Ferrocarril del Harz

Septiembre de 2002 

Durante mis vacaciones en Berlín, decidí acercarme hasta el Harz para conocer una de las últimas líneas ferroviarias europeas con un servicio regular de trenes remolcados por locomotoras de vapor. Este reportaje es un testimonio de lo que allí encontré, y aprovecho para animar a todos los aficionados a visitar el lugar si tienen la ocasión. Para todos aquellos que esten interesados, pueden visitar la sede en internet de los Ferrocarriles del Harz.

Para cualquier comentario, mándame un correo electrónico.

El comienzo del viaje lo situamos en Wernigerode. Situada a unos 250 kms de Berlín, es posible llegar con diversas combinaciones de trenes en un tiempo que dura entre tres y tres horas y media. Es fácil planificarlo visitando las páginas de los ferrocarriles alemanes, Die Bahn. La estación de Wernigerode, francamente bonita, es muy interesante para quien quiera adoptar su esquema de vías en una maqueta.

En la estación es posible admirar el conjunto de instalaciones para dar servicio a la tracción de vapor. Su depósito, su puente giratorio, las carboneras, depósito de agua, etc. También se pueden admirar las locomotoras de vapor que esperan el momento de prestar servicio.

Finalmente, llega el momento en el que se situa en la vía 34 la rama de coches que nos llevará hacia Brocken a partir de las 11:40 horas de la mañana. El tren entra reculando, empujado por una locomotora diesel.

La locomotora diesel es similar a las omnipresentes V100 de los ferrocarriles alemanes. De hecho, al parecer proceden de una de estas series a las que se les colocaron unos bojes de ancho métrico. La impresión es de una gran desproporción entre el "mastodóntico" tamaño de la diesel y las gráciles formas de los coches con balconcillo.

Finalmente, se acerca la locomotora 99 222, que será la que nos lleve hacia nuestro destino en la cima del macizo del Harz. Estas locomotoras de ancho métrico, utilizan el carbón como combustible para alimentar sus fogones, y tienen un rodaje 151, conveniente para la adecuada adherencia necesaria para la importantes pendientes a salvar.

En la imagen vemos el depósito de carbón de la locomotora-tanque bien repleto de combustible, mientras que el equipo que conducirá el tren dialoga momentos antes de iniciar el viaje.

El tren va subiendo rodeado de frondosos bosques de coníferas. Además de cinco coches de 2 ejes y balconcillo, va un furgón para utilización del personal del tren, y un vagón de bordes medios con bancos para pasajeros. En el regreso intentaremos montar en él.

En la estación de Drei Anne Hohne nos espera otro tren que tendremos que procede de Nordhausen Nord, así como el que baja de Brocken. El tren procedente de Wernigerode no seguirá hacia adelante, y deberemos transbordar al tren procedente de Nordhausen Nord para subir hasta Brocken.

Cerca de Brocken, y en pleno Parque Natural del Harz, nos situamos paralelos al camino que utilizan los senderistas para subir a la cima. Resulta sorprendente la cantidad de gente que un lunes de septiembre hay paseando por el Parque. El tren también va lleno, debiendo viajar la gente en los balconcillos de los coches, no sólo por afición como el autor de este reportaje, sino también porque no se cabe en el interior de los coches.

Finalmente, el tren llega a la cima en Brocken entre la expectación de los excursionistas. En total ha sido 1 hora y 53 minutos de subida, en dos trenes remolcados por estas excelentes 151s.

En las distintas estaciones del recorrido hemos podido ver vagones cisterna con ejes de ancho internacional, montados sobre plataformas de ancho métrico. Parece que de esta forma el Ferrocarril del Harz se ahorra tener que disponer de un parque de material rodaje excesivamente costoso, ya que estos vagones podrán circular por la red general de DB.

Se acerca el momento del regreso, y podemos aprecia como llega a la estación de Brocken el tren que nos llevará de vuelta. Como se puede ver, el esquema de vías es sencillo, y puede ser también adecuado para una maqueta sencilla. Todo el ferrocarril en sí es inspirador para el modelismo ferroviario. La expectación es mucha; son numerosos los viajeros que van a tomar el tren de bajada.

En la estación de Brocken no hay puente giratorio, por lo que la locomotora circulará invertida, lo cual tratándose de una locomotora-tanque tampoco supone especial problema.

El semáforo está verde. Es el momento de inciar el descenso.

En la estación de Schierke nos cruzamos con un tren arrastrado por la 99 222, con la que por la mañana habíamos salido de Wernigerode. En este momento llego a la conclusión de que al menos he visto 6 locomotoras distintas funcionando a un tiempo en distintos tramos de la línea.

Uno de los maquinistas de la 99 222 aprovecha la parada para limpiar diversas partes de la locomotora. No es la primera vez que lo veo hacer; por la mañana también constantemente estaba subido a la locomotora con el trapo y algunas herramientas. Indudablemente, esta actitud es la que permite que estas venerables máquina perduren.

De nuevo en Drei Anne Hohne, se volverá a producir el cruce a tres. Volveremos a transbordar a otro de los trenes que nos llevará a Wernigerode, mientras que el que nos ha traído hasta aquí, se dirigirá a Nordhausen Nord.

En todas las estaciones, se aprovecha la parada para repostar agua. El esfuerzo, en las subidas especialmente, conlleva una abundante gasto de este vital elemento para las locomotoras.

Terminada la aguada, los distintos trenes van saliendo de Drei Anne Hohne hacia sus destinos. Primero, el tren hacia Nordhausen Nord; después saldrá el tren hacia Brocken.

Como esperaba, en la bajada hacia Wernigerode he conseguido montar en el bordes medios. La visión del recorrido es mucho mejor. Sin embargo, aunque todavía son las cuatro de la tarde, el sol apenas calienta, atenuado por algunas nubes y la frondosidad del bosque. Hace fresco, y salvo una simpática familia alemana que me acompaña, nadie más se ha decidio a pagar los tres euros extras para viaja recibiendo la carbonilla en los ojos.

Estamos a punto de atravesar el único tunel del recorrido. Y no salva un obstáculo natural, sino una ruta carretera. A pesar de ser una línea de montaña, los montes del Harz son muy antiguos, y la erosión ha producido laderas redondeadas y suaves. Los trenes recorren las laderas, sin necesidad de grandes obras como viaductos y túneles.

En Wernigerode, los trenes recorren las calles como si fuera un vehículo urbano más, a modo de anacrónico tranvía de vapor. Por ello, más que pasos a nivel, lo que se imponen son semáforos en los cruces.

Finalmente, ya de regreso en Wernigerode, una nueva y agradable sorpresa. Dos bonitas locomotoras tipo Mallet, con rodaje 0220, se encuentran estacionadas y cargadas de carbón. Evidentemente, también se encuentran en estado de marcha. Lamentablemente, no tuve ocasión de ver evolucionar a ninguna de ellas.