Las Ventas, Madrid. 18 de mayo de 2011.

Feria de San Isidro. Noveno festejo.

Toros de Núñez del Cuvillo y Ortigao Costa para El Juli, Sebastian Castella y José Mari Manzanares.

 

Viaje organizado al Caribe

Por Paz Domingo

La brisa del Caribe ya la estaban haciendo soplar desde hace algún tiempo. El prodigio resultó. Los pulmones se inflaron en los últimos instantes. El sucedido previsto se materializó. El paraíso de la Riviera del Manzanares lo han vendido como el destino fabuloso de lujo, de playas de arena blanca, de suites con dimensiones colosales en múltiples alturas, con acceso directo a las aguas cálidas, con atardeceres hipnóticos, con compañías hermosas, con mojitos de hielo picado, con tumbonas recubiertas de seda, con piel morena, con triquini de firma, con ritmo sabrosón, con cuerpo mojado, con salsa contorneada. Una maquinaría turística de diseño, de campaña online, de fantástico alborozo estético que ha cumplido con éxito la primera fase y gesta el pelotazo rotundo de las otras dos que se avecinan.

No se entiende a qué viene tanta apuesta por esta oferta, aunque se comprende menos que la rentabilidad de la campaña la hayan confiado a una mercadotecnia basada en argumentos tales como los guapos subidos. Se adivina que los ideólogos taurinos están caninos –como se dice por ahí- y han encontrado la fórmula del bálsamo de Fierabrás, conformando la Riviera del Manzanares como el destino soñado.
 

El viaje reparador es un todo incluido. Vuelos, traslados individuales, los mejores hoteles en categoría de súper lujo, seguros, posibilidad de combinar fechas y programaciones, fiestas nocturnas, descuentos en las tiendas del resort, reservas en todos los restaurantes de especialidades mundiales, así como consumiciones gratis en los chiringuitos más chic y mejor surtidos.

En estas costas taurómacas de secano rifaron este fabuloso viaje al Caribe. A la mayoría de la clase turística les complació, que con la boca abierta decían abobados ¡qué bonito! Al resto, que ya ha tocado la fina arena entre sus dedos, que ha besado en los ocasos refulgentes de pasión arrebatadora, que ha admirado la belleza desnuda, tuvo a bien asegurar que esta plataforma caribeña no es lo que dicen que es. Ni de lejos.

Dichos escépticos, convertidos en malditos por esta clase media de parafernalia entregada, tienen claro que funcionaron muchas cosas para que esta oferta simulada del todo incluido explosionara. El ganadero de Núñez del Cuvillo, que tiene muchos intereses en este negocio, especuló con las condiciones estipuladas, acusando fingimiento de dolor de corazón, proclamando incumplimiento de contrato, y se descolgó con toritos inermes, desarmados de esencia, desamparados, indefensos y tan poco resultones que casi nadie cuestionó que era garrafón del malo. El primero que tapó la doblez fue el jefe de protocolo de la campaña, que muy suyo él en su fórmula mágica, acudió a las medidas rápidas y efectivas. Este responsable es director ejecutivo, que no cualquier cosa, de los que no admiten preguntas en ruedas de prensa, ni desautorizaciones de los compañeros en estas dirigentes lides.
 
Dentro del fiasco ganadero, remendado con parches de comedia barata, había tres paquetitos envueltos en papel celofán para regalo de Manzanares (dos) y El Juli (uno). Al tercer diestro en el cartel como le vale lo que sea, pues que sea estraza o papel vegetal es lo de menos, siempre hace lo mismo, con el mismo dramatismo, el mismo desconsuelo, el mismo aburrimiento. Antes, le valía porque los presentes que le hacían eran materia a considerar, pero ahora tiene enjundia tanta escenografía con sus dos mamíferos mortecinos (fueron tres en realidad) que acompañó en su aventura falsaria. Con estilismo también: cabello al viento, mirada desafiante, caiditas de párpados, aluvión de trance.
 
Pero volviendo a los hombres de moda. Muchos de aquellos asistentes que acudieron a la presentación de la campaña en el amplio y mediático recibidor convertido en plaza de toros, de los que se asignan clase vip, llaman lidiador a El Juli y colosal torerazo a Manzanares, adjudicando tauromaquias a tan singulares prosopopeyas. El resto del personal que ya sabe de qué va esto no comparte estas aseveraciones. En realidad, Julián López reafirmó su brazo extensor, sus inseguridades incontroladas, sus entregas en las afueras, sus saltitos en los momentos clave, y también dejó un natural más o menos bien realizado. Por esto le dieron cancha y una orejita que casi nadie pidió. Y Manzanares no pudo con el segundo animal, feo de atributos, obeso de contornos, con una flojedad de mención. Resultó que tenía despabilamiento en el fondo de  tanta carne, y el diestro de afamada estirpe, que había salido a la palestra con ganas de comerse a la fiera contrahecha, tomó ventajas tales como retorcimientos, terrenos alejados, muchos huecos que no sabía rellenar, enganchones múltiples, desacoplamiento, colocación de extremidades atrás, pasitos sutiles de rectificación y derivación en sosería. Y todo con mucho empaque pinturero. La estocada delantera con simulacro de encuentro convenció a muchos, que le aplaudieron a rabiar. Pero, Manzanares había logrado lo más temido: convertir en desatención la expectación que tanto esfuerzo había costado realizar.   
 
Había que hacer algo. La maquinaria se puso en marcha. Vino Julián en el cuarto. El presi Julio le regala orejita. Para despistar, a Castella el cambia el toro, igual de inválido que los otros, y tan feo como todos. Sobrero de armas no tomar. Cae la noche. Los nubarrones acechan. El cielo se tapa. Manzanares tiene que romper (el cuadro, se entiende). Los miles de invitados no podrán exhibir un triunfo en sus vidas tan rotundas, tan excitantes, tan pletóricas. El chico guapo de rentabilidad corpórea tiene que ser sí o sí. Como sea. Y como fue, fue. Porque con estas tandas desdibujadas, por fuera, de pasitos atrás, de repetición hilada pero de mando ninguno. Es cierto, que ahora el encuentro para volcarse en la estocada le salió perfecto. Bien, puede valer una oreja, pero la Puerta Grande ya estaba vendida antes de ponerla en el mercado. Cosas del márquetin.
 

No sé a qué obedece tanta urgente ponderación de lo poco. No sé qué pretende esta clase turística cuando se está hundiendo el sector. No sé qué grandilocuentes efluvios pretenden tapar la bancarrota existente. No sé si somos conscientes de tanta babosería rentabilizada en el no va más. No sé si merece la pena enfrentarse a todo este tinglado tan bien estructurado del que muchos han hecho su oficio sin necesidad de acudir a la conciencia. No sé si la contraoferta del promotor de Galapagar pondrá en el extrarradio a todos los creyentes de estos destinos de papel cuché, aunque a decir verdad somos algunos quienes lo esperamos como agua de mayo. No sé si a ustedes les aburre tanto toda esta pantomima de lugares guapos a precio de bajo coste. No sé si sienten nostalgia de la verdad, porque esta servidora, que conoce el embrujo de las noches del trópico, les puede asegurar, en la vanidad de la experiencia, que nada es tan real como los besos apasionados bajo la luna llena caribeña, la más hermosa, la que le gusta acariciar las arenas blancas del alma.

 

Las Ventas. 18 de mayo de 2011

Presidente: Julio Martínez. Lleno de no hay billetes.

Tarde de expectación y encapotada, al borde de la lluvia que al final respetó

 

Cuatro toros de Núñez del Cuvillo (2º, 3º, 4º y 6º). De presencia impropia para esta plaza. No se comprende que pasaran el reconocimiento, salvo porque las horas extras que había que pagar a los veterinarios y que, posiblemente, podrían superar  lo admisible y presupuestado. Y lo admisible fueron camiones con cajones repletos de toritos preparados para la ocasión, que eran devueltos por una puerta y admitidos por la otra. Mientras, el ganadero se daba golpes de pecho asegurando que cometió el fallo de no tener toros para dos tardes en Madrid. (¡Como para creérselo!)

El 2º fue protestado hasta la roncera. Una miseria andante sin posibilidad de vara acariciadora. El 3º, contrahecho, con algo de despabilamiento, con mansedumbre y con kilos para una liposucción. El 4º, atontado, adocenado, al cual El Juli le dio pin-pan, aquí, allí. Algunos llaman a esta condición nobleza (¡En lo que han quedado las sangras azules!). El 6º, de la misma naturaleza, con algo más de embelesamiento.

Dos toros de Ortigao Costa, que se ignora si costó mucho esfuerzo encontrar dos especímenes mamíferos con protuberancias a modo de simulación de cuernos para que remendaran esta inclasificable aventura. El trabajo posiblemente fue para los veterinarios. (¡Vaya día que les dieron!). El 1º, un inválido sin cabeza. El 5º, mucho peor, si esto es posible. Fue devuelto porque el presidente tuvo la mano lanzada. El sobrero de Carmen Segovia, fue otro inválido criado artificialmente en los últimos meses en variopintos corrales, tan manurrón como tontorrón. Un primor.

Todos impresentables, inválidos y sin sometimientos bajo los petos. ¿Para qué?

Pues, con esta materia para dominar y someter, les cuento las hazañas toreras.

 

Julián López, El Juli: Pinchazo, estocada al brinco (silencio); estocada al mismo estilo, media petición de oreja, que concede raudo el presidente.

Sebastian Castella: estocada desprendida (silencio); estocada trasera a modo de sablazo contrario y tendido. Escuchó aviso mientras esperaba la muerte agónica del animal.

José María Manzanares: estocada desprendida con simulacro de realización al encuentro (palmas); estocada al encuentro, esta vez de impecable realización. Le dieron dos orejas y salió por la Puerta Grande.

 

Pasó por allí un subalterno llamado Trujillo que puso un par aceptable. Pasaron los veterinarios Begoña Flores, Fernando Mirat y Enrique Recas, a los cuales habría que pedir alguna explicación para variar. Por supuesto, si les interesa.

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