Plaza de toros de Las Ventas.

Vigésimo segundo de la Feria de San Isidro

31 de mayo de 2011

Toros de Peñajara para Eugenio de Mora, César Jiménez y Javier Cortés

 

El pepino en quiebra, la Fiesta igual

Por Paz Domingo

Baja el IPC taurómaco a niveles de quiebra técnica. Una concluyente cifra avala esta caída en picado del sector taurino y que responde a la devaluación de la integridad traducida en depauperación de la esencia natural del toro de lidia. Mientras asistimos alucinados a la especulación con la bacteria e.coli por los irresponsables alemanes que ha llevado a la quiebra, al pepino y a la economía agrícola española a niveles irracionales de exterminio, también presenciamos igualmente embaucados a los sucesivos planes de rescate para la Fiesta de los toros ideados por los oficiantes del estamento taurino. Dichas aventuras consisten en reivindicar los salvamentos en forma de traspasos de competencias para reducir el impuesto y ponderar la decrepitud de la misma. Unos pocos avispados ven en estos pepinazos otra fórmula muy lucrativa y rentable de manejar la crisis que –evidentemente- sufren otros. Pero lo más desconcertante es que después de arruinarte con los fondos de inversión basura se pretende que se abonen los intereses del crédito ponderando acontecimientos indecorosos no aptos para nobles y decentes conciencias. Algo así, si me permiten la vulgaridad, que después del fraude se concluye en manoseo.

 

Hubo tocamientos. El primero, precisamente consiste en desdibujar este reclamo del toro, dejando a la concurrencia desorientada en esta circunstancia vital. Lo que vimos en los siete mamíferos de morfología y temperamento -en la divisa de Peñajara- era para levantar atestado por el atropello a la verdad y a la decencia. Los responsables de esta idealización convertida en asunto sicalíptico están tocando las narices con tanto marketing de tres al cuarto y habría que darles un toque -como dicen ahora-, un concepto que sirve en teoría para que se enteren de qué va el asunto pero que nadie tiene la certeza de que se realice con criterio ni efectividad.

 

El segundo manoseo indecente se producía en la ponderación de un triunfo inexplicable. César Jiménez salía por la Puerta Grande con dos faenas sin pies y sin cabeza en las rotundidades del toreo. Fue un empeño del público generalista, convertido en apoteósico en las decadencias de esta Feria ponderada en la nada. Ignoran, desde su ingenuidad, que esta aplaudida ocurrencia puede hacer mucho daño, simplemente porque produce una bajada en picado del IPC taurino, haciendo  aumentar la deuda pública y devaluando los productos autóctonos y de calidad. Vamos, un pepinazo con todas las de la ley orejera.   

 

Los expertos en economía del toro están haciendo de la crisis un negocio actual. Convertir las orejas en cebollas (o pepinos) tiene un riesgo grande para la credibilidad de los mercados taurómacos y, según los consejeros, puede acarrear consecuencias muy previsibles de inestabilidad financiera interna. Ya están diseñando un singular plan de rescate que consistiría en aportar grandes cantidades al sector bancario para que el dinero fluya entre plazas, se aporten fondos a los mercados financieros de las dehesas y salgan a flote la magnitud de los bonos basura. Nada arriesgado -como pueden comprobar- para sus bolsillos. Es una técnica aplicada a todos, a los buenos y a los malos, un rescate idealizado que cotiza en bolsa, que dirige gobiernos, que estructura conciencia social.

 

Entre tanto público ingenuo hay sectores que intuyen que esto no es tan así de bonito. Han leído, han visto y se han atrevido a cuestionar los argumentos tan manoseados de la verdad ya desvirtuada. Pero, en qué hora se atrevieron. Ayer -es un poner-, dijeron que no a esta especulación indecente y a punto estuvieron de ser quemados en la hoguera al estilo decúbito prono y con los brazos en cruz.

 

El tercer mamporro que hay que tener en cuenta es consecuencia de éste que se acaba de señalar. Es decir, que con tanta desautorización del sentido común nos están tocando las narices (léase moral a secas) obligándonos a comulgar con estas ruedas de molino en forma de mamíferos desnaturalizados en guapura, descarnados en casta, desmadejados de fuerza, descontextualizados en servidumbres o, simplemente, descornados. Tiene gracia este refinamiento financiero ya que consiste en un fraude tan legal que produce pánico cualquier réplica a la contra. Son tocamientos en toda regla, incluso a la luz del día, con total impunidad y alevosía, y que consisten en enfundar en las protuberancias óseas de los vacunos destinados a los espectáculos públicos, aportando una singularidad en forma de platanitos astifinos sin desniveles apuntados, sin rotundidad de crecimiento, sin fortaleza intrínseca. El segundo animal (al que le cortaron una orejita) lucía dos brochas similares a las flores ásperas de las manualidades de hojalata, tan abiertas como deshojadas, tan abruptas como inenarrables.
 

Tan pornográfico resultó la evidencia manipuladora que se jugó a la tapadera de la eventualidad para realzar la bobería del animal colaboracionista con el objetivo que cotizara en bravura, incluso en casta. Una jugada impresionante. Y funciona. Ya ven, pues ya hay quién apunta a este mamífero al uso bovino de presunto bravo como el toro de los premios de la feria. Luego nos extraña que al más tonto le pongan a hacer botijos, pudiéndolo emplear en los juegos y balances bursátiles mucho más explicables.

 

Claro que los manoseos y efectos propagandísticos se pueden realizar con refinamiento o no. Eugenio de Mora es muy hábil en malear a los primeros toque de muleta cualquier condición animal, trasformando su aptitud en insoportable tras los reiterados enganchones de la muleta. Con semejante estrategia, cabrea mucho al presunto animal, embraveciéndole de verdad. Tanto, tanto, como al personal que sabe de sus excusas y que no tragan con estas aberraciones. Pues así. En las dos intervenciones. Y como se las sabe todas, el mismo se hizo el quite del perdón al pasar a la enfermería para que le dieran unos “puntitos” y evitar la bronca descomunal que se merecía. Por cierto, alguien debería aconsejarle en sus vestimentas preferidas marcadas por el amarillo y que queda fuera de la estética torera. Un toreo debe parecerlo. ¡Qué menos!

 

Javier Cortés le quedó grande esta única intervención en el ciclo. Está poco placeado y le faltan recursos. Tira de técnica de ponerse en pesado y que posiblemente le recomiendan, como lo hacen con todo aspirante que quiere mantenerse en el escalafón. No se puede estar bien con estos dos regalitos marrajos, pero se puede estar aseado en pulcritud. Y estuvo correcto hasta que le dio por acudir al torero de muro y péndulo.

 

Las glorias fueron para Jiménez. Y también una Puerta Grande para su precipitado toreo de rodillas, su crecimiento en afectación, su dramatismo para descalzarse, sus rectificaciones de pasito atrás, sus piernas ortopédicas con movimientos similares a lanzamientos de anclas, en la ejecución del destoreo muy reconocible. El despropósito se culminó con el inválido titular que hacía su segunda oportunidad y que fue sustituido por un noble y aparente animal de Carmen Segovia. Alma de corrales era este individuo que resultó con la suficiente entrega para dar unos buenos lances toreros. Aquí César, estuvo más en lo que hay que estar, toreando  mejor en la primera tanta, para después volver a la práctica efectista del paso atrás. Por eso, y porque el público de fin de feria veía una oportunidad de festejo inflacionista, el torero hizo su agosto. A los que no estén tan convencidos de tanto merecimiento, simplemente porque saben de su escasa solvencia, que se vayan preparando. Esto es lo que hay. Esto, o que se queden en casa a salvo de disgustos irremediables, o de pepinazos previsibles.

 

Las Ventas, 31 de mayo de 2011

Presidente: Trinidad López Pastor.

Tres cuartos de entrada. Muchos huecos. Poca expectación.

 

Toros de Peñajara. Desiguales de presentación, diferentes y en conjunto parecían probaturas aleatorias de delirios nada claros. Mansos, descastados y flojos. El 5º fue devuelto. Les dieron varas de simulacro, torticeras y de compromiso. Tampoco merecían ajustes finos. Todos estaban presuntamente enfundados (manipulados en los pitones), alguno de manera evidente como el 2º, 5º y 6º. El 1º y 4º pasaron por imposibles, cuando más bien contribuyó a esta eventualidad la lidia del matador titular. El 4º saltó al callejón porque alguien le llamaba desde la tronera ¡A quién se le ocurre!

Sobrero de Carmen Segovia, 5º bis, flojo, noble y con presencia.

 

Eugenio de Mora: Mató de estocada al primero. Al segundo mató de bajonazo a lo pletórico, recibiendo un golpe en la mano. Pasó a la enfermería, recibió silencio en ambos y se libró de una buena reprimenda.

 

César Jiménez. Estocada desprendida con rueda acosadora de peones y oreja. Le concedieron otra en el segundo y, por tanto, le abrieron la Puerta Grande. Hay que decir que fue mucho premio, y muy protestada esta gratuidad.

 

Javier Cortés: Pinchazo en los blandos, bajonazo y cuatro descabellado en las largas distancias. Después, dejó pinchazo y bajonazo. Silencio para las dos intervenciones.

 

Jesús Arruga dejó buenos pares en la preciosidad del toreo andando al 2º y al 5º. Buen quite José Manuel Infante al 6º. Y no crean en lo interesantes que puedan resultar las declaraciones del ganadero de Peñajara, José Rufino. Para nada.

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