Chapter 1 in Spanish

CAPÍTULO 1

Las verdaderas metas de la educación

 

 

Cuando veo a los muchachos entrar al edificio en su primer día de escuela, pienso en cómo quiero que sean cuando salgan del edificio en su último día. También pienso en cómo quiero que sean el día que me los tropiece en el supermercado 10 o 20 años después. En el transcurso de tres décadas de mirar  a los muchachos entrar en mis escuelas, he decidido que quiero que ellos

— continúen aprendiendo a lo largo de todas sus vidas

— sean apasionados

— estén listos a arriesgarse

— sean capaces de solucionar problemas y de pensar con mente crítica

— sean capaces de ver las cosas de manera diferente

— sean capaces de trabajar de manera independiente y con otros

— sean creativos

— sean preocupados y que contribuyan con su comunidad

— perseveren

— tengan integridad y amor propio

— tengan coraje moral

— sean capaces de usar bien el mundo a su alrededor

— se expresen bien, escriban bien, lean bien, y que trabajen bien con números

— disfruten de verdad sus vidas y sus trabajos

Para mí, estas son las verdaderas metas de la educación.

Quiero que los estudiantes aprendan a usar los recursos a su alrededor. Quiero que lean algo o que vean algo en lo que estén interesados y que le den seguimiento. Quiero que tengan una idea y que entonces vayan al teléfono y llamen a personas con las que puedan hablar sobre esa idea, o que cojan un libro y lean más acerca de ella, o que se sienten y escriban sobre ella. Cuando imagino a uno de mis estudiantes como adulto, imagino a una persona que es un pensador y un hacedor, y que sigue sus pasiones. Veo a un adulto que es lo suficientemente fuerte para levantarse y hablar para defender lo que él o ella quiere y cree, y que se preocupa por sí mismo o misma y por el mundo. Alguien que se comprende a sí mismo o misma y comprende el aprendizaje. Creatividad, pasión, coraje y perseverancia son las cualidades personales que quiero ver en mis graduados. Quiero que se encuentren con cosas que han visto todos los días y que las miren de una manera completamente nueva. Quiero que se sientan bien consigo mismos y que sean personas buenas y honestas en la manera en la que vivan sus vidas. Y, eslogan o no, quiero que mis estudiantes tengan una alta puntuación en las “pruebas de inteligencia emocional” que la vida inevitablemente les lanzará una y otra vez¹.

Finalmente, quiero que mis estudiantes respeten y se lleven bien con otros. Alguien me preguntó una vez: “¿Qué es lo más importante que una escuela hace?” Yo contesté que todo lo que yo creía acerca de las verdaderas metas de la educación no es posible si a los muchachos en la escuela no les importaba o no podían llevarse bien unos con otros o con las personas que conocen fuera de la escuela. Creo que esto está en el núcleo de lo que queremos decir cuando hablamos acerca de celebrar y respetar la diversidad, y está en el núcleo de lo que hace funcionar a una escuela y a una sociedad.

Cuando una muchacha se marcha de mi escuela, quiero que ella tenga las habilidades básicas de la vida que la ayudarán a desenvolverse en el mundo adulto – como saber cómo comportarse en una reunión o cómo mantener su vida y su trabajo organizados. Cosas básicas de las que demasiadas escuelas se olvidan en su prisa por embutir tres ciencias, tres estudios sociales, cuatro matemáticas, y así sucesivamente. Pero también quiero que esa muchacha sea el tipo de persona que continuará construyendo sobre la base de lo que obtuvo en mi escuela, que continuará desarrollando habilidades, que continuará aprendiendo, que continuará creciendo. Cada uno de nosotros, si vivimos sólo hasta los 70 años, pasamos sólo el 9 por ciento de nuestras vidas en la escuela. Considerando que el otro 91 por ciento se pasa “allá afuera”, entonces la única cosa verdaderamente sustancial que la educación puede hacer es ayudarnos a convertirnos en personas que continúan aprendiendo de manera continua a lo largo de sus vidas. Personas que aprenden sin libros de texto y sin pruebas, sin profesores certificados y currículos estandarizados. Personas a quienes les encante aprender. Para mí, esa es la máxima meta de la educación. W. B. Yeats lo puso de esta forma: “La educación no es llenar un balde, sino encender un fuego”.

 

En 1999, el consejo escolar en Howard County, Maryland, eliminó dos criterios de su política oficial sobre determinar las notas de los estudiantes de preuniversitario. Ustedes saben que ninguno de esos dos fueron pruebas estandarizadas. No, fueron, y cito, “originalidad” y “creatividad”. Este consejo escolar decidió que esas dos cualidades del trabajo de un estudiante ya no eran importantes. Decidieron esto porque, dijeron, es “imposible” medir cuánto se esfuerza un estudiante o si el trabajo de un estudiante es original. Lo que en verdad estaban diciendo, y lo que demasiados consejos escolares están diciendo ahora, es esto: Si no se puede medir fácilmente, entonces no puede importarnos, no podemos enseñarlo, y ciertamente no podemos determinar si un muchacho lo ha aprendido. ¿La solución? Sacar completamente a la originalidad y la iniciativa de tus metas educativas y sólo enseñar para la prueba. Esto me hace gritar.

Ernest L. Boyer, el renombrado experto en educación y por ese entonces presidente de la Fundación Carnegie para el Avance de la Educación, una vez pronunció un discurso titulado “Making The Connections” (“Establecer las conexiones”). En este, dijo (de una manera hermosa):

 

Sé cuan idealista podrá sonar, pero tengo la urgente esperanza de que en el siglo que se avecina los estudiantes en las escuelas de esta nación sean juzgados no por su desempeño en una sola prueba, sino por la calidad de sus vidas. Tengo la esperanza de que los estudiantes en las aulas del mañana sean alentados a ser creativos, no conformistas, y que aprendan a cooperar en vez de a competir.²

 

Boyer dijo esto en 1993. Murió dos años después, tras una larga batalla contra el cáncer. Boyer sabía que las escuelas estaban encaminadas en la dirección equivocada y lo dejó claro al decir que su esperanza era “idealista”. Me resulta tan triste el hecho de que si él estuviera aquí hoy, vería no sólo cuán idealista su esperanza es todavía, sino cuán lejos hemos llegado desde entonces en la dirección totalmente opuesta.

 

Recuerdo que en el octavo grado nuestro profesor de ciencias nos dijo que hiciéramos unos afiches que él puso por toda la escuela. Aunque no era exactamente una prueba, sí era un proyecto grande, y todos sabíamos que nuestras notas dependían de eso. Así que allí estaban esos afiches, colgados en todas las paredes, y eran hermosos, y el profesor lució bien frente a sus colegas y a su jefe, y probablemente se sintió bastante bien consigo mismo también. Creo que esta fue la primera vez que me di cuenta cuánto de mi educación era una total estupidez. Sabía que no había aprendido nada acerca de lo que había en aquellos afiches, incluido el mío. Y el profesor sólo los colgó. Apenas hablamos sobre los afiches, no hicimos ninguna conexión entre ellos y algo más, y el profesor nunca profundizó en el aprendizaje más allá de ese proyecto final. Mis compañeros de clase y yo simplemente habíamos copiado imágenes y palabras de la enciclopedia, y por eso no sólo aprobamos la prueba de hacer afiches,  sino que se asumió que habíamos adquirido el “conjunto de conocimientos” predeterminado para ese trimestre. No importa que ninguno de nosotros haya aprendido mucho sobre ciencia, y mucho menos sobre iniciativa u originalidad. Hicimos exactamente lo que la “prueba” requería que hiciéramos y nada más – y así hizo el maestro también.

Hoy, pruebas tan sin sentido como aquella prueba de hacer afiches determinan las metas de la educación. Las pruebas dictan lo que nosotros como sociedad consideramos valioso en nuestros jóvenes. Nuestra adicción a poner pruebas no nos deja ver lo que, en nuestros corazones, de verdad creemos que son las lecciones importantes que nuestros niños deben aprender.

Si trabajáramos a la inversa, y pensáramos en la clase de adulto que admiramos, no mencionaríamos características que pudieran ser medidas en una prueba de selección múltiple. Ninguna medida o herramienta puede llegar a lo que es realmente importante en cualquier área del aprendizaje. Y la presión actual para una prueba que cada niño tenga que aprobar para pasar al siguiente grado o graduarse hace que toda esta situación sea todavía más triste.

 

Lo que queremos ver es al niño en busca del conocimiento, y no al conocimiento en busca del niño.

                                                                                             George Bernard Shaw

 

 Al estar enfocados en los resultados finales, demasiadas escuelas y encargados de formular las políticas de la educación se olvidan de lo mucho que el proceso influencia cómo un niño recibe el conocimiento y lo usa después. Demasiadas personas olvidan cuán esenciales son la motivación y el deseo para el aprendizaje. Hay tanto en nuestro enfoque de la educación en los Estados Unidos que engaña a los niños al quitarles la oportunidad de convertirse en personas que pasen el resto de sus vidas aprendiendo.

Quiero que los estudiantes puedan encontrar la información que necesitan, que puedan pasar por el proceso de descubrir el aprendizaje. Y la clave es que estén motivados a hacerlo. Me importa más que una estudiante se sienta entusiasmada por profundizar en su exploración de la historia de las mujeres en su país natal de lo que me importa la habilidad de esa estudiante para responder cada pregunta en una prueba estándar de historia de los Estados Unidos. Me importa mucho más ayudar a los muchachos a que aprendan a aplicar el conocimiento de lo que me importa el presentarles conocimientos y averiguar si han memorizado suficiente de los datos como para repetírmelos. La mayoría de las escuelas sólo imparten el conocimiento y después lo comprueban. Explican la fotosíntesis y después le piden al niño que escupa de vuelta la fotosíntesis. ¡Mientras tanto, ningún proceso parecido a la fotosíntesis ocurrió dentro de ese niño!  Él no aprendió ese conocimiento y por ello fue a la biblioteca a buscar más libros sobre fotosíntesis, ni llamó a un invernadero local para ver cómo funciona, ni habló con un científico que estudia las plantas. Y ciertamente no creció en lo absoluto durante el proceso de recibir el conocimiento y ser puesto a prueba sobre él. Él lo leyó y lo recitó de vuelta – la información y él mismo de modo inalterado. 

 

¿Qué es el aprendizaje, entonces?

 

 

¿Cómo sabemos si nuestros hijos se están convirtiendo en personas que estarán aprendiendo todas sus vidas? ¿Si están aprendiendo ahora mismo? ¿Si se están convirtiendo en “personas educadas”? Yo pronuncio muchos discursos por todos los Estados Unidos a personas que entran a la habitación creyendo que saben lo que significa ser una persona educada. Están listos para aprender de mí acerca de cómo educar, pero se sienten bastante confiados de que saben cómo luce una persona educada. Y entonces les muestro esa famosa escena de la película My Cousin Vinny. Ustedes saben de la que hablo. Marisa Tomei está en el estrado probándole al jurado que no podía haber sido el auto del defendido el que dejó las marcas de neumáticos encontradas en la escena. Ella lanzó todo tipo de hechos y teorías y conocimientos históricos sobre autos para exponer su caso. Ella generaliza, ata los cabos, le enseña a la sala del tribunal lo que sabe. Es una escena formidable. Y entonces detengo la grabación y pregunto a la audiencia si considerarían que ella es una “persona educada”. Si veo que todavía hay personas que piensan: “Bueno, pero ella es una peluquera, así que no puede ser educada de verdad”, a veces les pregunto, “Si ella tuviera el mismo conocimiento sobre carros y la misma pasión por ellos, pero fuera una doctora en vez de una peluquera ¿la consideraríamos educada entonces?” Por supuesto que lo haríamos.

Independientemente de quién seas, si puedes levantarte y ser apasionado con algo y decirle a otros acerca de lo que sabes, entonces estás mostrando que estás educado en ese tema. Esto es lo que es una exposición³: Son niños que se ponen de pie y hablan apasionadamente sobre un libro que han leído, una composición que han escrito, dibujos que han hecho, o hasta sobre lo que saben acerca de  la mecánica de autos. Es una manera para que los estudiantes tengan conversaciones acerca de las cosas que han aprendido. Las exposiciones son la mejor manera de medir el aprendizaje porque ponen al niño justo en el centro de su aprendizaje, lo que tiene mucho más sentido que pedirles que se sienten en silencio durante una hora y llenen círculos en una prueba con un lápiz. Y como las exposiciones son interactivas, impulsan a los niños a querer aprender más. Eso es lo que importa.

 

Recuerdo una vez cuando llevaba a un grupo de estudiantes de octavo grado en un viaje a Washington D.C, en tren. El conductor se estaba divirtiendo mucho hablando con ellos y escuchando sobre sus planes para el viaje. Los muchachos le hablaron sobre la investigación que habían hecho y las decisiones que habían tomado juntos. Entonces el conductor del tren les dijo que quería averiguar cuan listos eran. Así que empezó a  interrogarlos acerca de las capitales de los estados. Me resulta tan triste que después de todo lo que él había aprendido sobre ellos – sus personalidades y habilidades ‘únicas – y después de ver lo apasionados que eran con el aprendizaje, todavía quisiera saber si de verdad eran “muchachos listos”, y él, como tantos otros, pensó que una prueba de memorización era la manera de determinar eso.

Otro ejemplo que uso para mostrar a las personas lo que es el aprendizaje realmente, es un segmento de una cinta de video sobre el aprendizaje de la matemática y la ciencia llamado A Private Universe (Un universo privado)4. El video fue producido por el Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y muestra todas esas rápidas entrevistas con estudiantes y profesores de Harvard, y con egresados en el día de la graduación. La mayoría de ellos lucen tan “educados” con sus birretes y vestidos y flamantes togas académicas. Y entonces el entrevistador les hace una  o dos preguntas: “¿Qué provoca las estaciones?” o “¿Qué provoca las fases de la luna?”

Veintiuna de las 23 personas de Harvard escogidas al azar dieron la respuesta equivocada. Lo que es más, sus respuestas incorrectas revelan los mismos conceptos erróneos sobre estas cosas que las respuestas que dieron los estudiantes de primaria. Entonces se les pide a los entrevistados que enumeren todas las asignaturas de ciencias que han recibido a lo largo de los años, ya sea en Harvard o en el preuniversitario. Cuando le muestro este video a un auditorio,  digo: “Vamos, ellos han pasado todos los tipos de cursos posibles sobre ciencia y aprobaron cada uno de ellos, y han hecho esto y aquello ¡¿pero no pueden aplicar eso a algo tan básico como es el cambio de las estaciones?!” Debido a sus títulos de Harvard, estos graduados se van a convertir en algunas de las personas más poderosas en nuestro mundo, ¿pero qué clase de poder es ese cuando no puedes aplicar el conocimiento que ese título representa? Elliot Washor, mi amigo de años y cofundador de El Met y de la Compañía Big Picture, señala que lo anterior dice mucho de cómo demasiadas escuelas ven la enseñanza. Él lo relaciona con lo que estamos haciendo en El Met y en nuestras escuelas de Big Picture de esta manera: “Se dice que el conocimiento es poder. Nosotros decimos que el uso del conocimiento es poder.”

Lo que quiero decir es que aprender es ir más allá del conocimiento que se te brinda en una clase o en un libro o en un museo. Aprender es algo personal. Ocurre de manera personalizada, ocurre en pequeños grupos, ocurre estando solos. Seguro, una conferencia, un orador, un discurso son motivantes – pero el verdadero aprendizaje sucede después. Es lo que haces con todo eso, cómo lo integras, cómo hablas acerca de eso con tu familia, con tus amigos y con tus compañeros de clase. Eso es lo que es aprender. Como el notable experto en psicología y educación Seymour Sarason me recordó recientemente, es algo similar a la creencia de los psicoterapeutas en que los pacientes no mejoran durante la hora, sino entre las horas. 

No estoy sugiriendo que eliminemos todo lo que las escuelas hacen ahora o todo lo que esos muchachos de Harvard aprendieron. Estoy sugiriendo que miremos más profundamente a lo que definimos como aprendizaje, y que seamos honestos, y que intentemos cosas diferentes  y que veamos qué funciona. El aprendizaje se trata de aprender cómo pensar.

Mi nuevo amigo Tom Magliozzi, del popular programa Car Talk de la Radio Nacional Pública, tiene mucho que decir acerca de lo que el realmente es el aprendizaje en el libro que él y su hermano escribieron: In Our Humble Opinion (En nuestra humilde opinión). Una de mis partes favoritas es cuando Tom, un hombre con un doctorado en ingeniería química del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), dice esto:

 

Me parece que las escuelas enseñan a los niños principalmente cómo hacer pruebas (una habilidad que uno apenas usa en la vida real a menos que uno sea un concursante en un show de preguntas). La escuela primaria prepara a los niños para la secundaria; la secundaria los prepara para el preuniversitario.  Entonces, la meta – si podemos llamarla así – de las escuelas es preparar a los niños para más escuelas.

 

El psicólogo Robert J. Sternberg ha escrito acerca de la dicotomía entre su éxito en el “mundo real” y las dificultades que tuvo al estudiar psicología en la universidad. Aquí está una cita suya que nos recuerda que, aun en la educación superior, hay a menudo una enorme división entre lo que se nos enseña y se espera que aprendamos, y lo que es verdaderamente importante “allá afuera”:

 

He sido psicólogo durante 21 años ya, y una cosa de la que estoy seguro es que nunca – ni siquiera una vez—tuve que hacer durante mi profesión lo que necesité hacer para obtener una A en el curso introductorio, al igual que en algunos de los otros cursos. En particular, nunca he tenido que memorizar un libro o una conferencia. Si no puedo recordar algo, simplemente lo busco. Sin embargo, de la manera en la que las escuelas organizan las cosas, ellos recompensan con Aes a los estudiantes que son buenos memorizando, no solo al nivel universitario sino a muchos otros niveles también.

 

Aprender no tiene que ver nada con memorizarAprender tiene que ver con estar atento. La atención es un concepto sobre el que aprendí hace un tiempo, y realmente cobra sentido para mí como algo que estamos tratando de desarrollar en nuestros estudiantes en El Met. Ellen Langer es profesora de psicología en Harvard y la autora de los libros Mindfulness (Atención) y  The Power of Mindful Learning  (El Poder del aprendizaje atento). En estos libros, ella habla acerca de cómo el cultivar la atención está ayudando a la gente a darse cuenta de que el mundo está lleno de posibilidades interesantes para el aprendizaje, y de que el mundo siempre lucirá diferente desde perspectivas diferentes. Nuestro sistema educacional debería ver el crear estudiantes atentos como su meta. Estudiantes que estén atentos a todo lo que los rodea y a todo lo que está dentro de ellos. Aquí esta Langer, citada en la revista Parade:

 

Demasiado a menudo, le enseñamos a las personas cosas como “hay una manera correcta y una manera incorrecta de hacer todo, independientemente de las circunstancias”. Lo que deberíamos enseñarles es como pensar de manera flexible, a estar atentos a todas las diferentes posibilidades de cada situación y a no cerrarse ante información que podría ayudarlos.

A mí me encanta el tenis. Cuando era joven, fui a un campamento de tenis, y me enseñaron cómo sostener una raqueta cuando iba  a hacer el servicio. Años después, estaba viendo el Campeonato Abierto de los Estados Unidos, y me di cuenta que ni uno solo de los jugadores sostenía la raqueta de esa manera.

El problema viene en la manera en la que aprendemos. Raramente se nos enseña de manera condicional: “Este puede ser un buen agarre para ti”. Usualmente se nos enseña: “Este es el agarre correcto”. El estar atento – usar la imaginación y la creatividad para aprender lo que funciona mejor para ti – es lo que hace la diferencia entre un jugador promedio y un campeón.

 

 

Entonces, ¿Qué es enseñar?

 

Enseñar es escuchar, aprender es hablar.

 

Mensaje pintado en el camión de uno de los asesores de El Met por sus estudiantes

 

Cuando expongo mi visión de las verdaderas metas de la educación en una lista que luce organizada, como hice en la página 1, me preocupo por lo que las personas, en particular los maestros, harán con ella. Me preocupo por lo que interpretarán del significado de la educación. No creo que se pueda separar el enseñar del aprender. Por favor, no miren mi lista y digan: “Esta bien, estoy de acuerdo en que estas son las cosas que los muchachos deben aprender, así que ahora vamos a establecer un currículo rígido, punto por punto, que se le pueda enseñar a un grupo de 25 estudiantes”. Para mí, el acto de ser maestro es entender estas metas de la educación, entender cómo funciona el aprendizaje, y descubrir cómo aplicar todo esto con cada estudiante, uno por uno.  Sé que sería bastante fácil para algunos tomar las metas en las que creo y deformarlas para que encajen bien y fácilmente en un currículo basado en conferencias y diseñado para evaluarse con una prueba estándar de selección múltiple. Pero ser un maestro – y construir un sistema de educación, en cualquier caso – tiene que ver con tomar estas metas y crear el mejor entorno posible para apoyar a los muchachos y al aprendizaje. No se trata de tomar estas metas y encontrar una manera de que encajen en los métodos tradicionales de enseñanza.

Aquí está un ejemplo de cómo los educadores pueden no comprender: Hay personas que creen que aprender a ser un ser humano con principios es la meta más importante de la educación. Así que todos estos currículos han sido desarrollados sobre la base de enseñar ética moral. Hay libros de texto con “situaciones hipotéticas de conflictos morales” que suenan bien en papel, pero puede que no tengan nada que ver con la situación en la que un niño en particular se encuentra ahora mismo. Entonces existen pruebas de selección múltiple para evaluar si el niño sabe lo que es moral y lo que no. La moralidad es una cuestión enorme, del mundo real, que hay que manejar, e incluso, escuelas bienintencionadas no están teniendo en cuenta el mundo real de los estudiantes.

Solo el tener las metas adecuadas no es la respuesta. Es cómo alcanzas esas metas – el acto de enseñar – lo cual es fundamental. Otro ejemplo: Si decimos que todo estudiante en los Estados Unidos debe entender lo que es la democracia, en lo que creo que todos concordamos, la mayoría de las personas piensa: “Esta bien, bueno, los muchachos aprenden acerca de la democracia leyendo la Constitución y hablando de cómo fue desarrollada, y así sucesivamente”. Sí, es muy genial saber estas cosas. Pero mientras las aprenden, la mayoría de los muchachos, durante sus 12 años de escuela, no toma ni  una decisión inspirados en la democracia. A la mayoría de los niños, o no se les permite, o no creen tener derecho a tomar decisiones acerca de nada significativo durante los años que están en la escuela. Así que, para mí, si estamos tratando de enseñarles a los niños la importancia de la democracia y de ser buenos ciudadanos, y acerca de votar y de todo lo que eso trae consigo, realmente deberíamos darles a los muchachos las oportunidades de tomar verdaderas decisiones y de asumir una responsabilidad real por lo que está sucediendo a su alrededor. De hecho deberían estar votando, no solo hablando al respecto.

 

El acto de ser un maestro, es el acto de tomar las metas que he descrito y entonces usar tus habilidades y tu amor por los niños para descubrir cómo crear el mejor entorno para ayudar a tus estudiantes a alcanzar esas metas. Al mismo tiempo, tienes que recordar que cada niño aborda el aprendizaje de una manera individual y alcanzará esas metas de esa manera individual. Y cada niño llega a ti con su propia carga emocional/personal, con la que tal vez haya que trabajar antes de que él pueda siquiera empezar a aprender lo que estás tratando de enseñarle. El papel del maestro es averiguar cuál es esa manera para cada niño. El enseñar se convierte en descubrir cómo ver y escuchar a cada niño, un niño a la vez, de manera que pueda alcanzar las metas por sí mismo o si misma. Se trata de encontrar la relación adecuada entre el estudiante y el adulto, la relación que funciona bien para ambos. Y, lo más importante de todo, la enseñanza no puede tener lugar en aislamiento. La comunidad y la familia del niño deben ser incluidas de todas las maneras posibles. Los padres son los primeros y más importantes maestros de los estudiantes, y no pueden ni deben ser excluidos de la ecuación de la enseñanza – ni siquiera cuando hay “profesionales” cerca.

 

 

A principios de los setenta, yo estaba insertando a estudiantes de magisterio en escuelas con “clases abiertas”. Estas escuelas estuvieron influenciadas por un fuerte movimiento en los sesenta que proclamaba que, el hacer que los niños realizaran proyectos en pequeños grupos, era una mejor distribución para el aprendizaje que el formato tradicional de conferencias.  Una de mis estudiantes de magisterio, una mujer joven e idealista, se me acercó un día y me dijo: “Esto es genial, Dennis, ¿pero cuándo voy a aprender de verdad cómo enseñar?” Ella estaba parada ahí, en un ambiente de enseñanza sustancioso y emocionante, pero no podía verlo porque no encajaba con su idea de lo que era enseñar, la cual era estar parada frente al aula, mirando a silenciosas filas de rostros, y verter conocimiento en ellos.

 

Enseñar es muchísimo más de lo que siempre pensé que sería.

 

                                               Un asesor de El Met, después de su primer año.

 

Desafortunadamente, para la mayoría de las personas, enseñar es impartir conocimiento. ¿Qué le vas a decir a los estudiantes? ¿En qué te especializas? Pero enseñar en realidad es acerca de sacar lo que ya está en el interior de las personas.

En El Met, hemos redefinido la enseñanza completamente. Hemos incluso cambiado el nombre de “maestro” por el de “asesor” para simbolizar cómo estamos rompiendo los estereotipos que rodean a la profesión. Nuestros maestros no son simplemente aportadores de conocimiento, sino adultos que inspiran a los estudiantes a encontrar sus propios sueños y sus propias maneras de aprender, y que brindan apoyo en el camino. No al ser un conferencista carismático, sino al ser un gran instructor, un modelo a imitar, un motivador, un consejero, y, sí, un maestro. No al mostrarles a los estudiantes donde encontrar el conocimiento en el libro de texto, sino al ayudarlos a encontrar el conocimiento en el mundo real. No al darles las respuestas a los muchachos, sino al hacer con ellos una sesión de reflexión creativa  acerca de cómo resolver los problemas. No al decirles a los estudiantes lo que tienen que leer, sino al dejarlos que escojan sus propios libros, basándose en lo que les interesa. No al hacer que los estudiantes escriban composiciones que cumplan con un determinado grupo de estándares del aula, de la escuela, o del estado, sino al trabajar con ellos de manera personalizada para revisar sus composiciones hasta que ellos se sientan bien con lo que han escrito y que esto cumpla con sus propios estándares. En El Met, los asesores son una parte integral de un entorno que les brinda a los estudiantes la libertad de encontrarse a sí mismos, con el apoyo y la motivación de adultos que los inspiren. Esto, para mí, es exactamente lo que una escuela debe ser.

Cuando contratamos maestros en El Met, lo hacemos de una manera realmente democrática, en la que todos los miembros del personal y algunos estudiantes están involucrados en la toma de decisiones. Nuestros requisitos principales para los nuevos maestros son que amen a los niños y estén comprometidos con ellos, y que sean personas que están aprendiendo siempre. Cuando entrevisto a alguien, me pregunto a mí mismo: “¿es esta una persona que puede ser un modelo a seguir para un niño por su propio entusiasmo por el aprendizaje?” También trato de ver cómo interactúan con los muchachos. ¿Se sienten identificados con ellos y los respetan? Si tengo la oportunidad de observar a los candidatos en un contexto docente, me interesa más en donde tienen puesta su atención que en lo buena que sea la clase: ¿Están más interesados en el contenido o en el sonido de sus propias voces que en los muchachos que están sentados justo en frente de ellos? 

 

Tenemos muchas personas que pueden enseñar lo que saben, pero muy pocas que pueden enseñar su propia capacidad para aprender.

 

Joseph Hart

 

Cuando un maestro ama a los muchachos, se entusiasma con el acto de enseñar, y él mismo o ella misma es un o una aprendiz, entonces es cuando sucede la mejor enseñanza – tanto si es en su “especialidad” como si no. Una vez tuve un maestro que impartió una clase sobre la Biblia, no como obra  religiosa sino como parte de la literatura, y ella nunca la había estudiado de verdad antes. Ella después me dijo que, durante esa clase, fue la mejor maestra que alguna vez había sido, porque estaba al mismo nivel que sus estudiantes – lo estaba experimentando todo por primera vez junto con ellos. Esto quiere decir que no estaba diciendo cosas como: “Miren a las metáforas aquí y compárenlas” sino que de hecho estaba haciendo preguntas de las que ella misma no sabía la respuestas, como: “¿Qué pensamos de este pasaje en comparación con este otro?” Fue muy emocionante para ella y muy estimulante para sus estudiantes.

En otra ocasión, tuve un maestro de economía doméstica que tuvo que enseñar matemáticas a un pequeño grupo de estudiantes que tenían dificultades. Ella misma no era muy buena en matemáticas. Algunos podrían decir: “Ay, no, eso nunca funcionará”, pero fue uno de sus momentos más brillantes como maestra. Yo la veía sentarse con aquellas seis niñas, y estaban tratando de resolver aquellos problemas juntas. Ella se sentía cómoda con que los estudiantes supieran que ella no lo sabía todo. Se sentía cómoda con la idea de que estaba allí no solo como respondedora de preguntas, sino como un modelo a seguir que podía mostrarles a las muchachas cómo encontrar las respuestas. Ella no les gritaba a causa del por qué no entendían; no se impacientó con sus faltas de conocimiento. Ella de verdad pasó por la experiencia del aprendizaje con ellas. Y juntas la experimentaron.  

Esto no quiere decir que los maestros no deban dominar el contenido. Mientras más conocimiento tengas, más fácil puede ser aprender más porque sabes qué preguntar. Pero creo que el conocimiento también puede interferir a veces. Es fantástico que los maestros tengan un conocimiento exhaustivo de una determinada área, mientras que no se limiten a simplemente transmitirlo. Tienen que utilizar ese profundo entendimiento para ayudar a sus estudiantes a descubrir el aprendizaje por sí mismos. El enseñar y el aprender tratan con la solución de problemas. La educación es el proceso mediante el cual se sitúan a maestros y estudiantes en el mejor entorno posible para que hagan eso juntos. Y el mejor entorno posible es aquel en el que las personas se sienten seguras, apoyadas, y respetadas, y donde los niños y los adultos son entusiastas y apasionados del aprendizaje.

 

REGUNTAS PARA CONTINUAR ESTA CONVERSACIÓN…….

 

 

1.    ¿Cuáles son tus “verdaderas metas de la educación”?

 

2.    ¿Cómo definirías las diferencias entre “el aprendizaje” y “el conocimiento”?

 

3.    ¿Cuál es tu reacción ante la afirmación de Dewey de que “la educación no es una preparación para la vida; la educación es la vida misma”?

 

4.    ¿Estás de acuerdo con que el aprender es algo personal? Si es así, ¿cómo harías para explicarle ese concepto a alguien que puede no estar tan convencido?

 

5.    ¿De qué manera aprendes mejor? ¿Cómo harías para enseñar tu “propia capacidad para aprender”?

 

6.    ¿Cómo luces y cómo te sientes tú cuando estas aprendiendo de verdad?

 

 


This is an excerpt from a book by Dennis Litty with Samantha Grabelle

published in English in 2004 by ASCD.org


Translated by Mario J. Llorente Leyva


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