Plaza de toros de Las Ventas.

Cuarto festejo de la Feria de San Isidro

13 de mayo de 2011

Toros de Juan Pedro Domecq para los diestros Uceda Leal, Juan Bautista y Morenito de Aranda

 

Momento de verbenas

Por Paz Domingo

Decía ayer: “Todos mis respetos a aquellos que sepan estar, ver y aprender de la belleza del toro de lidia auténtico y verdadero. Toda mi admiración a aquellos que sepan exigir, torear y someter su resistencia al sometimiento”. Y visto lo visto, leído lo leído, debo añadir que parece que mis deseos no son los de la mayoría, y mi confusión es enorme. El tipo de toro que domina el mundo taurómaco es otro bien distinto al animal encastado que se impuso en el ruedo. Ahora es un tipo tan común, tan amaestrado, tan sumiso, tan aburrido que ya lo hemos adoptado como propio. Un buen ejemplo lo tuvimos al día siguiente, -es decir, hoy- que ya tiene guasa el destino, pues fuimos de la cal viva a la arena pegajosa, circunstancia con la que posiblemente se había escapado a la alicatada estructura de los diseñadores de la programación matemática de estos casi perfectos carteles. Cosas de la vida. La realidad, ya saben, supera siempre a la ficción.

Los toritos buenos juanpedros –llamados así por su criador recientemente fallecido- ya no los quieren ni las figuras. Ni los maestros de arte. Ni los oficiantes taurómacos. Ni los empresarios taurinos, llamados ahora gestores de espectáculos de masas. Ni posiblemente los mismos ganaderos que en el pasado reciente compraban tan amortizable genética. De estos toritos no dirán que salían tan asustados que deseaban irse rápido al descanso eterno, tan pastueños que no se mueven ni con acariciadores puyazos, tan amorfos de carácter que se ahogan en el sometimiento ligero; tan desorientados que les daba igual dónde le pongan el trapo. De estos toritos podrían decir que sirvieron (¿para la molienda a pases o para estofado?); que acompañaban las embestidas con buen tranco (¿el cansino o el imposible?); que tenía su faena (en la excelencia del presunto bravo o en el aburrimiento que ofrece?; que eran toreables (con o sin unanimidad).
 

Claro, que entre tantos recuerdos hermosos, con el asfixiante calor, con el aburrimiento de la toreabilidad, los pensamientos vuelan. Qué genialidad la de incluir a Juan Bautista en esta terna, para que anduviera en los juegos distantes. Qué posibilidad para Morenito de lucirse con la seguridad en su torero de muleta. Qué suerte la de Uceda que le ponen facilona una exhibición de su esporádico clasicismo. Qué romanticismo tiene el aficionado. Qué subyugación la ponderación del ambiente festivo.

Si esta es la lumbre que debe arder en la salvaguarda de la Fiesta de los toros no hay que alarmarse. Ya está aquí. Es momento de verbenas, de farolillos y mojicones, de chotis y zarzuelas, de praderas y tardes de toros. Si lo que se quiere es esta materia gris, informe, plana, asustada, ya baila sola. Si se buscan soberbios ejemplos de materia vacuna con altos rendimientos en producción de pases molineros, que giran como aspas al son monocorde según vengan los aires cansinos en la lontananza, pues no hay que investigar mucho. Si se persiguen condecoraciones en forma de mamíferos promiscuos en indecentes contiendas, pues abundan sin duda. Si se persigue el arrebato, pues se regala la extenuación, hasta el aburrimiento final.

Por mi parte, poco tengo que añadir, salvo decirles con humildad y flaco entender que los toros escolares sí tenían pases, y lidia, y genio, y figura, y belleza, y bravura. Todo el mundo asegura que no tenían ni uno. No lo tuvieron porque no se lo dieron. Y todos están tan satisfechos con tan rotunda conclusión. Medio intento de pase de Fernando Robleño al quinto toro de la tarde escolar vale mucho, y compararlo con los simulacros de esta anodina corrida quizá sea de muy mal gusto.

Conocí a un crítico taurino, al que todos llamaban “el crítico”, que tenía la costumbre de no leer las crónicas del resto compañeros de profesión. Cuando le preguntaban: ¿Has visto lo que dice fulanito de los toros de ayer? El crítico aseveraba: No. Y se daba por concluida la conversación. ¡Dichosos los sabios que en este mundo se muestran! ¡Alabados sean! Lo que pasa es que las flores se las llevan otros. Cosas de la vida, donde la realidad supera siempre a la ficción.

 

Las Ventas, 13 de mayo de 2011

Cuatro festejo de la Feria de San Isidro.

Presidente del festejo: César Gómez

Casi lleno

 

Toros de Juan Pedro Domecq, generadores de un encaste que ya se reclama como comprobado, pues es, abrumadoramente, el que impera en la cabaña brava española, tanto como casi el 70%. Todo un dato. Se da la circunstancia que el ganadero Juan Pedro Domecq Díez falleció el pasado mes de abril en un accidente de tráfico.

Toros mal presentados, algunos protestados por su apariencia en novillos. Bajos de agujas, cómodos de alturas, blandos, flojos, amorfos de carácter, sosos de embestidas, y que acusaron el mal del “si se les molesta, se caen”. Entregados a la causa. Se les picaron con ligeros puyazos en los aledaños traseros. No se puedo comprobar si tenían casta. Por tanto quedó inédita.

Uceda Leal se durmió en la plenitud del simulacro de faena primera, dejó bajonazo más tarde. Después estructuró algunas tandas al estilo encantador, impecables de ejecución, increíbles de mando. Remató de estocada y le procuraron una oreja. Juan Bautista nos mató (al animal y a nosotros) en la distancia y en la desesperación. Y en torero moreno de Aranda estuvo exhibiendo tranquilidad y  sus magníficas maneras.

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