Plaza de toros de Las Ventas.

Vigésimo tercer festejo de la Feria de San Isidro

1 de junio de 2011

Toros de Palha para Luis Bolívar, Salvador Cortés y David Mora

 

En punto muerto

Por Paz Domingo

Esta es mi percepción, que esto no avanza. O mejor dicho, que es inamovible. Unos empeñados en acelerar de uno a cien en diez segundos. A otros se les atraganta la marcha atrás que no termina de entrar porque la caja de cambios falla después de tantas revisiones. Y los viajeros de esta fabulosa aventura atónitos ante tanto desconcierto, anclados en la nada taurómaca e intentando comprender a dónde se dirige este contrasentido.

Los toros de Palha no cumplieron con la solvencia que tiene asegurada su firma. ¿Por qué? Yo quiero saberlo. El año anterior la corrida del ganadero portugués quedó en tres ejemplares con un trapío por los pelos, aunque todos dejaron su santo y seña encastada. Decían que no tenía toros para Madrid. Es una posibilidad. Todo más o menos creíble hasta que llegamos a Azpeitia, y allí Joao Folque Mendoza echó un corridón de toros de padre y muy señor mío. Esta eventualidad se traduce en la primera incógnita, pues las posiciones explicativas al respecto se mueven entre las preferencias de los toros por las brisas norteñas o los argumentos de pecunia que se gastan en esta plaza –llamada bombonera- de tercera categoría.

Puede ser que estos toros de renombre salgan raros de comportamiento. Que ayer salieron. Nada imperiosos en los petos. Mansearon. Huían. Todos contribuyeron con bondades en recorridos en la muleta, aunque fueran a trancas y barrancas. Todos tuvieron su faena puntual –también escasa- si se hubiera aplicado un poco de sentido común en atisbar cuáles eran los terrenos que demandaban.

Se eligieron ejemplares que no deberían haber pasado el reconocimiento de trapío, aunque corra algo de sangre Contreras en las venas vacunas. Pequeños, avacados, sin cabeza, sin cara, sin argumentos delanteros. Y aquí, en esta pregunta vital de ¿a dónde vamos?, tengo que asegurarles que no me creo nada de lo que veo. ¿Por qué pasan este año unos animales posiblemente muy similares a los que se devolvieron a la finca en el ciclo anterior? ¿Quieren evitar el desastroso final de la semana torista como ocurrió también en la Feria pasada, en la que casi no entró un ejemplar de los esperados ni de esta ganadería ni de las demás preparadas para la traca final? ¿A cómo está el kilo de toro-toro? ¿En qué ha quedado esta semana de expectación para los que gustan del argumento taurómaco? ¿Qué caminito francés se elegirá para los otros hermanos portugueses de camada y para sus primos hermanos de rotundas divisas? Como les digo, un punto muerto tan hermético como increíble.
Pasemos al segundo. Dado el matiz que está adquiriendo la bobería congénita de la que está hecho el presunto toro de lidia en esta época moderna, es decir, ahogada en la nada, que van y vienen, que pasan domesticados por muletas oblicuas, pues a todo este gremio vacuno se empeñan en darle tregua en los medios del albero. Terrenos centrales y punto. Un punto geoestratégico que algunos abrevian como punto G, o simplemente PG (algo así como puñeteras ganas de reconducir el asunto). Un ejemplo dramático quedó claro en este día de ofuscaciones. Los animales, aunque mansurrones, sin genios espeluznantes, sin fuerzas consolidadas, no querían puntos G’s. Cosas de toros, y de estos toros que querían presumir en fortalezas delimitadas por las rayas del albero.

Insistieron los toreros, Y ellos más. Ganaron los primeros, con quites de auto perdón para justificar una bronquedad que no tenían, una irresolución que consistió en alargar este trámite agónico para toda la concurrencia, aquella que puede intuir un poco de lidias y discernir un mucho entre efectos y poderes. Los tres. Quizá el menos Bolívar. Cortés y Mora dieron aburrimiento hasta la extenuación.

Ahora dirán que estas prendas eran broncas de pronóstico reservado. Si llegan a ser fieras cabreadas, los tres se ven en la enfermería celebrando valentías. Porque los tres se descubrieron en errores juveniles y de bulto. Muy difícil de comprender. Lo sé. Los tres son hombre hechos y derechos con más de treinta años en su poder, con abundantes trámites taurinos -tan grandes como armarios roperos-, pero en este día no se qué les pasó que se trasformaron en estatuas en los puntos geoestratégicos recurrentes, jugándose un susto.

El tercer punto en liza es el público que va entrando en los huecos que se van quedando en la plaza. Personajes que se agolpan en movimientos de opinión con elevado tono, que reclaman su papel protagonista en la geoestrategia puntera. Muy exaltados están, refutando la paciencia de “ese sector crítico” (como le definió un showman televisivo de hace décadas). Estos hombres y mujeres aficionados a la buena causa de la autenticidad del toro, que se sitúan en los terrenos del tendido siete y aledaños, forman parte de un colectivo incomprendido y desdeñado por el resto de advenedizos, tanto que hasta da pudor presenciar las increpaciones que les dirigen. Si las reprimendas de este gentío esporádico se realizara con la misma osadía y violencia, con el mismo convencimiento para demandar medidas eficaces para la erradicación de la crisis taurómaca, no les quepa la más mínima duda de que otro toro cantaría. En realidad, y a pesar de los brotes verdes, los hombres y mujeres -mencionados e increpados- de buen entender aficionado han traspasado ya las localizaciones. Ahora son HG. Traducido: “Hartos de Geoestrategia”. Literalmente: “Hasta el Gorro”.

 

Las Ventas. Madrid. 1 de junio de 2011

Presidente: Manuel Muñoz Infante

Entre más de tres cuartos y casi lleno con muchos huecos.

Tarde que molestó el viento a los toreros y que agradecieron los tendidos.

 

Toros de Palha. Mal presentados, desiguales de morfología y peso, circunstancia muy habitual en esta ganadería que posee varias genealogías de encaste muy diferenciadas de tipo, constitución y genética. Los cuatro primeros por debajo de las exigencias que deberían corresponder a Madrid. Poco resueltos por delante, con caras avacadas, tipos no rematados, cornamentas poco desarrolladas, incluso sospechosas el 4º y 5º. Resultaron mansos pero terminaban entrando con nobleza en los trámites de muletas. El 1º y 5º más encastados, y también el 3º que a muchos pareció bronco. Algunos estaban flojos, e inválido el 2º que fue devuelto. También se rechazó desde el terreno al 6º, circunstancia muy extraña porque se hizo a iniciativa propia del presidente. No se emplearon bajo los petos, no se le hizo la suerte medianamente decente (salvo al primero, que se le picó al clasicismo de dar el medio pecho, dejando caer la vara lentamente en los aledaños del morrillo cuando llegó a jurisdicción, que fue cuando el animal se tomó su tiempo). Al resto le dieron delictivamente. Todos bascularon pero no empujaron. Fueron protestados el 2º y 3º. El 1º recibió algunas palmas en el arrastre.

El 2º bis de Carmen Segovia, huido, descompuesto, descastado y de recorrido tontorrón. El 6º bis de Aurelio Hernando, jabonero hermoso, resultó con nobleza colaboradora, incluso después de recibir caña en el peto toricida.

 

Luis Bolívar: estocada caída y tendida tras aviso, en una faena muy larga e injustificada, desaprovechando un buen animal para torear (silencio). Bajonazo al dichoso rinconcito (silencio). Se le vio muy desajustado en una tarde en la que no tocaba jugársela.

Salvador Cortés: estructuró las dos faenas al revés, es decir en los medios, provocando el cabreo del público que no vio el contrasentido de probaturas inútiles.

Levantó tabique y toreo en las afueras, y una estocada contraria donde cayó seguido de aviso, colocación también al bies con la cruceta, un descabello, silencio y se libró de una pitada. Después, volvió a boca de riego, como la punta del compás. El animal decía que no, y él a los suyo, al aburrimiento desmedido, un pinchazo en los bajos a paso banderillas, casi media caída en el pescuezo. Volvió a coger el estoque y lo dejó esta vez más delantero. Oyó un aviso y se provocó el derribo del toro.

David Mora: Resultó que tenía dónde torear, en las dos ocasiones. Con el animal que hizo 3º no pudo ni pegarle un solo muletazo, equivocó los terrenos, y tanto fue el desconcierto, desajuste, inoperancia y colocación, también dificultad, que a buen seguro se podía pensar que se la jugó de verdad. Se trató más bien de impericia.  Con el 6º, un sobrero jabonero de buena lámina y noble sin contrariedades, no sacó más que una tanda corta de ejecución. En su primera intervención dejó un sartenazo metisaca en los bajos y después otro igual, aunque con un poco más de disimulo. Cerró la tarde con estocada tras pinchazo y algunas palmas.

 

Destacaron Ismael Alcón, picador de Luis Bolívar en sus varas al 1º. Pedro José Mariscal dejó buenos pares al 2º, arriesgando y ¡andando¡

 

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