Las Ventas. Madrid.

Trigésimo tercer festejo, octavo y último de la Feria del Aniversario

12 de junio de 2010

 

Se pierde el arre y se navega en tablas

Por Paz Domingo

 

En una genialidad, revisteros y panfletistas ilustrados, allá por algunos cientos de años, definían los derribos de los toreros a caballo, de fama indiscutible y ganada a pulso, con la expresión: “perdió el arre y navegó en tablas”. Estos ejecutores del toreo, en los preclaros fundamentos de la tauromaquia -que consistían en probar y fijar las condiciones del fiero animal-, lo hacían a cuerpo limpio y tan rotunda era su primitiva existencia que quedaban desautorizados, en la técnica de someter, si en el encuentro salían por los aires, abandonando grupa, técnica, honor y prestigio. Aquellos tiempos no son estos, ni aquellos revisteros se parecen a los de hoy. Pero, abundando en el arte supremo taurómaco, no hace falta mucha metáfora para evidenciar que esta Fiesta, hoy tan actual y tan postiza, ha perdido el arre, el control, la verdad, la autenticidad, la razón de ser y hasta los argumentos decentes, está tan maltrecha, navegando por aires siderales, inseguros e irreconocibles, que la desvergüenza llega a límites intolerables cuando esta casta taurina se ha empeñado en defenderla a duras y desvergonzadas penas. Igual creen que los que denunciamos estos desmanes estamos locos y que tragaremos por todo. La situación es tan crítica que ni protestar se hará necesario. Será el despilfarro, la gestión basada en la estafa, la deuda contraída imposible de solventar, la búsqueda entre los despojos, los que decidirán por sí mismos, para finalmente esperar una quiebra insuperable de remontar.

 

Esta tarde no fue lo que se esperaba, y eso que objetivamente no era mucho, salvo tapar la crisis de días precedentes. La única apuesta era José Tomás y a su alrededor giraba todo lo demás. Pero la tabla de salvación se hundió y quedaron al descubierto la endémica e insostenible programación, con vergüenzas y desvergüenzas muy difíciles de justificar. Han sido muchos festejos preparados con ficticios protagonismos, con situaciones sobrevaloradas -ya declaradas ruinosas-, con réditos muy rentables y cautivos, con un complejo entramado taurino que ha derivado en insostenible.

 

Se produjeron largas y lentas colas para devolver las entradas de lo que iba a ser la corrida del siglo. La taquilla revendía para camuflar la desbandada y dejar los tendidos para camuflar la debacle, esparciendo los huecos vacantes como el salpicón. Las ganancias ya estaban aseguradas. Se intuía la codicia para que se produjera un chubasco milagroso que dejara en el limbo esta última aventura picaresca, tanto que provocaron el retraso del festejo. En el organigrama se anunciaba un ganadero que compró una ganadería a golpe de insistencia, de talonario y pelotazos hace cinco años, entonces colocada en la más alta reputación, y ahora asegurada en cuotas comerciales, bajo el nombre de una constructora. Además, estaba la composición de una terna que ni con escenografía se apañaba. O los jinetes del castoreño perpetrando la suerte del deslome con picotazos traseros y muy efectivos para el destoreo, para constatar que han perdido el arre y terminar nadando en tablas. Los aficionados cansados de protestar, ya lógicamente ni protestan, porque además de sustentar económicamente este disloque ¿tienen que ser los malos de la película insidiosa? Y para eludir responsabilidades, jugar al despiste, se recurre a los mentideros taurinos -representantes lustrosos de la casta taurina- para abrir polémica por un increíble apéndice auditivo. ¿Esta es la Fiesta que tenemos que defender los aficionados? ¡Ni que estuviéramos locos!

 

Esta tarde no fue para José Tomás, ni tampoco para su sustituto. El Juli, jaleado en su primera actuación con un noble animal, quedó definido por la absoluta convicción en sus determinadas maneras, ajenas a la profundidad del toreo. Lo único destacable en su actuación fueron los ayudados y adornos por abajo con los que sacó al animal a los medios en los prolegómenos. Acto seguido, desarrolló muy profesionalmente su técnica al uso julista. Brazo extensor, de abajo a arriba en la largura hacia las afueras de los pases, probándose con la mano izquierda ante un buen toro de condición repetidora, dejando concretada su estética torera en la distancia y seudo dominadora por ligazones encorsetados con armadura medieval. Se montó un revuelo espectacular, que dará mucho de sí en los días que siguen, porque parece que no fueron reconocidas sus maneras con una oreja que el público triunfalista pedía y que el presidente no proporcionó. La polémica estaba servida, porque esta contrariedad muchos se la toman como si se fuera cuestión de honor, trasladándola al despecho. Y el joven diestro también. Saludó enrabietado, con lo que consideraba usurpación de méritos. Aplicó su propio ajuste de cuentas en la siguiente actuación. Despachó de manera muy poco sutil, se desentendió del animal -abandonado por el diestro en terrenos de petos peligrosos-, ejecutó relance, dejó las condiciones del toro en inéditas, se alivió en la lluvia que empezaba a caer insistentemente, se limitó al trasteo principiante y mató de un soberbio sartenazo (término de sublime metáfora desarrollada también por los ingenios de la crónica ilustrada). Como digo, los que sacarán punta del trofeo negado es muy probable que no consideren esta manera ajusticiadora, ni las formas que trasforman el pundonor en discusiones sin enjundia, ni ofrecerán un poco de sentido común cuando encumbren la mediocridad como si fuera la verdad absoluta.

 

El viejo maestro Manolo Sánchez ya está muy fuera de los sitios verdaderos. Conserva su clase, pero resulta imposible que florezca con tanta indefinición y torpeza. Vimos algún apunte en los primeros lances en su segundo toro, ayudado por el decoro de intentar salvar del desastre una lidia insufrible que protagonizó la cuadrilla en pleno, y que él mismo intentó salvar del abismo abanderando el papel de maestro de brega. Empezó bien con algunos trincherazos de arrebato, miró a los tendidos en busca de aprobación, para después traducir el buen sabor en el toreo a media altura y distanciado, en no creérselo, en no poder con su corazón, en no aprovechar la condición colaboracionista del animal, en el alivio constante, en elegir terrenos poco adecuados porque el animal allí protestaba. Y se libró de una cogida, milagrosamente, cuando le perdió la cara al toro. Quedó superado también en las soluciones a un descastado mansurrón que hizo primero, pues el maestro tampoco estuvo por la labor.

 

Apareció un Talavante más alegre, parecía, en movimientos y en resoluciones. Muy en el estilo propio, comenzó con los clásicos estatuarios, al filo del pitón consiguió ayudados muy estéticos, aprovechó la repetición del pastueño animal, ejecutó hermosos cambios de mano en medio de naturales sin demasiada profundidad, metió riñones, porfió en el toreo con la izquierda a media altura, finalizó la faena con las recurrentes manoletinas, mató decidido pero sin conclusión rápida, lo que también provocó que el diestro explicara con gestos -definidos en puntapiés al aire- su contrariedad y la huida de un trofeo que creía ya ganado. Le toco la lluvia que arreciaba, cerrar esta tarde incierta y un ciclo vacío de contenido, dejando constancia que tampoco está a la altura de las circunstancias cuando se trata con un animal de casta menos bobalicona que sus hermanos.

 

Y aquí, gracias a Dios, se acaba todo este montaje insufrible y escandaloso que durante más de treinta tardes han preparado, consentido, ejecutado, vendido, escenificado, perpetrado y no salvado, los artífices de la Feria taurina más importante del mundo, arrastrándola a la quiebra sin rescate posible.  

 

Toros de El Ventorrillo. Bien presentados, algo deficientes en pulcritud, algo blandos en general, difuminada esta condición con deslizamientos por un ruedo resbaladizo. Ninguno recibió una vara medianamente buena. Es decir, que se quedaron sin picar. Les dieron picotazos traseros, a pesar de la aparatosidad de los derribos de los caballos y picadores, excepto el 5º al que le dieron venganza, y al 4º le regalaron un desastre de lidia. Todos demostraron actitudes mansas y reservadas a nuevos comportamientos de animales conocedores de presuntas manipulaciones enfundadas. Nobles y bobalicones, colaboradores asépticos 2º, 3º, 4º, con más casta y transmisión 5º y 6º, que también tenían más trapío. Recibieron palmas en el arrastre el 3º y 5º, algo desmesuradas dada la condición explicada.

 

Manolo Sánchez: pinchazo, pinchazo hondo atravesado, rueda descarada e incierta de peones que con tan poca herida querían darle muerte de esta manera, volvió a la suerte ejecutora para dejar dos pinchazos más, un bajonado sangrante a paso de banderillas (oyó una buena pitada); pinchazo con el toro andando, otro, estocada, casi entera, caída y atravesada, en ejecución imitadora de las que se desarrolla para el segundo tercio (silencio).

Julián López, El Juli: estocada caída que quedó algo ladeada, petición de oreja que no se concedió, y saludó contrariado desde el tercio, con división de opiniones pues aplaudían unos y amonestaban otros la decisión del presidente; pinchazo huyendo despavorido, media trasera que escupe, rueda de peones, otro pinchazo, descomunal sartenazo en los riñones y un descabello (pitos derivados en bronca).

Alejandro Talavante: estocada algo trasera pero bien ejecutada, aunque en la distancia corta, un descabello, un aviso, (dio un puntapié al aire queriendo evidenciar su contrariedad ante lo que suponía la pérdida de una oreja) y tres descabellos más, saludó desde el tercio y dio una vuelta al ruedo con mucha decisión, casi por su cuenta. Pinchazo, y buena ejecución de una estocada que quedó desprendida (silencio).

 

Plaza de Las Ventas, 12 de junio de 2010

Presidente: César Gómez Rodríguez, al cual hay que agradecer la valiente decisión de no conceder la oreja a El Juli, incluso sabiendo que estaría en casi todos os titulares del día.

Dos tercios de entrada. Tarde muy encapotada, y que terminó en chubasco.

El festejo se retrasó quince minutos para acondicionar el ruedo, principalmente con descarga de arena. Respecto a la actuación de las cuadrillas hay que destacar los desatinos de los subalternos de Manolo Sánchez, especialmente en la brega del cuarto toro, y la de los picadores, que como ha quedado dicho, casi todos quedaron expuestos a los derribos en el primer encuentro. El caso más evidente fue para el segundo picador de la mencionada cuadrilla, que quedo suspendido en el filo de la barrera como señorita pudorosa. Merece especial mención también el picador de El Juli en el quinto de la tarde, que después de fallar en puntería dos veces, quedó descabalgado, emparedado y salvado de milagro cuando caballo y toro le pasaron por encima. En estas angustiosas situaciones salieron los monosabios en ayuda de los jinetes desprotegidos, a cuerpo limpio, con una osada valentía increíble.   

 

Nota: Pedimos disculpas por el retraso en la publicación de esta crónica. Problemas técnicos lo han impedido.

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