Plaza de toros de Las Ventas.

Vigesimoctavo festejo y tercero de la Feria del Aniversario

9 de junio de 2011

Toros de Los Bañuelos para Víctor Puerto, El Capea y Jairo Miguel

 

Lo que ve la suegra

Por Paz Domingo

Yendo a Málaga, caímos en Malagón. Como el significado de la frase lo entiende todo el mundo, no me voy a extender mucho en estos pormenores. Con la entrada comprada, con mi asiento de siempre, con este cartel que no tenía por dónde entusiasmar, me fui a casa tan campante. Pero, como los vicios no desaparecen de la noche al día, cogí el aparato infernal llamado mando a distancia. Todavía me estoy arrepintiendo. Malo era tragar en vivo y en directo esta horripilante pantomima diseñada en despachos sicodélicos, pero mucho peor fue la retrasmisión, aunque fuera en las comodidades personales. Vamos, que se va a Málaga, y caemos en las penumbras absolutas.
 
Y es que estos espacios mediáticos y únicos de reclamo taurino están sustentados en el relato al revés; en la creación de una uniopinión irreal; en un aplomo mayúsculo para justificar lo inaceptable; en un arte del escondrijo; en un desacierto orientado a la confusión y al beneficio propio; en un terrible escándalo porque no ofrecen posibilidad a las posturas exigentes y a las críticas; en un ridículo mayúsculo cuando ponderan la nada; en un desatino porque a estos espejismos le laman divulgación. Y divulgación es, pero la propia, la que interesa, la que renta, la que da bien en público, la que se ajusta al márquetin actual, la que siente pánico a la denuncia de los desmanes del estamento taurino, o el político, o el social.
 
Contar lo que se pudo ver, es una materia arriesgada. Tanto como aventurarse en los pormenores de las mayoristas mediáticas. Y es que fue todo horripilante. Los toros -con mucha apariencia y bien presentados- dieron muestras del mayor fraude que se está cometiendo en las intimidades de las dehesas. A los animales más soberbios de la creación animal, a los cuales el hombre intenta a toda costa de preservar su condición salvaje en un peculiar proceso de domesticación, se les someten en muecos, incluso les lanzan dardos adormecedores, y les colocan tocados en forma de vainas de silicona o vendajes enyesados, para luego quitárselos con el mismo procedimiento, resultando de esta acción delictiva protuberancias con formas de pitones finitos como platanitos, irregulares de morfología en crecimiento, abruptamente terminados en puntas extrafinas, con superficies raspadas a cuchilladas, afilados como si se sacaba punta a los lápices con el filo de una navaja. En el trasiego, los animales aprenden las maldades humanas, se le pone el carácter imposible y asustadizo, se les quedan las mencionadas protuberancias tan blandas como la mantequilla, pero seguras para dar el pego en la inspección ocular de los veterinarios. Algo así, como cuando va a la amantísima madre de tu marido a casa. Se recoge por encima, lo suficiente para superar la fiscalización, pues es sabido que las suegras son muy suyas, pero ven menos que un gato de escayola. Y en los corrales se puede ver mucho. En el ruedo, mucho más. Pitones que se resquebrajan al bies, de consistencia de mantequilla, de rotundidad frágil, como si fueran capullitos que se abren en formas de pétalos de hojalata, como brochas que ofrecen las entrañas sangrantes y nerviosas en forma de córneas defensas desnaturalizadas.
 
El afeitado ha entrado en la era moderna, un cambio muy reclamado por los demagogos actuales de tres al cuarto que pretender escribir la historia a su imagen y semejanza, absolutamente vanguardista. Ahora, en este cacareado Estado de Derecho, el fraude en el mundo de los toros está permitido por todos, a la vista de todos, al beneplácito de todos, a la impunidad de todos. ¡Maldita sea! Un fraude que entra por derecho, y nunca mejor dijo.
 
En la parte de los toreros, la cosa también hace pupa. Estos animales de manoseadas cabelleras, eran complicados sencillamente porque tenían mansedumbre y algunos resquicios de casta difícil al sometimiento (sin alharacas, por favor). Fueron a caer los más potables para realizar el toreo, en manos de aquellos menos capacitados para ofrecer una respuesta. A El Capea –un torero de estirpe torera que presume de exitosas campañas mexicanas- le tocaron dos. El primero le puso mirando a Cuenca. El segundo, le arrasó. Allí se quedó hecho un guiñapo dando pena, aunque menos si se supiera cuánto cobra este desamparado del arte torero y de qué influencias tira. En las afueras, en los perfiles, en los mantazos a discreción, en las facilidades enganchadas, en las postrimerías en la ejecución al revés, en los horripilantes conocimientos taurómacos, en las correrías de terrenos inhóspitos para él, en el más absoluto desatino. Indescriptible igualmente su potencialidad en la suerte suprema.
 

El torero que confirmó la alternativa es también un joven muy conocido en tierras mexicanas, aunque muy poco en las madrileñas. Está muy dispuesto. Eso queda claro. Pero se empeña igualmente en la ejecución del toreo al revés. Las circunstancias animadas de sus oponentes eran poco claras, es cierto. Pero, él tampoco expuso la rotundidad de las buenas maneras. Cuando se olvide de estos malos consejos que le han dado, ponga los pies en donde se debe, el mundo se pondrá a sus pies, porque la proyección mediática ya la ha ganado. A Víctor Puerto se le agradeció que no montara la escena. Sin posibilidad, sin mucho convencimiento cumplió con el trámite como puedo.

“Así lo vimos. Así se lo contamos”. ¿Se acuerdan? Pues eso.

“Buenas noches y buena suerte”.

 

Las Ventas. 9 de junio de 2011

Presidente: César Gómez.

Ni media plaza.  

 

Toros de Los Bañuelos (de procedencia Torrealta). Bien presentados, bien hechos, enmorrillados, incluso astracanados. Mansos pero con cierta casta que resultó imposible de controlar o conducir, y ganaron en complicación y agresividad. Algunos presentaron nobleza, como el 5º y el 3º. A todos les dieron varas torticeras, barrenando, percutiendo, tapando, escalando. El segundo fue devuelto por colapso repentino. Corrió turno, y esta animal lució pitón segado al bies luciendo doble vaina, consecuencia de procesos enfundados. El sobrero que hizo 4º de Adelaida Rodríguez, manso y descastado. 

 

Víctor Puerto: Media ligeramente caída (silencio). Media atravesada y caída varios descabellos (silencio).

El Capea: pinchazo, otro, estocada tendida (silencio); casi entera estocada vertical a traición y de estilo infumable (silencio)

Jairo Miguel: pinchazo y estocada (silencio): pinchazo perdiendo la muleta, pinchazo hondo, aviso, descabello sin matar a estoque (silencio). 

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