Lo positivo de las vanguardias

Charlie Chaplin, Tiempos modernos


Como cualquier otro hecho cultural, las vanguardias tienen que revisarse con una actitud crítica y distanciada. En su contra está el hecho de que el futurismo se convirtiera en una pantalla de la violencia fascista, bajo la protección de Mussolini. En España, la defensa de la vanguardia se presentó, a través de un ensayo de Ortega y Gasset (1925), bajo el lema de la deshumanización del arte. Ortega se creía consecuente renegando de las masas y promoviendo un arte elitista. En la práctica, ambos fenómenos eran propios de su época y estaban ligados.

Después de un siglo, parece que el desprecio a lo humano en el arte no produjo, por sí mismo, nada valioso. La adoración de las máquinas, de la velocidad, de la violencia y hasta de la guerra era característica de un mundo nuevo que nació viejo. No es casual que algunos vanguardistas de la primera hornada se convirtieran en piezas clave del fascismo español, como Ernesto Giménez Caballero, líder de la revista La Gaceta Literaria.

Más allá de cualquier idolatría, lo positivo probablemente sea la ruptura con las convenciones del arte clásico y romántico, en beneficio de la creatividad, la inventiva, la exploración de nuevas formas, el humor y la ironía contra lo que era inhumano. 

Hubo vanguardias críticas con cualquier violencia, especialmente el dadaísmo de Tristan Tzara y Francis Picabia. Otros vanguardistas se opusieron tanto al fascismo como al comunismo en su versión totalitaria, en plena época de persecuciones (las purgas de Stalin). Así lo intentaron André Breton y los pocos surrealistas españoles propiamente tales: Buñuel o Manuel Altolaguirre. 

Sin las vanguardias no se entienden la revolución de las artes plásticas, las grandes obras de Picasso o de Lorca, el nacimiento de un nuevo arte: el cine, la exploración del lenguaje audiovisual a través de Fritz Lang o de Luis Buñuel.

La investigación en el cine, el nuevo teatro y la nueva poesía de España, asociada a las libertades y la justicia social durante la República, fue brutalmente impedida y expulsada del país como resultado de la Guerra Civil (un mal en sí mismo) y el exilio republicano, junto a cualquier pensamiento libre.


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