Sri Nisargadatta Maharaj. Vida y mensaje.

publicado a la‎(s)‎ 20 jul. 2014 4:43 por Ricardo Cob   [ actualizado el 24 jul. 2015 12:24 ]


José Manuel Martínez Sánchez  
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Usted es completo aquí y ahora, usted no necesita absolutamente nada. 

Sri Nisargadatta Maharaj

(“Yo soy Eso”.)

 

Vida 

Hablar de la personalidad y biografía de Nisargadatta, teniendo en cuenta las palabras que nos legó en sus charlas con los numerosos visitantes que buscaban su presencia, sería una especie de contradicción en cuanto a lo que él mismo quiso transmitir repetidamente. “Yo soy innacido”, solía decir.

Sin embargo, si tenemos que enmarcarlo como un cuerpo que vivió en este planeta durante un período de tiempo de la historia, hemos de decir que nació en Bombay en marzo de 1897, con el nombre de Maruti Shivrampant Kampli, y murió a los 84 años de edad, el 8 de septiembre de 1981. Desde su adolescencia tuvo una vida sencilla, fue a la escuela y ayudaba a su padre en labores de labranza y en su granja. Al morir su padre, en 1915, el joven Maruti estableció un negocio de bidis (cigarrillos liados a mano). Él negocio resultó próspero rápidamente y abrió varias tiendas más. Se casó en 1924 y tuvo cuatro hijos. En su familia siempre hubo una tradición ritualista y religiosa que influyó a Maruti desde niño. Llevaba la vida normal de un hombre de negocios, sin embargo existía en él una profunda búsqueda interna por el conocimiento de su verdadera identidad. Y el primer gran cambio espiritual que tuvo lugar en su vida fue al conocer a su gurú, Sri Siddharameshwar Maharaj, de la rama Navnath Sampradaya (la tradición de los Nueve Maestros), una tradición de maestros que han formulado de manera clara y concisa el advaita vedanta. Apenas un mantra sirvió para que Sri Nisargadatta Maharaj, comprendiera su naturaleza real. Nisargadatta significa, literalmente en sánscrito, “naturaleza verdadera”. El mantra que su maestro le dio fue: “Tú eres el Parabrahman”. Y posiblemente toda la enseñanza de Nisargadatta puede resumirse en este mantra. En ese momento Maharaj comprendió, sin ningún género de dudas, quién era él.

Se dice que Nisargadatta, tras largas horas de meditación, entró en mahasamadhi en 1936, abandonando al año siguiente a su familia para llevar una vida de peregrinación y renuncia. Pero pronto comprendió que no era necesaria una vida de renuncia y volvió a Bombay para continuar su vida cotidiana en su tienda de cigarrillos. Fue en esa tienda donde comenzaron a llegar personas interesadas en sus palabras, ya que hablaba con mucha claridad y rotunda sencillez sobre el conocimiento último del Ser.

En 1973 Maurice Frydman tradujo alrededor de un centenar de charlas  de Nisargadatta y las publicó en un libro titulado “Yo soy Eso”, que dio a conocer mundialmente sus enseñanzas. Se han publicado numerosos libros que recogen las palabras de Maharaj en forma de diálogos con distintos interlocutores. En todos ellos la esencia de sus enseñanzas es la misma. Algunos de estos libros son: “Semillas de conciencia”, “La experiencia de la nada”, “Ser”, “La medicina suprema”, “La conciencia y lo absoluto”, “Antes de la conciencia”, “Yo no sabía”, “Yo soy innacido”… También cabe señalar el libro “El buscador es lo buscado”, donde un famoso discípulo suyo, Ramesh Balsekar, recoge las enseñanzas últimas de Nisargadatta y trata de sintetizar en un apéndice al texto la enseñanza de Maharaj.

Posiblemente en el siglo XX, junto con Ramana Maharshi, nadie haya expresado en la India, con tanta elocuencia y claridad, el mensaje del advaita vedanta, que es, en definitiva, el mensaje que apunta a lo que verdaderamente somos, es decir, a nuestra naturaleza real.

Mensaje

El mensaje de Nisargadatta es claro, conciso, directo, sincero… Lo expresa sin adornos, tal y como es. Por eso, como un cristal, muestra tan transparente la esencia misma. 

Comencemos por comentar el mantra que le dio a Nisargadatta su maestro. Maharaj repetía que ese mantra le hizo comprender y que era una llave directa a la verdad. Durante su búsqueda permaneció indagando en ese mantra, hasta que logró discernir toda la comprensión que contiene. “Yo soy el Parabrahman”, repitió una y otra vez Maharaj. ¿Qué significa “Parabrahman”? Para entenderlo hemos de comenzar dividiendo esta palabra compuesta en sus dos palabras que la forman. Una es Brahman. Que significa mundo, creación, Dios. La otra es “Para”, que en sánscrito significa “más allá”. Por tanto, lo que Siddharameswar le dijo fue: Tú eres más allá del Brahman. Del mundo, de Dios, de la Creación. De todo lo imaginable, de toda ilusión o lenguaje, de toda forma o nombre, de toda realidad identificable. Lo que tú eres, en definitiva, le dijo, no se puede nombrar, ni concebir, ni tocar. Pero, como el advaita postula, por medio del método del neti, neti (ni esto, ni aquello), la llave nos indica lo que somos viendo lo que no somos, por eliminación. Y lo queda, lo Absoluto, es el Ser. Ponerle un nombre, llamarlo Lo Absoluto, por ejemplo, es también, perderlo, limitarlo, querer objetivarlo. Algo que resulta claramente imposible. 

El advaita vedanta resulta sumamente sencillo y a la vez sumamente complejo si tomamos como único medio el lenguaje, ya que éste apunta a la esencia, pero no es la esencia misma. Nunca el lenguaje podrá captar lo que está más allá de él. Hemos de atender al lenguaje como un medio que deja un perfume, si nos quedamos en las palabras perderemos siempre el olor de lo real. 

Nisargadatta muchas veces explicaba la creación y el cuerpo como una combinación ilusoria (maya) de los cinco elementos (fuego, tierra, agua, aire y éter) y de los gunas; y de este modo daba a entender –como señala también la Bhagavad Gita y el Vedanta, que uno no hace nada, sino que son los cinco elementos los que, según su combinación, crean los diversos cuerpos, pensamientos, acciones, etc. A diferencia del Shankya y la dualidad materia (prakriti) y espíritu (purusha), en Nisargadatta no encontramos una creencia en la realidad permanente de este fenómeno, sino que era considerado como una explicación de la manifestación que, en última instancia, es de carácter ilusorio y se desvanece en el estado de conciencia no dual o del parabrahman. 

Como en Ramana Maharshi, Shankara, la Mandukya Upanishad y los comentarios de Gaudapada; Nisargadatta hablaba a menudo de los tres estados: vigilia, sueño con sueños y sueño profundo. Y del cuarto estado o Turiya, más allá de los tres estados ordinarios. Este concepto no es fácil de entender ya que se refiere a un estado de conciencia, podemos decir de testigo, capaz de ver los tres estados ordinarios. Un estado de conciencia que sólo el jñani (conocedor) es capaz de ver y que le permite asentarse en la comprensión completa. Pero el jñani va más allá incluso de la identificación con ese estado o con cualquiera de la conciencia, y establece su comprensión, su ser, en un estado sin estado, trascendiendo toda conceptualización, y toda forma de tiempo o de espacio. Algunos sabios hablan de tal conciencia como Turiyatita (más allá del cuarto estado), pero, insistimos, es volver a ponerle un nombre, una categoría, a algo que va más allá de esto. De esta forma podemos recordar también el título del libro de Nisargadatta antes mencionado, “Yo soy Eso”, donde el pronombre demostrativo  “Eso” hace referencia, de alguna manera, a algo indeterminado, que no se nombra, sino que se indica. 

Para entender, por tanto, la naturaleza del jñani, y de este modo describir la realidad desde la que Nisargadatta habla, hemos de hacer de nuevo referencia a las gunas. Guna significa “cualidad”, designa cualidades de la naturaleza. Guna-satva es la cualidad de pureza, guna-rajas de actividad y guna-tamas de inercia. Estas gunas constityen en el individuo un carácter, que está modificado por su propia constitución (doshas), el ambiente, la alimentación, etc. Todo lo que está constituido por estos diferentes atributos se le llama “saguna” (con atributos), y a lo que está libre de ellos “nirguna”. La naturaleza del jñani es, por tanto, “nirguna”, sin atributos. Aquí se enmarca la visión no dual, la visión de Maharaj, la libertad esencial de la comprensión de lo absoluto. Y esa es nuestra verdadera naturaleza, puesto que el jñani es, ni más ni menos, que el testimonio de nuestra naturaleza esencial. Habla de lo que somos, y, precisamente por la ignorancia, por la idea del ego (ahamkara), el apego al cuerpo… hemos olvidado. 

Podríamos extendernos con infinitas explicaciones teóricas sobre las concisas apreciaciones antes descritas, pero considero más interesante dar vida a algunas de las palabras –a mi entender- más esenciales de Nisargadatta e ir desgranándolas y comentándolas paso a paso, y aclarando cualquier apreciación conceptual si lo que requiere. 

Comenzamos así, con una idea que Mahraj repitió a menudo y que es sustancial en su mensaje: 

Todo lo que hay que comprender está aquí, es Uno. Ese estado en el cual usted estaba antes de adquirir el conocimiento “Yo soy” es el estado real. (“Semillas de conciencia”.) 

Cuando a menudo Maharaj hablaba de Eseidad, se refería a ese estado que había antes del conocimiento “Yo soy”. Esta idea es fundamental para entender sus palabras. Cuando sabe que es ya ha entrado el conocimiento o la identificación del ser, por lo que ese reconocimiento ya es posterior a la verdadera naturaleza de uno, ya que carece de toda identificación. En el momento en que aparece el conocimiento se da un proceso cognitivo que supone un conocedor, un conocimiento (cognición) y lo conocido. Objetos, en definitiva, división, dualidad. Antes del conocimiento “Yo soy” no hay nada de eso.

Por esta razón, y para tratar de ver ese estado, Maharaj se refería al estado de sueño profundo: 

Si está en el sueño profundo, ¿qué experimenta usted? (“Yo no sabía”.) 

En tal estado no hay experiencia, no hay ningún ‘yo’ ni conciencia de ser. Haciendo referencia a ese estado sin estado nos vemos antes de ser, en nuestra naturaleza real: 

En el sueño profundo ya no hay ser, ya no hay “yo soy”. (“Yo no sabía”.) 

Al igual que Ramana Maharshi usaba el método de la indagación mediante la pregunta ¿Quién soy yo? Para ir a la búsqueda de la naturaleza real, Maharaj, como el propio Ramana, Sri Ranjit y otros jñanis, recurrían a mirarse antes de Ser, para ir a la esencia misma que elimina cualquier mota de intrusión mental o lingüística. Ya que para vernos antes de Ser la indagación requiere abandonar todo intento de búsqueda y cualquier acción mental, solo requiere mirar aquello que estaba antes de que, por decirlo así, alguien mirara. Y donde ni siquiera hay un “alguien” mirando “algo”. 

Como vemos las palabras de Maharaj son directas, desmontan cualquier construcción mental, doctrina, creencia, deseo espiritual. Por eso no fueron muchos los que verdaderamente escucharon su mensaje, pues era necesario que no hubiera un ego buscando algo, ni siquiera la satisfacción espiritual de encontrar al Ser. Es un camino de abandono radical de toda idea de búsqueda o encuentro. Una renuncia espiritual que no puede tener un fin, una recompensa; puesto que no hay nadie para eso. Ningún buscador podría llegar a Maharaj para obtener algo, él estaba para quitarlo todo, esa era su función, su misión comprensora. Algo que recuerda al famoso mensaje de Jesucristo: “Déjalo todo y sígueme”. Supone el único medio donde no se interponga un ego; porque desde el ego lo absoluto siempre quedará pequeño, reducido a las expectativas personales y limitantes. Es ahí donde el amor entra en juego en el buscador, como entrega y confianza, como abandono de sí mismo (o lo que cree que es) en entrega sincera a lo que siente que es, más allá de sí mismo, más allá del cuerpo y la mente. El gurú te vacía por dentro para ser llenado (como dice el Tao), te indica el camino pero requiere del esfuerzo intenso del practicante para abrirse, sin miedos o prejuicios, a la realidad, sin nada que perder y sin nada que ganar: 

El amor es la cualidad de ser. La Eseidad es amor. Solamente cuando esta Yo-soy-dad aparece, se hace presente el amor. (“Semillas de conciencia”.) 

En este camino de renuncia, donde sólo así el amor brilla como el ser, la mente y cualquier intento de comprensión ha de ser abandonado si de verdad queremos comprender algo y no perdernos en los laberintos mentales. De hecho, la comprensión misma es una gracia, la gracia del gurú, y todo esfuerzo por obtenerla resulta vano. Es un regalo que se nos da. Y esto sirve para recoger otra apreciación fundamental para Maharaj y el advaita vedanta, y es la idea de que no hay hacedor: 

La consciencia actúa como una totalidad, no hay ningún hacedor. Nos vemos a nosotros mismos como hacedores y por tanto queremos ser sus testigos, lo cual es imposible. (“Semillas de conciencia”.) 

Conclusión 

El mensaje de Nisargadatta Maharaj revela con fidelidad y transparencia una verdad realizada que sólo puede ser mostrada como lo hizo desde una comprensión innata. Innata en el sentido de que estaba totalmente presente y viva, actualizada a cada instante, expresada con lucidez en cada palabra. Y es por esto que fue fiel reflejo, viva voz, de la esencia misma que somos. Es la función del maestro la de aproximarnos a una verdad que, en última instancia, solamente puede verse, hallarse, dentro de uno mismo, pues se trata de ver lo que somos, y nadie puede hacer eso por nosotros. Y eso es algo que Maharaj siempre remarcó; esto es, el hecho fundamental de que uno mismo es su propio maestro: 

Su propio ser es su maestro definitivo (sadgurú). El maestro externo (gurú) es simplemente una señal en el camino. Sólo su maestro interno irá con usted hasta la meta, puesto que él es la meta. (“Yo soy Eso”.) 

Y ante esta afirmación cabe añadir que esa meta, ese camino, ese encuentro, ya está presente dentro de uno, siempre está ahí con nosotros. No es, por tanto, una búsqueda, puesto que, leemos también en “Yo soy Eso”: lo que nunca se ha perdido jamás se puede encontrar. […] Detenida la búsqueda, cesa la pérdida. 

Es así como se inicia un camino de retorno, un camino en el que uno se da cuenta de que jamás salió de su hogar, aunque creía que estaba caminando y que tenía que caminar interminablemente hacia él. Sin nada que alcanzar, sin búsqueda que realizar, el encuentro queda plenamente presente en todo momento. Y el jñani permanece en su hogar, el que nunca abandonó. Y todo movimiento se sigue viendo, todo sigue sucediendo como quiera suceder, pero no es él quien se mueve, nada cambia ni modifica esta verdad, y la paz se hace presente, incluso ante el tumulto, el jñani mora siempre en su naturaleza real:

 Ningún acontecer afecta a su ser real —esto es la verdad absoluta. (“Yo soy Eso”.)