Editorial
Los males de la contemporización
 
Todos somos responsables. Todos deberíamos ser garantes de la pluralidad política, de la diversidad cultural, de la disparidad de opiniones, de los respetos que merece la multiplicidad de existencias sociales, de reclamar la diferenciación y la continuidad de los ámbitos minoritarios. Todos tenemos que reconocer estos principios orientados por la inteligencia que regula el orden en el universo, donde la tolerancia sea un dogma. Pero, una cosa es predicar y otra dar ejemplo. Como también, bien diferente es ser inteligente y parece que es muy fácil distorsionar la realidad, el orden, la historia, la verdad y la suerte.

Lo que se está gestando estos días en Cataluña no es ni más ni menos que un atentado a la libertad, a la tolerancia, al patrimonio cultural y a cuantas miles y plurales manifestaciones artísticas puedan darse en este rincón y en el universo entero. El parlamento autonómico ha admitido a trámite para su discusión la posibilidad de suprimir "las corridas de toros y los espectáculos de toros que incluyan la muerte del animal" que pudieran realizarse en este territorio autonómico, como plantea una Iniciativa Legislativa Popular, a propuesta de una plataforma antitaurina.

 

Desde toroaficion.com queremos realizar varias puntualizaciones.

La primera, que el debate de toros sí o toros no resulta muy rentable desde el punto de vista mediático, y sobre todo muy aprovechable políticamente. La conveniencia de concentrar las discusiones de este tema para tapar otros de mayor calado, ha hecho muy oportuno que sea ahora y no dentro de años, meses o días, su escenificación. Así, está previsto que la sesión parlamentaria en que se discutirán las enmiendas a la totalidad de esta iniciativa legislativa, la han hecho coincidir con la aprobación de los presupuestos de la Generalitat para 2010, y en el último pleno del año. Pero la situación se puede trasladar al escenario nacional. Con la que está cayendo, es muy seguro que la vieja táctica de las cortinas de humo funcione a las mil maravillas.

 

La segunda circunstancia es sencillamente cuestión de ignorancia. Los representantes políticos, sociales y, por supuesto taurinos, tienen la responsabilidad –con carácter obligatorio, les guste o no- de preservar el patrimonio cultural, que nos pertenece a todos, por devenir histórico y por evolución genética, de difundirlo a las generaciones que estén por llegar, de desarrollarlo con autenticidad, de respetar sus características peculiares e intransferibles, de defender su verdad y de perseguir el fraude que se pueda producir. Pues bien, todo esto que se da por hecho en cualquier manifestación artística, no vale para el mundo de los toros, pues estos mismos representantes excluyen este espectáculo singular -tan nuestro- de las esencias culturales que merezcan ser defendidas y preservadas.

Es preferible pensar que estos agentes encargados de salvaguardar este patrimonio cultural son unos ignorantes, pues uno se resiste a creer que directamente sean unos agraviadores, que aún sabiendo que prevalece el derecho a la pluralidad, a la libertad, a cuidar de los bienes culturales y de la no exclusión de las minorías, opten por la prohibición –por tanto de la desaparición-, revistiendo tal proscripción de una atribución anticonstitucional (porque afecta a la libertad de todos), antiortodoxa (porque excluye la conciencia cultural) y antimoral (porque falta a la verdad).

El ejemplo claro de este desmadre respecto al mundo de la tauromaquia lo tenemos en la indefinición que manifiestan estos agentes, que hemos elegido entre todos para que nos representen en las altas y pequeñas instituciones públicas. En determinadas facetas de la vida, como la política, el periodismo o la judicatura –por ejemplo- no hay peor mal que la indeterminación en cualquier tema. Así, el Partido Socialista Catalán (como otras formaciones políticas) juega a dos bandas. Dice que da libertad a sus parlamentarios para que voten lo que quieran, pues consideran que éste es un asunto que compete a la moralidad individual. Más bien, se entiende que afecta cuestiones solidarias, pues a nadie se le escapa que el partido socialista en Cataluña forma gobierno con la agrupación que respalda esta iniciativa legislativa para prohibir la fiesta de los toros en esta comunidad. Al mismo tiempo, presenta enmiendas a la totalidad, alegando que de no hacerse, el proyecto se iría sin discusión y sin debate. Esto último es lo que no están dispuestos a perder (ni ellos ni nadie), precisamente por los acontecimientos políticos y mediáticos antes mencionados.

 

La tercera circunstancia es la metedura de pata. Poner males a los remedios. Una vez que se ha abierto la caja de los truenos, es evidente que ya no se puede cerrar. Pero, el asunto es que hay que contentar a todos. Así que hay que administrar dosis políticamente correctas, impregnadas de paliativos buenistas. Es el objetivo. El peligro que se avecina es optar por incorporar las fórmulas asquerosas e infames -muy de moda- que consisten en los espectáculos incruentos, donde no se dan muerte a los animales en el ruedo, escenificando una pantomima absurda, faltando a la esencia de este espectáculo y a la verdad que representa. De esta manera, esta fórmula desatinada se convertiría en la expiración última y definitiva de este espectáculo. Una medida que se traduce en disparate (porque sin riesgo no emociona), en incongruente (porque su carnalidad y su altura artística son dos caras de una misma moneda) y en absurdamente extravagante (porque dominar a un animal fiero y bravo no es lo mismo que bailar delante de un animal sin defensas).
 
Desde esta tribuna de opinión, que se fundamenta en los principios intransferibles e inigualables de la tauromaquia, desde su origen hasta su aportación cultural, con exigencia y libertad, a partir de la verdad, todos los que hacemos posible toroaficion.com nos declaramos partidarios de la no prohibición de la fiesta de los toros. Pero señorías, si eligen la triste solución de las corridas incruentas, que sepan que ocasionan un daño irreparable a este espectáculo, que definen su final, que ajustician su muerte. Su irresponsabilidad señorías es irreparable, su demagogia es ridícula, la ausencia de esta Fiesta en el panorama cultural es insalvable, pues su singularidad de cuantas manifestaciones ilustrativas se han dado es inimaginable, su trayectoria en nuestra historia, en nuestro lenguaje, en nuestra formación, en nuestra literatura, en nuestro arte, en nuestra vida y en nuestra alma torera es concluyentemente insustituible.
 
Sólo queda decirles que sean valientes y consecuentes. Que elijan entre el sí o el no. Escojan entre posiciones determinantes, y no se decanten por las medias tintas. Por favor, no contemporicen, no se equivoquen, no falten a la verdad, no discriminen. Su arrojo para discernir rotundamente entre el sí o el no a la fiesta de los toros no será entendida por todos, pero no les quede la menor duda que sí será defendida por todos aquellos que exigimos autenticidad, verdad y criterios firmes y razonables en nuestras vidas, y trabajamos para que se desarrollen en el mundo en que vivimos.