Plaza de toros de Las Ventas.

Decimocuarto festejo de la Feria de San Isidro

23 de mayo de 2011

Novillos de Montealto para Thomas Duffau, Sergio Flores y López Simón.

 

Se busca a alguien que enseñe

Por Paz Domingo

Estaban un francés, un mexicano y español en una novillada importante en la plaza de Madrid. Fue el francés, se cruzó y mató bien. Fue el mexicano, se volcó arriba y mató bien. Fue el español, se cruzó, se volcó arriba y también mató bien. El público aficionado no se podía creer este acontecimiento tan destacado, pues en miles de ruedos vemos esta capacidad extraordinaria -y obligada en primerísima instancia-, verdaderamente penosa y masacrada por miles –también- de matadores de toros, de figuras de tronío y de todos los aspirantes a serlo.

Es necesario remontarse bien lejos en la memoria para encontrar algo parecido, y da una satisfacción grande descubrir a estos jóvenes solicitantes de maestría torera. Porque saber matar un toro de lidia constituye la mayor de las destrezas, debe fundarse como primera habilidad y corresponde asegurarse de esta técnica artística antes que de ninguna otra. Y visto lo visto a estos candidatos, se puede decir que van por buen camino.
A esta facultad tan importante en un matador de toros debe seguir la capacidad de desarrollar el toreo, y los tres tienen cabeza para poder llevarlo a cabo, mano para ejecutarlo, serenidad para resolver complicaciones, inspiración que trasmiten y posibilidad de hacer creíble las ambiciones propias y toreras. No están tan verdes como la gran parte del escalafón de novilleros, pero adolecen de la misma carencia: formación en técnica, práctica y arte. A estos chicos les hace falta -más que a otros- alguien que les cuide, que les enseñe, que les oriente, que les diga cómo se hace un torero hecho y derecho. Y si ese alguien interesado y capacitado existe, que lo busquen urgentemente, porque ya que tenemos a jóvenes toreros meritorios sería muy interesante que se aprovecharan. No están los tiempos para renunciar a la valía.
 
Fue el francés e intentó parar a un manso novillo encastado que le tocó en primer lugar. Se la jugó con pases uno a uno. Realizó la ejecución de la suerte suprema con decisión y efectividad. Le correspondió el animal más espabilado y el menos, pues en su segunda intervención el novillo con su carácter huidizo confundió las aspiraciones del torero que se fue abandonando en la contradicción hasta que ambos se quedaron sin fuerzas y se unieron en un revolcón tonto y sin consecuencias. ¿Qué le faltó a Duffau? Pues colocación, y un poco de buenos consejos. ¿Qué le sobró a Duffau? Pues hacer caso omiso a las consignas del callejón que quieren ahormar tanto al animal bajo los petos que sale de ellos sin carácter definitivo, además, a ser posible, debe hacer oídos sordos de las orientaciones que le hablan sobre terrenos.
 
Fue el mexicano y desplegó capote como los maestros de pellizco. Asentó los pies como hay que hacerlo, adelantando la pierna contraria, ganando terreno, aprovechando la inspiración, adsorbiendo las condiciones extraordinarias del animal encastado y noble. Nos dejó atónitos. Ya sólo esperábamos que en la muleta surgiera algo parecido. Y no pudo. No pudo con el novillo encastado que pedía sitio bueno para inflarse a torear. Ni le funcionó la izquierda ni la derecha. Ni los estatuarios apretados con que nos deleitó. Ni con las manoletinas estrechas. Ni tan siquiera los molinetes tan personales que prodiga hicieron posible eliminar los vicios que tiene, o que le han enseñado, mucho más visibles por las hermosas cualidades de un novillo apto para las más apoteósicas ejecuciones del toreo. Y es que le tocaron los dos animales más encastados del encierro. Con el segundo, menos claro porque había que fijarlo y pararlo con recursos, se limitó al acompañamiento fácil, no se acopló en las embestidas humilladas y no templó ni un momento. Mató muy bien y nos dejó ver su personalidad torera, más un fabuloso molinete de firma en la cara del toro, y que contornea la muleta pasándose los pitones por el arco de la chaquetilla. ¿Qué le sobró a Flores? Condiciones toreras. ¿Qué le faltó a Flores? Buenas enseñanzas y rematar los pases atrás.
 

Fue el español, y en su primer novillo jabonero y soso hasta la desesperación, inició una faena en el toreo de rodillas que, aunque en Madrid no se prodiga esta técnica artística porque no gusta, el público entendió que con estos escasos bríos del novillo podría ser posible, y dejaron a ver qué pasaba. Y pasó que se le escapó la mínima capacidad de aprovechamiento en los escasos pases y recorridos. En su segunda intervención, esta vez con un animal más encastado, volvió a realizar la misma operación, viéndose con claridad la equivocación en la elección de terrenos y en su resolución en el mando. Mató bastante bien. ¿Qué le sobró a Simón? Repetición de faenas clónicas. ¿Qué le faltó a Simón? Lo que a sus compañeros de aspiración: que alguien les enseñe en maestría.

 

Las Ventas, 23 de mayo de 2011

Presidente: Trinidad López Pastor.

Tres cuartos de entrada.

 

Novillos de Montealto. Bien presentados en general, con menos casta que en otras comparecencias en Madrid, aunque con picante, y desiguales en comportamiento. Confundieron porque parecía que querían caballo y salían suelto del mismo. Fueron mansos con casta el 1º, 5º y 6º. Noble encastado, y bravo en el caballo, el 2º. Sosos el 3º y 4º.

 

Thomas Duffau: pinchazo y estocada ligeramente tendida y aviso (saludos desde el tercio); estocada (saludos desde el tercio). Sufrió en pequeño revolcón sin ninguna consecuencia.

Sergio Flores: estocada algo atravesada, rueda de peones, hubo petición de oreja no mayoritaria, saludó desde el tercio y renunció a la vuelta al ruedo; pinchazo arriba y estocada al encuentro (palmas).

López Simón: pinchazo, estocada y rueda de peones (saludos); estocada desprendida (silencio).

 

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