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Jñana yoga. El yoga de la sabiduría.

publicado a la‎(s)‎ 15 abr. 2017 8:19 por Ricardo Cob   [ actualizado el 15 abr. 2017 8:32 ]

Una aproximación a la esencia del Vedanta Advaita o No-dualidad.  

José Manuel Martínez Sánchez  


El viaje del conocimiento tiene un camino propio: va hacia dentro. Aquel que está en el mundo, que sale a él necesariamente e interactúa en el mismo, pronto descubre que ese "yo" que dice que es, no es su verdadera identidad, pues sufre y tiene deseos, inclinaciones y aversiones, siente placer con lo que le gusta y rechaza aquello que no le gusta, sintiéndose al final balanceado por las circunstancias, movido por unos hilos que le separan de sí mismo cuando más le repiten que es "esto" o "aquello". Su verdadero ser no es modificado por esos movimientos del yo condicionado, por las circunstancias temporales y personales. Hablamos pues de una identidad real que se asemeja a un Ser Absoluto, espíritu incondicionado o Atman, que llamamos también Brahma (“Ayam Atma Brahma”, “Este Atman es Brahma”, Mandukya Upanisad). Es por Brahma que surgen todos los seres y fenómenos, pero a Brahma no le afectan o condicionan en absoluto salvo en la apariencia o ilusión (maya). Es decir, puede aparentarlo, pero no es la realidad última.

 

El sabio (jñani), sabe que es el Todo

La identificación con el ego forma parte de la mente ilusionada. El jñani se ha liberado de toda dualidad, pues él es el puro Brahma y no queda nada fuera de él, incluso la mente es Brahma y cuando esta mira en esa dirección, la del Ser, queda disuelta en la Consciencia. Quien practica el yoga de la sabiduría, paradójicamente, ya ha abandonado toda práctica, entendida como aquella que es realizada por alguien, pues mora en la conciencia última, aquella que siempre estuvo en él, de que es Eso, sin nombre y sin forma, que se manifiesta en todas las cosas y que es pura conciencia, verdad, dicha y sabiduría. El jñana yogui ha indagado profundamente a través de la pregunta esencial, "¿Quién soy yo?", y ha obtenido la respuesta más obvia y sencilla posible: "Yo soy". Con eso le basta, ¿cómo no le va a bastar si lo incluye todo no añadiendo nada? No es "esto" o "aquello", él "es", simple y sencillamente, y en ese verbo infinito y latente en todo, radica su sabiduría. Yo es Ser, un Ser que incluye y disuelve al Yo limitado. Y también se da cuenta que ese Yo verdaderamente no hace nada, pues forma parte de la identificación, pensar que uno es hacedor de cosas. La naturaleza de la conciencia es espontánea y fluye por sí misma, aunque forme parte de maya o ilusión pensar que es uno mismo que realiza las acciones. Así para el jñani el karma no le afecta, pues no se considera vinculado a las acciones. Éstas no son de nadie, pues no hay identidad que se las apropie en la conciencia no-dual de Brahma, de donde surge la apariencia de "yo", que en el plano ficticio de "maya" sí puede considerarse 'hacedor' de karma.

 

Sujeto y objeto disueltos

El "yo" no se diferencia del "tú", del "él" o del "ello". Ramana Maharshi nos dijo que el estado supremo es la conciencia "yo-yo", en lugar de "yo-tú", y que se manifiesta en el silencio. El silencio es libre de toda dualidad, es el espacio puro del ser que le permite morar en su misterio indecible y sagrado. El sujeto queda también disuelto respecto del objeto, y viceversa. Todo es un mismo Ser. A ello se le llama Unidad o No-dualidad, ya que no hay dos, se disuelve la idea de separación. Aquel que es, es presencia libre no condicionada a una identificación restrictiva con las cosas. Conocedor, acto de conocer y cosa conocida se unifican en una sola visión indiferenciada. La única identificación posible del individuo es con  Atman-Brahma. El resto de identificaciones pertenecen a maya. Recordemos la  máxima de Shankara: Sólo Brahma es real. El mundo es irreal. El individuo no es otro sino Brahma”.

 

¿Quién soy yo?

Esta pregunta, cuando es formulada sinceramente, parte como una flecha directa al centro del ser. Algo se busca a sí mismo, la energía vital toma consciencia de su movimiento, y esto sucede por medio de la atención. Puede que la mente busque respuestas y quiere identificarse, tener una identidad: ese es el instinto de la mente, dar nombre y forma y creer que es eso circunstancial que elabora. Sin embargo, el sabio va más allá de la mente, la observa a ella, su fluir, su ir y venir, sin apegarse. Logra trascender la mente y pone su atención en el océano silente de la consciencia. Es así la pura consciencia que no se identifica con nada y lo es todo con ello. Su atención, su tomar consciencia, este darse cuenta es todo cuanto necesita pues es aquello que sucede espontáneo y real. Lo real acontece sin más. El ser real es aquello que el jñana yogui realiza, es aquello que descubre que es. La dicha que procede de la conciencia de ser es ananda, la verdadera felicidad de aquel cuya identidad ha desaparecido y pertenece a todo y a nada, al puro Brahma manifiesto en todas las cosas. Y más allá de lo manifiesto: al Brahma latente, no manifiesto y causa sin causa de todo lo manifestado. Aun así Brahma nada tiene que ver con la ley de la causalidad, afirmaba Sankara. Pues lo Absoluto, carece de atributos (nirguna), de opuestos o de causas. “Atma nunca deviene manifestado, aunque es el principio esencial y transcendente de la manifestación en todos sus modos” (Réne Guenón). Brahma, que es Atma, no es esto ni aquello (neti, neti). No se puede definir en modo alguno, ni siquiera concebir. El conocedor, jñani, advierte que Brahma no se puede conocer. Brahma es más allá del conocimiento. “El último punto de vista es que no hay nada que comprender”, afirmó Nisargadatta. Lo que queda es, pues, Parabrahman. Más allá de Brahma. Más allá de cualquier identificación o limitación de espacio-tiempo. Sin tiempo ni espacio, ni forma, ni atributos o cualidades; sin causa ni efecto; sin nombres… Ahí apunta todo. Y nada más puede decirse entonces.


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