Plaza de toros de Las Ventas.

Décimo tercer festejo de la Feria de San Isidro

22 de mayo de 2011

Cinco toros del Partido de Resina y uno de Nazario Ibáñez (1º) para Ignacio Garibay, Serafín Marín y Sergio Aguilar.

 

“Hoy estamos de suerte”

Por Paz Domingo

“Hoy estamos de suerte”, decía el público después de la segunda cogida de la tarde, tan dramática que sacó los malos pensamientos. En el ruedo, un pablorromero de los de estampa antigua, cornivuleto, cárdeno, de caja a lo grande, de casi setecientos kilos, de poderío, de carácter irritable, de genio imposible, de mansedumbre de libro, de lidia irrealizable hoy en día para cualquiera y también para el torero mexicano Garibay. Poner una pezuña en la arena y hacerse con el cotarro, fue todo uno. De oca a oca, de caballo a caballo en seis jugadas, le valieron para cerciorarse que los petos toricidas no eran bastante para su esplendido imperio. Lo cierto es que se quedó sin picar, convirtiendo su señorío en más poderoso a cada instante que pasaba. “Cada toro tiene su lidia”, alguien sentenció desde el tendido. Pues claro, lo que pasa es que en esta época en que todo el mundo está pendiente de “modernizar el mundo de los toros”, como no le hagan miembro de las redes sociales no será nadie.
 
Hay aficionados que piensan que esta condición extraordinaria en el toreo es imposible hoy en día. No hay nadie que conozca con autoridad los terrenos de estos complicados animales, que tenga el valor de peleárselos, que disponga de la intuición de ejecutar el sometimiento abajo con golpes certeros de mando, que sea generoso mostrando la casta de los mismos, que descubra al mundo un terreno tan olvidado. Creen que en el toreo moderno no hace falta. Y es verdad, sobre todo a los líderes de tanto cambio moderno les sobran estas facultades, pues el medio toro carretón y dócil es pan comido. Y cuando aparece algún demonio, las figuras que promueven la revolución industrial y taurómaca se encuentran de vacaciones pagadas y de la situación se encargan los hombres con aspiraciones a estar como toreros, apechugando con regalitos imposibles de lucimiento.
 
El diestro mexicano quedó desgarrado en una cogida espectacular de levantamiento a las alturas, caída en la misma cara y enganchado, revolcado, recogido entre los pitones haciendo estos instantes eternos. Salió conmocionado de este trance milagroso y corneado para recuerdo de siempre. Había intentado el sometimiento abajo con cacheteo que resultó poco y muy tímido. Había que darle duro al animal convertido ya en soberbia criatura, con una mirada desafiante que arreciaba por momentos. Intentó el mexicano como pudo el relance para cazarlo con el estoque. No había ya otra posibilidad de darle muerte. Ni con un tiro hubiera siso posible, pues el torero y todos los asistentes sabían de tan colosal y peligrosa hazaña.
 
Serafín Marín salió enganchado del chaleco en el encuentro decisivo al entrar a matar a su primer animal, que era el sobrero de Los Chospes. El dramatismo del encuentro provocó los más oscuros recuerdos de las irremediables cogidas por el pecho. Hasta el mismo torero catalán parecía no creerse este atrevimiento, o este milagro, que le valió una vuelta al ruedo que supo también a reivindicación y apoyo a la Fiesta catalana. En esta faena no aportó nada Marín, que anduvo probando con ambas manos sin confiar en la embestida deslavazada del animal, pero dejó un buen capote de entrada y unas manoletinas ajustadas, aunque desgarbadas, al final. En su segunda oportunidad, le salió un pablorromero de crecimiento lento (que después del mamotreto anterior aparecía el sobrino del compadre, con alguna muestra ligera de casta que hundieron bajo los petos asesinos), y le aplicó muchas dudas y poca personalidad.
 

Respecto a Sergio Aguilar se puede decir que también sufrió, aunque sin ser volteado de mala manera. Era su primera corrida de toros desde el año pasado, y la papeleta a cualquiera se le hubiera atravesado. Se equivocó en elegir los terrenos adecuados en las dos actuaciones, pues se empeñó –como certifican casi todos los matadores tan modernos- en arrastrar a los animales sin casta a los medios naturales de seres poderosos en genio y sometimiento. Y pasó que estuvo a merced de las correrías naturales de los dos pablorromeros (más bien pablitos),  quedó desbordado por los acontecimientos, especialmente en el último, pues el desánimo ya había cundido. Eso, a pesar de que el último podría haber tenido algún pase si se le hubieran hecho las cosas bien.

La oportunidad del torero sin complicaciones la tuvo el mexicano en toro que abrió plaza y que era de Nazario Ibáñez, muy adecuado para darle pases a tutiplén, y se quedó desaprovechada.

 

No se entiende de ninguna de las maneras que esta ganadería de Partido de Resina haya enviado tan escaso manjar a esta cita de gala. Pueden darse muchas circunstancias, pero nos moveremos en dos. Primero, es increíble que después del corridón poderoso, encastado, soberbio, impecable y esperanzador del año pasado (una semana antes, y fura, del ciclo de San Isidro) traiga a Madrid esta tomadura de pelo para los aficionados que apreciaron la otra vida de esta legendaria divisa, y que esta tarde es desigual, sin trapío, sin formas, sin casta, e incompleta. Segundo, ya se sabe que los pablosromeros visitan mucho el sur de Francia, y estaremos muy pendientes de sus comparecencias, pues podría darse el caso que se haya reservado lo mejor para su marcha transpirenaica, bien porque le prueban bien los cambios de aires, o bien porque se gratifican mejor. Si ambas circunstancias confluyen, no nos cabe más que decir que la primera plaza del mundo ya no lo es, y que las demandas de los aficionados les traen sin cuidado.

Esto último les importa un comino. Esto primero es una evidencia ya consumada.

 

Las Ventas, 22 de mayo de 2011

Presidente Julio Martínez

Casi lleno.

 

Toros de Partido de Resina: desiguales de presentación, por debajo en el trapío de la marca pablorromero, por debajo en cornamentas y muy por debajo en casta y en fuerza. Resultaron muy complicados y mansos. Destacó el que hizo 4º por las hechuras descomunales, de estampa antigua, cornivuelto y rotundo de trapío, al cual se le aplaudió de salida. A ninguno se le dio una lidia adecuada, ni por supuesto una vara se sometimiento. Al contrario, les dieron trasero y de efectividad deslomadora. Difíciles, imposibles para la lidia de hoy en día, aunque hubiera valido técnicas antiguas.

El primer pablorromero (segundo en el orden de lidia) se devolvió por inválido. El sobrero de Los Chospes, entrado en carnes y presuntamente tocado de cabeza, resultó con arrancada al caballo sin emplearse y noble, aunque parado, en la muleta.

 El toro de Nazario Ibáñez, que hizo 1º, estaba algo contrahecho, de caja grande y de cuerna pequeña que resultó huido de entrada y de nobleza después.

 

Ignacio Garibay: Pinchazo en los bajos que curiosamente no entra, pierde la muleta. Vuelve a entrar a matar y deja bajonazo, con rueda de peones, un aviso y un descabello; Media estocada al relance, y costó dar muerte al imponente animal (aplausos). Pasó a la enfermería por su pie tras ser corneado en la faena.

Serafín Marín: Estocada de impecable realización de la cual salió prendido por la chaquetilla a la altura del pecho y milagrosamente ileso (vuelta al ruedo); pinchazo en la suerte contraria, otro en la natural, media estocada atravesada, rueda de peones, aviso y varios intentos de descabellos (silencio).

Sergio Aguilar: Pinchazo, casi entera caída (silencio); Pinchazo, otro, media atravesada, rueda de peones, varios descabellos, aviso (silencio).

 

Ninguno de los picadores tuvo una actuación medianamente aceptable. El Niño de Belén (de la cuadrilla de Garibay) puso un par arriesgando al pregonao que hizo 4º. Y el subalterno Casanova (de la cuadrilla de Serafín Marín) puso la cal y arena en su intervención con las banderillas en el 2º.
 
Parte médico de Ignacio Garibay: Herida en el tercio medio del muslo derecho de 25 centímetros, destrozos en músculos tensor, vasto y recto, salida por el tercio superior. Pronóstico: grave. 
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