Plaza de toros de Las Ventas.

Vigésimo festejo de la Feria de San Isidro

29 de mayo de 2011

Toros de Samuel Flores para Padilla, Antonio Ferrera y César Jiménez

 

Categórico 'horribilis'

Por Paz Domingo

Se pasó una tarde de toros de las que quitan la vida. Una charlotada de simulacro indecente que daban ganar de arrancarse de cuajo todo resquicio de afición que nos queda en las entrañas. Unos toros de desecho. Unos toreros presumidos y de carácter delictivo que propinaron esta pantomima tan aberrante que no la podíamos digerir. La bella liturgia taurina convertida en espesa comedia indeseable. En fin, y no sigo porque luego me llamarán mala persona. Además, pagando. Todo sea dicho.
 
Desde las laderas de la sierra de Alcaraz trajeron seis ejemplares criados por el ganadero Samuel Flores. Seis borricos medio trotones, con protuberancias apañadas en quirófanos muy resultones, con constitución irreconocible, con espíritu tan desmadejado que hace increíble el milagro de la resurrección. Y es que los samueles  estuvieron muy cortejados por príncipes de ruedos postineros, se dejaron encandilar por las altas instancias de la política y sucumbieron a los encantamientos de ciencia ficción. Esto se debe a que la verdad posible en el mundo de las dehesas es el empeño del ganadero en criar toros como Dios manda. Únicamente, porque cuando hay varias opiniones todopoderosas los genes terminan por hacer mutaciones. Y en el día triste que nos ocupa vimos seis innovaciones transmodernas.

No sé si estuvo Samuel Flores en Las Ventas. No sé si vio el insoportable festejo. Pero si lo vio, imagino que estará aún lamentándose para lo que sirven sus mamíferos de reconocible divisa, aunque fueran mulos de carga. Y si no le ha importado (que lo dudo) es porque hayan facturado la mercancía a precio de oro (que lo dudo muchísimo más, visto lo visto de tanto prodigio ganadero como se ha perpetuado en este funeral ganadero de cuerpo presente y en estos días feriales).

Los maestros lidiadores tampoco tienen desperdicio. Mi favorito es el ciclón de Jerez. Si a muchas nos pilla con otra edad, soñaríamos con que os invitara al cine, que sacara esa gallardía altanera en su elegante caminar; hiciera requiebros sutiles de su escultural cuerpo ajustado; de su refinada conversación; con su aristocrático porte; con su prodigiosa intuición; con su aduladora mirada; con sus besos apasionados; con su tronío de pellizco; con su exquisita galantería. Pero, como ya nos ha pillado a contrapeso, he decidido que lo más oportuno es no decir ni una palabra más de este asunto tan escabroso para nuestra humilde alma enamorada.

Tampoco se merece ni media mención el aspirante a copia tan torera como es Ferrera, que empezó sibilino, ronroneando y terminó derrapando en la puerta de la taquilla. Hasta le dieron una ovación los que pasaron por allí, que ya tiene mérito la mucha ignorancia a la hora de sacar entradas. Ambos, y a dúo, dejaron una interpretación a lo Matrix que servirá para segundas partes. Intentaron el festejo de las banderillas bien servidas por las pesadumbres de los peones que se habían fijado al ruedo y al mantazo con pegamento, mientras los maestros fingían que querían quedarse solos. Tres pesados con capotes como carpas de circo, más dos locos acróbatas que se traspasaban los palitroques, que corrían como posesos, de pasar al toro bien pasado, que se abrían el pecho y bailaban tuis, más un mamífero desbordado en la flojedad y la mansedumbre, igual a escena indescriptible. De verdad, aberrante.  

Y el tercer invitado al espectacular festejo taurómaco, César Jiménez, estuvo intentando dejarse ver, pero se quedó eclipsado por los protagonismos de todos los circundantes.

Se armó una bronca de cuidado con los dos oficiantes cinematográficos. Y de contestación, porque hasta hubo alguien que este garbo nefando le pareció gloria bendita, por la que merecía la pena dar codazos de posición. Para que vean los juegos que se gastan en las taquillas del cine. Mejor, ni pensarlo. Mejor, ni verlo.

 

Las Ventas. 29 de mayo de 2011

Presidente: César Gómez.

Casi lleno. Con huecos.

Toros de Samuel Flores (dos 3º y 5º del otro hierro familiar de Manuela Agustina López Flores), encaste Gamero-Cívico.

Mansos, descastados, mal presentados, anovillados muchos, con cabezas aparatosas, incluso presuntamente manipuladas. También, supuestamente enfundadas por la evidencia de sus caracteres asustadizos. Alarmantemente flojos. Todo de desecho. El 5º fue devuelto. El sobrero de Los Chospes manseó pero entró en las posibilidades de trasmisión y casta suficiente para torear.


Juan José Padilla: bajonazo al estilo más purista y bandolero, provocando derrame espectacular y una buena broca. Después, en su segunda oportunidad, dejó un recibimiento al toro indescriptible, abandono en el caballo contrario, una dosis de probaturas al revés, los palos en el suelo, y completamente retorcido, hecho un ovillo propinó un pinchazo y media estocada donde cayó. Bronca de nuevo. Sospechamos que se lo pasó en grande, quizá aplicando venganzas de otra época.

 

Antonio Ferrera; muchas dudas en los terrenos aquerenciados que se tarducían en cabezazos por ambas partes y la elección de matar en la suerte contraria o en la natural se tradujo en pinchazo, metisaca y cuchillada bajera en la paletilla, con derrame y con broca, como no podía ser de otra manera. Después de poner banderillas haciéndose el quite con el trasero (que enardeció a algunos), de hacer muro con la muleta, resultó que se quedó por debajo del sobrero toreable y con exigencias de dominio. Vamos, que se fue sin torear. Dejó pinchazo, otro, otro fijo, un aviso, un escandaloso acoso de los peones, un descabello y algo parecido a la división de opiniones.

 

César Jiménez: Intentó de colocación con un flojo y anovillado animal de pastueña sosería, pero se quedó fuera de manera muy postural, savando alguna tandita que también a algunos les pareció oro. Pinchazo fuera de la suerte, media caída tendida y horrible, más saludos desde el tercio. Con el último, un manso insoportable, hizo lo poco que se tenía que hacer con un manso insoportable: aplicar cacheteo porque no había nada más. Dejó pinchazo hondo y algún descabello. Silencio.

Comments