Las Ventas. Madrid.

Vigesimosexto festejo y primero de la Feria del Aniversario

31 de mayo de 2010

 

Misericordia

 
Por Paz Domingo
Se deriva en la misma línea. O peor, si es que el desastre se puede superar. Con lo que sufrimos en el primer festejo de esta Feria postiza queda demostrado que todavía es posible prevalecer en lo imposible. Otro bochornoso espectáculo que se recreó en la suerte deplorable de la Fiesta, en las circunstancias indescriptibles y obscenas en la que se encuentra la autenticidad del animal exclusivo por excelencia, en el compromiso sin precedentes de los aficionados ante esta aberración, en la hecatombe que culmina con la desesperación del todo vale, en la nada. Y en el todo insoportable. Si hay alguien en el cielo, en la tierra, alguien en todo este embrollo timador -que ha hecho posible el estamento taurino en bloque-, a ese alguien se le pide misericordia, porque ya no se puede renunciar más. Piedad, por Dios. Misericordia, por favor. Y que nos devuelvan la moral y nuestro dinero.

 

La tristeza se impone en esta asquerosidad. Pero a todos les da igual. A todos. Especialmente indiferentes y campantes están los que más han contribuido a esta degeneración. Las indescriptibles entrañas de los bochornosos seudo toros de Valdefresno eran para mandar al matadero a tantos sacos de carne que están pasando (y pagando) por presunto ganado bravo y que acumulan tanta basura, tan desnaturalizado su fenotipo, que hasta da la risa y ostentación de un ridículo vergonzante. Eran feos, flojos, inválidos, impenetrables, descastados, pegajosos, tontorrones, bobos, de los que gustan por lo que se dejan, con rebrinquitos indescriptibles, muros, sospechosos de pitones, certificados de enfundamientos, pintadas sus puntas con betún e Judea, de los de venga y venga, de los que aguantan millones de mantazos y más, de los que toman posiciones indecorosas porque topan preferiblemente con las tablas, de los que dan mala imagen porque sangran con una divisa, de los que se derrumban insoslayablemente, a pesar del mimo con que se les administra sustancias metódicas o picotazos esporádicos.
 

Estos mulos no fueron los únicos manifestantes de terquedad. Los miembros de la terna se quedaron en las afueras de la vergüenza torera. Diego Urdiales desbordado, aburrido, y hasta con muy malas maneras, provocó con posturas indecorosas, pues se tomó muy en serio la imposibilidad de movimiento de estos seres parapetados, y se puso ufano a tirar de ellos tirándoles de la penca y asiéndose a sus costillares, para concluir su segunda intervención con una insoportable insistencia. Antinatura fue lo de Rubén Pinar, que endilgó mantazos por doquier, mucho teatrillo e insuperables bajonazos sangrantes. Miguel Tendero hizo lo mismo, descubriéndose mucho su falta de adiestramiento en aliviarse.

Y está todo dicho. Todo sentenciado. Todo insoportable.  

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