Libertinos

del blog amores libres de Amador Veneris 

La libertad en el mundo del erotismo se convierte en libertinaje: es el libre amor. En realidad, al igual que otras artes, no todo el mundo está capacitado para ser libertino (o libertina, claro): no nacemos, sino que nos hacemos. Es más una cuestión mental que otra cosa y la creatividad, la alegría, el respeto y las buenas habilidades sociales tienen mucha más importancia que las capacidades físicas, la hipertrofia muscular o la desmesura anatómica.
 

En nuestra práctica no se desprecia nada, todo es probable y ya depende de cada uno las preferencias. Superar tabúes es difícil, pero esto es lo que hay: un mundo de placeres y experiencias de los que no nos queremos privar. En el erotismo siempre tratamos de ir más allá en la búsqueda del goce; descubrimos nuestros recursos y no paramos ni nos cohibimos por simples tabúes sociales y culturales. A los erotistas libertinos no nos gusta encasillarnos: no somos nada que nos cierre caminos. Somos personas buscadoras del deseo, de la pasión, del goce, del placer, de la alegría, de todo lo que nos gusta, sin privaciones ni obligaciones. Hoy hacemos esto porque queremos y mañana esto otro porque así lo disponemos. Así de sencillo.

Los libertinos somos libres, apasionados, críticos, creativos, aventureros, soñadores, curiosos e incluso algo locos. Realidad y fantasía se solapan para crear un mundo con sentido: divertido, placentero, amistoso y amoroso. Todo lo que pasa por nuestra fantasía lo llevamos al terreno real; continuamente inventamos situaciones posibles y hasta casi imposibles, solos o en compañía. Nada de quedarse en lo monótono y convencional.

Tampoco descuidamos las nociones de orden en nuestra vida: cuantas menos complicaciones, mejor. No somos cutres ni ordinarios, y somos cultos en la medida de nuestras posibilidades, pues ya está dicho que somos curiosos y muchas de nuestras experiencias surjan quizás de alguna lectura o de algún acto social. Relacionarnos con gente cultivada filtrará siempre a muchos indeseados (aunque de éstos suele haber en casi todos los sitios).

Aunque tengamos el derecho, no solemos aclamar nuestra condición de libertinos, pues de llamar mucho la atención caeríamos fulminados irremediablemente por la clase sumisa. Nuestro estilo es discreto y algo hipócrita ante el enemigo social, y abierto y sincero ante nuestra propia comunidad del amor. Sólo a ella y al posible iniciado debemos nuestro tiempo de diálogo y enseñanza erótica.

Más. Nuestra promiscuidad es lúdica, razonada y fiel a nuestros compromisos. No vamos de cuerpo en cuerpo sin saber siquiera con quien estamos “jugando”. Ante todo, somos selectivos y no nos vale cualquier situación o persona. Buscamos siempre cierta afinidad, o por lo menos gente que se adecue a nuestra idea de libertad sexual. Y, por supuesto, que tenga en lo posible esas características que hemos mencionado antes... sobre todo buscamos a ese otro libertino que sea curioso, por encima de todo.

Si el físico no lo es todo, sí hace mucho, verdaderamente. Pero insistimos, debe tener siempre muy buena liga con lo mental y lo emocional. Naturalidad y artificialidad deben combinarse astutamente para mostrar lo mejor de nosotros mismos y siempre de una manera sincera; después no nos gustan las sorpresas inesperadas. Cuidado con las apariencias, que a veces engañan.

En definitiva, todo es cuestión de iniciación, confirmación y maduración para ser un maravilloso libertino. Nos iniciamos en las prácticas eróticas con cierta inseguridad, nos confirmamos si sabemos que es nuestro verdadero camino y nos hacemos maestros con muchas y diversas experiencias y relaciones. Ideas y actos se concilian en el camino, como en todo, para que la frustración y la falta de sentido no acaben arruinando nuestra vida.
 

Un Hombre Libre