Plaza de toros de Las Ventas.

Décimo séptimo festejo de la Feria de San Isidro

26 de mayo de 2011

Toros de El Cortijillo para Diego Urdiales, Morenito de Aranda y Miguel Tendero.
 

Era tocino

Por Paz Domingo

Era tocino. Lo aseguro. Lo habían anunciado como jamón, pero era materia grasienta, rancia, blanda, deforme y muy mal presentada. La divisa de El Cortijillo es la segunda firma de la casa Lozano, detrás de la primera que se anuncia como Alcurrucén, y como todos saben apareció en Las Ventas en el día de ayer. Se supone que cargaron el camión con los toros para la primera comparecencia. Con el mismo viaje, embarcaron los de la segunda, y se admite también que para ahorrar costes. Pero, la economía y las ganancias no la hicieron con los portes. No. Quedó bien claro por los seis desechos -en toda regla- de trapío, presentación, presunta casta y cornamenta adecuada, era imposible que respondieran a una equivocación del mayoral, pues incluso borracho ya le costaría encontrar esta birria tan conjuntada de presuntos toros entre las planicies de la dehesa.
 

Pero, ya saben, siempre hay un roto para un descosido. Al presidente le pareció estupendo este simulacro de fuerzas. A los veterinarios no les importó las presunciones de los mamíferos tan manoseados de cornamentas y de tan luctuosos tocados. Al delegado de la autoridad no dice nada de este escándalo mayúsculo y las protestas razonables del público. A quien corresponde la exigencia en el cumplimiento del reglamento taurino -respecto al aseguramiento de un espectáculo íntegro y ajustado a la ordenación jurídica- deberían no comparecer jamás por este territorio comanche convertido ya con estas iniciativas en pueblucho de tabernas baratas y puerto franco en especulaciones aberrantes.

La citada ordenación jurídica, exclusiva y única respecto a cualquier otro espectáculo, pretende asegurar el orden público de su desarrollo, velar por los intereses del mismo, y defender los derechos de los profesionales que participan y, por supuesto, los del público asistente a recibir integridad y autenticidad. Pero, esto ya es casi imposible. Ahora, nos orientamos en otra perspectiva imperiosa de reconocimiento mundial a un mini espacio en peligro de extinción, decadente y en las últimas, y que curiosamente está cuestionado en el patio de nuestra casa, pero por el que lucharemos para una protección en forma de subvención basándonos en argumentos tan tópicos como faltones de la verdad.

Los hombres que tuvieron que dar la cara en esta devaluada escenografía estuvieron y se fueron. Como los demás, sin nada, tirando la toalla que era lo que pedía el cuerpo. Y todos en actitud justificada. Fue termina la segunda actuación de Morenito y salir en tromba al encuentro de la liberación. Se atascó la boca del metro, y coger un taxi se convirtió en una verdadera lucha contra los elementos.

El torero moreno sufrió para acoplarse con su primer toro, un manso que resultó toreable en las cercanías de los chiqueros. Muchas vacilaciones. Desconfianza. Incluso, miedo. Y en la distancia no entregada, dejó Morenito unos pases arrastrados con la mano izquierda que supieron a buenos, que quedaron en bastante buenos cuando rectificó y superó las dudas, aunque le faltara la colocación más la hondura de meter riñones.

Así pues. La gente le esperó en el quinto y se largó. No tenía otra cosa mejor. Diego Urdiales nada sacó de la materia descastada, aburrida, amorfa de ambos ejemplares. Mala suerte la de este hombre entregado a las batallas más indeseables fuera de todo glamour y requiebros amorosos, y al que los aficionados le valoramos su honradez y valentía. En esta única actuación en este ciclo ferial madrileño acertó en su primero que mató rápido y en el segundo enfadó al personal alargando mucho una exhibición indecente de la casta mala del animal criado en El Cortijillo.

Después vino el escándalo, con un ejemplar quinto que hizo las delicias de los vengadores, a aquellos que les molesta mucho las críticas a esta aberración de la Fiesta. Correteaba el indefenso animalito. Y cuando se dice indefenso, les aseguro que lo era: de genio, de protuberancias, de carnes, de cara, de autoestima, de casi todo, menos de materia tocinera se entiende. Le fue a tocar a Morenito, y a pesar de las protestas y de la vaga expectación, la cosa cambió en un murmullo de conversaciones múltiples y desencontradas. Se consultaron. Se citaron y se fueron.

No esperaron a Tendero. El pobre torero manifestó muchas deficiencias en su primera exposición, y dio por concluida la última, que como era de esperar, casi nadie esperó  

Como les digo, en ese quinto hubo un conato de altercado. En otros tiempos, quizá hubiera sido posible armar la de San Quintín, que -por lo que cuentan- se lio una buena. Ahora, los dos bandos enfrentados. Por un lado, un ejército curtido, extraño, escaso y muy molesto para las modas tragaderas actuales. Por el otro, los que gustan de la manteca hecha a la brasa viva. Créanselo, van ganado los segundos.

De vez en cuando y en las tardes de sopor taurino insoportable, nos da por pensar. Y a algunos les da por hablar. Hay un personaje que entre este tedio dice: ¡Que vuelvan los Lozano! Esto se explica porque los anteriores gestores de la plaza de Madrid son esta familia de ganaderos, empresarios y apoderados taurinos que nos han deleitado en el día de autos. Bueno, aquí vinieron. Dos veces. Consecutivas. Claro, que después del tocino rancio de mandanga a lo grande, se lo podían haber regalado –a modo de ofrenda- a los que aman las mantecas abrasadas en otros terrenos alejados y a los demás nos hubieran proporcionado un inmenso placer indescriptible. Y pensando y pensado, dicen que no hay dos sin tres. ¿Será posible?

 

Las Ventas, Madrid

26 de mayo. Feria de San Isidro de 2011.

Casi lleno.

Presidente: Julio Martínez. Asesor: Pedro Herranz.

Delegado Gubernativo: Gonzalo de Villa. Veterinarios: Carlos Fernández Zapata, Secundino Ortuño y Renée Alonso.

 

Toros de El Cortijillo, segunda marca de los ganaderos Lozano junto con Alcurrucén. De encaste Carlos Núñez. Todo desecho. Mal presentada, pues ya casi no se recuerda una de tan engañosas pretensiones. Y pasaron el reconocimiento veterinario. ¡Increíble! Abrochados, acapachados, presuntamente enfundados y afeitados. Flojos. Inválidos. Descastados. Protestados. Sin picar, por supuesto. Coceaban en cabriolas indescriptibles. Chotunos anovillados. Mansos atocinados. Una sutil jugada vergonzante para los ganaderos y promotores de este festejo, que devalúa la exigencia de esta plaza tan importante y que desacredita su énfasis en la continuidad de la Fiesta de los toros.

 

Diego Urdiales: Sin ayuda del animal apalancado en el plomo, pinchó dos veces, y dejó una estocada de la cual salió trompicado al cruzarse, silencio. Se empeñó en matar al segundo animal en los chiqueros, y dejó estocada caída, aviso y silencio. Morenito de Aranda: dejó estocada algo contraria perdiendo la muleta, rueda peones, un aviso, y se equivocó en alargar los tiempos agónicos, para luego tener que coger el verduguillo con dos descabellos. Saludó desde el tercio, y cuando hizo el ademán de dar la vuelta, le advirtieron que mejor no. Después, dejó pinchazo, media delantera contraria y silencio.

Miguel Tendero. Un pinchazo y otro dirigido a los blandos. Con este cómputo matarife dio por concluida la suerte definitiva y dejó dos descabellos, más silencio. Después, dejó estocada casi entera y más silencio, esta vez con la plaza casi vacía.

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