Las Ventas. Madrid.

Vigesimocuarto festejo (y último) de la Feria de San Isidro

29 de mayo de 2010

 

¿Cómo se monta la rebelión?

Por Paz Domingo

 

Quiero rebelarme. Es lo que me pide el cuerpo, lo que me exige mi alma torera. Quiero rebelarme contra esta estafa de calibre superlativo que derrumba mi afición y mis ganas de desarrollarla. Quiero rebelarme contra estos especuladores del estamento taurino que han convertido en basura indefendible la esencia más hermosa de cuantas haya podido engendrar la imaginación y el trabajo del ser humano. Quiero rebelarme contra la insidia despreocupada, bochornosa, deshonrosa y deleznable en que han dejado los oficiantes el más portentoso de cuantos oficios se puedan desenvolver en el mundo, arrastrando una sabiduría incalculable, manoseando las entrañas poderosas del animal bravo, desvirtuando su esencia, mintiendo canallescamente cuando dicen defender su maravilla. Y mienten porque la verdad es tan horripilante que no se puede decir, no se puede mantener, no se puede continuar. Díganme, cómo se monta un rebelión, que quiero ser la primera en estar presente. Si existe una posibilidad de rebelarse, allí estaré. Allí, estaremos.

 

Yo tampoco olvido ni perdono. No siento indiferencia con la estafa, porque también asumo la responsabilidad para sustentar esta asquerosidad pícara e indecente -pago por ella- y, por supuesto, resulta muy rentable para estos timadores que continúan en el escándalo especulativo. No omito su desvergüenza porque no me han burlado una vez, sino muchas, muchas veces. Me privan de disfrutar de un excelso espectáculo, único, singular, grandioso, insuperable, al cual quiero dedicar mi afición, mis ganas, mi ingenuidad y hasta mi pasión. Además, no paso por alto el tiempo que me hacen perder, la salud que me están mermando, la ilusión que me están arrebatando, el disfrute de la vida en su plenitud torera, los desengaños a un amor sincero imposibles de recomponer, el sosiego que busco decididamente y que está desaparecido, aquel infantil y hermoso acercamiento que se ha llevado por delante su maldita soberbia y su violento cinismo.

Soy pacífica. Lo juro. Mi nombre me acompaña. Pero ya no se puede más. Quiero rebelarme, aunque no encuentro un camino de solución. Quizá, solamente nos quede la retirada, porque en esta cerrazón mentirosa, mezquina, infernal no hay salida posible. Las han cerrado todas. Quizá hay que desear el hundimiento. Esperar una debacle, y que del derrumbe necesario salga alguien con ganas de trabajar, de recuperar los restos del naufragio para empezar de nuevo. Aunque en esto, también empiezo a intuir su imposibilidad.

Este ciclo triste, inaudito, infame, deforme, horizontal, especulativo, insuperable en falta de calidad, espectáculo y afición que ha supuesto en la plenitud de los festejos de San Isidro, la misma que nos han endilgado la presidenta de la Comunidad de Madrid –Administración propietaria del coso-; los delegados de dicha Comunidad representados en el Centro de Asuntos Taurinos por disponer de todos los empeños posibles en asegurar el desastre, escenificando la más deplorable actitud colaboracionista con este despropósito; los empresarios gestores del timo, que se han llenado los bolsillos a manos llenas con tan horripilantes contenidos; los presidentes de los festejos muy expertos en políticas anti defensivas con aquellos a los cuales tienen que proteger porque están indefensos y porque son las verdaderas víctimas; los públicos ignorantes pero ricos en autoridad escalofriante; las figuras del toreo, que son pocos, pero manejan el cotarro, la bolsa taurina, los mercados financieros del estamento, que llevan engendros intolerables a los ruedos, que tan forrados están, que la cátedra la han trasladado a los foros que se creían respetables; los oficiantes cómplices de esta artimaña simulada; los veterinarios que mantienen el simulacro indecente con su silencio y sus tragaderas; los ejecutores de una suerte de varas que nadie quiere ver, pero todos se apañan en perpetrarla como cuatreros; los responsables políticos y administrativos que hacen propios reglamentos atroces, falsos, indocumentados, llevándose por delante la persecución del fraude; los que dicen que aman la fiesta de los toros pero apuran hasta el último céntimo en este montaje de reventa; estos ganaderos que no tienen perdón de Dios, que han manoseado, deformado, acabado, transfigurado la esencia autentica del toro de lidia, de su poderío que debía definirle, de su poderosa condición de resistencia al sometimiento, criando mulos estabulados, descastados, enfundados, y desprovistos de credibilidad pero que afianzan la estafa.

Y ayer fue un día completo. Un fin de feria que resumía el pleno de esta obscenidad delictiva. El ganado anunciado de Adolfo Martín no pasó el reconocimiento. Empezó la búsqueda y captura de corridas en los campos. Llenaron los corrales de remiendos a mogollón. Los veterinarios dieron paso a un simulacro gatuno, de informe constitución, con genética desastrosa basada en la escuadra de toritos artistas transformados en carne de matadero. Y el fin de fiesta resultó una traca inmisericorde e infernal porque los toros de Marqués de Domecq eran cabritas asilvestradas, desautorizadas, indeseables, deformes, unos muros de contención que no pudieron parar el desastre de intereses timadores. Almas de mulos, apariencias de cacatúas, entrañas de carbón, espíritus enfermos, reflejos de infames crianzas que se exhibían frente a un hemisferio mudo, consentidor, asqueroso por su autismo y frente a otra parte pequeña, que constituye el polo terráqueo, que se quedó ronca y desarmada, con las manos y los ánimos rotos, engañados y bloqueados porque abanderar la rebelión es inabordable. Unos toreros que este día tenían nombre de El Fundi, Rafaelillo o Javier Valverde, que estuvieron pero tampoco son líderes para emprender el plante, así que escenificaron como pudieron y se fueron. También nos fuimos los demás, pensando en el sosiego que no llega, certificando el final de nuestras almas toreras.

Quiero la sedición como única posibilidad heroica. Esto, o el final por inanición. O quizá el suicidio colectivo, público y televisado. ¿Dónde está el levantamiento? ¿Cómo se monta la rebeldía? Díganmelo, si lo saben. Es urgente. Es necesario.

 

Las Ventas. 29 de mayo de 2010

Presiente: Trinidad López-Pastor

Lleno.

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