Séptimo festejo. Madrid. Plaza de toros de Las Ventas, 16 de mayo de 2012.
Toros de El Montecillo para El Cid, César Jiménez e Iván Fandiño.
Corrida extraordinaria de la Prensa, fuera de abono.

¡Preparad el camino al Señor!

Por Paz Domingo
En negocio taurino está pendiente del día D. El día del negocio, se entiende, porque parece ser que hoy será el único momento que las hadas taurinas abrirán las puertas del cielo y de la caja de caudales. Viene la figura del momento dispuesta a hacer justificable esta estafa mayúscula en que se ha convertido la fiesta de los toros, que ni es fiesta ni tiene toros. Es decir, exactamente lo que vimos en la corrida llamada extraordinaria y centenaria que presuntamente organiza la Asociación de la Prensa de Madrid, en la que nos ahogamos en el mayor de los aburrimientos por enésima vez consecutiva y nos regalaron sopas con ondas descastadas, soporíferas y desesperantes. Pues nada, a esperar el advenimiento divino, que mucho es de temer, ya que en este corralito apocalíptico está más cerca el fin del mundo que el milagro purificador y muy lejos aún de los mensajes de los profetas: ¡Preparad el camino al Señor!

Señor, Señor, ¡qué toros!; ¡qué toreros!; ¡qué infierno! Si es por toros, salieron por los chiqueros animales de hechuras mitológicas, tocados con suculentos armazones desnaturalizados en platanitos alargados, estéticamente curvados, con las cicatrices de enfundamientos y pintados como banderas tricolores. Manseaban más o menos, pero manseaban frenéticamente en la movilidad que se demanda, de la dejarse pegar cuantos mantazos vengan al caso. Tenían complicación, pero como el problema no sea acompañar a la ansiada embestida de tontas entrañas de mamíferos borregos, pues es un verdadero problema.

En Madrid, ya ni se protesta, circunstancia perfectamente entendible. Si lo haces eres mala persona, un indeseable que no entiendes los planes de futuro para reivindicar las maravillas de las maravillas. Si no, pues a sufrir martirio para futuras santidades. Pero, quién va a levantar la mano un día como éste en el que la mayoría va a los toros un día al año para rentabilizar alguna conversación que le pueda surgir. Pues, que quieren orejas, pues nada una para salvar la situación, como la que le regalaron a Fandiño, que tuvo disposición, mató con algunos defectos y, sin embargo, no se acopló en ningún momento, no llevaba la embestida complicada del animal voluminoso. Y, quizá, en esta cuestión esté lo más difícil de entender. Es el matador de toros con una técnica arrojada, impecable, perfecta. Torea con mucha dignidad y profesión lo más duro del campo bravo. Pero también siente Fandiño que la barrera de la excelsitud es infranqueable. Por tanto, los excesos en el triunfo del diestro quedaron compensados para los aficionados.

Manuel Jesús, El Cid, torero de otra época, está ahora mismo en transición a no se sabe dónde, como la fiesta misma. Le tocó lo más masurrón de los corrales, pero su dejadez se parece mucho a la mayoría de los cronistas de nos atrevemos a poner en solfa la decrepitud de las maravillas taurómacas (como bien puede ser mi caso), es decir, que nos hemos contagiado de tanta monotonía y no nos entran las ganas ni con advenimientos divinos. Y respecto a César Jiménez poco se puede decir salvo que le tocó lo más toreable del insustancial encierro, y le dio por ponerse figurín, gesticulero, a las afueras del círculo concéntrico, retorciendo el talle como si estuviera en un gimnasio, metiendo riñones en el increíble acompañamiento borreguil.

Dicen que la ganadería titular es la nueva aventura de Paco Medina, aquel ganadero que se colocó en los cuerpos de la luna tras el éxito obtenido, en tiempo récord, con el hierro de El Ventorrillo, y que vendió muy bien vendido en la época de los pelotazos urbanísticos. Pues, que sea para bien, que es lo que se dice. Para bien propio, queremos decir, porque el resto de la humanidad andamos en el hartazgo.

¡Señor, ¡Señor! Te suplicamos, Señor que esta caída al infierno en llamas nos pilles confesados, libéranos de nuestras miserias. No nos desampares.
Comments