Plaza de toros de Las Ventas.

Quinto festejo de la Feria de San Isidro

14 de mayo de 2011

Toros de El Montecillo para los diestros Uceda (que sustituía a Leandro), Iván Fandiño  y Miguel Tendero

 

Cuando interesa sí, cuando interesa no

Por Paz Domingo

Contarles lo que sucede en una corrida de toros, después de haber sorteado todos los inconvenientes en forma de diluvio, es para entretenerles un rato. Lo mejor de todo son las excusas de los responsables que deben tomar la decisión de dar, suspender o aplazar el festejo. Cuando interesa, aseguran que apenas se mojaba el paraguas. Cuando no interesa, insisten en que son tantos los peligros que acechan a los oficiantes que sería una crueldad tan atroz que nos pesaría demasiado en la conciencia por los restos de sus vidas.
 
Hace unos días vimos como en Sevilla se suspendía el festejo de rejones porque “según las previsiones amenazaba lluvia”, a pesar de que al comienzo no caía nada y los nubarrones se iban alejando. Entonces, el director de lidia era Pablo Hermoso de Mendoza y los recuerdos de las heridas tan dramáticas que sufrió uno de sus más emblemáticos caballos, en un día lluvioso, en la plaza de Madrid, era un imponente argumento para no arriesgar, ni nada que se le parezca.

Pero, que sepan los presidentes, toreros, empresarios, delegados gubernativos, y demás autoridades que las gentes no son tontas, y que el remojón tan suculento que se padeció ayer era para denunciarles, por ir contra la salud pública. Llovía de lo lindo, de empaparse a los dos segundos, y a los tres quedarse como una sopa. No tuvieron ni la decencia de inspeccionar el ruedo, porque en este cometido alguno hace el ridículo pisando y haciendo con las zapatillas movimientos bamboleantes a un barrizal. Tampoco, tuvieron la valentía de proponer, y después anunciar por megafonía el aplazamiento del festejo durante unos instantes, sencillamente porque en esta encrucijada arreciaba la tarde y tenía pocas posibilidades de que despejara.

Esperamos al máximo. Entramos desorientados. Nos colocamos como pudimos los aparejos anti chubascos. Allí estaba el toro y Uceda dando pases con elegancia y toreando mejor que en el día de ayer, porque este era el motivo de entrar en la sustitución de Leandro, cogido en Valladolid en día anterior.

Las maldiciones sobrevolaban. Los pensamientos pecaminosos se afianzaban. Las humedades se sentían. Y la gente intentaba sobreponerse, es decir, colocarse encima todo lo que le pudiera amparar. Allí estaba Fandiño muy voluntarioso y tan empapado como los demás, con un traje en que los roces con la sangre del animal se trasformaban en manchas grandiosas. Y seguía diluviando. Los miles y miles de gotas bullían en las lagunas del albero, ahora más radiantes tras encender los focos.

Entre el bosque de montañas multicolores, entre negras espesuras, entre filtraciones vimos un soberbio estoconazo y aguantamos educadamente la vuelta al ruedo lograda por cortar una oreja. Cuando terminaba con la diáfana faena Miguel Tendero el cielo se abrió como en otro momento debió Moisés separar las aguas del Mar Rojo. De golpe salió el sol. Una ráfaga de aires frescos limpió nuestro rostro. Pero, fue para poco más. Lo que vimos fue casi nada.

De salida, seguíamos desorientados igualmente, con un frío en los huesos y con los ánimos desencajados por los muchos intentos codiciosos inexcusables.

 

Sábado, 14 de mayo de 2011

Presidente: Julio Martínez. Asesor: Pedro Herranz Martín. Delegado gubernativo: Don Gonzalo de Villa Parro.

Casi lleno, a pesar del diluvio.

 

Los toros de El Montecillo estuvieron de presentación, normal; de casta, ninguna; de nobleza, la monocorde; de fuerzas escasas; y de pelea en los petos, ninguna.

Uceda Leal: estocada algo caída; lo mismo. Iván Fandiño: estocada (oreja), estocada que se cayó un poco. Miguel Tendero: pinchazo y estocada desprendida; estocada delantera con derrame.

El ruedo quedó anegado durante la lidia de los tres primeros toros. Durante los otros tres quedó embarrado.

 

 

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