Plaza de toros de Las Ventas.

Decimoctavo festejo de la Feria de San Isidro

27 de mayo de 2011

Toros de Las Ramblas y uno de José Vázquez para El Cid, El Fandi y Arturo Saldívar (que sustituía a Curro Díaz)

Sin rastro de lujuria

Por Paz Domingo

Salieron nueve toros al ruedo. Todos iguales de malos. Todos inservibles para desarrollar algo. Todos feos de catálogo. Todos sin rastro de lujuria. Todo el mundo haciendo cabriolas intentando explicar lo que es inexplicable. Todo el agua del mundo que se precipitó desde del cielo condensado en los instantes antes del simulacro taurino, y que tuvo la ironía de pararse para dar celebración a esta estafa a lo grande. Nos quedamos ahogados antes y ahogados después. Y más sableados por tanta aberración especulativa.

El poderoso Cid de leyenda algo olvidada y los miembros de su cuadrilla muy profesional, tuvieron que descansar a la llegada del hotel como niños pequeños que les han hecho trotar una tarde entera. Hasta cinco toros se llevó el torero al cuerpo y a las probaturas de maestría para dejar alicatado el disimulo. Cuatro, de cuatro hierros diferentes. Dos de los mamíferos descarnados y manoseados llegaron a las lides de la muleta de El Cid y, por mucho que se empeñó en dejar evidencias de su poderío en la izquierda, manifestó muchas precauciones en las distancias largas. Se hacen unos gestos de contrariedad y ya vale. Arreglado.

Quedaba la solución vistosa de las banderillas del torero trotamundos Fandi y hasta en eso quedó liquidada la expectación. Tuvo algo de materia cárnica algo aprovechable, pero imposible de todas a todas. A pesar del cambio de imagen que se pretende con su nuevo estilo taurómaco, basado –según aseguran- en mayor seriedad. Pero, el torero no pudo decir mucho sobre este parecer. Tampoco había con qué.

Y respecto al mexicano Saldívar estuvo en apoteósico estado de ebullición, hasta el punto que se pasó un poco. ¡Qué ojo tiene! Pero, todo casi perdonable, se entiende.  Brindó al glamour y a las glorias toreras de extirpe centenaria. Lo mismo se puso de rodillas que apostaba por las manoletinas a todo tren. Que no sabía si aquí o dónde. Que puede aprender rápido algunas cositas sin importancia como que en Madrid gusta dejar ver el toro ir al caballo, estar tremendista si antes se está en arrebatador y no confundir los gestos de gladiadores de tercera con el respeto al oficio. Aún así, hay que reconocer que demasiado mérito tiene, pues aceptar venir como sustituto a este simulacro de presunto espectáculo bravo es ya para reconocerle su atrevimiento.

 

Las Ventas. 27 de mayo de 2011

Tras cuartos de plaza con muchos huecos. Instantes previos cayó el mar.

Cinco toros de Las Ramblas, de procedencia Salvador Domecq. Dos devueltos por inválidos. Los sustitutos fueron de José Vázquez y Ortigao Costa. La corrida se completó con otro toro de José Vázquez. Todos mal presentados, inválidos, flojos, de bobería vacuna muy alarmante, es decir, mamíferos descastados hasta las entrañas. Huidos, mansos, o simplemente de idiocia supina. No fue necesario moliendas en los lomos, ni lidias correctoras. No había nada que hacer. Por cierto, salieron casi todos con pitones abultados, desproporcionados por sus especiales formas de platanitos deformados e extrafinos, típicos de fundas demasiado ceñidas que alborotan el natural crecimiento. Lo que se dice una buena limpieza de corrales y de dehesas y un rentable negocio para algunos bolsillos.

 

El 1º devuelto por inválido. 1º bis inválido igual que se reforzó primer puyazo y en banderillas rodó. Astillado. Descastado, de bobería alarmante, que busca salida. El 2º novillo con pitones en los que se veían hasta las marcas de tornillos, buscando salida. Protestado. De José Vázquez llevaba tiempo corrales. El 3º sin trapío protestado, pitón pequeño. 4º De José Vázquez, que completaba la corrida y que había pasado por la gloria de ser titular en los carteles como sobrero. Devuelto. El 4º bis de Ortigao Costa. Asustado, huido, no quería pelea. Ni caso hizo. Blando, devuelto. El 4º, sustituto del bis, fue de J.L. Iniesta, con pitones asquerosos, primero pintados con brocha negra después rajados en la fórmula habitual que quedan como vastas brochas desmelenadas. Fuera de trapío, descastado e insoportable. El 5º de la ganadería titular, con platanitos aparatosos, sin trapío adecuado, sin nada en el fondo. El 6º con más cara pero igual de descastado y con los pitones raspados con la liga del cuatrocientos.

 

El Cid. Ofreció un brindis al público y muchas distancias al toreo. Para aquí y allí, aunque fuera con la prodigiosa izquierda. Dejó estocada casi entera y trasera, rueda peones, un descabello y silencio. Tras dos sobreros, dejó  a las afueras extensoras, unos cuantos zapatillazos, cuatro pinchazos (algunos en los blandos  que no entra) y estocada contraria pero fulminante.

El Fandi. Aplicó ventajas en las banderillas, y algunas fueron al suelo, también por la escasa ayuda del animal que no permitió el lucimiento pretendido. Hizo una faena de muleta desaprovechada en lo mínimo que tenía el presunto toro. Más de media caída y atravesada, con rueda peones y silencio. Después intentó de nuevo el lucimiento en banderillas que no llegó, cierto acercamiento al terreno del animal que quedó zanjado en las afueras de nuevo, dejó estocada perdiendo la muleta con palazo en el pecho, silencio y la aberración de colocar a este animal en los medios del albero. ¡Increíble! Y mucho más increíble que esta circunstancia haya sido adoptada por casi todos los hombres que se visten de luces y en todas las situaciones con similares materias anodinas y descastadas que se hacen llamar toros.

Arturo Saldívar bullió toda la tarde, hasta en los quites que se inventó. De rodillas inició la faena y el animal le acompañó. Se empeñó en intentar sacar algo de la mole tontorrona con la cara alta y en el limbo que tenía delante, hasta que le sobraron tantos argumentos innecesarios. Muy tremendista se puso y dejó estocada trasera perdiendo la muleta. Después apechugó con un maledicente tan reservón y parado que ni reaccionaba a las provocaciones del mexicano. Con un pinchazo, un metisaca en los blandos y una casi media cuchillada en la paletilla, con acoso de los peones, dejó sentenciada su actuación como suplente. Silencio.

 

Notas. Me contaban después que en la retrasmisión televisiva del festejo se anunció que Victorino Martín va a lidiar en Antequera, una plaza de tercera. El alcalde en funciones así lo certificó, y añadió el empresario que no había “tenido problemas”. El mundo está cambiando, como ven.

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