt 6,1.9-10: Deuteronomio, Capítulo 6, Versículo 1 y Versículo 9 y 10.

Mt 6,1-4.16-18: Mateo, Capítulo 6, desde el versículo 1 al versículo 4 y desde el 16 al 18.

Cuando se citan seguidos varios textos de un mismo capítulo, este no se repite.

 

Lección 2ª

 

El Padre nos habla

a través de la naturaleza y de la cultura

 

0. Dios nos habla a los cristianos como Padre, como hombre Hijo de Dios y como Espíritu  de comunión fraterna

0.1  Nuestra fe en un Dios que habla y se comunica, punto de partida       Los cristianos leemos la Biblia porque es Palabra de Dios.  Partimos de una convicción de fe: Dios ha hablado a los hombres.  Pero antes de referirnos a la Biblia, llevamos dentro una pregunta más general, que es la siguiente: ¿Cómo nos habla Dios?  Para luego plantearnos la segunda pregunta: ¿Qué papel desempe­ña la Biblia en la conversación de Dios con los hom­bres? ¿Solo mediante la Biblia  se comunica Dios con los seres humanos?

0.2  Diversas respuestas   A varias personas he planteado esta pregunta ¿Cómo nos habla Dios?

 

En Bangalore, India, Soraya me decía: “Dios me habla por el profundo silencio que yo encuentro en mi sintonía  con las fuerzas de la naturaleza.  Al concentrarme en la luz que rutila entre mis dos ojos, al cerrarlos, me adhiero al Absoluto en el silencio de la conciencia. A través de las energías de la naturaleza Dios se comunica conmigo.  De mis libros sagrados, mediante los cuales interpreto el habla de Dios, leo sobre todo el Bhagavad Gita”.

Mi amigo Jacob Ben Shaul, Judío observante de Nueva York, afirmaba con profunda convicción: “cada letra del Tanak (Biblia Hebrea) es Palabra de Dios”.  Y un teólogo luterano, en un grupo de trabajo en Buenos Aires, sostenía: “La Biblia no `contiene` la Palabra de Dios; la Biblia `es` la Palabra de Dios; no hay más Palabra de Dios que la Biblia.  Las demás son Palabras humanas, invento de hombres pecadores".

Y Rosalía, mi abuelita, me decía: “Dios me habla mediante el catecismo y mediante el sacerdote de mi parroquia, que es muy santo”.

En un grupo de oración, una señora dice: al fin encontré la luz; el Espíritu Santo me ha dicho que este es su camino verdadero y único.  Un Señor dice:  El Espíritu Santo me inspiró que debo vivir con esta mujer, que es infinitamente más santa que la señora con que vivía.  Otro dice: este texto significa que cada uno tiene el Espíritu santo y lo va guiando en este grupo de oración (protestante).

Un señor se siente movido por el Espíritu Santo y alquila un garaje y  empieza fundar su nueva Iglesia  a su talante. 

Otra persona pregunta: conozco unas 30.000 sectas, y todas dicen que aman a Jesucristo y que Jesús les habla a cada una.  ¿Es el mismo Jesús?

Todos estos amigos están convencidos de que Dios les habla en el lenguaje que cada uno entiende.  Pero ¿cuál de todos tiene la razón? ¿Cómo nos habla Dios?.

0.3 Nuestra respuesta. Para dar la respuesta  completa, podemos distinguir en el habla de Dios tres formas.  Dios se comunica y se revela de tres maneras.  Podemos decir que Dios  habla en tres idiomas para comunicarse con nosotros...para revelarse. Dios nos dice su amor en tres lenguas distintas. Si Dios se comunica con todos los hombres como Ser Supremo, a nosotros los cristianos, nos habla en el universo y en la historia, en la persona humana de Jesús y en el Espíritu Santo.

 

 JESUS NOS HIZO ESTA REVELACION.

Dios nos habla como Creador, como hombre Hijo de Dios  y como Espíritu santo.

 

                         Naturaleza       (realidad)

Creador

                         Historia o cultura  (símbolo)

 

                         Pueblo de Dios  (realidad)

Un hombre Hijo de Dios

                         Escrituras: A.T. y N.T.  (símbolo)

 

                         Iglesia: Tradición   (realidad)

Espíritu   Santo                 

                         Lectura de  la Biblia   (símbolo)

 

1.1  Dios, creador, se revela por la naturaleza

1.1.1  Los signos y los símbolos para la comunicación

Dios nos hizo a su imagen y semejanza.  Por eso, antes de hablar de Dios hablemos de nosotros.  ¿Cómo nos comunicamos entre nosotros?  Cuando amamos a otra persona, cómo le revelamos nuestro amor, aun antes de declarárselo con palabras?  Le enviamos un regalo, le mostramos una actitud, utilizamos un gesto, empleamos signos que expresen nuestro sentimiento interno.  La comunicación simbólica es esencial al lenguaje como elemento constitutivo del ser humano.

1.1.2  El mundo, un alfabeto.    Como nosotros,  también Dios utiliza el lenguaje de los signos para revelarse a todos los hombres.  La crea­ción entera es un conjunto de signos mediante los cuales Dios nos habla.  Las distancias que separan las galaxias nos dejan abismados.  La organi­zación del átomo y de lo microscópico nos asombra.  El mundo, con el proceso evolutivo, que lo hace siempre antiguo y siempre nuevo, es un alfabeto que nunca acabamos de descifrar.  La física, la química, las matemáticas, la genética, la medicina, la informática y todas las ciencias, que estudian las leyes de la natura­leza, nos van revelando el designio de Dios escrito en la creación.  Por eso decimos que la ley natural es Palabra de Dios para nosotros, a la que debemos obedecer.  Dios nos habla callando, como dice Clemente de Alejandría.

1.1.3  Las religiones,  respuestas del hombre a Dios.    Todos los hombres, al contemplar el mundo, descubren en él signos de la presencia de Dios.  Los japoneses, los africa­nos, los incas o los chibchas escucharon una palabra de Dios que resuena, se ve, se huele, se palpa y se siente en todo lo que per­cibimos. Incluso dieron nombres de dioses a los fenómenos de la naturaleza (teogonía): Neptuno, Mercurio, Júpiter, etc.

1.1.4  Hablan los teólogos.     Los teólogos utilizan estas fórmulas: Dios se revela a través de la naturaleza.  Dios es único.  El hombre goza de una revelación natural. El hombre puede conocer a Dios por la naturaleza.  La razón puede conocer a Dios.  “Dios creando y conser­vando el universo ofrece a los hombres  en la creación un testimonio perenne de sí mismo” ( "Dei Verbum", 3).  San Pablo lo expresa de otra forma en Rm. 1,19-20.

 

1.2  Dios, Creador, se revela por la historia o la cultura

1.2.1  La historia y la cultura.    La historia es todo lo que el hombre realiza con conciencia y libertad.  En la historia interviene la decisión libre del hombre, y por eso se distingue de la naturaleza.  Todo lo que las personas humanas, sobre todo asociadas, van produciendo en lenguaje se llama también cultura.  Frutos de la historia y de la cultura son las formas de preparar los alimentos, la organización social, la lengua, la literatura, el arte, la política, los monumentos, el folclor, las leyes, las experiencias religiosas, las costumbres, el progreso técnico;  En una palabra, el múltiple lenguaje del hombre, que lo realiza en sí mismo, y lo expresa  frente a los demás y frente a Dios.

 

1.2.2  La conciencia y la decisión libre.   El alma de la historia  es la conciencia, la reflexión crítica y la opción libre. “Con el pensamiento el hombre es, en cierto modo, todo”.  “La obra del entendimiento es lo máximo de la vida”.  Estas dos frases son de Santo Tomás (Ver In Ev Jo.c. XII).  “Un pensamiento del hombre vale más que todo el mundo”, le gustaba decir a San Juan de la Cruz.

Es normal que Dios hable de modo especial a través de lo más grande del mundo que es el santuario de la conciencia y de la libertad.  "El Evangelio respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión", dice el Concilio Vaticano II (GS 41).  El cerebro electrónico puede combinar miles de millones de datos pero no puede tomar una decisión original: no tiene capacidad de opción y de libertad.  Esta capacidad de decidir y de relacionarse es la obra maestra de Dios en el hombre.  Ahí está el origen de la historia y de la cultura.  Pero en la cumbre de la obra intelectual debe colocarse la obra del amor, según Jesús.  La libertad solo es posible en el amor.

1.2.3  La revelación en la historia y la cultura.    Dios se revela o se comunica con el hombre a través de lo más humano.  Por eso decimos que Dios se revela en la historia y en la cultura.             Podemos distinguir aquí tres tipos de acción y revelación de Dios:

-Primero, Dios se revela en el santuario de la concien­cia.

-Segundo, Dios se muestra en todo lo verdadero, noble, justo, de acuerdo con la dignidad de la persona humana y de la igualdad de todos los hombres.

-Tercero, Dios se manifiesta en los esfuerzos de tipo religioso que son apertura a Dios.

En estas tres dimensiones se perciben las semillas del Verbo, sembradas en el corazón y en la cultura de los hombres.

1.2.4  Hablan los teólogos: Historia de salvación y de con­denación.   Por eso, se puede hablar de una historia general de salvación y de revelación, que comprende todo lo más humano y dignificante que puede realizar el hombre, y que es expresión de lo que Dios quiere.

La teología expresa esta certeza con la fórmula si­guiente:  toda historia puede ser historia de salvación para cada persona, si sigue su conciencia, que es la voz de Dios.  También se utiliza otra afirmación equivalente: Dios se revela y salva en la historia. 

Un hindú, un budista, un comunista pueden obtener la salvación de nuestro Padre Dios.  No hay varios dioses: el de ellos y el nuestro.  A veces nos expresamos como si ellos tuvieran un Dios distinto de nuestro Padre, cuando hablamos del Dios de los musulmanes o de los dioses de los hindúes. Solo existe nuestro Padre que dirige la historia de toda la humanidad y de cada uno de sus hijos, las personas humanas.

Pero hay una realidad producida por el hombre, que rompe el plan de Dios: el pecado.  Por el pecado cada persona y todos los hombres pueden oponer su propio proyecto al plan de Dios.  Cuando el hombre no acepta la historia de salvación, que es el plan de Dios, convierte su propia historia en historia de con­dena­ción.  La Dei Verbum expresa todo esto con autoridad dogmática:  “Después de la caída de nuestros primeros padres, Dios alentó en ellos la esperanza de la salva­ción (ver Gn 3,15) con la promesa de la reden­ción, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida a todos los que buscan la salvación con per­severancia en las buenas obras (ver Rm 2, 6-7)”. Con esto nos dice la Iglesia que Dios cuida de cada hombre para salvarlo en su propia historia, aun después del pecado.  Continúa la misma historia en la cual se salvan los hombres por Dios.

1.2.5  Consecuencias teológicas y pastorales que saca el Concilio Vaticano II.   El Concilio saca de aquí conclusiones muy claras como la de promover los valores humanos. Además enumeremos algunas las siguientes:

.1  Las formas religiosas de todos los pueblos pueden ser caminos hacia la verdadera fe (Ad Gentes: sobre las misiones)

.2  Tenemos que investigar lo que nos dice Dios a través de toda la historia de los hombres: investigar los signos de los tiempos (Gaudium et Spes)

.3 Entre todos los hijos de Abrahán (judíos, musulma­nes, protestan­tes) y aun en las demás religiones, se halla expresada la acción de nuestro mismo Padre Dios (Ecumenismo, Libertad Religiosa, Nostra Aetate),  y, por consiguiente, podemos unirnos con ellos en muchos aspectos de la vida, incluso religiosos.

.4  De ahí el sumo respeto que debemos tener para con todo hombre o mujer, por el solo hecho de ser persona humana, que Dios cuida con amor (Dignidad de la persona humana, derechos humanos).

.

.2.6  La respuesta de los hombres a la Palabra de Dios Uno.   Nuestro Dios, Creador y Señor,  nos habla a través de la naturaleza y de la historia o cultura, que son sistemas de signos que hemos de descifrar.   Cada religión es un modo de leer e interpretar esos signos.  Cada cultura tiene su modo peculiar de descubrir la presencia de Dios en la naturaleza y en la historia.  Y Dios se complace en esa inmensa variedad, para suscitar la creati­vidad del hombre: pero está presente para guiarlo y salvarlo, mediante un diálogo de amor.  Podemos decir que nuestro Padre utiliza un idioma que todos los hombres pueden entender.  La naturaleza, la historia y la cultura son signos del idioma propio del Padre, como creador.  Los filósofos, y aun algunos teólogos, nos ofrecen una visión de Dios centrada en el Dios creador, primer motor inmóvil, "ser infinitamente bueno, sabio, justo y poderoso, principio y fin de todas las cosas".  De aquí se deriva una visión religiosa individualista del hombre, el cual  se realiza al obedecer a Dios; y en lo político, esta concepción de Dios se traduce en monarquismo, y lleva de la mano hacia el  autoritarismo y paternalismo.  El nuevo idioma del Hijo nos trae una definición de Dios sorprendente e inefable: Dios es una Comunidad Divina.

1.  Sínodo de los obispos para el Asia.

2.  La ética religiosa universal: todos los pueblos de una nación podrían hacer un frente común para establecer como obligatoria una ética religiosa universal, capaz de civilizar a los pueblos.   Esta debería ser la condición previa para poder vivir en la revelación bíblica y en la revelación del Evangelio.

3.  Sería posible establecer como obligatorio para todos los estudiantes desde los primeros años hasta la universidad el estudio de la ética religiosa universal, que también podría llamarse ética civil.

4.  Los proyectos de liberación en este ámbito podrán ser comunes para todos los habitantes de un país.

Estos criterios son de la máxima importancia en este tránsito de la cristiandad a la postmodernidad.

 

 

Lección 3ª

 

2.  Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, formado en el pueblo de Israel, es palabra vivida      en la historia humana, expresada en las Escrituras.

2.1.1  Comprensión de la revelación a la luz del Vaticano II.      En el Concilio Vaticano II, la Iglesia hizo una aclaración fun­damen­tal.  Muchos cristianos, fieles-teólogos-obis­pos, decían:  "Dios se revela solo en lo escrito, porque Dios inspira para escribir; la narración de los hechos es la inspirada"; luego, toda la Palabra de Dios está en la Biblia como libro o escritura de revelación de Dios:  la Biblia es la Palabra de Dios.  La Palabra de Dios  es lo que dicen los libros del Nuevo Testamento sobre Jesucristo, o lo que él mismo dice, a través de sus palabras, que llegan a nosotros en los evangelios.

2.1.2  Dios se revela por los hechos mismos.   Pero el Concilio nos enseñó que esa manera de com­prender la revelación es recortada.  Es apenas una parte de la verdad.  El Concilio  afirmó que Dios se revela no solo por las palabras que encontramos en la Biblia sino por los hechos; no solo por los textos del Nuevo Testamento sino por las obras, la predicación, los ejemplos y las instituciones de Cristo y de los apóstoles (DV. 4.7).  La Iglesia transmite lo que es y lo que cree.  Los apóstoles, o misioneros del primer siglo cristiano, fundaron numerosas Iglesias, unidas entre sí, y en ellas dejaron la riqueza de la vida de Cristo, que se ha comunicado hasta nosotros.  La tradición no es solo un acto intelectual de una doctri­na que va creciendo mediante silogismos.  Es un acto vital  que involucra lo que vive y cree la comunidad cristiana.

2.1.3  Hechos y Palabras.   El hecho es la realidad profunda reveladora; y las palabras que encontramos en la Biblia manifiestan el sentido de los hechos. Pero el hecho en sí también es revelador, de tal forma que lo que dice la Biblia sobre los hechos no agota el contenido revelador del hecho.  La acción reveladora de Dios no está solo en la narración.  La revelación de Cristo no se da solo por las palabras que traen los evangelios sino mediante los mismos hechos y la persona y actitudes de Jesús.

2.1.4  Historia particular de salvación y de revelación.   Tenemos así una historia, que es de salvación, y una narración escrita de dicha historia, que leemos en la Biblia. Pero la sucesión de los hechos que constituyen la historia particular de salvación, tiene una capacidad significativa que se actualiza para quien  la considere en la fe.  Por ejemplo, el paso de los hebreos de la esclavitud de Egipto fue considerado por las diversas generaciones, y recibió nuevas expresiones e interpretaciones, pero siempre a partir del Dios liberador.  Los cristianos también hoy pueden actualizar y desentrañar nuevos valores significativos en los hechos narrados en la Biblia, pero siempre a la luz de Cristo muerto y resucitado.

2.1.5  La letra de la Biblia no agota el sentido del hecho.   El Concilio nos mostró así cómo el sentido de los acontecimien­tos de la Biblia no quedó amarrado a la letra de la misma Biblia.  Según la línea marcada por el autor sagrado, las nuevas genera­cio­nes de cristianos pueden seguir bebiendo sentido de la fuerza reveladora del hecho (DV. 8).

Por la misma razón, la ciencia exegética no puede conten­tarse con el análisis exhaustivo del texto, aunque utilice los métodos semióticos, si quiere ser consecuen­te con las definiciones con­ciliares. Debe analizar los hechos, ubicados en su contexto social y político; y debe también analizar la comunidad que dio origen al texto, y la comunidad, que, en muchos casos, es destinataria.

Analizar estos textos: seguir a Jesucristo; haced esto en conmemoración mía, Jesús llamó los doce, La Iglesia es el cuerpo de Cristo, que cada uno permanezca en el estado en que fue llamado.  Con  los dos métodos: revelación por la palabra y revelación por los hechos

2.1.6  Doctrina cristiana e historia de salvación.   Si Dios se revela por textos y formulaciones, la teología habla de la "Doctrina cristiana", que se entrega a los laicos en forma de Catecismo.  En cambio, si Dios se revela por los hechos, los teólogos hablan de "Historia de salvación", que se entrega al pueblo en forma de lectura de la Biblia, explicada en la Tradición viva de la Iglesia.  Esta aclaración conciliar, de que Dios se revela por la historia,  fue un grande regalo del Espíritu, pues así la comunidad cristiana,  al contemplar la historia bíblica, se siente libre para encontrar nuevas significaciones, sin estar atada a la letra de la Biblia y a lo que pasó  por la mente del autor sagrado.  Dios quiso decir más de lo que intentó el autor sagrado.  Nosotros debemos convertir la Biblia en el "Manual de la comunidad  cristiana", explicado por una catequesis eclesial.

2.1.7  Persona de Jesús y evangelios escritos.   Si aplicamos esta enseñanza al caso de Jesús, debemos decir que Dios se revela: 

Primero, por todo lo que está escrito en la Biblia, y de modo especial por el Nuevo Testamento;

Segundo, por todas las acciones, actitudes y obras de Jesús, cuyo sentido no se agota aunque se escrute siempre de nuevo.

Por esto, dice el Concilio que la Tradición crece por la con­sideración de las palabras y de las obras: de la narración y de los hechos narrados (ver DV. 8).

Por las palabras, el sentido de un hecho es definido y normativo para siempre.  Pero el hecho, como es revelación por sí mismo, sigue abierto y produce sentido dentro de la Iglesia, cuando se leen las Sagradas Escrituras con el mismo espíritu con que fueron escritas.  Por estas razones,  comprendemos que una cosa es el Evangelio, Buena Nueva de salvación, y otra cosa son los evangelios, que ponen por escrito el Evan­gelio, pero sin agotarlo.

2.2  El Hijo se revela por las Sagradas Escrituras

2.2.1  Los libros sagrados.   Dios quiso que los hechos reveladores tuvieran una expresión e interpretación escrita, y para ello escogió un pueblo especial, que comienza con Abrahán, nuestro padre en la fe.  Con inter­pelaciones y respuestas de fe, Dios se formó, para sí, el pueblo de Israel y luego la Iglesia.  La experiencia de la vida de este pueblo, y de su relación con Dios en la fe, quedó consignada en los Libros Sagrados.  Los bautizados formamos parte del pueblo de Dios, y podemos leer la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras.  La Biblia es nuestro libro, el libro del pueblo de Dios.

2.2.2  La inspiración: Dios autor de la Biblia.   En nuestra formación cristiana, todos hemos aprendido que la Biblia contiene la Palabra de Dios y es Palabra de Dios.  Todo lo que está escrito en la Biblia es inspirado, y ha sido puesto por escrito por inspiración del Espíritu Santo.

 “La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los apóstoles, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y del Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo (ver Jn. 20,31; 2 Tim 3,16; 2 Pe 1,19-20; 3,15-l6), tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia”.

 

2.2.3  También los hombres son verdaderos autores de la Biblia

“Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios se valió de los hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como ver­daderos actores, pusieron por escrito todo y solo lo que Dios quería.  Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra” (DV. 11).

Esta es la fe  de nuestra madre la Iglesia.  En los libros del Antiguo Testamento está narrado todo lo que ex­perimentó y vivió el pueblo de Dios, y en el Nuevo Testamento se nos explica lo que Jesús y la primera comunidad enseñaron e hicieron.  Esta dimen­sión, humana sin reticencias, de la Biblia se ha recono­cido sobre todo en el último siglo de investigaciones sobre la manera como fue tomando cuerpo la Biblia.  Los hombres religiosos al parecer padecen la tentación del miedo a someter los libros sagrados al riesgo de la ciencia y de la interpretación; la Iglesia, sobre todo en vistas del hombre del futuro, ha superado este miedo, y ha invitado a los fieles al estudio de los géneros literarios, de la historia y de las ciencias positivas y hermenéuticas.  El escándalo de la encarnación nos desconcierta con facilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lección 4ª

 

3  El Espíritu Santo se revela  mediante la    Comunidad de salvación y la lectura de la Biblia

 

3.1  Dios mantiene su revelación en la Iglesia:  La Tradición

3.1.1  La comunidad como Evangelio vivo.   En el tercer idioma, el del Espíritu, se nos entrega una nueva definición de Dios y de su presencia en el mundo: El Evangelio continúa vivo en la comunidad cristiana, vivificada por el Espíritu. Lo que en primer lugar se comunica es la vida y la experiencia de comunidad de discípulos de Jesús.  Dios mantiene su revelación en el pueblo de Dios,  que permanece a través de los siglos.  Y la definición de Dios es la experiencia de Trinidad en las relaciones interpersonales de los miembros de una comunidad viva.

 “Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permanecie­ra íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las genera­ciones.  Por ello Cristo Señor (ver. 2 Cor 1,30; 3,16; 4,6), mandó a los apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos.  Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo promulgó El y lo completó por su propia boca, como fuente de toda verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres.  Esto fue realizado fielmente... por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo”  (DV. 7).

La comunidad cristiana está constituida por personas humanas, y en ella reconocemos la presencia de Jesús mismo, al cual nos entregamos mediante la fe.  Por este motivo, confesamos nuestra fe apostólica con esta fórmula: “Creo en la Iglesia...”;  no decimos: "creo en la Biblia".

 

3.2  El Espíritu Santo inspira la Sagrada Escritura

 

3.2.1  La Biblia: El Evangelio se expresa por escrito.   Para mantener el mensaje de Cristo, colaboraron también aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo, escribie­ron el mensaje de la salvación.

Mas para que el Evangelio se conservara constante­mente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los obispos,

 Entre­gándoles su propio cargo de magisterio”.  Por consi­guiente, esta sagrada Tradición y la Sagrada Escritura de ambos testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verlo cara a cara, tal como es" (ver 1 Jn 3,2).

3.2.2  La tradición está de modo especial en la Biblia, pero crece.   Uno de los pasajes más trascendentales de todo el Concilio Vaticano II nos muestra cómo el Evangelio hoy, o Tradición apostólica, es un cuerpo vivo que crece y madura, y no se identifica con las formulaciones estáticas.

“Esta tradición, que deriva de los Apóstoles, crece en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: crece en la comprensión de las cosas (Hechos) y de las palabras (Escritos) transmitidas, ya por la contempla­ción y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón (ver. Lc. 2,19-5l), ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad.  La Iglesia camina, a través de los siglos, hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las Palabras de Dios”(Dei Verbum 8).

3.2.3  Unidad de la Sagrada Escritura y de la Tradi­ción

"La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constitu­yen un solo depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido a sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunicación, persevera constan­te en la fracción del pan y en la oración (ver Hech. 8,42,gr), de suerte que prelados y fieles cooperan estrechamente en la conser­vación, en el ejercicio y en la profesión de la fe".

3.2.4  El magisterio

"Pero el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiada única­mente al magisterio de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo.  Este magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido con­fiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de éste único depósito de la fe saca lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer" (DV. 10).

3.2.5  La norma suprema de la fe.   El Concilio definió también cuál es la norma de fe de los cris­tianos, a la cual todos debemos atenernos.

 “La Iglesia ha con­siderado siempre como norma suprema de su fe a la Sagrada Escritu­ra, unida a la Tradición, puesto que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, comunica inmutablemente la Palabra del mismo Dios” (DV. 21).

La Escritura es como el espejo en el cual se miran las comunidades cristianas de todos los tiempos, para reencontrar la imagen que Jesús quiso que ellas tuvieran, para la salvación de los hombres.

3.2.6  Norma suprema de la predicación y de la vida de la    Iglesia

“Es necesario, por consiguiente, que toda la predica­ción eclesiás­tica, como la misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura y se rija por ella” (DV. 21).

“Porque en los Sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la Palabra de Dios, que es en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual” (DV. 21).

“Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso a la Sagrada Escritura” (DV. 22).

La Sagrada Escritura, en consecuencia, es el alma de la teología, y debe serlo de la predicación, de la evangelización y de la catequesis. Por consiguiente, debe ser, sobre todo el Nuevo Testamento,  el "Manual de la comunidad cristiana"

 

 

 

CONCLUSION

 

Resumamos todo lo que hemos dicho: Dios se revela al hombre en tres formas fundamentales:

 

 

1.    Por la naturaleza. (Realidad)

        y por la historia escrita o cultura. (Simbolización)

2.  Por los hechos salvíficos, la persona de Jesús  (Realidad)

     y por el texto inspirado.  (Simbolización)

3.            Por la experiencia del Evangelio  en la comunidad de

       Salvación o Tradición.  (Realidad)

     y por la lectura de la Biblia en la Iglesia.(Simbolización)

 

Es como si Dios nos hablara en tres idiomas distintos: El del Padre, el de Jesús, el Hijo, el del Espíritu Santo.

 

Padre.   1. Naturaleza: Todo lo que existe en el mundo fuera

                     del hombre.

                2. Historia:      El hombre y la cultura: la persona

                       humana y su obra.

Hijo.      3.  Los hechos de la historia de salvación, la

                         Persona de Jesús, la comuni­dad.

                4.  El texto de todos los libros del Antiguo y 

                         Nuevo Testamento.

Espíritu           5.  La comunidad de salvación que es la Iglesia

 Santo                      fe apostólica.

                             Mantiene viva la Tradición de la      

                6.  El texto de la Biblia que sigue hablando a los fieles

                       en la Iglesia.

 

Tenemos así una historia de salvación y una historia de revelación o de manifestación de Dios.  Dios salva y Dios se revela: se comuni­ca con nosotros como Padre amoroso.

 

El primer idioma es del Padre, creador y libertador. 

El segundo idioma es del Hijo, liberador y salvador. 

El tercero es el idioma del Espíritu Santo, consumador de la salvación y de la liberación en el amor.

En la comunidad de amor.

La Biblia, el segundo idioma, nos enseña a leer el primer idioma que es de signos no verbales en la naturaleza.

Y el tercer idioma, el del Espíritu en la Iglesia, nos enseña a leer correctamente el primer idioma y el segundo. 

Idioma del Padre en la naturale­za y la cultura; idioma del Hijo en Jesús y el Nuevo Testamento; idioma del Espíritu y del amor en la Iglesia, Tradición viva de la Palabra de Dios.
                                                                     

 

 


                 

                                          

 

                

 

 

Lección 5ª

 

Respondemos al  Padre,

que se revela en la naturaleza y en la cultura

0.  Cuatro convicciones fundamentales

Ya hemos respondido a la primera pregunta sobre la Biblia:  ¿Cómo nos habla Dios?.  En este momento podemos responder a la pregunta correlativa: ¿Cómo debemos leer la Biblia para escuchar realmente a Dios?.  Después de saber cómo nos habla Dios, podemos leer la Biblia  como verdaderos oyentes de la Palabra.  La Biblia será para nosotros el manual que guía nuestra comunicación con Dios.  Cuatro seguridades fundamentales nos deben guiar en la lectura de la Biblia:  (1)Que Dios nos habla, (2) que nos quiere con ternura, (3) que elige y discrimina por amor y(4) que  nuestra actitud al leer  debe corresponder a la actitud de Dios.

0.1  La Biblia es Palabra de Dios: primera convicción

"Dios quiso en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer su plan (Ver Ef 1,9), según el cual los hombres, por medio de Cristo, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y comparten la natura­leza divina.  En consecuencia, por esta revelación Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía" (DV. 2).

0.2  La Biblia es inspirada por el amor: segunda convicción.

Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor.

"Este plan de la revelación se realiza con palabras y con hechos intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realiza­das por Dios en la historia de salvación manifiestan y confirman la doctrina, y los hechos significados por las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen las palabras y el misterio contenido en ellas.  Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana, se nos manifiesta por la revelación de Cristo (expresión de la ternura del Padre) que es a un tiempo mediador y plenitud de toda revelación" (DV. 2).

 

 El plan de amor del Padre tiene, así, dos niveles:

*  La realización de la salvación de los seres humanos, la experiencia, la vida, la acción histórica concreta.

*  La interpretación, el sentido, la narración, el texto.

0.3  La Palabra de amor tiene preferencias, y provoca celos y conflictos en la historia: tercera convicción

Al entrar en la historia, la palabra de amor del Padre manifiesta preferencias: escoge un pueblo (Éxodo), se pone de parte de los débiles (Bienaventuranzas en Lucas), crea conflictos liberadores (Israel-el Resto-la Iglesia), escoge a unos como amigos mientras los otros permanecen como siervos (Jn 13-17). 

Así como Dios nos reveló su palabra movido por su gran amor, nosotros debemos leer la Biblia con los ojos del corazón puestos en los hombres, sobre todo en los más necesitados.  Leer la Biblia con el mismo espíritu con que fue escrita (DV 12) es leerla con la misma decisión de misericordia y salvación con que el Padre pronunció su palabra:  "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36).  Tomar partido por el débil no es opcional o preferencial; la opción con los pobres es ley fundamental de la revelación bíblica.

0.4   Nuestra respuesta es la fe que se entrega y el amor comprometido: Cuarta convicción

Si Dios se dirige a nosotros, movido por su gran amor, para comunicarnos su vida que es plenitud de gozo, nuestra

respuesta debe ser de amor y de acogida optimista, en la obediencia de la fe.  Por la fe el hombre se confía libre y totalmente a Dios, aceptando su revelación con la mente y el cora­zón y con el tes­tim­onio de la vida y de la ac­ción.  Esta resp­uesta solo es pos­ible con la gr­acia del Pa­dre, la ilum­ina­ción del Hijo y los dones del Esp­íritu Santo (DV. 5).  Por tanto la lec­tura de la Bi­blia debe hacerse en ambiente de oración comprometida con la historia de salvación.  Esta es la manera fundamental de leer la Biblia: como Palabra de Dios acogida en la fe y el amor.  Es lo que llamamos la espir­itua­lidad bíblica.  Es leer la Biblia con el mismo espíritu con que fue escrita (DV 21).  Estas cuatro convicciones son necesarias para comprender los tres idiomas con que nos habla Dios Trino: Padre, Hijo, Espíritu Santo.

1.  Respondemos al Padre, que nos habla por la naturaleza y la cultura

Nuestra manera de leer la Biblia corresponde a la manera como Dios nos habla.  Si el Padre nos habla con el idioma de la naturaleza y de la historia o cultura, nuestra lectura de la Biblia debe hacerse con lo siguientes principios.

1.1  Leer la Biblia a partir de la vida: abrir el libro de la vida y el libro de la Biblia

El Padre se comunica con nosotros no solo mediante la vida y la realidad cósmica, sino también mediante los hechos que los hombres y mujeres ejecutan y conocen.  Para captar la comunicación de Dios, analizamos la historia, la cultura y las circunstan­cias que nos rodean, mediante la conciencia y la capacidad crítica.  Todo hombre busca lo sólido y confiable, que a veces llamamos verdad.  La Biblia ayuda a leer la vida, para encontrar lo seguro, o sea la verdad.  Pero la vida, la historia y la cultura, en cuanto representan el plan del Padre, nos ayudan a leer la Biblia.  Tenemos que abrir el libro de la vida y el libro de la Biblia. Nos entrenamos en interpretar  el idioma del Padre  a la luz del idioma del Hijo.

Por eso cada  persona, con su cultura; un campesino, un indígena, puede aportar mucho a la lectura de la Biblia, porque va descubriendo en la vida, a través de todos los signos, la voluntad de Dios y se esfuerza por cumplirla.  Cuando nos reunimos en grupo y analizamos los hechos para descubrir el plan de Dios, nos estamos ejercitando para encontrar en la Sagrada Escritura el idioma del Padre, interpretado y clarificado por el idioma del Hijo.

Jesús leía la Biblia a partir de la realidad.  Jesús, nuestro primer maestro en la lectura de la Biblia, la leyó toda desde la realidad: leyó un texto Bíblico que permitía el repudio de la mujer, y lo corrigió consultando la realidad (Mt 19,1-2).  Más aun, volcó nuestra atención sobre la realidad en las parábolas, en la observaciones sobre la naturaleza y la conducta de las personas: partía de la realidad y la aceptaba como obra y lenguaje del Padre.

El Papa Pablo VI insistió en varias oportunidades en una lectura de la Biblia fiel al hombre contemporáneo (Fecha 14.03.74), aunque reconoció las dificultades para ser fieles a este hombre (Fecha 25.09.70).

1.2  Leer la Biblia para el compromiso y la liberación

 

Dios habla en la historia y en la cultura a través del hombre, que utiliza su capacidad crítica y opción libre.  La conciencia del hombre y su capacidad de libertad es lo más grande que Dios ha hecho en la creación entera.   Luego la Palabra de Dios llega a nosotros mediante la concienciación y el análisis crítico; y este análisis debe hacerse a la luz de las preferencias  del amor celoso  de Dios.   Así la Palabra de Dios nos guía para que cada uno rectifique los planes de pecado forjados por el hombre egoísta.  De esta forma, la conciencia le va mostrando a cada hombre parte del plan divino de salvación: el idioma del Padre.  Nuestra tarea es transformar la historia; reemplazar el proyecto egoísta de los poderosos por el plan de Dios, en la historia y la cultura concreta.  Toda la vida del pueblo, con sus conflictos y dificultades, con sus planes y expectativas, entra en la lectura de la Biblia.  En consecuencia, la lectura de la Biblia debe ayudar a este proceso de transfor­mación y de liberación de las esclavitudes. 

Jesús leía la Biblia a partir de los pobres.  El A.T considera el Éxodo como primer modelo, o arquetipo histórico, de la intervención de Dios en la historia.  Dios se revela poniéndose al frente de un proceso de liberación terrena contra el proyecto del faraón.  La primera definición de Dios es:  “El que nos liberó de la esclavitud de Egipto...” (Éxodo 20).  El Éxodo es la expresión de las preferencias de Dios, cuya única razón de ser es el amor.  Jesús vino a expresar el mismo amor y a hacerlo protagonista en la historia, mediante sus preferencias amorosas, y leyó la Biblia con este mismo espíritu cuando en su programa fundamental dijo: “Bienaventurados los pobres...” (Lc 6, 20).

Jesús revela a los pequeños el plan de salvación, y lo oculta a los sabios (Mt 11,25-26).  La ciencia tiene garantía de llegar al conocimiento de la Palabra de Dios si practica el amor y se pone de parte de los pequeños.

Los cristianos debemos leer la Biblia a partir de una opción con los pobres y en solidaridad con ellos.  Tal es la orientación que nos han dado los obispos en América Latina, desde  Medellín.  Decimos “opción con los pobres”, pues el amor nos lleva a solidarizarnos con el hermano más débil, y no a mirarlo de lejos.

Para una lectura de la Biblia en esta dimensión se hace necesario el estudio de las ciencias humanas y sociales:  psicología, antropología, economía, hermenéutica.  En el Egipto de los faraones había otros pueblos oprimidos.  El Padre se compromete con los hebreos, pero al mismo tiempo con los otros pueblos oprimidos, porque quiere salvar a todos los hombres.

1.5  Leer la Biblia en diálogo intercultural:

catolicidad de la vida y la cultura

La subsistencia, la liberación de todas las opresiones, la organización justa y equitativa de la sociedad, la satisfacción de las aspiraciones humanas son tareas de todos los hombres, cristianos y no cristianos.  La lectura de la Biblia nos debe llevar a cumplir estos compromisos, en colaboración con todos los hombres de buena voluntad, aunque no sean cristianos.  Se da en esta lectura de la Biblia un “ecumenismo” de la vida, para la justicia.

Después del pecado es imposible cumplir estas tareas sin lucha y sin organiza­ción.  La lectura de la Biblia debe orientar la superación de estos conflictos para que se resuelvan en la justicia.  La lectura de la Biblia no puede ser un refugio religioso que nos aparte de los problemas sociales y de las angustias que sufren nuestros hermanos y hermanas.  La lectura de la Biblia es militante, como lo fue la cercanía y el amor de Dios, a todo lo largo del Antiguo Testamento.  Se deben analizar y denunciar las causas de los problemas o de las expresiones culturales, como, por ejemplo, las causas de la pobreza y del abismo entre los ricos y los pobres que tenemos en América Latina, así como también las causas de las discriminaciones raciales o en contra de la mujer.  En la lectura de la Biblia entra lo económico, lo ideológico y lo político. Así ha sido en la historia de la Iglesia.

1.6  Antiguo Testamento: La mejor teología de la liberación terrena

Para captar todo lo que el Padre quiere decirnos a través de la naturaleza y de la cultura humana, se necesita una lectura científica del Primer Testamento (A.T), palabra del Hijo, ubicándolo en el contexto de las culturas y de los procesos liberadores vividos por Israel y por los pueblos vecinos.

Para ello, distingamos, como siempre, dos niveles: el de la historia y el de la historiografía, el del hecho y el de la narración, el del acon­tecimiento y el de la interpreta­ción, el de la experiencia y el de su consignación, el de las obras y el del lenguaje, el de la vivencia y el de la palabra, el de los acontecimientos y el de la fe que les da sentido.  El Primer Testamento nos muestra la acción de Dios dentro de los esquemas de la mejor racionalidad y dentro del ámbito de este mundo

Perecedero.

                          

 

      

Lección 6ª

 

2.  Respondemos a Jesús el Hijo que nos habla

como ser humano  en las Sagradas Escrituras

 

Si hemos de responder al Hijo, que se comunicó con nosotros en la  historia de un pueblo y en una literatura producida a lo largo de dos milenios, es  necesario tener en cuenta los siguientes criterios:

2.1  Leer la Biblia como proceso pedagógico,

en el contexto de la historia y la cultura

En la Biblia se narran hechos históricos que se extienden a lo largo de casi dos mil años.  El Antiguo Testamento mira toda la historia de la humanidad y describe la historia del Pueblo de la promesa desde su formación hasta la venida de Cristo.  Los libros del Antiguo Testamento contienen cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, y muestran así la admirable pedagogía divina.  Los libros del Antiguo Testamento adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo (Ver DV. 15-16).

Por este motivo, cuando leemos un texto del Antiguo Testamento, donde se habla de la violencia, no podemos tomarlo como palabra de Dios para nosotros hoy, sin antes consultar con Jesucristo.  Debemos leer el Antiguo Testamento acompañados de Cristo y de la comunidad apostólica.

Del texto a los hechos.  Después de investigar el sentido del texto, es necesario llegar hasta los hechos mismos y su contexto cultural e histórico.  El autor sagrado no pudo comunicar­nos sino una parte limitada de la posibilidad de revelación del hecho.  Nos mostró el sentido del hecho y su interpretación esencial.  Pero el valor simbólico del hecho está ahí abierto y revelador para nosotros hoy.  Los Padres de la iglesia contemplaron el hecho revelador a la luz de la vida, y sacaron consecuencias para su tiempo.  Hoy debemos imitar a los Padres de la iglesia.  Para captar toda la fuerza reveladora de los hechos, “el interprete debe transportarse con el pensamiento a aquellos antiguos tiempos de oriente” (Pio XII, "Divino Afflante Spiritú").  Debe investigar el contexto histórico, la cultura de Israel y de los otros pueblos que lo rodeaban y que influían en él. Debe conocer los conflictos y las causas que los provocaban y sobre los cuales hablaban los profetas o los narradores bíblicos. Finalmente debe conocer y valorar los diferentes géneros literarios.

Leer el mensaje en Jesús y en la comunidad apostólica.   También en el Nuevo Testamento debemos distinguir entre Jesús y los escritos, entre la comunidad apostólica y los libros, entre el Evangelio y los evangelios.  Los libros del Nuevo Testamento expresan la interpretación auténtica y normativa para siempre, de la persona de Jesús y la comunidad apostólica, pero no agotan su sentido.

Jesucristo, ver al cual es ver también al Padre, con su presencia total y manifestación personal, con sus obras y palabras, señales y milagros y, sobre todo, con su muerte y resurrección de entre los muertos, finalmente con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma el testimonio divino de que Dios vive con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna (DV.4).  Esta es la Buena Nueva que se dirige a toda la humanidad y que luego fue puesta por escrito, en lo esencial, en los libros del Nuevo Testamento.  Por tanto el hecho histórico de la presencia y acción de Jesús es la revelación definitiva y no podemos esperar ninguna otra (DV.4).

A lo largo de la historia, desde los Padres de la iglesia, el pueblo de Dios no ha cesado de leer en los hechos de la historia de salvación y los ha comprendido siempre de nuevo; así ha ido creciendo la Tradición (DV.8).

Con el estudio del contexto histórico del tiempo de los autores sagrados se supera el riesgo de fundamentalismo que consiste en quedarse atado al texto literal.  El fundamentalismo caracteriza la lectura de la Biblia de muchos grupos religiosos libres.  La metodología para evitar el fundamentalismo es la aplicación de la presente regla.

 

El Antiguo Testamento a la luz del Nuevo.   El Antiguo Testamento es necesario.  No podemos omitirlo.  Nos hace ver cómo toda la historia humana entra dentro de la palabra de Dios y cómo el plan de salvación llega a toda la humanidad.  Nos hace ver como Jesús es una promesa pendiente para el pueblo de Israel, desde Abrahán.  Identificamos a Jesús con palabras tomadas del Antiguo Testamento, sin el cual no sabríamos el significado de Mesías, rey, David, profeta, etc.

El Antiguo Testamento nos muestra también cómo Jesús es una promesa pendiente para toda historia humana; para nuestra propia historia de aspiraciones y proyectos.  Toda historia, analizada a la luz del Antiguo Testamento, es una especie de Antiguo Testamento o preparación evangélica para cada pueblo y para cada hombre (A.G).

Pero el Antiguo Testamento es insuficiente. Los textos del Pentateuco, de los libros proféticos y de los libros sapienciales no tienen su sentido pleno sino en Jesucristo.  Jesús nos muestra toda la revelación que está en los hechos de la historia de salvación y que el Antiguo Testamento no logró ver y expresar sino en parte.  Nos muestra cómo toda la creación, la historia y la cultura de cualquier pueblo tiene que ver con él: "por él fueron creadas todas las cosas"(Ef 1; Jn 1,1-18).

El plan de Dios es uno solo.  Abarca toda la historia de salvación y todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.  Más aún, abarca todo el mundo, la historia, la cultura de todos los pueblos y de todos los hombres.  Los Padres de la iglesia y el pueblo fiel siempre han descubierto este plan de Dios universal detrás de la letra de las Escrituras.

2.2  Buscar en la Palabra escrita la intención del autor humano

Descubrir lo que quiso decir el autor sagrado y la comunidad a la que pertenecía.    El medio privilegiado utilizado por Dios para comunicar­se con nosotros fue la palabra escrita en los textos sagrados.  Estos textos o narraciones fueron escritos por hombres que vivieron en determinada cultura y circunstancias históricas y utilizaron  un lenguaje particular.  "Se sigue que debemos investigar qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y qué quiso decir Dios con dichas palabras" (DV. 12).

Esta es la gran tarea de la exégesis científica y de la teología bíblica.  En los tiempos modernos, la Iglesia se convence cada vez más de la necesidad de utilizar todas las ciencias humanas, como la arqueología, la lingüística, los géneros literarios, la semiología y los métodos histórico-críticos, para captar el sentido querido por el autor sagrado en determinado texto bíblico.  En la Iglesia ha habido la tendencia a recha­zar los métodos científicos en la lectura de la Biblia, pero ella los ha utilizado y sostiene institutos y equipos de trabajo al más alto nivel para cultivar dichos métodos (Ver las Encíclicas: Prov. Div. Affl. y la DV). Estos métodos ayudan a apercibir mejor el hecho histórico

Condescendencia de la sabiduría eterna.  En la Sagrada Escritura se manifiesta la admirable condescenden­cia de Dios, porque las palabras de Dios expresadas en lenguas humanas se han hecho semejan­tes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debili­dad humana, se hizo semejante a los hombres.

2.3    No quedarse solo en el texto, llegar hasta el acontecimiento y el contexto cultural

El Concilio nos mostró así cómo el sentido de los acontecimien­tos de la Biblia no quedó amarrado a la letra de la misma Biblia.  Según la línea marcada por el autor sagrado, las nuevas genera­cio­nes de cristianos pueden seguir sacando sentido de la fuerza reveladora del hecho (DV. 8).

En contra partida, la ciencia exegética no puede conten­tarse con el análisis exhaustivo del texto, aunque utilice los métodos semióticos más sofisticados, si quiere ser consecuen­te con las definiciones con­ciliares.

Doctrina cristiana e  historia de salvación. Ante todo debemos acoger la Biblia como experiencia de amor comunitario, en la cual acontece la "Historia de Salvación", pero también como una luz total para la mente humana, donde se satisface y sosiega.  La Biblia debe ser el "Manual de la comunidad cristiana" pero acompañado de explicaciones catequísticas, que ubiquen la Palabra en la riquísima  Tradición viva de la Iglesia.

Persona de Jesús y evangelios escritos.  Al aplicar esta enseñanza a nuestro caso, debemos acoger la revelación de Dios en Jesucristo, vivo en la comunidad de salvación.  Tenemos la mirada puesta en los textos y en la persona del Señor glorioso.  Con la convicción de que seguir a Jesucristo es integrarse en un grupo de hermanos en Cristo, para constituir la comunidad de discípulos. Esto le daría un grande dinamismo a la Iglesia.  Equivale a hacer "de la parroquia una red de comunidades... donde aparezca la responsabilidad de los fieles laicos", como dice el documento de Santo Domingo".(Nº 58-60).  Solo cuando se vive el Evangelio  se puede comprender de veras el texto:  "Ama ut intelligas": ama si quieres comprender.

2.4           Considerar la Biblia como libro divino y humano

2.5           Puesto que los libros sagrados tienen a Dios como autor, y los escritores sagrados son también sus verdaderos autores, se sigue que es necesario reconocer todo lo humano y todo lo divino que se da en el pueblo de Dios y en las comunidades cristianas; y todo lo humano con todo lo divino que se da en los libros sagrados.   Acontece lo mismo que en la Encarnación:  Jesús es verdadero hombre, con alma y cuerpo y todo lo propio del hombre, con la única excepción del pecado. Así el texto sagrado debe abordarse como se estudian los libros antiguos, con sus géneros literarios y todas sus dimensiones culturales e históricas.  Pero así como Jesús debe ser adorado como Dios, la sagrada Escritura debe acogerse como encuentro de amor con Dios mismo.

                             

 

            

Lección 7

 

3.  Respondemos al Espíritu Santo ,

que nos habla mediante la  Iglesia  y

la lectura de la Biblia por la comunidad  cristiana

 

Si queremos responder al Espíritu Santo que actúa hoy para la salvación de todos los hombres, en relación con la comunidad cristiana, hemos de tener presentes los siguientes criterios:

 

3.1            Renovar la concepción de la Tradición viva de la Iglesia

 

La Tradición, o sea, la vida del pueblo de Dios es anterior a la Escritura, como el hecho es anterior a su puesta por escrito.  La Tradición es contemporánea y es posterior a la Escritura como la historia de salva­ción lo es de los Libros Sagrados.

Así la lectura de la Biblia por el pueblo de Dios es un acto generador de la Tradición viva de la Iglesia.  Es la continuación del proceso de transmisión querido por Dios.  Es el acto de engendrar la Iglesia y la Tradi­ción como palabra de Dios para nosotros hoy.  Esta es obra de toda la Iglesia:  de los fieles que estudian y experimentan la cercanía de Dios y de los pastores que garantizan la fidelidad a la Palabra normativa (DV. 8).

Tal es el espíritu con que debemos leer la Biblia: en unidad total con la vida de la Iglesia y con su inter­pretación auténtica de las Escrituras.

 

3.2           Acoger el Canon integral,  lista oficial de los libros inspirados

 

La Tradición comunica a la Iglesia la lista completa de los libros inspirados, que es un dato esencial y primario de la fe cristiana.  Nadie puede excluir ningún texto.  Desde los comienzos de la Iglesia, el Antiguo Testamento, por su contraste con el Nuevo, fue un problema para la fe cristiana; y en un momento, con Marción, se difundió el intento de suprimirlo (Marcionismo), pero esta actitud fue condenada como herejía.  Pero no siempre se resuelve con acierto el problema del Antiguo Testamento.  Por otra parte tampoco se puede incor­porar al texto sagrado ninguna nueva revelación.

Un criterio fundamental de lectura de la Biblia es atender a la unidad de toda la revelación escrita, que define el plan único de Dios, desarrollado progresiva­mente en la historia.  En la época de la fundación, la comunidad engendró el texto o la palabra escrita.  Por esto en los estudios exegéticos no se llega de verdad hasta la intención del autor si no se percibe la intención de la comunidad y la destinación de la palabra para la comunidad.  De otra manera se cae en el intelectualismo y en el individualismo.

3.3   La Palabra engendra la comunidad

 

La palabra bíblica procede del amor frontal del Padre y de la experiencia histórica de fraternidad y, por naturaleza, invita al encuentro de los hijos del mismo Padre.  Ella nos acerca alrededor de ese amor original.  Jesús nos comunicó su intuición pastoral fundamental: reunirnos alrededor suyo mediante la palabra y los signos sacramentales (Final de Mt).  El Espíritu Santo difunde la caridad en nuestros corazones para desen­cadenar el dinamismo comunitario de todos los fieles (1Cor 12-14).  Esta realidad vibrante se experimenta en medio de los miles y miles de comunidades diseminadas por toda América Latina y por todo el mundo.

Estas pequeñas comunidades, donde nos reconocemos como personas, deben estar vinculadas vitalmente con la Iglesia local, presidida por el obispo, y con la Iglesia universal, que mantiene su cohesión por el ministerio del colegio episcopal y del obispo de Roma, suce­sor de Pedro ("Lumen Gentium").

3.4  Celebrar la Palabra en  los sacramentos

El puesto de Jesús en la comunidad cristiana nadie lo puede ocupar: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.  Jesús hace real su presencia, de manera característica, en los sacramentos de la Iglesia.

Pero la Palabra es esencial en los signos eficaces o sacramentos que nos comunican la vida de Dios, puesto que son sacramen­tos de la fe, y la fe es engendrada por la Palabra (PO.4).  De nuevo en­contramos el hecho salvífico que necesita la palabra o signo verbal para definir su sentido y causar la salvación.  (Esto nos invita a no abusar de la noción de "ex opere operato").

La palabra expresa la obra de salvación, y por consi­guiente produce el gozo de la liberación y de la realización plena.  En verdad, el término hebreo ("dabar") para decir palabra significa acción y eficacia: “dabar” es también cosa o realidad física.  Todo esto lo vivimos cuando celebramos la palabra en nuestras comunida­des.

Esta relación de la teología sacramental con la revela­ción bíblica es iluminadora.  En la teología sacramental se ha distinguido entre la cosa (latín, "res") y el sacramento ("signum").  Hoy diríamos el significado y el significante.  En la teología de la inspiración hemos distinguido entre la historia o el hecho ("res") y las palabras o signos lingüísticos.  Esta distinción se propuso en el Concilio para explicar el sentido de esta definición crucial.

3.5  Vivir la  espiritualidad bíblica, como experiencia de Dios en la Historia             

La experiencia de Dios, del pueblo y de las personas se puso por escrito.  Cuando nosotros leemos la Biblia, revivimos esa experien­cia de Dios y la asimilamos como propia.  Al mirarnos, con toda nuestra vida, en el espejo de las Escrituras, entramos en una relación con Dios que es inmediata y, por lo mismo, interper­sonal.  Nos encontramos, no con el texto de la Biblia, sino con Dios, nuestro Padre en el Hijo por el Espíritu Santo.  Sin esta actitud orante, la lectura de la Biblia pierde su profunda verdad y queda recor­tada.

 

3.6  La comunidad, engendrada por la Palabra, es acto de misión y de evangelización

“Todos los métodos de estudio de la Biblia deben estar, directa o indirectamente, al servicio de la Evangeliza­ción.  En los últimos tiempos se ha escuchado a muchos cristianos quejarse de que la exégesis se ha convertido en un arte refinado, sin relación con la vida del pueblo de Dios.  Esta queja puede evidente­mente ser rechazada; en muchos casos no está justifi­cada.  Sin embargo es necesario estar atentos.  La fidelidad misma a su tarea de interpretación exige del exegeta que no se contente con estudiar aspectos secundarios de los textos bíblicos, sino que resalte el valor del mensaje principal, que es un mensaje religio­so, un llamado a la conversión y una buena nueva de salvación, capaz de transformar cada persona y la sociedad humana entera, introducién­dola en la comunión divina (Juan Pablo II, 7 Abril 1989).

3.7  La Biblia, el libro de la comunidad

También hoy el Espíritu Santo continúa la obra de la revelación por el diálogo entre el texto escrito y la vida de la comunidad de salvación.  Toda la vida del pueblo de Dios, que se comunica de continuo, se llama Tradición.  Esa vida que se transmite es la liturgia, los ministerios, la catequesis, la vida de amor.  La Iglesia engendra siempre a sus hijos por la palabra.  El criterio para que este crecimiento sea correcto es la Sagrada Escritura.  A esa imagen sustancial, que encuentra en la Biblia, debe acomo­darse siempre la Iglesia.  El magisterio nos guía en esta fidelidad a la Palabra, escrita de una vez para siempre.    

   Respondemos al Espíritu Santo mediante:


     

 Así como Dios se revela en tres idiomas,

nosotros hemos de escucharle en tres lenguajes.

De ahí el método

que puede articularse en siete pasos.

 

1.  Una situación de la vida de hoy. Se parte de la vida.

2.  El análisis de la situación, con los medios humanos y la reflexión      crítica.

3.  Una situación bíblica, que muestre criterios de acción  inspirados.  Conviene que sea un solo texto amplio.

4.  Profundización, para ubicar el texto en el contexto  del tiempo y del libro y en toda la Biblia.

5.  Transformación.  El texto debe llevar a la transformación de la     propia vida y de las situaciones inhumanas que afectan la comunidad cristiana.

6. Nuestra respuesta: se concreta la respuesta que debemos dar como personas y como grupo.

7.  Oración.                                                
                                                                                         
     
              

                                              

                                            

 SEGUNDA PARTE

 

Lección 8ª

 

Lectura de la Biblia en la Iglesia, para la salvación de todo la humanidad

La Comunidad apostólica, que recibió de Jesús el Evangelio vivo, puso por escrito el Nuevo Testamento y, unido al Antiguo, lo entregó a la comunidad existencial y viva, la cual lo va transmitiendo hasta hoy.  Esta comunidad de vida en el Espíritu se transmite como Evangelio de salvación, y su formulación queda por escrito en los libros del Nuevo Testamento, una vez para siempre.

La formulación de la Buena Nueva, en el Biblia, está disponible para todos las naciones, pero es acogida de muy diversas formas.

 

Lectura de la Biblia en diálogo con todos los creyentes en Dios

 

Una amiga de Shibuya-Ku, en Tokio, tiene mucha fe en Dios.   Algunos días medita en los libros del budismo; otros días lee un pasaje del evangelio de Mateo; en una ocasión me invitó a la ceremonia del te vivida con la espiritualidad tradicional del Japón; en una festividad va a un templo espléndido y muy moderno que hay en Tokio donde se da cabida a toda clase de grupos religiosos; inclusive en algunos días de fiesta va al templo de la religión Bahai.  Esta amiga es una persona de gran religiosidad popular, ama a Dios y le pide favores, y lee la Biblia, donde encuentra grandes tesoros de verdad.  Pero la interpreta a su manera.  Todavía no ha descubierto la verdad completa que se encierra en Jesucristo explicado por la Biblia.

En el siguiente diagrama tratemos de situarnos en el conjunto de toda la humanidad, y de pensar en el designio de Dios, que ha pronunciado su palabra para salvar a todos los hombres, y ha hecho de la Iglesia el sacramento universal de salvación. 

 

La Palabra de Dios para la salvación de todos

   Población mundial             5.500.000.000

 

Religiones             1993                          Año 2000

Cristianos             1.593.780.000                  1.790.856.000

Musulmanes         988.004.000           1.200.653.000

Hindúes                  736.127.000           859.252.300

Budistas                  330.498.000                    359.092.000

Judíos                   18.011.000                   19.133.600

Sikhs                     19.289.000                  23.831.700

Religiones           

Nuevas                121.724.000                 138.263.800

Religiones

Tradicionales       99.646.000              100..535.900

Otras

Religiones            35.992.600                 45.781.600                

Sin     religión    1.200.000.000

 

Los judíos, y los otros hijos de Abrahán, leen la Biblia

 

En una conversación con un rabino judío me decía: “Yo creo en la palabra de los profetas.  Ellos anunciaron para el tiempo mesiánico la paz y la armonía en el mundo: “El león y el cordero podrán pastar juntos.  El Mesías ha de traer la paz y superar todos los conflictos y guerras.  Yo estimo mucho a Jesús, pero yo creeré en el mesías cuando traiga la paz al mundo y cumpla así los anuncios de los profetas bíblicos.  Jesús, en dos mil años, todavía se enfrenta a un mundo hundido en la violencia.  Luego no puede ser el Mesías anunciado por el Primer Testamento”.

 

Este judío lee la Biblia, cree en Dios y lo respeta con profunda devoción, cumple los diez mandamientos; pero interpreta la Biblia como buen judío, sin el N.T.

 

Los musulmanes también leen la Biblia, y reconocen muchas de sus tradiciones.  Más aun, el islamismo es una forma de vivir de acuerdo con  ciertas normas del Antiguo Testamento, sin la esperanza del Mesías.

 

 

Hijos de Abraham 

 

(para el año 2000)

 

     Cristianos              Musulmanes                Judíos

 

1.790.00.00                     1.200.000.000           19.173.00

 

 

1.3  Lectura de la Biblia en diálogo con todos los cristianos, católicos y no católicos

 

He orado con muchas personas piadosas de diversas tradiciones protestantes.  Creen en Dios, lo aman sinceramente, creen en Jesucristo y aman su Iglesia, pero  tienen como criterio supremo y único la Sagrada Escritura, sin el aporte de la Tradición viva y apostólica.

 

Cristianos

 

                           año  1993                           año 2000                       

Católicos           998.906.000               1.144.000.000

Protestantes     356.033.000                  386.000.000 

Ortodoxos         183.587.000                   199.899.000

Anglicanos        55.284.000                      61.037.000

 

 

 

 

Lección 9ª

 

  La Iglesia lee la Biblia desde diversas culturas, a través de los siglos

 

Las comunidades cristianas, como Tradición viva, han leído los textos bíblicos desde sus propias culturas y situaciones, por cerca de dos mil años.  Para leer hoy la Biblia, nos enriquece el estudiar algunos rasgos de la lectura de la Biblia por el pueblo de Dios a lo largo de los siglos.

En la lección anterior nos hicimos esta pregunta: ¿Para quiénes es la Biblia?  (Mirada sincrónica); y en esta lección nos hacemos una  segunda pregunta ¿cómo han leído la Biblia los católicos a través de los siglos? (mirada diacrónica).

El verdadero católico está atento a la voz de la Iglesia, para sintonizar con ella.  El Magisterio de la Iglesia tiene el deber y el privilegio de ser fiel a la tradición viva de la Iglesia.  Todo el pueblo de Dios tiene el privilegio y el deber de ser fiel a la Tradición viva, pero el árbitro que nos garantiza la fidelidad en los asuntos controvertidos es el Magisterio vivo de la Iglesia.

Necesitamos una garantía de continuidad entre Jesús y nosotros:  el Magisterio vivo.  Jesús previó lo que podía pasar con los escritos, incluso con los libros sagrados de las religiones, que están a merced de los lectores.  Por eso Jesús se rodeó de un grupo de hombres y mujeres, y quiso darle una fuerte cohesión comunitaria. Incluso lo constituyó como una nueva familia, reemplazando los vínculos de la sangre con la fidelidad a él: “Mi hermana y mi madre es quien cumple la voluntad de mi Padre”, que él mismo estaba manifestando

Después de la resurrección de Jesús, este grupo mantuvo su plena unidad alrededor del Maestro, con el vínculo del Espíritu Santo que difundía el dinamismo del amor.  Jesús y el Espíritu inspira­ron a la comunidad eclesial diversas modalidades en los ministe­rios o servicios necesarios para su organización interna y para su misión entre las naciones.  Jesús confió a este grupo tres tareas fundamentales:

.1  Ser continuación de su propia persona, como Evan­gelio viviente y eficaz, prolongación de la encarnación, cuerpo visible del Resucitado invisible.

 

.2  Poner por escrito esta experiencia y este Evangelio viviente, que no se puede narrar en su totalidad.  Esta tarea la cumplió la comunidad apostólica al escribir el Nuevo Testamento. 

 

.3  Mantener la fidelidad a la Escritura y a la Tradición a través de los tiempos, por medio de la Tradición viva, que incluye la tarea del magisterio eclesial.

 

Contemplemos en detalle, en el siguiente esquema, esa triple tarea que ha cumplido la comunidad en el período fundacional, como proyecto maestro de Jesús, para la salvación de los seres humanos.

 

 

                 Ser presencia de Jesús

1ª tarea    promotores del Reino            Tradición

                 Ser Evangelio

                

                 Tradición viva

                 Poner por escrito

                 lo fundamental.

                 Interpretar el A.T.

2ª tarea   a la luz del Nuevo.                Escritura

                 Cuatro evangelios.

                 Cartas.

                 Hechos de los Apóstoles.

                 Apocalipsis

 

                 Actualizar

                 la Tradición viva.

  tarea  Seguir leyendo la Biblia         Tradición

                 en diálogo con la vida y

 

El Evangelio vivido en la comuni­dad cristiana (Tradi­ción), se alimenta del Evangelio puesto por escrito (Nuevo Tes­tamento).  En otras palabras, podemos distinguir dos elementos: la Iglesia y la Biblia.  La Iglesia como comunidad es el Evangelio pero inculturado, asimilado por hombres con determinada cultura.  Otros hombres, de otras culturas, que se reúnan en la Iglesia católica para vivir el Evangelio, tienen derecho a vivir el mismo Evangelio como Iglesias culturalmente distintas.

 

Se da  tensión entre la comunidad, que vive la relación con Cristo y se alimenta de su fuerza salvadora, y el texto del Nuevo Testamento; entre la comunidad que se llama Iglesia y la palabra escrita de Dios; entre el pueblo de Dios y  la Biblia.  Analicemos este hecho en los siguientes períodos para captar, también hoy, los dos niveles de la revelación y comunicación de Dios con el hombre:  los hechos y las palabras.

1  Época apostólica: año 30 al 100

El Evangelio es una experiencia de la comunidad, transmitida por los apóstoles y compartida por todos los fieles con sus respectivos ministerios.

En este período todavía no está escrito el Nuevo Testamento.  Bajo la guía de los testigos de la vida y resurrección de Jesús, se va poniendo por escrito una parte normativa de esta experiencia del Evangelio.  En este trabajo está presente de modo especialísi­mo el Espíritu Santo:  el Nuevo Testamento es inspirado, lo mismo que el Antiguo.

Esta es la época creativa y constitutiva de la Iglesia y de su norma de fe.  Es una época del todo especial, en la cual la acción del Espíritu fue también única y definitiva.  Por eso decimos que la revelación se clausuró con la época apostólica, y no podemos esperar otras revelaciones nuevas, no contenidas en la norma de fe establecida para siempre (DV 4 y 7).  Este período fundacional es único e irrepetible, y ha llegado a nosotros, de una vez para siempre, a través, del Nuevo Testamento. 

He aquí un esquema o modelo de  "eclesía", vivido en la las comunidades fundadas por Pablo.

 

 

 

 

 

Colaboradores  Pablo colaboradores

 

 

Modelo

de Iglesia

según Pablo, año 57

 

2  Época patrística: año 100 al 500

En este período los Padres de la Iglesia, obispos y escritores eclesiásticos, toman la norma de la fe, contenida en los escritos del Nuevo Testamento, interpretado con ayuda de las Escrituras, y se esfuerzan por crear formas de vida en la comunidad, que se adapten al Evangelio.  Así se crean comunidades cristianas vinculadas entre sí, y se diseminan por toda Europa, Asia y África, sin vínculos con el poder civil.

En este período el pueblo fiel no puede leer la Biblia direc­tamente.  La leen los dirigentes.  Esto por varios motivos:

-La cultura: Saber leer es privilegio de muy pocos. 

-La lengua: Al comienzo la Biblia está en griego, y la inmensa mayoría no sabe griego.  Por esto se traduce al latín; la Vulgata Latina.  Pero luego tampoco el pueblo sabe latín.  Solo pocas personas tienen habilidad para leer.

-El costo: había que pagar centenares de salarios a personas muy educadas para poder tener una copia de la Biblia. 

En el seno de la comunidad se vive el Evangelio, y el texto es explicado al pueblo por los pastores.  La palabra de Dios vive en la Tradición.

 

Estudiemos los siguientes diagramas.

 

Modelo de Iglesia según San Ignacio de Antioquía

 

 

                          Diáconos

                             Colegio  de

                                  Obispo

                              Presbíteros

  

                              Pueblo

 

 

Modelo de Iglesia según Dionisio:

Obispo

 

Autoridad

Sacerdotes      

                                                  Ordenes mayores

                                                  Ordenes menores

Diáconos

 

 

Monjes

 

Obediencia

Pueblo

 

Catecúmenos

 

 

 

 

3  Edad Media: 500-1500

 

En este período se han creado muchas tradiciones en la comuni­dad cristiana, que se van consolidando y transmitiendo de generación en generación.  El pueblo sencillo tampoco lee direc­tamente la Biblia.  Notemos algunos rasgos característi­cos:

La comunidad cristiana se organiza en unión con el poder civil y sus institucio­nes; así la Iglesia se extiende rápidamente  y se encarna en la realidad y en la cultura del imperio romano. Pero así se ve unida al poder terreno. El problema de la cultura, la lengua (Latín) y el costo (cada ejemplar a mano) impiden la lectura de  la Biblia por el pueblo.

Los dirigentes ya no tienen la creatividad de los Padres de la Iglesia, y la vida de la comunidad depende más de la Tradición y de las tradiciones que de la confrontación continua con la Palabra, hecha por toda la comunidad.

 

La creatividad de la comunidad cristiana se ejerce en inyectar el espíritu evangélico al nuevo proyecto de unión con el poder civil, valiéndose generosa­mente del Antiguo Testamento, cuyo talante encajaba mejor.

 

El telón de fondo ideológico de este inmenso proyecto fue el milagro filosófico griego, en­cabezado por Platón y Aristóteles, y aplicado en el Imperio.  No podemos entender la teología actual sin mirar a este telón de fondo. 

 

Un enriquecimiento espléndido de la Iglesia en la Edad Media es la creación de los monasterios, donde se concreta la experiencia fuerte de la vida cristiana.  Los monasterios también se difunden por toda Europa y Oriente.  Allí se conserva viva la lectura de la Biblia: “lectio divina”.  El evangelio en cierta manera se refugia en los conventos.

 

Para comunicar los contenidos esenciales de la Biblia al pueblo sencillo se utilizaba la predicación, la liturgia, los templos y todos los recursos de la piedad popular.  Las catedrales con pinturas, relieves y vitrales, se han llamado “la Biblia del pobre”.

Papa

 

Religiosos.  Movimientos

 

       Obispo                Obispo                Obispo

 

Párroco          Párroco

 

Pueblo            

 

 

Autoridad

Perfección                                  Jerarquía

 

Obediencia        Monjes, religiosos, movimientos

 

 

                  Los  laicos o seglares: pueblo

 

 

 

Esquema eclesiástico elaborado en la Edad Media

 

4.  La Edad Moderna: 1500-2000

En el año 1460 Gutenberg inauguró para la humanidad una nueva era en la comunicación mediante al imprenta. Esto, junto con otras  causas, provocó cambios radicales  en la cultura de la humanidad.  Como la revelación de Dios se acogía mediante los textos escritos, la nueva cultura tuvo que ver mucho con la Biblia.  Esta se hizo más popular y se  tradujo a las lenguas, que adquirieron su forma definitiva; sobre todo las  romances.  Los costos se pusieron al alcance de mucha gente.  El primer libro que se imprimió fue la Biblia.

 Lutero y el protestantismo se propusieron llevar la Biblia al alcance del pueblo. El mismo tradujo la Biblia al alemán.  Esta lectura de la Biblia por el pueblo fue uno de los elementos que sirvieron para separar de la Iglesia católica a los partidarios de la reforma protestante.

La Iglesia se reunió en el Concilio de Trento (1545-1565) y sintetizó al teología de la Edad Media para hacer desde dentro la propia reforma.  La inspiración de este Concilio orientó toda la vida de la Iglesia hasta el Vaticano II.  El

Concilio de Trento definió los rasgos carac­terísticos del

Modos d ser católico desde el siglo 16 al siglo 20.  Veamos algunos de estos rasgos:

4.1  La Iglesia es una comunidad compuesta de laicos y de sacerdotes.  Los sacerdotes forman una  selección en

Seminarios rigurosamente controlados, para mantener la unidad intelectual en todo el mundo.  Estos sacer­dotes, formados en la teología dogmática escolástica, son los llamados a leer la Biblia en la edición Vulgata latina.

4.2  Todo el sistema de la gracia divina pasa a través del sacerdote, que es el ministro de Cristo y “otro Cristo” ("Alter Christus"), mediante los sacramentos, sacramentales y la predica­ción.  Los laicos están llamados a escuchar y cumplir, no a enseñar.  Hay una Iglesia docente (que enseña):  los sacerdotes, y una iglesia discente (que aprende):  los laicos.

4.3  Se retira de la mano de los laicos la Biblia.  Incluso se difundió en muchas partes la idea de que leer la Biblia era pecado.  En algunos catecismos se enseñaba que los

laicos solo podían leer la Biblia con permiso del obispo.  En manos de los laicos se puso un resumen de teología que se llamó catecismo.  El primer libro que se imprimió en Lima fue un catecismo.  Algunos catecismos que llegaron hasta nosotros y fueron la norma de la fe cristiana, se compusieron a finales del siglo 16 (Astete), pero no eran los mejores sino los más simplificados y fáciles. Todo sermón era predicación de la palabra divina.

4.4  Las comunidades cristianas eran las parroquias, que constituían un ámbito de fe, de convivencia ciudadana, de ayuda económica, de atención a las necesidades, de cultura, de progreso, de educación y de religiosidad. Eran comunidades de base, donde se experimentaba el Evangelio viviente o Tradición, bajo la autoridad de los sacerdotes.  Al final de la época (1930), se concedió a los laicos el privilegio de participar en el apostolado jerárquico,  en la acción católica.

La Iglesia, asistida por el Espíritu, se encarnó de esta forma en la historia de la humanidad durante la Edad Moderna.  Así cumplió su misión de enfrentar el racionalismo característi­co de la modernidad.  Podemos esquematizar la imagen de la Iglesia en  el siguiente diagrama, que reproduce el mismo de la Edad Media.

 

 

Lección 10ª

 

  La Iglesia del Concilio Vaticano II: hacia el tercer milenio: lectura de la Biblia para el futuro

 

El Concilio Vaticano II representa para nosotros el paso de la época moderna al mundo del futuro.  Mas aun, representa el paso de la gran teología creada por la Edad Media y sintetizada por el Concilio de Trento, a una teología apropiada para el hombre del tercer milenio de acuerdo con las fuentes bíblicas.  La Iglesia, tal como se comprendió a sí misma en el Concilio, acentúa ciertas carac­terísticas que corresponden mejor a los nuevos tiempos.  Y es tan fuerte el contraste con el modo de ser anterior que el mismo Papa habla ahora de una nueva evangeliza­ción.  La Tradición o Evangelio vivo, guiado por el Espíritu, responde a los nuevos tiempos.

Podemos diseñar a grandes rasgos la comunidad evangelizada y evangelizadora según el Concilio Vaticano II.  Nos tenemos que contentar solo con algunas grandes características:

 

3.5.1  La Iglesia es el pueblo de Dios, integrado por personas que participan realmente y viven en comunión.

2.   Dichas personas  son corresponsales en la evangelización, en la ministerialidad y en la misión (Lumen Gentium).

3  La participación de todos los miembros de la comunidad es activa.  Los laicos toman parte protagónica en toda la vida de la comunidad y, lo mismo que los sacerdotes, tienen la misión de evangelizar. Y esto no como suplencia por la falta de sacerdotes sino por derecho propio.  Los laicos tienen derecho a la for­mación adecuada a esta misión.  Los laicos además están llamados a la santidad lo mismo que los religio­sos y sacerdotes.

4  La comunión se hace efectiva por la acción ministerial de los obispos y de los párrocos, que no actúan en lugar de los fieles sino que animan todos los carismas y capaci­dades de los miembros  de la comunidad, de tal forma que todos crezcan como personas en comunidad hasta la madurez en Cristo.

5  Todos los fieles tienen el derecho de leer la Biblia para crecer y fortificarse en la fe.  La manera concreta de realizarlo puede ser en pequeños grupos que comparten la Palabra y la viven en el amor.  Estos pequeños grupos, que se compro­meten con los demás como verificación del compromiso con Jesús, son la experiencia básica de la Iglesia, según la intuición pastoral de Jesús y los apóstoles.

Los pequeños grupos están unidos con la comunidad parroquial, entran en su estructura carismática y disciplinar y participan cada domingo de la Eucaristía.

La lectura de la Biblia por el pueblo de Dios en pequeñas comunida­des de amor fraterno es uno de los rasgos típicos de la Iglesia conciliar y el signo más visible de su renovación.  En efecto, mediante la lectura asesorada de la Biblia, los laicos van a adquirir la formación adecuada, tienen la oportunidad de evan­gelizar al compartir la Palabra en las comunidades del evan­gelio, disfrutan de los beneficios de la evaluación fraterna continua, se van transformando en hombres de oración, litúrgica y comunitaria, e intensifican la comunión con la Iglesia par­ticular.  Así se cumple lo que leemos en 2 Tm 3,14-4,5.

6  El cristiano de hoy tiene una actitud de diálogo con sus hermanos los hombres, a quienes considera como hijos del mismo Dios que los creó.  Se solidariza con los más necesitados para trabajar por las transformaciones de la sociedad que el evangelio exige.  Así colabora con la liberación integral del hombre.

 

7  Todo esto no ha sido posible sin una evaluación de opciones tan básicas como la filosofía de Platón y de Aristóteles que eran como la espina dorsal de la teología y sin una definición clara de la justa autonomía del orden creado que desmonta el proyecto colosal de la cristiandad.

8  El siguiente diagrama visualiza el nuevo modo de ser católicos según el Concilio Vaticano II.  De esta manera la Iglesia está dispuesta a responder a los retos que le plantea el mundo moderno,  marcado por el espíritu democrático y de participación responsable.

Iglesia del Vaticano II

 

Pp.: Papa

O: Obispo

C: Carismas                          C

                                              o 

                                            C.P.

                                                         C

 

Pp.

                     0                                 0  

 

 D: Diáconos

C.P: Colegio de presbíteros

Dos grandes teólogos protestantes insinúan la necesidad del Magisterio 

La norma suprema de la fe es la Sagrada Escritura unida a la Tradición.  Pero el Magisterio vivo de la Iglesia nos garantiza la fidelidad a la norma.  El magisterio está al servicio de la Escritura y de la Tradición.

Para que palpemos la necesidad del Magisterio como carisma especial de la comunidad de salvación, leamos los siguientes  testimonios, sacados de la corresponden­cia de dos protestantes, grandes maestros en la interpretación de las Sagradas Escrituras.  Karl Barth y Rudolf Bultman son dos exegetas y teólogos de nuestro siglo cuyo influjo ha sido inmenso en toda la Iglesia, entre católicos y protestantes.  Leamos estos dos textos. 

El primero es una carta de Barth a Bultmann, de Diciembre 24 de 1952:  “Ve Usted en qué situación estamos los dos, UD. y yo?  A mi me viene la imagen de una ballena y de un elefante que se en­contrasen en alguna parte de la costa oceánica con admiración mutua infinita.  Inútil que la una lance a la altura de una casa su chorro de agua.  Inútil que el otro gesticule con la trompa, ya amistosamente, ya amenazante.  Les falta una clave común para expresar abiertamente lo que cada uno quisiera expresar desde su elemento y en su lenguaje.  Enigma de la creación cuya solución me quisiera representar en el esjaton como Bonhoeffer en la línea del “Yo renuevo todo”

El segundo texto es de otra carta de Barth a Bultmann el 18 de Diciembre de 1959:  “Le agradezco el esfuerzo que ha hecho de juntarse y de discutir conmigo.  Por mi parte me sentaré e intentaré seguirle frase por frase.  Mi impresión de primera vista es que en la diferencia de  nuestra exégesis se trata en primer lugar del típico reflejo suyo y mío de aproximarnos al Nuevo Testamento, sobre la cual diferencia no nos vamos a poner de acuerdo en esta vida.  Quizá en el cielo (en el piso superior de la imagen mitológica del mundo) podamos buscar juntos al apóstol Pablo para que nos explique qué es lo que en último término pensó”.

1.  Ambos son grandes teólogos, internacionalmente reconoci­dos.  Y ellos lo saben muy bien.  ¿Qué pasará con los que no tienen for­mación?

2.  No tienen la clave común que los lleve a un acuerdo.  El árbitro será solo San Pablo.  Pero en el cielo ya no será necesario el Magisterio.

3.  Nosotros tenemos como clave común la Tradición viva de la Iglesia.  Por esto debemos poner nuestra preocupación en ser fieles a la Tradición viva de la Iglesia, pues la Sagrada Escritura unida a la Tradición es la norma suprema de Fe.

4.  El Magisterio tiene la misión, en esta tierra, de garantizar esta fidelidad a la Escritura y a la Tradi­ción viva de la Iglesia.

Nota: Los diagramas para explicar los modelos de Iglesia están tomados de Ferdinand Klostermann, "Gemeinde-Kirche der Zukunft", t. I, pg.250-255.

 

LAS ETAPAS

DE LA HISTORIA

DE SALVACION

 

Desde la perspectiva de la

Historia Particular  de Salvación

en Israel y en la Iglesia

 

Dios se revela

 a lo largo de una historia particular,

la historia de Israel y de la Iglesia,

con sus éxitos y sus fracasos,

con sus luces y sus sombras,

con su muerte y su resurrección

con la muerte y resurrección de Jesús

 

El amor de Dios se revela y se sigue revelando en hechos

Contenido: 10 etapas

Visión panorámica de la historia de salvación

Etapa 0: Antes de Abrahán

Etapa 1: La promesa

Etapa 2: La Alianza

Etapa 3: La posesión de la tierra

Etapa 4: La monarquía y el profetismo

Etapa 5: El destierro en Babilonia

Etapa 6: El período persa

Etapa 7: Bajo los griegos

Etapa 8: Actividad terrena de Jesús.   Nuevo

Etapa 9:  A partir de la Resurrección.  Testamento

 

PANORAMA

DE LA HISTORIA DE SALVACION

 

1.  La historia de salvación constituye una unidad

Dios nos habla hoy a través de la Biblia. La exégesis nos ayuda a escuchar a Dios como lo escucharon los primeros   oyentes, y la her­menéutica nos ayuda a comprender lo que Dios nos dice a nosotros, hoy.

En efecto, alguno afirma: la Biblia se dirige a gentes de hace más de 2000 años: ¿qué nos puede decir a nosotros, en el siglo XX, en América Latina?.  Nosotros necesitamos a Dios para nuestra situación. Debemos estudiar la manera de salir de nuestra pobreza, de nuestra explotación, de nuestra hambre, de nuestra ignorancia.  ¿Para qué vamos a gastar nuestro tiempo pensando en personajes como Abrahán o Isaías, que vivieron hace alrededor de treinta siglos?. 

Sin duda la nuestra es una tarea para el presente y futuro. Tenemos que protagonizar  y transformar la historia con los hermanos que nos rodean.  Es verdad; y  por eso, no recor­damos a nuestros antepasa­dos en la fe como se estudia a Napoleón o Montezuma.  Formamos parte de una misma historia de salvación que viene desde Abrahán y llega hasta nuestra comunidad. Nos interesa que Moisés haya hecho concientización entre los esclavos hebreos en Egipto, que David haya con­quistado a Jerusalén, que Nehemías haya vuelto a Judea desde Babilonia.  Somos el mismo pueblo que continúa una historia.

Las pistas dinámicas de acción que orientaron a nuestros an­tepasados, para ser fieles a Dios, deben orientarnos también a nosotros.  No copiamos una fórmula que leemos en la Biblia y la aplicamos al pie de la letra, sin análisis, a nuestra situación actual.  Por eso se necesita la exégesis, que investiga el sentido que el autor sagrado intentó en un pasaje o en un libro.

Pero no basta saber lo que el autor sagrado quiso decir a través del texto.  Es necesario investigar lo que Dios nos quiso decir a través de hechos cuyo alcance significativo es inagotable.  Por este motivo tenemos que estudiar la historia y las circunstan­cias que vivió la comunidad bíblica.

 

Por otra parte, hemos de estudiar la situación actual, como tarea ofrecida nuestra respon­sabilidad y a nuestra libertad, y luego iluminarla  con las pistas dinámicas de acción que descubrimos en pasajes bíblicos.  Este es el campo de la hermenéutica.

He ahí la tarea para nuestras comunidades cristianas.  No olvidar­lo:  La Biblia no es un fin;  es un medio para el encuentro auténtico con el Señor, en nuestra propia historia, y para responderle a él vivo y actuante en nuestra comunidad eclesial.

 

2. Articulación de la historia de salvación o plan de Dios, en etapas :  "economía" de salvación

En esta unidad nos vamos a familiarizar con las etapas más carac­terísticas de la historia de salvación.  Es un ejercicio importante  contemplar el panorama del plan de Dios.  Hemos dividido esta historia en 10 etapas, para ayudar a la memoria. Enseguida las vamos describiendo en sus diferentes aspectos:  nombres, cronolo­gía, personajes, geografía, libros bíblicos, símbolos, contexto, etc.

Es necesario dedicarle tiempo al ejercicio de memorizar;  pero conviene examinar, en grupos, las relaciones que tiene cada etapa con nuestra situación actual.

 

 

ETAPAS DE LA HISTORIA DE SALVACIÓN

0.  La Creación.  Revelación de Dios por la natural­eza.  Historia general de salvación.  Historia primitiva.. 

1.  La promesa.  Los patriarcas: Abrahán, Isaac, Jacob.  Comien­za la historia particular de salvación.  Abrahán da origen a dos descendencias: por Sara: Isaac.  Por Agar: Ismael.  De Mesopotamia va a Egipto. 1750 A.C

.2.  La alianza.  El Señor hace el pacto con el pueblo liberado de la esclavitud de Egipto.  Un pueblo liberado es elegido.  Otros pueblos esclavos sufrían lo mismo.  El Señor comienza a presentar un proyecto especial de salvación como tipo y modelo para lo demás.  Dios se revela liberando y prefiriendo por amor.

3.  La posesión de la Tierra.  Cumplimiento de la promesa hecha a Abrahán.  Espacio para la creatividad comunitaria del pueblo liberado en tierra libre.  Ejercicio de la libertad en la organización.  La tierra se posee cuando se reparte.

4.  La institucionalización y el carisma.  Organización del estado.  El poder y la profecía.  Israel se organiza como un estado, a imagen de las naciones.  El proyecto de poder, que quiere volver a dominar al pueblo, es denunciado por el espíritu de Moisés, que  sigue liberando.  Los profetas muestran cómo continúa el proyecto de liberación.

5.  La gran crisis.  Los destierros.  El reino del norte es depor­tado a Nínive.  El reino de Judá a Babilonia.  Es el castigo por el pecado del pueblo escogido.  Comienzo de la diáspora. Las preferencias de Dios exigen. Celo.

6.  El nuevo éxodo.  El judaísmo se reorganiza en la tierra de Israel.  El pueblo purificado en el destierro de Babilonia se renueva y pone la esperanza en una novedad.  El imperio persa quiere dominar al mundo. "El Resto"

7.  Encuentro con el mundo occidental.  El pueblo judío se enfrenta al mundo occidental, represen­tado por la cultura griega.  Este encuentro está lleno de vicisitudes y conflictos.  Al final llega el imperio romano.  Diálogo y lucha de culturas: enculturación.

8.  Jesús de Nazaret.  Jesús, de la tribu de Judá, nació de una mujer judía, educada en la cultura judía y casada legalmente con un judío de la misma tribu.  Se revela como un profeta que dice la última Palabra de Dios.

 

9. Jesús Resucitado e Iglesia.  Jesús resucita y es reconoci­do y confesado como Dios y vive en las comunidades apostólicas.  La Resurrección continúa en las múltiples  comunidades  cristianas, en el hoy del Espíritu.   En las comunidades, los autores del Nuevo Testamento ponen por escrito la vivencia del Resucitado.

 

 

Etapas de la historia

 

Personajes                  Cronología Geografía  

 

 0.  Adán y Eva 20.000.000-      Big-bang. Nebulo-

 Caín y Abel, Sem      000.000   Vía Láctea.Sist.So-

 Cam y Jafet               3.000.000          lar. Tierra. Diluvio

 

 1.  Abrahán, Isaac     1750           Creciente fértil

 12 patriarcas                                Ur, Jaram, Canaán

 José.                                             Egipto, Gosem.

 

 2.  Moisés, Miryam, 1250           Esclavitud  Egipto

 Aarón                        1200          Desierto, Jericó

 Pueblo                                          .

 

 3.  José, Jueces         1200                    Doce tribus

        Sansón, Gedeón 1140           División de la tierra.

        Samuel                                 

 

 4.  Saúl, David,          1140                    Jerusalén, Judá,

      Roboán, Jeroboán                      722                 Sanaría.

       Amós, Isaías, Oseas               Reino de Israel   

 5.  Josías, Ezequías   722            Nínive

 IIº Isaías, Dt.            586            Babilonia

 Jeremías, Ezequiel   538            Diáspora

 

 6. Nehemías, Esdras 538            IIº Templo

     Zacarías, Ageo      333            Diáspora

     Zorobabel                                Helenismo

 

 7. Malaquías, Jonás  333            Lagidas, Seléuco

     Daniel, Joel, 1-2Mc.       -6       Alejandría

     Sabiduría, LXX                       Atenas. Roma

 

 8.  Jesús           -6                         Nazaret-Belén

     Apóstoles              30              Galilea

    Mujeres                                     4 regiones

 

 9. Jesús Resucitado  30              Jerusalén. Galilea

.

     de salvación

 

Textos                        Libros                 Símbolos

 

0.  Etapa 0                 Gen 1-11

Gen 1,27; Sal 8

Trad. Y.E.P.

 

1. La promesa            Gen  12-50

Gn 46,5; Gn 12,1-3    Y.E.P.

 

 

2. La Alianza              Ex, Lev.

Ex 19,1-8          Nm. Dt.

Ex 20                        

 

3. Posesión-tierra      Josué

Jc 3; Js  1,2                Jueces

Js 24

 

4.  Estado                   Trad.Deut.

Amós, Natán              Eloísta,Yavista

Sal 88,21           1R,2R,1S,2S.

 

5. Gran Crisis             Trad.Sac.II Is.

2R 25,1-21                  Jer. Ez. Sof.

Jr 31,31-35                 Nahún

 

6.  Nuevo Exodo        Salmos, Torá,

Esd 1-2              Es.Ne.Ag.Zac

Is 40                          

 

7. Encuentro Occ.     Jo. Mal.Jonás

1Mc 3-4            Ecl. 1Mc 2Mc

                          Sab. Ester.Jdt    

 

8. Jesús de Nazaret   Experiencias

Apóstoles          con Jesús  

No escribió nada       

 

9. Jesús Resucitado   Nuevo

                                   Testamento

Etapas de la historia

 

Exégesis: Nos muestra el sentido querido por el autor.

 

0.  Proceso de la creación, de la hominización y de la concienciación.  Las ciencias del hombre. La realidad y la simbolización lingüística.

 

1.  Historia de los Patriarcas, una vivencia particular, en  una cultura, de las relaciones con Dios.  Expresión escrita de esa vivencia.  Historia vivida; historia narrada.

 

2. Dios apoya la lucha de la liberación de un pueblo esclavo. Moisés es un líder guerrero.  Luchas humanas  por la lberación.

 

3.  Los hijos de Israel, por necesidad de libertad, se apoderan de la tierra de Canaán.  Necesitan una base económica para la libertad. Los conflictos necesarios.

 

4.  El pueblo necesita estructuras humanas para ser un pueblo libre, frente a los enemigos.  Necesita todas las instituciones de un estado.

 

5.   El reino del Norte, Israel, fue vencido por Tiglatpiléser .en 722-721 cae Samária, convertida en Provincia de Asiria. Nabucodonosor destruye a Jerusalén en 586.

 

6.  Ciro, persa, vence a los babilonios. Edicto de Ciro, da libertad a los judíos para volver (538).  Sin poder político, el judaísmo da forma a la Biblia.

 

7.  Alejandro Magno, con las armas, difunde el helénico,  333. 150 años de paz.  Desde el año 167, Antíoco quiere suprimir el judaísmo. Lucha religiosa y cultural.

 

8.  El ser humano se convierte en Palabra de Dios, para nosotros  en Jesús. Dios nos habla desde la realidad de la historia humana.

 

9.  Jesús muere, pero vence la muerte y resucita con todos los que se le asocian.

 

de salvación

 

Hermenéutica: nos muestra el sentido para nosotros, hoy.

 

0. Etapa 0. Historia  general de salvación. Dios todo lo hizo bueno. El Padre se revela en todo lo que ha creado. El quiere que el hombre tenga un desarrollo pleno.

 

1.  La promesa.  Los anhelos humanos son promesas que Dios ha inscrito en el corazón. Las realizaciones materiales son signos de las futuras.

 

2.  La alianza.  Dios prefiere y discrimina, y crea conflictos con los demás.  El amor es celoso.  Las leyes  son necesarias: 10 mandamientos. Ley natural. Las preferencias de Dios crean las responsabilidades.

3. Posesión de la tierra.  La libertad no se sostiene sino mediante lo económico.  Dios cumple las promesas; pero abre la esperanza a otras expectativas.

 

4.  Estado-Profetismo.  El poder, las estructuras, la obediencia son necesarias.  Pero son un peligro, pues llevan a la opresión.

 

5.  La gran crisis.  La lucha por el poder oscurece el plan de Dios. El plan del faraón contra el de Dios. Los profetas denuncian el poder que crea la injusticia y la idolatría

 

6. Nuevo Éxodo.  Las fuerzas del bien actúan a través de  otras religiones y culturas.  El castigo purifica y hace profundizar la fe. Crisis de crecimiento.

 

7. Encuentro con el mundo occidental.   La fe debe entrar en diálogo con otras culturas.  El hombre debe seguir su conciencia.  Se da integrismo.  Se da apertura al pecado.  Enculturación de la fe.

 

8.  Encarnación.  Dios entra en nuestra situación vital,; da un sí rotundo al hombre y a la mujer. En lo cotidiano  se da la cercanía de Dios.

 

9.  Resurrección.  El Espíritu. Cristo está con nosotros, en solidaridad amorosa, para hacernos vivir como resucitados.

 

Etapa 0

Creación e historia general de salvación

 

Nota metodológica.  Dinámica posible para empezar con el  estudio de la etapa 0.  El animador pide a los participantes que se dividan en grupos de dos, y luego tomen un papel en blanco y hagan el esfuerzo de imaginar el sitio del hombre y la tierra en todo el universo.  Luego presentan a la asamblea la imagen que han bosquejado.  En cada etapa distinguimos la realidad existencial (los hechos o historia vivida) y la realidad literaria (la historia narrada, la interpretación y el sentido).

 

1. La realidad existencial

 

1.1  La Biblia y la ciencia.   Esta etapa No. 0 de la historia de la salvación nos ubica en el conjunto del universo y de la historia humana.  Para darle todo el sentido debemos recordar lo dicho en la primera parte, lección 2ª : ¿Cómo nos habla Dios?.  En esta etapa Dios creador nos habla por la naturaleza y por historia o cultura.

 

La etapa comprende todo el proceso de la creación del mundo hasta el llamamiento de Abrahán (1750 a. de C). Sobre este período más que a la Biblia tenemos que interrogar a la ciencia profana, que goza de autonomía. Sobre el modo de la creación la ciencia tiene la palabra. Los autores sagrados nos muestran el sentido profundo de la obra creada. La ciencia nos muestra la realidad existencial, y la Biblia nos revela el sentido de la creación.  Llamamos la atención sobre algunos puntos esenciales.

 

1.2. No, a un mundo estático.   Estábamos acostumbrados a encuadrar la creación en un tiempo limitado: Dios creó todo de la nada, tal como lo vemos ahora, y después lo conservó igual a través de los milenios.  Puso en marcha toda la maquinaria del mundo y la dejó funcionando, como el fabricante que deja un reloj en marcha.

 

Ahora, mediante la técnica, nos hemos dado cuenta de una realidad maravillosa: ¡estamos en los días de la creación! o sea, en el proceso que empezó hace 20.000 millones de años, con el Big-bang o el Big-crash, y todavía continúa. Hace unos dos mil millones de años la tierra estaba arropada en espesas nubes de vapor. En el agua, que se fue enfriando en los mares, aparecieron animalitos minúsculos como microbios. Dios creó la vida que se fue desarrollando de múltiples maneras hasta poblar la tierra.  Podemos decir que Dios confió en la vida. El suyo fue un plan de vida.

 

Los seres primitivos apenas tenían núcleos de nervios.  En una de sus familias se formó un centro de mando: el cerebro.  Después de los reptiles aparecieron los mamíferos y luego los antropoides.

 

Nota metodológica: como en la educación media se estudia el proceso del ser humano, se puede pedir que traigan un libro sobre este tema o que hagan una cartelera  sobre la evolución del hombre vista por la ciencia.

 

1.3. No, a un hombre estático.  También estábamos acostumbrados a pensar que Dios creó al hombre terminado y listo: con pleno uso de la razón, con habilidades y destrezas, con el habla y el lenguaje, con los nombres de todos los animales.  El arte nos acostumbró a las imágenes paradisíacas de Adán y Eva, y la teología compuso tratados sobre los dones preternaturales de que estaban revestidos nuestros primeros padres. A la existencia del hombre se le calculaban unos 6.000 ó 7.000 años., según la tradición judía.  

 

Ahora, en cambio, sabemos que el proceso del devenir humano, la humanización final, cuenta ya  como tres millones de años.

 

Dios creó la persona humana porque comunicó a cada individuo un “soplo” de vida, a imagen de Dios.  Lo que define al hombre es su capacidad de pensar y de  comunicar lo que piensa y lo que es, y esta inteligencia, libertad para la acción y la comunicación le vienen de Dios.

 

El hombre no sabía hablar durante centenares de siglos.  Nuestros sordomudos son como “fósiles vivientes”.  Por eso durante milenios no adelantó en su técnica de labrar piedras.

 

De los parloteos y de los gestos pasó a organizar los sonidos y a convertirlos en símbolos o representaciones.  Entonces creó el milagro del lenguaje. Con este instrumento de comunicación  el hombre consiguió una realización pasmosa.  Nosotros nos realizamos comunicándonos.  La imagen de Dios en el hombre resplandeció de manera inefable.

 

Pero también es verdad que el hombre falló en esta comunicación desde el comienzo.  Y esto es el pecado que está en el origen del hombre.  Esto  lo sabemos por  revelación.  La historia del hombre está herida por el pecado original.  Al final de los tiempos Jesús restaura la comunicación: nos reconcilia y redime.

 

En esta lucha fue comprendiendo que uniéndose podía defenderse de la naturaleza y dominarla para vivir mejor.  Así empezaron a nacer, hace apenas unos 10.000 años, los primeros núcleos de las llamadas civilizaciones.

 

Unos cuatro mil años antes de Cristo surgían las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto y se iban preparando las de Mesoamérica y Perú.  Desde que los hombres empezaron a unirse y a organizarse, los progresos de la humanidad han sido vertiginosos.  Lo que no se hizo en un millón de años lo ha realizado en 4.000.

 

1.4. Hacia el futuro.  Esto nos está diciendo que el hombre progresa en la medida de la reconciliación y la comunión.  Así va Dios modelando al ser humano con los dedos misteriosos o las mediaciones de la naturaleza y de la historia.

 

En esta segunda parte del siglo XX la aceleración de la historia ha asumido caracteres abrumadores que nos dejan perplejos.   Signo de ello son los viajes a Júpiter o el cerebro electrónico.

 

El hombre es obra de Dios, pero ante los ojos atónitos de la ciencia es como una obra de sí mismo.  El hombre se ha ido haciendo a sí mismo a lo largo de millones de años. Dios ha ido haciendo al hombre mediante el hombre.

Ante esta visión, el Concilio Vaticano II, en su "Constitución pastoral Gozo y Esperanza" (GS), define al hombre ante todo como ser responsable.  Al responder de continuo se realiza, llega a ser él mismo. Dios nos hace y nos crea tan misteriosamente que pensamos que noso-tros somos los creadores. De ahí que el hombre se defina como ser consciente y libre, autor de sí mismo y de su historia

("Liber est auctor sui":la libertad es creadora de la pesona libre". 

 

2. La realidad literaria.  El texto de la Biblia. Historia general de salvación

 

Veamos unos rasgos del designio de Dios, tal como se nos revela en los relatos de  la creación.

 

2.1 Génesis 1-11.  Estos capítulos quieren indicar y revelar el significado del mundo creado para el hombre.  No describen con exactitud los diferentes elementos de la creación ni su proceso; presentan al hombre  como se ve él mismo en medio de los seres creados, en el tiempo del autor sagrado.

 

Si hubiéramos pedido al autor de la Biblia que nos describiera la manera como él se veía en el mundo, nos hubiera releído Gen. 1-11.  Veamos la concepción cosmológica de aquel tiempo en el siguiente esquema:.

 

Esta es la manera como la gente veía el mundo en la cultura de aquel tiempo.  La Biblia no cambió esta expresión cultural; solo definió  el sentido del hombre, en forma poética, didáctica y popular.  Lo esencial es que Dios lo ha creado todo y ha creado al ser humano, y lo ha invitado a vivir con El en el amor y en la felicidad.  El varón y la muejer no han sido fieles a este llamado y se han apartado de su creador  Han querido competir con Dios. Pero el Señor los ha puesto en su lugar: los ha castigado, pero no los ha abandonado. Por esto llama a Abrahán.

 

2.2 Génesis 1,1-2,4a: La semana de la creación.  El Dios único ha hecho el mundo y ha creado al hombre a su imagen para que domine sobre la tierra y viva en la amistad de Dios. El creador lo ha hecho todo bien. El fin del hombre es participar del reposo divino, es decir, del cumplimiento final del designio de Dios, que es de bendición y santificación, contenidas en el sábado.

 

2.3 Génesis 2, 4b-24: El Paraíso. El  segundo relato de la creación, más antiguo y más poético, tiene como tema a Dios, el hombre y el origen del mal.  En resumen, el autor nos dice que el mal procede del hombre, del mal uso de su libertad. Este es un punto central de la revelación bíblica: No hay dos principios de las cosas, uno bueno y otro malo.

 

2.4 Génesis 2,25-3,24. Paraíso y pecado.   La expulsión del paraíso.  El hombre ha caído en la tentación venida de las profundidades del caos, simbolizado en la serpien­te.  El hombre ha pretendido ser como Dios, ha querido asegurar­se él mismo el futuro por su propia capacidad.  En castigo, el hombre queda dividido: Adán y Eva entran en lucha por dominar.  Deben partir, dejar el paraíso.  Sin embargo se le anuncia al hombre que la historia dolorosa que empieza lo llevará de nuevo a la vida (Gn.3,16), por benevolencia divina.

 

2.5 Génesis 4,1-16.Caín y Abel.  El mal se traduce en violencia y llega a producir el asesinato.  Caín se percibe a sí mismo condenado a muerte, y con todo Dios no lo rechaza.  La violencia es la culminación del pecado.

2.6 Génesis 6-9: El Diluvio.  El hombre hacia la muerte; Dios hacia la vida. El hombre encerrado en sí mismo engendra la división, la violencia y la autodestruc­ción. Quizá hace mitos para su satisfacción. El diluvio (Capítulo 6-9) simboliza las fuerzas oscuras que lo sumergen. Dios llama del seno del mal a un justo, que se dedica a trabajar, porque las fuerzas del mal no triunfarán definitiva­mente contra el designio divino: Es la Alianza con Noé (Gn 9,1-17)

 

2.7 Gn.11,1-9:  La torre de Babel.  La historia humana queda marcada por la división. Después del diluvio la humanidad está dividida de múltiples maneras.  Esto se expresa mediante el relato de la torre de Babel.  La tentación humana sigue siendo la misma: entrar en posesión de la seguridad total, como conquista humana.  Se levanta entonces contra Dios, a quien percibe como envidioso del hombre, y construye una torre para llegar hasta el cielo.  El fracaso lo demuestra la división de las lenguas.  Pero Dios usa la confusión y multiplicación de lenguas  como instrumento de liberación del despotismo de uno solo.

 

2.8  Gn 11: Dios prefiere a Abrahán.  Del seno de la humanidad pecadora Dios elige a un hombre.  Al final de Génesis 11 una corta genealogía conduce a Abrahán. De la humanidad y sus culturas, Dios escoge un hombre, y así empieza la historia particular de salvación.

 

Más tarde haremos un estudio detenido de estos capítulos.  Por lo pronto, hemos de evitar dos  posiciones extremas.  Unos se burlan de lo que dice la Biblia sobre la creación porque conocen lo que dice la ciencia, y confían, con razón, en ella.  Otros toman al pie de la letra lo que dice la Biblia sobre la semana de la creación, el muñeco de barro, la manzana y la costilla, porque no quieren apartarse de las tradiciones que recibieron de los padres.

 

Nosotros ya logramos superar estos dos errores, al captar mejor la intención del autor inspirado y al distinguir entre la realidad existencial y la realidad literaria.

 

  Etapa

 

Las Promesas a los Patriarcas

 

1. La  realidad existencial

1.1 El Medio Oriente.   Hacia el año 1800 A.C. la tierra de Canaán había llegado a cierto desarrollo.  Florecían civilizaciones en Mesopotamia, el Nilo, Europa, Mesoamérica, México, Perú, Colombia.  Un hombre, Abrahán, se propone seguir a un Dios personal que se le muestra en su propia vida de seminómada.

 

Esta etapa es como la gestación del pueblo de Dios, que comienza a existir como tal en el siglo XIII. Comprende desde la vocación de Abrahán (1750) hasta la alianza del Señor con su pueblo(1250).

 

En tiempo de Abrahán la humanidad buscaba a Dios, como tanteando, en la naturaleza.  El Dios, que callaba o hablaba mediante signos, no había buscado al hombre para hablarle de modo particular.   Abrahán es el primero que responde de modo histórico y social a la palabra que el Señor dirige a su conciencia y libertad. 

 

1.2 La Creciente fértil.  Abrahán se mueve en la llamada "Creciente fértil", zona en forma de arco que va desde los ríos Tigris y Eufrates, pasa por el Orontes y Litani, para culminar en el Jordán. Esta creciente fértil se prolonga en el Nilo. La parte interna del arco es desértica, y la externa la conforman las montañas de Irán, Armenia y el Taurus.   Este arco se convirtió pronto en camino por donde circulaban las mercancías, las armas y las ideas. No era un mundo cerrado pues se abría al Mediterráneo y a la India.

 

Durante los 2000 años anteriores a Abrahán, se había desarrollado una verdadera cultura en Mesopotamia.  Desde 3500 comienza la arqueología a encontrar elementos para reconstruir alguna imagen histórica de aquellos tiempos.  Por los años 1728-1685 nos encontramos con un gobernante genial, Hamurabi, que nos puede dar la medida de la civilización a que había llegado en tiempos de Abrahán el mundo mesopotámico.

 

1.3 Egipto.  De Egipto baste recordar que la época de las grandes pirámides debe colocarse cerca de un milenio antes de Abrahán.  Es  verdad, Dios no empieza a revelarse sino cuando la historia tiene memoria de sí misma,  lo que llamaremos historiografía. 

 

Dios puede hablar ya en dos niveles de lenguaje: la historia y la narración de dicha historia; los hechos y la memoria transmi­tida de los mismos.  Ambos niveles son necesarios.

 

La lengua internacional de aquellos tiempos era el acádico que se escribía con caracteres cuneiformes.  Por lo tanto no es imposible que los primeros elementos de lo que constituye hoy nuestra Biblia hayan sido escritos en acádico.

 

1.4 Los patriarcas en Egipto.  Una parte de los descendientes de Abrahán se estableció en Egipto, con otros grupos semíticos.  Es imposible determinar la fecha de esta emigración que pudo extenderse por cuatro siglos.  Pero dos oportunidades fueron  favorables para la instala­ción de los patriarcas y otros  semitas en Egipto:

-  El tiempo de dominación de los Hycsos, llegados de Palestina, que gobernaron a Egipto del 1700 al 1550;

-  El período de debilitamiento del poder de Egipto duran-te el reinado del faraón Ajenaton(1364-1347).

 

2. La realidad literaria: El sentido.    

 

2.1 Oriente mesopotámico.   Esta primera etapa de la historia bíblica la conocemos por el Génesis 12-50.  Pero estos capítulos no fueron  redactados en la forma en que los tenemos hoy sino cuando el pueblo de Dios ya estaba bien establecido.  De modo que durante unos 700 años los relatos sobre los patriarcas se fueron transmitiendo de padres a hijos por tradición oral.  Imaginémonos a un padre contando a sus hijos las andanzas, dificultades y triunfos de la familia y tendremos una idea de cómo fue tomando forma literaria la historia de los patriarcas que tenemos en el Génesis.  Talvez hubo algunos pequeños elementos escritos con un punzón con caracteres arcaicos sobre tabletas de arcilla.

 

Los antepasados de Israel están relacionados con los Semitas seminómadas que se desplazan durante el segundo milenio por la franja que comunica la creciente fértil con el desierto de Arabia.   Dos grupos se destacan:   los Amoritas y los arameos que se instalan en  Siria-Palestina hacia el siglo XIII.   Pero se tiene documentación sobre otros muchos grupos. 

 

No es fácil determinar el valor histórico de los relatos bíblicos sobre los patriarcas, pero puede darse por seguro que estas figuras ancestrales que señala la Biblia -Abrahán, Isaac, Jacob, Israel, los padres de las doce tribus- se establecieron en Palestina entre los siglos XVIII y XVI.  Abrahán venía de Ur, de Sumer, y Jacob de Harrán, más al norte.  La preocupación de los autores bíblicos no es mostrar la fidelidad histórica sino  presentar a los patriarcas como los padres espirituales del pueblo de Israel, que adoraban al único verdadero Dios, eran sus confidentes y los depositarios de las promesas para la posteri­dad.

 

2.2 Proceso de redacción.   El pueblo ya organizado con la monarquía se propone conservar las memorias de los antepasados, en los cuales proyectan su propio ideal de fe y de constancia en la fidelidad y  la esperanza de las bendiciones y promesas. Para ello esquematiza una historia, muy compleja y conocida a medias, de la siguiente manera: Abrahán pertenecía a una tribu amorrea adicta al culto de la luna.  Su clan estaba compuesto por seminómadas que se desplaza­ban según las necesidades de los pastos.   Por invitación divina bajó de su país de origen con su clan y ganados a pastorear a Canaán.  A los cien años tuvo un hijo que se llamó Isaac. Este tuvo dos hijos, Esaú y Jacob.  Este último recibió las bendicio­nes del Señor prometidas a Abrahán y las transmitió a sus doce hijos (de Lía y de Raquel).  Estos son los padres de las doce tribus de Israel.  Por la historia maravillosa de José sabemos cómo el hambre los llevó a Egipto, donde se multiplicaron..

 

2.4 El nombre de los hebreos.  Es posible que los egipcios o los cananeos conocieran a los hijos de Abrahán con el sobrenombre de HAPIRU.  Este nombre sugiere la idea de atravesar el río: vienen del otro lado.  Los grupos de pueblos conocidos como Hapiru o Ivrim, según los textos de Tell El Amarna, pertenecen a diversas etnias, constituidas por bandas armadas que viven en situación de necesidad y se entregan al pillaje o se apoderan de los pastos.  Tratan de establecer intercambio comercial con las ciudades cerca de las cuales acampan, y cuando fracasan se convierten en especie de “guardias suizos” o en mercenarios al servicio del mejor pagador.  De 40 casos del uso de ivrit, en la Biblia  antes del destierro, en 18 se trata de oponerlos a sus amos egipcios.  En los demás casos se trata de distinguir entre los siervos y los señores(Ver Dt 15,12).  Después del destierro el uso evoluciona.

 

En un antiquísimo documento egipcio se lee de los Hapi­ru: ”... son extranjeros; no permanecen en el mismo lugar; están de continuo en camino; combaten desde los tiempos del dios Horus; ni vencen ni son vencidos...”.  Los Habiru son personas de una condición social marginada, esclavos o mercenarios, que se encuentran en todo el mundo entonces conocido, desde Egipto hasta Mesopotamia, mientras que el nombre de los hebreos expresó luego una nación.  Nada extraño que grupos semejantes se hayan infiltrado en Egipto (ver Gn 41) y que el Faraón haya percibido en ellos temibles fuerzas de oposición.

 

2.3. El texto para nosotros: Hermenéutica para hoy.  Todos estos datos históricos deben ser  evaluados y utilizados para reconstruir el hecho revelador o histórico del pueblo de las primera alianza.  Este hecho continúa con fuerza reveladora, en la medida en que se capte mejor; a lo cual ayuda el conocimiento más exacto del contexto histórico y cultural.  El hecho debe interpretarse en consonancia con el texto de la narración que nos transmite la Biblia. Dios nos sigue hablando tanto a través del hecho como a través de las palabras.

 

 

 

 

  Etapa

 

       LA ALIANZA

 

1.  Realidad existencial

 

La historia de los patriarcas es solo la preparación del pueblo de Dios.  La narración se reanuda cuando los descendientes de Abrahán rompen el yugo de la esclavitud egipcia para ir en busca de la tierra prometida.  El hecho es la liberación de un grupo de cautivos y oprimidos bajo el poder del faraón egipcio. 

 

Este hecho puede conocerse cada día mejor, y se hace más significa­tivo para quien lo contempla.  Nos consta ahora de la condición de esclavitud de varios pueblos y del movimiento de resistencia y de emancipación al final de la época de bronce y comienzos de la de hierro.  No todos los hebreos que se confederaron en Palestina salieron de Egipto con Moisés.  Un grupo, que salió con este caudillo, se reunió con otros descendientes de los patriarcas y con otros grupos de Canaán que compartían las aspiraciones a la libertad y a la organización independiente, contra las ciudades-es­tado dominantes en la región. Los revolucionarios eran campesinos y pastores.  Algunos, incluso, podían ser bandas de los famosos Hapiru (Ver etapa anterior).  Todos estos grupos se fueron conglutinando alrededor de la memoria de los Padres y de las antiguas tradiciones sobre el favor del Dios personal de ellos, heredado por las tribus.  Esta memoria se intensificó alrededor de los santuarios y de las celebraciones de las fiestas y de los ritos.

 

 2. La realidad literaria y simbólica

 

Las palabras inspiradas son las narraciones que interpretan los hechos y les dan el sentido querido por Dios, definido aunque abierto al futuro de la misma revelación.  El hecho central, que da existencia, identidad e impulso liberador al pueblo, se va explicando en los libros de la Toráh o Dirección General, "constitución" fundacional  del Pueblo.

2.1  El libro del Éxodo

 

2.1.1   La esclavitud:  Este libro empieza con la descripción de la esclavitud de los israelitas bajo el yugo desafiante del faraón.  Dios apoya el esfuerzo y la lucha de liberación que el grupo de descendientes de Abrahán realiza, bajo el liderazgo de Moisés. Junto a ellos hay en Egipto otros grupos torturados y manipulados.

 

Los hebreos saben que Dios los acompaña en el propósito de liberación y de una vida mejor.  Leer Éxodo 1, y el nacimiento de Moisés en Éxodo 2,1-10.

 

2.1.2   Revelación de Dios en el desierto: Ex.3, Moisés huye al desierto y desde la zarza ardiente escucha el llamado del Dios de Abrahán y de Jacob.

 

Pronunciar el nombre de una persona es llegar hasta su íntima realidad e, inclusive, adquirir imperio sobre ella.  Nadie puede ejercer dominio sobre Dios;  por eso la Biblia mantiene celosa el último secreto: la pronunciación del nombre de Dios.  El texto sagrado solo nos da a conocer las cuatro consonantes, el sagrado tetragrama "Yahveh".  El tercer mandamiento bíblico prohíbe el nombrar a Dios inconsideradamente.  Por eso en la tradición judía no se pronuncia el santo nombre de Dios y en su lugar se escribe "Adonai" (mi Señor).  Las traducciones modernas en castellano en vez del sagrado nombre dicen: El Señor, como es costumbre desde los LXX, y es  gesto de los judíos para adorar a Dios.

 

2.1.3 La liberación y la pascua.  Ex  4,1-15,21:  Después de una larga lucha contra el Faraón, los esclavos capitaneados por Moisés logran escapar al desierto, en una noche memorable, la noche de la Pascua del Señor.  Después de haber comido el cordero sacrificado, logran pasar el Mar Rojo, y mientras los israelitas quedan a salvo porque el Señor está con ellos, las tropas del faraón perecen en las aguas. Esta es la gran hazaña del Señor liberador, que se conmemora todos los años.  Leer en especial: La noche de la Pascua Ex 12,1-41.  El paso del Mar Rojo, Ex 13,17-14,31.

2.1.4 La Alianza del Sinaí y el don de la ley; Ex 15, 22 - 31, 18. (Leer Ex 19,1-11): Después de un largo y difícil camino, los israelitas llegan al Sinaí donde Moisés celebra la Alianza entre Dios y su pueblo.  Dios promete una tierra como espacio de la libertad a quienes ha elegido y preferido. En respuesta el pueblo acepta la ley, que es la constitución de los hombres libres.  Cada año la fiesta de Pentecostés celebra la memoria del don de la ley.  Leer en particular: el maná y las codornices Ex 16,1-31. La alianza del Sinaí Ex 20,1-17.

 

2.1.5 El Becerro de oro. Ex  32-34: El pecado original del pueblo.  Los israelitas quieren un Dios visible y fácil; se resisten a reconocer al Señor en los acontecimientos liberadores, y añoran a Egipto y la seguridad de una imagen de Dios.  Apenas reciben la ley, desobedecen a la prohibición de hacerse imágenes del Señor al estilo de los otros pueblos.  Sueñan con un Dios que los dispense mágicamente de asumir las responsabilidades de hombres libres. Cas­tigados los culpables, Moisés restablece la alianza violada.  Leer sobre todo: el becerro de oro Ex 32, las nuevas tablas de la ley Ex 34,1-9.29-35.

 

2.2  El libro de los Números

 

El libro de los Números nos comunica la gran epopeya de la marcha del pueblo hebreo hacia Canaán. 

 

2.2.1 Subida a la tierra prometida.  Todo debe realizarse en orden alrededor del Señor: Núm 10-11: Las genealogías nos dan la impresión de que el pueblo marcha en procesión litúrgica en perfecto orden.

 

2.2.2  Las murmuraciones: Núm 13-14: Aterrado ante las dificultades, el pueblo resiste a continuar en marcha.  Duda de la presencia de Dios en su historia.  Se rebela contra Moisés y pretende volver a Egipto.  Comete de nuevo la falta fundamental: no poner la confianza en el Señor:  Rehúsa seguir adelante y prefiere las seguridades fáciles, pero vanas, a la aventura difícil, pero que promete vida.

 

2.2.3  40 años en el desierto: Núm 24,33: El pueblo no está maduro para entrar en la tierra.  Cada año la fiesta de los tabernáculos conmemora el duro noviciado de cua cuarenta años por el desierto y la fidelidad de Dios que no abandona a su pueblo a pesar de la inconstancia y rebeldía.

 

2.2.4  La fidelidad de Dios en boca de Balaam: Israel carga con un futuro.  Testimonio de ello es la vieja historia que los judíos recuerdan con gozo: el adivino Balaán, encargado por el rey de Moab de conjurar la amenaza del pueblo hebreo que surge del desierto, es forzado, muy a pesar suyo, a cantar la gloria futura del pueblo de Dios.  Leer en especial: Los espías en Canaán: Núm 13,1-3.17-33; Las aguas de Meribá: Núm 20,1-13; La serpiente de fuego: Núm 21,4­-9; La burra de Balaám: Núm 22,21-35.

 

2.3  El libro del Levítico

 

2.3.1 La ley:  Se suele traducir Torah por ley, pero esto no es exacto, porque las leyes para nosotros son normas que limitan nuestra libertad.  No se ve de inmediato su relación con la liberación. En cambio la Torah es  un camino de liberación y de libertad.

 

El hombre busca siempre falsas seguridades, en la posesión de cosas y de seres y sobre todo en la idolatría, con formas religiosas antiguas de magia y superstición, o con apariencias modernas de sumisión a las ideologías totalitarias, a la fascinación de la sexualidad o a la adoración del poder y del dinero.  Los mandamientos son la expresión constitutiva de esta ley liberadora.

 

2.3.2 Las leyes particulares: El Levítico contiene muchas leyes particulares que caracterizan la cultura de Israel en su época antigua. Nos muestran los valores positivos de las  formas religiosas elementales de la piedad popular.

 

2.3.3 La ley y el espíritu: Lv 19: Lo esencial del Levítico está en la ley de santidad del capítulo 19: ”Sed santos porque Yo, el Señor, soy Santo”.  La única manera de responder al don de la libertad concedida por Dios es revestirse de verdadera libertad para los demás.  No se puede separar la actitud que tenemos para con Dios de la que tenemos para con el prójimo.

El respeto a la ley puede degenerar en formalismo y rigorismo legalista.  Puede crear un espíritu que se dedica a juzgar y condenar; en vez de ser camino de vida se vuelve cadena.  Ya no habla del Dios que libera sino de un Dios vengativo  que impide el desarrollo del hombre.  Esta liberación auténtica la defenderán de continuo los profetas y la completará Jesús.

 

2.4  El Deuteronomio

 

2.4.1 El testamento de Moisés: Moisés, por flaqueza de la fe en un momento, no puede entrar en la tierra prometida, pero manifiesta la voluntad de Dios en discursos. Leer Núm 20,1-13 y Dt 32,48-52.  Lo esencial del Deuteronomio se resume así: El Señor ama a los suyos y les abre el camino de la vida. ¿Pero el pueblo será fiel observante de la ley? Moisés prevé las infidelida­des; con todo, el Señor será fiel a pesar de todo. El amor divino tiene sus preferencias y escoge un pueblo de entre todos los pueblos. Dios prefiere, pero para la libertad responsable.

 

2.4.2 Actualización de la Alianza: esta obra de extraordinaria profundidad espiritual es producto de largas generaciones de personas fieles a la alianza. Quieren actualizar de continuo el ideal de Moisés.  Leer en especial:  El credo de Israel, Dt.4,20-­25; La elección del lugar del culto, Dt 12,13-18; El verdadero profeta, Dt 18,14-18; La muerte de Moisés, Dt.32,48-52;34,5-6.

  

 Mapa:


 

3ª Etapa

 

La  Posesión de la tierra prometida

 

 

1.  La realidad existencial

 

En el esfuerzo por acercarse al hecho real e histórico, se  se han dado diversas explicaciones de la conquista de Canaán.  Los estudios de A. Alt y Martín Noth miran la conquista de Palestina como una confederación religiosa de tribus,  semejante a la anfictionía  de las ciudades griegas alrededor de un santuario.

 

En cambio de la corriente de W.F.Albrighit y G. Mendenhall se infiere que la alianza israelita se concibió a semejanza de los tratados políticos de vasallaje entre un gran soberano y un vasallo, y que la conquista fue una revuelta de campesinos.

 

¿Cómo fue la toma de posesión de la tierra prometida por los israelitas capitaneados por Moisés y luego por Josué?

Existen tres maneras de mirar históricamente este hecho.

 

1.1 Por asentamiento pacífico. Tribus seminómadas de pastores que venían de la región desértica se fueron instalando en las zonas menos pobladas y se amoldaron  a la vida agrícola.  Esta infiltración pacífica se prologó unos dos siglos (Ver Jc. 1). Un ejemplo es el tratado con los Gabaonitas (Jos.9). Hubo algunas batallas pero más tarde.

 

1.2  Por conquista armada. El libro de Josué presenta la conquista como una serie de batallas triunfales contra ciudades cananeas, lo cual parece comprobarse por las excavaciones arqueológicas que dan cuenta de destrucciones violentas de una cultura superior reempla­zada por otra menos desarrollada.

 

1.3  Revolución Campesina. Las destrucciones encontradas en el siglo XIII no consta que sean de atribuicón necesaria a los israelitas.  Fueron obras de campesinos descontentos por la opresión a que los sometían los reyes de Canaán.  Tal es la opinión de Mendenhal.

 

Los campesinos marginados  rechazaban la ideología religiosa y política de los cananeos, la monarquía centrada en la persona del rey que era sacerdote del culto a la Santidad, el sistema de propiedad feudal de las tierras; el grupo capitaneado por Moisés aportó a este movimiento el culto de Yahveh y el tema del éxodo. 

 

2. La realidad literaria

 

2.1 Profetas anteriores y posteriores.  Es costumbre distinguir en la Biblia hebrea los profetas anteriores (Jos, Juec, 1 y 2 Sam, 1 y 2 Rey) y los profetas posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce).  Estos dos grupos de cuatro se distinguieron como profetas anteriores y posteriores por casualidad. Un impresor del siglo XV, Israel Natán Ben Shamuel, publicó la colección en dos tomos, titulados “profetas primeros” y “profetas últimos”.  No se debe introducir esta división en la misma Biblia.  En Zacarías 1,4-6 y el Talmud la expresión profeta anterior designa a los de antes del destierro.

 

2.2  Toma de posesión de la tierra.  La posesión de la tierra prometida es el sello de la fidelidad divina.  Dios cumple la promesa de dar a su pueblo la tierra de Canaán. 

 

La conquista del territorio se hace muy lentamente por Josué y por los jueces y sólo será completa con las victorias de David.  Abarca, pues, esta etapa unos 200 años.  Después de algunas victorias rápidas de Josué, hubo que desplazar paulatinamente a los cananeos, dueños de las ciudades y pueblos, de cultura más avanzada, pero por fortuna muy divididos.  Pronto se constitu­yeron cuatro grupos de Israelitas: Al oriente del Jordán, al Norte, al Centro y al Sur.  Estos grupos estaban separados por enemigos difíciles de vencer.

 

2.3  Cumplimiento de la promesa; regalo del Dios de la Alianza.  Tenemos dos presentaciones de este período: una en el libro de Josué y otra en el libro de los Jueces.  La primera es muy esquemática y simplificada a la luz de la fe; la segunda parece más fiel a la realidad objetiva y es más antigua.

 

Un hecho fundamental que ocurre en este período es la unificación de las antiguas tradiciones: Los hebreos que no habían ido a Egipto talvez conservan mejor las tradiciones sobre los patriarcas. Los que venían acaudillados por Moisés traían la historia fundamental del Exodo y del Sinaí. Todas estas tradiciones independientes se unificaron por la común religión y por la conciencia que se fue creando de un destino nacional.  Otro hecho literario fundamental es que las tradiciones se actualizaban en el culto para las nuevas generaciones, sobre todo las tradiciones sinaíticas, como se ve en el c. 24 del libro de Josué.  ­Así el pueblo adquiría mayor unidad y podía absorber nuevos miembros que quisieran incorporarse a la Alianza.

 

Pasan los años y las costumbres y tradiciones van tomando cuerpo y personalidad en la imaginación y en el corazón de todos los miembros del pueblo.  Transmitidos oralmente o por escrito, se narran las comunes alegrías y fracasos; se cuentan anécdotas que dan consistencia a recuerdos preciosos o extraordinarios, que celebran a personajes singulares, etc.  Las costumbres de Israel, las leyes, las tradiciones se enseñan sobre todo en los santuarios y en las celebraciones litúrgicas.  Así se fueron estabilizando los materiales que más tarde se emplearon en la elaboración de la literatura bíblica.

 

La lengua es el hebreo, que se forma de un dialecto cananeo con el arameo ancestral.  El hebreo pertenece a las lenguas semíticas occidentales, juntamente con el ugarítico, el fenicio y el moabítico. 

 

2.4 El libro de Josué.   Este libro narra la conquista como una guerra relámpago.  Solo se le ha perdonado a los que han reconocido la superioridad del Dios de Josué o que se sometieron como Rahab o los gabaonitas.Pero ha sido una victoria de la fe.

 

El estilo del libro es de epopeya, que esquematiza y embellece la historia. Lo que pretende es reforzar la fe de Israel.  Si el Señor manifestó su poder y amor, también hoy los mostrará.

 

Nos escandaliza la imagn de Dios como violento: por orden de Dios se ha exterminado a los enemigos a sangre y fuego.   En primer lugar esa tesis nunca se aplicó a rajatabla; se formuló mucho tiempo después, como una amenaza contra la infidelidad. Tengamos muy presente que el Dios cruel del Libro de Josué es una primera imagen de Dios que ha de superarse.  La gran certidumbre que debe tener el pueblo es esta: ”Dios está con nosotros”.  Para salvar esta certidumbre de fe, fue necesario en aquellos primeros tiempos traducirla así: ”Dios está contra todos los que se oponen a nosotros”.

 

También hoy caemos en la tentación de  representarnos a Dios en función de nuestras antipatías, de nuestros odios, o de nuestros deseos más inmediatos ¿Cómo se hizo la conquista y la colonización de América? ¿A veces no deseamos que Jesús se imponga en nuestro tiempo a la manera de Josué? ¿No aspiramos a utilizar todo el poder del estado para imponer la evangelización?

 

Leer:  Relatos del comienzo de la conquista: Js 1-9.

 

2.5 El libro de los Jueces.  Este libro nos presenta una imagen distinta.  Tribus dispersas, entre los siglos 13 y 11, van colonizando paso a paso territorios más o menos desocupados.  Con todo tiene que hacer frente, de continuo, a los vecinos..  Temen desaparecer a cada momento.

 

Por fortuna, Dios está en vela sobre su pueblo, y suscita a los jueces.  Son héroes guerreros que galbanizan las fuerzas dispersas y cumplen misiones especiales: son los “Jueces Mayores”, como Otoniel, Gedeón, Sansón.  Junto a estos se mencionan los “Jueces Menores” que pudieron ser los gobernantes del conjunto de Israel antes de la anfictionía. El conjunto gira con miras a la  organización de la región central.

 

2.6. Sentido profético de este período

 

Este período fue ideal para los profetas, el tiempo de la comunidad y de la fraternidad, contra la monarquía posterior.  En este período se proyectan los elementos esenciales de la organización del pueblo:  Experiencia básica de Dios, conciencia de la identi­dad, renovación de la alianza, ley básica de la comunidad, código de la alianza, organización del pueblo liberado, distribución de la tierra para todos, conflictos internos y externos, liderazgos, etc.

 

 

4ª Etapa

 

Monarquía y profetismo

 

1. Realidad existencial

Esta etapa destaca la organización del pueblo de Israel.   La práctica de la libertad no es posible sin organización y sin poder político. Israel llega a este momento de madurez, a imitación de los pueblos vecinos y guiado por la inspiración.  Podemos distinguir dos períodos en esta etapa:

 

1. El establecimiento de la monarquía sobre todo Israel, con Saúl, David y Salomón.

2. La división del pueblo en dos reinos: el de Israel al norte,  con 9 tribus; y el de Judá al sur, con Judá y Simeón.

 

1.1  La monarquía unificada

 

1.1.1  Los libros de Samuel.  Hacia el año 1040 la situación de las tribus separadas se va tornando insostenible.  Uno de los pueblos del mar, los filisteos, establecido desde comienzos del siglo XII en la planicie costanera, amenazaba con apoderarse de todo el país.  Entonces surge Samuel con la misión de unificar el pueblo.  Hace del Santuario de Silo, en el corazón del país, el centro espiritual.

 

Para detener al enemigo hace falta un jefe político y militar.  Samuel rechaza la presión popular que pide un rey “como los demás pueblos”.  En este rechazo el gran profeta denunciaba una infideli­dad al único rey de Israel.  Es un gesto profético que denuncia el poder como fuente de males cuando no está moderado por Dios.

 

Leer: infancia y vocación de Samuel: 1Samuel 1,1-4,1

Institución de la monarquía, 1Samuel 8-10

 

1.1.2  Saúl. 1Samuel 13.  Samuel acaba por ceder.  Saúl, el mesías o ungido del Señor, realiza una obra considerable, pero abusa de su poder, y Samuel lo descalifica.  Cae en delirio de persecución y muere en combate contra los filisteos.  El poder no traerá la unidad si se oprime al pueblo.    Leer:1 Samuel 13-15

 

1.1.3  David. 1 Samuel 16-31 y 2 Samuel.  El joven David con su capacidad estratégica y política verifica la vocación recibida.  Poco antes del año 1000, la muerte de Saúl le abre el camino al trono real.  Deja Hebrón, demasiado al sur y demasiado judía, y, en gesto audaz, se apodera de la ciudadela de los Jebuseos, Jerusalén.  Con golpe genial de política, coloca la capital en este sitio nuevo y neutro, trofeo personal y regalo de David para las doce tribus (2 Samuel 5, 6-10).

 

Para convertir a Jerusalén no solo en centro político sino también religioso, trasladó solemnísimamente el arca de la alianza, cofre que contenía las tablas de la ley.

 

También a imitación de los pueblos vecinos, planea construír en Jerusalén un templo al Dios eterno.  El profeta Natán lo disuade y en cambio le anuncia que Dios le construirá una casa: familia. Dios hace una alianza eterna con la casa de David: ”Tu casa y tu realeza se establecerán para siempre, tu trono estará firme por siempre”.  Este es el origen de la idea del Mesías.

 

David fue el rey ideal, a pesar de sus abusos de poder, que le merecieron fulminante castigo.  En adelante el pueblo de Dios esperará al descendiente de David que devolverá al pueblo hebreo la gloria que tuvo hacia el año 1000: esta espera se llama Mesianismo.

 

Leer: La unción en Belén, 1 Samuel 16-17

Congregación en Hebrón, 2 Samuel 5,1-3

Fundación de la dinastía, 2 Samuel 7

 

1.1.4  Salomón. 1 Reyes 1-11

 

El hijo de David culminó la organización del estado con un ejército bien equipado. El prestigio de Salomón fue inmenso.  Su sabiduría adquirió renombre hasta en el extranjero.  Por eso se le atribuyen los libros de la Sabiduría. Construyó el templo (1 Reyes 6-8).

Pero el poder corrompe aun a los más sabios.  La centralización administrativa desata el descontento de las tribus del norte.  El rey ha olvidado que Israel fue esclavo en Egipto.  La voluntad de poder engendra esclavitudes.

 

1.2  División del reino

 

1.2.1  Sucesión de Salomón.  Al morir Salomón en el año 933 el reino se divide.  Ante los abusos de poder de su hijo Roboán, diez tribus del norte, arrastradas por un líder popular revolucionario, Jeroboán, declaran la independen­cia.  Así empiezan varios siglos de querellas fratricidas entre el reino del norte y el del sur,  y de reconciliaciones en momentos de dificultad política.  De esta manera aparecen como una lección perpetua para los cristianos, los miles de lazos que el poder no cesa de tender al corazón humano.

 

1.2.2  El reino de Israel (1R 12-22).  La divisiónn aprovechó a la economía del reino del norte, zona más próspera.  Pero las crisis políticas se suceden durante los dos siglos de la existencia de este reino: se reemplazan nueve dinastías, truncadas por asesinatos.  La idolatría popular se enseñorea en las masas.  El reino del norte tiene momentos de esplendor con Omri (886-887), fundador de Samaría, con Joab y Jeroboán II.

 

La monarquía cambia el sistema de vida instaurado en Israel a la luz de la alianza y de la liberación de la esclavitud.  El rey propicia la concentración del poder y de las riquezas.  Deja el sistema económico comunitario y lo cambia por el de prebendas y privilegios, y de esta forma se multiplican las injusticias sociales.

 

La religión debe unirse con la política. Frente a Jerusalén, Jeroboán opone en el norte los santuarios de Dan y de Betel, con el becerro de oro. Así queda apoyada por la piedad popular la nueva capital, Samaría. Leer: relato del cisma, 1 Reyes 12-13.

 

1.2.3  Caída de Samaria.  En el año 722-721, el reino del norte desaparece.  Asiria, gran potencia guerrera con Tiglat-piléser y Sargón II, triunfa sobre la coalición de pequeños reinos de su frontera occidental y destruye a Sanaría.  Los habitantes son deportados a Nínive y reemplazados por colonos y extranjeros.  Algunos sobrevivientes se refugian en Judea, donde se concentran las esperanzas para el futuro, (2 Reyes 17).

 

2.  Realidad literaria

 

2.1  El Yahvista.  En Judá, en un ambiente admirador de David (Nm. 24,19: Daniel 2,) se empezó a poner por escrito una narración general de la historia  del pueblo de Dios, para recordarle a la dinastía davídica que si es una nación innumerable (Gn. 12,2; 2 Sm 7,23; 1R 3,8) lo debe a una promesa de Dios bueno.  Este relato se llama Yahvista (J) y va desde la creación (Gn.2,4) hasta la muerte de Moisés (Dt.34,5-6)

 

Leer: Unción en Guihón, 1 Reyes 1,32-40

La sabiduría de Salomón, 1 Reyes 3,4-15

La oración en la dedicación del templo, 1 Reyes 8,22-30

El juicio de Salomón, 1 Reyes 3,16-28  

2.2  El Elohísta.  Bajo el influjo del movimiento profético se comenzó a escribir, en el reino de Israel, al norte,  un relato de toda la historia pasada del pueblo, para definir su sentido profundo. Este relato es llamado Elohísta por el uso del nombre Elohim para Dios, hasta Ex 3. Tenemos así un relato desde la perspectiva del sur: el Yavista, y otros relatos desde la perspec­tiva del norte: el Elohísta.

 

2.3  Elías: Hacia el año 875.  Este profeta no escritor es el tipo del defensor de la auténtica tradición de Moisés.  Vuelve a las fuentes originales de la alianza, la montaña del Horeb (o del Sinaí) y vuelve a jugarse la vida por esos ideales en la historia.  Mateo, nueve siglos después, verá esos ideales realizados por Jesús. Leer: 1 Reyes 17-19;21

 

2.4  Eliseo: 2 Reyes .  Este profeta continúa la obra de su maestro, Elías, ante el pueblo y ante los reyes.  El libro 2 Reyes guarda sus recuerdos llenos de encantos y asombro.  Leer: 2Reyes 2,4-11

 

2.5 Amós: Hacia 750.  Un vaquero de Judá que predica en el santuario de Betel, centro de peregrinación del reino del norte.  Amós es el profeta de la justicia social.

Leer: cap 2-6  que son páginas de las más vigorosas y actuales de la Biblia.

 

 

2.6 Oseas: Hacia 750.  Oseas es el profeta del amor.  El Señor es el hombre que se ha escogido una novia, el pueblo.  Oseas transpone en términos religiosos el propio drama de esposo engañado por una mujer que se entrega a la prostitución.

 

La alianza, que se expresaba en términos de justicia y derecho, Oseas la relee en términos de relación amorosa de dos amantes.  Leer en particular el drama conyugal de Oseas y su aplicación a la historia de Israel (Os 1-3).  El capítulo sexto describe la versatilidad del pueblo elegido.

 

2.7 El Deuteronomista.  Por la misma época floreció la espiritualidad deuteronimista que hizo una relectura total de las tradiciones y  la literatura existente en el reino del norte.  Es una invitación a meditar las enseñanzas de la historia del pueblo y en particular los acontecimientos del éxodo.  Posteriormente estos escritos se recogerán en el reino de Judá en el sur.

 

Del Deuteronomio leer el más antiguo credo de Israel, Deuteronomio: 20,5-10.  Confesión de los elementos esenciales de la fe: Dt. 6,1-13. 

El amor de Dios por los suyos Dt, 4.7-40

Anuncio del destierro y conversión futura Dt. 30

Recuerdo del sentido del desierto Dt. 8,1-19

 

2.8 El reino de Judá.  Ante los habitantes de Israel, los de Judá se presentan como fieles a la alianza porque mantienen la dinastía davídica y el templo, símbolo de la presencia del Señor.  También en el sur se levantan por esta época los profetas.

 

2.9 Isaías (1-39) Hacia el año 740.  Isaías se levanta como el profeta de la santidad divina en medio de las coaliciones e intrigas políticas.  Isaías recuerda con dolor que la única garantía de salvación es la fidelidad al Dios de la alianza.  En 719 Isaías se convierte en el consejero de Ezequías, rey reformador, a quien anima a resistir a los asirios.  Leer: Vocación de Isaías C.6.

Libro del Enmanuel Cp. 7;9;11

Juicio de Jerusalén Cp. 1,1-9; 3,1-24;8,5-10;22,1-22;28,1-6

Anuncio del resto después de la catástrofe 8,1-15

 

2.10 Miqueas  Hacia el año 740.  Cuando las tropas asirias se dedican al pillaje en los campos de Judá, este campesino, en compañía de otros, se refugia en la ciudad santa.  Expresa su indignación por la manera como los habitantes de la ciudad explotan a los refugiados.  Denuncia  todas las formas de opresión de que son víctima los pequeños y los pobres. Anuncia la ruina inevitable de un pueblo corrompido.

Resumen del mensaje de Miqueas Cp.6 y 8.                  

Denuncia de injusticias sociales 2,1-5;3,1-2; 7,1-7

Anuncio del Mesías y mensajes de esperanza 4,1-8;5,1-5;7,18-20

 

2.11 Significado de la etapa

 

Aparecen en este período grandes factores de conflicto: la organización para el orden y progreso y las necesidades sociales y económicas que producen luchas por el po-der. El carisma y la institución, los profetas y los reyes.

 

      

 

 

5ª Etapa

 

La gran crisis

 

 

1. realidad existencial

Esta etapa va desde la caída de Samaría en 722 hasta el fin del destierro en 538.

 

1.1  Reyes reformadores.  Ezequías intenta una reforma en el pequeño reino del sur, que no podía aspirar a desempeñar ningún papel de importancia.   En 701 Jerusalén queda libre milagrosamente ante el cerco del rey Asirio Senaquerib.   En 622 se descubren unos textos deuteronómicos traídos a Jerusalén por los refugiados del reino del norte, que serán el núcleo de la nueva ley  que imprime vigor a la reforma de Jo­sías(Leer 2R 22).  

 

1.2 La ruina de Judá.   Pero Jerusalén va también a la ruina.  En la batalla de Megui­do(609)  muere Josías, trágica muerte de un justo(2R23,29-30), inexplicable para la teología de la Alianza.  La batalla de Kárquemish en 605 abre las puertas de Palestina a Nabucodonosor.  En 597, sufre el primer sitio y deportación, y en 586 Jerusalén es tomada, el templo destruido y la mayoría de la población deportada a Babilonia. Allí se establece, lejos de la ciudad santa y del templo, donde no pueden cumplirse las prescripciones rituales.

 

No hay nada que esperar.  El destierro, como  castigo por las infidelidades de Israel, desempeña un papel capital en la historia de la salvación del pueblo de Dios. Es una muerte que lleva a una resurrección maravillosa, por una nueva manifestación del poder y misericordia del Señor.

 

2. Realidad literaria

En las catástrofes que se abaten sobre el pueblo a partir del Siglo  VIII, los profetas perciben la consecuencia y el castigo de la infidelidad.  Ellos denuncian ante al pueblo  la idolatría y la injusticia social, como crímenes contra el plan de Dios,  que serán inexorablemente castigados.

 

El pueblo se hizo sordo a las voces de los profetas. El castigo de Dios no se hizo esperar. La crisis se precipita. En 722 cae el reino norte y sus habitantes son deportados a Asiria (Nínive).

 

En el Siglo VII empieza un largo silencio de toda voz profética que corresponde al reinado del impío Manasés.

 

2.1 Sofonías: 630-620, es también anunciador del día de Yavé, como los profetas anteriores  Los pobres de la tierra, que buscan la justicia, escaparán a la cólera divina y constituirán el "resto" que el Señor reunirá sobre su santa montaña. Se muestran de nuevo las preferencias de Dios.

 

2.2 Nahún, 615-612, nos da el sentido de la caída de Nínive(612).

 

2.3 Habacuc, hacia el 600, enjuicia a los enemigos de Israel.

 

2.4 Jeremías, 645-580, más que por sus lamentos, debería sernos familiar por la grande obra de la interiorización del pacto. Anun­cia una nueva Alianza distinta de la antigua.  Con él nos encontramos más cerca del Evangelio. En las profecías de Jeremías se siente la honda tristeza del próximo destierro y de la ruina de Jerusalén.

 

Al caer el reino del Norte, la Tradición Elohísta fue llevada a Jerusalén, donde sucedió lo que era de preverse:

se encontró con la Tradición Yavista.

 

2.5 El Deuteronomio.  Además en 622 se hizo el descubrimiento oficial de colecciones de leyes y sermones que conocemos como el .Deuteronomio. Con el mismo espíritu del Deuteronimio se completaron los libros de Josué, Samuel y Reyes. Es una colección de escritos y una tradición cuyo influjo es enorme  en la vida de Israel.

 

El libro de Josué tiene partes que se asemejan al Deuteronomio(Jos 1,22-24). Todas las victorias obtenidas por astucia o por guerras son presentadas como victorias obtenidas por Yahvéh, para cumplir su promesa. La tierra es un don de Dios, que debe repartirse.

 

La misma historia con otra perspectiva, nos presenta el Libro de los Jueces.  El esquema es sencillo. Dios se presenta al hacer el bien. El pueblo responde, pero luego se aparta de Dios. Plegarias del pueblo, misericordia de parte de Dios. De nuevo se repite el esquema. Es una imagen de toda la historia de Israel sobre la cual ha meditado el Deuteronomio; de la causa de los males y de los medios para escapar. Dios nunca niega la salvación.

 

El doble libro de Samuel y particularmente 1Sam 16-31 y el Segundo, todo, constituyen el conjunto literario más antiguo de la Biblia.

 

Toda esa historia respira la admiración y el afecto por el rey que plasmó en sí mismo la grandeza de Israel delante de los hombres y delante de Dios. David se hizo más grande con el correr del tiempo, sobre todo por el contraste de su figura idealizada, con la triste realidad de sus sucesores en el trono. Esta decepción de Israel alimentó la esperanza de otro rey ideal. Así, por una decepción,

nació la esperanza superior de un mesías.

 

El libro de los Reyes, fuera del ciclo llamado de Elías y Eliseo escrito hacia el 800, es como un examen de conciencia de los reinos en su relación con la Alianza y la ley de Dios, tantas veces traicionada.

 

Dos grandes profetas fueron los intérpretes de Dios durante el destierro:

 

2.6.  Ezequiel: 620-570. Analiza las causas de la ruina e infunde ánimo y esperanza en los desterrados. Asegura la fidelidad de Yavé a su pueblo que reconstruirá la comunidad dispersa, por un  espíritu que será  una nueva creación de Israel.

 

2.7. Segundo Isaías: Gran profeta que canta el nuevo Exodo triunfal de Israel poco antes del edicto liberador de Ciro (538). Contiene una de las cumbres teológicas del Antiguo Testamento: los Poemas del Siervo de Yavé.

 

Durante el destierro, con la meditación atenta de la historia de Israel, los sacerdotes, libres de su servicio imposible, ponen por escrito su relectura de toda la historia de Israel.  Este escrito se llama "documento sacerdotal" ("Priester Kodex"). Con esta tenemos ya las tradiciones  reunidas en el Pentateuco:Yavista, Elohísta, Deuteronómica y Sacerdotal. 

 

 

 

 

Cronología de los reyes

 

 

1000                           Saúl 1050-1010                        1000

950                   David 1010-971                     950                              Salomón 971-931

 

931                    División del reino 931           931

 

       Israel                                               Judá

 

930 Jeroboán 931-910.      930    Roboán     931-914      930           Nadab        910-109                            Abías 914-011

90 0         Basá  909-885             900    Asá           911-870     900           Zimrí          7 días

       Ajab  874-853            

850          Ocozías      853-852    850    Josafat      870-848                                         Jorán         852-841                      

       Jehú           841-813    

 800         Joacaz        813-797               800     Jorán       845-841     800

        Joaz 797-782                        Ocozías     841

       Jeroboán II782-753               Atalía       841-836                        Zacarías     6 meses                    Joás 835-796

       Salún         1 mes                              Amasías   796-767

 750         Menajén   752-741               750                      750           Pecajías     741-740                              Azarías     767-739                        Pecaj 740-731                         Yotán            739-734

720          Oseas         731-722             720     Acaz          734-727 720                Fin del reino del Norte             Ezequías    727-698

 

6ª Etapa

 

La reorganización del pueblo

después del destierro

 

1.Realidad existencial

1.1  Ciro.  Nabucodonosor, soberano de Babilonia, que se convirtió en símbolo de esplendor, no tuvo sucesores dignos. Pocos años después de la muerte de Nabu-codonosor, Persia comienza a imponerse en el mundo con su joven y genial conquistador Ciro.  Pronto se hace un imperio que va desde la India hasta el Mediterrá­neo.

 

Pero este nuevo conquistador inaugura en el mundo un método desconocido de conquista.  Trata  a los vencidos con benevolencia.  Es más conquistador de corazones que de reinos.  Desde su llegada a Babilonia concede a los israelitas que lo desean el permiso de regresar a su país y construir el templo.

 

1.2. Regreso de los judíos.  Es una realidad maravillosa  esperada con la ilusión de un restauración total. Ver Esd. 1,2-4; 6,2-5; 2Cr. 36,23).

 

La comunidad de Jerusalén se organiza paso a paso superando muchas dificultades.  Está sostenida y  renovado por la comunidad judía de Babilonia.

 

De 520 a 515, con Zorobabel y bajo inspiración de los profetas Ageo y Zacarías, se reconstruye el templo.

 

En 445 Nehemías reconstruye las murallas de Jerusalén.

 

En 428 Esdras organiza la comunidad y le infunde gran vigor religioso.

 

Del 539 a 333 el imperio persa se extiende desde el Mar Egeo hasta el Golfo Pérsico y desde el Cáucaso hasta el Mar Rojo.  La misma duración que la época persa tiene la etapa bíblica que estudiamos.

1.3. Diáspora.  Un buen número de israelitas se fueron dispersando, desde la caída de Samaría, por Mesopotamia, Egipto y otros países. Una cierta unificación del mundo con los griegos, favoreció los movimientos de emigración por el Mediterráneo, Próximo Oriente y en especial Egipto.  Los Judíos dispersos por las naciones se denominaron Diáspora.  El secreto de su resistencia a las fuerzas de absorción social se debe a las comunidades de base Judías llamadas sinagogas. 1

 

2. Realidad literaria

 

La destrucción de Jerusalén trajo ventajas a los Edomitas, al sur del Mar Muerto, y se alegraron. El profeta Abdías  les anuncia el Día del Señor.

 

Las Lamentaciones, cinco odas al estilo de los cantos fúnebres de aquel tiempo, lloran sobre la  ciudad desolada, pero afirman que Dios perdonará a su pueblo. Esos lamentos los atribuyó la tradición a Jeremías.

 

Al regreso del cautiverio, la empresa de reconstruir la nación sobre los escombros, bajo la contradicción de los dueños advenedizos, aparece colosal y desanima a los recién llegados judíos.  El profeta Ageo convoca, en 520, a la reconstrucción del Templo.   Zacarías (1-8) reconoce la modesta realidad del pueblo judío, con el jefe político Zorobabel y el sacerdote Josué, pero proclama la seguridad de que los enemigos serán derrotados,  las tinieblas disipadas, y que Jerusalón  será exaltada.  Desde ahora los sacerdotes tienen el poder pleno para custodiar la pureza del pueblo judío. Además anuncia un Germen, el Mesías, que entrará en su nuevo Templo.

 

Un profeta anónimo, cuyos escritos se coleccionaron con otros anteriores,  que hoy conocemos como Isaías III (Is  40-56), hace ver que el gran obstáculo para el futuro es el pecado y, por consiguiente, urge relanzar la lucha contra la idolatría y la injusticia social.  Pero anuncia la Buena Nueva  (evangelio) que Dios tiene para su pueblo.

 

Una invasión de langostas da pie a Joel, precursor de los ecologistas, para denunciar el pecado del pueblo  y para invitar a la conversión y a renacer bajo la acción del Espíritu, que un día Dios derramará sobre toda carne.

Un escrito anónimo se publica, hacia el año 460, con el nombre de Malaquías, que significa  "Mi enviado" (tomado de Ml 3,1) para denunciar las malas costumbres, sobre todo las conyugales, y restablecer la religión.  El Mesías ofrecerá el sacrificio perfecto.

 

La literatura sapiencial nos muestra cómo los judíos fueron percibiendo la revelación de Dios en la naturaleza y en la historia o cultura. El sabio es un hombre que ha viajado, ha observado las diversas culturas  y ha reflexionado sobre la propia experiencia o praxis.  Por estos medios va detectando la voz de Dios y la propone como palabra del Señor de la alianza. Al valerse de la propia capacidad crítica, los sabios confrontan con la norma de la fe tradicional lo que les dice la propia razón o sentido común y la propia conciencia.  Dios nos habla a través del ser humano.   De este espíritu son los siguientes libros:

 

A los que no quieren que los judíos se mezclen con extranjeros, pues solo los judíos se salvan,  el libro de Ruth les recuerda que nadie menos que David fue descendiente de una mujer moabita.  Cualquier hombre o mujer se puede unir al pueblo escogido, y decir: " Tu Dios será mi Dios "  (Rut 1,16)

 

Una lección semejante de universalismo nos da el libro de Jonás, con el procedimiento sapiencial de la parábola.  El profeta judío se rebela contra su propia misión de predicar  fuera del pueblo escogido, pero Dios lo fuerza a proclamar la palabra de conversión  nada menos que en el emporio antijudío, Nínive.

 

El libro de Job es una investigación en otras culturas sobre el problema del mal.  Israel, con el esquema de la alianza, no posee la respuesta a este interrogante crucial  porque, según la fe tradicional, el justo debe ser feliz y premiado;  pero a veces no es así, y el justo sufre.  Tampoco las otras culturas ofrecen una respuesta válida.  La razón humana enjuicia la fe tradicional.   La conciencia crítica cuestiona la fe.

 

Al desplomarse el imperio persa, algunos pensaron que el reino mesiánico se acercaba, pero Zacarías II (Zac 9-14) afirma que Dios sin duda restablecerá la casa de David (Zc 12,7-10), pero el verdadero salvador no triunfará por las armas sino por la bondad y la humildad:  será traspasado (Zc 12,10).

 

El libro de los Proverbios es un buen modelo de lectura de la Palabra  de Dios en la naturaleza y en la cultura o historia.  Está compuesto de nueve colecciones de sentencias de diverso origen pero que surgen del análisis  de la realidad  que vive el hombre  en sus relaciones con Dios, con la naturaleza y con los semejantes. Son experiencias humanas que no importa de qué cultura vengan,  para que la acojamos como revelación del Dios de la alianza: viven el ecumenismo de la vida y del sentido común.  Unas sentencias proceden del rey Salomón, otras vienen de la literatura egipcia y otras tienen origen mesopotámico. 

 

El Cantar de los cantares nos enseña a descubrir a  Dios en la naturaleza, y en lo más alto de ella que es el hombre y la mujer, y en lo más alto del ser humano que es la inteligencia, el amor y la comunicación.  Se des-cribe el amor erótico  de una pareja sin mencionar ni una vez a Dios.  En la Biblia esta experiencia de amor se va convirtiendo en el gran instrumento de análisis y de comprensión de las relaciones con Dios. El amor del varón y la mujer es el símbolo privilegiado para entender la alianza.   Así se supera la visión jurídica  o legalista.

 

Jesús confirma esta pista hermenéutica del amor erótico  para conocer  a Dios.

 

La Carta de Jeremías ( o Baruc 6) es una sátira contra los cultos idolátricos, escrita en la época macabea. Igualmente tardío es el libro de Baruc, atribuido al secretario de Jeremías pero que procede de un grupo de  judíos de Babilonia que permanecieron unidos a la madre espiritual, Jerusalén.

 

El Pentateuco.  En este período se elabora una redacción final de los cinco libros de la Torah, a partir de las tradiciones que hemos visto: Yavista, Elohísta, Deuteronomista y Sacerdotal

 

 

Etapa 

 

Encuentro con el mundo occidental

 

1.Realidad existencial

 

1.1 Los Griegos.  El Imperio Persa quiso conquistar a la misma Grecia, sin conseguir­lo.  Entre los años 333-323, Alejandro Magno, hijo de Filipo de Macedonia, conquista todo el imperio Persa y extiende sus fronte­ras.  Por más de dos siglos va a dominar el imperio griego.

 

Alejandro iba acompañado de sabios, porque, además de conquistar el mundo por las armas, quería ganarlo para la civilización griega, no destruyendo las otras civilizaciones sino reduciéndolas a una síntesis.

 

A la muerte de Alejandro la unidad de su imperio no se puede mantener.  Se reparte en tres monarquías: la de Macedonia y Grecia, la de Siria y Mesopotamia, gobernada por los seléucidas y la de Egipto gobernada por los Tolomeos (Lagidas).  El principio unificador de todas esas regiones es el helenismo, que es una cultura, un modo de vivir y un sincretismo religioso.

 

Durante la dominación de los diádocos (herederos de Alejandro), la Judea era como una pelota que se pasaban el uno al otro.  En 301 queda del rey de Egipto.  Los lagidas tratan con respeto la religión judía.

 

Pero en 198, por la victoria de Panión, pasa a los seléucidas.  Estos no quieren ser tan tolerantes, y pronto se desatan las luchas de los Macabeos que logran establecer una dinastía nacional, la de los Asmoneos,los años 163-65.

 

1.2 Los romanos.  Pero en el año 65 interviene Roma, que es ya un coloso que se impone en todo el mundo.  Por voluntad de los mismos judíos, Pompeyo se convierte en árbitro de la Judea (63).  Herodes, idumeo, por medio de mil intrigas, logra de Antonio y Octavio en Roma el decreto que lo constituye rey de la judea (39).

2.Realidad literaria

 

El Segundo Zacarías (9-14) parece aludir a Alejandro; es un      Apocalipsis.

 

El libro de Baruc atribuye al secretario de Jaremías trozos de precedencia diversa.  En el capítulo III tenemos una meditación sobre el misterio divino de la sabiduría.

 

El Qohélet (Eclesiastés) es un libro pesimista, y por ello mismo interesante en el conjunto de la Biblia.  Pero el desprecio pesimista que manifiesta por las cosas terrenas debe ser expresión de su confianza en Dios.

 

Como en el período anterior,  por este tiempo se tendía a interpretar la historia antigua como motivo de edificación y de aliento para las circunstancias presentes.  Así nació la literatura llamada midráshica.  Más que hacer historia desea enseñar:  con este propósito,  El Cronista quiere demostrar la necesidad de que el pueblo sea dirigido por sacerdotes y no por reyes.Así nacen tres grandes parábolas:

 

Nuestro Señor con sus parábolas no quiere darnos noticias históri­cas sobre tal o cual personaje, sino mostrarnos cómo deben vivir los cristianos.  Así en los tres libros siguientes no se nos quiere dar una historia detallada sino una lección de confianza en Dios.  Dios está con su pueblo, a pesar de los grandes enemigos que ha tenido: Asiria, Babilonia, Persia.

 

El libro de Tobías (siglo IV) es una piadosa historia familiar, cuyo objeto es la edificación.  Se ve que entonces la vida religiosa de Israel era muy profunda.  Ahí resaltan la grandeza y la santidad del matrimonio, la nobleza de la vida del pobre, el   valor de la limosna, de la sepultura, el papel purificador del sufrimiento.

 

El libro de Ester no es una historia.  Quiere probar que los enemigos de Israel serán castigados; el pueblo en cambio será milagrosamente salvado y recompensado (S.II).

 

En el libro de Judit se trata la historia todavía con mayor libertad, para alimentar la fe de Israel en la victoria final.

Durante la dominación seléucida se entabla una lucha entre la religión yavista, que a los ojos de muchos parecía anticuada, y la civilización griega.  Se pasa a la violencia.  El templo es profanado y las familias obligadas a abandonar las tradiciones religiosas más arraigadas.  Hay mártires.  Entonces surge un caudillo magnífico, Matatías.  Con sus hijos organiza la reconquis­ta del país por medio de guerrillas.

 

Los dos libros de los Macabeos conservan el recuerdo vibrante de estos acontecimientos.  El segundo libro de los Macabeos no es la continuación del primero, sino la ampliación de los principales episodios.

 

Por esta época tuvo grande auge, dentro y fuera de Israel, la literatura apocalíptica.  Nuestra Biblia solo conserva el libro de Daniel, de este género.  La primera  parte es un Midrash sobre el personaje llamado Daniel (1-6); la segunda, son visiones que anuncian el triunfo de Dios sobre sus enemigos.

 

De la misma época, pero de carácter diverso, es el libro del Eclesiástico o la Sabiduría de Ben Sirah.  Es una colección de sentencias escritas por un hombre cultivado y fino, amplio, religioso y equilibrado. Manifiesta serenidad al enfrentarse con el helenismo.

 

La lengua griega: La Versión de los LXX.  El vehículo normal de la cultura helenística era la lengua griega que se extendió por todas partes.  Hacía también de nivelador de pueblos.  También el judaísmo se había extendido en diferentes colonias desde el destierro babilónico y seguía expandiéndose por las ciudades griegas,  En Alejandría sobre todo, existía una colonia copiosa de judíos.  Como muchos descono­cían el hebreo, se hizo necesaria una versión de las Escrituras al griego.  Esta obra se llevó a cabo desde el siglo tercero en adelante.  Se llama la Versión de los LXX, porque, según una leyenda antigua, la hicieron 72 ancianos convocados por el rey Tolomeo.  Algunas obras tardías solo se conservan enteras en esta ver­sión: Judit, los Macabeos, Baruc, Tobías, Eclesiástico y algunas partes de Daniel y de Ester.  Esta versión es de suma importancia porque fue el texto de las Escrituras que recibió la Iglesia.

El último libro de la Biblia se escribió en griego: la Sabiduría.  Es una apología del judaísmo compuesta después del año 50 a.C. Se beneficia de la cultura helenística sin dejar de ser yavista, y enriquece  así la tradición mientras prepara  el Nuevo Testamento.  Este libro es ante todo hermosa meditación sobre la vida del hombre y su destino, sobre la providencia de Dios en la naturaleza y en la historia.

 

Los Salmos constituyen un problema especial de cronología imposible de resolver.  Son el reflejo del alma israelita a todo lo largo de su historia, desde antes de David hasta los tiempos de los Macabeos.  Son particularmente numerosos los salmos de la época real y de la época persa.  Además muchos salmos fueron evolucionan­do con las ideas y con las circunstancias que se iban presentando al pueblo.  Los salmos fueron releídos en las diversas generaciones Se atribuyen a David como al cantor por excelencia de Israel, pero nunca sabremos qué salmos compuso él personalmente. En este período adquiere importancia notable la literatura extrabíblica (Apocalipsis,  Qumrán, etc.) y que también se llama ínter testamentaria. .

 

Etapa  8ª Nuevo Testamento

 

  La vida terrena de Jesús:

  Jesús de Nazaret, en una historia particular

 

 

1.  La realidad existencial

 

En esta etapa nos encontramos con Jesús, antes de su muerte, en el contexto social en que vivió, como miembro del pueblo judío, identificado con su cultura.

 

Sin duda nuestro propósito es encontrarnos con Jesús en nuestra vida comunitaria.  Pero, para encontrarnos con Jesús  hoy, debemos conocer el ambiente histórico, político, cultural de Jesús, y los grupos o clases sociales en medio de los cuales se movió en su vida terrena.  Jesús vivió y actuó en un momento definido y en una historia particular, con una geografía que lo influenció.  Jesús no es un ser caído  del cielo como un milagro, ni bajado del Olimpo  como los dioses míticos ni tampoco un extraterrestre o un ovni.  Jesús surge en la historia de Israel como hombre normal, miembro del pueblo, que ejerce la opción libre y asume posiciones en los conflictos religiosos e históricos.  En ese contexto aparecerá la clara  originalidad de Jesús.

 

1.1  Contexto histórico

 

Pompeyo, prestigioso general romano, intervino en Siria desde el año 65 a.C.  El año 63, después de un sitio de tres meses, el ejército romano penetró en Jerusalén y en el templo.  Las ciudades helénicas de la Transjordania formaron la Decápolis; Samaría recibió la independencia; Judea y Galilea fueron confiadas al Sumo Sacerdote, etnarca de los judíos.  Siria-Palestina constituían la provincia Siria del Imperio Romano, gobernada por un legado.  Herodes el Grande (de 37 a 4 a.C.), hijo del indumeo Antípater y de una princesa árabe, consiguió, por mil intrigas, el título de “Rey de los Judíos, amigo y aliado”, de parte del Senado Romano.  Pero necesitó tres años de luchas y el apoyo del ejército imperial para conquistar el reino.  Los judíos detestaban a Herodes por su origen extranjero, por su entrega servil a los romanos, por su paganismo helenístico y por su despotismo y crueldad sanguinaria.

 

Herodes el Grande en su testamento dividió el país entre sus hijos.  A Arquealo confió el gobierno de Judea y Samaría; a Herodes Antipas, el de Galilea y Perea; y a Filipo, el territorio del Jordán hasta el Hermón.  Roma ratificó el testamento de Herodes pero no admitió el Título de Rey: Arquelo sería etnarca y los otros tetrarcas.

 

Arquelao, cruel como su padre, fue desterrado a las Galias (6.d.C.), y el territorio de Judea y Samaría se confió al procurador romano.  El régimen de procuradores se mantuvo hasta el año 66.  El procurador gobernaba en nombre de Roma y debía consultar lo más importante con el legado de Siria.  Residía de ordinario en Cesárea, ciudad helenística construida por Herodes.  En las fiestas iba a Jerusalén y se instalaba en la fortaleza Antonia, junto al templo.  Nosotros conocemos bien al procurador romano Poncio Pilato por los relatos evangélicos.  Jesús vivió bajo el imperio romano. "Padeció bajo Poncio Pilato", decimos en el Credo.

 

1.2  Vida Religiosa

 

Los judíos eran apasionados de su religión.  Expresaban la religiosidad en las grandes fiestas, en las reuniones de las sinagogas, en la piedad particular y familiar y en la devoción por el Templo.

 

Piedad familiar y personal.  La oración personal envolvía al judío.  Cada día  recitaba el “Shemá”, por la mañana, al medio día y por la noche: Dt 6,4-9; 11,13-21; Nm 15,37-41.  Además debía decir las dieziocho bendiciones “Shemoné Esré” (Berajot) que expresaban tres actitudes fundamentales:  la adoración, la humildad y la esperanza.  Los Salmos se utilizaban tanto en el templo como en las sinagogas y en la oración privada. Antes y después de las comidas había oraciones especiales.  Los fariseos ayunaban el martes y el jueves.

Todos los judíos, hasta los más indigentes, estaban obligados a ser misericordiosos y a ayudar a los demás.  Los rabinos decían que Dios en la Torah hace una obra de misericordia al principio y al fin: Al principio, al vestir a Adán y al fin, al enterrar a Moisés.  Con la práctica de las obras de misericordia el judío era verdadero hijo de Abrahán, conseguía el perdón de los pecados, obtenía la justificación y aseguraba la bendición en el mundo por venir.  Una máxima de Simeón el justo (siglo III a.C.) dice: “El mundo reposa sobre tres cosas: la Torah, el culto y el ejercicio de la caridad” (Mishna-Anoth 1,2).

 

Templo.  Alrededor del templo gravitaba la atención religiosa y el destino de Israel.  En cualquier parte del mundo, el judío se colocaba en dirección al templo para orar, como hacen los musulmanes con la Meca.  Era el lugar, único en el mundo, donde estaba el Dios de Israel presente para dar audiencia.  Todo Israelita, desde los 20 años, debía pagar la didracma (Mt 17,24) al templo.

 

A Jerusalén subían multitudes para las tres fiestas, Pascua, Pentecostés y Tabernáculos.  Sobre todo para la Pascua se moviliza­ba todo el judaísmo.  Josefo habla de 180.000 peregrinos para la Pascua del año 67.  El templo tenía un prestigio religioso parecido al nombre divino.

 

Las Sinagogas.  Las sinagogas fueron las asambleas y luego los lugares de reunión.  Empezaron como asambleas culturales organizadas por los judíos en el destierro babilónico.  Todo pueblo de cierta importancia tenía su sinagoga.  En Jerusalén, según la tradición rabínica, había 480.

 

Eran edificios rectangulares, divididos en tres sectores por dos hileras de columnas.  En un pequeño santuario, detrás de un velo, se encontraba el arca que contenía los rollos de las Escrituras.  En el medio estaba el estrado para el lector y comentador.  El estudio de la ley era un acto religioso, y por esto se disponía de una sala contigua para formar a los niños en su estudio.  No las dirigían sacerdotes sino jefes de la sinagoga.  Los miembros de las comunidades judías acendraban en la sinagoga el espíritu nacional y religioso y amalgamaban las familias por núcleos más pequeños: se ayudaban, se sostenían, se vigilaban y se apoyaban en la misma esperanza y en la misma ley.  Leían la Escritura en hebreo, y luego la traducían al arameo, no a la letra sino con paráfrasis y aclaraciones,  que se llaman tárgum.

 

Los sacerdotes.  Los sacerdotes constituían una verdadera casta cerrada de descen­dientes de Aarón.  El sumo sacerdote hacía sentir gran poder en la vida nacional.  Los Asmoneos, descendientes de los macabeos, fueron reyes y sacerdotes.  Herodes, por su parte, disponía de la dignidad de sumo sacerdote a su gusto, y colocaba allí a quien le parecía.  Anás fue sumo sacerdote del año 6 al 15, y Caifás del 18 al 36.  El sumo sacerdote era el jefe de la nación a nivel religioso y político. Los que habían ejercido el sumo pontificado y sus familiares constituían un grupo llamado los “sumos sacerdotes”.  El sumo sacerdote era presidente del sanhedrín.

 

Los sacerdotes, unos 7.000, eran descendientes de Aarón y estaban distribuidos en 24 clases que se turnaban semanalmente en los oficios del templo (Ic 1,8-9).  En las tres grandes solemnidades servían todos.  Cada sacerdote ejercía su función en el templo solo cinco semanas por año.  Los Levitas, unos 10.000, como ministros inferiores, cuidaban todos los menesteres materiales.  Había dos grandes clases: Los levitas músicos y los porteros; y 24 grupos.  Josefo dice que unas 20.000 personas giraban alrededor del templo y de la liturgia.

 

Al año se ofrecían, por lo menos oficialmente, fuera de los sacrificios particulares, 1.093 corderos y cabritos, 113 toros, 32 machos cabríos, sin contar  una cantidad muy considerable de harina, vino y aceite.

 

Las Fiestas.  Se celebraban tres fiestas fundamentales de peregrinación (Dt 16,16).  La Pascua recordaba la liberación de Egipto y se celebraba en la luna llena de primavera (mes de Nisán: Marzo-Abril).  Se unía a la fiesta de los ázimos, que duraba 7 días.  Josefo dice que para la Pascua del 65 se inmolaron 255.000 corderos y cabritos.  Llegaban a Jerusalén, ciudad de  40.000 habitantes,  hasta 180.000 peregrinos.

 

Pentecostés se celebraba un solo día a los 50 de la Pascua.  Recordaba el don de la ley en el Sinaí.  Se ofrecían los primeros panes de la nueva cosecha de trigo.

 

La fiesta de los Tabernáculos se celebraba en el mes de Tisri (Sep-Oct).  Esta fiesta -llamada también de las tiendas- comenzaba el 15 y se prolongaba una semana.  El día final era espectacular (Jn 7,37; 8,12).  La tarde del primer día se iluminaba el atrio del templo y el santuario.  La fiesta era muy alegre pues participaba del regocijo de la cosecha.

 

Otras fiestas eran: Yom Kippur, Rosh Hashana, Hannuka y Purim.

 

Rosh Hashana o nuevo año se celebraba 10 días antes del Yom Kippur.  La Dedicación, Hamukhah, celebraba el aniversario de la purifica­ción del templo por Judas Macabeo después de su victoria el año 164 a.C.  Según Josefo es la “fiesta de las luminarias” (Jn 10, 22).  Los Purim o las suertes (libro de Ester) eran una especie de carnaval.  Yom Kippur (Sept.-Oct.) era el único día de ayuno prescrito (Hech 27,9): 24 horas sin probar bocado.

 

En familia se hacía fiesta cuando nacía un niño.  Se invitaba a la celebración a todo el barrio o pueblo.  El padre recibía al niño en sus brazos como reconocimiento oficial de paternidad.  No había alegría, y a veces al contrario tristeza, por el nacimiento de una mujer, pero nunca se llegó, como en otras culturas, a matar a las niñas.

 

La madre que daba a luz quedaba impura, por lo que debía permanecer encerrada 40 días, si había nacido un varón, 80 si era mujer.  Luego llevaba al templo un cordero para el sacrificio o dos tórtolas o dos palomas (Ex 13,13; Num 18,15-16).  Con la circunci­sión, practicada a los pocos días del nacimiento, el niño recibía el nombre que le imponía el padre.  Como no existía el apellido se usaba el nombre del padre, para la plena identifica­ción: hijo de tal: ben, en hebreo, bar, en arameo: Barrabás: hijo de padre.  El niño llega a la mayoría de edad a los 13 años con la obligación de recitar el "Shemá Israel" tres veces al día, hacer las peregrina­ciones, ayunar y estar en el atrio de los hombres.  El día de “Bar Mizvá”, al cumplir 13 años, el niño leía en público el pasaje de la ley en la sinagoga.

 

1.3  Diferentes grupos o tendencias que dominaban la vida nacional

 

El Sanedrín.  El Sanedrín o senado (Knesset) estaba compuesto por tres grupos  (1)Los sumos sacerdotes o jefes de familias sacerdotales; (2) los ancianos (presbíteros), representantes de la aristocracia laica; (3) los escribas o doctores de la ley.  Este senado tenía grandes poderes en la vida nacional y asesoraba al sumo sacerdote.  Estaba constituído por 71 miembros.

 

Su origen se remota a la época persa.  Se menciona por primera vez en tiempo de Antíoco III (223-187) y lo institucionalizó Juan Hircano (134-104).

 

Los Escribas.  El prestigio de los doctores y escribas fue aumentando de continuo a partir del destierro.  Por tradición tenían dos campos de estudio: por una parte, la sabiduría o reflexión moral y religiosa, que produjo la literatura sapiencial.  El segundo campo era el del derecho: dominaban la ley y las tradiciones para interpretarlas a la luz de nuevas situaciones y adaptarla.  Se convirtieron en los maestros espirituales de la nación como hombres versados en el derecho, las tradiciones y la jurisprudencia.  Eran moralistas y teólogos.  Dos grandes jefes de escuelas rabínicas que enseñaron en el primer cuarto de siglo de nuestra era son Hillel y Shammai.  El primero se inclinaba por soluciones indulgentes y Shamai era rigorista.

 

Los Fariseos.  Desde Juan Hircano (135-104 a.C.) empiezan a figurar los fariseos con un nombre que ya los define: separados.  Se distanciaban de los ignorantes, de los pecadores, de los campesinos, del vulgo, a todos los cuales llamaban “gente del país” ('am-ha-áretz).  Son una continuación de los Hasidim (piadosos), que se unieron a la guerrilla macabea, para defender la ley a mano armada; pero se distancian de la dinastía asmonea, creada por los macabeos, por motivos religiosos y obtienen la primera gran victoria con Alejandro Janeo (103-76).  Mantienen resistencia pasiva durante Herodes y bajo el imperio romano.  Se pueden definir en tiempo de Jesús como defensores de la ley y la tradición, y adictos a la estricta observancia o integristas.  Este partido tenía miembros de todas las clases, pero sobre todo laicos.  Josefo calcula en 6.000 los inscritos pero muchísimos más eran adherentes secretos o públicos.

 

Para unirse a la secta había que conocer los mandamientos y la legislación mosaica, ser fieles a las enseñanzas de los doctores y cumplir todos los preceptos.  Estos se concentraban sobre todo en tres leyes: la observancia del sábado, la pureza legal y el pago de los impuestos sagrados.  Los preceptos de la ley que había que tener presentes eran 613, suma de los 365 días del año más 248 miembros del cuerpo humano.  Los fariseos eran sumamente estimados por el pueblo a causa de su rectitud, su celo de la ley, la dignidad de su conducta moral, el ideal religioso que ofrecían y la independencia nacionalística que profesaban.

 

Esperaban un mesías político que liberaría a la nación del poder extranjero.  Lo esperaban humildemente de Dios, que nunca había abandonado a su pueblo.

 

Los Saduceos.  Los Saduceos más que un partido eran una tendencia.  La aristocra­cia sacerdotal era saducea (Sadoq).  Aunque contemporáneos de los fariseos eran sus adversarios políticos.  Practicaban una política conciliadora con el helenismo y con los ocupantes romanos, lo que les granjeaba la antipatía del pueblo.

 

El numeroso personal del templo era saduceo.  Poseían las tradicio­nes sacerdotales y litúrgicas, y practicaban  la religión con dignidad .  Tenían sus escribas que con frecuencia discrepaban, en las interpretaciones,  con los   fariseos.  Los ocupantes romanos reconocían el Sanedrín donde los saduceos dominaban, y así tenían el gobierno en las manos.

 

Prescindían de los Escribas.  En materia religiosa eran tradiciona­listas.  La suprema autoridad era la Torá; sospechaban de los profetas.  No aceptaron los desarrollos teológicos que no tuvieran apoyo literal en el Pentateuco.  Por eso rechazaban la resurrección de los muertos, la inmortalidad personal y la retribución de ultratumba, la existencia de los ángeles y demonios.  Profesaban las ideas de los viejos sabios de Israel como se encuentran en Proverbios y el Eclesiástico.  No les preocupaba tanto la venida del reino de Dios cuanto la salvaguarda de sus privilegios, incluso con los romanos.  Aceptar un juicio posterior a la muerte era para ellos perder la seguridad.  Entre ellos había mucha gente recta.  Numerosos sacerdotes se dejaron degollar antes que interrumpir los sacrificios del templo, como sucedió en el año 66.  Su razón de ser es el templo; al desaparecer este en el año 70,  ellos dejan de existir.

 

Los Esenios.   Los evangelios no los mencionan pero son conocidos por otras fuentes.  Los esenios constituían una especie de hermandad organizada que insistía en la vida comunitaria.  Todo lo ponían en común para no poseer nada como propio; guardaban probablemente el celibato y rehusaban el amor y el placer (Filón, Josefo).  Prometían obediencia a los superiores cuya autoridad se extendía a todas las actividades.  Pero los superiores compartían el mismo estilo en común.  Al ingresar se comprometían a severa ley de secreto sobre los asuntos de la comunidad ante los extraños.  Vivían en aldeas y huían de las ciudades por causa de la corrup­ción.  Filón cuenta 4.000, pero debían ser más.  Vestían de blanco.  Antes de ser admitidos a la comunidad debían pasar por un año de prueba o noviciado.  Sus ideales se resumían en el amor a Dios manifestado por la obediencia a la ley; el amor de los hombres significado por la igualdad de todos y la exclusión de la esclavi­tud; el amor a la virtud, por la pobreza, frugalidad, sobriedad, continencia, renuncia a la búsqueda del placer y del honor, etc.

 

Qumrán.  Qumran es un sitio desértico a cinco kilómetros del Mar Muerto donde vivía una comunidad, variante del movimiento esenio, en tiempos de Jesús.  Ahí se ha descubierto un monasterio amplio y con organización perfecta, y en unas cuevas vecinas se encontró la biblioteca del monasterio, escondida y olvidada desde el año 70.  El descubrimiento -el más trascendental de este siglo para los estudios bíblicos- y el estudio de los documentos se realizó a partir de 1947.  Estamos ante una especie de comunidad religiosa, sin Cristo.  Toda la vida gira alrededor de la comunidad que practica el sacrificio espiritual y hace las veces de templo.  Los participantes se dedican a los trabajos manuales, a la oración y al estudio durante el día.  Luego se reúnen en asamblea litúrgica durante una tercera parte de la noche.  Leen  textos sagrados, comentarios, cantan y recitan himnos y celebran un banquete sagrado para solo los iniciados, en el cual utilizan el pan y el vino.  En esas celebraciones fomentaban la conciencia de ser el resto de Israel, una élite o comunidad de la nueva alianza, depositaria de las promesas.

 

La organización, muy severa, se regía por la “Regla de la comuni­dad”, que conocemos.  Todos se obligaban a llevar vida común y a poner los bienes en caja, a disposición de los responsables.  Antes del compromiso definitivo, celebrado en solemne ceremonia, hacían tres años de noviciado.  Guardaban celibato y se sometían a la jerarquía provista de poder legislativo, judicial y ejecutivo.

 

En su mentalidad aceptaban un fuerte dualismo: guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas.  Esperaban dos Mesías: uno, de Israel, y otro, de Aarón; uno davídico y otro sacerdotal.  Pero por su rechazo del templo y su apartamiento de la sociedad, no influyeron desde el punto de vista político.  En la guerra del 66-70 están de parte de los zelotas, y perecen en la hecatombe.

 

Los Samaritanos.  El fundador de la secta samaritana parece que fue un sacerdote aaronita, hacia el fin de la época persa.  Construyeron un templo en el monte Garizim, que fue destruido por Juan Hircano en el año 128 (ver Jn 4), pero los samaritanos continuaron celebrando las fiestas hasta nuestros días pero distanciados de los judíos.  Tenían, como los judíos, a Moisés como el gran profeta que les dio el Pentateuco.  Pero no admitían otros libros.  El Garizim, monte de bendición, (Dt 11,29 y 27,12), se menciona en un segundo mandamiento, variante del Pentateuco Samaritano.  Esperaban un Taheb, el que ha de venir: no un David, sino un Moisés (Dt 18,13).

 

Los Zelotas.  Hacia el año 6 ó 7 el legado de Siria, Quirino, quiso hacer un censo general de Palestina.  Esto fue la suprema injuria para muchos judíos, y estallaron revueltas por muchas partes.  La resistencia fue dirigida por un fariseo, Saduq y un Galileo, Judas de Gamala.  Organizada la lucha quedó constituido el zelotismo.  Eran patriotas, religiosos, campeones de la santidad y de la fidelidad, que usaban el asesinato contra los invasores romanos y contra los compatriotas vendidos a los extranjeros.  Con su acción política de limpieza de los impíos adelantaban los tiempos mesiánicos.  Tenían una fe ciega en la ley y en el templo, y ponían así toda su confianza en Dios.  Pero Dios actúa a través de gente celosa.

 

Los Herodianos.  Eran el polo opuesto de los Zelotas.  Amigos de Herodes, estaban de acuerdo con el dominio romano, para medrar políticamente.  Lo que buscaban era mantener los privilegios conseguidos durante el gobierno de Herodes.  La preocupación política que los caracteriza­ba no era religiosa y por lo mismo no tenían ningún apoyo popular.

 

Los “am-ha-aretz”: Pueblo de la tierra. Así llamaron los judíos, al volver  a Jerusalén, terminado el destierro, a los grupos que encontra­ron en los campos,  de varias nacionalidades: samaritanos, arameos, filisteos y mesopotámicos.  Después, la expresión se aplicó a los campesinos que tenían en común la ignorancia de la ley en un cumplimiento arbitrario.  El Talmud define al “am-ha-aretz”: el que no come en estado de pureza ritual.

 

Movimientos Bautistas.  En el Siglo I, en medio de tantos movimientos políticos y religiosos, surgieron movimientos bautistas.  Proponían la salvación de modo menos sectario y esperaban la conversión de pecadores y paganos.  El bautismo de inmersión, signo de conversión, solo se recibía una vez, y en esto se diferenciaba de las otras abluciones o purifica­ciones.  El grupo principal fue el de Juan Bautista.

 

1.4  La Vida Cotidiana

 

Comida:  Comían abundante pan que se amasaba en cada casa. También se hacían tortas de flor de harina con aceite, y se perfumaban con hierbabuena, cominos y canela. El dulce era la miel de abejas.  Comían queso de variedad de leches.  La carne era más costosa.  Legumbres como cebollas, pepinos, achicoria, berros, lechuga.  El pescado era muy común.  Reducían las langostas secadas al sol con agua y sal para mezclar el polvo con harina para las galletas.  La bebida común era el vino.  Abundaban los higos, los dátiles, las granadas.  Cuando el tiempo lo permitía comían en el patio.  Solo en las casas de los ricos había comedor.  Comían dos veces al día.  Antes de salir para el trabajo y al regresar por la tarde.  Al medio día tomaban algo ligero.

 

Los banquetes eran la manera de reunir a los amigos.  Se hacían por lo general el viernes.  En tiempos antiguos comían sentados en el suelo con las piernas cruzadas o en pequeñas sillas.

 

No había tenedores ni cucharas; solo se mencionaban los cuchillos.  En tiempo de Jesús se había introducido la costumbre de usar divanes, a la moda greco-romana, donde los invitados se acostaban.

 

En lugar de platos se utilizaban  copas de metal.  Los ricos tenían manteles, vajilla de oro y plata, cuchillos de varias dimensiones, cucharillas y cucharón para las salsas.  Cada convidado llevaba su propia servilleta.

 

Vestido: El vestido fundamental era la túnica que llegaba más abajo de las rodillas.  El manto que echaban sobre la túnica se utilizaba tanto para protegerse del frío como de la lluvia.  En el templo o ante superiores se usaba el manto.  El cinto para fijar la túnica merecía particular estima y adornos.  El calzado era la sandalia.

 

Los vestidos femeninos eran semejantes, pero tenían más adornos y bordados, de manera que se distinguían, ya que la ley prohibía usar vestidos del otro sexo.  La mujer llevaba además velo.  Las telas eran de lana o lino.  La seda era importada, pero los ricos usaban vestidos pomposos de Persia.  Eran blancos y se teñían de azul, rosa, carmesí.

 

Se le daba gran importancia al aseo del cuerpo.  La ley obligaba a un aseo perfecto.  Se pensaba, inclusive, que el desaseo ocasionaba la demencia.  Existían casas de baños populares, y otras para gente adinerada con agua caliente, vapor y masajistas.  La mugre se removía con natrón (carbonato de sodio).  Se frotaban con plantas aromáticas como el romero y el orégano.  No se conocía el cepillo de dientes; para purificar el aliento utilizaban el anís.

 

Los judíos llevaban siempre la barba.  Esto los distinguía de los romanos que se la cortaban.  Era injurioso cortarle la barba a alguien.  Las mujeres se ponían “puch”, substancia de color azul negro, a base de plomo, en las cejas y las pestañas;  en las mejillas y en los labios, una tinta llamada sikra.  Teñían las uñas y las palmas de las manos con al-kenna que produce una ceniza de color amarillo.  Hombres y mujeres se perfumaban.  Las mujeres hasta llevaban pequeños vaporizadores en las sandalias, que envolvían a la dueña en fragancias con solo mover el dedo grande.

 

1.5  Patriotismo de los judíos: suicidio colectivo en Masada

 

Nos podemos hacer una idea del patriotismo con que los judíos defendían la nacionalidad, por el siguiente relato de su resistencia en Masada, hasta el suicidio colectivo.

Masada es una fortaleza elevada junto al Mar Muerto, donde se atrincheraron los judíos zelotas en su lucha contra los romanos.

 

 

Antes de que los ocupantes de Masada se dieran muerte entre sí.  Su jefe Eleazar pronunció un largo discurso que recoge Flavio Josefo.  He aquí algunos pasajes del mismo:

 

"Nosotros fuimos los primeros en rebelarnos y somos los últimos que blandimos las armas contra los romanos.  De todos modos, creo que es Dios quien nos ha concedido este favor de que podamos morir noble y libremente, privilegio negado a todos los que ya han encontrado una muerte inesperada.  Nuestra suerte, cuando amanezca, es una captura cierta, pero nos queda todavía la opción libre de una noble muerte junto con todas nuestras personas queridas.  Quizás hubiéramos debido al principio -cuando al decidir luchar por nuestra libertad quisimos soportar los duros tratos de los demás y especialmente los de nuestros enemigos- quizás hubiéramos debido, repito, haber leído los designios de Dios y reconocer que la raza judía, tan querida por él en otros tiempos, había sido destinada a la perdición... Antes de vernos reducidos a la esclavitud, muramos como hombres libres con nuestros hijos y nuestras mujeres.  Es lo que nos ordenan nuestras leyes y lo que de nosotros imploran nuestras mujeres y nuestros hijos..."   ( Flavio Josefo, De bello judaico, VII)

 

1.6  La oración de los judíos

 

Para conocer una persona debemos conocer su oración. Compartamos dos momentos fundamentales de la oración judía:  (1)  La oración diaria: el "Shemá, Israel": escucha, Israel;  (2)  La celebración anual de la Pascua.

 

“Shemá”.   “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es solamente uno.  Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.  Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales”. Dt 6,4-9; además Dt 11,13-21; Nm 15,37-41.

 

 

La pascua.   Poema de las cuatro noches..   La vida de oración de Israel giraba alrededor de la pascua anual. Leamos estos textos fundamentales.   a)  Texto hebreo: “Noche en que veló el Señor para sacarlos de Egipto: noche de vela para los Israelitas por todas las generaciones” (Ex 12,42).  b)  Traducción del  tárgum:  "Es una noche de vela y predestinada para la redención en nombre de Yavé en el momento en que salieron de Egipto los hijos de Israel, liberados".

 

Pues bien, hay cuatro noches inscritas en el Libro de las Memorias.  La primera noche, cuando Yahvé se manifestó en el mundo para crearlo.  El mundo era confusión y caos y las tinieblas se extendían sobre la superficie del abismo.  y la palabra de Yahvé era la Luz y brillaba. Y la llamó noche primera.

 

La segunda noche, cuando Yahvé se apareció a Abrahán de cien años y a Sara, su mujer, de noventa años, para realizar lo que dice la Escritura. ¿Es qué Abrahán a los cien años va a engendrar y su mujer Sara, a los noventa años, va a dar a luz?  E Isaac tenía treinta y siete años cuando fue ofrecido en el altar.  Los cielos descendieron y se bajaron, e Isaac vio sus perfecciones  y sus ojos se cegaron a causa de sus perfecciones.  Y la llamó Noche segunda.

 

La tercera noche, cuando Yahvé se apareció a los Egipcios en medio de la noche; su mano mataba a los primogénitos de los egipcios y su diestra protegía a los primogénitos de Israel, para que se cumpliera lo que dice la Escritura.  Mi primogénito es Israel.  Y la llamó Noche tercera.

 

La cuarta noche, cuando el mundo llegue a su fin para ser redimido, se rompan los yugos de hierro y queden aniquiladas las generaciones perversas y Moisés suba del medio del desierto (y el rey mesías venga desde lo alto).  El uno marchará a la cabeza del grupo y el otro marchará a la cola del grupo y su palabra marchará entre ambos, y yo y ellos marcharemos juntos.  Es noche de pascua para el nombre de Yavé, noche reservada y fijada para la redención de todas las generaciones de Israel.

 

1.7  La existencia de Jesús en documentos extrabíblicos

 

Para completar nuestra mirada sobre  el  Jesús terreno, vamos a estudiar algunos aspectos importantes de su existencia como personaje de la historia humana.

Nadie en la antigüedad -ni judío, ni pagano, ni el peor enemigo de la Iglesia- pensó siquiera en negar la existencia de Jesús, el fundador del cristianismo.

 

Sin embargo los textos extrabíblicos que pueden aducirse como testimonio de la existencia de Jesús son muy escasos. 

 

1.7.1   Testimonios Judíos

 

En el Talmud encontramos una "barahíta" (tradición no oficial de los dos primeros siglos, ajena a la Mishna) que se halla en el tratado Sanhedrín:

 

“Antes pregonó un heraldo.  Por tanto, solo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás.  En efecto, contra esto se enseña: En la víspera de la fiesta de la pascua se colgó a Jesús.  Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndolo apostatar.  El que tenga algo que decir en su defensa, venga y dígalo.  Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua.

 

Ula replicó: ¿Crees tú que hacía falta buscarle defensa?  Es un seductor.  Y el misericordiosísimo dice: No le perdonarás ni esconderás su culpa.  Pero, en el caso de Jesús, las cosas ocurrieron de otro modo, porque tenía relaciones con el gobierno”.

 

El autor de este párrafo defiende a las autoridades judías por el juicio sumarísimo contra Jesús, al prolongar la prisión a 40 días.  La acusación de hechicería no es extraña (ver Mc. 3,22) y la condena es la lapidación, pena judía.

 

En la literatura judía (Talmud) se encuentran estas otras mencio­nes: el rabí Simeón Ben Azzai dijo: “Encontré un árbol genealógico en Jerusalén donde se indica que ese es un bastardo de una adúltera”.   No se menciona el nombre de Jesús por temor a la cólera de los judíos contra los sospechosos de inclinarse a la herejía cristiana.  La acusación de nacimiento ilegítimo surgió entre los judíos contra la tradición cristiana del nacimiento virginal de Jesús. Como los cristianos decían que era hijo de una Virgen ("parthenos") los judíos supusieron que éste era el nombre del padre, y lo llamaron Jeshúa ben Pandera.  Otros afirman que Pandera era nombre de legionarios romanos.  Como Benpandera está mencionado en una barahíta que habla de un Jacob que curaba enfermedades en nombre de Jesús:

 

"El dijo: ¡Ben Dama, no te está permitido!  El respondió: Te daré una prueba de que es posible curarme (Te citaré un versículo de la Ley que demuestra que está permitido).  Pero antes de que pudiera probar nada, murió.  El R. Ismael dijo:  “Feliz eres tú, Ben Dama, porque quedas en paz (porque tu cuerpo es limpio y tu alma ha sido aventajada en pureza) y no has violado la valla de los sabios”.

 

Lo que podemos colegir de los textos talmúdicos es lo siguiente: Se puede conceder que tienen carácter histórico las menciones del Nombre de Ieshúa de Nazaret, que practicó la hechicería (o sea, que obró milagros), que tuvo cinco discípulos, que fue crucificado en vísperas de Pascua y que sus discípulos curaban enfermedades en su nombre.

 

 Josef ben Matatías ha- Chen, conocido como Flavio Josefo, que nació entre los años 37 o 38 d. C., escribió muchos libros de los cuales se han conservado cuatro.  Los más importantes son los siguientes:  “Sobre la Guerra Judía”, publicado hacia 75-79 y “Antigüedades Judías”, editado hacia 93-94.

 

En las “Antigüedades Judías” se menciona dos veces a Jesús.  En el llamado “Pasaje de Jesús “ (18,3.3, párrafos 63-64) y en el “Pasaje de Santiago” (20,9.1, párrafo 200).

 

Veamos el primero: Pasaje de Jesús. Las palabras subrayadas se consideran interpolación de copistas cristianos, ya que nadie podría considerarlas como provenientes de la pluma de Josefo, judío y fariseo.

 

“Aproximadamente en esa época (es decir, cuando ocurrió el alzamiento contra Pilatos, que quería retirar dinero del templo para llevar agua a Jerusalén desde una fuente distante) vivió Jesús, un hombre sabio, si es lícito llamarlo Hombre.  Pues fue un hacedor de prodigios, un maestro de los hombres que recibían la verdad con placer.  Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles.  Era el Mesías; y cuando Pilatos, a sugestión de nuestros principales hombres, lo condenó a la cruz, los que lo habían amado al principio no dejaron (de hacerlo), pues se apareció a ellos nuevamente vivo al tercer día, según los Profetas divinos habían predicho ésta y otras cosas maravillosas concernientes a El; y la casta de los cristianos, que toman el nombre de Jesús, no se ha extinguido hasta el momento".

 

Este fragmento es de Josefo pero con interpolaciones cristianas.

 

El pasaje de Santiago es menos significativo.  Todos los que tratan este asunto destacan ante todo lo extraño del silencio de Flavio Josefo sobre Jesús y el cristianismo naciente, que debió conocer muy bien.

 

1.7.2  Testimonios paganos

 

Es muy famoso el testimonio de Tácito en sus Anales (15,44), escritos hacia 115-117, que dice así:

 

“Nerón, para deshacer el rumor que le acusaba del incendio de Roma, inculpó e infligió refinadísimos tormentos a aquellos que por sus abominaciones eran odiados y que la gente llamaba cristianos.  Este nombre les viene de Cristo, a quien, bajo el imperio de Tiberio, el procurador Poncio Pilatos había mandado al suplicio.  Esta execrable supersti­ción, reprimida de momento, se abría paso de nuevo, no solo en Judea, donde el mal había tenido origen, sino también en Roma”.

 

Suetonio también hace una rápida mención de los cristianos, y Plinio el Joven, procónsul de Bitinia, envió a Trajano, en el año 111, una carta muy importante en la que denuncia el movimiento popular de los cristianos, de los que dice que se reúnen en día determinado y cantan himnos en honor a Cristo, como si fuera Dios ("Carmen Christo quasi Deo dicere").

 

Por las fuentes extrabíblicas podemos saber lo siguiente:

- que en Judea vivió un Judío de nombre Jesús, llamado Cristo (Ungido),

- que realizó milagros y enseñó al pueblo;

- que fue muerto por Poncio Pilatos a instigación de los judíos;

- que tuvo un pariente de nombre Santiago, ajusticiado por el sumo sacerdote Anás, hijo de Anás;

 

- y que Jesús dio origen a un movimiento llamado cristianismo;

- que en Roma había una comunidad cristiana 50 años después de la muerte de Jesús,

- y que bajo Nerón, esta religión que consideraba a Jesús como divino, sufrió persecución.

 

1.8.  Cronología de Jesús

 

Nuestro sistema de contar los años a.C. (antes de Cristo) y d.C. (después de Cristo) fue establecido por Dionisio el Exiguo, monje Sirio del siglo VI.  Todos están de acuerdo en que Jesús nació en tiempos de Herodes el grande, muerto en el año 4 antes de nuestra era.  En el año 1º de nuestra era Jesús ya tenía 6 ó 7 años.

 

Es bautizado por Juan el Bautista en el año XV del reinado de Tiberio César (Lc.3,1) o sea el año que empieza el 1º de octubre del 27 (o el 19 de agosto del año 28).

 

La muerte de Jesús se coloca en el año 30 de nuestra era, pero no tenemos seguridad sobre el día exacto.  Según Juan, Jesús fue ajusticiado el día 14 de Nisán; en cambio, según los sinópticos, lo fue el 15.

 

Juan y los sinópticos sitúan la muerte de Jesús el viernes y la última Cena el jueves por la tarde.  Los judíos celebraban el banquete pascual el día 14 de Nisán.

 

Pues bien, para Juan, Jesús murió como Cordero Pascual mientras inmolaban los corderos en el Templo.  Según esto el viernes de la muerte de Cristo fue el día 14 de Nisán, día de la pascua judía, que coincidió con el sábado; y la última Cena de Jesús, celebrada la víspera, no fue la fiesta pascual de los judíos.  Esta es la opinión más probable.

 

Para los sinópticos, Jesús celebró la Cena Pascual el 14, en compañía de sus discípulos, y murió el día 15.  En nuestro calendario, el 7 de abril del año 30.

 

Hemos querido recoger estos datos para que nos hagamos una idea de Jesús, como un hermano nuestro en humanidad, uno de nosotros, que vivió en un determinado momento de nuestra cronología y en determinados lugares de nuestra geografía.   No es una figura mítica sino que a través de los Evangelios, que son testimonio de fe, el historiador puede reconstruir aproximadamente la actividad terrena de Jesús.

1.9  Cuadro cronológico del Nuevo Testamento

 

Antes de Jesucristo

 

49  César lucha en Italia; comienzo de las guerras civiles.  Dictadura de César.

48  Derrota de Pompeyo en la batalla de Farsalia.

44  Asesinato de César.

43  Triunvirato: Marco Antonio, Octavio y Lépido.

42  Los “republicanos” son derrotados en Filipos.

31  Batalla de Actium: derrota de Marco Antonio y Cleopatra.

27  Octavio recibe el título de Augusto.  El senado le confirma la potestad tribunicia y le reconoce el imperio proconsular sobre las provincias imperiales.

12  Augusto toma el título de sumo pontífice.

 2  Augusto proclamado padre de la patria.

 

Después de Jesucristo

 

14     Muerte de Augusto.

14-37  Tiberio.

37-41  Calígula.

41-54  Claudio, dinastía Julio-Claudio.

54-68  Nerón.

68-69  Reinados efímeros de Galba, Otón y Vitelio

 

2.  Realidad literaria: proyecto mesiánico.

Los numerosos elementos históricos que hemos aportado   nos aproximan a la persona de Jesús como ser humano, para que lo aceptemos de verdad como hermano nuestro.  Esta etapa no tiene literatura escrita, pues Jesús no escribió nada. Todo el Nuevo Testamento se escribió a partir de la Resurrección. Enseguida  vamos a investigar el lenguaje cultural de que Jesús disponía para expresarse a sí mismo.  Para conversar con Jesús, tenemos que manejar su idioma cultural.  Bien vale la pena un esfuerzo por aprender su modo de hablar y de definirse.  Para esto preguntemos a los contemporáneos sobre el lenguaje que usaban para significar la salvación.

 

¿Qué esperaban los Judíos del tiempo de Jesús? La finalidad del proyecto de Dios, reconocido por los judíos, da sentido a toda la historia de Israel.  Esta finalidad se percibe al estudiar los mesianismos judíos en tiempo de Cristo.

 

Es primordial comprender la mentalidad de Jesús y su búsqueda de la voluntad del Padre, en su contexto concreto, a partir de su opción radical por el Padre y por el Reino.  Esto solo se consigue al estudiar las esperanzas mesiánicas que tenían los judíos contemporáneos.  Jesús debía estudiar estas esperanzas, a fin de escoger los modos especiales de revelar el amor del Padre y definir las formas históricas del reinado de Dios sobre los hombres.  Jesús debía seleccionar la dinámica que El deseaba imprimirle a la historia humana.

 

2.1  Recordemos unas nociones preliminares.

 

Lo escatológico es aquello que se refiere a lo futuro y definitivo.  A veces se refiere sólo a lo futuro, es decir, a una etapa provisoria que también será superada.  Aquí lo comprendemos como el conjunto de creencias, enseñanzas y representaciones sobre la intervención definitiva de Dios que terminará con el estado actual de las cosas e inaugurará una modalidad nueva y definitiva de relación entre Dios y la creación.  Será el reinado final de Dios.  No estará dentro del ámbito cambiante de la historia humana sino en la meta de la historia y más allá de ella.

 

Los profetas anteriores al destierro esperan en la historia y no más allá de ella, la realización de las promesas, pero miran con escepticismo que la promesa total de Dios pueda realizarse en condiciones históricas comunes.  Después del destierro se va afirmando la convicción de que Dios intervendrá para implantar su reinado transformando un caos final en un nuevo cielo y una nueva tierra donde solo imperará la Voluntad del Señor.

No es lo mismo escatológico que apocalíptico.  Lo escatológico se expresa mejor en lenguaje apocalíptico.  El lenguaje "literal", científico o técnico, se presta para expresar lo que se realiza en el tiempo de la historia; en cambio lo que sucede más allá de la historia, en condiciones no experimentadas por el hombre, no puede expresarse  en lenguaje técnico, y necesita un lenguaje más simbólico y abierto como es el mitopéyico. Este lenguaje va surgiendo a través de los sueños de las profundidades del inconsciente.

 

La firmeza, continuidad y coherencia de las esperanzas proféticas, como cumplimiento de las antiguas promesas, es un rasgo caracterís­tico de Israel: nada semejante se ha encontrado en Egipto o en Mesopotamia.

 

El Mesías juega un papel fundamental en la realización de la escatología.  Es verdad que puede darse una escatología sin Mesías (no mesianismo sin Mesías), o sea sin mediador terreno, pero era connatural a la mentalidad de Israel el pensar en la acción de Dios a través de mediadores humanos, no divinos.  En las otras religio­nes suelen pulular los mediadores divinos.  Distingamos tres períodos en el desarrollo del mesianismo:

 

2.2  Punto de partida de la perspectiva mesiánica

 

El arranque del mesianismo es la profecía de Natán en sus tres versiones: 2S 7; S1.89; 1Cr.17.

 

La bendición de Jacob a Judá (Gn. 49,9-12) data de comienzos de la monarquía y alude también a David.  Los salmos reales: 2; 72; 110, que son antiguos, se refieren a uno de los reyes existentes, pero como portador de las promesas.

 

2.3  Segunda etapa del mesianismo:

 

Es el mesianismo real con la figura de David y sus sucesores como personajes centrales.  Esta figura se desvanece en algunos profetas como Ezequiel, pero la acción mesiánica se desarrollará en el ámbito de la historia.  He aquí algunos textos principales: Is.7,14; 9,1-6; 11,1-9; Am.9,11ss.; Mq.5,16.

2.3  Tercera etapa del mesianismo:

 

Ya no se espera un rey de la dinastía davídica, truncada en Zorobabel.  Se espera el reinado ideal del mismo Señor.  Cuando se piensa en un rey que personificará la intervención decisiva del Señor para salvar a su pueblo, podemos hablar se mesianismo en sentido estricto.  Estamos en la meta de la historia, que se sitúa más allá de la historia.  El Señor mismo intervendrá para poner fin a toda esclavitud y a todo pecado.  Será salvación política pero realizada en virtud del poder del Señor y de su carisma, de tal forma que sus actos no serán meramente políticos.  El Mesías en su reino asegurará el gobierno ideal del mismo Señor.

 

Queda claro que Yahvé aparece como rey que ejerce su realeza mediante el Mesías (ver salmos de Yahweh rey).  “La idea fundamen­tal que preside la esperanza de Israel es la del reino de Yahweh, de su venida victoriosa como rey y de la toma de cuentas a todos sus enemigos.  La victoria de Yahweh será seguida de la manifesta­ción de su reino.  Aparece como rey y toma posesión de su reino" (Mowinckel, He that cometh, 143).

 

2.4  Mesianismo nacionalista: Denominador común en tiempos de Jesús

 

Sin duda la mayoría de contemporáneos de Jesús esperan el reinado de Dios.  Este reinado se puede analizar desde el punto de vista de Dios, y es el dominio total de la voluntad divina sobre el mundo y sobre toda la creación.  Desde el punto de vista del hombre, es la realización exhaustiva de todos los anhelos humanos.  El reinado de Dios, lejos de impedirle al hombre su realización, constituye su plenitud, más aún, la única alternativa para llegar a la meta.

 

Mesianismo nacionalístico: La mayoría de los contemporáneos de Jesús piensan aproximadamente de este modo:  (1) Dios establecerá su reinado, (2) mediante un Rey Mesías, (3) Hijo de David, (4) que establecerá el reino de Israel, (5) en el antiguo esplendor de las doce tribus, (6) liberado de toda dominación extranjera, (7) sin necesidades ni miseria y (8) purificado para cumplir fielmente el culto y cumplir la ley en santidad.

Numerosos textos que reflejan la vida cotidiana de los judíos y sobre todo las oraciones, nos demuestran esta expectativa: en los Salmos de Salomón (año 63) que reflejan la mentalidad farisea, en las 18 bendiciones (Schemone esre), etc.  “Una bendición que no mencione el reino no es bendición”, decían los rabinos.  El Mesías, revestido de fuerza divina, implantará el reino de Dios.

 ¿Cómo se realizaría esta obra?

 

2.5  Diferentes modos de realización mesiánica

 

2.5.1  Mesías Rey:

 

La expectativa más difundida se concretaba en la figura de un rey, preludiado ya en David y su dinastía, en Zorobabel, los Macabeos y los Asmoneos, como Siervo e Hijo de Dios, ungido con su Espíritu y actor de la voluntad salvífica de Dios sobre su Pueblo.  El Mesías liberará de todas las esclavitudes a su Pueblo y a todos los que vengan a postrarse.  Para promover a este Mesías es necesario recurrir a las armas y hacerse guerrillero al estilo de los Macabeos, para implantar el reino de Dios y el reino teocrático de Israel.  Tal es la actitud combativa de los zelotas.

 

Una actitud de celo semejante inspiró el libro de “La Guerra de los Hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas”, de la comunidad de Qumrán.  El modo de actuar, en cambio, era totalmente distinto de los Zelotas.

 

2.5.2 Mesías Sacerdote:

 

A partir del destierro, por el predominio de los Sacerdotes y decadencia de la monarquía, va tomando relieve la figura de un Sacerdote como mediador salvífico.  Ver en Zacarías 4,1-6a y 10b-14, los dos ungidos que están en presencia del Señor de toda la tierra (v.14).  La figura del Mesías asume dos caras: Davídica y Levítica.  El Documento Sacerdotal supone que el Sacerdocio es la institución que representa a Israel ante Yahvé.  El Sumo Sacerdo­te, sucesor del Sacerdote Jefe del Templo, tiene funciones de Rey (Sir 39;1-11).  El Cronista, además de centrar su interés en David, fundador del Culto, destaca a los Sacerdotes y Levitas, encargados del canto en honor a Yahveh y sucesores de los Profetas.  Del Sirácida conviene leer 45, 6ss. 15; 49,4.  Pero Onías III era el último Sumo Sacerdote sandoquita, y es el ungido o Mesías de que hablan en Dn.9,25 y 11,22.

 

El Testamento de los Doce Patriarcas y los escritos de Qumrán dan a entender que, junto al Mesías davídico, se había desarrollado en algunos círculos levítico-sadoquitas la esperanza de un Mesías Sacerdote.  Los escritos de Qumrán hablan de dos Mesías, de Aarón y de Israel.  Los Testamentos mencionan al lado del vástago de Judá al “Nuevo Sacerdote” de la tribu de Leví, al cual el Señor despertará para el Sacerdocio.  Es el Mesías Sumo Sacerdote (arjiereus jristos), que ha de venir “en la plenitud de los tiempos”.  Este Mesías expiará las culpas y restaurará el culto perfecto.

 

2.5.3  Mesías cumplidor de la Ley y Sabio

 

La idea teológica de fondo es que el reino de Dios se hace efectivo cuando el hombre se somete con perfecta obediencia al Dios Único.  La Toráh es para los rabinos el Sacramento Universal, a través del cual se ejerce el señorío de Dios.  Muchos rabinos consideraban que podían acelerar los días del Mesías, y con ellos la redención, por cuatro medios bien definidos: La penitencia, la observancia de los mandamientos, el estudio de la Toráh y las obras de misericordia.  Un rabino decía que la redención de Israel depende de la penitencia y de las buenas obras, lo que demuestra que se deseaba intervenir en la historia que Dios conduce.

 

Esta concepción aparece en el martirio del Rabí Aqiba.  Cuando le arrancaban la carne con garfios de hierro, él aceptaba el Reino de Dios, o sea, recitaba la oración habitual de los judíos el “Shemá Israel”.  Cuando sus discípulos le decían: “Maestro, es suficien­te!”, él respondió: “Toda la vida me ha preocupado este versículo: Ama a Yahveh con toda tu alma (vida). Pensaba yo: ¿Cuándo tendré la ocasión de cumplir este versículo?...  Y ahora que tengo la oportunidad, la voy a perder?"

 

2.5.4  Mesías Celeste:

 

En la literatura apocalíptica se espera una escatología cósmica.  Después de los cuatro reinos representados por diferentes figuras, el Dios del cielo suscitará un reino que nunca será destruído, ni su dominio pasará a otro sino que destruirá y acabará con todos los demás reinos, pero él durará por siempre (Dn. 2,44s).  El Hijo del Hombre no es un liberador terreno sino un Ser preexistente.  Las Parábolas de Henoc suponen una transformación del cielo y de la tierra realizada solo por Dios. El que trae la salvación se llama “el Elegido” o “el Hijo del Hombre”.

 

La abundante literatura apocalíptica espera una transformación total de la creación, como obra de Dios solo.

 

En el siglo 1º se llegó a una síntesis de varias visiones: tanto los apocalípticos, como los rabinos decían: Los días del Mesías, que pertenecen todavía al “eón presente” están limitados; seguirán los grandes acontecimientos escatológicos de la resurrección y el juicio, y con ello comienza el “eón futuro”.  Toda esta visión refleja un desencanto trascendental del hombre y la historia y un anhelo por algo totalmente diferente, no comprometido con el barro humano.

 

2.5.5  Mesías Profeta:

 

Junto al rey, al sacerdote, al sabio y al escriba, e incluso antes, existió en Israel una función carismática, específica de Israel y constitutiva de su esencia como relación con Dios.  El punto de partida es la llamada ley sobre los profetas que se encuentra en Dt. 18,15-18.  Moisés es el prototipo del profeta (ver Nm. 24,15ss; Dt. 33,8-11).

 

Punto culminante de la corriente profética son los "Cantos del Siervo de Yahveh" que se encuentran en Isaías IIº.  La misión del profeta es llevar la luz, la justicia, la salvación no solo a Israel sino a todas las naciones.  Y esto mediante el sufrimiento.  Jeremías, poco antes, se veía acosado por una pregunta que no sabía respon­der: ¿Porqué el sufrimiento en el profeta? (Jr. 12,1; 15,18; 20,18).  El Siervo de Yahveh sabe la respuesta aunque reconoce el misterio.

 

En el judaísmo se acentúa la tendencia a descartar el sufrimiento en el Mesías.  Un comentario arameo llega incluso a descubrir en el cuarto canto del Siervo de Yahveh la descripción del “glorioso” restablecimiento de Israel, en tanto que elimina la doctrina relativa al sufrimiento.  A fin de soslayar esta exégesis tenden­ciosa, otra tradición rabínica admite el Mesías glorioso pero postula el advenimiento de otro Mesías, el Mesías de José o Efraín, que asume la función de víctima expiatoria.

 

En Qumrán se pensaba: “al fin de los tiempos Dios suscitará un nuevo Moisés, caudillo del nuevo éxodo y de la nueva alianza” (Dt. 18,18); y además del Mesías davídico y sacerdotal, se esperaba un profeta de los últimos tiempos, llamado “Ungido”, identificado con Elías.  Es verosímil la identificación de este profeta con el Maestro de la justicia de la comunidad de Qunrán.

 

3.  Lo que pensaba Jesús

 

Preguntémonos sencillamente cómo se manifestaba en el hombre Jesús esa intimidad exclusiva con Dios.  No podemos desarrollar a fondo este tema por falta de espacio en esta unidad.  Digamos solo dos cosas:

 

- Jesús usa una palabra de suma intimidad para hablar con Dios: Abba.  Esta expresión no se usaba en el mundo religioso del entorno, ni tampoco en la literatura Judía; es una expresión de suma intimidad que la hacía impropia en otros labios; tan así era que los primeros cristianos optaron por no traducirla y la repetían tal como Jesús la empleaba: “Abba”, papá.  Esta intimidad con el Padre, hecha de amor, de fidelidad y de entrega radical, dictaba todas las actitudes y todas las acciones de Jesús.  El comprendía que el Padre lo quería para una misión en el mundo: implantar el reinado del amor de Dios sobre los hombres.  A esta vivencia y a esta misión consagró toda su inteligencia, su capacidad creativa, su imaginación y su aguante físico.

 

- Entre tantas posibilidades mesiánicas, Jesús seleccionó los elementos más aptos para expresar su vivencia y su misión.  No se dejo encasillar ni en el esquema del poder davídico nacionalista, ni en el esquema cultual del sacerdote, ni en la ortopraxis legalista del fariseo, ni en la zelota, ni en la evasión de Qumrán o de la apocalíptica.  Jesús posee una capacidad crítica asombrosa sobre todos los esquemas o expresiones culturales que se le ofrecen, y permanece independiente incluso respecto de los esquemas fundados directamente en las Sagradas Escrituras.  El criterio es siempre su intimidad con el Padre y la revelación de su amor a los hombres en su reinado.

 

4.   Formulación literaria del Evangelio 

Ni Jesús ni los discípulos escribieron una página siquiera.   Conocemos a Jesús por el Nuevo Testamento, desde la perspectiva de su resurrección.  Tampoco poseemos  una vida de Jesús elaborada por algún escritor no cristiano, que hubiera hecho reportajes periodísticos acerca de los hechos o dichos de Jesús.  El quiso responder a las expectativas mesiánicas de Israel, y como hecho de vida Jesús reúne junto a sí a un grupo de personas, varones y mujeres, mediante la amistad y la confianza en El.  A ese grupo de amigos comunica sus intenciones, y les manda que, con ellas, hagan discípulos de todas las naciones y culturas. Releamos, en este contexto preciso de nuestro estudio, la primera página de este libro, que denominamos "el proyecto de Jesús".  La expresión literaria del Evangelio supone ya la etapa 9ª.

 

El cuadro siguiente nos ayuda a dar una mirada de conjunto al lenguaje que Jesús tenía mano para hablar de sí mismo y de su obra en el mundo, de tal forma que pudiera ser entendido.  En segundo lugar, el siguiente esquema revela a cada cristiano laico  su propia definición.   En efecto, con el bautismo, cada fiel cristiano, que es primero laico, antes de ser ministro, queda constituido como sacerdote, profeta y rey. 

 

Todo lo que acabamos de leer sobre  el mesianismo en tiempo de Jesús, lo podemos resumir en el siguiente esquema. Con el esquema delante leamos de nuevo esta parte.

 

 

 

El reinado de Dios esperado por los judíos

 

Carácter  Personajes Relaciones  con Dios

                                   Encarnación

 

 

1. Regio    David         y su   Siervo de Dios

Histórico dinastía      Ungido del Señor

Político    Zorobabel  (Mesías)

Conflictivo        Macabeos  Con fuerza y poder

Popular   Asmoneos  Hijo de Dios.

 

 

 

 

 

2.Sacerdote      Aarón                  Siervo

Cultual              Finés          Ungido

                 Sadoc                  Santo del Señor

                 Leví

3. Sapiencial     Torá           Atributos divinos

Rabinos   Sabiduría   Sacramento universal

Fariseos   Buenas       del señorío divino.

                 obras.

 

 

4. Nubes Hijo del      Viene del  cielo

del cielo   hombre.     Obra original de Dios.

Apocalipsis                          No terreno

Dos "eones"

 

5. Profético       Moisés                 El Siervo

Por el                Elías           (Ungido por figura)

Sufrimiento      El Siervo    En Qumrán

                 del Señor

 

 

en tiempos de Jesús

 

Relación Aspecto               Actitudes concretas

con el Pueblo    soteriológico

para el Pueblo

 

1.El Pueblo,      Liberación DE:   Lucha aramada

realidad pri-      -los opresores,    Macabeos   A

maria. Sacra-    -extranjeros,                Zelotas

mento salva-     -enemigos

dor de la pre-    Redención nacioo-       Qumrán

sencia de Dios   nal, con lucha                                B

                 (agónico).

                 Amnistía, del Rey

                 no del juez.

 

2.Culto              Bendición            Culto perfecto

perfecto   Palabra eficaz

del pueblo         Pronunciada

                 por Dios. Vida

                 Expiación. Restau-

                 ración de relaciones

                 con Dios Vida.

 

 

3. Asistente      Obediencia          Cumplir la ley

en la                  Penitencia           Acelerar la llegada

creación   Observancia de   del reino.

Vida para          mandamientos.   Defenderla.

el pueblo Estudio de Toráh         martirio por la ley.

judío                  Obras de misericordia

 

4.Santos del      Nueva creación.  Esperar la interven-     Altísimo     Resurrección.              de Dios: milagro-

                 Juicio apocalíptico      sorpresa.

 

5.Comprometido       Revelación          Esperanza

con el pueblo.   -Instrucción                 Penitencia

Intervención     -Predicación eficaz

de Moisés          -Intercesión

(Ex 32)             -Compromiso con

                 Solidaridad. Derecho

                 de las naciones

 

 

9ª Etapa

 

Jesús resucitado

La fe apostólica

 

1.  La Resurrección

     como realidad existencial

Por la Resurrección, Jesús pasa de la existencia terrena, con  su entorno histórico y cultural, a un nuevo modo de existencia, propio del mundo divino.  Y el ámbito divino escapa a nuestros sentidos y a nuestras expresiones lingüísticos. La realidad de Cristo Resucitado no la podemos ver ni la podemos encerrar en palabras que estén bajo nuestro dominio.  Nuestro lenguaje, ya simbólico, lo será dos veces.  “Felices los que creen sin haber visto”. La fe es de lo que no se ve.

 

Ante todo recordemos que el punto de apoyo para nuestra fe es la fe de los Apóstoles. Nuestra fe quiere ser  y es la continuación de la fe apostólica.  Nosotros creemos lo mismo que creyeron los Apóstoles.  Por eso confesamos en el "credo": "Creemos en la Iglesia una, Santa, católica y apostólica".  La Cristología, o reflexión sobre la fe en Jesús, se funda en la Eclesiología, o reflexión sobre la fe en la Iglesia. Nosotros creemos en la Palabra de la comunidad apostólica. Nuestra fe es apostólica.  Esta fe apostólica de la primera comunidad cristiana, a través de los escritores del Nuevo Testamento, expresa dos cosas:

 

(1)  La realidad asombrosa (misterio) de la Resurrección, percibida y acogida en diversas formas culturales y lingüísticas: no sabe uno qué admirar más en el Nuevo Testamento, si la unidad tan coherente alrededor de Cristo Resucitado  o la variedad inabarcable de expresiones culturales que la expresan.  Ya aparece la unidad de la fe apostólica y  el pluralismo ilimitado de expresiones en lenguajes y culturas.

 

(2)Lo que esa realidad maravillosa (misterio) de la Resurrección crea en la historia: la comunidad cristiana, hecho social, para hacerse visible como testimonio literario y cultural, y como expresión existencial de salvación.

 

De ahí que, como laicos católicos de la postmodernidad, para comprender el Nuevo Testamento, hemos de considerar estos tres puntos:

 (1) La Resurrección de Jesús,

(2)    La nueva presencia de Jesús en el mundo, o sea la Resurrección de Jesús compartida por los creyentes y vivida en la comunidad.

 (3) La expresión literaria.  En otras palabras,  examinaremos tres aspectos

(1) La resurrección del Mesías. 

(2) Jesucristo y su proyecto de amor interpersonal, hoy.

(3) Del texto de Nuevo Testamento hasta la vida terrena de Jesús y hasta su existencia en la comunidad cristiana. Y desde la vida terrena de Jesús, y desde  la comunidad apostólica, hasta los libros del Nuevo Testamento.

 

1.1  La resurrección, realidad existencial y salvadora

La realidad de la Resurrección es la explicación definitiva de toda la vida terrena de Jesús, de la historia milenaria de Israel como pueblo preferido, y de todo el designio de Dios sobre la creación. 

La Resurrección, en otras palabras,  es el acontecimiento o realidad de plenitud,

 

* para  Jesús de Nazaret, el Mesías;

*  para la historia del pueblo escogido;

*  para los hombres de todos los tiempos;

*  para la creación entera  y para el futuro del mundo. Leamos cómo lo expresa Pablo en un texto, que es punto de partida para nuestra reflexión: 1Cor 15..

 

Todo el Nuevo Testamento va describiendo el contenido salvífico de la resurrección de Jesús. La resurrección de Jesús, en consecuencia, es una realidad superior a toda realidad visible y a todo experimento, superior a las realidades que pueden ver nuestros ojos, puesto que participa, de modo eminente, de la realidad misma de Dios.  Si Cristo no ha resucitado,  nuestra fe es vacía, dice San Pablo y todos los cristianos.

 

 

.1 La resurrección no es la reanimación de un cadáver.

 

La fe  no nos obliga a imaginar la resurrección como la reanimación de un cadáver, al estilo de Lázaro.  El historiador puede comprobar la muerte de Jesús, e inclusive su sepultura, como comprueba la resurrección de Lázaro.  Estos hechos están en el ámbito de la ciencia y del testimonio de los hombres.  Ojos humanos pudieron ver que Jesús murió y que lo enterraron.  Cuando una persona resucita a esta vida, como Lázaro, también puede tener testigos de su nueva existencia terrena.  Pero la resurrección de Jesús, aunque más real que mi propia vida, ya no se sitúa en el campo de la historia sino más allá de la historia, en la meta que es Dios.

 

El Resucitado no es un hombre que vuelve a la vida histórica sino a la vida de Dios, la cual no puede ser analizada por nuestros sentidos.  Pertenece ya a otro mundo, para el cual nuestros sentidos no son aptos.  Aquí enmudece la ciencia historiográfica.

 

Si la resurrección hubiera sucedido hoy, y Pedro hubiera invitado la televisión, ¿qué hubiera visto? Fuera de las reacciones de los discípulos y sus palabras, nada.  El Resucitado pertenece a otro  mundo inimaginable para los sentidos y sobre todo para la vista. Solo queda el oído para escuchar y creer, lo que los ojos no ven.

 

.2  Pero la resurrección no es solo "el sentido" de la cruz, un mero símbolo de lo que acontece al creyente.

 

La Resurrección  tampoco puede considerarse como una mera expresión del sentido salvífico de la cruz.  No es como un lenguaje figurado o mítico para decir que Dios acepta la cruz de Cristo como salvación para los hombres; ni basta decir que la resurrección es la expresión de la fe  en que Cristo vive y es el Kyrios. Leamos las palabras de un  un eminente teólogo protestante, llamado Bultmann, que están en la base de grandes corrientes teológicas de nuestro siglo.

 

"Ahora bien, la resurrección de Cristo ¿no es un acontecimiento absolutamente mítico? Induda-blemente no es un acontecimiento histórico que debiera comprenderse en su propia significación. El hablar de la resurrección de Cristo, ¿puede ser otra cosa que la expresión del significado de la cruz? ¿Quiere decir algo que no  sea que la muerte de Jesús en la cruz no debe contemplarse como un  morir humano, sino como el juicio liberador que Dios  pronuncia sobre el mundo, el juicio de Dios, que, como tal, deja sin poder a la muerte? ¿No se expresa ni más ni menos esta verdad en la proposición de que el crucificado  no permaneció en la muerte, sino que ha resucitado?"

 

"El acontecimiento de Pascua como la resurrección de Cristo no es un suceso histórico; el único suceso histórico que puede captarse es la fe pascual de los primeros discípulos.  El historiador puede explicar , hasta cierto punto, el origen de esa fe, haciendo reflexiones sobre la antigua vinculación personal que unía a los discípulos con Jesús; para el historiador, el acontecimiento de pascua se reduce a las experiencias visionarias de los discípulos.  La fe cristiana de pascua no se interesa por la cuestión histórica; para ella el acontecimiento histórico del origen de la pascua significa, como para los primeros discípulos, la manifestación que el resucitado hace de sí mismo, el acto de Dios en el cual se consuma el acto salvífico de la cruz...El  kerigma de la resurrección  hace que la cruz de Jesús  sea conocida para mí como el acto definitivo o escatológico de Dios.  Ante este acto tengo que adoptar una posición de acogida o de rechazo mediante la fe o la incredulidad".  (Bultmann, "Manifiesto" de 1941)

 

Esta posición de Bultmann, difundida partir de 1941, desliga la fe y la historia, el significante, que serían las formulaciones literarias, de la realidad que origina la significación.  Para un católico las expresiones del Nuevo Testamento sobre la resurrección de Jesús  no son meros símbolos de otras realidades sino expresión de esta realidad: Jesús ha resucitado de veras.

 

Estamos, así, ante dos posiciones inaceptables: una materialista que pone gran énfasis en la vivificación de un cadáver,  y la otra, simbólica,  que la reduce a la  mera significación de la verdad de la cruz salvífica. 

1.2   La Comunidad  de discípulos, expresión histórica de la resurrección.

 

Nosotros creemos en la Resurrección de Jesús como la expresaron los discípulos de Jesús. Creemos en la Palabra de la Iglesia apostólica. Para nosotros la comunidad apostólica hace las veces de Jesús.

 

Existe una tendencia generalizada a tomar a Jesús y a su comunidad eclesial como dos realidades separables y distantes. Los cristianos aceptan a Jesús, tal como está en el Nuevo Testamento, pero muchos rechazan una comunidad histórica que represente a Jesús mismo.{Ver estadísticas de la lección 8).   Aun entre los católicos, hay unos que no tienen casi vinculación con la Iglesia, fuera de los sacramentos como cosas sagradas y de ciertas ceremonias o de algunas prescripciones morales; otros, aunque se dicen católicos, se apartan de la Iglesia en sus prescripciones morales o en su teología y prefieren atenerse a la Biblia, interpretada según el propio parecer.  Incluso hay no creyentes que dicen aceptar a Jesús, pero no a los cristianos.   Son diversas maneras de expresar la separación entre Jesús y la comunidad a través de la cual mantiene su presencia.

 

Por lo mismo, la manera de renovar la Iglesia es intensificar el acercamiento de Jesús a la comunidad de salvación, y la identificación de esta con Jesús. La Iglesia debe respetar mejor el puesto de Jesús, y a Jesús debemos verlo más asimilado a la comunidad del Resucitado.

 

.1  Jesús, con su actividad terrena, crea un muevo modelo  de pueblo de Dios

 

No podemos aceptar un kérigma o Evangelio inventado por la comunidad cristiana como proyección de sus anhelos. A través de los evangelios, escritos en la comunidad, llegamos a la persona de Jesús terreno, que está en la raíz de todo lo que realizaron las comunidades de los apóstoles. Por otra parte, es verdad que no podemos reconstruir una biografía detallada de Jesús.  Todo lo que escribieron los evangelistas expresa, al mismo tiempo, la realidad histórica y humana de Jesús y la realidad salvadora y trascendente de Cristo glorioso, vivo en las comunidades que forman la Iglesia.

 

La comunidad prepascual, que rodeó a Jesús.  A Jesús de Nazaret lo aceptamos unido con el grupo que lo rodeó. Ese grupo es el puente entre nosotros y Jesús; entre el Jesús de la historia terrena y el Cristo de la fe. Corresponde a una realidad de nuestra historia lo que nos narran los Hechos de los Apóstoles sobre el reemplazo de Judas (Hech 1,15-26).  Los elegidos deben ser testigos oculares ("autoptai", ver Lc 1,2) de la vida terrena de Jesús, para garantizar la Tradición (Hech 10,39).  Ellos son nuestros ojos humanos para mirar a Jesús. Solo así pueden ser testigos  ("mártyres") de la resurrección. Este mismo hecho nos muestra que, además de los doce, había otros  que estaban con Jesús, incluso algunas mujeres.

 

El grupo sociológico en convivencia entorno a Jesús tenía  cohesión fuerte, aunque no tenga que suponerse un noviciado, como en Qumrán. La regla de la comunidad era exigente: "seguir a quien no tiene dónde reposar la cabeza" (Lc 9,58), "no mirar atrás una vez puesta la mano en el arado" (Lc 9,57-62); aceptar que " si alguno viene a mí y no pospone a su madre, (a su mujer), a sus hijos, a sus hermanos o hermanas y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo (Lc 14,26). Jesús carece de  demagogia, y dice palabras que no pueden ser creación de la comunidad   (Lc 14,28-33; 11,23; Mt 16,23-25; Mc 10,26-30).

 

Que un grupo de personas siga a este maestro no se explica sino porque, en contrapartida, El le ofrece participar en la intimidad con el Padre (Lc 12, 22-31.33).  Lo siguen  porque lo reconocen "como   el portador de la última palabra del Padre antes del fin".  Entre los discípulos, ninguno puede independizarse y arrogarse el título de maestro (Mt  23,8).  Jesús es maestro único.  No solo es más que un rabí por la autoridad con que enseña (Mt 7,29), sino más que un profeta, porque solo cuando se clausura la serie de profetas, llega el momento de Jesús (Lc 11,32), que viene a proclamar el reinado de Dios presente.

.2 Según el testamento de Jesús (Jn 13-17), Juan des-cribe su propia comunidad, a imagen de la comunidad terrena de Jesús, como un grupo de contraste frente a la sociedad civil, con las siguien­tes caracte­rísticas:

 

Jesús, en su vida pública, crea lo que los psicólogos sociales llaman un grupo. Los llamados viven profundas relaciones habituales, se quieren de verdad unos a otros con amor humano, comen juntos, y tienen una mentalidad unificada respecto de Jesús (Jn 13,1-3).

 

En el grupo se aceptan, se sirven y se lavan los pies unos a otros. Judas, que tiene la mentalidad de poder, queda excluido (Jn 13,30); Pedro, que en principio no está de acuerdo con la mentalidad de servicio, debe cambiar de valores: “Si no te lavo los pies, no tienes parte conmigo” (Jn 13,8).

 

En el grupo de personas libres y comprometidas entre sí, está presente la "gloria" de Dios en Jesús (Jn 13,31-32).  Y la ley constitucional, que  identifica al grupo, es el amor mutuo, entre iguales.  No el amor de quien da una limosna a un inferior, sino el amor de amistad, que crea relaciones interperso­nales, múltiples, comprometidas, de igualdad y de gratuidad (Jn 13,34-35).

 

Aceptar a Jesús, según Juan, es entrar en la comunidad.  Jesús terreno se ausenta, por la muerte, pero regresa (Jn 14,18-19), por la resurrec­ción, y no deja huérfano al grupo de amigos sino que se queda presente a través de ellos.  En la comunidad lo descubrimos a El "como camino, verdad y vida"; y el que lo ve a El en la comunidad "ve también al Padre, y hace las obras de Jesús, e incluso mayores" (Jn 14,1-12).  El grupo de discípulos es el testimonio visible de la acción del Hijo en medio de la sociedad civil (Jn 26-27). 

 

La nueva presencia de Jesús en la comunidad es obra del Espíritu. El  conduce a la comunidad a la plena  comprensión de Jesús y de sus palabras (Jn 14,25ss;  16,12-15).  Jesús forma con la comunidad una unidad tan perfecta como una vid y las ramas (Jn 15,1-11).

 

La comunidad cristiana debe ser como un círculo de amigos.  Tenemos que cumplir el mandamiento de amarnos los unos a los otros como El nos ama, hasta morir los unos por los otros, si queremos ser los amigos de Jesús, no solo sus siervos (Jn 15,12ss).  La comunidad, de personas amigas entre sí y de Jesús, se aparta de la sociedad civil y es contraste frente a ella (Jn 15,18ss).

 

La comunidad, por el amor de cada uno a Jesús,  forma una unidad como el Padre, el Hijo  y el Espíritu Santo.  El grupo imita a Dios, pero no al Dios único como en el Antiguo Testamento, sino al Dios Trino (Jn 16,15ss), y Jesús ora para que la comunidad de discípulos reproduzca en la tierra la unidad  trinitaria (Jn 17).  Todo esto es la única mesa del pan de vida que es la Palabra de Dios y el cuerpo de Cristo: la Eucaristía (Jn 6).

Función de las comunidades postpascuales. Las  comunidades, animadas por los discípulos de Jesús, garantizan históricamente a la humanidad el acceso al mensaje salvador, concretado en la persona y en la acción de Jesús.  Estas comunidades cumplen la tremenda responsabilidad  de ir dando a luz  a Jesús resucitado, como Evangelio escrito, para toda la humanidad.  Ahora vamos a tratar de percibir cómo fueron expresando su fe en la resurrección las diversas comunidades apostólicas.

 

Según los sinópticos, seguir a Jesús es entrar a formar parte del grupo de discípulos, entre los cuales existen algunas mujeres y otros discípulos que no eran de los doce.

 

Para Pablo, Jesús constituye una unidad indisoluble con su comunidad: es un solo cuerpo, es un solo  Espíritu, es un solo Ámbito de santidad, es un solo templo, es un solo Amor (Agápe).

 

Para Juan, el Señor Resucitado ha vuelto ya y nos ha hecho uno con El; formamos el grupo de sus amigos; su gloria está en nosotros, su alegría, su oración, su Espíritu.

.3 Aspectos históricos de la resurrección

 

Todo el Nuevo Testamento va explicando la realidad total  de la resurrección.  Para  precisar mejor nuestra fe en la resurrección, nos podemos preguntar sobre los aspectos  históricos.  Entran en el ámbito de la historia  humana algunos presupuestos  de la resurrección como son la existencia terrena de Jesús, su muerte y su puesta en el sepulcro, garantía de la realidad de la muerte. Para aceptar esto basta el testimonio de los sentidos, y sobre todo de la vista y no se necesita de la fe.  También pertenece a este mismo orden el descubrimiento por algunos testigos del sepulcro vacío, el domingo de la resurrección. Estas cosas se pueden ver con los ojos.  La resurreción no se ve sino que se escucha con el  oído ("Fides ex auditu").

 

El aspecto estrictamente histórico de la resurrección es el testimonio de la fe de los apóstoles y de las primeras comunidades cristianas, que pusieron por escrito su testimonio tal como nosotros lo leemos en el Nuevo Testamento griego. Nosotros hoy escuchamos ese testimonio  (martyria de los testigos oculares, autoptai, de la vida terrena de Jesús). La comunidad es la expresión histórica de la resurrección.

 

2.  La resurrección de Jesús como realidad literaria  

 

2.1 La comunidad como expresión de Cristo

 

Ya que Cristo resucitado  se comunica con nosotros a través de la comunidad apostólica, precisemos su función creativa respecto del Nuevo Testamento.

 

Ante todo estamos frente a un hecho.  Jesús no escribió nada; solo unos cuantos caracteres en la arena movediza, que nadie jamás leyó. No es  fundador de una  religión del libro, como Mahoma con el Corán.  Al desaparecer no dejó como sustituto un libro, para que los interesados lo leyeran. Durante cincuenta años, a partir de la muerte de Jesús,  no existía la palabra escrita; solo existía la comunidad, preñada de Cristo, por la acción del Espíritu. Más aun, un libro no podía ser sustituto de Cristo, pues toda la predicación de Jesús tendía a vincularnos a la persona misma del Señor.  

 

Este hecho  se presta a dos interpretaciones opuestas. La primera dice: "Algunos miembros de la comunidad, asistidos por el Espíritu Santo,  reprodujeron por escrito  lo que Jesús había dicho, textualmente, y describieron lo que Jesús había hecho, exactamente como sucedió. La inspiración divina les ayudó a reproducir sin error las palabras dichas por Jesús y a evitar toda inexactitud  al describir lo que El había hecho.  Los apóstoles (Mateo  y Juan) o personas muy allegadas (Lucas o Marcos) lograron reproducir de la manera más perfecta, sin falla posible por la inspiración, las palabras y hechos de Jesús".  Así pensaban durante siglos muchos teólogos protestantes y también católicos.  Y así pensaban en general los fieles.

 

La opinión opuesta se expresa así:  "La comunidad apostólica no se preocupó gran cosa de Jesús de Nazareth. Al contrario, fue creando, a partir de su fe en la resurrección de Jesús, un concepto nuevo de las relaciones de Dios con el hombre y la obra de la salvación, y lo  fue expresando  en los evangelios y demás escritos del Nuevo Testamento.   Hay un abismo infranqueable entre el hombre Jesús de Nazaret que vivió y predicó en Palestina, y el Cristo Salvador, objeto y síntesis  de la fe de la comunidad cristiana primitiva" (Bultmann y sus seguidores).

 

Como católicos nos alejamos de las dos posiciones.

El Concilio Vaticano II, recogiendo la tradición de la Igle-sia, nos enseña a evitar los dos extremos.  Ante todo, re-chaza  la posición de Bultmann y sus seguidores que hacen de la comunidad primitiva la creadora de la fe cristiana.  Jesús, Salvador por la Palabra, sería creación de la comunidad apostólica y, por lo mismo, obra humana, a la manera de las demás religiones.  Sería una búsqueda incierta, cuya validez se fundaría en la fe ciega, y no en los hechos. El cristianismo sería una doctrina, una filosofía  y una gnosis.

 

Pero el Concilio de ninguna manera nos invita a seguir la opinión contraria, según la cual, la comunidad primitiva no creó nada sino que repitió con fidelidad todo loque Jesús había dicho o hecho.  La inspiración no es un dictado del Espíritu Santo a la inteligencia del hombre.

 

2.2 Expresión cultural de la resurrección de Jesús, problema de lenguaje

 

¿Cómo se puede expresar la resurrección como acto salvador  y trascendente, en el lenguaje humano? Como la resurrección es la realidad específica de la fe cristiana, conviene que examinemos el problema del lenguaje.  Los autores sagrados quisieron formular con el lenguaje de su cultura una realidad de otro orden, del mundo divino y definitivo.  Todas nuestras expresiones culturales y nuestro lenguaje se han creado a partir de lo que vemos o captamos por los sentidos y elaboramos con la imaginación.  En cambio la resurrección es algo que no ha sido experimentado por los sentidos porque es trascendente, y está por encima de todo lo que puede elaborar nuestra imaginación. Nuestra pregunta es: ¿Cómo decir una realidad del mundo divino con palabras nacidas de nuestros sentidos, de nuestros sueños y de nuestra imaginación?  Este fue el esfuerzo que hizo la comunidad apostólica, con la ayuda del Espíritu Santo. Pero la comunidad apostólica realizó este esfuerzo de formulación en el entorno cultural del primer siglo.  Por nuestra parte tenemos que realizar doble esfuerzo:  primero, escuchar a personas de hace 20 siglos, que hablan otras lenguas y viven en culturas muy diversas de la nuestra; y, segundo, oírlas hablar de cosas que no han visto sino que las trascienden.  Coloquémonos, pues, frente a frente con los contemporáneos de de Jesús.

 

Para interrogar a los amigos de Jesús, disponemos, por una parte, del lenguaje "bíblico", y, por otra, del lenguaje llamado judío y que consta en la abundante literatura del "ínter testamento".

 

El lenguaje bíblico.  El hombre, que es naturalmente religioso, se comprende a sí mismo como parte del cosmos, en cuya  dimensión espacial y temporal se integra. La dimensión espacial  consta ante todo de dos términos  que entran en los arquetipos religiosos básicos:  abajo/arriba, bajar/subir. Una variante es: adentro/afuera. En la dimensión temporal, los términos más elementales son: antes/después, pasado/futuro.

 

La primera comunidad debe expresar el triunfo de Jesús después de la  muerte.  En el lenguaje bíblico, una corriente se expresa con terminología espacial, según la cual, del abismo, del mar, de abajo, surgen los enemigos que destruyen. En cambio el triunfo está arriba. Para expresar el triunfo se utiliza el término  exaltación.  El triunfo viene desde arriba, del cielo, a partir de una gran victoria sobre los enemigos, que se levantan desde abajo.

 

Este modo de pensar se encuentra en el libro de Daniel, escrito entre los años 167 y 165 a.C. En medio de los males que abruman al pueblo a partir del abismo, surge en el cielo una figura de "hombre" (Dn 7,1-14).  En el género literario apocalíptico, después de la visión se da la explicación: el hombre que aparece en el cielo representa al pueblo de los creyentes, que permanecen fieles en la persecución y prefieren la muerte antes que traicionar la fe(Dn 7,15-27).

 

Otra corriente bíblica utiliza la terminología temporal, según el esquema antes/después; ha sido/retornará.  El triunfo, con estos esquemas, se expresa con la palabra  resurrección.

 

En primer lugar se habla de la resurrección del pueblo:

"Dios nos hirió, El nos vendará la herida, en dos días nos hará revivir, al tercer día nos restablecerá y viviremos en su presencia" (Os 6,1-6). El pueblo está muerto, pero recibirá la vida al tercer día (Traducción de los LXX).  El destierro fue como una muerte para el pueblo; y Ezequiel, en una visión extraordinaria, nos muestra cómo Dios crea de nuevo al pueblo por su palabra y le infunde el espíritu de vida (Ez 37).Lo que se dice del pueblo, se aplica a los justos, individualmente: "Entonces se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo, serán tiempos difíciles, como no ha habido desde que existen las naciones hasta ahora.  Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro.  Muchos de los que duermen en el  polvo despertarán... "(Dn 12,1-3...).  Los justos entran en una vida del todo nueva.

 

Lo mismo anuncia el autor del IIº libro de los Macabeos: "Vale la pena morir a   manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.  En cambio, tu no resucitarás para la vida..."(2Mc 7,14).  "Si no hubiera esperado la resurrección de los  caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos" (2Mc 12,43-45). "Se levantó enardecido; arrojando sangre a chorros, herido gravemente, corrió por entre las tropas, se encaramó a una peña, y ya completamente exsangüe, se arrancó los intestinos, los cogió con las dos manos y se los tiró a las tropas; suplicó al Dueño de la vida y del espíritu que se los devolviera de nuevo, y así murió" (2Mc  14,46).

 

Antes del siglo IIº, solo se habla de la resurrección del pueblo. En este sentido  se entienden algunos textos muy importantes como Is 26,19 (Apocalipsis de Isaías 24,1-27).  En la misma línea va Isaías 53,10-13, que hace parte del poema del Siervo de Yahveh.  En Job 19,25-27 se espera, contra toda esperanza, una vida digna para alabar a Dios.  Se puede leer el Antiguo Testamento, sin la esperanza del cielo.  Por eso en los salmos no se pide una buena muerte ni se suspira por ir al cielo. El pueblo de los salmos está muy a gusto en la tierra y desea vivir porque en la vida está con Dios.

 

En el siglo IIº, por influjos de la religión de Irán, la crisis del helenismo y otros factores, aparece expresada la victoria de los fieles con terminología de exaltación y de resurrección.

 

Añadamos un tercer lenguaje cultural, que es el de inmortalidad, que aparece en un libro que no pertenecía al canon hebreo, el libro de la Sabiduría, escrito casi al comienzo de la  era cristiana (Sab 3,1-4; 5,15-16). De esta manera,  tenemos, tres lenguajes culturales en los libros  deuterocanónicos: exaltación, resurrección e inmortalidad.

 

El pensamiento judío del ínter testamento. En la litera-tura intel testamentaria se encuentran dos líneas cultura-les de lenguaje, para expresar el triunfo sobre la muerte:

 

En general la resurrección tampoco se menciona en esta literatura; lo que indica que el pueblo judío en general no hablaba de la resurrección  como doctrina común.  Hablan de la resurrección los Oráculos sibilinos, el libro IV de Esdras, Baruc II y los Testamentos de los doce patriarcas.  No se explicita cómo será dicha resurrección: ¿En esta tierra o en una nueva tierra? ¿En el período mesiánico de este eón o en la eternidad? ¿Con cuerpo reconstituido o transformado o sin cuerpo?  La resurrección se suele poner en relación  con el juicio divino, tema profético: "En aquellos días las montañas saltarán como corderos rebosantes de leche y los justos serán como ángeles en el cielo" (1Henoc 51, 4; comparar con Mc 12,18-27).

 

También se halla presente la línea de la concepción platónica de la inmortalidad y del alma como principio indestructible. El alma, según él, es preexistente.  La Sabiduría habla de incorruptibilidad (aftarsia) y de inmortalidad (atanasia), pero no sabe si el cuerpo participa.  Algo semejante se afirma en los Libros de los Jubileos (23,71),. La Asunción de Moisés (10,39-40), el IV Libro de los Macabeos.  Josefo y Filón se atienen a la terminología griega y romana.

 

Los fariseos testimonian una evolución en este campo. En vez de reunir a justos y pecadores en el
"sheol", los congregan en la Gehena, y separan  a justos y pecadores, después de la muerte.  Creen que, al morir, habrá una retribución de parte de Dios.  En general conciben la resurrección como una reanimación del cuerpo, para volver a vivir de manera maravillosa, en esta tierra, que será pródiga en todo bien.

 

Llama mucho la tención que en Qumrán casi no aparezca la creencia en la resurrección o en la inmortalidad. A veces se citan dos o tres textos que parecen suponerla, lo mismo que la existencia de los cementerios de Qumrán o de los osarios judíos.

 

Apreciemos la  evolución del pensamiento, siguiéndole la pista a un texto.  Leamos en Oseas 6,2.

 

(1)  Texto hebreo (el más antiguo): "En dos días nos hará revivir,  al tercer día nos restablecerá, y viviremos en su presencia."

(2)   Traducción griega, de los LXX: "Nos curará después de dos días, al tercero seremos resucitados, y viviremos en su presencia ".

(3)  Tárgum ( o explicación en las sinagogas): "El nos hará revivir en el día de los consuelos , que deben venir, el día en que haga vivir los muertos, nos resucitará y viviremos en su presencia ".

 

La imagen antigua, de Oseas, es "restablecer", y se pasa, en el texto más reciente de la sinagoga,  a la imagen de "resurrección".   La expresión "al tercer día"  es, sin duda, de tipo teológico: el tercer día es el día de la revivificación de los muertos (Midrash Rabbah).    " El tercer día" es el final de los tiempos.

 

Tal era la situación del lenguaje  en tiempos de Jesús. Para completar el panorama, recordemos que los saduceos , puesto que solo admitían la literatura mosaica como normativa, rechazaban los progresos teológicos posteriores, entre los cuales estaba la doctrina sobre la resurrección (Mt 22,23; Hech 23,8).

 

El pensamiento de Jesús.   Jesús, de acuerdo con los fariseos y con la corriente apocalíptica, enseña la resurrección, pero la matiza en doble dirección:

 

* En la resurrección quedará superada la condición  terrestre:  serán como ángeles de Dios.

* Identifica la función del hijo del hombre con su propia persona.

 

Estos dos puntos, que precisan la naturaleza del acto escatológico de Dios, ponen la resurrección de Jesús y la resurrección de losmuertos como constitutivos esenciales de  la nueva acción de Dios.  Por otra parte, Jesús,  al pensar en la resurrección, supone el sufrimiento  y la muerte. Supone la tumba.  Al hablar de "tercer día'se refiere a lo últimos tiempos, como la apocalíptica, y a la certeza del triunfo definitivo por una intervención divina.

 

2.3  Las expresiones de la fe de la comunidad

 

Examinemos  algunas imágenes lingüísticas que la comunidad emplea para decirnos que Jesús ha resucitado.

 

No solo Jesús en su realidad histórica sino también los compañeros que fueron testigos de sus actividades terrenas son parte integrante  y necesaria del hecho de la resurrección, en cuanto certifican la continuidad de la persona.  Esta continuidad, que el mismo Jesús terreno sea el resucitado,  es de la esencia de la fe cristiana según el Nuevo Testamento.  Tan importante es, que Lucas, con el fin de recalcar esta identidad, llega hasta  el límite increíble de presentar al Resucitado comiendo con los discípulos.  Este mismo objetivo se consigue con los relatos de las apariciones, uno de cuyos objetivos  es demostrar que el Resucitado, que no podemos imaginar, en todo caso es el mismo que compartió en la tierra de los mortales.  Así se enfatiza la  continuidad entre la historia acontecida en el cosmos y el mundo divino del Recucitado. El plan de Dios es  uno solo; y la obra del Padre en la creación empalma con la obra del Hijo y del Espíritu en la resurrección.

 

Los discípulos regresan a Galilea: la fe pascual

 

La muerte de Jesús fue un escándalo para los discípulos. La vida de Jesús había sido un cuestionamiento a su conciencia :  muchos datos impelían a responder sí, pero otros muchos impulsaban al no (ver Jn 6,68).  La muerte fue el argumento contundente para decir  el no definitivo. Jesús ni siquiera apareció de inmediato como mártir.  Juan Bautista se impuso como mártir, sacrificado por Herodes, el odiado.  Jesús aparecía más bien como un asesinado.

 

Por otra parte, Jesús había vinculado sus ideas, de manera tan  indisoluble, con su persona, que desaparecido  El, su "doctrina" quedaba sin base. Por estos motivos, los discípulos se vuelven a Galilea, defraudados y fracasados.  Es un dato histórico seguro.  Esta dispersión, más tarde, se justifica con una orden  del Angel (Mc 16,7;Mt 28,7). En Galilea les pasó algo extraordinario con Jesús, y se convirtió en la tierra del Resucitado, y volvieron a Jerusalén

 

La tumba vacía

 

Al regresar a Jerusalén, los discípulos se encuentran con otra "versión" de los acontecimientos, originada entre las mujeres que seguían a Jesús, y que habían permanecido en la Ciudad Santa.  El tema central era la tumba vacía.

Algunos  dudan de la veracidad de la tradición de la tumba vacía, por tres motivos: (1) Porque no figura en los estratos más antiguos de la tradición, como los sermones de los Hechos y el antiquísimo "credo"  de 1Cor 15. (b)Sobre este hecho se han construido diversas narraciones en cada evangelista, que dan un carácter de montaje catequístico al conjunto. (c) Despojada de  datos poco verosímiles podríamos llegar a la presentación de Juan:  "El primer día de la semana, todavía oscuro, María Magdalena  va al sepulcro y ve quitada la piedra.  Entonces echa a correr" (Jn 20,1).

 

Pero los argumentos a favor conservan toda su fuerza.(1) La mujer no tenía valor de testimonio.  De componer una narración sobre el sepulcro vacío, se hubiera montado con varones como testigos. (b)  Los estratos más antiguos no toman el relato del sepulcro vacío con fines apologéticos.  El núcleo más antiguo que circuló en la comunidad apostólica sonaba más o menos así:

 

 "Terminado el descanso del sábado, María la de Santiago y Salomé, muy de mañana, recién salido el sol, fueron al sepulcro. ( Se decían unas a otras: ¿Quién nos correrá la losa de la entrada del sepulcro?).  Y al levantar la vista vieron que la losa estaba corrida; y era muy grande.  Salieron huyendo del sepulcro, del temor y del desconcierto que les entró, y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían"

 

La narración no se trabaja con el intento de probar alguna cosa.  Más tarde el ángel explica el sentido de ese dato.

(c) Los enemigos de la resurrección conocen el dato del sepulcro vacío, y no lo  niegan. Los guardias de Mateo (28,11-15) suponen el dato del sepulcro vacío aceptado entre los judíos.  (d) La tradición de la tumba vacía no nació fuera de Jerusalén.  Al originarse en Jerusalén hubiera sido facilísimo desmentirla con la prueba fehaciente de los hechos.

 

El sepulcro vacío es un dato histórico puesto que es comprobable con los sentidos y con los documentos.  Pero la esencia de la primera predicación se resume en fórmulas como estas: "Jesús murió y resucitó"(1Ts 4,13; Rm 14,9),  "El Señor resucitó y se apareció a Simón" (Lc 24,34).  La tradición más antigua nos pone en guardia sobre la ambigüedad de este último signo de la resurrección.  María Magdalena interpreta la tumba vacía como signo de un robo del cadáver (Jn 20,2.25).  De tal forma que con el solo argumento del sepulcro vacío no se puede probar la resurrección de Jesús.  Pero el dato en sí es histórico. 

 

 

2.4.  Los libros del Nuevo Testamento

 

.4.1 Desde los textos del Nuevo Testamento hasta Jesús

 

Los caracteres que Jesús escribió (Jn 8,6)los borró el viento..  Desde el año 30, muerte de Jesús, hasta el  año 100, se formula la fe cristiana en los libros del Nuevo Testamento.  Poco después del año 100, las comunidades han terminado la tarea de expresar literariamente su propia experiencia de fe.  Han escrito el Nuevo Testamento como hoy lo podemos leer.

 

Echemos dos miradas sobre este panorama de 70 años; una en tres columnas y otra en seis.

 

 

       Año 100     Año  50               Año 30

 

Se completa el N.T,   Primer escrito del N.T.         Tradición oral

en su texto original   1 Tesalonicenses          *Comunidades

griego                         Fuentes I, II, III           *Catequesis                                     Quelle, Mc, Pasión *Apologética

                                                      *Misión, kérigma

 

 

Enseguida, distribuyamos el mismo período en seis   tiempos,  a partir del texto que tenemos del Nuevo Testamento.

 

 

 

1      2       3       4                 5       6      

Texto       Redac         Fuentes Formas      Predicación    Jesús                  

griego      ensamble   Coleccio-    Literarias            formas       Exis-

inspi-       selección.  nes:   sueltas.                orales         tencia

rado         teología      *dichos      Géneros                        terrena

                 *Hechos    Milagros             

                *Pasión      Parábolas

                          Discursos

 

 

 

 

1. El texto

 

El texto del Nuevo Testamento existía en las diversas comunidades como lo tenemos hoy.  Pero desde que salió de las manos del autor hasta llegar a nosotros, ha estado confiado a elementos defectibles: escribas, papiros, tintas, pergaminos, traductores. Se cuentan unos 250.000 accidentes o pequeñas variantes en la trayectoria del Nuevo Testamento, desde el año 100 hasta nosotros. Se dan cambios de frases, de palabras, de letras, de puntuación.  Ya en el siglo II inquietaban a Ireneo,Tertuliano y Orígenes las variantes del texto del Nuevo Testamento.  Para trazar este recorrido del texto desde los autores hasta hoy, disponemos de no menos de 76 papiros, 250 manuscritos, en mayúsculas, 2646 manuscritos en minúsculas y 1997 leccionarios.

 

Se llama crítica textual el arte y la ciencia que trata de fijar el texto tal como salió  de la pluma del autor. De un texto griego lo más perfecto se hacen las traducciones a otras lenguas. Nosotros utilizamos textos castellanos que nunca pueden ser ciento por ciento fieles al original griego que es el inspirado.

 

76 Papiros                  250  Manuscritos en Mayúsculas

 

                          2.646 Manuscritosen minúsculas         

1997 Leccionarios          Versiones

 

2. La redacción de los evangelios

 

Cuando Marcos, Lucas o Mateo  emprendieron la tarea de escribir una determinada presentación del Único Evangelio vivido en las diversas comunidades, tenían buena parte del camino ya recorrido en dichas comunidades.  Cada uno, movido por el Espíritu, nos entregó un retrato original. Seleccionando, omitiendo, modificando, ensamblando, cada autor imprimió su visión teológica en su obra. Por eso, hoy se habla de la teología de Marcos, de Lucas, de Mateo.  Pablo VI habla de las diversas teologías de la obra de Cristo, que existen ya en el texto inspirado: son diversa relecturas o formulaciones literarias del único Evangelio.  La diversidad de comunidades produce una diversidad de teologías: este hecho es para nosotros hoy de la más grande importancia, y es normativo para la Iglesia de hoy, que quiere inculturar el Evangelio en todas las culturas del mundo y que quiere asumir el reto inconmensurable del pluralismo cultural, como único camino para la misión y para la unión de los cristianos. En la presentación hay numerosas diver-gencias, a veces irreconciliables.  Para Juan, Jesús subió tres veces a Jerusalén durante su vida pública, mientras los sinópticos solo hablan de una subida a la Ciudad Santa, para morir en ella. Para Lucas, Jesús re-sucitado solo se aparece en Judea, mientras para Mateo, solo lo hace en Galilea.  Pero según Juan se dejó ver en ambas regiones. No encontramos perfecta igualdad ni si-quiera  en palabras tan claves par la fe como la institución de la  Eucaristía o el Padrenuestro.  Para componer su obra, cada evangelista utilizó diversas fuentes.

Presentación y redacción final:   Pluralismo de perspectivas

 

Teología Teología     Teología     Teología

de Mateo           de Marcos  de Lucas    de Juan

 

 

3.  Fuentes de los evangelios

 

Las formas literarias elementales son como los ladrillos de un edificio. Las fuentes son como las paredes pre-fabricadas.  Alguien hizo colecciones de hechos  o dichos de Jesús.  La existencia de estas colecciones es evidente; pero no es tan evidente su número o extensión.  Distinguimos tres colecciones o fuentes, de donde tomaron el material nuestros sinópticos.

 (1) Colección de Hechos de Jesús, que se identifica casi con Marcos hasta la pasión,

(2) Colección de Dichos de Jesús, que se suele llamar Q (Quel·le, palabra alemana que significa fuente). Por el año 50 ya corría en varias comunidades un relato seguido de la pasión.  Las llamamos aquí Fuente 1ª (Mc), Fuente 2ª (Quelle), Fuente

3ª (relato de la pasión).  Estas colecciones o fuentes se componen de unidades o formas literarias menores.

Fuentes de los evangelios

 

Fuente  3ª:                Fuente 2ª, Quel·le       Fuente 1ª

Relato de la Pasión.   Contenido doctrinal     Relatos,

La primera comunidad                                   historias

se concentra en la pasión                               Marcos

 

4.  Primeras formas literarias

 

En los ambientes vitales  que eran las comunidades apostólicas (en alemán, "Sitz im Leben": situación existencial), se fueron componiendo variadas formas literarias   elementales.  Los miembros de cada comunidad  expresaron su fe en la salvación por Jesucristo, valiéndose de un relato o dicho, de una parábola, un milagro, una discusión.  Estas son formas fijas de lenguaje o géneros literarios. 

 

Los hechos y dichos de Jesús se transmitían en formas constantes o estereotipadas. Toda la vida de la comunidad, enamorada de Cristo, se proyectaba en estas formas literarias, que se iban transmitiendo al interior de la comunidad y de comunidad en comunidad.  Todo este trabajo se realizó bajo la guía de los Apóstoles y con la conciencia plena de la asistencia del Espíritu Santo.  Estas pequeñas producciones literarias, que utilizaron el medio de comunicación de la escritura, son el fruto de la predicación oral o Evangelio vivido en las comunidades. 

 

                 Géneros literarios evangélicos

Milagros           Parábolas            Disputas

 

Dichos sapienciales      Frase enmarcada en un relato

 

5.  Predicación oral

 

A partir de la experiencia de Cristo Resucitado, se fueron fundando comunidades, en las cuales se anunciaba y se vivía a Cristo presente en ellas. 

 

En las comunidades  se oraba (liturgia), se instruía( cate-quesis), se evangelizaba (misión, kérigma) y se defendía la fe (apologética).  Por la fe cada persona aceptaba a Jesús y se incorporaba a la comunidad.  Estas dos dimensiones eran inseparables:  la adhesión a Jesús se concretaba en la incorporación a la comunidad. La comunidad era el Evangelio vivido o testimoniado.  La comunidad vivía el Kérigma, lo asimilaba progresivamente mediante la catequesis, lo defendía por la apologética.

 

Toda esta obra de las diversas comunidades se iba verbalizando y cristalizando en formulaciones que encontramos en las cartas del Nuevo Testamento, o se proyectaba en los relatos de la vida terrena de Jesús, como lo comprobamos en los evangelios. Esas tradiciones se fueron formulando de acuerdo con los fines que las comunidiades perseguían:  (1) Incorporación a la comunidad por parte de  judíos y gentiles, (2) justificación y defensa del proyecto cristiano, (3) creación de la nueva cultura cristiana de solidaridad, y de acuerdo con los medios o ambientes vitales  ("Sitz im Leben"), catequesis, liturgia, misión.

 

6.  La vida terrena de Jesús

 

Los evangelios nos transmiten la única Buena Nueva  de Jesús, expresado en cada comunidad,  valiéndose de los hechos y dichos de Jesús terreno.  Le atribuyen una importancia  decisiva a la realidad existencial de Jesús con sus discípulos.

 

San Pablo, para traducir a lenguaje literario el Evangelio  vivido en las comunidades y para animarlas en la vida fraterna, recurre a elementos culturales y lingüísticos que estaban a mano: el Antiguo Testamento judío, los escritos contemporáneos o proverbios, las discusiones al estilo rabínico, las imágenes literarias y las reflexiones sobre la presencia sacramental de Cristo en medio de la comunidad.

 

Lo que caracteriza a los evangelios es el método de presentar a Jesús vivo con la comunidad, a través de escenas de la vida terrena del Maestro.  Es la manera de mirar al Resucitado en las actuaciones y palabras del hombre Jesús, el Mesías.

 

Este proceso de composición del Nuevo Testamento es parte del misterio de la Encarnación de Dios en la historia y en la cultura de la humanidad.

Modo de llamar los diversos materiales evagélicos según los fines y las situaciones vitales 

 

 

Según los fines                    Según las situaciones

 

 

Conversión > Kérigma        Liturgia > Oración

 

Maduración > Catequesis   Instrucción >Catequesis

 

Defensa >  Apologética       Parénesis  >Exhortación

 

                                   Misión  >Kerigma

                                  

                                   Identificación > Apologética                                     

                                   Consolación> Paraclesis

                                  

                                   Sentido de pertenencia

 

No escatime esfuerzos para acompañar a las comunidades apostólicas mientras dan a luz la "Palabra Inspirada", que disfrutamos en los textos del Nuevo Testamento.  Como la experiencia no es fácil, la vamos a repetir enseguida mediante otro esquema.  Este esquema parte desde la actividad terrena de Jesús, pasando por la actividad de las comunidades, hasta los textos neotestamentarios. Además vamos a considerar no solo los evangelios sino también los demás escritos. 

 

Articulamos el proceso en 16 etapas o aspectos sustanciales que deben considerarse.  En parte es proceso cronológico extendido por 70 años (corte diacrónico) y en parte es visión de conjunto  de los diversos aspectos literarios  del Nuevo Testamento (corte sincrónico).

 

 

 

2.3  Desde Jesús hasta el Nuevo Testamento

 

Ahora vamos a hacer  el recorrido opuesto: desde Jesús terreno, que  convive con sus discípulos. hasta el texto  del Nuevo Testamento, que está terminado y listo a finales del primer siglo, por obra de las diversas comunidades.

 

En esta nueva panorámica no consideramos solo los evangelios sino toda la literatura del Nuevo Testamento; así ubicamos los escritos en el proceso histórico de la Iglesia en su período fundacional, y los evangelios aparecen en el conjunto de los demás documentos.  Para facilidad metodológica dividimos el período fundacional de la Iglesia en 16  períodos o aspectos.  Lo importante es que UD. se haga una idea de conjunto del desarrollo de la Iglesia naciente  y de la manera como se fue expresando a sí misma en la literatura del Nuevo Testamento.  No todos los aspectos cronológicos están definidos según las investigaciones científicas. Por ejemplo, no es seguro cuándo debe colocarse la redacción de la Primera Carta de Pedro.

 

Tratamos de mostrar una sucesión en el tiempo, pero a veces se trata de aspectos desarrollados en comunidades distintas.  Por ejemplo, son distintos los aspectos  teológicos y ministeriales que se dan en las comunidades judeocristianas y en las paulinas. En las primeras se habla de presbíteros, y en las segundas no. 

 

El cuadro siguiente le proporciona una panorámica del tiempo fundacional de la Iglesia, objeto de la inspiración especial del Espíritu Santo y con validez definitiva para los hombres.

 

Jesús vive en la Iglesia, al fundarla,

En las  comunidades o eclesías

 

 

       1                 2                 3                 4                         

Actividad Resurrección      A.T. promesa      Comunidades

terrena    de      Jesús                   del N.T.      Judeo-

de Jesús.                                       cristianas.

 

año 28-30         30              30-50                  30-50

 

Predicación       Fe  en                  Interpretación    Lo antiguo del Reino   Jesús, de la          de Jesús     prepara

Formación        comunidad a la luz       del    lo nuevo

del grupo Espera  de  Antiguo Tes.       Estructura

Seguimiento     la Parusía. Litg.Catec.Apol. Ecl. judía.

 

 

No escribió       Predicación         No existe aun     Formas literar.

nada.                 oral.           el Nuevo Test.    elementales.

 

 

 

 

       9                 10               11                12

 

Marcos              Mateo     75-80            Lucas        Escuela de Pablo

 

Años 60-75                         75-80                         75-80                60-75              

 

Síntesis  de las  Síntesis de las     Síntesis de las     Visión global

Fuentes  1ª y 3ª         Fuentes 1ª=Mc.  Fuentes 1ª=Mc.  de la Iglesia.

Estructura:       y 2ª(Q.). Propias.        2ª(Q).Propias     Salvación

Galilea-Viaje     5 discursos.         Viaje a Jerusalén.         universal,

Jerusal-Pasión  Infancia: José.    Infancia: María   cósmica.

 

Se redacta         Se redacta  Se redacta  Colosenses

Ev. Marcos.      Ev. Mateo  Ev. Lucas.  Efesios

Final: 16.9-20   griego.                                    2Ts.

Roma                Siria           Grecia                 1 Pd (?)

 

Por la acción del Espíritu Santo

Se escriben los libros del Nuevo Testamento

 

 

       5                 6                 7                 8

 

Hechos  de        Dichos de   La Pasión   Comunidad-        Jesús                   Jesús                   relato 1º     des

Fuente 2ª         Fuente 3ª Fuente 1ª   Paulinas

 

Año 45-50        45-50                  45               50-60

 

Ver al Resu-      Oír al Resu-        Las eclesías         Las eclesías

citado en la       tado en los          enfocaron Resurrección

vida terrena      dichos de Je        la pasión    Vida moral

 

 

 

Milagros. "Quelle"     Del veredicto      1Tes.1Cor.  Poder                  Dichos                 de muerte a    2Cor.Film.

Lucha contra    Doctrina    la sepultura.        Rm. Gal

Satán                                   Resurrección      Filipenses.

 

 

 

       13               14               15               16

Hebreos  Organización      Comunidad         Cartas

                 Tradición   de Juan      Universales

 

90            95               75-100                90-100          

 

Pascua,             Identidad   Relectura de       Nueva

acto                   cristiana              vida terrena        cultura,

sacerdotal         Jerarquía   de Jesús.    lo moral

                 Tradición   Preexistencia.     Lo sapiencial

                                   Persecuciones                      

Carta a     Pastorales  Apocalipsis    Cartas

los Hebreos      Tito            1Jn; 2Jn    católicas

                 1Tm. 2Tm Evangelio   1Pd; 2Pd;

                                                                Jud; Sant.

 

 

1.  Actividad terrena de Jesús

 

Jesús se presenta como un hombre normal, que ni siquiera hace milagros en demostración de sus capacidades como en los evangelios apócrifos, recibe el bautismo de manos de Juan el Bautista, proclama la presencia en la tierra del Reino de Dios esperado por el pueblo judío, comparte con los pecadores y marginados  de la sociedad y de la salvación, no escribe nada pero se rodea de una comunidad de personas que El escoge porque las ama, incluidas algunas mujeres, y se simboliza toda ella por el número de doce.

 

                 1. Proclama la Buena Noticia de la                                llegada del REINO

JESUS     2. Congrega un GRUPO de preferidos,                         y convive con ellos: varones, mujeres.

                 3.  No escribe nada

 

2. Resurrección de Jesús

 

Jesús se va, por la muerte, pero vuelve con al resucitar, y se queda en el mundo mediante la comunidad que vive en el amor.  Al formar una fraternidad de amigos, los discípulos muestran al mundo que Dois ha enviado su Hijo al mundo para salvarlo.  Seguir a Jesús es incorporarse a una de las comunidades fundadas por los apóstoles.

 

                 La comunidad cree, acepta lo que no ve,

                 que ha resucitado y está vivo.

Cristo       Espera la Parusía, presentación gloriosa.

                 Construye comunidades, de cultura                          judía           y cultura griega

 

3.  Antiguo Testamento.

 

Las  comunidades apostólicas van tomando conciencia de grupo con identidad propia, y saben que están vinculadas entre sí, en una realidad distinta de Israel pero heredera de sus privilegios.  Sabían que eran continuación del pueblo de Dios, pero con la modalidad nueva de "eclesías", donde se invitan  personas de todas as culturas o etnias(Mt 28,20:  "Hagan discípulos de todas las etnias").  Los cristianos aparecían como una secta desgajada de Israel, pero al mismo tiempo comprendían que era una continuación del antiguo Pueblo de Dios.  Jesús muerto  y resucitado, mediante las comunidades animadas por el mismo Espíritu, daba cumplimiento a las promesas del Antiguo Testamento.  Esto se resume, desde la primera generación cristiana,  en el "credo" de 1Cor 15, hasta el "credo" que proclamamos en la  Misa, con la expresión "según las Escrituras" ("secundum Scripturas").  Todo está sucediendo  para dar cumplimiento a las Escrituras.

 

                 Interpretan el A.T. como preparación  

LAS COMUNIDADES  de la experiencia que viven

En liturgia, Catequesis, Apologética.

       De un Pueblo, con una cultura a muchas comunidades, con                                  distintas culturas en cada una.

 

4.  Las comunidades judeocristianas

 

Los primeros discípulos frecuentaban el Templo y adaptaban a las comunidades algunas estructuras de Israel.  Por ejemplo, los ancianos o presbíteros, que dirigían el pueblo judío y mantenían las tradiciones, se convirtieron en los presbíteros de de las comunidades. En las sinagogas se explicaba la Escritura: de ahí viene el maestro o doctor y la homilía.  Los cristianos de origen judío seguían cumpliendo muchas leyes del Antiguo Testamento y orando con los salmos.  Así se  plantea el gran problema que afrontan los discípulos de Jesús en el así llamado "Concilio de Jerusalén" (año 49) y así se explican las tensiones entre Pedro y Pablo (Hech 15). Estas comunidades cristianas se multiplican por Galilea y Siria.

Primer     Ofrece el vocabulario, las formas literarias,Sugiere estructuras del PUEBLO UNO

testa-       para formar MUCHAS comunidades.

                 Lo nuevo es la multiplicidad, para interpelar,          mento        en su lenguaje, a todas las culturas.

 

5.  Narraciones sobre Jesús: Iª Fuente.

 

Para expresar la actual vivencia y fuerza de Cristo en medio de las comunidades, se recurría a narraciones de milagros, parábolas, exorcismos, disputas.  En las diversas comunidades  se habían puesto por escrito, en relatos sueltos, de acuerdo con circunstancias concretas de las comunidades.  Hacia el año 40, se empezó a coleccionar  relatos y a presentar una visión más global del ministerio de Jesús. Nos consta de una colección de relatos, de donde tomaron material los sinópticos: Mc-Mt-Lc.  Llamamos esta colección Fuente 1ª, y coincide en gran parte con el Evangelio según Marcos.

 

                 Ve al Resucitado, a la luz de

                 los HECHOS de Jesús terreno.

Fuente    * Colecciones de milagros: poder:A.T.

                 * Magnificencia de Dios.

             * Lucha contra Satán.

                 * Parábolas: aceptar lo sencillo de la                                  *comunidad convocada por Jesús: Reino ?

 

6.  Dichos de Jesús:  Fuente 2ª, Quelle

 

La fuente 1ª se detiene en considerar los hechos de Je-sús; en cambio, la segunda colección, independientemente de la 1ª, se concentra en los dichos de Jesús.  Jesús salió a hacer el bien y a enseñar.  Las comunidades primemras ven a Jesús en sus obras primero y luego en sus palabras.  Esta  Fuen-te 2ª no la conocemos  de manera tan clara como la 1ª, pues solo la deducimos   por el análisis de las obras de Mateo y Lucas, al compararlas con Marcos (Fuente 1ª)

 

                 Escucha al Resucitado en las palabras                                de Jesús terreno.

fuente      "Quelle", material común a Lc-Mt.

                 Colecciones de

                 * Felicitaciones, (bienaventuranzas)

                      *  Dichos proféticos, jurídicos, sapienciales

                 * Dichos de seguimiento,

                 * Mashal, alegoría, parábola

7. Relato de la pasión

 

Las primeras comunidades se concentraron, de manera especial,  en el recuerdo, la interpretación y la puesta por escrito de la pasión del Maestro.  Consta que pronto circuló en varias comunidades un relato completo de la pasión, desde el veredicto de muerte hasta la sepultura. La resurrección la vivían, y no sentían tanto la necesidad de narrarla.   El evangelio de Marcos, como lo podemos comprobar, utilizó ya un relato amplio de la pasión (desde el c. 11). Es una tercera parte de todo el evangelio, para cuatro días. Se puede decir que el Evangelio de Marcos es el relato de pasión, ampliado con los anuncios de la pasión y una primera parte sobre el reconocimiento de Jesús.  El primer relato de la pasión lo podemos llamar  3ª Fuente.

 

                 Las comunidades analizan e interpretan         fuente        la pasión de Jesús, el Maestro asesinado.

                 Del veredicto de Muerte,

                      hasta la sepultura.  Dos relatos, uno                         corto y otro más largo, anteriores a Marcos.

 

8.  Comunidades Paulinas

 

Del año 50 data el primer escrito del Nuevo Testamento que ha llegado a nosotros  tal como salió de las manos  del autor.  Es la Primera carta a los Tesalonicenses, escrita por Pablo, que ya  había gastado su vida fundando comunidades. El interés primario de Pablo no era convertir a tal persona sino fundar e impulsar una comunidad de discípulos, movidos por su Espíritu.  Pablo concentra su interés en la dinámica comunitaria donde se rechace todo poder y reine la caridad de Cristo, como  explicitación del valor salvífico de la muerte y resurrección de Jesús, y en las consecuencias morales de una vida nueva.  Para el año 50 circulan en las comunidades al menos cuatro escritos: las tres Fuentes y la 1Tes.

 

                          *Funda comunidades(eclesías)

                          *Incorpora las personas a una                                   *comunidad concreta (llamados)

Pablo                 *Todos son carismáticos.

                          *Jerarquía de carismas y ministerios

                          *Cristo Resucitado ya vino en la vida nueva

                             de la comunidad

9. Marcos

 

Marcos realiza una obra muy original para su tiempo: organiza un "evangelio". Para ello utiliza una colección que hemos llamado Fuente 1ª (ver  columna 5) y el relato de la Pasión (columna 7), y los ensambla en una unidad nueva.   Marcos no conoce la Fuente 2ª, que no utiliza, como también desconoce los relatos de la infancia. Marcos orgniza de manera coherente los materiales de las Fuentes 1ª y 3ª y de otros datos que posee.  Comienza con el bautismo de Juan  y la predicación a las multitudes en Galilea.  Luego de una crisis, marcha a Jesrusalén, y culmina con la semana de la pasión y muerte.

 

                 Integra   Fuentes 1ª y 3ª              

                 1. Bautismo: Galilea

marcos    2.  Marcha a Jerusalén

                 3.  Pasión y muerte

                 4.  Resurrección, retorno a Galilea

 

 

10 Mateo

 

Al redactar su evangelio, Mateo conoce la obra de Marcos, pero no conoce la obra de Lucas. Toma como esquema general la disposición de la obra de Marcos, con todos los materiales allí disponibles. (1) Galilea, (2) marcha a Jerusalén,  (3) pasión y muerte.  Pero Mateo utiliza  la Fuente 2ª o Quelle, de donde saca muchos elementos.

Mateo  organiza todo este material de manera pedagógica para la catequesis de la comunidad. Presenta a Jesús como el Moisés de la Nueva alianza, en cinco grandes discursos.  Mateo responde, además, a otra pregunta.  Jesús empezó a predicar ya adulto, ¿De dónde surgió?  ¿Cómo vino al mundo? Por esto añade al esquema de Marcos, un "evangelio" de la infancia, desde la perspectiva pascual, y da relieve a José.

 

Fuente 1ª=Mc           Quelle:Fuente 2ª.  Otras fuentes        Mateo

 

11.  Lucas

 

Lucas no cocnoce la obra d Mateo pero, como éste, maneja el texto de Marcos  y sigue su esquema general,  pero da un desarrollo amplísimo al viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén.  Y en la Ciudad Santa se aparece el Resucitado, no en Galilea.  Lucas, como Mateo, se sirve para su evangelio de la Fuente 2ª o Quelle.  Lucas redacta un evangelio de la infancia, pero lo centra alrededor de Jesús y de su Madre.

 

Fuente 1ª=Mc           Quelle:Fuente 2ª. Otras. Infancia        Lucas

 

 

12.  Escuela de Pablo

 

Las cartas a los Colosenses y a los Efesios son gemelas. La carta a los Efesios es posterior a Colosenses, pero ambas están arraigadas en el pensamiento de Pablo. Son cocnocidas como cartas de la cautividad, escritas en la primera cautividad romana (año 61-63). Parecen ser escritas por otro, bajo la inspiración de Pablo, y delatan nuevos rumbos teológicos.  Resplandece ya una visión global y unitaria de la Iglesia, cuerpo de Cristo, que es la cabeza.  Más aun, la Iglesia como que adquiere más autonomía respecto de Cristo al compararla con la esposa(Ef 5).  Mientras en otros escritos del Nuevo Testamento se da relieve a las "eclesías" particulares, aquí se nos ofrece el otro aspecto de unidad global, en la Iglesia plenitud de Cristo glorioso.

 

13.  Carta a los Hebreos

 

En la Carta a los Hebreos, que se atribuyó a san Pablo, se relee el misterio pascual como acto sacerdotal de Cristo. No se habla del sacerdocio ministerial de los presbíteros  sino del único sacerdocio de Cristo.  Al morir y resucitar, Jesús pasa, desde este mundo,  hasta el Santuario verdadero, y cumple así la función sacerdotal.  Toda la comunidad, asumida por el Sumo Sacerdote, Cristo, en un acto definitivo e irrepetible ("efapax": una vez para siemrpe), llega al descanso de Dios.

 

Sermón a los Hebreos

 

Jesús terreno   resurrección       Santuario

solidario            pasa           Resucitado

con nosotros              muerte                Celeste

sus hermanos

 

 

14. Organización comunitaria jerarquizada: tradición y fidelidad: Cartas pastorales

 

Los decenios anterirores han sido de intensa creatlividad, bajo el limpulso del Espíritu de Jesús. La identidad cristiana se ha definido.  Ahora se trata de defender esta identidad y de conservar el depósito de la fe como tradición viva pero inalienable. Para ello, además, se consolida  la organización de la comunidad, con los presbíteros y vigilantes (epíscopos), diáconos y diaconisas.  Los carismas de que hablaba Pablo años antes, se van conviertiendo en ministerios institucionalizados.

 

15.  Comunidades joáneas

 

El núcleo del evangelio de Juan fue escrito hacia el año  75, pero la redacción definitiva se coloca por el año 95. A distancia y con profundidad teológica de águila, Juan y su comunidad penetran, de manera muy peculiar,  en  la realidad de Cristo.

 

16.  Cartas  universales (católicas)

 

Tenemos unos escritos tardíos que tratan, bajo la acción del Espíritu Santo, algunos temas, de manera moral, sapiencial, y, para darles mayor autoridad, se colocan bajo el nombre de uno de los Apóstoles, expresando con esto la seguridad que la Iglesia tiene de profesar la  misma fe de los Apóstoles.  Nunca olvidemos que un escrito es inspirado, pertenece al canon y es normativo para nuestra fe, aun cuando no sea del autor al cual se ha atribuído en las tradiciones de la Iglesia.

 

   JESUCRISTO

  Y SU PROYECTO DE AMOR INTERPERSONAL

 

La Biblia es el instrumento para encontrarnos con Jesús y para identificarnos con su proyecto de salvación. Para que nuestro encuentro con Jesús sea auténtico, necesitamos el milagro de integrar cuatro realidades que parecen independientes.  Solo la fe lo realiza.

 

1. Jesús terreno, como persona humana real, que vivió en geografía y en tiempo definidos, y sobre el cual hablan los evangelios.

2. Jesús resucitado, con una existencia inconmensurable,  que se ofrece a todos los seres humanos como salvador.

3.  La Iglesia como sociedad visible, a la cual pertenezco, y que aparenta una organización humana mundial de poder.

4. La cristología como realidad literaria o formulación dogmática en la "Summa Theologiae" y en los “manuales o catecismos”.

 

El estudio del Nuevo Testamento nos debe ayudar a integrar estas cuatro realidades separables, en una sola realidad vivencial: la persona de Jesucristo, que está frente a mí mirándome y salvándome. 

 

Recordemos el esquema que utilizamos para comprender cómo nos habla Dios, en la primera parte de este manual.  

La persona de Jesús sintetiza todos los aspectos de la revelación divina.  En El nos hablan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por una parte, nosotros somos parte integrante:

 

1. de la obra del Padre, en el cosmos y en la anturaleza;

2. de la obra del Hijo; en la historia particular,

3.  de la obra del Espíritu Santo, en el proyecto de futuro;

4. de la obra del Padre, el Hijo y el Espírtu en la comunidad de salvación, aquí y ahora.

 

Al mismo tiempo, estamos en diálogo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

1.  EL PADRE,  AUTOR DE LA NATURALEZA Y LA CULTURA,  SE REVELA EN JESUS

 

Hablar de Jesús es hablar de nosotros mismos, como parte de la creación de Dios, como naturaleza y creatura en su condición filial, puesto que todo fue creado en El.  Jesús pertenece a nuestra condición humana.  Tanto yo, realidad personal, como todo ser humano estamos interesados en Jesucristo. Estamos cara a cara, como hermanos.

 

El Hijo de Dios, como hombre, se unió a toda creatura, pero, de modo especial a todo ser humano.  “El hombre, todo hombre, tiene por esto un valor prioritario en la apreciación teórica y en la acción concreta de la Iglesia”, dice Juan Pablo II en su encíclica “Redemptor Hominis”.  Todos nosotros, hombres y mujeres, tenemos que ver con Cristo.

 

Así como buscar a Dios es buscar lo más íntimo de nosotros mismos, de la misma manera, mirar cara a cara a Jesús es encontrarnos con el tu que nos define e identifica.Encontrar a Jesucristo es encontrar a los seres humanos, con su historia y su cultura.  Al mirarnos en Jesús adquirimos toda la belleza de nuestro propio rostro.

 

Jesús es para hombres y mujeres “el ser humano revelado”, es decir, el proyecto humano ejecutado y listo;  y al mirarlo podemos exclamar: ¡Vale la pena ser varón o mujer! ¡Eso soy yo!; y el Padre puede amar en nosotros lo que ama en Jesús ("Prefacio de la Misa")

 

La historia general

 

A Jesús lo encontramos en la historia de los seres hu-manos, que se prolonga por dos millones de años. Los hombres y mujeres no somos individuos aíslados; somos hijos de un pasado y gestores del  futuro; y en un recodo de esa historia nos topamos con un hombre llamado Jesús de Nazaret. Para mí, El es un tú, que me revela la identidad de mi propio yo. Para darme la identidad, y llevarme a la realización exhaustiva, me invita a mirar el mundo desde El, desde el tu.  Estoy invitado a mirar la historia con los ojos de Jesús. Y al mirar la historia con El, me veo llevado a analizar las relaciones entre los seres humanos.

 

El bien y el mal, el pecado.

 

De  las relaciones entre los seres humanos,  surge un universo abigarrado de creaciones culturales, que estudian las ciencias de la antropología, la economía, la sociología y otras muchas, que hoy reordena la semiótica y  la informática.

 

En el mundo de la cultura como creación del hombre, nuestra conciencia, guiada por Jesús, se encuentra con el mal y con el pecado. La presencia de personas excelsas en el mundo y sobre todo de Jesús, nos hacen tomar conciencia de  la presencia del pecado y nos motivan a  esperar un salvador, que haga las cosas nuevas. y nos salve.

 

Encontrarnos con Jesús es enfrentar la historia contremporánea, con todas las ideogías y con todos los intereses que la movilizan, de cara al tercer milenio.

 

Para que la Biblia nos ayude a encontrarnos con Jesús, nos debe llevar a poner los pies sobre la tierra, en compañía de los seres humanos que la habitan, con todas sus luchas y conflictos.  La Biblia no puede llevarnos a evadir las situaciones tensionantes y críticas que matan y oprimen a hombres y mujeres.

 

                                                          

                                                                                                      

 2. EL HIJO SE REVELA EN UNA HISTORIA PARTICULAR:  JESUS DE NAZARET

 

Mirar a Cristo desde nosotros y desde nuestra historia es necesario, pero es insuficiente. Lo podemos confundir con tantos seres excepcionales, que nos provocan desde sus nichos en las prolongadas galerías de la historia. Corremos el riesgo de proyectar en Jesús, como en una pantalla, nuestros propios ideales. 

 

Con facilidad nos elaboramos un Cristo a nuestra medida, un Cristo de bolsillo.  Si adoptamos la ideología de la guerrilla, nos creamos un Cristo guerrillero; si somos revolucionarios,  proyectamos en Cristo el ideal de la revolución; si soñamos con Marx, nos hacemos a Cristo camarada;  si buscamos la evasión de los problemas, nos construímos un Cristo carismático y espiritual, con fe solo en el poder divino que hay que inpetrar; si somos mansos y benignos, escribimos, con Renán, la vida del “Dulce rabí de Galilea” de mirada melancólica y compasiva sobre niños y harapientos;  si tenemos corazón capitalista, nos resulta fácil elaborarnos un Cristo cómodo siempre en busca de su triunfo divino; incluso si nos gustan las artes adivinatorias, podemos buscar la voluntad divina tomando al azar un texto de los evangelios y practicar una especie de bibliomansia; o si tenemos el alma habitada por fantasmas, diablos y demonios, recurrimos a Cristo solo para espantarlos.

 

Buenos ejemplos, proyectados sobre la pantalla, son filmes como "Godspel", "El Evangelio según San Mateo", de Passolini, "Jesús de Nazaret", de Zephirelli, y otras superproducciones bíblicas.

 

Este problema no es nuevo.  Ya lo notó Alberto Schweitzer, sabio que escribió un libro decisivo: “Historia de la investigación sobre la vida de Jesús”.  Su conclusión es de este tenor:

 

 “Es así como cada una de las épocas siguientes de la teología encontró en Jesús sus ideas, no pudiendo revivirlo de otro  modo.  En él se veían no solo las épocas, sino que cada uno hizo a Cristo a su imagen”.

Nuestro acercamiento a Jesús, o sea, nuestra cristología, ubica a Jesús en la humanidad entera, pero necesita situarlo también en la historia terrena y particular de Jesús de Nazaret, como miembro de una nación y pueblo, de una cultura propia, con lenguajes creados por unas tribus.

 

Necesitamos conocer el contexto histórico del Antiguo Testamento y el entorno real de la vida terrena de Jesús y sus discípulos.  Todos nuestros conocimientos modernos sobre Jesús en su contexto histórico forman parte de la Cristología.  En este sentido, el progreso de la ciencia en este último siglo, es asombroso. No basta una afirmación dogmática global, para explicar la  existencia de Cristo.  Por ejemplo:  Cristo tiene dos naturalezas, una humana y otra divina, pero una sola persona;  Cristo murió para redimirnos;  Cristo murió porque quiso cumplir la voluntad del Padre que necesitaba una víctima.  Ni bastan unas afirmaciones genéricas sobre la humanidad asumida por el Hijo de Dios. 

 

Es indispensable colocar a Jesús en la historia concreta que le tocó vivir.  La teología moderna europea y, de modo vigoroso, la teología latinoamericana insisten en estudiar los contextos históricos.   Nuestro encuentro con Cristo lo queremos realizar en su historia concreta, en Palestina, en el siglo Iº, en el conflic­tivo imperio romano.  Como seres de la postmodernidad, somos coscientes de la historicidad, de nuestro desarrollo en el ayer, en el hoy y en el mañana y, por lo mismo, queremos estudiar a Jesús en este proceso en el tiempo y en el espacio.  Las ficciones míticas van rodando al golpe demoledor de la conciencia crítica.

 

Así seguimos al Concilio Vaticano II que en la "Dei Verbum" nos dijo que Dios se revela por las palabras y por los hechos.  Así evitamos hacernos un Cristo de bolsillo,  oportunista, inventado a la medida de los anhelos, según la talla de nuestra imaginación creadora.  Esto sería preparar nuestra propia decepción y autofrustración.

 

Así le damos validez a nuestra propia historia personal y nacional.  La importancia de nuestra propia historia y cultura depende de la validez  para la revelación, de la historia particular y concreta, de la cultura y del entorno de Jesús.  Lo original, lo único e irrepetible, vivido por Jesús en su situación concreta, el amor de Dios hecho hombre en una persona y en una historia  determinada, es lo relevante, lo significativo, lo que tiene mordiente para transformar a todos los hombres y mujeres.

La historia localizada, vivida por Jesús en su entorno, es garantía de su vigencia para el hoy de nuestra América Latina. Tenemos así  dos  mediaciones para encontrarnos con Jesús:  (1) El encuentro con la historia de la humanidad, y (2) el encuentro con la historia particular de Jesús de Nazaret.

 

  

                    Jesús

              de Nazaret

 

 

  

3. EL ESPIRITU SANTO, INSPIRADOR DE LA ESCRITURA Y DE LA TRADICION,  SE REVELA EN JESUS

 

3.1  Cristo glorioso da sentido y alcance salvífico a Jesús como humanidad y hombre de Nazaret.

 

No basta mirar a Jesús desde nosotros y desde su historia propia protagonizada en Palestina. Tenemos que aceptar el sentido y el alcance que a la vida y a la muerte de Cristo dio la Resurrección: "Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe". Esto significa que no podemos estudiar a Jesús como se estudian los demás hombres, a pesar de lo difícil que es comprender a una persona humana.

 

A Cristo lo miramos desde su Resurrección, o sea, desde su Divinidad.  Jesús es hombre y es Dios.  Está en la historia, pero domina la historia desde su meta.  Es la meta que Dios ha puesto al desarrollo del ser humano.

 

Esta es la tercera roca inconmovible para mirar a Jesús cara a cara sin equivocarnos. Lo adoramos con la fe de la comunidad apostólica.

 

3.2  Según el Nuevo Testamento: la fe de los Apóstoles 

 

La fe apostólica de las primeras comunidades cristianas ha quedado formulada en el Nuevo Testamento.  No basta encontrarnos con Jesús como hermano en humanidad, ni como personaje judío que compartió las angustias y conflictos de su pueblo. No buscamos a Jesús porque satisface con pan las turbas hambrientas ni porque es taumaturgo ni como mero revolucionario. No queremos a Cristo como solución de algún problema ni como respuesta a alguna de nuestras limitaciones.  Buscamos en  El la respuesta al problema total del ser humano. El hombre, como varón y mujer,  es un tremendo interrogante, que se plantea en todo su dramatismo al momento de la muerte.  Jesús Resucitado es la solución definitiva, trascendente o escatológica del problema humano.  En Jesús descansamos sosegados porque es puerta para la eternidad.  Pero solo en Jesús revelado en las Escrituras, fruto  de las comunidades apostólicas.

 

La mediación para nuestro programado encuentro con Jesús es el Nuevo Testmento. "La Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza, de modo privilegiado,  en el Nuevo Testamento"  (Dei Verbum 17)  "Todos sabemos que entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador" (Dei Verbum 18).  Los otros escritos del Nuevo Testamento "confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la  Iglesia, predicen su consumación gloriosa". "El Señor Jesús asistió a sus apóstoles, como lo había prometido (cf Mt 28,20) y les envió el Espíritu Santo, que los fuera introduciendo en la  plenitud de la verdad (cf Jn 16,13) (Dei Verbum 20)

 

 

3.3  "Según las Escrituras": el primer Testamento

 

El Nuevo Testamento afirma, con varios lenguajes, que 

"Todo sucedió según las Escrituras", es decir, en cumplimiento del Antiguo Testamento. Para las primeras comunidades lo claro era la presencia de Jesús en la comunidad viviente y existencial, que se entraba por los ojos.  Lo difícil era captar cómo esta realidad maravillosa,  vivida en el Espíritu, se había preparado, como promesa, en el pueblo de la Primera Alianza. También nosotros necesitamos hoy tanto del Pueblo de la Antigua Alianza  como de todos sus escritos, para el auténtico encuentro con Jesús. Todas las Escrituras, como fenómeno creciente de la Palabra salvadora, culmina y tiene su clave en Jesucristo.

 

"El fin principal de la economía antigua era preparar la venida de Cristo, Redentor universal, y de su reino mesiánico, anunciarla proféticametne (cf Lc 24,44;Jn 5,39; 1Pd 1,10), representarla con divrsas imágenes (cf 1Co 10,11) (Dei Verbum 15).

 

El pueblo judío se ha relacionado  con Dios hasta ahora  solo mediante el Primer Testamento, sin la plenitud del Nuevo. Esto nos muestra cómo puede leerse el Antiguo Testamento en su autonomía, con sus valores propios(Ver la Declaración del Concilio "Nostra Ætate")

 

Los cristianos no entendemos el Primer Testamento sino como preparación para el Nuevo.  La comunidad cristiana, desde el comienzo, desde los labios mismos de Jesús, se refirió al Antiguo Testamento como Escritura Sagrada, como promesa del mismo.  Dios que envió al Mesías. Es una preparación evangélica o infancia de las comunidades  cristianas, pedagogo y encaminador hacia Cristo. El objetivo de la revelaión bíblica y, por consiguiente, la clave es Jesucristo, y sin El todo queda en la ambigüedad y en las tinieblas.

 

Por otra parte, no se puede menospreciar el valor del Antiguo Testamento, para la comprensión de Cristo. Correríamos el peligro de hacer una cristología desencarnada, teórica y evasiva de la historia. Un tema teológico de enorme repercusión, hoy, es el de las relaciones entre Antiguo y Nuevo Testamento.

 

3.4  De la historia vivida  al encuentro con el Resucitado

 

Concepción tradicional, fundamentalista.Puesto que  nos enseñaron a pensar que "La historia bíblica es sagrada porque narra las cosas exactamente como sucedieron" (Cien lecciones de Historia Sagrada), y que los evangelistas, con la ayuda del Espíritu Santo, lograban recordar y transcribir los hechos y dichos de Jesús tal como sucedieron, es necesario reflexionar sobre la realidad existencial puesta por Jesús y sobre la realidad literaria creada por los autores sagrados.

 

Los evangelios no demuestran la concordancia de testigos oculares.  Partamos de la más sencilla comprobación: ¿Estuvo Jesús en Jerusalén una vez (Sinópticos) o varias veces (Jn)? ¿La expulsión de los mercaderes del Templo aconteció al comienzo (Jn 2,13) o al final de la vida pública (Mc 11,15=Mt-Lc)).  En verdad, los evangelios no intentan ponernos frente a Jesús en los detalles de la  vida terrena, sino de cara con el Resucitado que actúa

 

No se toma la historia terrena de Jesús por sí misma, sino como medio y signo para expresar lo que Jesús ha hecho en su Resurrección. Lo que querían las comunidades era manifestar el valor salvífico del Resucitado, utilizando palabras y dichos de su vida terrena.  La acción salvífica de Cristo Resucitado vivo en las comundiades se narra en los evangelios por medio de acontecimientos de Jesús de Nazaret.  No queda la menor posibilidad de separar a Jesús glorioso del amigo 

de los discípulos. En verdad, Dios se nos revela a través de la historia. Así se confirma la incuestionable historicidad de los evangelis, como confiesa la fe de la Iglesia: "La Santa Madre Iglesia ha entendido y mantiene con firmeza y máxima constancia que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente hasta el día de la Ascensión (Hech 1,1-2)" (Dei Verbum 19).

3.5 La inerrancia, en orden a la salvación

 

La anterior afirmación sobre la historidad de los Evangelios debe entenderse a la luz de esta no menos solemne: "Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidametne, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para la salvación nuestra" (Dei Verbum 11). Dos palabras significan el gran aporte del Concilio.  No habla de "verdades", lo que llevaría a buscar una fidelidad cronística de la historia narrada con la historia vivida.  Y añade que esa verdad de los textos es "para la salvación", y no para proporcionar precisiones científicas o datos cronísticos.

 

3.6  El Nuevo Testamento como creación literaria

A lo largo de este libro nos hemos acostumbrado a destacar la distancia entre la realidad existencial y la realidad simbólica creada por el hombre en la cultura y en el lenguaje.  Los textos evangélicos son una realidad con existencia simbólica, que nos refiere a dos realidades existenciales: a la existencia histórica de Jesús y de la comunidad que se expresó en los textos, y a la realidad de Jesús resucitado que está conmigo y me ofrece la salvación, en el hoy de mi comunidad cristiana

                          Jesús de Nazareth=comunidades

                          Expresadas en los textos.

                          (mente del autor)

                 Exégesis

Texto del N.T.,

realidad

simbólica

(Formulación

limitada de la

mente del autor)

                 Hermenéutica

                          Jesús Resucitado, vivo en la comunidad de salvación, Hoy.(Plenitud salvífica)

                         

Principio exegético fundamental.  El Concilio Vaticano II formula un principio fundamental de exégesis:  "Dios habla en la Escritura  por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir  y lo que Dios quería dar a conocer con dichas palabras" (D.V. 12).

No nos dice la Iglesia que nos atengamos a lo que el Espíritu nos insinúe a propósito de un texto, ni que nos atengamos a la opinión de algunos Padres ni que nos adhiramos al sentido de la "Vulgata Latina", reconocida durante 15 siglos. La meta que nos propone es ambiciosa, pero la formula con claridad meridiana: Solo conociendo lo que los autores humanos pretendían decir, podemos estar seguros de la Palabra de Dios.

Las ciencias, los esfuerzos de los sabios y de los cristianos y la vida de la Iglesia nos ayudan a descubrir  la intención del autor.

Principios hermenéuticos.

La exégesis se esfuerza por captar  el sentido del texto cuando fue creado o pronunciado  en un determinado contexto cultural.  La hermenéutica nos da el sentido del texto para nosotros hoy.

El género literario "Evangelio".

 Si examinamos el gráfico de la página 184,  notamos que todo texto, y sobre todo antiguo,  refleja  unas realidades existenciales  que solo en parte se expresan en el texto. El lector y perceptor decodifica el texto y lo interpreta.  Pero el género literario  "evangelio" tiene una característica que no posee ningún otro texto, y es que refleja una realidad actual y deslumbrante, que es Jesucristo, que me interpela en mi comunidad para ofrecerme su amor y su salvación. Esta doble referencia es obra del Espíritu Santo, que mi fe debe acoger.

El Evangelio es la proclamación, como noticia gozosa, y no simple reiteración de un pasado que se nos escapa(Dei Verbum 19).  El Evangelio es anuncio gozoso, Buenas noticias actuales de salvación, oferta del amor de Dios a nosotros aquí y ahora.

Resurrección como experiencia de las comunidades de la época fundacional

Al ser expresados por la comunidad del Resucitado, los hechos que narran los evangelios adquieren nuevo sentido. Es evidente que el punto de vista de quienes se ponen frente a Jesús Resucitado, no es el mismo de quienes tocaron a Jesús o lo vieron en carne mortal.

El Espíritu Santo, en la dinámica comunitaria, la discusión, el diálogo y los conflictos,  los fue introduciendo en la verdad plena: La Tradición oral y escrita que verbalizaba y formulaba la experiencia inspirada por el el Señor resucitado.

El trabajo literario de los autores.  Después de la investigación en las fuentes orales y escritas de las  comunidades, se supone un trabajo de selección y síntesis, y de elaboración literaria según el pensamiento teológico de los autores. Los escritores bíblicos o hagiógrafos "son verdaderos autores literarios", dice el Concilio, y no meros amanuenses al dictado del Espíritu.

Las situaciones de las comunidades apostólicas, en el campo político, económico, social, cultural y religioso, ayudaron a comprender mejor el sentido del Resucitado en medio de un grupo de cristianos.  La Palabra iluminaba la vida y la vida iluminaba la situación comunitaria.

Por la multiplicidad de comunidades nos explicamos que pueda haber diversas representaciones literarias de una misma realidad profunda de salvación.  De ahí que conozcamos a Jesús y  a su Evangelio, según san Lucas, según san Marcos, según san Mateo, según san Juan, según san Pablo.  Si se tratara de copias de un mismo testimonio ocular, no podrían ser tan distintos.  No imaginemos este trabajo fundacional como el trabajo que culmina en la publicación de una encíclica del Papa. En esta pueden meter mano muchos autores, pero la obra final es del Papa, que unifica y avala la obra literaria.  En el período de fundación, inspirada, de la Iglesia,  cada comunidad hacía su obra sin conocer, por lo general, las obras literarias de las demás. De ahí el pluralismo teológico maravilloso del Nuevo Testamento (Pablo VI, a la Pontificia Comisión Bíblica).

Pero las diferentes representaciones convergen a la unidad del misterio, trascendente e inagotable, que es una realidad muy superior a la realidad visible de un hecho histórico bajo nuestro dominio.

 

Aparece también claro que el sentido de un texto evangélico no refleja solo la mente del autor sino también el sentido vigente en alguna de las comunidades fundacionales, hasta el punto que podríamos hablar no solo de la mente del autor ("Mens auctoris"), sino también de la mente de la comunidad  existencial ("Mens communitatis").

Cristo Resucitado

vivo en las comunidades:

en la Iglesia

4.  Dios se revela en las comunidades eclesiales como obra del  Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

 

Tenemos tres datos o rocas inconmovibles para llegar a Jesús: (1) La historia  de la humanidad, obra del Creador, (2) la historia de Israel, de Jesús y de las comunidades, obra del Hijo, y (3)  y la Resurrección que engendra la interpretación inspirada en el Nuevo Testamento, obra del Espíritu Santo.  Pero estas tres bases pueden ser manipuladas por mis intereses o los de la sociedad.  Hay opciones en el fondo de nosotros mismos, según nuestros prejuicios, nuestros estudios o nuestros valores inconscientes, que pueden llevarnos a modelar diferentes imágenes de Jesús. Esas imágenes pueden ser diversas y hasta contradictorias e incompatibles.

 

Incluso si profesamos la fe en la inspiración del Nuevo Testamento, si nos proponemos ser fieles al texto griego y hebreo y a la objetividad histórica, si propugnamos definitivo compromiso con el hombre de América Latina,  aun entonces podemos manipular a Jesús y acomodarlo  para amar en El nuestros propios egoísmos.

 

¿Cuál es el camino que nos lleva a la verdad plena? ¿Cómo evitamos caer en un proceso de sectas o de dogmatismos humanos, idolátricos y retardatarios, que entraban la plena liberación?

 

Necesitamos poner el pie sobre una  cuarta roca incon-movible., que haga de puente entre el Nuevo Testamento y nosotros.  Jesús mismo lo dijo: "Yo me quedaré con la comunidad de discípulos, todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). Esta multitud de "eclesías", constituidas por personas de todas las culturas  del mundo, y congregadas en Jesús de modo visible e histórico y social, "camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella las Palabras de Dios" ("Dei Verbum" 8). Reléase lo dicho sobre la Tradición en la primera parte.

 

 

Solo la Iglesia, con su sucesión apostólica, y donde se viva la verdad evangélica, puede asegurarnos el encuentro con Dios en Jesús, en plena manifestación.  No podemos gritar: ¡Cristo sí, la Iglesia no!. Ni tampoco: ¡La Biblia sí, la Iglesia no!  Pero la Iglesia no puede ser acomodada a nuestro talante. Es la Iglesia tal como ella se ha comprendido autorizadamente, por la acción del Espíritu Santo, a lo largo de los siglos. Hoy disponemos  de un regalo inmenso del Espíritu para captar la auto comprensión de la Iglesia: El Concilio Vaticano II.

Somos bautizados en la Iglesia en el nombre el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es el Concilio para el tercer milenio y la estrella para interpretar el Nuevo Testamento. Pero no podemos entender el Concilio Vaticano II sin acoger la fe de la Iglesia en Jesucristo, tal como la formuló en los concilios anteriores.

 

Los dogmas cristo lógicos, momento culminante para la comprensión de Jesús salvador.

 

Sobre todo en los siglos IV y V, las Iglesias se esforzaron por formular, dentro de la unidad católica, el misterio inefable de la Encarnación, en fidelidad al Nuevo Testamento. Por una parte, el acontecimiento de Dios hecho uno de nosotros es un misterio insondable e inefable.  Y por otra, la cultura occidental, grecolatina del imperio, trabajaba  con conceptos y simbolizaciones que no pertenecían al Nuevo Testamento.  La Iglesia fue condenando las formulaciones que no estaban de acuerdo con el Nuevo Testamento.  Replicaba, en los grandes concilios, a los errores que iban surgiendo.

 

El Concilio de Nicea, convocado por el emperador en Nicea, el año 325, definió, contra el arrianismo, que Jesús es consubstancial con el Padre.  De este modo ningún texto de la Biblia puede interpretarse en contra de esa verdad definitiva. Hay grupos religiosos libres que carecen de esta luz esencial para entender el Nuevo Testamento. No deberían llamarse cristianos, pues no comparten nuestra fe.

 

 

Cuando se considera a Cristo casi exclusivamente como Dios, la mente humana no alcanza a captar cómo puede ser real su humanidad.  Por eso algunos dijeron que en Cristo existen no solo dos naturalezas  sino también dos personas, una divina y otra humana. De ahí se sacaba la conclusión de que María fue madre de la persona humana pero no de la divina. En consecuencia no se podía llamar Madre de Dios.  El Concilio de Éfeso (año 431) definió la unidad de Jesús como Dios y hombre, y proclamó a María como Madre de Dios, en contra de Nestorio.

 

El concilio de Éfeso no dejó las cosas tan claras y se hizo necesario otro concilio, también convocado por el emperador, el Concilio de Calcedonia (año 491) en el cual se plasmó la fe de la Iglesia con fórmulas definitivas con el vocabulario de cultura occidental, y con las cuales hemos proclamado nuestra fe neotestamentaria durante quince siglos.

 

He aquí el texto que expresa nuestra fe cristológica: "Siguiendo, pues, a los santos Padres (de Nicea), todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional  y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros menos en el pecado (Heb 4,15); engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María virgen, madre de Dios en cuanto a la humanidad;  que se ha de reconocer  a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor Unigénito en dos naturalezas,  sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de la naturaleza por causa de la unión, sino conservando más bien cada naturaleza su propiedad  y concurriendo en una sola persona  y en una sola hipóstasis; no partido ni dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Unigénito Hijo, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo nos enseñaron acerca de El  los profetas y El mismo Jesucristo y nos lo ha transmitido el símbolo de los Padres".

 

Quedó así para siempre definido que en Cristo subsisten dos naturalezas en una sola persona divina.

 

Sin impedirle al hombre ser hombre.

 

Es gratificante comprobar cómo la Encarnación es la luz viva para comprender al hombre y al cristiano en la  comunidad eclesial hoy.  El Concilio Vaticano II ha sacado las consecuencias del dogma formulado en Calcedonia, para las relaciones de la Iglesia con el mundo, o del orden de la gracia y el orden de la naturaleza, de la revelación y de la ciencia.  En Jesucristo tenemos el prototipo de estas relaciones.

 

Lo que Calcedonia nos dice es que permanece el misterio  de la cercanía de Dios en lo humano, que ese misterio no puede diluirse sino resaltarse: Jesucristo es verdaderamente hombre y Dios; perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, con cuerpo y alma.  Nicea recalcó que Jesucristo es consubstancial con el Padre, y Calcedonia destaca que es consubstancial con nosotros.

 

No hay mitología en la Encarnación.  No se trata de una figura mítica que desciende del piso superior de la creación al piso inferior.  Es el poder creador de Dios que suscita para el Hijo una existencia humana en medio de la creación.

 

Este misterio de unidad con Dios sin llegar a una confusión o absorción de lo humano en lo divino, de la naturaleza ("physis") humana  en la naturaleza divina, ilumina y guía una de las grandes afirmaciones del Concilio Vaticano II: "En la ordenación divina no se suprime la justa  autonomía del orden creado, y sobre todo del hombre, sino que más bien se restituye a su propia dignidad y se ve en ella consolidada" ("Gaudium et Spes" 41-42).  La cristología  guía a la eclesiología en sus relaciones con el mundo. Y nos guía a nosotros para construir  la comunidad de contraste, no como la suma de individuos diluidos en un mundo que no se gobierna por el Evangelio, sino como una fraternidad de amigos de Jesús que viven según el evangelio y forman una sociedad visible, como la ciudad sobre el monte, que ilumina atrae y fascina.

 

Resumen de la fe en la Encarnación.  Podríamos resumir en la siguiente forma la fe de la Iglesia:

 

*Si Jesús no es Dios, entonces no vino por El salvación ninguna.  Estamos todos en nuestro pecado y sin certeza de futuro.

 

 

*Si Jesús no es hombre completo, no nos fue dada la salvación.  Solo se salvó lo que fue asumido".

 

* Si la humanidad no es "de Dios" (en la misma medida en que mi propio ser es mío, y no por cierta acomodación de lenguaje), entonces la divinización de la naturaleza humana no se realizó plenamente, y Jesús no es Dios.

 

* Si la humanidad no es verdadera humanidad ni permanece humanidad en Cristo, entonces el hombre no se ha salvado en Jesús sino otro ser.

 

Esta fe de la Iglesia debe guiar toda nuestra inteligencia  de Jesucristo y de las Escrituras.  De un vistazo abarquemos los cuatro aspectos


   1 Jesús terreno,                                La humanidad               hombre   completo                                    

 2 Judío  de Nazaret                         La historia 

        Cristología                                   La cultura 

                                                             

  3 Cristo resucitado                       Formulación

  4 Vivo en las                                     de la fe

     Comunidades                             por la Iglesia

 

 

 

 




 


 




 

 

                 


                                                                                                                                       


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                           

Comments