Un perro que vuela. Un toro que amaina
 
Las aventuras y desventuras de dos personajes que corren suertes presentes separadas.

El primero se pondera. El segundo es impreciso

 
Comedia televisiva en tres actos. Indicada para todos los públicos.
(Apta para ser retransmitida en horario infantil)
 
Por Paz Domingo

 

 
Sinopsis
 
La que se montó con un perro volador. Un mamífero animado, llamado Vico, que sobrevuela mil aventuras con una cigüeña - y algún otro personaje más-, diferentes puntos geográficos del mundo. Al tocar suelo madrileño, estos protagonistas de series infantiles se colaron en las angostas arenas de los ruedos españoles y se dedicaron a hacer interpretaciones deformadas sobre las corridas de toros. Este asunto ha levantado muchas suspicacias, algunas campañas, y alguna que otra reivindicación fuera de credibilidad. Se explica.

 

Preámbulo

 
La encerrona de este vuelo rasante perruno ha molestado mucho a los padres aficionados taurinos, que ven como a sus hijos les llega este mensaje falseado, y además lo consideran una tergiversación de la realidad. Efectivamente, poseen la sabiduría para la consiguiente irritación, pues ellos defienden los valores culturales, sociales y legales en los que se sustenta la tauromaquia, además de su verdad y autenticidad. Con toda razón. El conocimiento les asiste. La conciencia se revela. Y protestan consecuentemente. Este bloque de aficionados a los verdaderos y esenciales fundamentos de la tauromaquia se encuentra tan desasistido por estas autoridades que navegan en posiciones irrespetuosas, irresponsables e ignorantes con este singular espectáculo-, que, además en este indefenso panorama, y a pesar de la legalidad vigente, es desconcertante la primacía de valores superfluos, mediáticos y volátiles según las modas. En este corazoncito que defiende el mundo de los toros libremente, nos situamos unos cuantos que sufrimos estas arbitrariedades aleatorias de los mandos competentes, y las sufrimos como lo que son: abusos contra la libertad, contra la conciencia propia, contra la autonomía ideológica, contra el patrimonio cultural, contra la defensa de multiplicidad de pensamientos y contra la educación responsable de nuestros hijos.

 

Primer acto

 
El medio audiovisual que difundió estos dibujos animados no es otro que la televisión pública, que aunque está de más recordarlo -y como todos sabemos-, su supervivencia depende de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, de los impuestos que aportamos todos los contribuyentes. Tampoco sobra ayudar con el dato que dio hace algún tiempo el Ente Público para no retransmitir corridas de toros, y que es precisamente el conflicto que ocasionaría su difusión en el horario infantil, según se explicó, de los festejos taurinos por considerarlos seguros de lesionar o dañar los valores morales que deben sustentar al mundo infantil. Por tal motivo, se creó entonces el Código de Autorregulación sobre Contenidos Televisivos e Infancia suscrito por el Gobierno y las televisiones privadas, y que en la distancia corta no se ha cumplido por parte de algún medio. Los que no han emitido en este horario programas telebasura, retransmiten series televisivas, publicidad para adultos, programas de pleitos escabrosos y un largo abanico de deleznables mensajes, deformadores de los valores infantiles que se querían preservar, que a juicio de algunos son más dañinos para la integridad moral de los menores.

 

Ahora se quiere dar un paso más. El recién estrenado presidente de Radio Televisión Española Alberto Oliart anunció el pasado día 23 de febrero, durante su comparecencia en la Comisión de Control Parlamentaria de RTVE en el Senado, que durante este año en curso el Consejo de Administración de la Corporación aprobará su propio código de autorregulación de contenidos dirigidos a niños y apostó por crear un 'Defensor de la Infancia', que actúe de forma similar al ‘Defensor del Telespectador’ que ya existe, pero que se ocupe fundamentalmente de los contenidos infantiles. El cometido de este "órgano defensor de la infancia”, según el presidente, será el que "recoja cualquier reclamación que pueda hacerse por los espectadores para detectar cualquier infracción en los contenidos emitidos por algunos de los canales de TVE y dirigidos a niños”. Para realizar tal cometido, no habría que esperar a este momento. Podría haberlo hecho hace tiempo, que campo de actuación existía. Y podría empezar por el principio. Por ejemplo, por la denuncia y la autocrítica, y después ir más allá en las competencias que crea oportunas.

 

El primer paso consistiría en atreverse con la responsabilidad de denunciar a todos aquellos -que después de suscritas estas mínimas pautas de “autorregulación en horario infantil por unanimidad”-, los medios y sus directivos han incumplido sus acuerdos, los han maltratado, y han hecho de este proyecto una desvergüenza escandalosa. Por ejemplo, podrían elaborar un informe, aunque fuera escuetamente, y llevarlo ante el Defensor del Menor, o mejor a la Fiscalía General de Estado, para que tomaran medidas, y por supuesto, interviniera. Así quedaría demostrado que esta cuestión les interesa de verdad. Como nos incumbe a los padres, y por extensión se muestra subsidiaria a todos.

 
En segundo lugar, sería absolutamente necesario hacer un poco de autocrítica, porque la televisión pública no se escapa tanto de la porquería que se da a mogollón por todas las demás cadenas. Quieren hacernos creer que como sus contenidos están sujetos a la aprobación del Consejo de Administración, y a sus responsables, gozan de reputación asegurada, pero no demostrada con el día a día. Pretenden hacernos entender que sus parámetros de regulación funcionan adecuadamente, cuando en realidad los contenidos, su carácter ideológico está en función de las cuotas de representación de los partidos políticos, de sus mayorías y de sus minorías asentadas en dicho consejo. Y este órgano de Administración de RTVE es quien nombra al presidente del Ente, que sus miembros son elegidos -para formar parte del mismo- por parte del Pleno del Congreso de los Diputados, y que una vez propuesto a presidente tiene que contar con el visto bueno de la  Comisión Consultiva de Nombramientos y jurar su cargo en el Parlamento. Por tanto, la independencia del Ente no está en la ausencia de publicidad en sus horarios, sino las mayorías ganadoras en las elecciones nacionales o locales (que también son públicas las televisiones autonómicas) y que traducen los giros o fundamentos ideológicos de estos medios en función de las representaciones en sus órganos administrativos. Lo que ocurre en todo este lío mayoritario y de cuotas representativas, es que los valores fundamentales e inalienables, como el defender valías morales consecuentes para los infantes deberían estar por encima de cualquier partidismo e interpretación. Pero, ¿si verdaderamente les interesa por qué andan de aquí para allá sin tomar de verdad cartas serias en este asunto tan evidente?
 
En tercer lugar, la figura del Defensor de la Infancia estaría muy bien, y debe estar muy bien asentada, siempre y cuando se tuviera claro qué hay que defender, y hacerlo con consenso, por supuesto. Y con libertad. Y con criterios justos. Y con voluntad desinteresada. Y con verdad en los valores fundamentales culturales, sociales, incluso religiosos. Y llegar un criterio intransferible. Pero, para todo esto, hace falta principalmente tener una formación completa de base, reconocer el derecho a una educación correcta fuera de partidismos, modas y vaivenes ideológicos, para después apostar por ella primando la calidad en los contenidos. Todas las manifestaciones sociales, culturales, incluso religiosas no pueden ser tratadas por igual, como tampoco apostar por ellas simplemente porque están. Habría que reconocer con criterios inequívocos y fundamentados su posible divulgación, su apuesta y su sabiduría para defenderlos y desarrollarlos.

 

En cuarto lugar, por último, y respecto a la divulgación de la tauromaquia -tema que nos ocupa- a los niños, parece una batalla que se perdió antes de emprenderla. Es decir, el presidente de RTVE Alberto Oliart asegura que “existe un problema con el horario de protección a la infancia", ya que el horario de muchas corridas coincide con las franjas de protección señaladas por el citado Código de Autorregulación. Además, añadió Oliart, respecto al capítulo de la serie Vipo, las aventuras del perro volador, busca una dulzura que efectivamente no es muy compatible con una corrida de toros" y afirmó que de no haberse emitido ese capítulo -que la Corporación ya había comprado junto al resto de la serie- "sería censurar". Además, lamentó la polémica causada por un "detalle tan mínimo y tan poco importante".
Así pues, al presidente de RTVE le parece banal tanta polémica, aunque puede ser que no le falta razón, si demostrara con hechos que pretende acabar con la proliferación apabullante de información tergiversada, además de poco adecuada del horario infantil, que se dan en su medio y denunciar de paso la de los demás. Igual también considera como poco importante que en este horario infantil se dan, por ejemplo un día -como un viernes cualquiera- en TVE1, de 16.00 a 21.00 horas, tres teleseries seguidas (Amar en tiempos revueltos, Bella Calamidades y En nombre del amor), más un magacín España directo, más un programa de cotilleo como Gente. En TVE2 tenemos Grandes documentales, Jara y sedal, El hombre y la Tierra y Noticias Express. Se puede consultar la programación en
http://www.rtve.es/television/parrilla/parrilla_television.shtml
 

Se hace necesario apuntar un dato más. Los niños españoles, cuya jornada escolar es de 300 minutos (5 horas), ven la televisión una media de 218 minutos al día (3 horas y 38 minutos por jornada), según un sondeo sobre hábitos de consumo de televisión y nuevas tecnologías de la infancia y juventud realizado por la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). En los países que integran la Unión Europea, sólo los niños británicos pasan más horas ante el televisor que los españoles.

 

Escena que cierra el primer acto

Televisión Española, que lleva varios años sin retransmitir corridas de toros, se defiende de las críticas sobre estas aventuras perrunas y en su página web se postula de la siguiente manera: “Estamos apostando por la emisión de contenidos didácticos y educativos que garanticen la tranquilidad de padres y educadores y la diversión de los pequeños".

Nota. (El toro Billy y el matador Fernando son objetos codiciados, pero no por igual. Las suertes de ambos se invierten. Sólo un apunte más sacado del diálogo de esta serie animada: "Parece que tiene que ser muy valiente para enfrentarse a un toro tan grande, pero mirad debajo del capote. Tiene una espada". Frase de uno de los diálogos de la serie animada).

 

 
Segundo acto
 
Puesta en escena

Días antes se había dado forma a la unificación del sector taurino. El estamento de los profesionales que aglutina el toro había confirmado una unión de hecho para poder resolver con mayor fuerza los avatares que está sufriendo esta parcela económica muy importante en el mundo del espectáculo y de los grupos profesionales. Además de un promesa de reivindicar con decisión el papel que le corresponde como acontecimiento social y cultural de primer orden. La asociación taurina La Mesa del Toro quedó constituida como el representante absoluto del estamento taurino. En el aire, todavía se encuentra el revuelo de la oportunidad política que se está escenificando en Cataluña, donde el Parlamento ha dado trámite a la Iniciativa Legislativa Popular que pretende prohibir las corridas de toros en esta Comunidad. El debate de las ponencias -pro y filo taurinas- aún no se había producido.

 

Entra en acción la blogosfera taurina. Se forma una corriente de críticas que van extendiéndose como la pólvora, y en un impulso espontáneo se forma una plataforma que hacen extensibles sus críticas a la televisión pública, por el que consideran un atropello con la emisión de tan “sesgada” serie de dibujos animados. Se va pasando con rapidez un formulario y se adjunta una dirección a la hacer llegar la correspondiente queja.

La Mesa del Toro entra en escena. En uno de los puntos que recogía su manifiesto (declaración de actuaciones) se refería a la solicitud en firme por parte de esta asociación al director de Radio Televisión Española, y que consistiría en la necesidad urgente de que el ente público retransmitiera corridas de toros, puesto –como aseguran- le espectáculo de los toros en este país es el segundo en importancia económica y social, además de recordar a los directivos televisivos que su presupuesto depende de los impuestos que pagamos todos los españoles. La reunión ya se había solicitado, pero desde esta asociación se aprovechó la coyuntura del enfado generalizado por parte de los indefensos padres con aficiones taurinas y todos los demás incomodados con las aventuras perrunas animadas, para mostrar también su malestar por el "nefasto mensaje que se lanza a los niños" contra las corridas a través de la serie de dibujos animados Vipo, las aventuras del perro volador. El portavoz de la Mesa –y también presidente-, Eduardo Martín Peñato, declaró que a su entidad le ha "sorprendido negativamente que desde TVE se lance este mensaje que hace tanto daño, en lugar de acercar a los niños al mundo de los toros, desde su vertiente cultural, económica y ecologista".

 

En toda esta movida digital que depositaba en el buzón de quejas del Ente Público su preocupación por el trato que se da desde esta televisión al tema taurino, se apostillaba que sería muy conveniente mandar cuantas más solicitudes mejor, pues cuando se produjera el encuentro entre los representantes taurinos y televisivos tuvieran encima de la mesa un buen número de reclamaciones.
 

La resolución de esta reunión se fue aplazando. Quizá oportunamente, pues entremedias surgió una catarsis sin precedentes y que consistió en la considerable difusión mediática, política y social de las primeras jornadas del debate que se producía en la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Catalán, donde se exponían las propuestas prohibicionistas y no prohibicionistas de las corridas de toros en esta comunidad. Dado el matiz bochornoso que alcanzó en algunos momentos las intervenciones que se sucedieron en el debate, con la considerable ponderación de los medios, y la posterior intervención de la presidenta de la Comunidad de Madrid que se adelantaba con una decisión -también sin precedentes- declarando las corridas de toros como Bien de Interés Cultural en Madrid, la reunión se fue aplazando.

Hasta que fue oportunista, como los tiempos que corren.

El pasado 17 de marzo los representantes de la Mesa del Toro emiten un comunicado en el que anuncian la reunión mantenida con la directora de gabinete de presidencia de la Corporación de RTVE, Silvia García Malsipica. Este encuentro tiene lugar siete días antes, y resulta poco menos que muy interesada la fecha en la que se produce el aviso a los medios de comunicación, pues se hace coincidir con la reanudación del debate en el Parlamento catalán en la segunda ronda de comparecencias, y con una expectación añadida: la presencia en las intervenciones de Luis Francisco Esplá.

 

A la citada reunión acudieron por parte de la Mesa del Toro, Manuel Martínez Erice, Isabel Carpio, Enrique Garza, Juan José Rueda, Eduardo Martín Peñato, y José María Baviano. Por parte de la Corporación, García Malsipica. Los primeros insisten en el documento informativo que el encuentro se produjo a propuesta de la agrupación que representan, para afirmarse "en la reclamación del mundo taurino respecto a la atención informativa y divulgativa que merece una actividad como la tauromaquia en nuestro país". Fuentes de la cadena televisiva decían que "les hemos escuchado, y se les ha invitado a realizar propuestas para en su caso poder realizar un convenio”. Los pormenores, o la orientación del mismo, no han quedado explicados por ninguna de las dos partes. Los representantes del estamento taurino expusieron los siguientes argumentos: “la tauromaquia es una actividad regulada por ley, que aporta anualmente 240 millones de euros en concepto de IVA a las arcas del Estado, de cuyos presupuestos se nutre hoy, exclusivamente, RTVE"; "la radiotelevisión pública debe atender a una actividad que forma parte activa de las programaciones festivas y/o culturales de 5.000 municipios en España, atención coherente con un medio público, netamente informativo y divulgativo, con misión de servicio público"; "es el segundo espectáculo de masas, con 40.000.000 de espectadores cada año, y debe tener un tratamiento al menos similar al que tienen otros espectáculos"; y, por último: “los grandes eventos taurinos deben tener una consideración informativa acorde con la expectación social que despiertan y con la atención que le deparan otros medios de prensa, radio, televisión e Internet”, considerando la "repercusión internacional que tiene la Fiesta, especialmente en Iberoamérica, como parte de la imagen exterior de nuestro país”.

 
 

Tercer acto

 
El pasado es el referente

Vamos por partes. Toda esta campaña reivindicativa parte de un axioma: se considera necesario el uso de la televisión para la divulgación de la fiesta de los toros. Esta sentencia clara y evidente -que se admite sin necesidad de demostración- es a muy juicio absolutamente desmontable, porque está demostrado que no necesita proyección mediática para darse a conocer, y la experiencia nos ha demostrado que esta difusión ha contribuido -y mucho- a la degeneración en la que se encuentra.

 

En primer lugar, debo aclarar que se está en el derecho de reclamar este espacio (la Mesa del Toro, cualquier persona o institución que lo demande), precisamente porque hasta el momento el ente es público, y por tanto pagado por todos y dependiente en su financiación de los Presupuestos Generales del Estado. Por esta razón, debería dar espacio a todas las manifestaciones culturales que se dieran en este país. A todas, sin exclusión. Y más si se tiene en cuenta que este espectáculo es el segundo en cuanto a relevancia social, les guste o no. Pero, es una batalla más que perdida. Los dirigentes, especialistas, programadores -ideólogos y estrategas televisivos en general-, consideran que más que un aporte cultural es un agravio a la sociedad por su violencia innata, lesionan la inocencia del público infantil y perjudican la imagen de organismo multicultural, funcional, antixenófobo, moderno, contemporáneo, europeo y actual. Aunque se olvidan de esta proclama cuando es muy rentable explotar las imágenes dramáticas que el público generalista consume ávidamente.

 

En segundo lugar, esta proposición se sustenta en que la difusión de las corridas de toros contribuye a la divulgación de la tauromaquia, a sus fundamentos y su evolución. Además, se considera terreno imprescindible para sustentar su desarrollo -o su existencia futura-, con la premisa de que contribuye a generar afición.   

Bueno, y como todo. Si las cuestiones que se divulgan responden a criterios bien definidos, suficientemente argumentados, tratados consecuentemente y aportando independencia y solvencia documental, la televisión es un instrumento divulgativo muy atractivo, incluso ineludible. Pero, en todos estos años, ya se puede hacer un balance de lo que ha contribuido la televisión al mundo de los toros. La televisión pública, única cadena posible, inauguró la retrasmisión de festejos, en un monopolio exclusivista muy aceptado por el público, con niveles de audiencia altamente considerables. Pero, el poder innato del medio convirtió estas retransmisiones, poco a poco, en aburridas, mediatizadas y aprovechadas como negocio por algunos profesionales para su propia difusión, olvidando sus primeras consignas filantrópicas. En otro momento dije al respecto: “Mucha culpa la tienen los profesionales de los medios informativos –encargados de difundir los festejos- que han creado una peligrosa uniopinión, empobreciendo los referentes para comprender el mundo taurómaco y que resultó escasamente crítica con los desmanes que se producían en este estamento. Se intenta defender a ultranza el aburrimiento supino que se sucede insistentemente, halagando desvergonzadamente a las figuras de postín que pitan en el momento, olvidando enseñar la esencia de este singular espectáculo, la verdad que lo argumenta y los fundamentos que generan la credibilidad de la Fiesta, con su arte, su estética y su carnalidad. También se omite cualquier intervención crítica, marginando el debate y ahogando cualquier intento de regeneración estructural. Al mismo tiempo, se elige mayoritariamente para su difusión espectáculos devaluados en calidad, pantomimas que se venden como perfume Chanel, cuando en realidad son bodrios sin paliativos. Mientras, los ejecutivos de las televisiones pagan millonadas (o pagaban) a los empresarios para comprar los derechos de retransmisión, y éstos se resisten a abonar a los protagonistas de los festejos los derechos de imagen.”

 

Y ahora, ya se cuenta con una distancia larga en materia de divulgación televisiva para poder asegurar que su fenómeno ha contribuido más a su empobrecimiento, a su incomprensión y a fomentar aún más la decadencia en la que se encuentra la Fiesta, favoreciendo a las castas taurinas, haciéndolas más poderosas y ajenas a la realidad, sustentándose en criterios mercantilistas -y nada altruistas con la esencia verdadera-, olvidadizas porque no han denunciado nunca los desmanes que se cometían en el interior del estamento taurino, o en la realización de los festejos. Es el momento de preguntarse si es éste el modelo que demandamos insistentemente. Los aficionados ¿quieren de verdad esta fórmula propiciatoria de la especulación de los taurinos en su propio beneficio?; ¿quieren que la difusión de esta decadencia es los espacios televisivos se convierta en dinero contante y sonante para que unos cuantos especuladores se sigan lucrando en beneficio propio?; ¿quieren esforzarse en esta demanda que supondrá a gran escala el empobrecimiento aún mayor de lo poco que queda por explotar?; ¿quieren contribuir a estos desmanes para la rentabilidad de personajes sin vergüenza torera que se aprovechan de este clamor para hacer su propio negocio?; y ¿y no les parece que es demasiado pedir con esta vehemencia una fórmula que se constituye fuera de los verdaderos fundamentos que deberían ser básicos para el fomento de la tauromaquia?
 

Evidentemente, el medio televisivo es un buen puntal en la difusión de la Fiesta. La idea es muy seductora. Pero, el atributo de que la propagación por este medio (y por cualquiera) consiga sus propósitos está en cuidar escrupulosamente la verdad y el respeto, además de saber contarlo. La falta de este verdadero interés puede ser tan perjudicial como la falta de definición. Así como la exclusión de estos espacios de los aficionados, o tanto como la omisión de los desmanes que se producen en los ámbitos internos del espectáculo, que, por supuesto, no denuncian, ni siquiera se comentan.

 

En tercer lugar -a modo de colofón-, está el cambio de modelo televisivo, que los aficionados deberían conocer y tomar sus propias conclusiones. El Entes Público ya no se denomina así. Ahora es una Corporación, que todavía se basa económicamente en los Presupuestos Generales del Estado, sin publicidad en su programación, pero que recibe una parte de emolumento económico por parte de las televisiones privadas, precisamente para que no la tenga. Es decir, un negocio interesantísimo. Ahora la justificación es que hay más espacio que cubrir con programas, y ha derivado en una peligrosa técnica de abastecer este espacio con muchas trasmisiones, propias y muchas ajenas (compradas a productoras que enlatan a la carta presentaciones a granel). Es lo que se denomina hábilmente externalización, un palabro muy de puesta en práctica sigilosa, y que como pueden imaginar da pie a reuniones, relaciones públicas, implicaciones personales y políticas, amiguismos y comisiones varias.
 

Esta situación se entiende muy bien con el escrito que los trabajadores de Televisión Española emitieron el pasado febrero “ante la situación actual”, en el que aventuraban movilizaciones por “el futuro incierto de todos los trabajadores”, y en el que puntualizaban “que no son funcionarios públicos”. En este comunicado se dicen cosas como las que siguen:

-       “Desde hace algún tiempo, la mayor parte de los programas de RTVE están en manos de productoras aunque se le venden al público como programas de producción propia de RTVE.

-       “La mayor parte de la subcontratación de servicios y programas se está dando a Mediapro o a empresas de su mismo grupo. No es ningún secreto que la empresa Mediapro, además de formar parte del grupo Imagina, accionista de La Sexta, está vinculada al PSOE habiéndose encargado de la campaña de este partido en las últimas elecciones generales. También se están externalizando programas y servicios que van a parar a la productora que dirige el marido de la ministra Carme Chacón”.

-       “Con la llegada hace tres años del ex presidente de la Corporación RTVE Luis Fernández, se introdujo también un equipo de nuevos directivos que se trajeron de otras televisiones y productoras –hasta un total de 97- y se apartó a los profesionales que llevaban toda la vida en la empresa de los mismos puestos de dirección. Incluso se crearon puestos de dirección que no existían previamente. Todo este equipo se contrató a golpe de talonario con sueldos astronómicos”.

-       “Esta es la realidad de RTVE. Al espectador sólo le llega el hecho de que ahora tiene una televisión pública sin publicidad pero no se le dice por dónde se está yendo el dinero, ni que –a pesar de lo que difunden algunos medios- el presupuesto de CRTVE es de los más bajos de una radiotelevisión pública europea: mil setenta y cinco millones de euros frente a los más de cuatro mil millones de la BBC o a los tres mil de la televisión pública francesa, por citar a dos. Pero además la decisión tomada el año pasado por el gobierno de Zapatero y tramitada por la vía de urgencia mediante decreto ley -¿qué prisa habría?-, no se limitaba a quitar una de las fuentes de financiación de RTVE mediante la supresión de la publicidad, sino que se limitaba la programación en favor de las cadenas privadas. La propuesta es que el Estado financie la mitad del presupuesto y la otra mitad provenga de una tasa que se cobrará a las televisiones privadas y a las empresas de telecomunicaciones sobre sus ingresos. El resultado ha sido que no solo algunas de estas empresas se han negado a pagar esta tasa y la han recurrido en los tribunales, sino que además la Unión Europea la considera ilegal”.

 

Nota final al segundo acto

Y mejor no hablar de los suculentos ingresos que se llevan los miembros empresariales del estamento taurino en derechos de retransmisión. Y de las enormes cantidades que las cadenas han puesto encima de la mesa intentando arañar público como fuera. Esta cuestión ha sido verdaderamente sangrante. Estas cifras -que es mejor no repetir por escrúpulos propios y vergüenza ajena- han contribuido y mucho al viciado mundo de la especulación de la Fiesta. Pero vendieron muy mal. Los primeros años sacaron unos beneficios tan suculentos como pornográficos. Después, cuando se vio que no había discriminación entre bodrios a mogollón y alguna corrida interesante que al final no se retransmite, ya los ejecutivos empezaron a frenar los pies a los empresarios que defendieron con uñas y dientes denodadamente seguir amamantándose de tan portentosa ubre. Y comenzaron las verdaderas batallas de los despachos (por no decir apaños muchos) porque a cambio de pagar menos, tiraban de un poco de aquí, hacían algún reportaje al uso por allá, daban gratis festejos que no quería nadie presenciar en vivo, comprometiéndose a tapar tendidos vacíos. Y poco a poco, se han quedado de piedra cuando comprueban que a los aficionados no les interesa (ya contaban con ello) y que además el resto del personal taurino (de miles de pueblos de España) ya están cansados (más que hartos) de tanta gaita, bodrio, basura, porquería y demás lindezas que además hay que pagar. En una palabra, este aburrimiento ya está sobreexplotado. Si algo hay que agradecer a José Tomás en todo este circo es que haya plantado cara a esta élite taurina televisiva. Se quedaron de una pieza con la negativa del torero madrileño. Pero, en definitiva a ellos les da igual. Les importa jugar a que quieren santidad, a promover causas benditas, cuando les interesa un pepino lo que hay de verdad en la Fiesta. Como se puede comprobar cuando enciendan el televisor, vayan a una plaza, o lean muchas historias que circulan por ahí. Hagan la prueba si se atreven.

 

Epílogo

 
Dicho todo esto, me queda recordarles que no se dejen llevar por cantos de sirena. Que esto de la difusión de las esencias taurómacas se puede dar de la única manera posible: cuidándola, preservándola, apreciándola y  salvaguardándola desde sus entrañas. No hay que dejar en las manos de los interlocutores televisivos esta responsabilidad, porque ya se ha visto en el tiempo los resultados partidistas propios que llevaron a cabo. Y ahora menos que nunca. Seguro que más de dos de estos personajes propagandistas (de los que aseguran son los valores de la Fiesta, y luego son promotores de la suya propia) se están frotando las manos con el síndrome de la externalización de contenidos. Ya estarán inventando fórmulas que vender, planillos de programaciones de dar forma en flash, apalabrar intervenciones con personales del estamento, pedir dinerito por adelantado a estos mismos, para después ir llamando a la puesta de los amigos que se recolocaron por productoras, productorillas, o superproductoras que han proliferado como setas, que a pesar de la competencia, y de la crisis, tienen magníficas cuentas de resultados y de posibilidades.
Y en esto es como en todo. ¿Quieren de verdad apoyar este mercadeo? ¿Quieren que se haga argumentando los valores de la Fiesta que los taurinos quieren defender? ¿Qué Fiesta? ¿La suya, o la que tenemos en el corazón los aficionados de buena fe que creemos en su esencia y rotundidad? ¿De qué están hablando (o negociando) los responsables de Televisión Española y los interlocutores de la Mesa del Toro exponiendo “propuestas para poder realizar un convenio”? ¿El futuro acuerdo contribuirá al desarrollo de la tauromaquia? O, por el contrario, ¿favorecerá aún más el impulso especulativo y mercantilista de la Fiesta hasta su último suspiro? Más bien será esto último.
 
Ustedes tienen su opinión. Mi propósito era exponer un peligroso camino dentro de esta encrucijada en la que nos situamos los aficionados, ahora más indefensos, condenados al ostracismo e inseguros que nunca. Por mi parte, les aseguro que, en toda esta simulación pomposa exponiendo voluntades regeneracionistas para la Fiesta, no me creo que puedan conducir a nada que sea entendible o consecuente, pues ninguna arriesga decididamente por recuperar, trasmitir, difundir, preservar, desarrollar la esencia de la verdad taurómaca. Por tanto, si el estamento taurino quiere que este espectáculo mayoritario siga teniendo representatividad, capacidad de divulgación y goce del respeto de todos los sectores sociales, sólo hay un camino: la defensa de la autenticidad de la Fiesta apostando sin obstáculos, ni manipulaciones, en la verdad que se sustenta en el toro de lidia íntegro. Después, vendrá la televisión, la información, el reconocimiento, la autoridad y lo que tenga que llegar. Y se encontrarán a la Fiesta más brillante que nunca. Más segura que nunca. No se preocupen, queda garantizado.
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