Plaza de toros de Las Ventas. Madrid

Primer festejo de la Feria de San Isidro 2011

10 de mayo de 2011

Toros de Valdefresno para Juan Bautista, Matías Tejela y Daniel Luque

 

Barrio Sésamo

Por Paz Domingo

Bien, pues ya estamos dispuestos a solventar la difícil tarea de soportar más de treinta tardes seguidas de (presuntos) toros y de una Feria tan devaluada en los carteles y en su proyección mediática (a pesar de que la propuesta tiene encandilados a todos los mensajeros del reino que hablan de un no va más en el universo taurómaco). Se habla que esta oportunidad torera congrega lo mejor de cada casa. Se dice que es el mejor momento para el arte güeno. Se pondera la belleza de este exclusivo acontecimiento. Se magnifica sus decadencias, transportando la bazofia imperante en todos los ruedos en excelsas pantomimas revestidas de oro puro. ¡Ya lo creo que largan! Pero, lo cierto es que algo tienen que hacer porque ya son muchos los que pretenden vivir de este circo mediático en el que “se juega la vida delante un toro”, no quedando otro remedio que seguir justificando vergonzantemente el despropósito sin exigencia, ni decencia, ni honradez, ni amor a un oficio devaluado, ni ajustado al precio de la demanda, sin ápice de romanticismo, ni tan siquiera de amor propio.

Quise siempre vivir en pueblo, o como mucho en una corrala de vecinos. Imaginaba el mundo cotidiano, secreto, confidente, amistoso, entrañable, amparador en sus estrechas paredes. Y ahora que lo tengo delante –taurinamente hablando, por supuesto- pues estoy desencantada. Ni tan siquiera se aprendió nada del referente de toda una generación como fue Barrio Sésamo. Allí, al menos tenían claro la vida por dentro, los valores auténticos, las clases magistrales, los comportamientos adecuados, las lecciones básicas. Recuerdan. Hoy, mañana. Dentro, fuera. Aquí, allí. Arriba, abajo. Bueno, malo. Caro, barato. Manso, bravo.

Grandes significados, antagonismos imprescindibles para un festejo que abrió feria –y para los que vendrán- acreditando esta campaña de fervor taurino que trastoca el mundo que es propio y único, que evoluciona al disparate de la contradicción. Circunstancia ésta de la negación muy demandada para quedar como Dios, porque como demonio no entra dentro de los planes.

Los toros de Valdefresno -llamados frailes por absorción homónima de sus criadores- decían (mugían) aquí, al refugio de las tablas, que no a peleas de terrenos sustanciales a su hipotético carácter, dejando su condición de docilidad en descatamiento, la mansedumbre –que es casta mala, pero casta- con la idiocia del ganado vacuno encumbrado en bravo. Verdaderamente, estos frailes son de la misma familia desde hace varios años en sus actuaciones venteñas. Nada ha cambiado, nada han aprendido, nada han aportado, embrollando mucho más los discursos de los tristes voceros cuando repican que son mansos y en realidad son certificados de la bobería más alucinante. Además, hay que añadir que se caían y que sus cornamentas recordaban a tocados en la intimidad de las dehesas. Otro argumento más de hoy en día: “Nunca se ha criado con tanto mimo al toro”, afirman los que entienden. Pues menos mal que saben, porque estos mastólogos están dando lecciones al mundo de la técnica de las parihuelas con resultados espeluznantemente aberrantes.
 

“Empezamos bien, el toro por los suelos”, gritaban los que pagaron entrada, y los maestros empeñados en ponerse bonitos con tan vacía materia. Buscaban los diestros terrenos centrales, y los mamíferos bovinos los periféricos. Y tan empeñados unos y otros estaban que evidenciaron su desconocimiento en lecciones divulgativas básicas del mítico Sesame Street. Ya saben: aquí, allí. Blanco, negro. Corto, largo. Bueno, horripilante. Entre desesperante y muy desesperante.

Juan Bautista desaprovechó hasta los recorridos agónicos del animal primero, movimientos sin pausa que tuvo su condición inválida y descastada, aquellos de pin pan, y otra, y que se repitió en todos sus hermanos se sangre y ruedo. Sin emoción sin astucia, ni uno ni otro, Bautista alargó la faena hasta el paroxismo del aburrimiento ponderado. De la derecha la izquierda, de los medios a los tercios, de la suerte suprema al descabello con pinchazo escasamente hondo. Nada había para enterarse, ni antes ni después. Hizo lo mismo en su segunda intervención, a pesar que fue el único toro que se dejó endilgar algunos mantazos retirado de las querencias.

Matías Tejela puso mucho disimulo en su fastuosa lucha contra los imponderables mansos, pero, ¿a quién se le ocurre intentar el toreo de tanda, de brazo extensor, de todo para fuera, de igual a igual? Pues, a todo el mundo taurómaco que se juega la vida cada tarde. No hay más recursos, más conocimientos de terrenos, ni buenas maneras. Así, estuvo Tejela. Y si bien se piensa no creo que el matador esté por la labor de poner en práctica otras soluciones, ya que por estas mismas están cortando rabos por plazas tercermundistas. Salió de su primera faena con aprobación de muchos, y de la segunda como un coloso, ejecutando el toreo del paso atrás, levantar muro, posturas respingonas, mucho pico, estridente parafernalia, y mentiras ensalzadas con prepotentes gestos que recuerdan a gladiadores de circo barato. Pero, ya les digo, al revés. Nada aquí, todo allí. Nada dentro, todo fuera.

Saber torear, es un arte. Saber matar a un toro una obligación. Máxima, que si me permite Daniel Luque, alguien debe enseñarle a este joven matador con necesitada urgencia. Es muy triste su pretensión dominadora, como también lo es su reclamo como figura, o su ninguna habilidad lidiadora. Los animales que le tocaron en suerte iban y venían a sus anchas. Nadie les mandó. Nadie les dio la mínima oportunidad de una muerte digna. Aunque, tampoco la merecían, si es que esta posibilidad se puede alcanzar.

Cómo me recuerda todo esto a Barrio Sésamo. A Epi. A Blas. A Paco Pico. A Coco. Al monstruo de las galletas. Aquí. Allí. Una corrala de vecinos en el que todos quieren vivir en el principal y se pelean por los áticos. Así nos va.

 

Toros de Valdefresno, de presentación correcta, pero descastados, mansos, de embestidas tontorronas y sin ninguna transmisión, y con pitones que hacen sospechar de enfundamientos en la intimidad de la finca.

El primer toro blando, inválido, perdió las manos en ambos puyazos. Arreciaron las protestas, pero no se devolvió. Segundo ídem, que se le picó a la carioca, con un segundo desencuentro fatídico que fue a caer en el riñón, y que dejó mansedumbre a rabiar. Tercer toro, igual, descastado. El cuarto soso, flojo, con poco más de nobleza tontorrona, pero en la misma línea. El quinto lo mismo, le dieron simulación de la suerte de varas y cayó al suelo, para luego desarrollar una embestida tontorrona. El sexto, más de lo mismo.

 

Juan Bautista: Pinchazo, bajonazo atravesado, aviso (silencio); Pinchazo hondo y descabello en diez, por lo menos (silencio).

Matías Tejela: Estocada tendida (silencio); estocada caída con rueda escandalosa peones –aviso-, petición de oreja que no se concedió. Saludó desde los medios.

Daniel Luque: estocada caída y trasera, rueda de peones, saludos desde el tercio  por su cuenta que provocó rueda división de opiniones; bajonazo y silencio.

 

Las Ventas. Madrid. 10 de mayo de 2011

Presidente del festejo: Julio Martínez.

Casi lleno.

Notas a destacar en la tarde.

Mucho calor.

Buena intervención del picador Benito Quinta, de cuadrilla de Daniel Luque. También hay que destacar el buen par de banderillas de José Manuel Zamorano, de la cuadrilla de Matías Tejela, y la poca astucia de la cuadrilla de Luque que arrojaron al tercer toro contra el burladero, provocándole un golpe en el testuz de consideración. Para evitar estos acontecimientos bastaría con ser un poco más valiente y poner alguna multa de vez en cuando.

El presidente Julio Martínez anduvo entre la cal y la arena. Perdonó muchos avisos en las faenas alargadas, aliviando así las estrecheces de los matadores que emplearon mucho tiempo en colocar a los toros en la suerte y en propinársela después. Recibió un reconocimiento encontrado. Los que querían la orejita para Tejela se acordaron de su madre. Los que no querían este bochorno confían un poco más en algún giro de muñeca que les haga más considerados con el futuro.

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