Las Ventas. Madrid.

Cuarto festejo de la Feria de San Isidro

9 de mayo de 2010

 

Entre ‘atanasios’, Rafaelillo fue Rafael

Por Paz Domingo

 

Cuando hay toro, todo tiene sentido. Todo lo que puede acontecer en este singular mundo de espectáculo único. Y vimos toros con esencia, con más o con menos, pero con esencia. Veníamos decepcionados de tardes anodinas, horripilantes, cansinas, desesperantes y carentes de gracia, verdad y justificación. Ojalá, y lo que queda por venir, sea la tercera parte de cuanto aconteció en este festejo de tarde de domingo.
 
La ganadera Dolores Aguirre no pudo completar la corrida, y casi todos –de los cinco que quedaron- venían muy justos de presentación. Pero, todos fueron un ejemplo de este encaste casi ausente de los ruedos, en la horizontalidad que se prodiga hoy en día. Los ‘atanasios’ fueron verdaderos en hechuras y comportamiento. Reacios en el primer tercio, declarando condiciones de mansos, huidos, abantos, inexpugnables. Más tarde, casi todos buscan las querencias del segundo caballo, donde no se emplean, sino que ensayan. A partir de la primera vara, ya enterados, se meten, con mayor o menor intensidad, en la pelea. Sacan el genio, pero siguen mostrando una frialdad desconcertante. El tercio de banderillas se hace muy complicado con estos animales, que esperan, escrutan, cercioran, asimilan cada capotazo, todo movimiento. Son como ordenadores procesando a toda velocidad, incluso con una displicencia pasmosa. Su imagen altiva descorazona por impasible. Pero ahí está su casta, desafiante y austera. Escondida y certera. Hay que entender mucho a los ‘atanasios’ para verlos, y más para someterlos. Hay que hacer las cosas justas y de dominio profundo en los primeros lances de la muleta. Hay que sacarlos de las tablas con toques justos de mando. Hay que entrarles con poderío, con exactitud, con ausencias de toda duda. Sobre todo, hay que aguantar. No descubrirse, plantear el sitio verdadero, tragando lo que haya que tragar, que es mucho. Y si se hace así, son importantes, se entregan, humillan, pasan, repiten, soportan pases de hondura, tandas inmensas, y se prestan al toreo verdadero de parar y mandar, e incluso hasta templar. Saldrán más encastados, o más mansos, incluso imposibles para dar un pase, pero la casta de los ‘atanasios’, cuando se deja ver, es una lección que hace comprender la grandiosidad de los comportamientos espectaculares de estos mamíferos portentosos que son los toros de lidia.
 
Entre ‘atanasios’, Rafaelillo pasó a ser un gran Rafael. Estuvo colosal. Se dimensionó a sí mismo, casi en plenitud. Casi, porque de haber ejecutado a ley la muerte de los magníficos animales que le tocaron, estaría camino de Murcia con una Puerta Grande bien merecida. Ya puede desprenderse del diminutivo que acompaña su nombre, pues su corazón torero, su descomunal honradez, su arrojo que le pide el cuerpo, su decisión para desafiar la gravedad, de no mentir, de no escurrir el bulto, de ser y sentirse resistente, de su portentoso adiestramiento con fieras enteras y verdaderas, han engrandecido sus ganas, su afán, su talento y hasta su fe. Ahora, debe desprenderse también de esas soluciones pueblerinas que no le dejan vivir en plenitud, que no le pegan, y que desmerecen su condición de gran torero.
 
No se llevó una oreja en su primera poderosa faena. Sus ayudados por bajo, elegantes y certeros impulsaron su dimensión enérgica. Aguantó la resistencia del animal. Sometió por la derecha. Después, superó la imposibilidad de un pitón izquierdo a base de pelea, de valentía, de sortear gañafones que iban y venían, de la profundidad de un encastado animal que quedó sometido y ahormado bajo la perseverancia de este hombre esforzado extraordinariamente. Mató muy bien, de una estocada. Se puede decir que no lo había hecho así en su vida. Muchos triunfos se le han escapado por esta crucial circunstancia. Se pidió un premio para Rafael, y no se lo dieron. Pero ejecutó una vuelta al ruedo como la dan los grandes, despacio, tranquilo. Como los que saben esperar porque son muchas las expectativas. Fue al encuentro, de un segundo ‘atanasio’ de nobleza extraordinaria, y tan duro, tan difícil al sometimiento. Aquí se convirtió Rafaelillo en colosal. Hizo lo que tampoco habíamos visto. El fajador, aguerrido, forzudo y valiente hombre de batalla se convirtió en un torero en vertical, muy puesto, que superó la situación con dotes artísticas impensables. Con poderío, con soltura, con vistosidad, con calidad, con inteligencia, con experiencia, con sitio verdadero, con desmayo, con técnica artística dejó Rafael su diminutivo. Le faltó rematar. Y nunca mejor dicho. Montó la espada en sitio equivocado, y salió mal. Los subalternos se precipitaron para derribar a este extraordinario y evidente animal, apuntillándolo a toda prisa. Rafael, le abandonó a esta muerte indigna y no hizo nada para reparar la situación. Ahora, se quería compensar el desagravio anterior concediéndole el triunfo que tanto ha deseado, aunque la faena en sí ya lo merecía. El gran maestro de mil batallas en la penumbra olvidó las formas y dónde se encontraba. Y las formas en Madrid, son muy importantes, tanto como la Puerta Grande que estuvo entornada para este descomunal hombre que porfía en ser gran torero. Las estadísticas, tan traicioneras, esta vez sumaron poco para lo que justamente debían aportar.
 

Quedaron los otros diestros a merced de las circunstancias, y de un Rafael inimitable. Fernando Cruz tuvo muchas dificultades, que en definitiva vienen de sus deficiencias. Qué lástima la de este matador que atraviesa tan inmenso océano, aquél que no concede tregua cuando hay empeño en torear sin someter anteriormente. Puso la muleta donde no debía, no se dobló lo que exigía la casta del animal, para al final dejar la situación en desconcierto. Después, manifestó indefinición igualmente con el toro de Fernando Peña, que hacía remiendo y que rompió la tarde en progresión de los ‘atanasios’. Resultó muy justo en nobleza y complicado por su escasez de trasmisión, pero Fernando no entró en la faena que era posible desarrollar. Más bien, porfió en dudas, dio trapazos cuando el toro iba a más, estuvo falto de confianza que destacaba en las afueras, y no logró que abandonara el tercio, en el que el animal se refugiaba con insistencia.

Con Joselillo vino el verdadero drama, y con su espectacular segundo toro, -un pregonao que pronto evidenció la imposibilidad de un pase, que desarrolló tanto sentido que daba verdadero pavor-, se consumó la tragedia en los últimos instantes de una tarde lenta y vibrante. El tiarrón recibió tres varas -que bien parecieron ser seis-, pues el tercio fue intenso, con derribos, desgarros, donde corrieron peligro verdadero un monosabio, el picador, y los hombres de la cuadrilla, a los cuales les iba aumentado el miedo por segundos –como a todos los presentes- hasta hacerlo incontrolable.
 
Joselillo pedía calma. Pero ese torazo, ¡cuidado que imponía!. A la primera de tanteo, le quitó la muleta. Parecía que tenía una posibilidad de entrar por el pitón derecho, pero el animal se parapetó en las tablas, y cuando se acercó el matador, ya había enfurecido su condición imposible. Joselillo, aún a sabiendas que el otro pitón era un suicidio, le puso la muleta, y en un giro violento de este soberbio pregonao levantó al matador por la pierna, rotó al inánime hombre sobre la cornamenta, le lanzó al suelo, le pisoteó, le arrolló, volvió a recogerlo por el pecho, entre los pitones, para arrástralo, después escupirlo a más de cinco metros y dejarlo como un muñeco de trapo derrumbado en el suelo. Todos temimos lo peor, dos terribles cornadas. Está grave, pero la espectacularidad hizo presagiar entonces mucho más. A estas alturas daba pánico, que no miedo. Rafael cogió el estoque, e hizo más de lo que se merecía la situación.
Joselillo demostró mucho arrojo, pero con estos animales de casta no se la puede jugar a ver si se puede. Valiente estuvo. Muy deseoso de que algo suceda para que se le reconozca su disposición. Pero, hay que aprovechar también lo bueno, y la ocasión salió con su primer toro. El más rentable de la corrida, que iba a más, que entraba más voluntarioso, que tenía su faena. Pero el matador dudó los primeros instantes y ahí concluyó el asunto. Dejó muchos tirones de muleta, marcó demasiado las afueras, poco intuyó la nobleza que era evidente. Perdió el matador terreno y terminó en el tercio con el animal refugiado en querencias seguras. En fin, que se fue sin torear, y Joselillo se despidió trágicamente desde la enfermería.
 

Y todo puede suceder cuando hay toros, de los de verdad se entiende. Por delante pasa la gloria, el misterio, la magia, y también el drama. Por delante pasó Rafael, hecho un torero, que no terminó de abrir el triunfo absoluto, pero que demostró su inmenso desafío. Por delante pasó el desánimo para un torero, y para otro la tragedia de la enfermería. Por delante pasó la aventura en la autenticidad que representa el toro de lidia. Por delante pasó el reconocimiento a lo que debe ser la única verdad en este espectacular mundo de toros. Ni más, ni menos. Verdad.

 

 

Las Ventas. Madrid

Madrid, 9 de mayo de 2010

Presidente del festejo: Manuel Muñoz Infante

Casi lleno, con algunos huecos.
 

Toros de Dolores Aguirre: se lidiaron cinco, a pesar que se trajeron a Madrid once animales para el reconocimiento. De presentación justa, pero muy en el tipo ‘atanasio´y, sobre todo, en el comportamiento. El 6º con un trapío extraordinario. Bien armados en general, mansos encastadísimos; destacó el 3º y 4º y algo más bronco el 1º. El 3º recibió palmas en el arrastre. Encastadísimos. Mansos y abantos de salida. desafiantes en banderillas. 3º y 4º mostraron nobleza considerable. Recibieron abundante castigo, algunos hasta tres varas formidables por su dimensión. Ninguno se cayó. Todos llegaron a la muleta con autoridad. El 6º, un tiarrón desafiador, más que cinqueño, resultó imposible, intratable, de los que dan miedo. Fernando Peña aportó el toro que completaba la corrida, que se lidió en 5º lugar, y que reflejó cierta o alguna nobleza muy tontorrona, poco interesante, y de escaso trapío.

 

Rafaelillo: estocada ligeramente desprendida –aviso- rueda de abaniqueo por parte de los peones, con fallos reiterados del puntillero, petición grande de oreja que no se le concedió (vuelta al ruedo, merecida, tranquila y emocionada); casi media tendida, los peones derriban a la res, es apuntillada inmediatamente (oreja, y algunas protestas por la ejecución de la suerte de matar, y que debió intentarla de nuevo). Mató el último animal por la cogida de Joselillo: 2 pinchazos y estocada delantera. Se le despidió con una gran ovación.

Fernando Cruz: estocada atravesada, abaniqueo de peones insistente, 1 descabello (silencio); estocada caída atravesada, muy mal ejecutada –aviso- (silencio).

Joselillo: estocada atravesada que sobresalía haciendo guardia, metisaca, estocada en el sitio, pero defectuosa por ladeada, (silencio); fue cogido con mucho espectacularidad en su segunda intervención.

 

- Se hace necesario reconocer la labor de las cuadrillas que también contribuyeron a hacer importante esta tarde de toros. Los picadores, aunque la mayoría no ejecutaron la suerte como merece ser hecha, al menos, no eludieron el compromiso, incluso colaboraron en mostrar las condiciones y la complejidad de los animales. Destacaron Pedro Iturralde y Plácido Sandoval, Tito, -especialmente- por la importante pelea con el sexto toro, que le dejó además el cuerpo magullado por el derribo que sufrió en las tablas. A punto estuvo este complicadísimo toro pregonao de llevarse por delante, en este encontronazo relatado, a un monosabio que imprudentemente se expuso a realizar la ayuda oportuna al picador.

- José Mora dejó buenos pares y una buena brega, respectivamente al 4º y 1º. Y Juan Navazo, de la cuadrilla de Fernando Cruz, puso dos soberbios pares de banderillas al segundo toro de la tarde, especialmente importante resultó el último, cuando el animal refugiado en el terció obligó al subalterno a ejecutar la suerte llegando hasta él, dejarse ver, desafiar la cabeza y profundidad del animal, para dejar a cuerpo limpio, asomándose al balcón, los palos en lo alto.
- División de opiniones respecto al presidente, que no concedió una oreja, ampliamente solicitada, a Rafaelillo por su faena al primer toro. Esta decisión pesó toda la tarde.

 

Parte médico de Joselillo: Sufre herida de 20 centímetros en tercio superior de la cara interna del muslo derecho que contusiona el nervio ciático. Contusión también en hombro derecho. Pronóstico: grave.

 

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