Cuarto festejo. Feria de San Isidro 2012.
Madrid. Plaza de toros de Las Ventas, 13 de mayo de 2012. 
Dos toros de Vellosino -ganadería anunciada- (2º y 4º) y cuatro de Valdefresno,
para los diestros Matías Tejela, Miguel Tendero y Juan del Álamo.

Trayectos equivocados

Por Paz Domingo
Cualquier trayecto en el laberinto sin salida es el equivocado, hasta la renuncia que llega al final. Se sigue en la trayectoria oblicua, hasta el punto que los más persistentes en la afición ya abandonan los tendidos. Esto no hay quién lo aguante, hasta el límite que para aquellos que no habían hecho una crítica en toda su experiencia taurina andan quejándose de la insoportable esencia de la realidad taurómaca. No queda ni una brizna de entusiasmo para un análisis medianamente somero de la realidad, hasta para los que intentamos contar este caos con un poco de amor propio. Es decir, que estamos hasta el hartazgo de tanta escandalera, tanto tiempo perdido y tanto engaño. Total, además, hasta parecemos malas personas.

Porque aquí señores anda todo dios equivocado. El ganadero que no logra pasar ni uno de los mamíferos descastados que previamente habían pasado por todas las inspecciones del gremio de los intermediarios de las dehesas; que se empeña en dejar dos gansadas algo así como de punto y aparte y de punto y seguido. El resto de las piezas seleccionadas para completar el entuerto eran de desquiciante equilibrio porque a tres toros de presencia les añadieron una propina patética. ¡Y eso que dicen que anda el campo bravo con excedente ganadero! ¡Será para creérselo!

En esto que irrumpen los hombres de luces que frustraron cualquier solución en la búsqueda de la salida. Matías Tejela tuvo dos intervenciones meritorias (para su propio ego, queremos decir) porque se lió a tirones bruscos en regates forzados y descompasados en las afueras a un noble bobalicón con algún recorrido. Después, en el segundo un aburrimiento soberbio, indescriptible. Lo de Miguel Tendero es hasta absurdo. No tiene provecho, ni formas, ni modales. Al protestadísima componenda vellosina le dio un capote de capea, incapacidad de lidia, desatino para pedir el cambio de tercio sin puyazo en los lomos, mucha vulgaridad increíble y un derrame insoportable después de vaciar un bajonazo en las capacidades vasculares bovinas. Lo del quinto, mayúsculo de inoperancia; el mamífero increíble de mansedumbre y el maestro superior en desatinos. Sacó unas tandas por la derecha Juan del Álamo, al reservón valdefreno -con simulacro de varas incluido- que hicieron crecer alguna esperanza de visión en este país de tuertos. Pero, cuando se recuperaba la vista del personal, el torero salmantino nos metió el dedo en el ojo (léase: el sablazo en el costillar del animal que asomaba más de una cuarta) produciendo tanto dolor que más de uno deseó arrancárselo de cuajo. Con el último de pega bovina -con un poco más de presencia pero en igualdad de condiciones materiales- los mantazos en transversal fueron antológicos.

Como pueden leer, todo genial. Bueno, y eso que nos dejamos para el final las suertes practicadas por los jinetes de la rotundidad trasera, trapacera y traicionera (el tra, tra, tralará); las lidias que hicieron las cuadrillas, inhabilitadas de oficio y beneficio; la inercia del presidente del festejo, Muñoz Infante, al que le faltó un poco de flamenquería porque en un día como este se puede liar a poner multas a discreción; por no hablar del cuerpo de veterinarios titular esta tarde -y al que alguien entendido les afeó su conducta- que pasaron la tarde y echaron la plática animada en el reservado del callejón; y así hasta el empresario que pensó en este desatino; en los responsables que lo autorizan, el los revisteros que lo jalean, en los intelectuales del momento que lo sueñan y lo cobran, en el público que está hasta…

Todo demencial. ¡Hasta más ver!

Dos toros de Vellosino: 2º, protestado de salida, falto de cabeza, trapío y casta, pero sobrado de arreglo; 4º, insulso hasta el aburrimiento insoportable. Cuatro toros de Valdefresno, tres de ellos más presentables y la hermanita que habían metido de rondón. Todos de materia inclasificable, porque el primero tenía algo de nobleza pero más bobo que la vaca que le habría parido.
Todos los matadores ejecutaron la suerte final de manera también indescriptible. No se detalla porque no lo merece.
Comments